
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 85,1-3 |
Escucha, Señor, y respóndeme; salva a tu siervo que confía en tí. Ten piedad de mí, Dios mío, pues sin cesar te invoco.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, tú que puedes darnos un mismo querer y un mismo sentir, concédenos a todos amar lo que nos mandas y anhelar lo que nos prometes para que, en medio de las preocupaciones de esta vida, pueda encontrar nuestro corazón la felicidad verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
Del libro de Josué: 24,1-2.15-17.18
En aquellos días, Josué convocó en Siquem a todas las tribus de Israel y reunió a los ancianos, a los jueces, a los jefes y a los escribas. Cuando todos estuvieron en presencia del Señor, Josué le dijo al pueblo: "Si no les agrada servir al Señor, digan aquí y ahora a quién quieren servir: ¿a los dioses a los que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Eufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes habitan? En cuanto a mí toca, mi familia y yo serviremos al Señor".
El pueblo respondió: "Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses, porque el Señor es nuestro Dios; él fue quien nos sacó de la esclavitud de Egipto, el que hizo ante nosotros grandes prodigios, nos protegió por todo el camino que recorrimos y en los pueblos por donde pasamos. Así pues, también nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 33 |
R/. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Bendeciré al Señor a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor,
que se alegre su pueblo al escucharlo. R/.
Los ojos del Señor cuidan al justo,
y a su clamor están atentos sus oídos.
Contra el malvado, en cambio, está el Señor,
para borrar de la tierra su recuerdo. R/.
Escucha el Señor al hombre justo
y lo libra de todas sus congojas.
El Señor no está lejos de sus fieles
y levanta a las almas abatidas. R/.
Muchas tribulaciones pasa el justo,
pero de todas ellas Dios lo libra.
Por los huesos del justo vela Dios,
sin dejar que ninguno se le quiebre.
Salva el Señor la vida de sus siervos;
no morirán quienes en él esperan. R/.
SEGUNDA LECTURA
Este es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 5,21-32
Hermanos: Respétense unos a otros, por reverencia a Cristo: que las mujeres respeten a sus maridos, como si se tratara del Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto, así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres sean dóciles a sus maridos en todo.
Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada.
Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Cfr. Jn 6,63.68 |
R/. Aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Tú tienes palabras de vida eterna. R/.
EVANGELIO
Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
+ Del santo Evangelio según san Juan: 6,55.60-69
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida". Al oír sus palabras, muchos discípulos de Jesús dijeron: "Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?"
Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: "¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen". (En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede".
Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: "¿También ustedes quieren dejarme?" Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios".
Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Dios nuestro, que por medio de un sacrificio único, el de Cristo en la Cruz, nos has adoptado como hijos tuyos, concede siempre a tu Iglesia el don de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario
Santo, Santo, Santo...
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Jn 6,54 |
El que come mi carne y bebe mi sangre, dice el Señor, tiene ya vida eterna y yo lo resucitaré en el último día.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Completa, Señor, en nosotros la obra redentora de tu amor y danos la fortaleza y generosidad necesarias para que podamos cumplir en todo tu santa voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
SEÑOR, ¿A QUIÉN IREMOS?
Después de haberse presentado como el pan de la vida, Jesús comienza a revelar a sus discípulos que eso provocará resistencias que lo llevarán a la muerte. Al oír estas palabras, muchos discípulos de Jesús murmuraron: "Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?". Les asusta el precio que es necesario pagar por anunciar la vida. No se atreven a decirlo directamente al Maestro, como muchos de nosotros que, en circunstancias similares, expresamos nuestro temor y nuestras reticencias en voz baja. Es entonces cuando Jesús da un paso más en su enseñanza, aunque esto le signifique el alejamiento de algunos de sus seguidores: "¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen". Jesús opone el Espíritu, que es vida y fuerza, a la "carne", que en la Biblia significa muerte y cobardía y no cuerpo, como tendemos a pensar nosotros que estamos muy marcados por esa distinción entre alma y cuerpo, que viene de la filosofía griega. Creer en las palabras de Jesús es aceptar la vida; rechazarlas es, de alguna manera, entregar a Jesús a la muerte. Así lo hará Judas y con él, más tarde, todos los que, a pesar de formar parte de los discípulos de Cristo, no se sienten desafiados por la injusticia, la explotación, el maltrato a los demás; y, por miedo o cobardía, no creen en Jesús ni en sus palabras. "Muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no quería andar con él", nos dice el evangelista. Jesús encara a los Doce: "¿También ustedes quieren dejarme?". Y es entonces cuando Simón Pedro pronuncia una de las confesiones más bellas del Evangelio: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios".
Preguntémonos a la luz de este evangelio: ¿Cómo supero los momentos de crisis que vivo en la familia, la comunidad o la Iglesia? ¿Soy capaz de expresar públicamente la fe en Cristo Jesús en medio de la persecución, el rechazo o las murmuraciones?
* 1ª lectura: Josué 24,1-2.15-17.18
En la tradición hebrea el libro de Josué pertenece a los llamados "profetas anteriores" (Josué, Jueces, 1-2 Samuel, 1-2 Reyes), que poseen una común concepción histórico-teológica de fondo, emparentada con el Deuteronomio, por los que se les llama también "historia deuteronomista". En el libro de Josué predomina la visión del Israel obediente, que vio el cumplimiento de las promesas mientras vivió Josué y la generación que había visto lo que el Señor había hecho a favor de Israel (Jos 24,31).
Josué reune en Siquem a todas las tribus que habían llegado a la tierra prometida. Pone al pueblo delante de una decisión fundamental. En primer lugar les recuerda los beneficios que el Señor ha obrado en su favor desde que los sacó de Egipto (vv. 1-13). Luego los invita a optar libremente por el Señor: "Digan aquí y ahora a quién quieren servir" (v. 14). Josué mismo es el primero en decidirse: "mi familia y yo serviremos al Señor" (v. 15). El pueblo acepta gozoso la propuesta de Josué, eligiendo servir al Señor, sin abandonarlo nunca, ni ir tras otros dioses. El verbo clave de todo el texto es el verbo "servir" que, en el lenguaje bíblico, indica la fe en el Dios verdadero.
* 2ª lectura: Efesios 5,21-32
El autor enumera las exigencias de la mujer respecto a su marido (vv. 22-24) y del marido hacia su mujer (vv. 2531). Al presentar a la mujer en una condición de sometimiento al marido el texto no propone una verdad revelada, sino que deja entrever un valor cultural de la sociedad grecoromana del siglo I, fuertemente machista. Lo decisivo del texto es el valor cristiano, fundamental y permanente, que debe animar la relación matrimonial: el amor mutuo entre los esposos, a imagen del amor de Cristo por su esposa, la Iglesia. Se propone para el amor matrimonial un modelo de amor exigente y total: el amor de Cristo en la donación absoluta de su sacrificio.
* 3ª lectura: Juan 6,55.60-69
Los últimos versículos de Juan 6 constituyen el comentario final al discurso de Jesús sobre el Pan de vida en la sinagoga de Cafarnaúm. A lo largo de Juan 6 se profundiza teológicamente el misterio de la encarnación y de la muerte salvadora de Jesús. Jesús se ha presentado como el Pan vivo bajado del cielo (encarnación), que da la vida al mundo (muerte salvadora). un misterio que la comunidad cristiana vive y renueva en modo eminente cuando participa del sacramento eucarístico.
Mientras en la primera parte del capítulo los interlocutores de Jesús son "los judíos", ahora en los últimos versículos son "los discípulos" (vv. 60. 61. 66). Desilusionados quizá porque Jesús no parece fomentar ni responder a sus esperanzas nacionalistas, o tal vez escandalizados por un discurso difícil de entender y de aceptar, quieren abandonar a Jesús.
La respuesta de Jesús al escándalo de los discípulos se concentra en el v. 63: "El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha". Los que lo rechazan y se van son los que no han superado el nivel de la carne", es decir, los que se han dejado conducir solamente por su razonamiento humano. Los Doce, en cambio, que por boca de Pedro, eligen quedarse con Jesús, se han abierto al "Espíritu", que los ha llevado a la confesión mesiánica plena, experimentado que, a pesar de resultar enigmáticas y difíciles de comprender para la lógica humana, las palabras de Jesús "son Espíritu y vida". Su palabra comunica la misma vida de Dios, pues "Aquel a quien Dios envió habla las palabras de Dios, porque Dios le ha concedido sin medida su Espíritu" (Jn 3,34).
Las palabras de Pedro (v. 67-69), que reconocen en Jesús la fuente de la vida y al Santo de Dios, van más allá de la lógica humana ("la carne") y se colocan en sintonía con la sabiduría de Dios ("el Espíritu"). El Espíritu hace posible que el hombre descubra las palabras de Jesús como "espíritu y vida", es decir, como fuerza, consolación y luz. Pedro, y el conjunto de los Doce, representan a la comunidad pascual, que ha reconocido en Jesús Resucitado al Señor de la vida; representan, en cierto modo, a cada creyente, que libremente corre el riesgo de la fe adhiriéndose sin reservas a Jesús y a su palabra salvadora.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
MUCHOS... SE ECHARON PARA ATRÁS Y YA NO QUERIAN ANDAR CON ÉL
A veces, cuando constatamos que la Iglesia de ahora "tiene bajas" y algunos no acuden a la Eucaristía y se alejan de la práctica cristiana, podemos sentir la tentación del desaliento y pensar que somos los primeros en "fracasar". Y no es así. El evangelio nos cuenta repetidamente el poco éxito que tuvo Jesús. Y el libro de los Hechos, las dificultades que encontraron sus discípulos para evangelizar a la sociedad de su tiempo y convencerla de los grandes valores cristianos.
El discurso del Pan de la Vida no tuvo mucho éxito. "Muchos de sus discípulos o sea, no sólo los fariseos, que siempre estaban contra él, sino sus seguidoresse echaron para atrás y ya no querían andar con él".
¿De qué se escandalizaron? Como en el discurso que hemos leído estos domingos hay como dos "temas" Jesús en quien hay que creer y Jesús a quien hay que comer, o sea, la Fe y la Eucaristía-, ¿de cuál de ellos se asustaron? Ciertamente era duro de aceptar que hubiera que "comerlo" para salvarse y tener vida. Pero era igualmente inconcebible que hubiera que "creer" en él como el Enviado de Dios: él, a quien conocían como el hijo del carpintero del pueblo de al lado.
HAY QUE HACER UNA OPCIÓN
La fe exige una opción. Si uno cree que Jesús viene de Dios, tendrá que recibir como venido de Dios lo que él dice. Detrás de la fe en Cristo está el aceptar el estilo de vida que nos propone. Y ahí está la dificultad.
La fe exige una opción. A eso nos ha preparado la primera lectura. Josué, el sucesor de Moisés, reune en Siquem al pueblo antes de entrar en la tierra prometida, después de la travesía del desierto. Y los pone ante el dilema: ¿están dispuestos a servir al Dios verdadero, Yahvé, el que los ha salvado de Egipto y los ha acompañado en su camino, pero que les ha propuesto una Alianza muy exigente en cuanto al estilo de vida que él quiere de los suyos? ¿O prefieren los dioses más fáciles y permisivos de los pueblos que han encontrado durante el éxodo o en la tierra en la que han entrado?
"Digan aquí y ahora a quién quieren servir". En un momento como aquel, lleno de emoción, el pueblo promete con entusiasmo: "lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses" extranjeros. Pero ya sabemos qué poco duraban estos buenos propósitos del pueblo israelita.
Ahora la opción se nos presenta a nosotros. Creer y aceptar a Jesús no es cuestión de un momento de emoción agradecida: supone aceptar el estilo de vida de él, su Nueva Alianza, su Evangelio, con su lista de bienaventuranzas, que es mucho más exigente que lo que nos proponen también hoy los dioses falsos de nuestro mundo. ¿A quién queremos servir: a Cristo Jesús o a los diversos maestros y mesías e ídolos que se nos están of reviendo por todas partes?
Tenemos que hacer la opción. Personalmente: no sólo porque siempre ha sido así, o porque es tradición de nuestra familia. Cuando en la Vigilia Pascual se nos hacen las preguntas: "¿Renuncian...? ¿Creen...?", se nos pone ante la disyuntiva siempre presente en nuestra vida.
PEDRO SÍ SE COMPROMETE A SEGUIRLO
Menos mal que algunos sí se quedaron con él. Los apóstoles y algunos más. Capitaneados por Pedro, el discípulo más impulsivo, que tenía una fe y un amor radicales para con Jesús, aunque en aquel momento no entendiera lo que oía, y aunque luego fuera cobarde en el momento decisivo y lo negara.
También a él le gustaba más la gloria del monte Tabor que oír hablar de muerte y entrega. Pero se fía totalmente de Jesús: ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Es la actitud de María, la Virgen: "Cúmplase en mí lo que me has dicho". Es la respuesta del joven Samuel: "Habla, Señor; tu siervo te escucha". Y la de otro joven, Saulo, en el camino de Damasco: "¿Qué debo hacer, Señor?" Y la de millones de personas que siguen diciendo "sí" a Dios.
Ojalá no cedamos a la tentación de apartamos del Maestro, seducidos por las llamadas de este mundo y las ideologías más fáciles que se nos proponen. No podemos andar a medias tintas. Confiados en Cristo Jesús, seguros que el camino que nos señala nos llevará a la verdadera vida y a la plena felicidad.
J. ALDAZÁBAL
Este domingo se termina la 'inserción joánica' en las lecturas del evangelio, inserción que tuvo por objeto la profundización cristológica y eucarística sobre el milagro de la multiplicación de los panes (Cfr. Mc 6,34-44). Hoy se lee el final del capítulo 6 de San Juan, que es como una acción simbólica que comenta el discurso-diálogo que tuvo Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm.
Tanto la Eucaristía como la encarnación ponen al ser humano frente a una opción decisiva. Aquí se trata ya de "discípulos" que abandonan el seguimiento de Jesús (Jn 6,60.61.66). Los exegetas suelen llamar a este momento "la crisis galilea", provocada por el desencanto de las esperanzas de tipo nacionalista, que muchos de los entusiastas galileos ponían en Jesús. El entusiasmo de la multitud después de la multiplicación de los panes había tomado casi el colorido de una insurrección política detipo popular (Jn 6,14-15); pero Jesús rechaza ese entusiasmo y se retira a la montaña "Él solo".
La primera lectura nos presenta un pasaje del libro de Josué, que ilustra también la importancia de la libertad de decisión para la construcción de una auténtica comunidad de fe. En primer lugar, Dios proclama por medio de Josué toda la serie de sus intervenciones salvadoras en favor de Israel (Jos 24,1-13 / esta parte la omite casi del todo nuestra lectura). A esa presencia salvadora del Señor el pueblo de Israel debe responder libremente; respuesta que es expresada con el verbo "servir", repetido hasta 14 veces en este pasaje (vv.14-24). En el vocabulario de la Biblia, "servir" significa adherirse libre y gozosamente al Dios verdadero, abandonando a los ídolos; significa seguir solamente sus caminos, amarlo con todo el corazón, con toda la mente y con todas las fuerzas (Cfr. Deut 6,5).
En el pasaje de San Juan (evangelio), una frase da la clave de aquel "querer irse" de muchos de los discípulos: «El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha» (Jn 6,63). La comprensión que supera el nivel meramente humano (la "carne") y que se pone en el plano del Espíritu es la que vivifica; porque hace que el hombre se encuentre de verdad con las palabras de Jesús, que son "espíritu y vida". Eso es lo que va a decir finalmente San Pedro: «Tú tienespalabras de vida eterna» (v. 68).
Como segunda lectura, tenemos un último pasaje de la Carta a los efesios, que es un texto clásico para la teología del matrimonio cristiano. Este código moral de la familia comienza con los compromisos de la mujer, formulados en los vv. 21-24, que no dejan de mostrar sensibilidad para con el mundo femenino, a pesar del contexto cultural y sociológico "machista" del ambiente greco-romano y semítico. - El compromiso del marido está sostenido por un paralelismo de gran categoría: el amor de Cristo por su esposa la Iglesia. La esposa-lglesia es de una belleza ideal, porque ha sido purificada por Cristo, por medio del baño bautismal y de la Palabra de Dios. Ese amor que existe entre Cristo y la Iglesia debe ser modelo del amor entre el esposo y la esposa.
Nosotros, como Pedro y los apóstoles, no queremos apartarnos del seguimiento de Jesús; prueba de ello es nuestra participación en esta Eucaristía. Que el Espíritu nos vivifique y nos ayude a seguir fielmente a Jesús, en lo concreto de nuestras vidas.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
LA TENTACIÓN DE ABANDONAR A CRISTO
Las críticas a Jesús de Nazaret llegan a su punto culminante en el evangelio de hoy. Muchos lo abandonan cuando creen que sus exigencias son excesivas.
Problema de suma actualidadi cuando hoy en día a muchos católicos nos viene la tentación de abandonar a Cristo, porque nos parecen excesivas sus exigencias con respecto:
Un día Jesús les preguntó a sus discípulos: "¿También ustedes quieren abandonarme?"
Hoy nos hace a nosotros, ante todos estos problemas, la misma pregunta.
Ojalá que ante ella, no tengamos otra respuesta que la de Pedro: "Señor, ¿a quién iremos?" Sólo "tú (y tus vicarios en la tierra, los Papas) tienes palabras de vida eterna".