XVII DOMINGO ORDINARIO
26 de julio 2009, Ciclo B

5 Panes y 2 pescados

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Proyecto de homilía     Dios Hoy




Casulla Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 67,6.7.36

Adoremos a Dios en su santo templo. El nos hace habitar juntos en su casa. El es la fuerza y el poder de su pueblo.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Padre santo y todopoderoso, protector de los que en ti confían, ten misericordia de nosotros y enséñanos a usar con sabiduría de los bienes de la tierra, a fin de que no nos impidan alcanzar los del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

Comerán y todavía sobrará.

Del segundo libro de los Reyes: 4,42-44

En aquellos días, llegó de Baal-Salisá un hombre que traía para el siervo de Dios, Eliseo, como primicias, veinte panes de cebada y grano tierno en espiga.

Entonces Eliseo dijo a su criado: "Dáselos a la gente para que coman". Pero él le respondió: "¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?"

Eliseo insistió: "Dáselos a la gente para que coman, porque esto dice el Señor: 'Comerán todos y sobrará' ".

El criado repartió los panes a la gente; todos comieron y todavía sobró, como había dicho el Señor.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 144

R/. Bendeciré al Señor eternamente.

Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan. Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas. R/.

A ti, Señor, sus ojos vuelven todos y tú los alimentas a su tiempo. Abres, Señor, tus manos generosas y cuantos viven quedan satisfechos. R/.

Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras. No está lejos de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor de quien lo invoca. R/.

SEGUNDA LECTURA Un solo cuerpo, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.

De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 4,1-6

Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como también una sola es la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Lc 7,16

R/. Aleluya, aleluya.

Un gran profeta ha surgido entre nosotros, Dios ha visitado a su pueblo. R/.

EVANGELIO

Jesús distribuyó el pan a los que estaban sentados, hasta que se saciaron.

+ Del santo Evangelio según san Juan: 6,1-15

En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: "Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan". Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?" Jesús le respondió: "Díganle a la gente que se siente". En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien". Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: "Éste es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo". Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.
Palabra del Señor.

Se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, estos dones que tu generosidad ha puesto en nuestras manos, y concédenos que este sacrificio santifique toda nuestra vida y nos conduzca a la felicitad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 102,2

Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus muchos beneficios.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, que esta Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, nos ayude a corresponder al don inefable de su amor y a procurar cada día nuestra salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Tempestad

PAN QUE SE COMPARTE

Jesús está en el monte con sus discípulos. La gente, necesitada y hambrienta, lo busca y lo sigue, pues sabe que él ha realizado signos y ha curado a muchos enfermos. Jesús, al ver esa multitud, se compadece y pregunta a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?". Felipe, tal vez con un exceso de sentido común, hace ver que no tienen dinero para comprar pan: "Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan". Andrés, quizá tímidamente, interviene: "Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?". Jesús no hace ningún comentario sobre la poca cantidad, se dirige a sus discípulos y les da este mandato: "Díganle a la gente que se siente". Hacer que se sienten para comer es tratar a estos hombres y mujeres como seres libres y con dignidad, no como siervos, obligados a tomar sus alimentos de pie y con premura para estar a disposición de su amo. Jesús toma el poco alimento que tenían, da gracias y lo reparte. Los panes y los pescados alcanzan para todos; el amor que anima el gesto no tiene límites. Es aquí donde se da el milagro del compartir; un milagro que consiste en poner en las manos de Jesús lo poco que se tiene, para que él lo parta y comparta a favor del pueblo. Jesús forma un pueblo de una muchedumbre dispersa. Jesús no quiere partir de la nada para construir el Reino; quiere partir de nosotros, de lo poco o mucho que tenemos. Aunque le digamos: "Es que es muy poco lo que tengo..." "es que yo no sé..." "es que me da pena." Jesús nos dice una y otra vez: 'Dame lo que eres y lo que tienes, por poco que sea, porque eso me sirve para la salvación de todo un pueblo'.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: 2 Reyes 4,42-44

En el segundo libro de los Reyes los relatos de los milagros de Eliseo son un fuerte argumento contra el sincretismo religioso que vivía Israel, que recurría a Baal -divinidad cananea de la fertilidad- y no a Yahvé, para obtener el pan, el agua, el aceite y los frutos de la tierra. El milagro del profeta pone de manifiesto el poder de Yahvé, el único que hace fértil la tierra y da la vida a su pueblo. A través de la fe del profeta se hace presente también el poder y la fidelidad de Dios en una situación límite, en donde los medios humanos son escasos y las capacidades del hombre resultan insuficientes.

El texto subraya la voluntad de Dios de dar de comer a aquel grupo que está con el profeta, a pesar de la poca provisión de panes con que cuentan (v. 42). Eliseo no es un mago, es un "siervo de Dios", que actúa siempre en obediencia al Señor. Es un creyente fiel y un profeta. Por eso, ante la duda de su criado ("¿Qué hago yo con esto para cien personas?"), insiste: "Dáselos a la gente para que coman. Porque esto dice el Señor: Comerán todos y sobrará" (v. 43). Y así sucedió: "El criado repartió los panes a la gente; todos comieron y todavía sobró, como había dicho el Señor" (v. 44).

* 2ª lectura: Efesios 4,1-6

Para el autor de la Carta a los efesios, la comunidad cristiana vive "una vida digna del llamamiento que han recibido" (v. 1), cuando su existencia está enraizada en el amor y la unidad de la fe. A la raíz del amor concreto y de la unidad de la fe se encuentra el misterio de la Trinidad, como fuente de vida y de comunión (vv. 4-6). La unidad en la fe y en el amor no es sólo una exigencia ético-pastoral, sino el reflejo de la misma unidad de Dios.

* 3ª lectura: Juan 6,1-15

El relato joánico contiene un dato cronológico importante: "estaba cerca la Pascua, la festividad de los judíos" (v. 4). Es significativo también el escenario: Jesús, igual que Moisés e Israel, ha atravesado "el mar" (cfr. Ex 14,1-31) y subió a un "monte", el espacio en donde se le dio la Ley a Israel (Cfr. Ex 19,20.24) (v. 3). Juan nos orienta a interpretar la acción-signo que está por realizar Jesús a la luz del evento liberador de la pascua hebrea. Jesús al ver que mucha gente acudía a él, toma la iniciativa de darles de comer, preguntándole a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" (v. 5). Como es usual en el Cuarto evangelio, la frase evoca un sentido misterioso más profundo: la imposibilidad del hombre para procurarse el "verdadero" pan que ofrecerá Jesús y que es él mismo. El evangelista añade, en efecto, que Jesús "sabía lo que iba a hacer" (v. 6). un "hacer" que va más allá de la multiplicación de los panes. Jesús da mucho más que unos panes que sacian materialmente. Da la vida eterna a los hombres (Jn 10,28), a través de las palabras que ha oído del Padre (Jn 15,16) y de su propia persona entregada a la muerte en su gesto supremo de amor hasta el extremo (Jn 13,1).

Jesús ordena que todos se sienten, como invitando a una mesa común que él mismo va a servir (v. 10). El verbo griego utilizado indica que la gente se "reclina" para comer, como en los grandes banquetes de la época. Los gestos de Jesús (tomar el pan, dar gracias, repartirlo) evocan la última cena con sus discípulos, en la que instituyó el sacramento eucarístico. El mismo reparte el pan, él es el que da de comer a la multitud (no los discípulos, como en los evangelios sinópticos). Juan quiere subrayar el misterio que se encierra en el "signo" realizado por Jesús: aquel pan distribuido gratuitamente representa a Jesús mismo que da su vida (Jn 6,40; 10,17), para dar vida abundante (Jn 10,10), vida eterna (Jn 6,47).

Jesús ordena que recojan lo sobrante para que nada se pierda (v. 12), pues aquel alimento significa también la incorruptibilidad del don de Dios y de la vida que da Jesús a los hombres. Al final Jesús es aclamado por la gente como el profeta que debía venir al mundo, semejante a Moisés (v. 14; Cfr. Deut 18,18). Quieren llevárselo para hacerlo rey, pero Jesús se retira a la montaña, él solo. La gente no ha captado totalmente el misterio encerrado en el signo. Jesús, al final, está solo en lo alto, un espacio que representa el mundo de Dios. Jesús recibe gloria del Padre, no de los hombres.

Aquellos panes representan a Jesús que dará como pan su misma carne para la vida del mundo (Jn 6,51). Él es "el pan que ha bajado del cielo, para que, quien lo coma, no muera" (Jn 6,50).

SILVIO JOSÉ BAEZ

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Orientaciones para la celebración

LOS DOMINGOS DE SAN JUAN

A partir de hoy, y durante cinco domingos, el leccionario interrumpe la lectura del evangelio de Marcos para leer casi íntegro el capítulo 6 de san Juan: la multiplicación de los panes y el discurso-catequesis de Jesús sobre el Pan de la Vida que es él.

Si hubiéramos seguido a Marcos, después de la escena del domingo pasado, en que Jesús se compadecía de la multitud "porque andaban como ovejas sin pastor", hubiéramos leído la multiplicación de los panes. Pero, teniendo en cuenta que el de Marcos es el evangelio más corto, se ha preferido leer estos domingos este mismo episodio pero según san Juan, que lo narra con más detención y simbolismo.

Será preferible ofrecer en la homilía un comentario a la primera y tercera lecturas, que están muy bien relacionadas. Además, como quiera que este capítulo de Juan durará varios domingos, será bueno no adelantar cada domingo lo que el texto desarrollará en los siguientes. Hoy (dom. 17), por ejemplo, leemos el milagro de la multiplicación de los panes; después (dom. 18) Jesús responde a los que lo buscan, que Él es el "pan de la vida"; pero (dom. 19) se necesita la fe para reconocer a Cristo como el "pan que ha bajado del cielo"; para pasar (dom. 20) a hablar con claridad de la Eucaristía, y terminar (dom. 21 ) con las reacciones de sus discípulos.

El pasaje de efesios, con su mensaje de unidad y fraternidad, puede motivar la oración universal y el gesto de la paz antes de comulgar.

DIOS DA DE COMER A LOS HAMBRIENTOS

La primera lectura, como siempre, nos prepara para captar en relieve, desde la perspectiva del Antiguo Testamento, la escena del evangelio. A Eliseo le regalan unos panes y él, en seguida, piensa en darlos a la gente. Y aunque su criado se muestra escéptico de que alcancen para todos, "comieron y todavía sobró". A la generosidad del profeta responde Dios con un mayor gesto de generosidad por su parte. Como nos hace repetir el salmo, "abres, Señor, tus manos generosas y cuantos viven quedan satisfechos".

En el evangelio, es Jesús quien multiplica los panes y los peces para alimentar a la multitud. La gente, con intuición lógica, interpreta el signo en su justa dirección: "Éste es, en verdad, el profeta que había de venir al mundo". Jesús tiene que huir para que no lo proclamen rey. No quiere que se queden en el pan material. Dios les ha preparado otro Pan más importante, y así lo anunciará el día siguiente en la sinagoga.

COMER A CRISTO Y DAR DE COMER A LOS DEMÁS

Eliseo comparte sus panes con todos. El joven del evangelio pone a disposición de Jesús sus cinco panecillos de cebada y sus dos pescados. No parecen muchos. Pero se produce el milagro. Es una de las lecciones más claras que Jesús nos ha dado a sus seguidores: no ser egoístas, sino solidarios, saber compartir. Saber damos cuenta de que alguien, a nuestro lado, tiene hambre. "Me dieron de comer, me dieron de beber". No como el rico Epulón, que ignoró que a la puerta de su casa tenía un pobre que se moría de hambre. "A mí me lo hicieron".

Todos tenemos cosas que compartir con los demás. En lo económico. En lo cultural. En lo religioso. Y eso con los del Tercer Mundo, pero también con los más cercanos, comenzando por nuestra familia o comunidad. Siempre hay personas que pasan alguna clase de hambre y se sienten solas: ancianos, enfermos, forasteros, discapacitados. Que muchas veces no piden tanto pan material sino atención, tiempo, compañía, una mano amiga, un rostro acogedor.

Cuando nos mostramos solidarios del dolor o de la necesidad de los demás -en el terreno de la sanidad, de la enseñanza, de las misiones, de la asistencia social, del voluntariado, de la atención a los marginados- es cuando mejor mostramos que somos seguidores de ese Jesús que sintió compasión de los que sufrían. Y que nunca pasaba al lado de los que lo necesitaban sin atenderlos. Los cristianos hemos de ser evangelizadores, sí. Pero también, como Jesús, tenemos que dar de comer y atender humanamente, e intentar remediar las diversas clases de hambre que padecen hoy las personas. Y no vale decir que con cinco panes no podemos hacer nada, y que nosotros no podemos remediar todos los males del mundo. No hace falta que hagamos milagros. Si cada uno aporta lo que puede, se irá mejorando el mundo y encendiendo un poco la esperanza a nuestro alrededor.

En la Eucaristía recibimos el Pan que nos da Cristo, que es él mismo, el "Cuerpo que será entregado por". Pero, como dice el Catecismo, "la Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres" (CCE 1397). Y puede haber muchos pobres y hambrientos a nuestro lado, empezando por la propia familia.

J. ALDAZÁBAL

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Proyecto de homilía

A partir de este domingo y hasta el domingo XXI del tiempo ordinario, se intercalarán lecturas del capítulo 6 del evangelio de San Juan (también porque el evangelio de Marcos es más breve que los de los otros dos sinópticos, y no alcanzaría para todos los domingos). En este capítulo, San Juan vincula Eucaristía y cristología.

La ocasión para esta inserción eucarística la ofrece el milagro de la multiplicación de los panes, con el que se debía continuar la lectura evangélica del pasado domingo. Hoy se nos presenta ese milagro, pero según el relato de San Juan, para quien este milagro es un "signo"; con lo que quiere decir que el creyente debe ir más allá del acontecimiento en cuanto tal, y captar la dimensión de 'mensaje' que él contiene. El milagro se convierte así en una catequesis sobre Cristo como "Pan de Vida".

Un modelo literario de este relato de San Juan lo encontramos en el esbozo que nos ofrece el ciclo sobre el profeta Eliseo, en el Segundo Libro de los Reyes (primera lectura). En los diversos detalles de este breve relato se percibe la re-lectura que la teología joánica y la liturgia de hoy llevan a cabo sobre este acontecimiento de la vida del antiguo profeta de Israel. Cristo, en su calidad de profeta-pastor prepara con plenitud la mesa que saciará definitivamente el hambre del ser humano: su búsqueda de Dios, siempre antigua y jamás plenamente alcanzada.

Este "signo" de Jesús revela, según el autor del cuarto evangelio, a Cristo y su misterio. De hecho, el nombre de Jesús es repetido seis veces, mientras que la multitud y los discípulos quedan en el trasfondo de la escena. Las objeciones de los discípulos manifiestan, más bien, su radical incomprensión de Cristo; pues se quedan en la superficie de los acontecimientos, y la reacción final de la multitud, con su intento de politizar la figura de Jesús, muestra también la pobreza y limitación de su perspectiva, apegada a la concepción tradicional de un mesianismo político.

El milagro es, pues, una invitación a descubrir a Cristo y su misterio, su potencia salvadora y vital; una invitación a encontrar a Cristo en su Palabra y en su Eucaristía, sin instrumentalizarlo para otros fines o para otros intereses.

Si la Eucaristía domina ampliamente estos dos textos, el bautismo está en la base del pasaje de la Carta a los efesios, que encontramos en la segunda lectura. A los bautizados Pablo les recuerda su antiguo y constante llamado a edificar una Iglesia cuerpo de Cristo, como un todo bien unido, no fragmentado por divisiones o sectarismos. La fuente de esa unidad de la comunidad cristiana es la presencia del Espíritu, del Señor Jesús y del Padre (Ef 4, 4-6).

La participación en nuestra Eucaristía debe ayudarnos a comprender un poco mejor cada día el misterio de Cristo presente en nuestras vidas, y a edificar cada día mejor esa Iglesia unida y misionera.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

¿CON QUÉ COMPRAREMOS
PAN PARA QUE COMAN ÉSTOS?