
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Apoc 5,12; 1,6 |
Digno es el Cordero que fue inmolado, de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del universo, haz que toda creatura, liberada de la esclavitud, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Su poder es eterno.
Del libro del profeta Daniel: 7,13-14
Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: vi a alguien semejante a un hijo de hombre, que venía entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano de muchos siglos y fue introducido a su presencia. Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino. Y todos los pueblos y naciones de todas las lenguas lo servían. Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno, y su reino jamás será destruido.
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 92 |
R/. Señor, tú eres nuestro rey.
Tú eres, Señor, el rey de todos los reyes.
Estás revestido de poder y majestad. R/.
Tú mantienes el orbe y no vacila.
Eres eterno, y para siempre está firme tu trono. R/.
Muy dignas de confianza son tus leyes
y desde hoy y para siempre, Señor,
la santidad adorna tu templo. R/.
SEGUNDA LECTURA
El soberano de los reyes de la tierra ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre.
Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan: 1,5-8
Hermanos míos: Gracia y paz a ustedes, de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, el soberano de los reyes de la tierra; aquel que nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Miren: él viene entre las nubes, y todos lo verán, aun aquellos que lo traspasaron. Todos los pueblos de la tierra harán duelo por su causa.
"Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que ha de venir, el todopoderoso".
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Mc 11,9.10 |
R/. Aleluya, aleluya.
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! R/.
EVANGELIO
Tú lo has dicho. Soy rey.
+ Del santo Evangelio según san Juan: 18,33-37
En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Jesús le contestó: "¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?" Pilato le respondió: "¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?" Jesús le contestó: "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí ".
Pilato le dijo: "¿Conque tú eres rey?" Jesús le contestó: "Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz".
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Al ofrecerte el sacrificio de la reconciliación humana, te rogamos, Señor, que Jesucristo, tu Hijo, conceda a todos los pueblos los bienes de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO:
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo a tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, para que, ofreciéndose a sí mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana; y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un Reino eterno y universal: Reino de la verdad y de la vida, Reino de la santidad y de la gracia, Reino de la justicia, del amor y de la paz.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria.
Santo, Santo, Santo...
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Sal 28,10-11 |
En su trono reinará el Señor para siempre y le dará a su pueblo la bendición de la paz.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Alimentados con el pan que da la vida eterna, te pedimos, Señor, que quienes nos gloriamos en obedecer aquí los mandatos de Cristo, Rey del universo, podamos vivir con él eternamente en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
EL REINO DE CRISTO
El evangelio de hoy nos trae el famoso diálogo entre Jesús y Pilato, durante el juicio de Jesús en el que ha de ser condenado a muerte. Pilato está intrigado por la reputación de Jesús como "rey de los judíos", y quiere de él una respuesta directa acerca de su realeza. Y Jesús, que durante toda su vida ha rechazado la idea de ser considerado como un líder temporal, que se ha alejado cuando algunas personas querían hacerlo rey (después de la multiplicación de los panes), públicamente da testimonio frente a Pilato de que él es verdaderamente un rey.
Al hacer esto, no obstante, transmite la verdadera naturaleza de su Reino. Esto es: su Reino, primeramente, no es seguir el camino de los reinos políticos: "no pertenece a este mundo". No en el sentido de que la religión y la Iglesia de Jesús sólo conciernan a la vida futura y a la vida espiritual dentro del hombre, sino en el sentido de que su poder no es político, y su meta no es organizar y llevar a las personas sólo hacia su bien temporal.
El Reino de Jesús, cuyo sacramento es la Iglesia, testimonia la verdad, revelándola a todas las naciones. La verdad sobre Dios, sobre el hombre y su destino, y sobre la forma de conseguir este destino de Salvación. Esta verdad del Reino de Cristo, encarnado en la Iglesia, es capaz de renovar personas, sociedades y culturas; las relaciones humanas en su totalidad.
¿Cómo puedo yo expresar el papel de la Iglesia en la sociedad, sin olvidar que yo soy parte de ambas? ¿Cómo puedo yo colaborar en la construcción del Reino de Cristo?
* 1ª lectura: Daniel 7,13-14
Éste es uno de los textos fundamentales del libro de Daniel. El séptimo capítulo marca el inicio de la segunda parte de la obra, la más difícil y oscura, que contiene las célebres visiones apocalípticas del libro. Después de la aparición de cuatro bestias monstruosas, una detrás de otra, que salen del mar y que representan los imperios que oprimían al pueblo elegido, la serie se interrumpe gracias a una intervención de Dios (v. 11).
Daniel contempla la visión del Hijo del hombre (vv. 13-14). Originalmente esta figura representó a todo el pueblo de los pobres y de los justos que recibirían de Dios el poder definitivo; quería expresar el triunfo de los santos del pueblo elegido, para los cuales se anuncia la promesa de una liberación definitiva de parte de Dios. En la literatura judía posterior y en los escritos rabínicos, el concepto del "reino de los santos" se fue concretizando en la figura de un rey definitivo, con cualidades mesiánicas.
Mientras las fieras venían del "mar", símbolo del desorden y del mal, el Hijo del hombre viene "entre las nubes del cielo" (Dan 7,13), desde el mundo de la trascendencia divina. Se acerca al "anciano", es decir, a la presencia del Dios eterno, y de él recibe el poder real. Al final se enumeran las cualidades de su reino: "Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno, y su reino jamás será destruido" (Dan 7,14).
* 2ª lectura: Apocalipsis 1,5-8
El autor del Apocalipsis confiere a Cristo algunos títulos de gran espesor teológico (vv. 1-5): Jesucristo es el "testigo fiel" que ha revelado a los hombres el misterio de Dios que es amor; "el primogénito de entre los muertos" que precede a una multitud de hermanos en la gloria divina; y el "soberano de los reyes de la tierra", cuyo poder transforma efectivamente toda la historia humana según el plan de Dios. Al final se revelará como Señor y Juez universal, "entre las nubes", perteneciente al mundo de la trascendencia divina. Hasta los que "lo traspasaron", es decir, quienes fueron sus adversarios en su existencia terrena y a lo largo de toda la historia, junto con todos "los pueblos de la tierra", se lamentarán por su causa (Apoc 1,7).
* 3ª lectura: Juan 18,33-37
La pregunta de Pilato es central para la teología del evangelio de Juan: "¿Eres tú el rey de los judíos?" (v. 33 b). Jesús responde afirmativamente, explicando que su reino no es de este mundo (griego: ouk estin ek top kosmou toutou) (Jn 18,36). La expresión griega quiere indicar que su reino no es de origen terreno, ni se manifiesta como los reinos de la tierra. Jesús no busca su propia gloria, no tiene guardias para defenderse, ni se impone despóticamente (v. 36). su reino es distinto a los reinos de la tierra.
Jesús explica la naturaleza de su reino, afirmando que su misión es "ser testigo de la verdad". su reino se construye y se extiende en la medida en que los hombres aceptan la Verdad, un término que en el evangelio de Juan designa la plena revelación de Dios en Cristo su enviado. Quien acepta esta radical Verdad que Jesús nos ha revelado, la Verdad que es Jesús mismo, y la coloca como fundamento de toda su existencia, pertenece al reino de Cristo.
El reinado de Cristo se presenta como sacrificio de sí mismo hasta el extremo, como obediencia absoluta al Padre "incluso la muerte, y una muerte de cruz" (Flp 2,8). Para el cuarto evangelio, Jesús corona su misión como un verdadero soberano que ejerce su poder real desde la cruz. Elevado sobre la tierra, ha expulsado al príncipe de este mundo y atrae hacia él a todos aquellos que aceptan la verdad que es él (Jn 12,31-32). En Jesús Rey se revela la autoridad como servicio y el poder como fuerza de amor (Mc 10,41-45).
Con su predicación, sus obras, y sobre todo su muerte y resurrección gloriosa, Cristo hace presente el reinado de Dios (Mc 1,15), un reino eterno que se opone a todo tipo de dominio y violencia (primera lectura), un reino de amor y de salvación definitiva (segunda lectura), un reino de verdad y de luz (evangelio).
SILVIO JOSÉ BÁEZ
Empezamos hoy la última semana del Año cristiano, con la solemnidad de Cristo Rey. Esta fiesta se celebraba antes el último domingo de octubre, Hoy finalizamos el año litúrgico, y como colofón ponemos la mirada contemplativa en Cristo, centro del universo y de la historia, a quien reconocemos como Rey, pero no desde la perspectiva humana, sino desde la perspectiva de la fe, en el sentido bíblico-teológico. El prefacio nos señala los puntos más importantes que debemos admirar y celebrar en esta solemnidad. Temas que subraya: Jesús se ofreció en el altar (nos sugiere el altar y la misma celebración eucarística) de la cruz (su entrega hasta la muerte), Ileva a término la redención de los hombres (los hombres somos salvados porque nos libra de la condena); somete a la creación para ponerla al servicio del verdadero Reino, en el que Dios lo es todo y por siempre; además nos dice cuáles son las características del Reino, que se podrían comentar una por una: Reino de verdad y de vida; Reino de santidad y de gracia; Reino de justicia, de amor y de paz.
EL MENSAJE DE LAS LECTURAS
El libro de Daniel nos habla de una visión que tiene lugar por la noche -cuando parece que la capacidad para ver, y por lo tanto para comprender, se haya desvanecido-, en medio de las nubes del cielo -es decir, que lo que se ve trasciende la realidad humana, para incorporar también la divina-, y en la que aparece "semejante a un hijo de hombre". Es la personificación de un Reino eterno de santidad y de paz que sucederá a los imperios despóticos de la tierra que el libro de Daniel, anteriormente, ya había descrito como condenables. A este Hijo de hombre, a quien nosotros identificamos fácilmente, le es dada la soberanía, la gloria y la realeza; y no sólo eso, sino que todos lo reconocen como la máxima autoridad: "Y todos los pueblos y naciones de todas las lenguas lo servían".
En el Apocalipsis encontramos una especie de resumen esencial de la obra de salvación realizada por Cristo: nos ha manifestado su amor purificándonos del pecado con su muerte; nos anuncia la próxima venida que vendrá "entre las nubes del cielo", como hemos visto en la profecía de Daniel. Ver venir de las nubes, para un judío, era tener fe en el origen trascendente; para un cristiano es creer en su resurrección y en su soberanía, y convertirse al reino de Dios que Jesús anuncia.
EL MENSAJE DEL EVANGELIO
Jesús sitúa a Pilato, y con él a todos los hombres en los cuales el criterio de poder está centrado en el dominio sobre los demás: "Mi reino no es de este mundo". La prueba está en que él no ha luchado para imponerse; su reino no es "de este mundo" porque sus categorías, o sus valores, no forman parte de los criterios de poder, ni militar, ni económico, ni político. Él va más allá de las realidades terrenales y las trasciende. Pilato no acaba de comprenderlo, pero insiste en lo de la realeza de Jesús desde sus coordenadas. La respuesta de Jesús aclara por un lado la aceptación de su realeza, por otro le describe lo que es el eje vertebrador de su misión como rey: "Yo nací y vine al mundo para ser testigo (fijémonos en que la palabra testigo también la podríamos traducir por mártir) de la verdad".
¿QUÉ ES LA VERDAD?
Probablemente es una de las palabras que más se usan para dar fuerza a la credibilidad de las personas, pero demasiado a menudo es una palabra prostituida por intereses muy personales con los que transgredimos un comportamiento ético. Pues bien, por Jesús, el Hijo de Dios viene a nuestro mundo para dar testimonio de su experiencia de comunión con el Padre. Ésta es su verdad. La verdad es la capacidad que ha tenido de transmitir su experiencia interior de amor con Dios Padre, para que todos los hombres pudiéramos también vivir bajo los criterios del amor de Dios. Estos criterios nos los ha revelado a los hombres cuando nos ha ido enseñando en qué consiste el Reino de Dios. El anuncio del Reino de Dios fue el eje central de la predicación de Jesús, quien nunca se quiso imponer por la fuerza de la violencia, sino por su capacidad de convicción.
"TODO EL QUE ES DE LA VERDAD ESCUCHA MI VOZ"
Éste es el título de ciudadanía en el Reino. Escuchar la palabra de Jesús, su evangelio, comer su Cuerpo y beber su Sangre es la Verdad y se trata de vivir coherentemente con todo el don que nos ha sido dado. Pilato, paradigma del hombre ambicioso al tiempo que cobarde, tuvo ante sí la Verdad y la despreció. Aquellos que han descubierto en su interior el amor de Dios, la Verdad se les hace transparente en el rostro de Jesús. Por esto, todo creyente fija su mirada en Cristo que reina desde el altar de la cruz y desde el misterio de la resurrección.
LUIS PLANAS
Este último domingo del año litúrgico celebramos la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo. La realeza de Cristo es interpretada sobre la base de la realeza del Hijo del Hombre de que habla Daniel; por eso la primera lectura nos ayuda a comprender mejor el sentido de esta fiesta litúrgica.
Según esa visión de Daniel, se desarrolla en la historia una lucha entre Dios y sus adversarios: diversos poderes de tipo temporal y político afligían al pueblo elegido, a los judíos que habían permanecido fieles a la religión de sus antepasados. Es necesaria una intervención de Dios, para que un reino divino substituya a aquella serie de imperios crueles y opresores. Esto es lo que aparece en la visión de Daniel: el monstruo espantoso del poder es destruido y aniquilado; su cuerpo es arrojado al fuego (Dan 7,11).
Aparece entonces una figura celestial: el "Hijo del Hombre", que viene sobre las nubes del cielo y recibe de Dios el poder regio. Su Reino será un reino universal y eterno, puesto que está colocado bajo la protección de Dios. Ese Hijo del Hombre es una figura simbólica y puede significar, en la mente del autor del escrito bíblico, la entera colectividad de los justos, que reciben de Dios el poder definitivo; pero desde muy pronto esta profecía fue interpretada en la literatura judía y rabínica como una alusión a la persona del Mesías que tenía que venir.
En paralelo con el triunfo apocalíptico de Daniel 7, la liturgia de hoy nos presenta un hermoso pasaje del Apocalipsis (segunda lectura). Jesús es presentado como Cristo o Mesías, mientras que los tres títulos siguientes ("testigo fiel", "primogénito de entre los muertos" y "príncipe de los reyes de la tierra") ofrecen el contenido esencial de la fe pascual cristiana. Juan, para dar ánimo a las comunidades cristianas perseguidas, anuncia la venida gloriosa de Cristo como Juez que ha de llevar a cabo el juicio de Dios sobre el mundo.
Pero esa dignidad real de Jesús se comunica a todos aquellos que lo siguen. Al "primogénito de entre los muertos" lo deberá seguir una multitud innumerable de hermanos, sellados con su sangre. Así se constituye el Reino definitivo y perfecto de Cristo.
En cuanto a los evangelios, para los sinópticos el tema del Reino es central en la predicación de Jesús. Juan, por el contrario, parece no darle importancia a ese tema durante la vida pública, pero le da una importancia especial durante la pasión. Él desarrolla notablemente el proceso ante Pilato (Jn 18,28 a 19,16), y la reconstrucción de la escena tiene la finalidad de poner de relieve la realeza de Jesús; realeza que solamente en la pasión, interpretada por Juan como una subida al Padre, se manifiesta plenamente.
Todos los evangelistas reportan la pregunta de Pilato: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Pero sólo Juan transmite el diálogo entre Jesús y Pilato, y la respuesta de Jesús es el vértice de ese diálogo. Él afirma que su Reino no es de este mundo; no tiene un origen terreno; su realeza viene de arriba y se manifiesta en su dar testimonio de la verdad, y para Juan le verdad consiste en la plena revelación del amor del Padre.
Hoy celebramos, pues, un nuevo orden de relaciones entre Dios y el ser humano: un Reino celeste y eterno, vinculado a la lógica de amor de Dios (Daniel), un Reino de esperanza y salvación definitiva (Apocalipsis), un Reino de verdad y de justicia (Juan). ¡Que nuestra participación en la Eucaristía nos ayude a formar parte cada día más verazmente de ese Reino!
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
¿CONQUE TÚ, CRISTO...
ERES REY? -- "TÚ LO HAS DICHO: SOY REY"