XVI DOMINGO ORDINARIO
20 de julio 2008, Ciclo A

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Proyecto de homilía     Dios Hoy




Casulla_Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 53,6.8

Señor Dios, tú eres mi auxilio y el único apoyo de mi vida; te ofreceré de corazón un sacrificio y te daré gracias, Señor, porque eres bueno.


ORACIÓN COLECTA

Míranos, Señor, con amor y multiplica en nosotros los dones de tu gracia para que, llenos de fe, esperanza y caridad, permanezcamos siempre fieles en el cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Al pecador le das tiempo para que se arrepienta.

Del libro de la Sabiduría: 12,13.16-l9

No hay más Dios que tú, Señor, que cuidas de todas las cosas. No hay nadie a quien tengas que rendirle cuentas de la justicia de tus sentencias. Tu poder es el fundamento de tu justicia, y por ser el Señor de todos, eres misericordioso con todos.

Tú muestras tu fuerza a los que dudan de tu poder soberano y castigas a quienes, conociéndolo, te desafían. Siendo tú el dueño de la fuerza, juzgas con misericordia y nos gobiernas con delicadeza, porque tienes el poder y lo usas cuando quieres.

Con todo esto has enseñado a tu pueblo que el justo debe ser humano, y has llenado a tus hijos de una dulce esperanza, ya que al pecador le das tiempo para que se arrepienta.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 85

R/. Tú, Señor; eres bueno y clemente.

Puesto que eres, Señor, bueno y clemente
y todo amor con quien tu nombre invoca,
escucha mi oración
y a mi súplica da respuesta pronta. R/.

Señor, todos los pueblos vendrán
para adorarte y darte gloria,
pues sólo tú eres Dios,
y tus obras, Señor, son portentosas. R/.

Dios entrañablemente compasivo,
todo amor y lealtad, lento a la cólera,
ten compasión de mí,
pues clamo a ti, Señor, a toda hora. R/.

SEGUNDA LECTURA

El Espíritu intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 8,26-27

Hermanos: El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr Mt 11,25

R/. Aleluya, aleluya.

Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. R/.

EVANGELIO

Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha.

Del santo Evangelio según san Mateo: 13,24-43

+ En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: "El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.

Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: 'Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?' El amo les respondió: 'De seguro lo hizo un enemigo mío'. Ellos le dijeron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?' Pero él les contestó: 'No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero' ".

Luego les propuso esta otra parábola: "El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas".

Les dijo también otra parábola: "El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar".

Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".

Jesús les contestó: "El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga".
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, que con la muerte de tu Hijo llevaste a término y perfección los sacrificios de la antigua alianza, acepta y bendice estos dones, como aceptaste y bendijiste los de Abel, para que lo que cada uno te ofrece, sea de provecho para la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 110,4-5

Para perpetuar su amor, el Señor nos ha dejado el memorial de sus prodigios, y ha dado a sus amigos el signo de un banquete que les recuerde para siempre su alianza.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía, míranos con bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Servicio

LAS PARÁBOLAS DEL REINO

Jesús recurre a las parábolas o comparaciones, para explicar lo que es el Reino: "El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo...". El Reino de los cielos no es algo que se da ya hecho, es un proceso en el que participan Dios y el hombre. La semilla se da como regalo, pero el hombre tiene que sembrarla. Esto parece fácil, pero no lo es. Jesús alerta que, cuando los trabajadores duermen, los enemigos del Reino siembran cizaña entre el trigo. Los discípulos impacientes, sin discernir, sugieren: 'Arranquemos de una vez la cizaña, acabemos con éstos que se oponen al Reino, con aquellos que hacen el mal'. Jesús les dice: "No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha"; Jesús invita a la paciencla y a la tolerancia. En el mundo -tanto por lo que respecta al propio interior como a la sociedad en general- se mezclan el trigo y la cizaña, lo bueno y lo malo. El fácil recurso de dividir a las personas en buena y malas es simple e inexacto: todos tenemos de todo. Somos trigo y cizaña.

Después de contar la parábola del trigo y la cizaña, Jesús cuenta la parábola de la semilla de mostaza y la de la levadura. El hombre siembra la pequeña semilla que se convertirá en un arbusto donde los pájaros hacen su nido. La mujer mezcla la levadura con tres medidas de harina y ve cómo la masa se fermenta. Con estas tres parábolas, Jesús llama a sus discípulos a confiar y cuidar esa pequeña semilla del Reino, que está destinada a dar mucho fruto: frutos de amor, paz y fraternidad. Jesús llama a sus discípulos a ser fermento en el mundo, a compartir con todos lo vivido con Jesús... pero también los previene de no tomar un papel de jueces que no les corresponde. Los segadores, los encargados de arrancar la cizaña y quemarla, son los ángeles. Sabemos que Jesús, amigo de publicanos y pecadores, en toda circunstancia fue más médico que juez. Jesús no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. La vida plena, la vida en abundancia, es lo que Dios quiere para todos.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Sabiduría 12,13.16-19

El libro de la Sabiduría fue escrito en ambientes judíos de la diáspora de Alejandría en Egipto, entre los años 150-30 a.C. Los capítulos 10-19 son una amplia reflexión, en forma catequética. sobre la justicia salvadora de Dios manifestada en sus grandes intervenciones liberadoras en la historia.

Dios omnipotente "juzga con misericordia y nos gobierna con delicadeza" (Sab 12,18). En el ejercicio de la justicia, el Señor del universo dispone de la plenitud del poder: "no hay más Dios que tú, Señor, que cuidas de todas las cosas. No hay nadie a quien tengas que rendirle cuentas de la justicia de tus sentencias" (Sab 12.12- 13), pero Dios no abusa de su poder: "tu poder es el fundamento de tu justicia, y por ser el Señor de todos. eres misericordioso con todos" (Sab 12,16). El comportamiento divino debe llegar a convertirse en estímulo y norma humanitaria: "Con todo esto has enseñado a tu pueblo que el justo debe ser humano" (Sab 12,19); al mismo tiempo es fuente de consuelo para la humanidad pecadora: "has llenado a tus hijos de una dulce esperanza, ya que al pecador le das tiempo para que se arrepienta" (Sab 12,19).

* 2ª lectura: Romanos 8,26-27

A los gemidos de la creación y de los creyentes (Cfr. Rom 8,23-24), Pablo añade ahora el gemido del Espíritu, que "nos ayuda en nuestra debilidad porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene" (v.26). Es significativo que Pablo haga referencia a la oración en un contexto en el que habla de "los sufrimientos de esta vida" (Rom 8,18), de la situación dramática de la historia y de la creación (Rom 8,20) y de la debilidad humana (Rom 8,26).

El Espíritu sostiene la oración del cristiano: "el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables" (v.26). (Nota: La traducción litúrgica dice: "con gemidos que no pueden expresarse con palabras"). El adjetivo "inefable" traduce el término griego aláletos, que literalmente indica una comunicación no verbal, silenciosa. El Espíritu hace nacer y orienta la oración cristiana, actuando en modo silencioso en lo profundo del corazón. Y su intercesión es auténtica, pues "Dios que conoce profundamente los corazones sabe lo que el Espíritu quiere decir porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen" (v.27).

* 3ª lectura: Mateo 13,24-43

Jesús propone a la gente tres parábolas, a las cuales Mateo añade una observación en relación con su finalidad y una explicación de la parábola de la cizaña.

La parábola del trigo y la cizaña en el campo (vv. 1-30) describe simbólicamente el crecimiento del Reino de Dios en la historia, el cual no está exento de luchas y de oposiciones dramáticas. En el campo de la historia se enfrentan el dueño del campo y "su enemigo". Se pone así en evidencia que hay "enemigos" (del proyecto de Dios) que ponen en peligro el éxito de la cosecha. Pero también aparece el contraste entre dos métodos para tratar la siembra: arrancar ya la cizaña o dejarla crecer junto con el trigo hasta el final. La parábola opta por el segundo método, enseñando que hay que contar con la presencia de la cizaña, sin ingenuidad y sin complicidad con el mal, pero tampoco sin desesperar y condenar. Los contrastes y las oposiciones que encuentra el Reino, la presencia del mal junto al bien en la historia, forman parte del proceso normal de crecimiento y desarrollo del proyecto de Dios. Dios no destruye el mal ni actúa con poder como juez inexorable. El Reino va abriéndose camino en la historia a la sombra de la injusticia y del pecado. En este sentido la parábola es una exhortación a la lucidez y a la confianza en Dios y una invitación a superar la tentación de la intolerancia y del fariseísmo.

Las parábolas del grano de mostaza y de la levadura (vv. 31 -33) ponen el acento en el contraste que hay entre una semila pequeñísima y la grandiosidad del árbol que brotará de ella, y entre la poca cantidad de levadura capaz de fermentar una gran cantidad de masa de harina. Así es el Reino de Dios. A pesar de la pequeñez con que se presenta a sus inicios en la predicación de Jesús, alcanzará ciertamente su pleno desarrollo.

La finalidad de las Parábolas (vv. 34-35) es explicada citando el v.2 del salmo 78, un salmo en el que hace una lectura teológica de la historia de Israel, desde la liberación del Éxodo hasta la época de David. De igual modo Jesús, a través de las parábolas del Reino propone una auténtica interpretación de la historia y del proyecto de Dios.

La interpretación de la parábola del trigo y de la cizaña (vv. 36.43), al igual que la interpretación de la parábola del sembrador (Cfr. Mt 13,18-23), es una explicación de tipo alegórico que nació en los ambientes de la comunidad primitiva con fines catequéticos. En la interpretación propuesta, el acento de la parábola original, que invitaba a contemplar e interpretar el drama de la historia con confianza y lucidez, se desplaza al final de la historia, colocando en primer plano la dimensión escatológica del Reino.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

MÁS PARÁBOLAS

Continuamos leyendo en el evangelio de estos domingos de julio las parábolas del Reino, reunidas en el capítulo 13 del evangelio de Mateo. La semana pasada leíamos la primera, la del sembrador, y hoy leemos tres más: la del trigo y la cizaña (vv. 24-30), con la explicación que luego hace el mismo Jesús de su significado (vv. 36-43); la del grano de mostaza (vv. 31-32); y la de la levadura en la masa (v. 33). El fragmento incluye, igual que en la semana pasada, una breve explicación del porqué de las parábolas (vv. 34-35). Ciertamente, las parábolas son un medio adecuado para explicar todo lo que Dios había mantenido escondido hasta la venida de Jesús, y que él explica con imágenes sencillas y comprensibles. En esta época de verano, de calor y de vacaciones, las parábolas son textos agradables y atractivos para reflexionar sobre cómo actúa la Palabra de Dios en el mundo, sobre cómo crece y se extiende el Reino de Dios.

LA PACIENCIA DE DIOS

La parábola del trigo y la cizaña constata una realidad evidente de nuestro mundo: la coexistencia del bien y del mal. Aplicado a la sociedad, tantas personas y situaciones buenas al lado de otras malas. La tentación es la de arrancar la cizaña para dejar crecer libremente el trigo. Pero eso es peligroso: si arrancáramos la cizaña, seguramente también arrancaríamos parte del trigo bueno. Dios es paciente, respeta la libertad de las personas y deja hacer. Sólo a la hora de la siega se hará la selección; y sabemos que la siega es la imagen del juicio final. Hay, pues, que aprender de esa actitud de paciencia que tiene Dios hacia las realidades del mundo. Además, sólo Dios puede juzgar, nosotros no somos nadie para condenar y precipitarnos en la valoración de las situaciones y de las personas.

Esta reflexión se puede aplicar también a la tarea pastoral de nuestras comunidades. Es evidente que en nuestra sociedad hay muchas malas hierbas que impiden crecer la buena semilla del Reino que ha sembrado el Hijo del hombre. Pero también aquí hay que tener paciencia y seguir trabajando, con la mirada esperanzada puesta en el futuro, de la misma forma que nos lo recordaba el domingo pasado la parábola del sembrador.

Y todavía otra aplicación. También en nosotros mismos hay una mezcla de trigo y de cizaña. No todo en nosotros es bueno, hay también muchas cosas que no funcionan en nuestra vida. Y Dios también tiene paciencia con nosotros. En la primera lectura, del libro de la Sabiduría, se nos recuerda la bondad de ese Dios: "al pecador le das tiempo para que se arrepienta". Sí, el poder de Dios "es el fundamento de tu justicia, y por ser el Señor de todos, eres misericordioso con todos... juzgas con misericordia y nos gobiernas con delicadeza". Por eso también rezamos en el salmo: "Tú, Señor, eres rico y clemente y todo amor con quien tu nombre invoca"; y repetimos también hoy la tan conocida definición de Dios, "bueno y clemente, entrañablemente compasivo, todo amor y lealtad, lento a la cólera". Si Dios es así con nosotros, no nos juzga, no nos condena, siempre da ocasión a que el buen trigo dé fruto en nosotros, a pesar de que también en nosotros haya tanta cizaña, tantas malas hierbas, nosotros tenemos que hacer lo mismo con los demás, con nuestra sociedad con nuestro mundo, incluso con nuestra Iglesia.

SEAMOS OPTIMISTAS Y CONFIADOS

Las otras dos parábolas, la del grano de mostaza y la de la levadura en la masa, nos están invitando también al optimismo, ya que constatan el contraste entre la pequeñez de los inicios y la grandeza del final. Parece imposible que el grano de mostaza, "la más pequeña de todas las semillas", pueda crecer hasta convertirse en un gran arbusto; parece imposible que un poco de levadura pueda hacer fermentar toda la masa. Pero es así. También la actividad de Jesús comenzó de modo muy sencillo, pero ha dado mucho fruto. Y así también nuestra vida, nuestro trabajo pastoral... Todo lo que hacemos, por pequeño que sea, está contribuyendo a hacer crecer el Reino de Dios. Quizá nosotros no lo veremos, pero el Reino de Dios va avanzando.

Todo ello a veces puede conllevarnos un poco de desorientación, porque, quizá no acabamos de entender las cosas, y por qué Dios actúa así, respetando nuestra libertad y la marcha del mundo por sus propios caminos. Quizá preferiríamos que Dios actuase contundentemente. Pero ese no es el estilo de actuar de Dios. Por eso lo mejor que podemos hacer es ponernos en sus manos, con una confianza inmensa, sabiendo que su amor hacia nosotros, sus designios, son mejores que todo lo que nosotros podamos hacer o pensar. Por eso nos pueden venir tan bien las palabras de san Pablo en la segunda lectura: "El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros". Porque "Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir". Nosotros tenemos que seguir trabajando, aunque veamos mucha cizaña y que las semillas no acaben de dar fruto, pero con la confianza de que, por la acción del Espiritu, el Reino de Dios va abriéndose paso.

XAVIER AYMERICH

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Proyecto de homilía

Hay, sin duda, semejanza y continuidad entre la parábola del sembrador, que leíamos el domingo pasado, y la de la cizaña. Pero el significado de ambas parábolas es totalmente diverso: lo que cuenta no son los éxitos aparentes del mal, sino el juicio último que Cristo pronunciará sobre las acciones de los hombres, cuando se hará la gran separación (Mt 13,40-43).

Es la expectativa escatológica del cristiano, que por una parte mantiene viva su esperanza, aun cuando parezca que la cizaña infesta el inmenso campo del mundo, y, por otra parte, le impide ponerse a lanzar anatemas contra el mundo, creando divisiones absurdas entre los hombres, como si unos estuvieran "ya" salvados y otros "ya" anticipadamente condenados.

El pasaje evangélico de hoy es largo. Presenta primero la parábola de la cizaña (13,14-30) seguida por las dos breves parábolas del grano de mostaza que se convierte en un gran arbusto (vv. 31-32) y del puñado de levadura que hace fermentar toda la masa (v. 33); ambas preanuncian la fuerza de expansión del Reino. Después se vuelve a tomar el tema de por qué Jesús hablaba en parábolas y, finalmente, tenemos la explicación de la parábola de la cizaña, provocada también por los apóstoles, que no habían captado su significado.

En la parábola de la cizaña tenemos una sobreposición de dos significados: uno cristológico y otro exhortatorio- los dos conectados entre sí. El primero es el que Jesús quiso dar directamente; el segundo debe haber sido más bien fruto de la reflexión de la primera comunidad cristiana.

Con sus milagros y con el anuncio de la Buena Nueva del Reino, Jesús había hecho nacer a su alrededor una gran expectación mesiánica, y, según el anuncio de los profetas, el Mesías debería reunir junto a Él una comunidad de santos y puros (Cfr. ls 60,21). Pero alrededor de Jesús no se había formado ninguna comunidad de "santos": sus apóstoles eran gente muy ordinaria y sus enemigos lo denigraban como "amigo de publicanos y pecadores". La separación espectacular de malvados y justos, que esperaba gran parte de la literatura intertestamentaria para el tiempo del Mesías, no se había realizado.

Precisamente contra esa expectativa 'justicialista' pronuncia Jesús esta parábola. Él es el Mesías; pero el tiempo del Mesías es un tiempo de salvación y no de juicio (Cfr. Jn 3,17); por eso tendrá que haber una posibilidad concreta de salvación ofresida a todo ser humano. En este sentido, no es un mal que la cizaña crezca junto con el buen grano; es más bien un signo de la benevolencia de Dios.

En cambio, la explicación de la parábola (vv. 37-43) parece reflejar la experiencia de la comunidad cristiana primitiva a la que se dirige Mateo. Parece que aquí el acento no está tanto en la convivencia 'actual' del bien y del mal; sino que se ha desplazado hacia el último juicio, tema que parece estar muy en el corazón del primer evangelista (Cfr. 25,31-46).

Si en aquella comunidad a la que se dirige San Mateo hay cristianos que son incoherentes con su fe y aun dan escándalo a los demás, había que recordarles que la pertenencia a la Iglesia no es por si sola un criterio de salvación. Llegará el momento en que se revelará el bien y el mal que hay en cada uno de nosotros, y cada uno recibirá según sus obras.

También la primera lectura nos pone ante los ojos el amor de Dios, que soporta el mal no por debilidad, sino porque tiene todo poder y quiere usarlo para inducir a los hombres a que se orienten hacia Él. De esa manera nos da también ejemplo a nosotros, que somos su pueblo.

El Señor, que se nos hace presente en nuestra celebración de la Eucaristía, quiere comunicarnos ese espíritu de tolerancia y de misericordia de que nos habla la parábola de la cizaña.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

LA LEVADURA ES... PARA FERMENTAR