XX DOMINGO ORDINARIO
16 de agosto 2009, Ciclo B

Propio     Comentario     Nota exegética     Orientaciones para la celebración

Proyecto de homilía     Dios Hoy




Casulla Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 83,10-11

Dios nuestro y protector nuestro, un solo día en tu casa es más valioso para tus elegidos, que mil días en cualquier otra parte.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Enciende, Señor, nuestros corazones con el fuego de tu amor a fin de que, amándote en todo y sobre todo, podamos obtener aquellos bienes que no podemos nosotros ni siquiera imaginar y has prometido tú a los que te aman. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

Coman de mi pan y beban del vino que les he preparado.

Del libro de los Proverbios: 9,1-6

La sabiduría se ha edificado una casa, ha preparado un banquete, ha mezclado el vino y puesto la mesa. Ha enviado a sus criados para que, desde los puntos que dominan la ciudad, anuncien esto: "Si alguno es sencillo, que venga acá".

Y a los faltos de juicio les dice: "Vengan a comer de mi pan y a beber del vino que he preparado. Dejen su ignorancia y vivirán; avancen por el camino de la prudencia".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 33

R/. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Bendeciré al Señor a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor,
que se alegre su pueblo al escucharlo. R/.

Que amen al Señor todos sus fieles,
pues nada faltará a los que lo aman.
El rico empobrece y pasa hambre;
a quien busca al Señor, nada le falta. R/.

Escúchame, hijo mío:
voy a enseñarte cómo amar al Señor.
¿Quieres vivir y disfrutar la vida?
Guarda del mal tu lengua
y aleja de tus labios el engaño.
Apártate del mal y haz el bien;
busca la paz y ve tras ella. R/.

SEGUNDA LECTURA

Traten de entender cuál es la voluntad de Dios.

De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 5,15-20

Hermanos: Tengan cuidado de portarse no como insensatos, sino como prudentes, aprovechando el momento presente, porque los tiempos son malos.

No sean irreflexivos, antes bien, traten de entender cuál es la voluntad de Dios. No se embriaguen, porque el vino lleva al libertinaje. Llénense, más bien, del Espíritu Santo; expresen sus sentimientos con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando con todo el corazón las alabanzas al Señor. Den continuamente gracias a Dios Padre por todas las cosas, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 5,56

R/. Aleluya, aleluya.

El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él, dice el Señor. R/.

EVANGELIO

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

+ Del santo Evangelio según san Juan: 6,51-58

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida".

Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"

Jesús les dijo: "Yo les aseguro: si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre".
Palabra del Señor.

Se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, los dones que te presentamos para esta Eucaristía á fin de que, a cambio de ofrecerte lo que tú nos has dado, podamos recibir de ti, tu misma vida. por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 6,51

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan, vivirá eternamente.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Tú que nos has hecho partícipes de la vida de Cristo en este sacramento, transfórmanos, Señor, a imagen de tu Hijo, para que participemos también de su gloria en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Tempestad

LA VIDA ETERNA

"Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre", dijo Jesús a los judíos. Jesús no ha venido a darnos cosas, sino a darse a sí mismo como pan de vida. Por si no ha quedado claro el mensaje, Jesús vuelve a decirles: "Y el pan que yo les voy a dar es mi carne...". Como Nicodemo, que no entendía cómo un hombre puede nacer de nuevo (Cfr. Jn 3,4), o la samaritana, que no comprendía cómo Jesús podría darle "agua viva" (Jn 4,11); de igual modo, estos judíos no dan crédito a las palabras de Jesús y discuten entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?". Jesús profundiza en su enseñanza: Quienes quieren seguirlo y recibir el don de la vida deben unirse estrechamente a él. Deben comulgar con el signo que expresa su muerte y resurrección y que transmite su vida: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día".

Pero, ¿qué significa tener vida eterna? No se trata sólo de la vida más allá dé la muerte, ni únicamente de la entrada en un cielo que nos aguarda Jesús ha venido "para que tengamos vida y la tengamos en abundancia". Porque la vida eterna comienza ya desde aquí abajo. El que come el pan de vida, el que intenta configurar su existencia de acuerdo con la persona y las actitudes de Jesús, ése encuentra ya la vida eterna dentro de la existencia frágil que hoy tenemos. Porque ser cristiano significa ser persona; no cualquier tipo de persona, sino la persona que Cristo crea en nosotros. "Tener vida en nosotros" es lo realmente importante en la existencia, lo que realmente merece la pena. Tener vida eterna significa vivir de tal manera que "Cristo habite en mí y yo habite en él".

Hoy existe una diversidad de indicadores sociales -pérdida de ilusión y sentido de la existencia, incremento de las depresiones, del consumo de droga, de los suicidios- que parecen mostrar que nuestra calidad de vida deja bastante que desear. Prestemos oídos a las palabras de Jesús, que nos invitan a participar de su vida, a comer de su carne, a permanecer en él... a gozar ya desde ahora de una vida nueva, digna, plena.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Proverbios 9,1-6

Este texto sirve de conclusión a la primera parte del Libro de los Proverbios, que es la más reciente de la obra. Las "siete" columnas de la casa indican las siete colecciones de proverbios presentes en el libro. La Sabiduría, personificada como una eminente matrona, invita para el banquete que ha preparado. La comida tiene lugar en una amplia casa, en la cual hay sitio para todos (es una casa de "siete columnas"). La Sabiduría no hace acepción de personas y de ella pueden participar todos sin excepción, por eso envía a sus criadas a proclamar la invitación "desde los puntos que dominan la ciudad", para que todos escuchen. El banquete es símbolo de comunión y de intimidad. El pan y el vino que constituyen la comida significan la enseñanza de la Sabiduría. Participar de este banquete es aceptarla para que oriente todos los aspectos de la vida.

En la Biblia la sabiduría es el arte de vivir. Los sabios se esforzaban en buscar y enseñar todo aquello que podía ser de ayuda al ser humano para orientarse en este mundo y de esta forma vivir y actuar mejor. En la etapa más madura de la reflexión sapiencial bíblica, la sabiduría llega a coincidir con la fe: "el principio de la sabiduría es el temor del Señor" (Prov 1,7).

* 2ª lectura: Efesios 5,15-20

El cristiano vive atento de "los signos de los tiempos" ("aprovechando el momento presente porque los tiempos son malos" v. 16), para hacer en todo "lo que el Señor quiere" (v. 17). De este modo no sólo evita los vicios más bajos, sino que se llena del Espíritu y vive con la conciencia de que ha recibido todo como un don y, por lo tanto, siente la necesidad de agradecer y de celebrar a "Dios Padre... en el nombre de nuestro Señor Jesucristo" (vv. 19-20).

* 3ª lectura: Juan 6,51-58

En la última parte del discurso que el cuarto evangelio pone en boca de Jesús, en la sinagoga de Cafarnaúm, el Señor se presenta como "el pan vivo que ha bajado del cielo", que comunica la vida a quien lo "coma" (v. 51). En el v. 58 se añade una explicación ulterior. El maná dado por Dios en el desierto anunciaba misteriosamente el verdadero "pan", que es Jesús, dado por Dios para comunicar su misma vida a quien coma de él.

El pan que Jesús dará es su carne para la vida del mundo (v. 51). El término "carne" (griego: sarx) designa la condición terrena de Jesús. La humanidad encuentra la vida en la medida en que acepta y se adhiere incondicionalmente a Jesús, la Palabra que se ha hecho carne (Jn 1,14). Con el término "carne" se afirma el efecto vivificante de la encarnación; con el verbo "dar" en futuro, se indica la dimensión salvadora de la muerte de Jesús. En los vv. 53-56 se profundiza la misma temática, añadiendo el sustantivo "sangre" y el verbo "beber". Los términos "carne" y "sangre" indican la condición humana del Hijo del hombre; y los verbos "comer" y "beber" se refieren a la fe en Jesús, que ha sido enviado por el Padre y que se ha entregado a la muerte por la salvación del mundo.

Se crea así una comunión recíproca entre Cristo y el creyente: "El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él" (v. 56). El verbo "permanecer" traduce el verbo griego meno, que indica una permanencia constante y estable. Quien cree en Jesús y vive en comunión de fe y amor con él, se ve introducido misteriosamente en el horizonte de la amistad divina.

Al manifestar la comunión del discípulo con el Hijo, el evangelista piensa en la relación eterna y originaria entre el Padre y el Hijo, que es el modelo y la fuente de la inmanencia y de la comunión recíproca entre Jesús y el discípulo: "Como el Padre que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí" (v. 57). Así como el Hijo es enviado y vive por el Padre, el creyente que "come el pan", que es Jesús, vivirá por él.

Para el cuarto evangelio la culminación de la historia de alianza entre Dios y la humanidad se da en la experiencia de fe en Jesucristo. Este misterio de amor y de comunión se actualiza y se experimenta de forma excepcional en el misterio de la Cena del Señor. En la Eucaristía, el creyente no sólo significa y expresa su fe en el misterio del Hijo del Hombre que ha bajado del cielo y ha dado la vida al mundo, sino que en ella encuentra el alimento para esa misma fe.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

EL ANTIGUO TESTAMENTO PREPARA EL EVANGELIO

La primera lectura de los domingos (del Tiempo ordinario) nos quiere preparar para que entendamos lo que luego va a decir el evangelio.

Los domingos en que hemos leído el evangelio de Juan sobre el Pan de la Vida hemos ido escuchando las comidas of residas milagrosamente por Eliseo, por Moisés y por Elías. Hoy leemos la promesa del libro de los Proverbios: "vengan a comer de mi pan y a beber del vino que he preparado", porque "la sabiduría... ha preparado un banquete, ha mezclado el vino y puesto la mesa".

Nosotros sabemos que esto se ha cumplido con creces en Cristo, la Sabiduría personificada, que nos ha querido preparar la comida de su propio Cuerpo y Sangre bajo la forma de pan y vino. El es el cumplimiento perfecto de todas las promesas antiguas, o de todo lo que la humanidad aspira a tener: él es la respuesta de Dios a las preguntas y a los deseos de la humanidad.

En el discurso del Pan de la Vida escuchamos el domingo pasado lo referente a Cristo como aquel en quien hay que creer, para tener vida. Hoy llegamos a los versículos en que el discurso se refiere más explícitamente a la Eucaristía. Ya no se habla de "creer" o de "venir" a Cristo, sino de "comer" y "beber" su Carne y Sangre.

LA MESA DE LA PALABRA PREPARA LA MESA DE LA EUCARISTIA

Las dos partes del discurso están perfectamente relacionadas. Juan construye estos discursos con una técnica muy suya: va intercalando preguntas de los oyentes, que le dan ocasión a Jesús para avanzar en su revelación. Así, cuando preguntaban (el domingo pasado): "¿Cómo nos dice ahora que ha bajado del cielo?", lo que expresaban era la dificultad de creer en Jesús como el Enviado de Dios. Hoy la pregunta es: "¿cómo puede éste damos a comer su carne?". Aquí la dificultad es ya "eucarística".

Las dos dimensiones son fundamentales. La fe nos prepara al sacramento. Creemos, y por eso comemos. No podemos "comer" con provecho espiritual si no es desde la preparación de la fe. Y no podemos "creer" del todo si nuestra acogida de Cristo no llega a la sacramentalidad del "comer".

Es exactamente la dinámica de nuestra celebración: primero escuchamos y acogemos la Palabra, y luego pasamos al sacramento. "Comemos" a Cristo-Palabra y así nos preparamos a "comer" a Cristo-Pan y Vino.

VIVE POR MI COMO YO VIVO POR EL PADRE

Son asombrosos los efectos de ese "comer" a Cristo. No se nos hubieran ocurrido a nosotros, si no estuvieran en el evangelio.

Jesús dice que su Carne y Sangre son verdadera comida y bebida: el alimento que él ha pensado para nuestro camino. Más aún: a los que lo "coman" les asegura una íntima relación interpersonal: "el que come mi Carne y bebe mi Sangre, permanece en mí y yo en él".

Pero el colmo de esta admirable relación de comunión es lo que afirma Jesús a continuación: "Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también, el que me come vivirá por mí". Compara la unión de los que lo comen con la que él mismo tiene con su Padre. Son afirmaciones misteriosas y llenas de fuerza. No son invento nuestro. La palabra de Jesús, después de dos mil años, sigue firme. La Eucaristía que celebramos es el cumplimiento de su promesa. Él mismo ha querido ser nuestro alimento y comunicarnos su vida. Este pan y este vino son, de una manera misteriosa pero real, su misma Persona, que se nos da para que tengamos vida.

En cada Eucaristía somos invitados a saber apreciar este don: primero escuchando la Palabra viviente de Dios. Y luego, comulgando con el Señor Resucitado, que ha querido dársenos bajo la forma del pan y del vino. Sus oyentes de la sinagoga de Cafarnaúm seguramente no entendieron gran cosa de lo que decía. A la pregunta que le hicieron: ¿cómo puede damos su carne?, les responde más adelante el mismo Jesús -de un modo también misterioso- aludiendo a su resurrección. El que se nos da no es el Jesús que estaba aquel día en Cafarnaúm en su modo natural de existir, sino el Resucitado, el lleno del Espíritu. Nosotros, aunque no entendamos del todo el misterio de esta donación, sí sabemos apreciarla y agradecerla.

Se tiene que notar en nuestra vida, a medida que vamos comulgando con el Señor, que vivimos de un modo más pleno y lleno de energía.

J. ALDAZÁBAL

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Proyecto de homilía

San Juan, al elaborar el discurso eucarístico-cristológico de la sinanoga de Cafarnaúm, usa temas de la literatura sapiencial del AntiguoTestamento. En el hermoso díptico del capítulo 9 de Proverbios (primera lectura), tenemos el simbolismo del banquete que prepara la Sabiduria personificada. En nuestra primera lectura encontramos solamente la primera parte de un díptico, que contiene la invitación al banquete, que la Sabiduría dirige a toda la humanidad. La comida es símbolo de comunión y de intimidad. Aparecen allí dos datos elementales, especialmente significativos para el paralelo con Juan 6: el pan y el vino (Prov 9,5), que aquí representan la enseñanza de la Sabiduría.

El díptico de Proverbios 9 ofrece, además, en la segunda parte una imagen negativa, dominada por dama Locura, que, imitando a su rival, invita a un banquete. Es irónica esta personificación de la maldad, que también pone cátedra y obtiene oyentes. Aunque los sabios pondrán al descubierto sus proyectos, la Locura tendrá siempre adeptos, dada la eterna y siniestra atracción que ejerce lo prohibido.

También Cristo prepara su mesa e invita a ella a la humanidad (evangelio). Piensan los estudiosos que la parte final del discurso de Cafarnaúm pudo haber sido parte de una liturgia eucarística, quizá una homilía, de la iglesia primitiva. En ese sentido, sería como una meditación sobre la Cena que se celebraba cada domingo "partiendo el pan" (Cfr. Hech 2,42). El texto tiene su centro literario y teológico en el v. 55: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida». Esta declaración de Jesús sostiene la afirmación de la necesidad absoluta de comer su carne y beber su sangre para tener la vida divina y resucitar en el último día, como leemos en los vv. 53 y 54. Cristo es el único salvador; para salvarse, el hombre debe ser totalmente sostenido, alimentado, transformado por Él. Es evidente el paralelismo con la imagen de la vid y los sarmientos, que Juan ofrece en el c. 15 de su evangelio.

En los vv. 56 a 58 se desarrolla el tema de la mutua inmanencia; es decir, de la comunicación de la vida divina en el ser humano, que se encuentra de esa manera unido con Dios: «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él». Se habla de una relación interpersonal y vital que existe entre Cristo y el creyente. El duro realismo eucarístico tiene que ver con el realismo de la encarnación, de la cruz, de la comunión entre la humanidad y la divinidad del mismo Cristo.

El pasaje de la Carta a los efesios, que escuchamos como segunda lectura, continúa la exposición que hace San Pablo de las virtudes cristianas, proponiendo a los destinatarios de su carta una revisión de vida. Como en la primera lectura, también aquí se invita al hombre a no dejarse guiar por la necedad, a no cejar en su lucha contra el mal, que trata de brotar constantemente de su corazón. Si trata de captar los "signos de los tiempos" (Ef 5,16), puede discernir la voluntad del Señor y seguir así el camino que lleva a la vida verdadera.

Escuchemos la invitación que de manera especial nos hace hoy el Señor en nuestra celebración eucarística. De ese modo crecerá nuestra participación en la vida que El nos ofrece y crecerá también nuestra comunión vital con Él.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

PARA QUE EL MUNDO TENGA VIDA