
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 118,137.124 |
Eres justo, Señor, y rectos son tus mandamientos. Muéstrate bondadoso conmigo y ayúdame a cumplir tu voluntad.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Señor, que te has dignado redimirnos y hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo, obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Se iluminarán los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se abrirán.
Del libro del profeta Isaías: 35,4-7
Esto dice el Señor: "Digan a los de corazón apocado: '¡Ánimo! No teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos'.
Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará.
Brotarán aguas en el desierto y correrán torrentes en la estepa. El páramo se convertirá en estanque y la tierra seca, en manantial".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 145 |
R/. Alaba, alma mía, al Señor.
El Señor siempre es fiel a su palabra,
y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona pan a los hambrientos
y libera al cautivo. R/.
Abre el Señor los ojos de los ciegos
y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo
y toma al forastero a su cuidado. R/.
A la viuda y al huérfano sustenta
y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente,
reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos. R/.
SEGUNDA LECTURA
Dios ha elegido a los pobres del mundo para hacerlos herederos del Reino..
De la carta del apóstol Santiago: 2,1-5
Hermanos: Puesto que ustedes tienen fe en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no tengan favoritismos. Supongamos que entran al mismo tiempo en su reunión un hombre con un anillo de oro, lujosamente vestido, y un pobre andrajoso, y que fijan ustedes la mirada en el que lleva el traje elegante y le dicen: "Tú, siéntate aquí, cómodamente". En cambio, le dicen al pobre: "Tú, párate allá o siéntate aquí en el suelo, a mis pies". ¿No es esto tener favoritismos y juzgar con criterios torcidos?
Queridos hermanos, ¿acaso no ha elegido Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Cfr. Mt 4, 23 |
R/. Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino y curaba las enfermedades y dolencias del pueblo. R/.
EVANGELIO
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
+ Del santo Evangelio según san Marcos: 7,31-37
En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "¡Effetá!" (que quiere decir "¡Ábrete!"). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; y todos estaban asombrados y decían: "¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos".
Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Dios nuestro, fuente de la paz y del amor sincero, concédenos glorificarte por estas ofrendas, y unirnos fielmente a ti por la participación en esta Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario
Santo, Santo, Santo...
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Jn 8,12 |
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Tú que nos has instruido con tu palabra y alimentado con tu Eucaristía, concédenos, Señor, aprovechar estos dones para que vivamos aquí unidos a tu Hijo y podamos, después, participar de su vida inmortal. Por Jesucristo, nuestro Señor.
¡EFFETÁ, ÁBRETE!
Muchos de los conflictos que se dan en el interior de las familias, en el trabajo o en la Iglesia, se resolverían con una buena comunicación. Pero, ¿cómo lograr ésta si se tienen atrofiados los oídos y trabada la lengua? La curación del sordo y tartamudo que nos narra Marcos en su evangelio es ejemplar. Analicémosla por partes:
1. La narración evangélica describe en primer lugar la deficiencia comunicativa de este hombre: "Un hombre sordo y tartamudo". No oye y apenas puede hablar. El caso es desesperado. Necesita que otros lo lleven con Jesús e intercedan por él: "Le suplicaban que le impusiera las manos".
2. Jesús no hace el milagro inmediatamente. Quiere entrar en comunicación con el enfermo, conocerlo, descubrir sus deseos más profundos. Por eso lo lleva aparte. Con gestos y signos incisivos le indica lo que le quiere hacer: le introduce los dedos en los oídos como para reabrir los canales de comunicación, le unge la lengua con saliva para comunicarle su fluidez. Son signos corporales que nos parecen burdos. Pero, ¿cómo comunicarse de otra manera con aquel que está encerrado en su propio mundo? ¿Cómo expresar el amor hacia él, que está bloqueado y endurecido en sí mismo, sino con un gesto fisico? A estos signos Jesús añade la mirada hacia lo alto y un suspiro que indica su compasión ante el dolor del otro. Finalmente viene la orden: "¡Effetá!", que quiere decir "¡Ábrete!".
3. Lo que sucede a continuación del mandato de Jesús es descrito como apertura ("se le abrieron los oídos"); como soltura ("se le soltó la traba de la lengua") y como recuperación de la comunicación ("empezó a hablar sin dificultad").
Las barreras de la comunicación han caído, la Palabra se difunde como el agua que ha roto las barreras de un dique. Todos estaban asombrados y decían: "¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos". El Señor quiere tocar y abrir nuestros oídos para que escuchemos su Palabra y estemos atentos a las necesidades de los otros; quiere tocar nuestra lengua para destrabarla, para que así podamos pronunciar palabras de vida, aliento y esperanza.
* 1ª lectura: Isaías 35,4-7
Este texto, aunque ha sido colocado dentro de los oráculos del profeta Isaías, que vivió en Jerusalén en el siglo VIII a.C., proviene ciertamente de una época posterior, como lo demuestra su estilo literario y su teología. Es muy probable que haya sido escrito en la época del exilio. El profeta anuncia que el Señor salvará a su pueblo y lo hará volver a la Tierra de Israel. El exilio no es la última palabra de Dios sobre Israel. La liberación tendrá que iniciarse en el corazón del hombre pero debe llegar a abrazar todo el cosmos.
En primer lugar se anuncia la liberación del desánimo y del miedo: "Digan a los de corazón apocado: '¡Ánimo!, no teman..."' (v. 4). Luego se proclama la superación del dolor y de las limitaciones físicas: "Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará" (vv. 5-6). Finalmente se habla de una transformación benéfica del ambiente: "Brotarán aguas en el desierto y correrán torrentes en la estepa..." (vv. 6-7) . El hombre y las estructuras del mundo quedan radicalmente transformados. Sólo así el pueblo se pondrá en camino hacia la tierra y la historia podrá reflejar la gloria de Dios: "He aquí que su Dios... viene ya para salvarlos" (v. 4).
* 2ª lectura: Santiago 2,1-5
Se condena el favoritismo y la acepción de personas como contrario a la "fe en nuestro Señor Jesucristo glorificado" (v. 1). Dios mismo "no hace distinción de personas" (Hech 10,34). La idea era ya conocida en el Antiguo Testamento, en donde se condena la parcialidad de los jueces, que se dejaban influenciar por la condición social de las personas (Cfr. Deut 1,17). Para Santiago hay una razón teológica más fuerte para condenar el favoritismo: la preferencia de Dios por los pobres (v. 5). Para la comunidad cristiana conceder privilegios especiales a los ricos y a los poderosos no es sólo un acto injusto, sino una contradicción con el proyecto de Dios.
* 3ª lectura: Marcos 7,31-37
A Jesús le presentan un hombre "sordo y tartamudo", y le suplicaban que le impusiera las manos (v. 32). La descripción que se hace del enfermo es escueta: no oye y no logra hablar. Está como sumido y envuelto en el silencio. En el Antiguo Testamento el silencio, como incomunicación con los otros y con Dios, es signo y expresión de muerte: "Si el Señor no me hubiera ayudado, ya estaría en el país del silencio (en el dumáh)" (Sal 94,17); "No alaban los muertos al Señor, ni los que bajan al silencio" (al dumáh) (Sal 115,17). El término hebreo dumáh, "silencio", es otro nombre que se da al sheol, al lugar de los muertos.
Jesús "lleva al enfermo aparte, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva (33). Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "¡Effetá!", que quiere decir "¡Ábrete!" (34).
Aquella palabra produce la transformación del enfermo: "Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad". (v. 35). Como la palabra creadora de Dios, que hizo surgir la vida en medio del caos y las tinieblas (Gén 1), la palabra de Jesús rompe el silencio que envolvía a aquel hombre y lo hace salir de su incomunicación, devolviéndole sus facultades naturales de escuchar y de hablar. Jesús trata de evitar el sensacionalismo de lo ocurrido: "les mandó que no lo dijeran a nadie" (v. 36). Sin embargo la gente no se calla (v. 36).
El texto nos refiere al final el contenido de la proclamación popular: "¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos" (v. 37). La frase recuerda el estribillo repetido por Dios en la obra de la creación, cuando veía "que era bueno" (Gén 1). La salvación mesiánica y la llegada del reino con Jesús es, en efecto, el inicio de la nueva creación. Con su palabra Jesús devuelve a la vida a aquel hombre, sacándolo del silencio de la muerte y "abriéndolo" a una existencia de relaciones con los demás y con Dios. Siendo un habitante de la Decápolis, una región no judía, el milagro también prefigura la nueva capacidad que la fe en Cristo concederá a los paganos: oír la palabra de Dios y poder dirigirse a él en la oración.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
La carta de Santiago podría ser el eje de la homilía, con el tema de los pobres. De todos modos, nos puede servir de examen de conciencia la advertencia del apóstol sobre nuestras celebraciones: ¿estamos libres de toda sospecha de "acepción de personas"? ¿tratamos igual a un pobre que a un rico cuando se acercan a nuestra Misa dominical o a encargar una boda o un bautizo o unas exequias? ¿atendemos bien a los ancianos, a los forasteros, a los inmigrantes? En el Concilio, el documento sobre la liturgia mandó expresamente que en la liturgia "no se hará acepción alguna de personas o de clases sociales, ni en las ceremonias ni en el ornato externo" (SC 32).
Nosotros, como cada domingo, nos centraremos en el evangelio, bien preparado por la primera lectura y el salmo.
UN MUESTRARIO DE LAS MISERIAS HUMANAS
Jesús cura al sordomudo, devolviéndole el habla y el oído. ¡Cuántas veces aparece en el evangelio atendiendo a los enfermos, dándoles ánimo, curando a los que padecen males de todo tipo y soledad y tristeza!
La gente reacciona bien: "¡Qué bien lo hace todo!: Hace oír a los sordos y hablar a los mudos". Pedro, en su catequesis en casa de Cornelio, resume así la vida de Jesús: "pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él".
Ya el profeta Isaías nos había enumerado los varios males de los que Dios nos quiere liberar: sordos y mudos, cobardes, ciegos, cojos, los que se encuentran secos como un desierto. El salmo, que hace eco a Isaías, quiere dar ánimo también a los cautivos, a los que ya se doblan, a los huérfanos y viudas, a los peregrinos... Es una enumeración realista de los males que podemos padecer los humanos. Entonces y ahora.
LA FUERZA CURATIVA DE DIOS SIGUE EN ACCIÓN
Si el profeta podía decir: "digan a los de corazón apocado: '¡Animo! no teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos"', en Cristo Jesús se ha cumplido con creces esta promesa de Dios.
Los planes de Dios son planes de vida. A la miseria humana responde su inmensa misericordia, que se nos ha manifestado sobre todo en Jesús, que tiende su mano a toda persona que sufre, para curada y darle esperanza. Ha venido a salvar.
Lo que hizo Jesús en su tiempo, con sus palabras de ánimo y sus gestos expresivos -tocando al enfermo los oídos y la lengua, elevando los ojos a lo alto- durante dos mil años lo sigue haciendo su Iglesia. Como Jesús había sido el sacramento o signo visible del amor. de Dios, ahora somos nosotros, los cristianos, los que deberíamos ser sacramentos, signos visibles del poder curativo de Dios, intentando remediar esos males que padece la humanidad de nuestro tiempo.
Con la evangelización de la buena nueva del amor de Dios, y los signos sacramentales, la Iglesia perdona y cura y comunica esperanza a los que sufren. Lo hace con palabras y con gestos simbólicos: la imposición de manos, el baño en agua, la unción-masaje con óleo y crisma... La Iglesia no hace necesariamente milagros, pero ¡a cuántos enfermos han atendido los cristianos a lo largo de la historia, dándoles, en nombre de Cristo ánimo y salud!".
¿SOMOS SORDOS Y MUDOS?
Cuando celebramos el Bautismo, hay un rito -libre, pero expresivo-, el del "effetá", que significa "ábrete", en el que el ministro toca los labios y los oídos del bautizado, diciendo al mismo tiempo: "el Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su palabra y profesar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre".
Este gesto nos recuerda que un cristiano ha de tener abiertos los oídos para escuchar y los labios para hablar. Para escuchar, tanto a Dios como a los demás sin hacerse el sordo ni a la Palabra de Dios ni a la comunicación con el prójimo. Para hablar, tanto a Dios como a los demás, sin callar en la oración ni en el diálogo con los hermanos ni en el testimonio de su fe en el mundo. Tenemos que escuchar más. Tenemos que saber hablar y decir una palabra oportuna a los hermanos.
¿A quiénes estamos ayudando nosotros a curarse de estos mismos males? ¿O tendría que curamos Jesús a nosotros mismos de alguna clase de sordera y de mudez?
J. ALDAZÁBAL
La presencia de Cristo en la historia es principio de alegría, de liberación, de salvación; porque el desierto del sufrimiento y del mal se ve atravesado por una corriente de frescura y de vida. La preparación simbólica a la lectura del evangelio de hoy es precisamente el cuadro que presenta el llamado "pequeño apocalipsis" de Isaías (primera lectura), paralelo al "gran apocalipsis" de los capítulos 24-27.
El primer cuadro de ese "pequeño apocalipsis" (c. 34) nos presenta una escena de castigo y de juicio, de cólera y destrucción; pero el segundo, del que está tomada la lectura de hoy (c. 35), nos traslada a un mundo de paz y de alegría: la marcha de los judíos desterrados provenientes de Babilonia se transforma en una procesión coral, semejante al ingreso triunfal del primer éxodo de Egipto o a las gozosas peregrinaciones anuales al Templo de Jerusalén (Cfr. Sal 122). El desierto de la existencia humana es recorrido por la felicidad y la vida. El cuerpo mutilado, cansado o herido y la debilitación de la esperanza se ven atravesados por una fuerza contagiosa de transformación. Es la nueva vida del pueblo de Dios, que peregrina de la miseria hacia la esperanza y la libertad.
Con esa perspectiva, podemos ver ahora el relato que Marcos presenta sobre la curación del sordomudo (evangelio). El pasaje tiene muchos puntos de contacto con la curación del ciego de Betsaida (Mc 8,22-26). Ambos textos son exclusivos de Marcos, y están situados al final de una serie de episodios conectados con una multiplicación de panes. Los dos milagros parecen apoyar una catequesis basada precisamente en Is 35, nuestra primera lectura, a la que se hace alusión en Mc 7,37 y a la que también hará referencia la curación del ciego.
La acción de la mano de Jesús (v. 32), que recorre el cuerpo del enfermo, es iluminada por la palabra aramea "effatá", conservada por la tradición e introducida más tarde en la liturgia bautismal. La palabra de Cristo es eficaz y determinante; las fronteras del dolor y de la miseria se abren, como había anunciado Isaias.
El final del relato evangélico se refiere al llamado "secréto mesiánico", propio de la teología de San Marcos, el cual tiene la función de llevar a los seguidores de Jesús a captar progresivamente el profundo misterio que hay en su persona. Ese secreto se manifiesta ya parcialmente con la proclamación del v. 37: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos".
Para revelar su salvación, Dios escoge a los pobres y a los que sufren. Sobre esta base podemos añadir a nuestra reflexión el pasaje de la Carta de Santiago que leemos en la segunda lectura. Este texto se preocupa por subrayar dos puntos importantes: la atención a los pobres y el nexo entre el culto y la vida, entre la fe y el compromiso existencial. El autor proclama la igualdad absoluta de todos los seres humanos delante de Dios, precisamente porque la única gloria que cuenta es la del Señor, y todos lo necesitan para salvarse.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
SEÑOR, SUÉLTANOS LA TRABA DE LA LENGUA...
Y ÁBRENOS LOS OÍDOS
TÚ, QUE HACES OÍR A LOS SORDOS Y HABLAR A LOS MUDOS