XV DOMINGO ORDINARIO
12 de julio 2009, Ciclo B

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Casulla Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 16,15

Yo quiero acercarme a ti, Señor, y saciarme de gozo en tu presencia.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Señor, tú que iluminas a los extraviados con la luz de tu Evangelio para que vuelvan al camino de la verdad, concede a cuantos nos llamamos cristianos imitar fielmente a Cristo y rechazar lo que pueda alejarnos de él. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

Ve y profetiza a mi pueblo.

Del libro del profeta Amós: 7,12-15

En aquel tiempo, Amasías, sacerdote de Betel, le dijo al profeta Amós: "Vete de aquí, visionario, y huye al país de Judá; gánate allá el pan, profetizando; pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque es santuario del rey y templo del reino".

Respondió Amós: "Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: 'Ve y profetiza a mi pueblo, Israel' ".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 84

R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Escucharé las palabras del Señor,
palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación
y la gloria del Señor habitará en la tierra. R/.

La misericordia y la verdad se encontraron,
la justicia y la paz se besaron,
la fidelidad brotó en la tierra
y la justicia vino del cielo. R/.

Cuando el Señor nos muestre su bondad,
nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino al Señor
e irá siguiendo sus pisadas. R/.

SEGUNDA LECTURA

Dios nos eligió en Cristo antes de crear el mundo.

De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 1,3-14

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales y celestiales. El nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos, por el amor, y determinó, porque así lo quiso, que, por medio de Jesucristo, fuéramos sus hijos, para que alabemos y glorifiquemos la gracia con que nos ha favorecido por medio de su Hijo amado.

Pues por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él ha prodigado sobre nosotros el tesoro de su gracia, con toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo, cuando llegara la plenitud de los tiempos: hacer que todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, tuvieran a Cristo por cabeza.

Con Cristo somos herederos también nosotros. Para esto estábamos destinados, por decisión del que lo hace todo según su voluntad: para que fuéramos una alabanza continua de su gloria, nosotros, los que ya antes esperábamos en Cristo.

En él, también ustedes, después de escuchar la palabra de la verdad, el Evangelio de su salvación, y después de creer, han sido marcados con el Espíritu Santo prometido. Este Espíritu es la garantía de nuestra herencia, mientras llega la liberación del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Ef 1,17-18

R/. Aleluya, aleluya.

Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras mentes para que podamos comprender cuál es la esperanza que nos da su llamamiento. R/.

EVANGELIO

Envió a los discípulos de dos en dos.

+ Del santo Evangelio según san Marcos: 6,7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce, los envió de dos en dos y les dio poder sobre los espíritus inmundos. Les mandó que no llevaran nada para el camino: ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinto, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica.

Y les dijo: "Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar. Si en alguna parte no los reciben ni los escuchan, al abandonar ese lugar, sacúdanse el polvo de los pies, como una advertencia para ellos".

Los discípulos se fueron a predicar el arrepentimiento. Expulsaban a los demonios, ungían con aceite a los enfermos y los curaban.
Palabra del Señor.

Se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Mira bondadosamente, Señor, las ofrendas de tu Iglesia suplicante, y conviértelas en alimento espiritual que ayude a crecer en santidad a todos tus fieles. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 6,56

El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que hemos recibido, nos ayude a amarte más y a servirte mejor cada día. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Tempestad

CONTINUAR CON LA MISIÓN DE CRISTO

El "fracaso" de Nazaret no puede hacer claudicar a Jesús en su misión. Debe seguir adelante hasta lograr su objetivo de ser reconocido en su verdadera identidad. Se abre así una nueva etapa de su ministerio. Sus paisanos le han regalado, en el fondo, el boleto para ir a otra parte, a otro terreno menos estéril. Los discípulos serán constituidos apóstoles, enviados, continuadores de la misión de Cristo.

Según el texto de Mc 3,14-15, el grupo de los Doce fue instituido por Jesús para que "estuvieran con él" y para enviarlos a predicar con poder de expulsar a los demonios. Los Doce lo han acompañado ya durante un prolongado período de tiempo. Han escuchado su enseñanza en parábolas y sus explicaciones complementarias. Han presenciado sus milagros. Ahora les toca a ellos continuar con esta misión de predicar la conversión y dar a conocer la oferta divina de salvación. Para esto Jesús les da algunas instrucciones:

- Vayan de dos en dos: trabajar en equipo, con la ayuda de otros, coordinadamente.

- No lleven nada para el camino: ni pan, ni mochila, ni dinero: predicar en pobreza, poniendo toda la confianza en Jesús, no en el equipaje o en los propios medios.

- Lleven únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica: como los peregrinos.

- Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar: no se queden en los alrededores, acérquense a la gente, convivan con ella.

- Si en alguna parte no los reciben ni los escuchan, al abandonar ese lugar, sacúdanse el polvo de los pies, como una advertencia para ellos: la fe y la conversión no pueden ser impuestas. Hay que ser insistentes en la predicación con signos y palabras, pero siempre respetando la libertad de las personas.

- Expulsen a los demonios, consuelen, curen a los enfermos: el anuncio del Evangelio debe ir acompañado de las obras de misericordia, de señales que atestiguen esta buena nueva, del rechazo y liberación de lo demoníaco: la injusticia, la mentira, la corrupción.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Amós 7,12-15

Este texto autobiográfico nos ofrece el testimonio del profeta Amós acerca de su vocación. Originario del Reino del Sur, dedicado al trabajo en el campo como cuidador de ganado y cultivador de frutos, fue enviado por Dios a predicar al Reino del Norte. Durante meses predicó las exigencias de la justicia, en nombre de Dios, a una sociedad en la que las diferencias sociales eran insoportables, la religión servía para tranquilizar la justicia de los opresores, la vida política y social estaba marcada por la mentira, la opresión y la indiferencia frente a los estratos más pobres del país.

La palabra de Amós llegó a ser insoportable para los poderosos de Israel, a tal punto que Amasías, sacerdote de Betel, santuario del rey, lo acusa de poner en peligro la estabiIidad de la nación y la paz del reino (v. 13). La sumisión al rey es la primera ley que hay que observar, y quien no lo hace es eliminado. Pero rechazar la palabra de Amós es rechazar la palabra de Dios, es expulsar a Dios del país. Ante Amasías, Amós evoca el misterio de su vocación, como apología última y definitiva de su acción profética. Él no es un "profesional" de la profecía como los falsos profetas de corte, ni pertenece a ninguna corporación profética que ejercita la profecía como ocupación lucrativa (v. 13). Amós habla porque el Señor le ha mandado hablar (v. 14).

* 2ª lectura: Efesios 1,3-14

El texto pertenece al género literario "bendición", por medio del cual el hombre canta agradecido a Dios por los innumerables beneficios recibidos. "Bendice" a Dios, a causa de "las bendiciones" de las que ha sido objeto. Tiene una estructura claramente trinitaria. Se bendice a Dios Padre, que nos ha elegido por amor (vv. 3-6); al Señor Jesucristo, que nos ha redimido y nos ha obtenido la salvación a través dé su sufrimiento (vv. 7-12); y al Espíritu, que es la mejor garantía de que tanto la acción del Padre como la del Hijo lograrán su objetivo final (vv. 13-14).

* 3ª lectura: Marcos 6,7-13

Antes de narrar el envío de los Doce de parte de Jesús, Marcos ha narrado anteriormente la elección de este grupo: "Constituyó a doce para que se quedaran con él, para mandarlos a predicar" (Mc 3,14). Son "Doce" porque constituyen el cimiento del nuevo pueblo de Dios, como lo fueron antiguamente las "doce tribus de Israel". Elegidos gratuitamente por Jesús y después de convivir con él por cierto tiempo, ahora son enviados en misión.

Son mandados "de dos en dos". No van aisladamente, sino en parejas, testimoniando con su misma presencia la gracia de la comunión, valor fundamental del reino de Dios que es solidaridad y plenitud de vida compartida; y también porque la ley de Moisés exigía dos testigos en un caso de justicia para la validez del testimonio (Deut 17,6).

Jesús los manda "y les dio poder sobre los espíritus inmundos". Los asocia a su misión de hacer presente el reino, compartiendo con ellos su mismo poder (Cfr. Mc 1,23-28). Pueden llevar sandalias (para avanzar con facilidad), bastón (para superar los obstáculos del camino), y una túnica (para protegerse); prohibido llevar pan (provisión de reserva), dinero (no son asalariados) y alforja (no deben acumular de un día para otro). Antes que la palabra, ofrecen el testimonio de la confianza infinita en Dios (vv. 89). Les pide que cuando entren en una casa, se queden en ella hasta que se vayan de aquel lugar (v. 10). Antes que dar, deben estar dispuestos a recibir. Su pobreza no está sólo en el no poseer, sino en el depender de lo que los otros les ofrezcan.

La misión de los Doce participa del mismo destino de la del Maestro. La incomprensión y el rechazo será el sello de la misión apostólica y de su autenticidad (v. 11) . Cuando sean rechazados, los Doce dejarán un testimonio de la raíz de aquel rechazo. Sacudiéndose de los pies el polvo de la ciudad que los rechaza, abandonan a sus habitantes al juicio de Dios.

El texto concluye con una especie de definición de la actividad apostólica. La misión de los Doce es, por una parte, predicación (kerygma) de la conversión (metánoia), es decir, proclamación gozosa de la gracia del reino y de su fuerza transformadora, invitando a los hombres a aceptarla; por otra parte, se concretiza en la expulsión de los demonios y la curación de los enfermos, es decir, en acciones liberadoras en favor de los hombres oprimidos por cualquier tipo de mal. Anuncio y obras.

SILVIO JOSÉ BAEZ

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Orientaciones para la celebración

ELLOS SALIERON A PREDICAR LA CONVERSIÓN

En el proceso de la lectura de Marcos sobre el ministerio de Jesús en Galilea, leemos hoy el fragmento de la primera misión de los Doce. Los enviados asumen y proclaman el primer mensaje de Jesús: "El Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio" (Mc 1,15). La misión de la Iglesia y de los cristianos es anunciar el misterio de Dios que ama a los hombres y se acerca a traer la vida, la esperanza, el amor, la paz. En el centro del mensaje está la misma persona de Jesucristo, porque él personalmente es la presencia amorosa y salvadora de Dios, y porque él es el primero que ha vivido en el Padre y ha encontrado la plenitud de nuestra vida humana.

El misterio salvador de Dios ha sido comprendido, contemplado y elaborado por Pablo, y lo ha expresado en el himno sublime de la Carta a los efesios: "Nos ha bendecido en él (nuestro Señor Jesucristo)... Él nos eligió en Cristo, y determinó, porque así lo quiso, que, por medio de Jesucristo, fuéramos sus hijos... Él ha prodigado sobre nosotros el tesoro de su gracia con toda sabiduría e inteligencia" (2ª lectura). Toda la espiritualidad y la teología de la Iglesia son aproximaciones al misterio inefable de Dios que viene a "hacer que todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, tuvieran a Cristo por cabeza" y que Marcos expresa de manera simple: "El Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse".

El don de Dios lleva a los hombres a la vida nueva y eterna. Evoquemos los acentos del evangelio: el amor, la paz, el perdón, la pobreza, la libertad, la constancia en las pruebas, la confianza absoluta en Dios. Y evoquemos los acentos que pone de relieve nuestra Iglesia actual: la lucha por la paz y la justicia, el diálogo entre personas y entre pueblos, la atención a los más necesitados, la superación de los injustos desequilibrios mundiales, el respeto a la dignidad de cada persona y de cada pueblo, principalmente los que son ignorantes, débiles, indefensos, sin recursos, sin beneficio poIítico... La sensibilidad cristiana sabe que la palabra de Jesús "Vayan..." pone en marcha la promoción de la verdadera vida para todos según el Evangelio.

ELLOS SALIERON A PREDICAR

Los Doce son la primera realización de la Iglesia, de las comunidades cristianas, de todos los discípulos de Jesús. La misión de promover su Espíritu es la tarea primera de la Iglesia, dentro y fuera de ella misma. Y es una tarea de todos y de cada uno de los cristianos. El anuncio y la promoción del Evangelio tiene momentos solemnes y fuertes: la proclamación de la Palabra en la liturgia, los documentos más importantes del magisterio... Estos momentos dan sentido e impulsan la promoción del espíritu evangélico por parte de todos. La realizamos en la medida en que se ha hecho carne de nuestra carne. Cada situación, cada conversación, en casa, en el trabajo, con la gente, son llamadas a promover la paz y no la discordia, la atención a todos y no el desprecio, la ayuda y no el olvido, el perdón y no el resentimiento... En el fondo, no hay vidas neutras. O bien promovemos el espíritu del Evangelio, o bien promovemos el contrario. Nadie vive impunemente.

LES MANDÓ QUE NO LLEVARAN NADA PARA EL CAMINO... ÚNICAMENTE...

Las circunstancias han cambiado como nadie se lo habría podido imaginar, pero en el fondo queda una convicción: no lleven nada. La verdadera fuerza es la fuerza de la verdad que estamos llamados a promover: amar, perdonar, buscar la paz, estar desprendidos de las cosas, promover a los más necesitados y marginados, confiar en Dios. Es la fuerza y la debilidad de la Palabra. Proclamarla comporta ayudar a reflexionar, a entender, a valorar el Evangelio, a reaccionar con justicia y con respeto. La Palabra llega al corazón, y cada persona puede abrirlo y puede cerrarlo, incluso las personas más queridas, o nosotros mismos: "Si en alguna parte no los reciben...". Y esto puede ser en casa, o entre los miembros de la Iglesia.

La Palabra tiene un apoyo: el testimonio de toda la vida. Perdonar, vivir en la paz, saber ser libres, confiar en Dios, es el arma verdadera que puede acompañar a la Palabra hasta el corazón de las personas que amamos.

Él ha prodigado sobre nosotros el tesoro de su gracia con toda sabiduría e inteligencia... (2ª lectura). La obra del Espíritu nos cambia realmente, nos hace personas nuevas y promotores de su Evangelio. Promover el Espíritu de paz, de diálogo, de generosidad, el Espíritu de Jesucristo, no es un encargo ni se puede reducir a un trabajo profesional. Es una manera de estar en el mundo, fruto de la experiencia vivida de la vida verdadera. Y de hecho es la manera como se puede abrir paso entre nosotros los hombres el Espíritu del Señor.

Los cristianos creemos que la obra de Dios no consiste en grandes espectáculos o signos sorprendentes, sino en la acción escondida del Espíritu, que nos inclina al amor, a la paz, a la esperanza. Pues bien, la obra de Dios se abre camino precisamente por una palabra sencilla o un gesto acogedor. Cada momento que vivimos es un misterio que nos interpela y no se volverá a repetir. Promover el espíritu de verdad y de paz es hacer lo posible en el acompañamiento de los hombres y ayudar a acrecentar la presencia salvadora de Dios.

GASPAR MORA

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Proyecto de homilía

Los textos bíblicos de hoy nos presentan una descripción precisa y valiente de la Palabra y de quienes la anuncian. Fidelidad, totalidad, libertad, son las características esenciales (primera lectura y evangelio); mientras que el contenido es ese "misterio" que Pablo presenta en la solemne bendición de apertura de su Carta a los efesios (segunda lectura).

El pasaje biográfico que leemos en el libro de Amós (primera lectura) nos da un testimonio directo del profeta sobre su propia vocación. Él, originario de Judá, es enviado al reino del Norte. La elección que el Señor hace de él es irresistible, sin que existiera de su parte una predisposición personal y sin que perteneciera a una corporación de profetas. A la docilidad con que obedece al llamado divino corresponde el vigor de su actuación: él es servidor de la palabra divina, imperativa y eficaz. Eso lo hace fuerte frente a una 'religión de estado', que lo quiere liquidar, al rechazar la confrontación entre el juicio político de la 'razón de estado' y el juicio de Dios anunciado por el profeta. En realidad, Amós, cuando es expulsado de Betel, no ha fracasado; ha cumplido ya su misión.

Marcos en su evangelio refiere de manera muy condensada (Cfr. Mt 10) la misión que Jesús confía a los Doce. En esas frases esenciales se advierte un sentido de urgencia y de tensión, de compromiso radical y de austeridad. Los doce están asociados a Jesús en el anuncio de la llegada del Reino y deben compartir su disponibilidad incondicional y generosa.

En su redacción final, Marcos adaptó el discurso a la situación de su comunidad y al compromiso de los primeros misioneros sus contemporáneos: no se dice aquí nada sobre una restricción del anuncio sólo a los judíos (Cfr. Mt 10,5-6); se refleja así la apertura a los paganos que existía ya en la comunidad de Marcos. La substancia de la misión está calcada de la del mismo Cristo: predicar y curar fue la misma actividad de Jesús; el "poder sobre los espiritas inmundos" (Mc 6,7) es una participación en el mismo poder de Jesús (Cfr. Mc 1,23-28).

La acción apostólica de los discípulos participará también de los resultados de la del Maestro. Participar en la incomprensión y en el rechazo será como el sello de autenticidad de la misión de los apóstoles (Mc 6,11).

El himno de bendición con que comienza la Carta a los efesios desarrolla en siete etapas una síntesis del plan divino de salvación, que es por lo demás la substancia del mensaje de Jesús y de los apóstoles: el llamamiento de los elegidos a una vida bienaventurada (Ef 1,4), la filiación divina en Jesucristo (v. 5), la redención (v. 7), la revelación del designio misterioso de Dios (v. 9), la elección de Israel (v. 11), el llamado de los paganos a participar también de esa salvación (v. 13).

Nosotros, como "Iglesia peregrina", participamos también en la misión de Jesús y de los apóstoles. Todo discípulo de Cristo, dice el Vaticano II (LG, 17) tiene el deber de difundir la fe, en la medida de sus posibilidades. ¡Que nos ayuden para ello la luz y la fuerza que nos comunica el Señor en nuestra celebración de la Eucaristía!

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

Y LOS ENVIÓ A PREDICAR
DE DOS EN DOS