NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO,
REY DEL UNIVERSO
23 de noviembre 2008, Ciclo A

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Casulla_Blanca

ANTÍFONA DE ENTRADA Apoc 5,12; 1,6

Digno es el Cordero que fue inmolado, de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del universo, haz que toda creatura, liberada de la esclavitud, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Yo voy a juzgar ente oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos.

Del libro del profeta Ezequiel: 34,11-12.15-17

Esto dice el Señor Dios: 'Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y velaré por ellas. Así como un pastor vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas, así velaré yo por mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se dispersaron un día de niebla y oscuridad.

Yo mismo apacentaré a mis ovejas, yo mismo las haré reposar, dice el Señor Dios. Buscaré a la oveja perdida y haré volver a la descarriada; curaré a la herida, robusteceré a la débil, y a la que está gorda y fuerte, la cuidaré. Yo las apacentaré con justicia.

En cuanto a ti, rebaño mío, he aquí que yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 22

R/. El Señor es mi pastor, nada me faltará.

El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas. R/.

Tú mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

SEGUNDA LECTURA

Cristo le entregará el Reino a su Padre para que Dios sea todo en todas las cosas.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 15,20-26.28

Hermanos: Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos. Porque si por un hombre vino la muerte, también por un hombre vendrá la resurrección de los muertos.

En efecto, así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, a la hora de su advenimiento, los que son de Cristo.

Enseguida será la consumación, cuando, después de haber aniquilado todos los poderes del mal, Cristo entregue el Reino a su Padre. Porque él tiene que reinar hasta que el Padre ponga bajo sus pies a todos sus enemigos. El último de los enemigos en ser aniquilado, será la muerte. Al final, cuando todo se le haya sometido, Cristo mismo se someterá al Padre, y así Dios será todo en todas las cosas.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mc 11,9.10

R/. Aleluya, aleluya.

¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! R/.

EVANGELIO

Se sentará en su trono de gloria y apartará a los unos de los otros.

+ Del santo Evangelio según san Mateo: 25,31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme'. Los justos le contestarán entonces: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?' Y el rey les dirá: 'Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron'.

Entonces dirá también a los de la izquierda: 'Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron'.

Entonces ellos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o seliento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?' Y él les replicará: 'Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo'. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna".
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Al ofrecerte el sacrificio de la reconciliación humana, te rogamos, Señor, que Jesucristo, tu Hijo, conceda a todos los pueblos los bienes de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO:

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo a tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, para que, ofreciéndose a sí mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana; y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un Reino eterno y universal: Reino de la verdad y de la vida, Reino de la santidad y de la gracia, Reino de la justicia, del amor y de la paz.

Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria.

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 28,10-11

En su trono reinará el Señor para siempre y le dará a su pueblo la bendición de la paz.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Alimentados con el pan que da la vida eterna, te pedimos, Señor, que quienes nos gloriamos en obedecer aquí los mandatos de Cristo, Rey del universo, podamos vivir con él eternamente en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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La Ley dice

¿DÓNDE ESTÁ ESTE REY?

Cuando se habla de un rey, ordinariamente se piensa en un hombre finamente vestido portando una corona. Un hombre rodeado de escoltas a quien todos hacen reverencia. Un hombre sentado en un trono que da ordenes a sus súbditos. La imagen de Jesús como rey dista mucho de ésta. Si recordamos, Jesús no nació en un palacio sino en un portal, no fue recostado en una cuna sino en un pesebre (Lc 2,7). La entrada de Jesús a Jerusalén no es propiamente como la de un rey a caballo acompañado de escoltas y trompetas, Jesús entra en un burrito acompañado solamente por gente sencilla que grita: "Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor..." (Mt 21,9). Jesús es un hombre, o un rey, que anuncia un nuevo Reino, una nueva forma de vivir, pero es perseguido y cuestionado en su autoridad: "¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te ha dado esa autoridad?" (Mt 21,23). Un rey que es objeto de burlas y maltratos por parte de los sacerdotes y políticos (Mt 26,57-68; 27,11-14). un rey que se despoja de sus vestidos y lava los pies a sus discípulos, una tarea confiada a los esclavos (Jn 13,1-5). un rey que es apresado y contado entre los malhechores (Mt 27,38). Un rey que muere en la cruz (Mt 27,50).

Sí, el evangelio nos habla de rey que "se sentará en un trono de gloria" y congregará "ante él todas las naciones". Esto no es lo que llama la atención, sino que ese rey, Jesucristo, ha dejado ese trono para ocupar el lugar del hambriento, del sediento, del extranjero, del desnudo, del enfermo. Si nos animamos a preguntar, como los magos de oriente (Mt 2,2), "¿Dónde está el rey de los judíos?", no nos sorprendamos que nos digan: a las afueras de la ciudad, en un pesebre... en el pobre, en el hambriento, en el enfermo... "Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron", les dijo el rey, nos los dice Jesús.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Ezequiel 34,11-12.15-17

Este texto pertenece al gran oráculo de Ezequiel sobre la restauración del pueblo disperso durante el exilio y que hay que ubicar en el segundo período de su actividad profética. Utilizando una conocida imagen bíblica, presenta a Yahvé como verdadero pastor del pueblo (Zac 11,4-17; Sal 23; 79,29; etc.). Dios mismo toma la iniciativa misericordiosa de "buscar a sus ovejas", "apacentarlas", "reunirlas de todos los lugares por donde se dispersaron", "buscar a las perdidas", ''vendar a las heridas" y "robustecer a las débiles".

Dios es el verdadero pastor de su pueblo, y en este sentido es también su "rey", ya que en el antiguo Medio Oriente el monarca era considerado el primer pastor de la nación, obligando a velas por el bienestar y la seguridad de sus conciudadanos.

* 2ª lectura: 1 Corintios 15,20-26.28

Ésta es una magnífica reflexión paulina sobre la íntima relación que hay entre la resurrección de Cristo y la resurrección de los cristianos. Con un lenguaje hecho de ricas reminiscencias bíblicas, de tono apocalíptico e incluso penetrado de matices y categorías helenísticas, Pablo expresa su visión cristológica de la historia. Toda la humanidad, los hombres y mujeres de todos los tiempos, se encaminan hacia aquel punto Omega que es Cristo resucitado de entre los muertos, "primicia de todos" (1 Cor 15,20), nuevo Adán, principio de la nueva humanidad.

La vida de Cristo resucitado es la vocación eterna de todo hombre. Para Pablo, en efecto, la historia conoce dos momentos: primero, la resurrección de Cristo como "primicia" y luego, la de todos los que son de Cristo. Las primicias de la cosecha, que se separaban para ser presentadas al templo, simbolizaban la totalidad de la cosecha consagrada a Dios. Pablo presenta a Cristo resucitado con la imaren de la primicia" (griego: aparjé) (vv. 20.23). Él, como un nuevo Adán, es principio de la nueva creación, la primicia de todos los que "volverán a la vida". Cuando la muerte, "el último de los enemigos", sea aniquilado (v. 26). "Dios será todo en todas las cosas" (v. 28) y, así, todo será sometido a Dios y en Dios todo encontrará su consistencia y su valor indestructible y eterno.

* 3ª lectura: Mateo 25,31-46

Mateo describe la presencia de Cristo, rey y pastor, que juzga el camino histórico de la humanidad y de cada hombre. En este texto, se escucha la palabra definitiva de Dios sobre la historia. Al final cada uno será juzgado a la luz de los gestos concretos de solidaridad activa en favor de los más necesitados y pobres.

El texto está construido con elementos bíblicos de sabor apocalípticos que describen la gloria de la venida del Hijo del hombre, juez divino e Hijo de Dios, al final de la historia (Cfr. Dan 7,10; Zac 14,5). Delante del Hijo del hombre se presentarán todas las naciones de la tierra, sin diferencias étnicas y religiosas. El juez escatológico, el Hijo del hombre como pastor mesiánico, realizará la separación definitiva entre los hombres con la autoridad soberana de Dios. El criterio decisivo será la relación de cada hombre con el Hijo del hombre, que se ha hecho solidario con "sus hermanos más pequeños".

En segundo lugar, en el texto se pone de manifiesto un hecho paradójico: el juez glorioso del final de los tiempos ha asumido en la historia el rostro del indigentes del indefenso y del necesitado. Por eso los hombres deciden su destino delante del Hijo del hombre, no a partir de las obras heroicas o extraordinarias que han realizado en la vida, sino a partir de su relación con los más necesitados: dar de comer al hambriento, de beber al sediento, acoger, visitar a enfermos y encarcelados, etc.

La cosa más sorprendente del texto es que ninguno de los dos grupos -los que se salvan y los que se condenan- había sospechado esta presencia misteriosa del Hijo del hombre en los "más insignificantes". En el amor y el servicio a los pobres se produce el verdadero encuentro con el Señor que se revela y se oculta, al mismo tiempo, en el rostro del pobre. Lo que se hace en favor del pobre, se hace a Cristo mismo. Por eso el amor y el servicio a los pobres no es simplemente una expresión de la "dimensión social" de la fe. Es mucho más que eso: hay un aspecto contemplativo, de encuentro con Dios en el corazón mismo de la solidaridad y la justicia hacia los pobres.

La frase "con el más insignificante de mis hermanos" ha sido objeto de innumerables discusiones exegéticas. Lo más probable es que la expresión designe -en el contexto del juicio universal- a todos los hombres necesitados y pobres sin distinción.

Si el prójimo es el camino para llegar a Dios, la relación con Dios es la condición de encuentro, de verdadera comunión con el otro, con el pobre. El Señorío de Jesucristo se vive en Ia exigencia del compromiso y de la solidaridad con los pobres, como fruto de la gratuidad del amor de Dios; y en la contemplación de fe y de amor del Misterio, que lleva a recrear la historia según el proyecto del Reino de Dios desde la perspectiva de los últimos de la sociedad.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

Empezamos hoy la última semana del Año cristiano, con la solemnidad de Cristo Rey. Esta fiesta se celebraba antes el último domingo de octubre, desde su institución por el Papa Pío XI en 1925. Pero Pablo VI, en la reforma del calendario del año 1969, la trasladó al último domingo del año, dándole un tono claramente escatológico, o sea, proyectándola hacia el final de la historia.

Las lecturas de este año A nos presentan a Jesús como Señor de toda la historia, como Pastor que cumple las promesas de Dios, como el segundo Adán que da origen a la nueva humanidad, y como Juez de las naciones al final de los tiempos.

EL BUEN PASTOR

El profeta Ezequiel, después de quejarse amargamente, de parte de Dios, de los malos pastores que en su tiempo tenía el pueblo de Israel, promete que el mismo Dios será el buen pastor. Él seguirá el rastro de las ovejas perdidas, las reunirá, las librará de todo peligro, las apacentará, vendará y curará a las enfermas y heridas. A nosotros este retrato del Buen Pastor nos recuerda el que describió Jesús, aplicándoselo a sí mismo.

También el salmo, que no podía ser otro que el 22, nos hace cantar: "El Señor es mi pastor, nada me falta... Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida"; mirando también al futuro: "y viviré en la casa del Señor por años sin término".

Este Pastor será también Juez. El profeta Ezequiel, de parte de Dios, termina diciendo: "voy a juzgar entre oveja y oveja...". Lo que nos prepara todavía mejor para escuchar la escena del juicio final presidido por Cristo, el Juez universal.

EL VENCEDOR DE LA MUERTE

Otra aproximación a Jesús como Señor de la historia nos la proporciona Pablo en su lectura de hoy.

Jesús es el primer resucitado de entre los muertos, que también nos asegura nuestra futura resurrección. Él es el nuevo Adán, que da origen a una nueva humanidad, en la que él es primicia y Señor.

Ese Jesús, nuevo Adan, es quien va a vencer a la muerte -"el último enemigo"- y ofrecerá a Dios Padre el Reino definitivo, al final de los tiempos.

CRISTO, EL JUEZ UNIVERSAL AL FINAL DE LA HISTORIA

En el evangelio leemos una de las páginas más impresionantes, exclusiva de Mateo, el que ha sido durante todo este año el evangelista de los domingos: el juicio final, en que Jesús aparece como el Juez de todas las naciones y de toda la historia.

En la espectacular escena que describe Jesús, nos revela la clave según la cual va a premiar o castigar a los miembros de todas las generaciones: la caridad. Como dijo san Juan de la Cruz, "al final de la vida nos examinarán del amor". Se puede decir que Jesús nos anticipa ya las "preguntas del examen final".

Lo que va a decidir el que pasemos o no al Reino que Dios nos tiene preparado, es si hemos dado de comer al hambriento, de beber al sediento, si hemos visitado a los enfermos y los presos... O sea, las "obras de misericordia". Y la motivación última que nos dará es que en esas personas necesitadas estaba él mismo: "conmigo lo hicieron... tampoco lo hicieron conmigo".

YA DESDE AHORA

La perspectiva es del futuro: Cristo, Rey del universo y Señor de la historia. Pero para cada uno de nosotros este reinado ya ha comenzado, en medio de nuestra historia de cada día.

Cristo es nuestro Maestro, nuestro Pastor, nuestro Rey. A él hemos sido incorporados por el Bautismo y a él lo recibimos en cada Eucaristía. El mismo en quien creemos, a quien intentamos seguir y a quien recibimos en comunión es quien al final será nuestro Juez.

Eso nos llena de confianza, porque por el Evangelio lo conocemos como Pastor benigno y lleno de misericordia. Y a la vez de compromiso. Sobre todo habiendo leído cuáles van a ser los criterios que el Juez va a seguir en el examen final.

Al invitarnos a la comunión de la Eucaristía se nos dice: "Dichosos los invitados a la cena del Señor". Ya desde ahora, participando en la Eucaristía, recibimos como el anticipo y la garantía de la vida: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día".

J. ALDAZÁBAL

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Proyecto de homilía

El esquema regio es una de las analogías más comunes en todas las teologías del Oriente Antiguo para representar el misterio de Dios, quien, sentado en su trono celestial, abraza, guía y gobierna el universo entero. Se trata obviamente de una modalidad de pensamiento que debe ser actualizada en su contenido teológico genuino, según las cambiantes coordenadas culturales y sociales. Las lecturas de hoy nos invitan a recuperar el sentido profundo de esta 'analogía'.

La página de Ezequiel, que pertenece al segundo ciclo de sus profecías -un ciclo lleno de esperanza-, presenta a Dios bajo la imagen clásica del pastor, y por tanto también del rey; ya Homero llamaba a los soberanos "pastores de pueblos". El texto es perfectamente inteligible, sobre todo haciendo dos acercamientos. El primero sería negativo: los pastores humanos, políticos y también eclesiásticos, son muchas veces interesados y egoístas: más mercenarios y defensores de los propios derechos, que enamorados defensores de los derechos del rebaño (de eso trata la primera parte del c. 34 de Ezequiel).

El segundo acercamiento es luminoso, y lo hace el mismo Jesús en Juan 10: es la figura del "Pastor y guardián de nuestras almas" (1 Pe 2,25), que está presente con amor y pasión en medio de su rebaño; un guía que es también compañero de viaje (Cfr. salmo responsorial); una realeza que se ejerce en la entrega de la cruz.

La última frase del pasaje de Ezequiel prepara la escena del rey, pastor y juez de Mateo 25 (evangelio). El solemne escenario de la parábola ayuda a descubrir el sentido profundo de la historia. El sentido que Dios quiere dar a la historia y a cuya realización convoca también a los seres humanos puede definirse con una palabra: el amor. El primado del amor aparece continuamente en la visión evangélica de la realidad. Dios ha cooperado a este proyecto de alegría, de amor y de fraternidad, enviándonos a su propio Hijo; pero pide también nuestra aportación. Quien acepta ese llamado es el que ama al prójimo en las maneras tan concretas señaladas en la parábola que hoy leemos.

Esta es también la perspectiva con la que Pablo lee el drama de la historia en el capítulo 15 de su primera carta a los Corintios (segunda lectura). También para el apóstol están frente a frente dos esferas de humanidad: la del Adán pecador, raíz de muerte y soledad, y la del Adán nuevo, Cristo, primicia de vida y de gloria para todos aquellos que se adhieren a Él para formar con Él un único cuerpo. Al final, todo estará sometido a Dios, y en Dios todo alcanzará su consistencia y su valor indestructible.

La importancia de Dios, la importancia del hombre y la importancia de la historia y del universo son los tres temas de la celebración de la fiesta de Cristo, Rey del Universo. Es también una ocasión para buscar la soberanía indiscutible de Dios no en la lejanía sino en la proximidad al ser humano. Así escribe San Agustín en las Confesiones: «Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo; me entretenían lejos de ti las criaturas, que sin ti ni siquiera existirían».

Que Cristo, nuestro Rey, presente en esta Eucaristía, nos inspire para continuar en nuestro mundo su presencia de amor y de salvación.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

Y ÉL TAMBIÉN LES DIRÁ...