XXXIII DOMINGO ORDINARIO
15 de noviembre 2009, Ciclo B

Propio     Comentario     Nota exegética     Orientaciones para la celebración

Proyecto de homilía     Dios Hoy




Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Jer 29,11.12.14

Yo tengo designios de paz, no de aflicción, dice el Señor. Me invocarán y yo los escucharé y los libraré de su esclavitud dondequiera que se encuentren.

Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Concédenos, Señor, tu ayuda para entregarnos fielmente a tu servicio, porque sólo en el cumplimiento de tu voluntad podremos encontrar la felicidad verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Entonces se salvará tu pueblo.

Del libro del profeta Daniel: 12,1-3

En aquel tiempo, se levantará Miguel, el gran príncipe que defiende a tu pueblo.

Será aquel un tiempo de angustia, como no lo hubo desde el principio del mundo. Entonces se salvará tu pueblo; todos aquellos que están escritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo, despertarán: unos para la vida eterna, otros para el eterno castigo.

Los guías sabios brillarán como el esplendor del firmamento, y los que enseñan a muchos la justicia, resplandecerán como estrellas por toda la eternidad.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 15

R/. Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

El Señor es la parte que me ha tocado en herencia:
mi vida está en sus manos.
Tengo siempre presente al Señor
y con él a mi lado, jamás tropezaré. R/.

Por eso se me alegran el corazón y el alma
y mi cuerpo vivirá tranquilo,
porque tú no me abandonarás a la muerte
ni dejarás que sufra yo la corrupción. R/.

Enséñame el camino de la vida,
sáciame de gozo en tu presencia
y de alegría perpetua junto a ti. R/.

SEGUNDA LECTURA

Con una sola ofrenda Cristo hizo perfectos para siempre a los que ha santificado.

De la carta a los hebreos: 10,11-14.18

Hermanos: En la antigua alianza los sacerdotes ofrecían en el templo, diariamente y de pie, los mismos sacrificios, que no podían perdonar los pecados. Cristo, en cambio, ofreció un solo sacrificio por los pecados y se sentó para siempre a la derecha de Dios; no le queda sino aguardar a que sus enemigos sean puestos bajo sus pies. Así, con una sola ofrenda, hizo perfectos para siempre a los que ha santificado. Porque una vez que los pecados han sido perdonados, ya no hacen falta más ofrendas por ellos.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Lc 21,36

R/. Aleluya, aleluya.

Velen y oren, para que puedan presentarse sin temor ante el Hijo del hombre. R/.

EVANGELIO

Congregará a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales.

+ Del santo Evangelio según san Marcos: 13,24-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas y el universo entero se conmoverá. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y él enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo.

Entiendan esto con el ejemplo de la higuera. Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Así también, cuando vean ustedes que suceden estas cosas, sepan que el fin ya está cerca, ya está a la puerta. En verdad que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse. Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solamente el Padre".
Palabra del Señor.

Se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que estos dones traídos a tu altar nos obtengan de ti, Señor y Dios nuestro, la gracia de servirte con amor y la felicidad eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario.

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 72, 28

Mi felicidad consiste en estar cerca de Dios y en poner sólo en él mis esperanzas.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, que nuestra participación en esta Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar como memorial suyo, nos una siempre con el vínculo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Tempestad

¿QUÉ VA A SER DE ESTE MUNDO?

El mensaje del evangelio de hoy, así como la lectura de Daniel, están encuadrados en un género literario característico, el apocalíptico. Es un tipo de literatura que utiliza un lenguaje especial para describir las grandes intervenciones de Dios. Estamos a punto de concluir el año litúrgico, y el evangelio de hoy nos recuerda que al final de los tiempos Jesucrito ha de volver "con gran poder y majestad", mientras que los ángeles, instrumentos de Dios en el gobierno del mundo, congregarán a sus elegidos dispersos por toda la tierra.

El triunfo definitivo del Hijo del hombre implica a su vez el triunfo de los que han sido fieles a Dios a pesar de las persecuciones.

Con la figura de la higuera que anuncia el verano, Jesús nos dice que estemos atentos a los signos de los tiempos, y que: "Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse".

¿Qué va a ser de este mundo?, es la pregunta que surge cuando somos testigos de las guerras, de la miseria cada más aguda y creciente, del agotamiento de los recursos naturales... Hoy se nos dice a todos nosotros que el mundo no está dejado de la mano de Dios; que debemos tener fe y confianza, a pesar de no comprender el porqué de tanto dolor y sufrimiento; que debemos tener esperanza, a pesar de no saber cuándo volverá el Hijo del hombre, porque el triunfo de Dios ya es irreversible.

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Notas exegéticas

* 1ª Iectura: Daniel 12,1-3

El libro de Daniel fue escrito en el siglo II en la época de la revolución macabea. Como es típico de la literatura apocalíptica, concibe la historia humana como lucha continua entre dos fuerzas antagónicas: el bien y el mal, la luz y las tinieblas, Dios y las fuerzas que obstaculizan su proyecto. Desde una perspectiva escatológica, la conclusión de la historia se describe con el triunfo del bien y de las fuerzas divinas. Los elegidos de Dios, a pesar de las dificultades y sufrimientos que acompañarán la crisis escatológica, alcanzarán la salvación. El mundo divino, representado por Miguel, "el gran príncipe" (v. 1) protector de Israel, hace irrupción en la historia para realizar el plan de Dios.

El v. 2 introduce el tema de la resurrección de los muertos. Se trata probablemente de uno de los textos bíblicos más antiguos en que se afirma la vida después de la muerte (Cfr. Is 26,19). Estos que "despertarán" son en primer lugar los mártires, que han preferido la muerte antes de ser infieles a Dios. Se despertarán también los impíos que se han opuesto a los designios de Dios, "unos para la vida eterna, otros para el eterno castigo". En cambio los sabios o maestros, los que han sabido elegir el bien y la voluntad divina, poniéndola en practica y enseñándola a otros hasta dar la vida, "brillarán como el esplendor del firmamento... como estrellas por toda la eternidad" (v. 3).

* 2ª lectura: Hebreos 10,11-14.18

El autor de la carta compara el antiguo sacerdocio judío, que se ejercía en el Templo de Jerusalén, con el de Cristo, que se realiza en el cielo. Mientras los sacerdotes de la antigua alianza, ofrecían continuamente sacrificios y no lograban la anulación total del pecado, Jesús se ofreció a sí mismo una vez para siempre por los pecados de todos, y con un solo sacrificio, nos ha comunicado su santidad y nos ha abierto el camino hacia Dios.

* 3ª Iectura: Marcos 13,24-32

El discurso escatológico de Jesús en el evangelio de Marcos (Mc 13) es una composición literaria de género apocalíptico, con elementos proféticos y exhortativos. El argumento central del capítulo es el anuncio de la venida del Hijo del hombre (vv. 16-32), precedido de algunas exhortaciones a la fidelidad (vv. 1-23) y seguido de otras sobre la vigilancia (vv. 33-37). El evangelista intenta sostener la fidelidad y la perseverancia de la comunidad cristiana, apaciguando las excitaciones apocalípticas y exhortando al discernimiento y al compromiso histórico.

Las imágenes que se utilizan son típicas de la literatura apocalíptica: la figura del Hijo del Hombre, tomada del libro de Daniel; la descripción de grandes cataclismos, que indican una pronta y decisiva intervención de Dios; la figura de los ángeles; los símbolos cósmicos (tierra, cielo, los cuatro vientos). En este tipo de literatura el uso de los símbolos era corriente al hablar de realidades que escapaban al control del hombre, al mismo tiempo que con ellos se intentaba crear una atmósfera misteriosa y enigmática frente al lector. En la apocalíptica los cataclismos cósmicos son símbolo de la intervención de Dios en la historia y de su juicio divino sobre la humanidad. En esta óptica hay que interpretar la venida del Hijo del hombre, que llega para reunir a sus elegidos dispersos por toda la tierra (vv. 26-27).

Mientras el Señor vuelve, sus discípulos deben vivir en actitud de vigilancia y de discernimiento. La parábola de la higuera es una invitación a velar y a discernir los signos de los tiempos y vivir en fidelidad a la voluntad de Dios (vv. 28-29). Las catástrofes cósmicas, que representan las diversas intervenciones de Dios en la historia, anuncian la cercanía del final: "Podrán dejar de existir el cielo y la tierra" (v. 31). El final coincide con el regreso del Señor y la revelación definitiva del Reino que ya ha comenzado a gestarse en la historia: "Verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad" (v. 26). Un final que será siempre cercano a cada generación de lectores del evangelio: "no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla" (v. 30).

El conocimiento del momento preciso del final es algo que pertenece sólo al Padre: "Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solamente el Padre" (v. 32). El final escatológico no es en ninguna manera predecible. Nadie puede conocerlo, sólo Dios que es Señor y Creador de todo.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

Estamos en el penúltimo domingo del año litúrgico. Todo el ciclo litúrgico nos ha servido para irnos aproximando, no sólo al conocimiento de la figura de Jesucristo, sino también al conocimiento del significado del Reino. Progresivamente Jesús nos ha ido revelando el misterio de Dios. Hacía falta, por nuestra parte, no sólo asimilar y comprender su mensaje, sino también ir cambiando aquellas actitudes que en el fondo nos impedían acoger el mensaje de Jesús en el propio corazón.

Identificados como un discípulo más, se nos invita a caminar, convencidos de nuestra fe, en la realidad que nos toca vivir. Jesús lo ha dado todo, pero la Iglesia nos propone una reflexión nueva partiendo de las palabras de Jesús ante el templo, para darnos cuenta de que hay que incorporar a nuestra reflexión y, por lo tanto, interiorizar, la respuesta que habrá que dar ante aquellas situaciones que romperán, sin duda, los esquemas que nos daban seguridad. ¿Quién podía prever que el templo, signo elocuente y que enorgullecía el alma judía de aquel tiempo, desaparecería? Cuando eso sucedió, las palabras de Jesús se convirtieron en una nueva fuente de esperanza, de realismo y de consuelo. Sabemos que cuando se redacta el evangelio de Marcos la comunidad creyente conocía el hundimiento del Templo y conocía con dolor qué significaba dar testimonio de la fe.

LA MIRADA REALISTA Y SUFRIENTE

El libro de Daniel nos dice unas palabras que todavía hoy pueden ser muy actuales si miramos nuestro mundo: "Será aquél un tiempo de angustia, como no lo hubo desde el principio del mundo". El profeta hace referencia a una situación de guerra en la que el pueblo de Israel se había involucrado y había perdido, provocando muchos muertos.

El lenguaje de Jesús, mirando al templo, desde el monte de los Olivos, cuando dentro de dos días él comenzará lan experiencia de la pasión, también es descorazonador: "Después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas y el universo entero se conmoverá". Hay que tener presente que ese lenguaje quizás está un poco alejado de nuestra sensibilidad, pero es una forma "apocalíptica" de expresarse que hace el texto especialmente sugerente. No se trata de tomarse al pie de la letra lo que se dice; sin embargo, el texto transmite poéticamente una vivencia especialmente dura y desesperada. También hoy hay experiencias duras y desesperanzadas.

LA VISIÓN ESPERANZADA DE LA ESCATOLOGIA

Ante lo que dicen y que parece que no hay nada que hacer, el lenguaje apocalíptico no se queda en la visión negativa. El profeta Daniel habla de Miguel, comandante de los ejércitos celestiales, "que defiende a tu pueblo", y dice que "muchos de los que duermen en el polvo, despertarán", es decir, habla de la resurrección de los muertos. El mensaje de Jesús habla de la venida del Hijo del hombre, un título mesiánico, la fuerza de la salvación; su venida, la Parusía, es la manifestación evidente de su Poder y de su Gloria. Uno no se queda solo, sino que reunirá "a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales". La "ekklesía" del cielo será el gozoso encuentro de los que en todos los tiempos se han sentido tratados como hermanos en la fe, y viven unidos en el corazón del Padre. Cristo es su centro, su amor y su honor.

APRENDER A LEER LA VIDA

Jesús propone la figura de la higuera: observándola nos damos cuenta de que las realidades cambian, "el verano está cerca". Esta parábola nos enseña a saber leer las cosas (en el contexto del evangelio es la caída de Jerusalén y la destrucción del templo) como un signo de que él se acerca, ya está "a la puerta".

Ante las situaciones catastróficas, la escatología biblica nos enseña a ver que hay situaciones terrenales que caducan, pero el Espíritu de Dios siempre estará presente. Éste es el consuelo impregnado de esperanza que todavía hoy debemos intentar reforzar. Saber leer la vida es también tomar conciencia de que, cuando en el evangelio leemos la afirmación "mis palabras no dejarán de cumplirse", nos está diciendo que nuestra mirada a las cosas que nos rodean, a la realidad eclesial que estamos viviendo, a los cambios culturales y sociales que a lo largo de la historia se han ido sucediendo, siempre la Palabra ha estado vigente y siempre ha sido signo de salvación. Es importante la convicción plena de que Dios vendrá a nuestro encuentro. Somos peregrinos, que estamos viviendo en lo provisional, que tenemos que mirar adelante, que queremos retornar al paraiso, al Reino, al cielo, a vivir en la plenitud de Dios.

LUIS PLANAS

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Proyecto de homilía

Al acercarse el final del año litúrgico, las lecturas de la Misa nos presentan textos que aparentemente se refieren al "final de los tiempos".

La primera lectura está tomada del libro de Daniel (Daniel no es el nombre del autor del libro, sino de su protagonista), libro que pertenece al género literario "apocalíptico". La segunda parte del libro (capítulos 7 a 12) está compuesta por cuatro visiones, en las que se presenta a Daniel, por medio de imágenes simbólicas, la sucesión de los cuatro reinos extranjeros bajo los cuales Israel vivió en aquella época.

El párrafo que nos ofrece la liturgia es la última parte de la última visión. Después de una amplia introducción, un ángel le ofrece a Daniel un informe sobre la historia del imperio persa y del de Alejandro Magno, y añade un perfil de la dinastía seléucida, dinastía que en aquel tiempo perseguía y oprimía a Israel. El cuadro se cierra con el pasaje de nuestra lectura, que se refiere al futuro escatológico: los elegidos de Dios, cuyos nombres se encuentran escritos en el libro de la vida, serán salvados (Dan 12,2 introduce, quizá por primera vez en el AntiguoTestamento, el tema de la resurrección de los muertos). También los adversarios resucitarán, pero para ser condenados; mientras que los que habrán dado su vida por el reino brillarán «como el resplandor del firmamento».

El pasaje que leemos del evangelio de San Marcos es uno de los textos más complejos del Nuevo Testamento, pero su intención fundamental parece suficientemente clara: tranquilizar a una comunidad inquieta y asustada por lo que está sucediendo en aquel momento. Parece que, después de los acontecimientos sucedidos en Judea hacia el año 70 (opresión romana, destrucción de Jerusalén y del Templo, persecución de la comunidad cristiana), algunos anunciaban el inminente fin del mundo. Pero el tema fundamental de este capítulo 13 no es el fin del mundo sino la venida del Hijo del Hombre.

Se pasa de un nivel apocalíptico exterior a un nivel teológico: el juicio del Hijo del Hombre significa la salvación para todos aquellos que han escogido creer en Él y en su reino. En espera de la segunda venida de Cristo, los cristianos deben tener una actitud de espera y de vigilancia. La parábola de la higuera es precisamente una invitación a vigilar y a discernir los signos de los tiempos. Cuando la higuera echa hojas, no se puede decir que ha comenzado el verano, sólo significa que el verano está cerca.

Contra los falsos profetas que quieren ya el fin del mundo, Jesús afirma que esos signos anuncian solamente la cercanía del final, el cual está siempre cercano a "esta generación"; es decir, a la generación del lector de cualquier época y de cualquier lugar. La tarea principal es la de velar.

Entre los cristianos y los no-cristianos, la diferencia no está en sus características de orden moral o en la mayor perfección de lo que hacen. Está en que nosotros esperamos al Señor. El cristiano es un hombre que espera, y esta cercanía del Señor exige, de parte de los creyentes, una actitud adecuada.

A la tensión de las dos lecturas comentadas hasta ahora, se opone en la segunda lectura la certeza de que el futuro ya ha comenzado. La esperanza de un nuevo mundo y de una nueva humanidad está ya presente, puesto que «Cristo ha ofrecido un solo sacrificio y se sentó a la derecha de Dios de una vez para siempre» (Heb 10,12).

Nuestra celebración de la Eucaristía nos invita a creer firmemente en la presencia salvadora de Jesús y a esperar vigilantemente su última venida.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

NO PASARÁ ESTA GENERACIÓN

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