
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Cfr. Eclo 36,15-16 |
A los que esperan en ti, Señor, concédeles tu paz, y cumple así las palabras de tus profetas; escúchame, Señor, y atiende a las plegarias de tu pueblo.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Míranos, Señor, con ojos de misericordia y haz que experimentemos vivamente tu amor para que podamos servirte con todas nuestras fuerzas. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban.
Del libro del profeta Isaías: 50,5-9
En aquel entonces, dijo Isaías: "El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.
Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endurecí mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado. Cercano está de mí el que me hace justicia, ¿quién luchará contra mí? ¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa? Que se me enfrente. El Señor es mi ayuda, ¿quién se atreverá a condenarme?"
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 114 |
R/. Caminaré en la presencia del Señor.
Amo al Señor porque escucha
el clamor de mi plegaria,
porque me prestó atención
cuando mi voz lo llamaba. R/.
Redes de angustia y de muerte
me alcanzaron y me ahogaban.
Entonces rogué al Señor
que la vida me salvara. R/.
El Señor es bueno y justo,
nuestro Dios es compasivo.
A mí, débil, me salvó
y protege a los sencillos. R/.
Mi alma libró de la muerte;
del llanto los ojos míos,
y ha evitado que mis pies
tropiecen por el camino.
Caminaré ante el Señor
por la tierra de los vivos. R/.
SEGUNDA LECTURA
La fe, si no se traduce en obras, está completamente muerta.
De la carta del apóstol Santiago: 2,14-18
Hermanos míos: ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no lo demuestra con obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe?
Supongamos que algún hermano o hermana carece de ropa y del alimento necesario para el día, y que uno de ustedes le dice: "Que te vaya bien; abrígate y come", pero no le da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué le sirve que le digan eso? Así pasa con la fe; si no se traduce en obras, está completamente muerta.
Quizá alguien podría decir: "Tú tienes fe y yo tengo obras. A ver cómo, sin obras, me demuestras tu fe; yo, en cambio, con mis obras te demostraré mi fe".
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Gál 6,14 |
R/. Aleluya, aleluya.
No permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. R/.
EVANGELIO
Dijo Pedro: "Tú eres el Mesías" . - Es necesario que el Hijo del hombre padezca mucho.
+ Del santo Evangelio según san Marcos: 8,27-35
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas".
Entonces él les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Pedro le respondió: "Tú eres el Mesías". Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.
Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.
Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: "¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres".
Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará".
Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, con bondad los dones y plegarias de tu pueblo y haz que lo que cada uno ofrece en tu honor, ayude a la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario
Santo, Santo, Santo...
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Sal 35,8 |
Señor Dios, qué valioso es tu amor. Por eso los hombres se acogen a la sombra de tus alas.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que la gracia de esta comunión nos transforme, Señor, tan plenamente, que no sea ya nuestro egoísmo, sino tu amor, el que impulse, de ahora en adelante, nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ADECUARSE A LA VOLUNTAD DE DIOS
Si algo es constante en Jesús es la búsqueda de la voluntad de Dios y su adecuación a ella. Ya desde pequeño Jesús les dijo a sus padres, cuando éstos lo buscaban afligidos: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?" (Lc 2,49). Jesús, haciendo caso a la voz de su Padre, cambia de lugar, de estrategia, de actitud ante los demás. Va de Galilea a Judea, donde sabe que encontrará persecución y muerte; va de la muchedumbre a la educación en la fe de sus discípulos; va de los milagros al signo tan fuerte y desconcertante de la cruz; va de la imagen de Mesías liberador a la imagen del Siervo sufriente. Estos cambios no son fáciles para Jesús, y menos para sus discípulos. Por eso, una vez que Jesús les anuncia que va a padecer mucho y que será condenado a muerte, Pedro lo llama aparte y trata de disuadirlo. Pedro, que no ha madurado todavía en la fe, se ha aferrado a un proyecto o imagen de Jesús y no se atreve siquiera a preguntar qué es lo que quiere Dios, por dónde hay que seguir. Lo que Jesús le dice a Pedro es durísimo: "¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres". 'Apártate' o 'quítate de mi vista', es otra manera de decir 'ponte detrás de mí'. Con estas palabras Jesús invita a Pedro a no ser obstáculo sino a ponerse detrás de él, a tomar nuevamente su puesto de discípulo. A los demás discípulos, que tiempo atrás llamó a su seguimiento, les dice en este nuevo contexto: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará".
¿Cuántas veces hemos tomado esta actitud de Pedro, de ponernos delante de Jesús y decirle lo que tiene que hacer? ¿Cuántas veces nos aferramos a un proyecto sin preguntarnos si es lo que nos está pidiendo Dios en ese momento? El evangelio de este domingo nos invita a buscar, como Jesús, la voluntad de Dios y adecuarnos siempre a ella.
* 1ª lectura: Isaías 50,5-9
Es difícil identificar al personaje al cual se refieren los cánticos del Siervo del Señor (Is 42,1-8; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53, 12). El Siervo se presenta con los rasgos de un profeta. Ante todo sabe escuchar o, mejor, como dice literalmente el texto hebreo, es alguien a quien el Señor cada mañana le "ha hecho oír" (v. 5). El Señor no sólo le despierta el oído, sino que también le modela la lengua (v. 4). El Siervo no se resiste ante la llamada de Dios, ni tampoco se echa para atrás frente a las consecuencias de su ministerio profético. Enfrenta conscientemente el dolor, confiado en el auxilio y la protección del Señor, con la seguridad que no quedará defraudado.
* 2ª Iectura: Santiago 2,14-18
El autor de la carta parece enfrentar algunas interpretaciones desviadas de la doctrina paulina de "el hombre es justificado por la fe, y no por hacer lo que prescribe la ley" (Rom 3,28). En realidad no hay contradicción entre Pablo y Santiago. Pablo no se refiere simplemente a "las obras", sino a "las obras de la ley", a las prácticas mosaicas como condición para la salvación; Santiago, por su parte, habla de las obras que realiza un cristiano como fruto y expresión de su fe.
Tampoco Pablo concibe una fe en Cristo sin obras; para él, "lo único que vale es la fe, que actúa a través de la caridad" (Gal 5,6). Santiago por su parte afirma: "La fe, si no se traduce en obras, está completamente muerta". La fe cristiana es ante todo un modo de vivir y de convivir que se expresa en el amor. Por eso Santiago ofrece como expresión emblemática de la fe cristiana la caridad eficaz y solidaria con los más necesitados.
* 3ª lectura: Marcos 8,27-35
Jesús interroga a sus discípulos acerca de lo que los demás piensan de él, y ellos sintetizan la opinión popular a través de figuras proféticas de la historia bíblica. Hasta ahora los discípulos han escuchado la revelación del reino de Dios propuesto por Jesús en las parábolas (Mc 4,1-34) y han presenciado manifestaciones del poder de Jesús que lo hace presente. Sin embargo, no han comprendido totalmente y se han interrogado continuamente sobre la persona de Jesús.
Pedro da la respuesta en nombre de todo el grupo: "Tú eres el Mesías". Es decir, el ungido por Dios, su enviado definitivo para dar cumplimiento a todas las esperanzas de liberación de la historia de Israel. "Mesías", en griego Khristós, es un término que para los lectores cristianos del evangelio sintetiza la fe cristológica post-pascual; sin embargo, antes de Pascua podía suscitar esperanzas nacionalistas en la gente, reduciendo el alcance y el sentido del proyecto del reino.
Por eso Jesús les ordena terminantemente que no se lo digan a nadie. Su mandato no significa rechazo a lo dicho por Pedro. Quiere poner de manifiesto la seriedad y el compromiso que conlleva tal afirmación. Esto explica que Marcos inmediatamente después pone en boca de Jesús, en forma de profecía sobre el destino del Hijo del hombre, un sumario sobre el kerygma cristiano: pasión, muerte y resurrección de Jesús.
La reacción de Pedro ante el destino doloroso de Jesús, contrasta con su anterior proclamación mesiánica. Sus palabras demuestran que para la comunidad cristiana no fue fácil admitir que el Mesías de Israel pudiera ser repudiado, humillado y asesinado. Sin embargo, el proyecto de Dios, proclamado y realizado por Jesús, pasa por el camino del sufrimiento y de la condena a muerte. Es el precio de su fidelidad a Dios y a los hombres.
El miedo, la duda y la incertidumbre de Pedro representan, en cambio, un mesianismo alternativo, que no puede venir sino de Satanás, figura bíblica que representa todo lo que se opone al designio de Dios. Por eso Jesús le dice a Pedro: hypáge opuso mou satana, frase griega que literalmente se traduce: "¡Apártate de mí, Satanás!" (v. 33). Exhorta a Pedro a "colocarse detrás" de él, como discípulo, caminando detrás del Maestro, pensando como Dios y no como los hombres.
Luego Jesús se dirige a los discípulos y a la gente y les ofrece una catequesis sintética sobre el discipulado (vv. 34-35): se vive como descentramiento total y absoluta libertad frente a sí mismo y a los propios intereses personales; exige la renuncia de sí hasta el punto de vivir como valentía y decisión la hostilidad social que pueda comportar; y sobre todo implica una total comunión con la persona de Jesús, con su misión y con su destino de muerte y resurrección.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
¿LA FE SIN OBRAS?
La carta de Santiago, con un lenguaje muy vivo, apunta a un aspecto de nuestra vida cristiana que haremos bien en comentar, antes de pasar al mensaje central del evangelio, preparado por la primera lectura.
A la fe le tienen que acompañar las obras. Esta afirmación no va en contra, naturalmente, de la que repite una y otra vez san Pablo: que no son las obras las que nos salvan, sino la fe en Jesús. Pablo opone esta fe a "las obras de Moisés", o sea, a las prácticas de los judaizantes, que no querían dar el paso del Antiguo al Nuevo Testamento. Lo que pide Santiago, y Pablo también, es coherencia entre la fe en Jesús y el estilo de vida.
Todos tenemos una tendencia a conformamos con las palabras -palabras bonitas, solemnes- pero sin pasar a cumplirlas en la vida. El ejemplo que pone Santiago es gráfico: decirle a uno que tiene hambre palabras de ánimo, pero no ayudarlo de hecho. Sigue siendo un ejemplo válido también hoy, mirando a países más pobres, o mirando sencillamente a nuestro alrededor, referido a lo económico y también a lo humano: ¡cuántos necesitan de nuestro tiempo, de nuestro interés, de nuestra mano tendida! Pero también nosotros podemos quedarnos en palabras muy bien sonantes -comunidad, solidaridad, justicia, democracia- y no pasar a lo concreto. También lo decía Juan en su primera carta: "Hijos míos: no amemos solamente de palabra, amemos de verdad y con las obras" (1 Jn 3,18).
TÚ ERES EL MESÍAS
El evangelio de Marcos -que es el que leemos este año en las misas dominicales- había empezado con estas. palabras: "Éste es el principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios". Hoy, ya en el capítulo 8, escuchamos, por boca de Pedro, la confesión de alguien que sí ha creído en él: "Tú eres el Mesías". Una página decisiva en el evangelio de Marcos, la confesión de Cesarea.
Es una pregunta clave también hoy: ¿quién es Jesús? Algunos lo rechazan y no creen en él. Otros lo tienen sencillamente por un profeta o por un predicador admirable o como un modelo de entrega por los demás. Los que participan en la Eucaristía dominical seguramente tienen un concepto más profundo sobre Jesús: es el Mesías, el Ungido, el Enviado de Dios. Más aún: es el Hijo de Dios. Por eso creemos en él, lo amamos, le intentamos seguir en nuestra vida. Él es quien da sentido a nuestra existencia.
Ojalá nuestra respuesta sea tan rápida y sincera como la de Pedro, aunque su fe es todavía poco profunda en este momento, y tendrá en los días de la Pasión del Señor momentos incluso de traición y negación. Luego, después de la Pascua, y con la fuerza del Espíritu, irá madurando y se convertirá en un apóstol incansable, hasta dar su vida como testimonio de su fe en Cristo.
Los que nos rodean, en la familia o la sociedad, notarán nuestra fe en Cristo si nosotros, que decimos que somos cristianos, llevamos un estilo de vida que hace creíble nuestro testimonio de fe.
QUE CARGUE CON SU CRUZ Y ME SIGA
Ni Pedro ni los demás apóstoles parece que podían -o querían- entender que el mesianismo de Jesús pasa por el sufrimiento y la muerte. No ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida por los demás. Ya lo anunciaba el profeta Isaías, hablando de los golpes e insultos que ha de padecer el Siervo de Dios, el futuro Mesías, aunque contando siempre con la confianza en Dios: "No quedaré confundido".
Es muy dura la réplica de Jesús contra Pedro: "Apártate de mí, Satanás". Jesús viene a cumplir su misión de Salvador con una solidaridad plena y la entrega total por la humanidad. A Pedro no le gustaba oír hablar de sacrificio y de muerte. Le gustaban las palabras suaves de Jesús, las consoladoras. Le gustaba el monte Tabor, el de la luz transfigurada, donde quería hacer tres tiendas. No entendía de momento el sentido del otro monte, el Calvario, en el que no se le vio.
Tampoco a nosotros nos gusta eso de que si decimos creer en Jesús y queremos seguirlo, debemos tomar nuestra cruz cada día e ir tras él. Creer en Jesús significa aceptar su estilo de vida. De nuevo parece resonar el mensaje incisivo de Santiago. Y eso supone a veces renunciar a criterios más atrayentes y caminos más fáciles, y organizar nuestra vida siguiendo el ejemplo de Jesúst aunque suponga sacrificio, sobre todo con la entrega por los demás.
J. ALDAZÁBAL
El pasaje evangélico que hoy leemos está en el centro del evangelio de Marcos. A diferencia del pasaje paralelo en Mateo (Cfr. Mt 16,16), aquí Jesús es manifestado solamente como "Cristo", es decir, como Mesías. No se llega todavía a la iluminación definitiva de la fe, que aparecerá en los labios del centurión romano al pie de la cruz: "Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios" (Mc 15,39). Pero se ha superado ya la percepción equivocada de la gente, que veía en Cristo solamente a un heredero de la fogosa predicación de Elías, o una variante menos colorida quizá del Bautista...
A través de la declaración de Pedro se manifiesta un rasgo significativo de la fisonomía de Jesús: Él es la esperanza de Israel hecha persona. Pero esta es sólo una etapa para la identificación plena del misterio de Cristo.
Pedro creía probablemente haber llegado al fondo en el misterio de Jesús; pero este impone enseguida silencio a sus discípulos (Mc 8,30). ¿Por qué? Porque el título "Cristo" es incompleto y ambiguo, dada la concepción mesiánica vigente entre los judíos. Jesús manifiesta entonces la verdadera óptica mesiánica, la manera como llevará a cabo su vocación como Mesías, pues enseguida viene el primer anuncio de su muerte y resurrección.
Al delinear de esa manera su misión como Mesías, Jesús se vincula a una tradición profética misteriosa, que había visto en un "siervo sufriente del Señor" la liberación de la humanidad: su dolor iba a ser raíz de salvación y de paz para Israel y para el mundo.
La liturgia de hoy acerca uno de esos textos clásicos sobre el "siervo del Señor" a la revelación que nos hace Jesús en el evangelio, al proponer como primera lectura el "tercer poema" sobre ese siervo, poema que casi seguramente pertenece a un profeta anónimo del período del destierro en Babilonia, pero que ha sido recogido, junto con otros oráculos de ese mismo profeta, en el gran libro atribuido a Isaías.
El Siervo es presentado como un hombre perseguido a causa de la Palabra que debe escuchar y anunciar. Esa palabra es un mensaje dirigido a los que han perdido la esperanza (Is 50,4); pero su voz, que es un eco de la voz de Dios, no es bien acogida sino rechazada con violencia. Sin embargo, el siervo enfrenta conscientemente estas consecuencias de su ministerio, con la certeza de su victoria final, puesto que el Señor está con él (w. 7-9). Como Cristo, el Siervo aparece como el hombre del evangelio y de la pasión.
Al continuar la lectura de la Carta de Santiago (segunda lectura), entramos en el núcleo central de este escrito judeo-cristiano, que tiene como tema la relación entre la fe y las obras. A primera vista parecería que encontramos aquí una cierta polémica con el pensamiento paulino, pues Pablo afirma que "el hombre es justificado por la fe, independientemente de las obras de la Ley" (Rm 3,28). Pero, en realidad, tampoco Santiago identifica simplemente la fe con las obras; lo que quiere es subrayar la exigencia de encarnación ética y existencial que la fe lleva consigo. El acento puesto sobre el compromiso moral no suprime la adhesión a la intervención primaria y fundamental de Dios. Hablando de Abraham, Santiago dice que "la fe cooperaba con sus obras y, por las obras, la fe alcanzó su perfección" (Sa 2,22).
Nuestra celebración de la Eucaristía es y debe ser una expresión de nuestra fe, y nos debe también mover a expresar esa fe en obras de amor y de servicio a Dios y a nuestros hermanos.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
¿DE QUÉ LE SIRVE A UNO...
¿ACASO PODRÁ SALVARLO A UNO ESTA FE, como pregunta el apóstol Santiago en la segunda lectura?