XXXII DOMINGO ORDINARIO
08 de noviembre 2009, Ciclo B

Propio     Comentario     Nota exegética     Orientaciones para la celebración

Proyecto de homilía     Dios Hoy




Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 87,3

Que llegue hasta ti mi súplica, Señor y encuentren acogida mis plegarias.

Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Ayúdanos, Señor, a dejar en tus manos paternales todas nuestras preocupaciones, a fin de que podamos entregarnos con mayor libertad a tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Con el puñado de harina la viuda hizo un panecillo y se lo llevó a Elías.

Del primer libro de los Reyes: 17,10-16

En aquel tiempo, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta. Al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí a una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: "Tráeme, por favor, un poco de agua para beber". Cuando ella se alejaba, el profeta le gritó: "Por favor, tráeme también un poco de pan". Ella le respondió: "Te juro por el Señor, tu Dios, que no me queda ni un pedazo de pan; tan sólo me queda un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la vasija. Ya ves que estaba recogiendo unos cuantos leños. Voy a preparar un pan para mí y para mi hijo. Nos lo comeremos y luego moriremos".

Elías le dijo: "No temas. Anda y prepáralo como has dicho; pero primero haz un panecillo para mí y tráemelo. Después lo harás para ti y para tu hijo, porque así dice el Señor Dios de Israel: 'La tinaja de harina no se vaciará, la vasija de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra' ".

Entonces ella se fue, hizo lo que el profeta le había dicho y comieron él, ella y el niño. Y tal como había dicho el Señor por medio de Elías, a partir de ese momento, ni la tinaja de harina se vació, ni la vasija de aceite se agotó.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del Salmo 145

R/. El Señor siempre esfiel a su palabra.

El Señor siempre es fiel a su palabra,
y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona pan a los hambrientos
y libera al cautivo. R/.

Abre el Señor los ojos de los ciegos
y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo
y toma al forastero a su cuidado. R/.

A la viuda y al huérfano sustenta
y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente.
Reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos. R/.

SEGUNDA LECTURA

Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos.

De la carta a los hebreos: 9,24-28

Hermanos: Cristo no entró en el santuario de la antigua alianza, construido por mano de hombres y que sólo era figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para estar ahora en la presencia de Dios, intercediendo por nosotros.

En la antigua alianza, el sumo sacerdote entraba cada año en el santuario para ofrecer una sangre que no era la suya; pero Cristo no tuvo que ofrecerse una y otra vez a sí mismo en sacrificio, porque en tal caso habría tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. De hecho, él se manifestó una sola vez, en el momento culminante de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.

Así como está determinado que los hombres mueran una sola vez y que después de la muerte venga el juicio, así también Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos. Al final se manifestará por segunda vez, pero ya no para quitar el pecado, sino para salvación de aquellos que lo aguardan y en él tienen puesta su esperanza.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 5,3

R/. Aleluya, aleluya.

Aleluya, aleluya. Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. R/.

EVANGELIO

Esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos.

+ Del santo Evangelio según san Marcos: 12,38-44

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: "¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso".

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: "Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir".
Palabra del Señor.

Se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Mira, Señor, con bondad los dones que te presentamos, a fin de que el sacramento de la muerte y resurrección de tu Hijo, nos alcance de ti la vida verdadera. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical.

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 22,1-2

El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar; me conduce hacia fuentes tranquilas para reparar mis fuerzas.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te damos gracias, Señor, por habernos alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y te rogamos que la fuerza del Espíritu Santo, que nos has comunicado en este sacramento, permanezca en nosotros y transforme toda nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Tempestad

ENTREGAR Y ENTREGARSE

Antes de subir a Jerusalén, Jesús invita a sus discípulos a apartarse de la avaricia de los jefes de las naciones y entrar en la dinámica del servicio: "Ustedes saben que quienes figuran como jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus dirigentes las oprimen. No debe ser así entre ustedes. El que quiera ser importante entre ustedes, que sea su servidor; y el que quiera ser el primero entre ustedes, que sea esclavo de todos" (Mc 10,42-44). Ahora, ya en Jerusalén, denuncia la vanidad y la avaricia de los escribas: "Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles: buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos". En lugar de ayudar a los pobres, a los huérfanos, a las viudas, como mandaba la ley, no dudan en aprovecharse descaradamente de ellos, recurriendo a una devoción ostentosa y corrupta.

En contraste con la imagen que presentan los maestros de la ley, Jesús pone su mirada en una viuda pobre. que deposita dos moneditas de muy poco valor en las alcancías, todo lo que tenía para vivir. Ella preanuncia la entrega total de Jesús. Ella es la que ofrece el mejor ejemplo que deben seguir sus discípulos. No se trata sólo de entregar algo, sino de entregarse.

¿Somos capaces de dar lo necesario alguna vez, en lugar de desprendernos de lo superfluo? ¿Tenemos ejemplos de personas que en verdad lo han dado todo?

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: 1 Reyes 17,10-16

El profeta Elías fue enviado por Dios a Sarepta de Sidón, en donde había encomendado a una viuda que lo alimentase. Toda la zona costera de Fenicia y de Israel sufría una fuerte sequía desde hacía algunos años, lo que había sumido a la población en una terrible pobreza. Era una región pagana. Sus habitantes adoraban a Baal, el dios cananeo de la fertilidad, de quien esperaban la lluvia y los frutos de la tierra. A esa tierra envía el Señor al profeta Elías, que estaba siendo perseguido por el rey Ajab a causa de su lucha contra la difusión del baalismo en Israel.

La viuda que acoge a Elías es pobre. Solamente tiene lo necesario para sobrevivir ella y su hijo: un puñado de harina en una vasija y un poco de aceite en una jarra. Elías también es pobre, forastero y fugitivo, sólo posee un mandato del Señor y la seguridad de la palabra de Dios. El profeta obedece a Dios y la pobre viuda se fía de la palabra del profeta, dando todo lo que tiene. Ambos, abiertos a Dios y con un corazón generoso, tuvieron comida suficiente por mucho tiempo (v. 15). El Señor se revela como el Señor de la naturaleza, el único capaz de dar la vida. Las divinidades fenicias demuestran que son incapaces de producir la lluvia y de nutrir a sus habitantes. El profeta perseguido es salvado de la muerte por la generosa sencillez de una pobre viuda pagana, que también sobrevive gracias a la acción providente de Dios en favor de los que se fían de él (v. 16).

* 2ª lectura: Hebreos 9,24-28

En el judaísmo de la época el santuario del Templo, adonde entraba el sumo sacerdote una vez al año, se concebía como imagen del santuario del Cielo. En este último entró Cristo de una vez para siempre para conducir a Dios a los hombres redimidos (v. 24). El sumo sacerdote inmolaba una vez al año en el santuario víctimas como sacrificio (v. 25), Cristo se ofreció a sí mismo una vez por todas para destruir el pecado (v. 26). Jesús, que no fue un sacerdote levítico, es el auténtico sumo sacerdote, que "se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos. Al final se manifestará por segunda vez, pero ya no para quitar el pecado, sino para salvación de aquellos que lo aguardan y en él tienen puesta su esperanza" (v. 28).

* 3ª lectura: Marcos 12,38-44

Con esta escena concluyen las controversias de Jesús con las autoridades de Israel en Jerusalén. En primer lugar Jesús desenmascara la hipocresía y la falsedad de los maestros de la ley, que con sus actitudes y su conducta han pervertido la práctica religiosa. Su piedad es una mentira delante de Dios: conocen la Escritura pero se sirven de ella para propio provecho, frecuentan la sinagoga pero su corazón está lejos de la justicia, hacen oraciones ostentosas para ser vistos y alabados por los otros. Su piedad es también una mentira delante de los hombres: se preocupan de lo exterior pues gustan vestirse para ser tenidos como importantes, intentan que su valor sea reconocido por los demás y por eso buscan los puestos de honor en las sinagogas y ser saludados en público, se aprovechan de los pobres para sus propios intereses (vv. 38-39).

En segundo lugar Jesús ofrece como modelo de vida a una pobre viuda que, a diferencia de los profesionales de la religión en Israel, vive la fe como experiencia de confianza en Dios y la manifiesta mediante la gratuidad y la generosidad. Jesús la contempla mientras está sentado frente a las arcas del templo, observando cómo la gente va echando dinero en ellas. Mientras muchos ricos echaban grandes sumas de dinero, esta viuda echó unas pocas monedas. Jesús la presenta como modelo de vida para el discípulo cristiano: "Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir" (literalmente en griego: holon ton bíon autes, "toda su vida") (v. 44).

Esta viuda representa lo mejor de la piedad del verdadero Israel. Ella no ha pervertido la religión del templo. Para ella, como para Jesús, el templo es "casa de oración" (Mc l I,17). Por eso va al lugar santo y pone su vida en las manos de Dios. Colocando aquellas moneditas en las arcas sagradas, lo da todo para el culto divino y para el bien de otros pobres. Por eso representa el ideal del discípulo cristiano y es símbolo del Mesías que ha venido a "dar su vida" (Mc 10,45).

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

EL TESTIMONIO DE LOS QUE DE VERDAD CONFIAN EN DIOS

Tanto en la primera lectura como en el evangelio vemos a dos personas que podríamos decir que son el paradigma de la pobreza en la Biblia.

Las dos son viudas y pobres. No tienen a nadie que las ampare. Sólo pueden fiarse de Dios. Su soledad, socialmente hablando, es absoluta. La viuda de Sarepta de Sidón además tiene a su cargo un hijo; su situación de desesperación es espantosa. A pesar de todo, la mujer escucha al hombre de Dios, el profeta, y a través de él escucha la voluntad de Dios. Se le pide una generosidad que va más allá de las conveniencias humanas, más allá de lo que nosotros llamaríamos el sentido común. Sin embargo, ella cumple lo que le pide la voz de su fe, y le prepara al profeta lo que éste le solicita. Le dice lo que tiene, y le da lo que tiene. En el evangelio la descripción ha sido más sobria pero, como ha subrayado Jesús a sus discípulos (podemos decir: como ha enseñado al que ha de ser el discípulo perfecto), ha dado todo lo que tenía.

Lo que es importante para Dios no es tanto la eficacia de las cosas materiales, sino la interioridad, la intención profunda, la generosidad del corazón. El que de verdad quiere seguir a Jesús debe fijarse en su propia vida y darse cuenta de que debe tener el cuerpo y el espíritu liberado de obstáculos para poder cumplir la voluntad del Dios de misericordia.

EL TESTIMONIO DE LOS QUE LO SABEN TODO

El contraste que aparece en el evangelio entre la actitud discreta de la mujer y la descripción que Jesús hace de la exhibición de los escribas es impactante. Da la impresión de que Jesús pone al descubierto un pecado que se da a menudo, incluso en medios eclesiásticos: una especie de narcisismo. Seguramente que no siempre es consciente, pero las actitudes que describe Jesús, aquel deseo no de servir sino de querer siempre estar en el centro de toda manifestación, de todo acontecimiento, de toda reunión, pendientes sólo del asentimiento, de los aplausos de los demás, debería hacer pensar. Porque Jesús añade todavía que no atienden a los que tendrían que servir, a los que más necesidad tienen; Jesús lo ha dicho así: devoran los bienes de las viudas. Hay muchas formas de soledad injusta que necesitan ser especialmente acogidas y no ser menospreciadas por su limitada capacidad. ¿Qué querrá decir ahora y aquí devorar los bienes de los que menos tienen?

EL TESTIMONIO DE CRISTO

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, nos hace ver que el sacerdocio de Cristo es muy superior al del Antiguo Testamento, porque él es el mediador de la Nueva Alianza. La entrada de Cristo en el Santo de los Santos es diferente a la del Sumo Sacerdote: éste tiene que entrar cada año y por las fiestas; Cristo, en cambio, ha entrado en un ahora eterno "en el cielo mismo", ofreciéndose él mismo "una sola vez". El Santo de los Santos donde ha entrado Cristo es mucho más auténtico que el templo, y no lo ha hecho por unos instantes, sino para siempre: las oraciones y las ofrendas de los hombres encuentran, por lo tanto, en Cristo, en todo momento, un mediador atento que está ante Dios. Cristo, además, está revestido personalmente de la soberanía universal de tal modo que ejerce sobre los hombres una realeza definitiva: "para salvación de aquellos que lo aguardan".

Pero no es el hecho de haber derramado su sangre lo que da autoridad a Cristo para ejercer la expiación definitiva, sino el haber ofresido su propia vida. El valor de la donación de Cristo es doble: en tanto que Hijo de Dios, tiene asegurado por su sacrificio un valor que trasciende los sacrificios antiguos; en tanto que hombre perfecto, confiere a su oblación un carácter espiritual que no conocía ningún antiguo ritualismo. Cristo es capaz de borrar y perdonar los pecados fundamentalmente porque ha sido el primer hombre que ha vivido sin pecado, y el primer Señor que ha podido abolir el reino del mal.

LUIS PLANAS

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Proyecto de homilía

La primera lectura nos presenta un pasaje de la historia del profeta Elías. Elías es el modelo del profeta: su símbolo es el fuego, porque su palabra ardía como una llama, puesto que lo devoraba el celo por el Señor. Estos capítulos del primer libro de los Reyes, que constituyen el ciclo de Elías, describen precisamente la lucha que tuvo que sostener el profeta contra el paganismo cananeo, el culto de Baal, que contaminaba la religiosidad genuina del pueblo de Israel.

En esa serie de acontecimientos complejos y atormentados, adquiere relieve especial la figura humilde de aquella viuda de que nos habla el pasaje de hoy. Eran los días de una gran carestía y, probablemente con otra gente hambrienta, el mismo Elías se había desplazado a la más fértil Fenicia, y bajo una orden precisa de Dios se había dirigido a Sarepta, ciudad cercana a Tiro.

El relato se juega sobre fuertes contrastes: el profeta perseguido por el poderoso rey de Israel es salvado de la muerte por la sencilla y confiada generosidad de una pobre viuda pagana. Lo decisivo no es lo que ordinariamente llena de ruido la historia, sino la palabra que Dios pronuncia en esa historia. El profeta y la viuda son dos criaturas que viven con fe sencilla la tragedia de su tiempo.

En paralelo con la primera lectura, se nos presenta el pasaje del evangelio. El pasaje es complejo. Primero viene un juicio sobre los escribas, a quienes Jesús acusa de incoherencia en sus enseñanzas, de arrogancia y de voracidad: «devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largas oraciones» (Mc 12,40). Luego viene el relato sobre la viuda que da su modesta limosna en la alcancía que se encontraba en el "atrio de las mujeres".

Lo que Jesús señala en la actitud de la viuda es también una advertencia contra la manera de actuar de muchos fariseos. Ella no es como aquellos fariseos que se preocupaban sólo de las apariencias: de aparecer como buenos e importantes delante de los demás. Dios ve en lo profundo de nuestro ser: a Él le agrada más la pequeña ofrenda hecha con fe que la ofrenda hecha con muchos aspavientos exteriores. De ese modo, la humildad generosa de la viuda es como el símbolo de la verdadera figura cristiana.

La lectura del evangelio se conecta también con la segunda lectura. Las últimas palabras de Jesús a propósito del óbolo de la viuda son: «ella ha dado todo lo que tenía para vivir» (Mc 12,44), que, traduciendo al pie de la letra el texto griego, deberíamos leer «ella echó allí toda su vida»; precisamente como Jesús, quien se encamina hacia la muerte con plena lucidez y confianza en Dios, para ofrecer toda su vida por nosotros.

La parte central de la Carta a los Hebreos (capítulos 5-10) trata el tema de Jesús Sumo Sacerdote, y el autor de la carta estudia especialmente el sacerdocio de Jesús desde el punto de vista sacrificial. Los sacrificios en el templo de Jerusalén propiciaban el favor de Dios hacia el pueblo. Cristo entró en el cielo, que es el verdadero tabernáculo de la habitación divina, después de haber derramado su propia sangre (no sangre de becerros o cabritos), para realizar así la salvación del mundo. Él no perteneció al sacerdocio levítico del Antiguo Testamento, pero llevó a su plenitud el sacerdocio antiguo, ofreciéndose a sí mismo.

Ese sacrificio de Cristo, Sumo Sacerdote, es lo que hacemos presente en nuestra Eucaristía. Que Él nos transforme y nos haga capaces de entregar aun nuestra propia vida, como Él lo hizo.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

SEÑOR, ¡TÁPATE LOS OJOS!

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