XXII DOMINGO ORDINARIO
30 de agosto 2009, Ciclo B

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Proyecto de homilía     Dios Hoy




Casulla Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 85,1-3

Dios mío, ten piedad de mí, pues sin cesar te invoco. Tú eres bueno y clemente y no niegas tu amor al que te invoca.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios misericordioso, de quien procede todo lo bueno, inflámanos con tu amor y acércanos más a ti a fin de que podamos crecer en tu gracia y perseveremos en ella. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

No añadirán nada a lo que les mando... Cumplan los mandamientos del Señor.

Del libro del Deuteronomio: 4,1-2.6-8

En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: "Ahora, Israel, escucha los mandatos y preceptos que te enseño, para que los pongas en práctica y puedas así vivir y entrar a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de tus padres, te va a dar.

No añadirán nada ni quitarán nada a lo que les mando: Cumplan los mandamientos del Señor que yo les enseño, como me ordena el Señor, mi Dios. Guárdenlos y cúmplanlos porque ellos son la sabiduría y la prudencia de ustedes a los ojos de los pueblos. Cuando tengan noticias de todos estos preceptos, los pueblos se dirán: 'En verdad esta gran nación es un pueblo sabio y prudente'.

Porque, ¿cuál otra nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos como lo está nuestro Dios, siempre que lo invocamos? ¿Cuál es la gran nación cuyos mandatos y preceptos sean tan justos como toda esta ley que ahora les doy?".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 14

R/. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?

El hombre que procede honradamente
y obra con justicia;
el que es sincero en sus palabras
y con la legua a nadie desprestigia. R/.

Quien no hace mal al prójimo
ni difama al vecino;
quien no ve con aprecio a los malvados,
pero honra a quienes temen al Altísimo. R/.

Quien presta sin usura
y quien no acepta soborno en perjuicio de inocentes,
ése será agradable
a los ojos de Dios eternamente. R/.

SEGUNDA LECTURA

Pongan en práctica la palabra.

De la carta del apóstol Santiago: 1,17-18.21-22.2

Hermanos: Todo beneficio y todo don perfecto viene de lo alto, del creador de la luz, en quien no hay ni cambios ni sombras. Por su propia voluntad nos engendró por medio del Evangelio para que fuéramos, en cierto modo, primicias de sus creaturas.

Acepten dócilmente la palabra que ha sido sembrada en ustedes y es capaz de salvarlos. Pongan en práctica esa palabra y no se limiten a escucharla, engañándose a ustedes mismos. La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre, consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y en guardarse de este mundo corrompido.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Sant 1,18

R/. Aleluya, aleluya.

Por su propia voluntad, el Padre nos engendró por medio del Evangelio, para que fuéramos, en cierto modo, primicias de sus creaturas. R/.

EVANGELIO

Dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a las tradiciones de los hombres.

+ Del santo Evangelio según san Marcos: 7,1-8.14-15.21-23

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?" (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas).

Jesús les contestó: "¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos! Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres".

Después, Jesús llamó a la gente y les dijo: "Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre".
Palabra del Señor.

Se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, los dones que te presentamos y realiza en nosotros con el poder de tu Espíritu, la obra redentora que se actualiza en esta Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 30,20

Qué grande es la delicadeza del amor que tienes reservada, Señor, para tus hijos.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te rogamos, Señor, que este sacramento con que nos has alimentado, nos haga crecer en tu amor y nos impulse a servirte en nuestros prójimos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Tempestad

LA VERDADERA LIMPIEZA

La polémica de Jesús con los fariseos está marcada por la oposición entre una religión meramente formal y exterior y las exigencias reales e interiores del Reino de Dios. Los discípulos no toman en cuenta esos preceptos y los fariseos aprovechan esto para colocar a Jesús fuera de lo que ellos consideran la tradición de su pueblo: "¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?". Jesús, apoyándose precisamente en la tradición, la auténtica, la que representa el profeta Isaías, responde: "¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos! Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres". Jesús no se limita a dar este "tirón de orejas" a los escribas y fariseos; se dirige a toda la gente para aclarar qué es lo que mancha al hombre y qué no. Lo primero que dice es que "nada que entre de fuera puede manchar al hombre". Lo segundo, que "lo que sí mancha es lo que sale de dentro... del corazón del hombre". Pues de ahí es de donde salen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, homicidios, adulterios, injusticias, fraudes y demás males.

La verdadera limpieza consiste en poner en práctica la palabra de Dios (Cfr. primera lectura, Deut 4,1-2.6-8). En proceder honradamente y obrar con justicia, como dice el salmo 14; en hablar con la verdad, sin desprestigiar ni difamar a nadie; en prestar sin usura y no aceptar soborno en perjuicio de inocentes. Debemos reconocer que más que lavarnos las manos o cumplir una norma externa, es necesario abrir el corazón y purificarlo, para que de ahí surjan cosas buenas, todo aquello que es agradable a los ojos de Dios.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Deuteronomio 4,1-2.6-8

El libro del Deuteronomio es una especie de colección de homilías sobre la Ley, puestas idealmente en boca de Moisés. Después que Moisés ha recordado al pueblo los beneficios que el Señor ha obrado en su favor (Deut 1-3), lo invita a escuchar su palabra y a ponerla en práctica (Deut 4,1-2).

La palabra de Dios no llega al pueblo directamente, sino a través de mediaciones humanas, entre las cuales la palabra y la enseñanza de Moisés es la primera. Es Moisés quien habla y enseña, pero en sus palabras resuena y se encarna la misma palabra de Dios. Esta palabra del Señor exige obediencia y se debe poner en práctica, pues sólo así el pueblo podrá "vivir y entrar a tomar posesión de la tierra".

En los versículos finales (vv. 6-8) se afirma que en esta palabra-mandamiento el pueblo encuentra la verdadera sabiduría (v. 6), que en la teología bíblica es sinónimo de sensatez y prudencia, que se traduce en un comportamiento humano coherente y justo. En segundo lugar se insiste en que a través de esta palabra el creyente descubre la presencia de Dios. A través de su palabra, el Dios bíblico habla, consuela, ilumina, se hace cercano y se revela como fuente de vida. Es lo que quiere poner de manifiesto la pregunta retórica final: "¿Cuál otra nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos como lo está nuestro Dios, siempre que lo invocamos?".

* 2ª lectura: Santiago 1,17-18.21-22.27

El creyente ha sido engendrado por el Padre por medio del "Evangelio", como "primicias de sus creaturas" (v. 18a). Justamente por ello el creyente debe vivir en fidelidad a la Palabra que lo ha engendrado y que tiene poder para conducirlo a la plenitud de la salvación: "Acepten dócilmente la Palabra que ha sido sembrada en ustedes y es capaz de salvarlos" (v. 18b).

Para Santiago el punto culminante de la escucha de la Palabra se alcanza cuando ésta se vuelve vida (v. 22). Quien vive en obediencia a la Palabra de Dios podrá superar la tentación de vivir una religión ritualista y exterior, centrando su existencia en dos aspectos que son fundamentales en la vida de un cristiano: la solidaridad con los más pobres, simbolizados en el texto en la expresión "a los huérfanos y a las viudas"; y el "guardarse de este mundo corrompido", es decir, llevar una vida en la que el principio orientador no sea el egoísmo humano (Cfr. 1 Jn 2,1517).

* 3ª lectura: Marcos 7,1-8.14-15.21-23

Aunque el texto refleja tensiones entre el judaísmo y el cristianismo, provenientes de la época en que se escribe el evangelio, contiene enseñanzas importantes para el fundamento de la moral cristiana.

La prescripción sobre el lavado de las manos, la netilad yadayim, es un ejemplo de las normas de pureza que habían establecido los maestros de Israel y que los fariseos practicaban de forma meticulosa. Era un gesto simbólico que quería poner de manifiesto la pureza del corazón y de la vida (Cfr. sal 24,3). Entre los fariseos las prescripciones de pureza como ésta, se habían convertido en un obsesivo legalismo exterior, con el que pretendían cumplir con todos los compromisos religiosos.

Los discípulos de Jesús ignoran la norma de lavarse las manos, con lo cual escandalizan a los fariseos (vv. 1-7). Jesús llama a estas prácticas exteriores "tradiciones de los hombres", en oposición al "mandamiento de Dios" que es, en cambio, un llamado a la conciencia (v. 8). El texto de Isaías 29,13, que cita Jesús, denuncia dos cosas. Por una parte, la falta de coherencia que se da en los fariseos entre la interioridad y las manifestaciones exteriores y que lleva a la hipocresía religiosa; en segundo lugar, el peligro de preferir las normas y preceptos que los hombres se inventan, por encima del mandamiento contenido en la Palabra de Dios.

En lugar de la pureza exterior, que separaba a judíos y gentiles, Jesús propone la verdadera pureza: la pureza interior, la pureza del corazón y de los deseos (vv. 14-15). Se comprende, entonces, el paso que da Jesús al análisis del "corazón", término que en la Biblia designa justamente la conciencia, el ámbito en el que nacen las decisiones fundamentales. Es ahí en donde se juega el destino último del hombre. No en la exterioridad de tradiciones humanas y ritos religiosos.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

VUELVE MARCOS

Las lecturas de hoy presentan dos características. Ante todo, volvemos a seguir el "evangelista del año", Marcos, después de la interrupción de cinco domingos, en cuatro de los cuales hemos escuchado la multiplicación de los panes según Juan, y el discurso-catequesis sobre la fe y la Eucaristía.

Además, damos comienzo a la carta de Santiago, que nos acompañará durante cinco domingos. Es un escrito con carácter de exhortación homilética sobre el estilo de vida que deben llevar los seguidores de Jesús. Sus consignas son concretas, sacuden el conformismo y siguen siendo de actualidad: la fortaleza ante las pruebas, la relatividad de las riquezas, la no acepción de personas... Hoy, por ejemplo, nos invita a acoger de veras en nosotros la Palabra de Dios y llevarla a la práctica, y que la verdadera religión son las obras: ayudar a los necesitados y no dejarse contaminar por este mundo.

¿HASTA QUÉ PUNTO ES IMPORTANTE LA LEY?

Jesús, cuando discute con los fariseos, defiende siempre la interiorización de las actitudes humanas. Critica el excesivo legalismo, el formalismo exterior. Quiere que miremos sobre todo a lo interior.

Es verdad que la norma, la ley, es necesaria, y nos sirve de camino para el bien y para la armonía interior y exterior. Por eso, en la primera lectura, leemos la alabanza de Moisés a los "mandatos y preceptos" que vienen de parte de Dios. Son un signo de cómo "esta gran nación es un pueblo sabio y prudente". Y el salmo nos ha hecho decir que "quienes vivan así serán gratos a Dios eternamente".

También Jesús defiende, y cumple, las normas de la vida social y religiosa de su pueblo, las que pertenecen al espíritu más auténtico de la Alianza. Pero lo que no acepta es que se interprete la ley de Dios de un modo exagerado, hasta llegar a convertirla, no en camino de libertad, sino en lo contrario, en fuente de angustia. O que nos contentemos con la apariencia exterior.

A veces las acusaciones de los fariseos contra Jesús se refieren a si se puede o no comer unos granos de trigo al pasear en sábado por el campo. O si se puede curar a un enfermo en ese día. Hoy es sobre si se puede comer sin haberse lavado ritualmente las manos. Todos estos detalles son buenos: el amor está hecho también de pequeños detalles. Pero en la espiritualidad de los fariseos se habían convertido en leyes férreas, exageradas. La letra mataba el espíritu. Cumplían la ley, pero estaban tan llenos de sí mismos, que no les cabía ni la salvación de Dios ni la caridad para con el prójimo.

PARA JESÚS EL BIEN DEBE BROTAR DEL CORAZÓN

Para Jesús, en la línea de los profetas, lo que cuenta es lo que nace de dentro, no los detalles externos: "¡Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí, es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos!" Jesús tiene un lenguaje tomado de la vida y que entienden todos: lo que entra de fuera a una persona no tiene tanta importancia como lo que sale de ella. Del corazón es de donde manan los malos propósitos, los adulterios, la codicia, la envidia, la difamación del hermano... Eso sí que hace impuro a uno, y no tanto lo que come o deja de comer.

¿SOMOS FARISEOS TAMBIEN NOSOTROS?

Las actitudes de los fariseos no son sólo cosa de hace dos mil años. También nosotros podemos adoptarlas en nuestra vida.

Si damos más importancia a lo externo que a lo interior, a lo menos esencial que a lo esencial, somos como los fariseos. Durante siglos la Iglesia se ha aferrado al latín como lengua de la liturgia, aunque hiciera difícil el acceso al corazón de la celebración. A veces, algunos parecían dar más importancia al ayuno eucarístico -desde medianoche, hasta hace cincuenta años que a la comunión misma.

Nos puede pasar a todos. La verdadera sabiduría consiste también en saber qué cosas son importantes y cuáles se pueden relativizar sin empobrecer la vida de fe. La primera comunidad tuvo dificultades en discernir si había que admitir a los paganos en la fe cristiana imponiéndoles también aspectos que luego se vio que tenían menos importancia: el sábado, la circuncisión, la prohibición de algunas comidas...

Nos puede pasar que también nosotros perdemos la paz y el humor por una antífona más o menos, mientras no recitamos el salmo con la necesaria sintonía de corazón. Si nos conformamos con las apariencias externas, cuando tendríamos que preocupamos por "ser", no tanto por "parecer".

J. ALDAZÁBAL

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Proyecto de homilía

«Cumplan los mandamientos del Señor que yo les enseño» (Deut 4, 5-6: primera lectura); «pongan en práctica la Palabra, y no se contenten con oírla» (Sant 1, 22: segunda lectura); «ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres» (Mc 7, 8: evangelio). Estas tres frases pueden ser la síntesis del mensaje que las lecturas de hoy nos proponen. La separación entre la fe y la vida, entre el culto y la existencia diaria, entre legalidad y humanidad llevan a la perversión de la religión, al legalismo o al espiritualismo angelista.

La primera lectura, tomada del Deuteronomio, es una entusiasta celebración del apego a la propuesta divina que se encuentra en la Ley. Como dice hermosamente el Salmo 119: «Tu palabra es antorcha para mis pasos y luz para mis caminos» (v. 105). En esa palabra-mandamiento el ser humano encuentra la verdadera inteligencia y la verdadera sabiduría (Deut 4, 6); allí descubre la presencia de Dios. A Él no hay que buscarlo en los cielos lejanos, sino en su Palabra. Hay que descubrir la cercanía de Dios en la existencia humana, como dice nuestro texto en el v. 7.

Esa verdadera religión, hecha de existencia y de compromiso vital y no de puras palabras, es también un tema de la Carta de Santiago, cuya lectura comienza este domingo (segunda lectura). Este escrito polemiza contra las desviaciones de un culto que se convierte sólo en rubricismo (Sant 2,1-3; 3,1-3 ss.); en una coartada burda para justificar una riqueza injusta y descarada (1,9-11; 2,5-7 ss.). Por eso la invitación a escuchar con docilidad la palabra de Dios (1,21b) y a practicar la religiosidad auténtica, que «consiste en socorrer a huérfanos y viudas en sus necesidades y en conservarse incontaminado del mundo" (1,27).

Jesús es igualmente radical en su rechazo de la falsa religiosidad (evangelio). Eso aparece en su invectiva contra aquellos fariseos y maestros de la ley que menciona el evangelio de Marcos (Mc 7,1-8); pero también en la enseñanza positiva que luego añade (7,14-23). Las prescripciones sobre la 'pureza', ejemplificadas en el mandamiento de lavarse las manos, se habían transformado en un obsesivo legalismo puritano, que parecía agotar todo el compromiso religioso. Jesús enseña que hay que analizar más bien el "corazón" del ser humano, de donde brotan las decisiones fundamentales y la actitud global de la vida. Allí es donde se juega realmente el destino del hombre y su relación con el Señor.

Nuestra participación en la Eucaristía nos hace recibir el pan de la palabra y el pan del Cuerpo de Cristo. Así podremos asimilar cada vez más profundamente las enseñanzas y actitudes de Jesús, y a hacerlas realidad en nuestras vidas.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

"ÓIGANME TODOS Y ENTIENDANME"