
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 16,15 |
Yo quiero acercarme a ti, Señor, y saciarme de gozo en tu presencia.
ORACIÓN COLECTA
Señor, tú que iluminas a los extraviados con la luz de tu Evangelio para que vuelvan al camino de la verdad, concede a cuantos nos llamamos cristianos imitar fielmente a Cristo y rechazar lo que pueda alejarnos de él. por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
La lluvia hará germinar la tierra.
Del libro del profeta Isaías: 55,10-11
Esto dice el Señor: "Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 64 |
R/. Señor, danos siempre de tu agua.
Señor, tú cuidas de la tierra,
la riegas y la colmas de riqueza.
Las nubes del Señor van por los campos,
rebosantes de agua, como acequias. R/.
Tú preparas las tierras para el trigo:
riegas los surcos, aplanas los terrenos,
reblandeces el suelo con la lluvia,
bendices los renuevos. R/.
Tú coronas el año con tus bienes,
tus senderos derraman abundancia,
están verdes los pastos del desierto,
las colinas con flores adornadas. R/.
Los prados se visten de rebaños,
de trigales los valles se engalanan.
Todo aclama al Señor. Todo le canta. R/.
SEGUNDA LECTURA
Toda la creación espera la revelación de la gloria de los hijos de Dios.
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 8,18-23
Hermanos: Considero que los sufrimientos de esta vida no se pueden comparar con la gloria que un día se manifestará en nosotros; porque toda la creación espera, con seguridad e impaciencia, la revelación de esa gloria de los hijos de Dios.
La creación está ahora sometida al desorden, no por su querer, sino por voluntad de aquel que la sometió. Pero dándole al mismo tiempo esta esperanza: que también ella misma va a ser liberada de la esclavitud de la corrupción, para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Sabemos, en efecto, que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO |
R/. Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre. R/.
EVANGELIO
Una vez salió un sembrador a sembrar.
Del santo Evangelio según san Mateo: 13,1-23
+ Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:
"Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron y, como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos que oiga".
Después se le acercaron sus discípulos y le preguntaron: "¿Por qué les hablas en parábolas?" Él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no. Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.
En ellos se cumple aquella profecía de Isaías, que dice: Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos, y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.
Pero dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
Escuchen, pues, ustedes, lo que significa la parábola del sembrador.
A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.
Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.
Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto.
En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos el ciento por uno; otros, el sesenta, y otros, el treinta".
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira bondadosamente, Señor, las ofrendas de tu Iglesia suplicante, y conviértelas en alimento espiritual que ayude a crecer en santidad a todos tus fieles. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio dominical
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Sal 83,4-5 |
Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te suplicarnos, Señor, que esta Eucaristía que hemos recibido, nos ayude a amarte más y a servirte mejor cada día. Por Jesucristo, nuestro Señor.
EL SEMBRADOR Y LA SEMILLA
Jesús es el sembrador. La Palabra de Dios, la semilla; una semilla destinada a producir fruto. La cantidad de fruto que produce la Palabra de Dios en nuestras vidas depende básicamente, como explica Jesús, de la apertura para recibirla, de cómo está nuestro terreno. Detengamonos primero en la imagen del sembrador, ese hombre que desde temprano sale al campo y con generosidad esparce la semilla. Así es Jesús. El quiere que todos se salven y tengan vida en abundancia; por eso esparce como sembrador la Palabra que libera y da vida. Detengámonos también en esa pequeña semilla, apenas perceptible, pero destinada a dar mucho fruto; frutos de conversión, de amor, paz y justicia. Detengámonos, finalmente, en los diferentes tipos de terreno:
- Unos granos cayeron a lo largo del camino: ¿Cuántas veces oímos la Palabra, pero no hacemos ni el mínimo esfuerzo para profundizar en ella, para entenderla?
- Otros granos cayeron en terreno pedregoso: ¿Cuántas veces recibimos la Palabra con entusiasmo, pero sin comprometernos a fondo? Acogemos la Palabra con alegría, nos lanzamos a vivirla y a compartirla con otros; pero ante las primeras dificultades nos marchitamos y dejamos que esa semilla se seque.
- Otros cayeron entre espinos: Recibimos la Palabra con alegría, dejamos que eche raíces, nos mantenemos firmes ante las dificultades que se nos presentan; pero cuando viene la tentación... nos damos por vencidos, nos dejamos atrapar y termina por ahogarnos.
- Otros granos cayeron en tierra buena: Esta tierra no es la tierra apisonada del camino, tampoco es una tierra con piedras, o con espinos... es tierra buena. Una tierra preparada para recibir la semilla de la Palabra y producir abundante fruto. Aquí están todos aquellos que oyen la Palabra, la entienden y dejan que dé fruto.
¿Qué tanto me esfuerzo por tener mi terreno limpio y bien abonado? ¿Qué tanto dejo que la buena semilla, la Palabra de Dios, produzca frutos de conversión, amor, paz y justicia?
* 1ª lectura: Isaías 55,10-11
Este texto es una especie de epílogo al libro del llamado Segundo Isaías (Is 40-55). el profeta anónimo que durante el tiempo del exilio animó la esperanza del pueblo y anunció el feliz retorno a la tierra. En los capítulos 40-48 anuncia a los destrrados la liberación del dominio de Babilonia, mientras que en los capítulos 49-55 parece dirigirse al segundo grupo de los que regresan a la patria y emprenden la reconstrucción del país..
La imagen usada por el profeta es sugestiva y esperanzadora. La lluvia, expresión privilegiada de la bendición de Dios desencadena el ciclo de la fertilidad en la naturaleza. La Palabra de Dios desencadena en la historia humana el dinamismo de la salvación, anunciando el proyecto de Dios v realizándolo efectivamente. Las palabras del profeta quieren infundir ánimo y esperanza al pueblo que debe volver a su tierra. Son una invitación a confiar en la promesa del Señor, aunque resulte impredecible la forma concreta en que Dios realizará sus planes.
* 2ª lectura: Romanos 8,18-23
Pablo presenta la redención con horizontes cósmicos. En sintonía cón el pensanaiento bíblico denuncia la situación de negatividad y de corrupción en la que se encuentra la creación como consecuencia del pecado que ha desvirtuado el proyecto divino. Aa mismo tiempo afirmaa la liberación de la creació, llamada a compartir la redención que Dios ha otorgado a los hombres en Crist..
Con la imagen del parto, que en la literatura apocalíptica indicaba el final de la historia. Pablo anuncia el advenimiento de un mundo distinto, liberado y glorioso. Con la creación, también los cristianos, que ya han recibido "un espíritu de hijos'' (Rom 8,15), anhelan la realización plena de esa filiación, la cual se identifica con la redención de nuestro cuerpo.
* 3ª lectura: Mateo 13,1-23
El capítulo 13 de Mateo reune en un solo bloque literario diversas "parabolas" de Jesús. Las parábolas son básicamente comparaciones a partir de hechos ordinarios de la vida, que despiertan la curiosidad y desafían el ingenio de los oyentes, invitándolos a descubrir un sentido oculto y novedoso que se esconde detrás de la comparación. El tema de las parábolas de Jesús es siempre el Reino de Dios, no como teoría, sino como proclamació y relato..
La primera parábola que Jesús cuenta, habla de un sembrador que sale a lanzar la semilla sin preocuparse de elegir el terreno. De hecho tres cuartas partes de la semilla se pierden a causa de las condiciones adversas y precarias de la tierra en que cae. Sólo la semilla que cae en terreno bueno da un fruto abundante. La parábola describe el dinamismo y la eficacia del anuncio del Reino de parte de Jesús, siempre condicionado por la actitud de quien escucha. Inspirándose en el modo de sembrar de los campesinos de Israel en aquel tiempo, que acostumbraban sembrar, no después, sino antes de arar el terreno, la parábola subraya el carácter de don y de gratuidad del anuncio de Jesús..
El sentido original de la Parábola es claro (vv 4-9). A pesar de las dificultades del terreno y de las malas hierbas que amenazan sofocar la semilla, la cosecha está destinada a ser grandiosa. A pesar del rechazo y la incomprensión que sufre la palabra y la misión de Jesús, el Reino de Dios se hace presente con una fuerza inesperada. El anuncio evangélico, aunque condicionado por los oyentes, es eficaz y transformador..
Los vv. 10-17 son una reflexión sobre la función de las parábolas. La cita de Isaías (Is 6,9-10) pone de manifiesto cómo la dureza de corazón del pueblo delante de las exigencias de la predicación profética, provoca el fracaso del profeta y acrecienta el endurecimiento del corazón de los oyentes. Ante el drama de la cerrazón del pueblo, el proteta no se echa atrás, y en este sentido la misma Palabra anunciada es vista como causa de la ceguera y del endurecimiento. Las parábolas de Jesús exigen una respuesta comprometida para ser comprendidas. Quien no acepta el Reino, no las comprende; los discípulos, iniciados por Jesús, entienden las parábolas y comienzan a entrar en el misterio del Reino. La actitud de escucha y acogida es decisiva para la comprensión del misterio. Los discípulos que tienen esa actitud, recibirán en abundancia; en cambio, "al qué tiene poco. aun eso poco se le quitará"..
La explicación de la parábola (vv. 18-23) es una especie de homilía alegórica, creada por la comunidad primitiva, que pone el acento ya no en Jesús, que gratuita y poderosamente anuncia la Palabra, sino en la respuesta del hombre que está llamado a escucharla y acogerla. Se describen algunos obstáculos que en la vida pueden impedir el crecimiento de la Palabra del Evangelio. Se exhorta a no permitir que la Palabra sea ahogada por las dificultades de la vida. La parábola original es un llamado a contemplar con fe la acción poderosa de la Palabra de Dios: su explicación es una invitación seria a la escucha comprometida que exige el mensaje evangélico.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
LAS PARÁBOLAS DEL REINO
Comenzamos hoy la lectura del capítulo 13 de san Mateo, que es donde aparecen agrupadas siete parábolas, y que nosotros seguiremos durante tres domingos. Las parábolas son un recurso literario muy sugerente, y también muy típico de la predicación de Jesús en el Evangelio, ya que con imágenes populares tomadas de la vida cotidiana, ayudan pedagógicamente a entender la realidad del Reino de Dios, ese obrar silencioso y eficaz de Dios en medio de nosotros. Hoy escuchamos la primera, que es también la más larga: la del sembrador. El fragmento consta de tres partes: la parábola propiamente (vv. 1-9), una intercalación, que explica el porqué de las parábolas (vv. 10-17), y la interpretación u "homilía" que el mismo Jesús hace de la parábola (vvw 18-23). Vale la pena leer el texto entero, o en todo caso, omitir sólo la intercalación, pero cuidando de mantener la primera y la tercera partes.
LA PALABRA DE DIOS ES EFICAZ Y FECUNDA
El mensaje de la parábola del sembrador viene preparado por la primera lectura, del profeta Isaías, que compara la eficacia de la Palabra de Dios: "Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado". El salmo sigue la misma comparación con imágenes poéticas de la vida del campo: Dios cuida la tierra y hace que produzca fruto.
Pues así es la Palabra de Dios, como la semilla que siembra el campesino. Una Palabra que siempre es fecunda y eficaz, a pesar de las dificultades y de que a menudo cueste verlo. El ejemplo de la parábola, que incluye una considerable parte de la semilla que se pierde, refleja la realidad de las condiciones que requiere esa semilla para poder echar raíces, germinar y dar fruto. Cada uno debe preguntarse si él mismo es la tierra buena donde la Palabra de Dios pueda ser fecunda. Es necesaria, pues, también nuestra colaboración: hay que acoger la Palabra que Dios siempre siembra en nosotros con un corazón abierto y bien dispuesto.
CONFIANZA EN EL AVANCE DEL REINO DE DIOS
La parábola del sembrador es una invitación a la confianza en ese Reino de Dios que, a pesar de todos los obstáculos, va avanzando. Aunque de momento pueda parecer que los frutos no llegan y que hay muchos fracasos, al final los resultados siempre serán superiores a los esperados. Este mensaje optimista y esperanzado es muy necesario en la Iglesia de hoy, que experimenta las dificultades de los "misterios del Reino". ¡Cuántos esfuerzos en la evangelización! ¡Cuánto trabajo pastoral! Y más bien constatamos, cada día, que muchas semillas caen al borde del camino, o en terreno pedregoso, o entre zarzas y se pierden. Las distracciones, la superficialidad, la inconstancia, el afán de riquezas o de placer, las mil preocupaciones que nos agobian... son hoy las causas que hacen que la semilla no pueda echar raíces y dar fruto. A pesar de todo, siempre hay una pequeña parte de la semilla que cae en tierra buena, siempre hay alguien que "representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto". Sólo para esos pocos, el trabajo ya ha merecido la pena. Y todavía, el fruto que da en cada uno puede ser muy variado: "unos, el ciento por uno; otros el sesenta y otros, el treinta", depende de las circunstancias personales. Pero, por poco que sea, ya ha producido fruto. Hay, pues, que tener confianza en la acción de la Palabra de Dios. Nosotros sólo somos sembradores; es Dios mismo quien riega y hace germinar la semilla. No sabemos cuánto ni cuándo ni cómo, el resultado final se nos escapa de las manos, pero el Reino de Dios avanza.
UN PROCESO TAMBIÉN EN NOSOTROS
De hecho, la implantación del Reino de Dios es un proceso, como también es un proceso nuestro camino hacia la plenitud de nuestra vida de hijos de Dios. Desde el bautismo hasta la vida eterna, vamos haciendo un proceso de perfección, pero que en el presente todavía está lejos de la meta. Es lo que san Pablo nos recuerda hoy en la segunda lectura, que continuamos leyendo de la Carta a los romanos: "Los sufrimientos de esta vida" son una realidad, la situación puede considerarse un "desorden", pero nada de todo esto "se puede comparar con la gloria que un día se manifestará". Para los creyentes, pues, vale más la esperanza de ser liberados de esa realidad mediocre presente "para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios". La imagen de los "dolores de parto" es muy expresiva, porque el parto supone unos gemidos y sufrimientos, pero que llevan a la alegría del alumbramiento. Pues igual "nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios" en plenitud.
Las oraciones de la Misa insisten a menudo en este proceso que debemos ir haciendo con la ayuda de Dios. Hoy, por ejemplo, reconocemos: "Señor, tú que iluminas a los extraviados con la luz de tu Evangelio para que vuelvan al camino de la verdad". Por eso le pedimos: "concede a cuantos nos llamamos cristianos imitar fielmente a Cristo y rechazar lo que pueda alejarnos de él" (colecta), "crecer en santidad" (ofrendas) y "nos ayude a amarte más, y a servirte mejor cada día" (poscomunión).
XAVIER AYMERICH
En este domingo y en los dos siguientes la liturgia nos presenta algunas de las parábolas de Jesús, tomadas del capítulo 13 del evangelio de Mateo, dedicado todo él al llamado "discurso de las parábolas".
Al contrario de lo que se puede pensar, las parábolas no son de fácil comprensión, y Jesús recurrió a ellas más para "velar" que para "desvelar" el misterio del Reino de los cielos (cfr. Mt 13,11). Los mismos apóstoles se admiraron de que Jesús hablara de una manera tan extrañamente alusiva, carente de significados precisos, capaz de decirlo todo y también de no decir nada para quien no tenga voluntad e interés (13,10) de ir más allá de las imágenes que se ofrecen.
Por eso Jesús responde que en ese "hablar en parábolas" hay una muestra de amor y de benevolencia; pero también un juicio y una condena. A los oyentes les toca hacer que el anuncio no se convierta en condena, dejándose estimular a ir más allá de la aparente sencillez y cotidianidad de las analogías que Cristo propone, para captar su significado profundo.
Es actual también para nosotros, lectores u oyentes, quizá distraídos, de estas páginas del evangelio, el llamado de Jesús a una escucha atenta y apasionada de sus palabras, que son siempre más profundas que lo que nos puede sugerir una primera percepción de ellas.
¿Cuál sería, pues, el sentido de la parábola del sembrador (evangelio)? Jesús parece encontrarse en un momento de crisis de su credibilidad para con la gente. Solamente unos pocos, aquellos "pequeños" a quienes Dios ha querido revelar el misterio que lleva Jesús consigo (ver el evangelio del domingo pasado), le creen. En la gran masa, su mensaje se pierde o cae en la indiferencia.
En este punto, Él quiere dar confianza a sus discípulos. No obstante la falta de resultados positivos en muchas ocasiones, hay semilla que produce fruto abundante. El sembrador que esparce generosamente la semilla es el mismo Jesús, y quiere asegurar a los suyos que habrá buen fruto, no obstante las semillas que se pierden.
En ese sentido, la parábola puede tener un significado más "cristológico" que "moral". Describe la dificultad de acoger a Cristo mediante la fe, más que la fructificación de su palabra en el corazón de los hombres. Aunque ambas cosas no se excluyen mutuamente, como lo demuestra la explicación que Cristo dará luego a los apóstoles.
En la primera lectura, el texto de Isaías exalta la eficacia infalible de la palabra de Dios, lo cual parece en contraste con la parábola de Jesús. ¿Es menos poderosa la palabra de Jesús que la palabra de Yahveh? En realidad, basta leer el Antiguo Testamento para darnos cuenta de las muchísimas veces en que también allí la Palabra del Señor no tuvo éxito.
Lo que Isaías quiere poner de relieve es el poder de transformación y de renovación que la Palabra de Dios tiene por sí misma. En cuanto depende de Dios, ella llevará a cabo lo que Él quiere, por los caminos menos pensados y más allá de lo que los hombres puedan hacer o decir. Nadie podrá impedir la realización del proyecto de Dios, por más que muchos sean infieles a la alianza o no quieran entrar en ella. Precisamente en esa posibilidad de hacer fracasar la Palabra de Dios, en cuanto depende de nosotros, y de volver estéril la semilla de vida sembrada en nuestro corazón está el gran riesgo de la vida cristiana.
Pidamos al Señor, que se nos hace presente en esta celebración de la Eucaristía, que abra nuestro corazón para recibirlo plenamente a Él y para recibir su palabra haciéndola fructificar en nuestra vida.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
¡MUCHO OJO CON LOS "PÁJAROS"!
PORQUE VIENEN Y SE COMEN LA SEMILLA DE LA PALABRA DE DIOS.