XXX DOMINGO ORDINARIO
26 de octubre 2008, Ciclo A

Propio     Comentario     Nota exegética     Orientaciones para la celebración

Proyecto de homilía     Dios Hoy




Casulla_Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 104,3-4

Alégrese el corazón de los que buscan al Señor. Busquen la ayuda del Señor; busquen continuamente su presencia.


ORACIÓN COLECTA

Aumenta, Señor, en nosotros la fe, la esperanza y la caridad para que cumplamos con amor tus mandamientos y podamos conseguir, así, el cielo quc nos tienes prometido. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

La explotación de las viudas y los huérfanos enciende la ira de Dios.

Del libro del Éxodo: 22,20-26

Esto dice el Señor a su pueblo: "No hagas sufrir ni oprimas al extranjero, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto. No explotes a las viudas ni a los huérfanos, porque si los explotas y ellos claman a mí, ciertamente oiré yo su clamor; mi ira se encenderá, te mataré a espada, tus mujeres quedarán viudas y tus hijos, huérfanos.

Cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portes con él como usurero, cargándole intereses.

Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélveselo antes de que se ponga el sol, porque no tiene otra cosa con qué cubrirse; su manto es su único cobertor y si no se lo devuelves, ¿cómo va a dormir? Cuando él clame a mí, yo lo escucharé, porque soy misericordioso".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 17

R/. Tú, Seños; eres mi refugio.

Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza,
el Dios que me protege y me libera. R/.

Tú eres mi refugio, mi salvación,
mi escudo, mi castillo.
Cuando invoqué al Señor de mi esperanza,
al punto me libró de mi enemigo. R/.

Bendito seas, Señor, que me proteges;
que tú, mi salvador, seas bendecido.
Tú concediste al rey grandes victorias
y mostraste tu amor a tu elegido. R/.

SEGUNDA LECTURA

Abandonando los ídolos, ustedes se convirtieron a Dios y viven en la esperanza de que venga desde el cielo Jesucristo, su Hijo.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses: 1,5-10

Hermanos: Bien saben cómo hemos actuado entre ustedes para su bien. Ustedes, por su parte, se hicieron imitadores nuestros y del Señor, pues en medio de muchas tribulaciones y con la alegría que da el Espíritu Santo, han aceptado la palabra de Dios en tal forma, que han llegado a ser ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya, porque de ustedes partió y se ha difundido la palabra del Señor; y su fe en Dios ha llegado a ser conocida, no sólo en Macedonia y Acaya, sino en todas partes; de tal manera, que nosotros ya no teníamos necesidad de decir nada.

Porque ellos mismos cuentan de qué manera tan favorable nos acogieron ustedes y cómo, abandonando los ídolos, se convirtieron al Dios vivo y verdadero para servirlo, esperando que venga desde el cielo su Hijo, Jesús, a quien él resucitó de entre los muertos, y es quien nos libra del castigo venidero.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 14,23

R/. Aleluya, aleluya.

El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra morada, dice el Señor. R/.

EVANGELIO

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

+ Del santo Evangelio según san Mateo: 22,34-40

En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?"

Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Mira, Señor, con bondad, las ofrendas que te presentamos, a fin de que esta celebración eucarística sea para tu gloria y alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 19,6

Llenos de júbilo porque nos ha salvado, alabemos la grandeza del Señor, nuestro Dios.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Concédenos, Señor, que este memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo nos haga morir de veras al pecado y renacer a una nueva vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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La Ley dice

AMAR A DIOS, AMAR AL PRÓJIMO

No es la primera vez que los fariseos se acercan a Jesús para ponerlo a prueba (Cfr. Mt 16,1; 21,23). La pregunta es sobre la ley, sobre el mandamiento más importante. Jesús sabe de quién viene la pregunta -un experto en la ley-, pero no se intimida. Como buen conocedor de las personas, Jesús sabe que este doctor de la ley no pregunta para saber más, para dialogar o encontrar un criterio decisivo para vivir mejor, más humanamente; sino para tenderle una trampa y poder acusarlo. Las opiniones de los maestros de aquella época respecto al mandamiento más importante eran muchas veces encontradas; algunos decían que la observancia del sábado era lo más importante; otros que el rechazo al culto idolátrico; otros, que la fórmula: "Lo que no quieras para ti no lo quieras para otro". Se tenían catalogados 613 preceptos (entre mandamientos y prohibiciones) deducidos de la ley de Moisés, pero no había acuerdo sobre cuál era el más importante. Los fariseos creen que Jesús no sabrá cómo responder, que se quedará sin palabras. Sin embargo, son ellos los que se quedan atónitos y sin más preguntas.

La respuesta de Jesús no es nueva, recoge dos viejos preceptos bíblicos: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas, tomado del Deuteronomio y Amarás a tu prójimo como a ti mismo, tomado del Levítico. Lo nuevo de Jesús es su afirmación de la inseparabilidad de los dos preceptos: el segundo mandamiento, el del amor al prójimo, "es semejante" al primero, al del amor a Dios. Jesús todavía se atreve a decir: "En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".

El evangelio de este domingo nos recuerda que la vida cristiana no está basada en una complicada lista de preceptos, sino en amar a Dios y a los hermanos, sin separar ambos amores, pues de verdad no se da uno sin el otro.

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Notas exegéticas

* 1a lectura: Éxodo 22,20-26

El "Código de la Alianza" (Ex 20,22-23,19) es una colección de leyes y normas provenientes de diversas épocas de la historia de Israel y que han sido colocadas en el libro del Éxodo en el contexto de la alianza en el Sinaí (Ex 19-24). La respuesta del pueblo a la alianza con Dios se concreta en el Decálogo y en este conjunto legislativo llamado precisamente "Código de la Alianza".

En este cuerpo legal, que intenta orientar e iluminar el entramado de la vida social y religiosa del pueblo, hay una serie de preceptos ético-sociales que giran en torno a tres clases de personas privilegiadas por Dios: el forastero, el huérfano, la viuda, y el indigente. Estas tres categorías sociales tienen un elemento en común: son personas que carecen de protección y viven marginadas sin ningún amparo en la estructura social. Por eso son objeto del amor preferencial de Dios en el contexto de la alianza. El forastero no tiene familia ni clan que lo defienda y proteja, el huérfano y la viuda carecen del sostén fundamental en el ámbito familiar (padres o marido), y el indigente no tiene recursos para hacer valer sus derechos.

Dios mismo ha decidido asumir la defensa pública de estos "pobres", asumiendo su causa como suya: "no explotarás a las viudas, ni a huérfanos, porque si los explotas y ellos claman a mí, ciertamente oiré yo su clamor" (Ex 22,92): "Cuando (el pobre) clame a mí, yo lo escucharé, porque soy misericordioso" (Ex 22,26). El pueblo de Dios debe prcocuparse por el bienestar de los pobres y defender sus derechos, pues la causa de los pobres es la causa de Dios: "El que oprime al desamparado ofende a su Creador, lo honra quien se apiada del necesitado" (Prov 14,31).

* 2a lectura: 1 Tesalonicenses 1,5-10

Pablo ofrece a la comunidad cristiana de Tesalónica, una serie de reflexiones a la luz de la experiencia vivida por aquella Iglesia que él fundó. Los tesalonicenses "recibieron la Palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo (v. 6), convirtiéndose no sólo en un modelo para las Iglesias de Macedonia y de Acaya, las dos provincias romanas de Grecia, sino en testimonios de la palabra del Señor que, a través de ellos, ha resonado "en todas partes" (v. 8). Pablo sintetiza la conversión de los Tesalonicenses a partir de un doble movimiento: abandono de los ídolos y servicio al Dios vivo y verdadero (v. 9). El momento inicial de la conversión marca el inicio de un camino, caracterizado por la esperanza en la vuelta final de Jesús, el Hijo de Dios (v. 10).

* 3a lectura: Mateo 22,34-40

Jesús en Jerusalén se enfrenta con los representantes del judaísmo oficial en una serie de controversias religiosas sobre temas fundamentales de la fe. Uno de los fariseos, "experto en la ley", le pregunta: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?" (v. 36). La pregunta refleja una de las preocupaciones más grandes del judaísmo de la época de Jesús, que buscaba afanosamente establecer un principio unificador de las distintas formulaciones de la voluntad de Dios. Los fariseos contaban 613 preceptos en la Ley y había que saberlos y practicarlos todos. Por eso los grandes maestros judíos intentaban encontrar y proponer un criterio que diera unidad a toda la revelación divina en su aspecto normativo.

La novedad del evangelio no consiste en que establezca como principio unificador el valor supremo del amor. Cuando Jesús afirma que el primer mandamiento es "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente" (Mt 22,37), hace referencia al núcleo esencial del credo religioso del israelita piadoso que recita dos veces al día el Shemá: "Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón" (Deut 6,4-5).

La originalidad de la propuesta de Jesús se encuentra sobre todo en la segunda parte de su respuesta, donde establece una relación de "semejanza" entre el primero y el segundo mandamiento, que es definido también con una fórmula bíblica, tomada del "Código de Santidad" del libro del Levítico: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". (Lev 19,18). El mandamiento del amor al prójimo se pone en relación al primero, sobre el amor íntegro y total a Dios, en cuanto pertenece a la misma categoría de principio unificador y fundamental.

La propuesta de Jesús da unidad y sostén a toda la revelación histórica de Dios. Esto es lo que expresa la plástica imagen del verbo griego kremmnymi, "sostener", "colgar", en el v. 40: "En estos dos mandamientos se fundan (sostienen) toda la ley y los profetas". Para Jesús en el amor a Dios y al prójimo se sintetiza toda la revelación divina. Integrando el amor a Dios y al prójimo, como síntesis fundamental de toda la Escritura, Jesús confirma el objetivo de su misión, anunciada en el discurso inaugural del monte: "llevar a su plenitud la ley y los profetas" (Ctr. Mt 5,17).

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

LO PRINCIPAL ES EL AMOR

La Palabra de Dios nos va proponiendo, domingo tras domingo, consignas para nuestra vida. Hoy, respondiendo a la pregunta del fariseo, Jesús nos dice cuáles son para él los mandamientos principales: el amor a Dios y el amor al prójimo.

El libro del Éxodo ya concreta, con ejemplos que conservan toda su actualidad, en qué consiste el amor al prójimo.

Por otra parte, Pablo sigue alabando, en su carta, a los cristianos de Tesalónica, porque su ejemplo de fe está influyendo muy positivamente en otras comunidades de toda Grecia: otro ámbito en que también podemos ejercitar el mandamiento del amor, entre unas comunidades y otras.

AMARÁS A DIOS CON TODO TU CORAZÓN...

Deberíamos estar agradecidos a aquel fariseo que le planteó esa pregunta a Jesús, aunque lo hiciera "para ponerlo a prueba". Los judíos tenían 365 mandamientos negativos y 248 positivos. ¿Cuál era el principal? Algunos podían responder que el del sábado. También hoy tenemos muchas normas -el Código de Derecho Canónico contiene 1752 cañones- y podemos preguntarnos cuáles son más importantes y cuáles menos.

Jesús no lo duda: el mandamiento principal para sus discípulos, no son tanto las instituciones, sino el amor, el amor a Dios y al prójimo, uniendo en un solo mandamiento lo que en el Antiguo Testamento estaba dividido en dos citas (Deuteronomio 6 y Levítico 19). Parece un binomio sencillo, y lo hemos repetido muchas veces, pero, si lo tomamos en serio, es capaz de transformar nuestra vida y la de la sociedad. El mejor ejemplo lo tenemos en el mismo Jesús: su amor radical al Padre y su entrega total al prójimo.

La primera dirección que Jesús afirma como la principal es el amor a Dios. El salmo de hoy destaca también, después de que la primera lectura ha insistido en el amor al prójimo, la dirección "vertical" de este amor: "Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza... bendito seas, Señor, que me proteges, que tú, mi salvador, seas bendecido". Es lo que nos recuerda el primer mandamiento, que sigue siendo el más importante: "no tendrás otros dioses más que a mí". Todos sabemos a qué "dioses" tenemos la tentación de adorar y servir en el mundo de hoy.

Amar a Dios con todo el corazón no es sólo no blasfemar o renegar de Dios. Es escuchar con fe su Palabra, dedicar tiempo al encuentro con él en la oración, acudir a las celebraciones de la comunidad cristiana, amar lo que Dios ama y no seguir las consignas de este mundo, que sólo valora lo material y lo inmediato.

... Y A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO

Al primer mandamiento del amor a Dios, Jesús añade otro, que él considera semejante al primero: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

El libro del Éxodo, al hablar del amor al prójimo, no hace afirmaciones genéricas y vacías, sino que enumera aspectos concretos que parecen tomados de la vida actual: no oprimir al forastero (inmigrante), no explotar a los débiles (viudas, huérfanos) aprovechándose de su necesidad, no abusar de los intereses en los préstamos... Se ve que son viejas las trampas que se nos ocurren ahora en perjuicio de los débiles. Son unos ejemplos, que se amplían en otros pasajes que el mismo libro del Exodo dedica a la Alianza (lo que nosotros resumimos como el "decálogo"): allí habla del trato de los esclavos, de los forasteros, de los enemigos, así como de los robos y violaciones, de los golpes y heridas. La Alianza entre Israel y Dios se centraba en el culto, pero también en la justicia social.

El motivo es que Dios hace suyo el grito de queja de los oprimidos y los débiles: "Si explotas a viudas y huérfanos se encenderá mi ira contra ustedes... si ellos claman a mí yo los escucharé... porque yo soy misericordioso". Es lo que Jesús nos dijo cuando describió cómo sería el "examen final" de nuestra vida: "Me dieron de comer... me visitaron... conmigo lo hicieron".

Hoy los ejemplos podrían ampliarse hablando de los inmigrantes con o sin papeles, de los distintos grupos de marginados que existen en nuestra sociedad, de los pobres y desocupados, de la justicia en el salario de los obreros, del escándalo de los niños obligados a trabajar...

Es un mensaje interpelante, que nos ayuda a reflexionar si estamos o no aprobando esta "asignatura" que Jesús considera fundamental: ¿amamos?, ¿amamos a Dios y al prójimo?, ¿o nos amamos sólo a nosotros mismos? Y además, con la medida que hoy se recuerda: "como a ti mismo". Todos sabemos cómo nos queremos a nosotros mismos.

J. ALDAZÁBAL

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Proyecto de homilía

En el Sinaí Israel celebró su alianza con Dios; descubrió que entre Dios y el hombre se puede instaurar un diálogo y una colaboración, para llevar adelante un proyecto común de amor. La iniciativa parte como siempre del Señor, que se pone en el camino de la humanidad para encontrarla. Pero también el hombre tiene que poner lo suyo, para mantener vivo ese diálogo. Israel expresó su respuesta en un conjunto legislativo que se suele llamar el "Código de la alianza" (Ex 20,22 -- 23,19), de donde está tomada la primera lectura de hoy.

En esa página se recogen una serie de preceptos éticosociales que giran alrededor de tres clases de ciudadanos privilegiados dé la tierra prometida: el forastero, el huérfano y la viuda, y el indigente; es decir, las personas que no tienen quien las proteja. Dios decide tomarlas bajo su patrocinio oficial, y por eso la comunidad debe tratarlas con solicitud y con amor.

Esta exigencia aparece aún con mayor fuerza en el pasaje del evangelio. Sabemos que en el comienzo y en la conclusión del ministerio público de Jesús se manifiesta un impacto violento y polémico con el ambiente religioso de su tiempo. Al comienzo, cinco controversias abren la predicación de Jesús en Galilea (Crf. Mc 2-3), y, cuando llega a Jerusalén para la última etapa de su vida, Jesús se enfrenta de nuevo cinco veces con los fariseos, que eran como los teólogos del judaísmo oficial.

En este último contexto se sitúa el pasaje evangélico de nuestra lectura de hoy. El innato deseo de clasificación propio de los juristas había sacado y catalogado 613 preceptos de la Biblia, y se discutía en los círculos profesionales de los doctores de la ley cuál de esos preceptos era el más importante. Jesucristo quiere ir a la esencia misma de la ley y ofrecer la perspectiva de fondo sobre la cual se debe vivir toda ella, y esto lo hace sumando dos textos del Antiguo Testamento: "Amarás al Señor tu Dios" (Dt 6,5) y "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Lv 19,18). El amor para con Dios y para con el prójimo aparecen unidos en una atrevida conexión: "el segundo es semejante..."; es decir, es tan importante y necesario como el primero, aunque no sea idéntico a él. Para Cristo, la dimensión vertical y la horizontal de nuestra vida no se pueden separar, se vivifican recíprocamente y construyen el "ser" cristiano total y genuino. El amor es la clave de bóveda de toda la Ley y los profetas (v. 40).

Y sin duda por ahí va también la imitación que los cristianos de Tesalónica hacen de Pablo, fundador de su comunidad (segunda lectura). En este segundo párrafo de la introducción a su carta, Pablo describe varios rasgos en que advierte esa "imitación". Ella se manifiesta sobre todo en el entusiasmo de la fe (1 Tes 1,8) y en la espera de la venida del Señor (v. 10). En eso, los cristianos de Tesalónica se han hecho imitadores de Pablo, sí; pero más bien imitadores del mismo Señor Jesús (v. 6) y fieles seguidores de sus enseñanzas.

Que ese mismo Señor, que se hace presente en nuestra celebración de la Eucaristía, nos ilumine con sus palabras de verdad y nos ayude a ponerlas en práctica en nuestra vida de cada día.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

NO EXPLOTEN USTEDES A LOS POBRES