
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 67,6.7.36 |
Adoremos a Dios en su santo templo. El nos hace habitar juntos en su casa. Él es la fuerza y el poder de su pueblo.
ORACIÓN COLECTA
Padre santo y todopoderoso, protector de los que en ti confían, ten misericordia de nosotros y enséñanos a usar con sabiduría de los bienes de la tierra, a fin de que no nos impidan alcanzar los del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Por haberme pedido sabiduría.
Del primer libro de los Reyes: 3,5-13
En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón en sueños y le dijo: "Salomón, pídeme lo que quieras, y yo te lo daré".
Salomón le respondió: "Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí, tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más que un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón, para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?"
Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo: "Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes, ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 118 |
R/. Yo amo, Señor, tus mandamientos.
A mí, Señor, lo que me toca
es cumplir tus preceptos.
Para mí valen más tus enseñanzas
que miles de monedas de oro y plata. R/.
Señor, que tu amor me consuele,
conforme a las promesas que me has hecho.
Muéstrame tu ternura y viviré,
porque en tu ley he puesto mi contento. R/.
Amo, Señor, tus mandamientos
más que el oro purísimo;
por eso tus preceptos son mi guía
y odio toda mentira. R/.
Tus preceptos, Señor, son admirables,
por eso yo los sigo.
La explicación de tu palabra da luz
y entendimiento a los sencillos. R/.
SEGUNDA LECTURA
Nos predestina para que reproduzcamos en nosotros mismos la imagen de su Hijo.
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 8,28-30
Hermanos: ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él, según su designio salvador.
En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Cfr Mt 11,25 |
R/. Aleluya, aleluya.
Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. R/.
EVANGELIO
Vende cuanto tiene y compra aquel campo.
Del santo Evangelio según san Mateo: 13,44-52
+ En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.
También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
¿Han entendido todo esto?" Ellos le contestaron: "Sí". Entonces él les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas".
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, estos dones que tu generosidad ha puesto en nuestras manos, y concédenos que este sacrificio santifique toda nuestra vida y nos conduzca a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio dominical
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Sal 102,2 |
Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus muchos beneficios.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor, que esta Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, nos ayude a corresponder al don inefable de su amor y a procurar cada día nuestra salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
LA APUESTA POR EL REINO
Jesús sigue hablando del Reino, a través de parábolas y comparaciones. Aquí nos sugiere ver el Reino como una apuesta. El Reino de los cielos -dice Jesús- es como un tesoro escondido o una perla preciosa que se nos ofrecen como una ocasión única. Para encontrar ese tesoro o conseguir esa perla, hay que dejar a un lado o desprendernos de algunas cosas, incluso "venderlo todo". Se trata de una apuesta en la que arriesgas, sacrificas, pero en la que confías que vas a ganar más. El Reino de Dios, para Jesús, es lo último y absoluto; a él consagró toda su vida. Eso que él vivió o está viviendo lo quiere comunicar a otros. Con estas parábolas invita a sus discípulos a tirarle a lo grande, a eso que supera todo bien.
Como en la parábola del trigo y la cizaña, Jesús habla también de una red que recoge toda clase de peces: buenos y malos. Con esto Jesús invita a saber distinguir y separar lo bueno de lo malo, lo que nos lleva a la vida de lo que nos conduce a la muerte.
Encontrar el "tesoro escondido" o la "perla preciosa" no es sólo fruto de un trabajo calculado. Es cuestión de "suerte", ya que es algo gratuito, es un don. De nuestra parte está el ir sacando de ese tesoro "las cosas nuevas y las cosas antiguas". Lo que hay de promesa (lo viejo) y lo que hay de cumplimiento (lo nuevo).
Reflexionemos: ¿Qué es aquello por lo que estoy dispuesto a dar la vida? ¿De qué manera discierno, distingo, evalúo mis acciones? ¿Qué tan consistente soy en mi compromiso y apuesta por el Reino?
* 1ª lectura: 1 Reyes 3,5-13
1 Reyes 3-5 es un conjunto literario que ofrece una gran variedad de datos sobre la sabiduría del rey Salomón. Aunque mucho de lo que se afirma probablemente tiene carácter legendario, ciertamente a la raíz hay una tradición auténtica en torno a la figura de este rey sapiente, que poseyó cualidades intelectuales notables, promovió el arte y las letras y abrió el pequeño estado de Israel a un horizonte cosmopolita a través de relaciones políticas, económicas y culturales con los pueblos vecinos.
Una de las cualidades de Salomón que los textos bíblicos subrayan es la sabiduría, entendida como capacidad para discernil y juzgar. Según una práctica religiosa conocida en el antiguo medio oriente, Salomón, recién elegido rey, se retira a un santuario, donde ofrece un sacrificio y tiene una visión en sueños en la que Dios le habla. En el contexto de 1 Re 3-5, esta aparición divina tiene la función de legitimar de parte de Dios la elección de Salomón.
Dios se presenta dispuesto a conceder al rey cualquier cosa que pida. La respuesta de Salomón refleja la conciencia de su responsabilidad frente al destino de la nación y la aceptación de su incapacidad para llevar a cabo una misión que desborda sus posibilidades humanas (vv. 7-8). A la confesión inicial de pequeñez sigue la petición: "Te pido que me concedas sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal" (v. 9). Salomón pide una sola cosa: un corazón que viva a la escucha de los hombres y de Dios, con apertura de mente y capacidad de discernimiento entre el bien y el mal. AI Señor le agrada la petición del rey y le concede más de lo que ha pedido. La sabiduría, que en la Blblia es el arte de vivir, es un don y una conquista que hay qué buscar y recibir.* 2ª lectura: Romanos 8,28-30
Pablo afirma que todo sirve para el bien de los que aman a Dios (v. 2X). Utiliza el verbo griego synergein, cooperar, para indicar que "todo", es decir, incluso las situaciones de sufrimiento y de impotencia que padecen los creyentes, ayuda a que se realice el designio divino. Tales situaciones, en lugar de poner en duda el plan de Dios, fortalecen la perseverancia de quienes lo aman. La meta final de su plan es "el bien", sinónimo de salvación, que incluye no sólo a los creyentes sino a todos los hombres.
El designio de Dios es uno sólo: "que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos" (v. 29), a través de un proceso salvador en cuatro fases. Así, a los que predestino (los ha amado gratuitamente desde siempre), los llamó (les ha dado la existencia), los justificó (les ha concedido la gracia del perdón por la fe) y los glorificó (los ha predestinado a la comunión eterna con él) (v. 30).
* 3ª lectura: Mateo 13,44-52
El "tesoro" y "la perla" (Mt 13,44-45) evocan realidades de un valor incalculable, ante las cuales se debe sacrificar todo, sin perder tiempo y actuando con gran habilidad. Es sabio el pobre jornalero que encuentra un tesoro escondido en el campo y vende todo por comprar aquel campo (Mt 13,44); es sabio el rico comerciante de piedras preciosas que ha intuido con su habilidad que en la perla del bazar hay un valor inestimable y vende todo por comprarla (Mt 13,45). El punto fundamental de las dos parábolas no es tanto el descubrimiento del tesoro y la búsqueda de la piedra preciosa, sino la decisión gozosa que toman los dos protagonistas, de vender todo lo que tienen por comprar lo que han descubierto o encontrado (v. 44).
En la tradición bíblica sapiencial la imagen del "tesoro" y la "perla muy valiosa" designan el valor incomparable de la sabiduría, que hay que buscar "como procuras el dinero" y desenterrar "como un tesoro" (Prov 2,4); "pues (la sabiduría) es más rentable que la plata, más provechosa que el oro" (Prov 3,14). El Reino de Dios proclamado por Jesús es la verdadera sabiduría, la opción que lleva a la plenitud de la vida. Por eso, para Jesús el hombre sabio es el que ha encontrado el Reino y lo acoge como el valor fundamental e indispensable, ante el cual no antepone nada y frente al cual somete todo lo demás. Es sabio quien acoge en su vida el Reino, es decir, el proyecto y los caminos de Dios; es sabio quien sabe decidir libremente, según la escala de valores del Evangelio.
La parábola de la red y la pesca (vv 47-52) enseña que acoger el Reino de Dios compromete toda la existencia, hasta el final, en el instante en que justos e injustos serán definitivamente separados por el juicio divino y no según esquemas humanos. Es un compromiso que exige al discípulo cristiano un continuo ejercicio de sabiduría (inteligencia y corazón) a través de decisiones libres y maduras para acoger siempre y en todo lugar la voluntad de Dios.
Jesús propone como modelo para el discípulo cristiano, a un "escriba instruido" o "maestro de la ley" que se convierte al Reino y logra de este modo armonizar con sabiduría las antiguas promesas bíblicas y la novedad mesiánica revelada y realizada por Jesús (v. 52). Es decir, que se empeña en un trabajo de síntesis vital, sin despreciar los grandes valores tradicionales, pero siempre abierto y dócil a los caminos imprevisibles de Dios.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
¿HAN ENTENDIDO TODO ESTO?
Acabamos la lectura del capítulo 13 de san Mateo, que nos ha ocupado tres domingos, y durante los que hemos ido siguiendo la enseñanza de Jesús en parábolas. Las tres últimas, que leemos hoy, son la parábola del tesoro escondido, la de la perla valiosa, y la de la red que recoge peces buenos y malos. Con este recurso literario, Jesús pretende hacer entender pedagógicamente, con imágenes populares tomadas de la vida cotidiana, la realidad del Reino de Dios. Pero también es cierto que no siempre las parábolas se entendían a la primera, a menudo el mismo Jesús tiene que explicarlas, especialmente a los discípulos. Por eso es significativo que hoy Jesús, al acabar su enseñanza en parábolas, pregunte a los discípulos: "¿Han entendido todo esto? Ellos responden que sí. Ojalá también nosotros podamos decir que hemos entendido, y sobre todo que hemos aplicado a nuestra vida, las enseñanzas de Jesús en las parábolas del Reino.
LA VERDADERA SABIDURÍA
La primera lectura de hoy, del primer libro de los Reyes, nos presenta a Salomón rezando a Dios. Y Salomón, consciente de ser un rey joven e inexperto, no le pide a Dios tener una larga vida, ni riquezas, ni victorias ante el enemigo, sino que le pide discernimiento y prudencia para gobernar: "Te pido que me concedas sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal". Ciertamente, Salomón da ejemplo de saber escoger dónde se encuentra la verdadera sabiduría; a Dios le agrada esa petición y le concede lo que pide.
En la misma línea, las dos primeras parábolas del evangelio resaltan el valor incomparable del Reino de Dios: es como un tesoro escondido en un campo, o como una perla de mucho valor. Aquel que los encuentra, lo deja todo para conseguirlos. Ciertamente, el que descubre y llega a conocer el Reino de Dios alcanza una alegría inmensa, una plenitud incomparable. Pero también es cierto que para tener acceso a ello hay que dejar otras cosas, hay que escoger lo fundamental.
LO PRINCIPAL Y LO SECUNDARIO
Hay que saber, pues, qué es lo principal y qué es lo secundario. Para un cristiano lo que se refiere a Dios tiene la primacía, y muchas otras cosas, quizá también buenas, pasan a segundo término. En nuestro mundo tan materialista y secularizado, hay mucha gente que pone su interés en valores y bienes que quizá lucen a primera vista, pero que a la larga resultan superficiales y caducos. En cambio, la fe nos propone unos valores más profundos, más espirituales, que quizás a primera vista no son tan llamativos, y que son más difíciles de conseguir, pero que después son los que nos pueden llevar a la felicidad más auténtica. Para conseguirlos, hay que saber discernir, como Salomón. Hay que saber escoger o priorizar, como aquellos hombres de la parábola que venden todo lo que tienen para comprar aquello que han descubierto y que vale más que todo. Hay que saber decir, con el salmista: "Para mí valen más tus enseñanzas que miles de monedas de oro y plata... Amo, Señor, tus mandamientos más que el oro purísimo".
UNA PERSPECTIVA ETERNA
Al fin y al cabo, nuestra fe nos está enseñando a mirar más allá de la realidad inmediata. La tercera de las parábolas del evangelio de hoy, la de la red que recoge a la vez peces buenos y malos, que no serán separados hasta más tarde, va en la misma linea de la parábola del trigo y la cizaña del domingo pasado. Ciertamente, ahora y aquí conviven el bien y el mal, la justicia y la injusticia, y hay que ser pacientes. No podemos valorar las cosas sólo por los resultados inmediatos, no podemos juzgar por las apariencias del presente. Al final de los bempos Dios separará, y entonces se verá el verdadero resultado: para los justos, la felicidad eterna, para los malos, "el llanto y la desesperación" (imagen biblica para mostrar el contraste con la felicidad de los justos).
En la segunda lectura, san Pablo explica también a los romanos cuál es la perspectiva del creyente: "Dios... los predestina para que reproduzcan en sí mismos la Imagen de su propio Hijo... A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica". Y es en esa misma perspectiva que nosotros vivimos el presente, pero siempre mirando más allá. Tal como hemos pedido hoy en la oración colecta: "Ensénanos a usar con sabiduría de los bienes de la tierra, a fin de que no nos impidan alcanzar los del cielo". O en la oración sobre las ofrendas: "que este sacrificio santifique toda nuestra vida y nos conduzca a la felicidad eterna".
XAVIER AYMERICH
La liturgia de este domingo nos presenta las tres últimas parábolas del capítulo 13 del evangelio de San Mateo. De ellas, la que se refiere a la red echada al mar, que recoge toda clase de peces, es un poco marginal con respecto al tema global que se desarrolla en las tres lecturas de la Misa. Este se concentra más bien en la preciosidad inestimable del "Reino" o de la palabra del Señor, por los cuales conviene arriesgar todo lo que tenemos y somos. Nada podría ser más oneroso que dejar de conquistar el "Reino".
Pero también la parábola de la red toma su relieve particular en esta perspectiva de fondo. En esa parábola se pone el acento en la fase escatólogica de selección y separación definitiva entre los buenos y los malos, y eso es como una advertencia a los lectores del evangelio para que hagan su "opción" radical por Cristo, antes de que tenga lugar ese juicio último e irreversible.
La primera lectura nos presenta la oración que Salomón hace a Dios al principio de su reinado, la cual muestra el deseo del joven rey por lo que más vale en la vida de todo ser humano, y sobre todo en la vida de quien tiene responsabilidad con respecto a los demás: la búsqueda de la "sabiduría" y del "discernimiento". La riqueza o el poder no hacen más apreciable a quien gobierna o preside; lo hacen quizá más detestable, si no posee en primer lugar sabiduría y bondad, que lo enseñen a usar bien del poder. Es la historia de siempre en la sociedad civil y también en la Iglesia.
En esa oración, Salomón ha intuido lo que es esencial no sólo en la vida de un rey sino en la vida de cualquier ser humano: que todo viene de Dios; especialmente la docilidad del corazón, para saber "distinguir el bien del mal" y para descubrir lo que es de ayuda a los demás. Por eso Dios lo alaba, porque no pidió "ni riqueza, ni larga vida, ni victoria sobre sus enemigos" (1 Re 3,11 ); le concede "un corazón sabio e inteligente" y ¡también las otras cosas que no le pidió! (vv.12-13).
Dios no quiere que, para buscarlo a El, huyamos de las cosas del mundo o nos desinteresemos de los demás. Quiere únicamente que "usemos con sabiduría" de las cosas creadas, descubriendo en todo su huella y ayudando a los hermanos a caminar en su busca.
Las dos primeras parábolas del pasaje evangélico iluminan todavía mejor lo que estamos diciendo. Las dos parábolas quieren transmitir la misma enseñanza, reforzándola naturalmente con la técnica de la repetición.
El punto decisivo en estas parábolas no es simplemente la renuncia por parte de los protagonistas a todo lo que poseían, sino el motivo de tal decisión: el haber quedado deslumbrados por lo que han descubierto. Eso pasa con el Reino de Dios. La buena nueva de su llegada deslumbra, da una grande alegría, orienta toda la vida hacia el cumplimiento del proyecto de Dios, sugiere una entrega absoluta. Lo realmente decisivo en las parábolas es precisamente el valor para arriesgarse y tomar una decisión, ante un descubrimiento de valor excepcional. Y el descubrimiento es precisamente Él, Cristo, quien con su presencia, con sus acciones salvadoras, con su doctrina, con la invitación a seguirlo, representa y es el Reino.
También la breve pero densa lectura paulina (segunda lectura) nos invita a reflexionar sobre lo precioso que es la vida cristiana, que es un don exclusivo del amor de Dios en Cristo.
Que nuestra participación en la Eucaristía nos ayude a comprender un poco mejor la grandeza del don que Dios nos hace al darnos la fe, y nos ayude a orientar cada vez mejor hacia Él toda nuestra vida.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
UN EVANGELIO PARA "PECES GRANDES"
Es decir, un evangelio que nos tiene que hacer pensar a todos nosotros los "peces grandes" que nos comemos a los "peces chicos":
Y decimos que éste, el de hoy, es un evangelio para "peces grandes", porque esta clase de peces son de los que van a quedar fuera de la cesta cuando llegue la hora de que los pescadores saquen la red a la playa y separen los peces buenos de los malos.
Y no es cosa de que vayamos a ser arrojados "al horno encendido" .