
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 69,2.6 |
Dios mío, ven en mi ayuda; Señor, date prisa en socorrerme. Tú eres mi auxilio y mi salvación; Señor, no tardes.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Señor, tú que eres nuestro creador y quien amorosamente dispone toda nuestra vida, renuévanos conforme a la imagen de tu Hijo y ayúdanos a conservar siempre tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Voy a hacer que llueva pan del cielo.
Del libro del Éxodo: 16,2-4.12-15
En aquellos días, toda la comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: "Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud".
Entonces dijo el Señor a Moisés: "Voy a hacer que llueva pan del cielo. Que el pueblo salga a recoger cada día lo que necesita, pues quiero probar si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles de parte mía: 'Por la tarde comerán carne y por la mañana se hartarán de pan, para que sepan que yo soy el Señor, su Dios' ".
Aquella misma tarde, una bandada de codornices cubrió el campamento. A la mañana siguiente había en torno a él una capa de rocío que, al evaporarse, dejó el suelo cubierto con una especie de polvo blanco semejante a la escarcha. Al ver eso, los israelitas se dijeron unos a otros: "¿Qué es esto?", pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: "Este es el pan que el Señor les da por alimento".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 77 |
R/. El Señor les dio pan del cielo.
Cuanto hemos escuchado y conocemos
del poder del Señor y de su gloria,
cuanto nos han narrado nuestros padres,
nuestros hijos lo oirán de nuestra boca. R/.
A las nubes mandó desde lo alto
que abrieran las compuertas de los cielos;
hizo llover maná sobre su pueblo,
trigo celeste envió como alimento. R/.
Así el hombre comió pan de los ángeles;
Dios le dio de comer en abundancia
y luego los condujo hasta la tierra
y el monte que su diestra conquistara. R/.
SEGUNDA LECTURA
Revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios.
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 4,17.20-24
Hermanos: Declaro y doy testimonio en el Señor, de que no deben ustedes vivir como los paganos, que proceden conforme a lo vano de sus criterios. Esto no es lo que ustedes han aprendido de Cristo; han oído hablar de él y en él han sido adoctrinados, conforme a la verdad de Jesús. El les ha enseñado a abandonar su antiguo modo de vivir, ese viejo yo, corrompido por deseos de placer.
Dejen que el Espíritu renueve su mente y revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios, en la justicia y en la santidad de la verdad.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Mt 4,4 |
R/. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios. R/.
EVANGELIO
El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.
+ Del santo Evangelio según san Juan: 6,24-35
En aquel tiempo, cuando la gente vio que en aquella parte del lago no estaban Jesús ni sus discípulos, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste acá?" Jesús les contestó: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello".
Ellos le dijeron: "¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?" Respondió Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado". Entonces la gente le preguntó a Jesús: "¿Qué signo vas a realizar tú, para que lo veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo".
Jesús les respondió: "Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo".
Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed".
Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Santifica, Señor, estos dones y, por medio del sacrificio de tu Hijo, transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario
Santo, Santo, Santo...
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Sab 16,20 |
Nos has enviado, Señor, un pan del cielo que encierra en sí toda delicia y satisface todos los gustos.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Protege, Señor, continuamente a quienes renuevas y fortaleces con esta Eucaristía y hazlos dignos de alcanzar la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
BUSCAR A JESÚS Y CREER EN ÉL
En el evangelio de este domingo nos encontramos con un grupo de personas que buscan a Jesús. El sabe por qué lo buscan: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse". Es vital para el ser humano saciar el hambre, buscar el alimento. Jesús, como lo podemos ver en otros pasajes del evangelio de Juan, se presenta como un hombre necesitado. A la samaritana le dice: "Dame de beber" (Jn 4,7). A Felipe le pregunta: "¿Dónde podríamos comprar pan para dar de comer a todos éstos?" (Jn 6,5). A esta gente necesitada, con hambre, Jesús la invita a buscar algo más que pan: "No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna...". Luego viene una pregunta de la gente: "¿Qué necesitamos para llevar acabo las obras de Dios?". A lo que responde Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado". El enviado del Padre, ya sabemos, es Jesús. Pero, ¿qué significa creer en Jesús? Anotemos algunas ideas para ir respondiendo a esta pregunta que ha de partir de la propia experiencia.
Creer en Jesús:
- Es creer en el amor del Padre, en un Dios que se ha encarnado para salvarnos y darnos vida.
- Es creer en la historia como lugar privilegiado de la Revelación de Dios.
- Es creer en el Reino de Dios, proyecto al que Jesús consagró toda su vida y del que fue hablando en pequeños relatos (o parábolas), y hoy se traduce en libertad de hijos de Dios, justicia, solidaridad, vida plena...
- Es creer en Jesús como buena noticia para toda la humanidad, no sólo para un grupo de personas.
- Es ir muchas veces contra la corriente del mundo: Apostar por el hombre, cuando el mundo apuesta por el capital y la ganancia; apostar por el servicio, cuando el mundo busca la fama y el poder; apostar por un mundo más humano y por el Dios de la historia, cuando muchas voces han proclamado "el fin de la historia" y hablan de Dios como "el gran ausente".
* 1ª lectura: Éxodo 16,2-4.12-15
La primera gran parte del libro del Éxodo ha explicado la situación de esclavitud en que se encuentran los israelitas en Egipto y su liberación, que se produce por intervención de Dios y bajo el caudillaje de Moisés. A continuación (a partir de 15,22) empieza la narración de la larga peregrinación de Israel a través del desierto, hasta alcanzar la tierra prometida.
Una de las situaciones que se repite con frecuencia en esta etapa es la murmuración de los israelitas contra Moisés y contra Dios. Los israelitas experimentan las dificultades del camino por el desierto, y llegan a añorar la época en que eran esclavos. Estos relatos muestran la paciencia y la benevolencia de Dios para con el pueblo que él ha escogido.
El episodio del maná y de las codornices indica que Dios es quien alimenta al pueblo (el alimento viene del cielo) y que éste ha de poner en él toda su confianza. El hecho de recoger cada día tan sólo el alimento necesario es el signo de esa confianza, como también el hecho de respetar el descanso del sábado, día consagrado al Señor. El maná, que se ha relacionado con el fruto de una planta que crece en la península del Sinaí, se usa en varios textos bíblicos con valor simbólico.
* 2ª lectura: Efesios 4,17.20-24
En la parte exhortativa de la Carta a los efesios, el autor intenta estimular a los lectores para que saquen las consecuencias prácticas de su fe en Cristo. La nueva situación en que se encuentran ha de producir en ellos un cambio de vida radical. Se trata de abandonar los criterios y los comportamientos antiguos, de tipo idolátrico, y poner en práctica con coherencia y decisión las enseñanzas relacionadas con Cristo.
La imagen del vestido nuevo es frecuente en el Nuevo Testamento, sobre todo en contextos bautismales. No indica un simple cambio exterior, sino una profunda transformación interior, que comporta una existencia nueva, llamada a veces "el nuevo yo". Esta nueva identidad que recibe el creyente por su unión con Cristo ha de traducirse en un estilo de vida marcado por la justicia y la santidad.
* 3ª lectura: Juan 6,24-35
Después del relato de la multiplicación de los panes (Jn 6,1-15), el evangelio de Juan ha explicado el episodio de Jesús caminando sobre el agua (Jn 6,16-211, que también la tradición sinóptica sitúa en este mismo contexto. No obstante, lo que resulta nuevo y característico de Juan es el largo discurso de autorevelación de Jesús que viene a continuación, y que lo define como el verdadero pan de vida bajado del cielo. Para Juan, los milagros son "signos" prodigiosos que hablan de Jesús y revelan algún aspecto fundamental de su mensaje y de su identidad.
Se han propuesto muchas estructuras del discurso, a partir de criterios narrativas, discursivos, métricos, temáticos, etc. De hecho, como es frecuente en el evangelio de Juan, se trata de un texto en el que la exposición de ideas avanza "en espiral", lo cual produce una impresión de repetición y hace difícil descubrir en él una estructura precisa.
Las explicaciones de Jesús se producen en forma de diálogo, como respuesta a los comentarios o a las críticas de los diversos colectivos que intervienen en la narración. Desde el principio Jesús apunta hacia el significado profundo de los signos que realiza. La gente que busca a Jesús tan sólo porque ha comido y ha quedado saciada, no va más allá de la apariencia y no entiende el sentido del milagro. Es necesario ir más allá de las preocupaciones materiales y buscar el alimento que da la vida para siempre. Jesús es quien puede dar este alimento porque él ha sido enviado por Dios. La manera de recibir este alimento de vida consiste en creer en Jesús: cuando preguntan a Jesús qué obras hay que hacer, él responde que la única obra necesaria consiste en creer en él y recibirlo como enviado de Dios que es.
En todo el texto sigue subyacente la comparación entre Jesús y Moisés. La gente pide pruebas a Jesús para poder creer en él del mismo modo que habían creído en Moisés. Quieren que haga un milagro parecido al del maná, cuando los israelitas que andaban por el desierto guiados por Moisés recibieron un alimento prodigioso (Ex 16). La respuesta de Jesús viene a decir que el maná fue tan sólo un alimento corporal, que era necesario renovar cada día, mientras que él mismo es el verdadero alimento que puede apagar definitivamente el hambre y proporcionar la vida para siempre.
AGUSTÍN BORRELL
La Carta a los efesios, que leemos durante unos domingos, está llena de contenidos muy actuales para la comunidad. Esta vez habla del cambio de mentalidad que tendríamos que manifestar los cristianos, renovados por el Espíritu porque creemos en Cristo y hemos sido incorporados a él desde el Bautismo.
Pero en la homilía tal vez sea mejor seguir el filón del evangelio, apoyado por la primera lectura y el salmo. Porque no se pueden multiplicar los mensajes, y más en estos meses de verano.
"LES DIO PAN DEL CIELO"
El domingo pasado era el profeta Eliseo quien anticipaba de alguna manera la multiplicación de los panes por Jesús. Esta vez es Moisés, con su hermano Aarón, los que consiguen de Dios el alimento para los suyos en el desierto. De nuevo se prepara así el evangelio sobre el verdadero pan de la vida.
Ante una turba de gente a punto de amotinarse por la falta de alimentos, Moisés ruega a Dios, y Dios, como siempre, sale en ayuda de su pueblo, y hace que dos fenómenos "naturales" (la bandada de codornices emigrantes que caen extenuadas y se dejan coger, y el "maná", una especie de resina comestible que es producida por algunos árboles) lleguen a tiempo para calmar el hambre de los peregrinos por el desierto. Todos interpretarán el hecho como una clara ayuda por parte de Dios y le darán gracias.
El salmo 77 ha sido muy oportunamente elegido para comentar el hecho, porque es el que Jesús cita en su "catequesis" sobre el pan de la vida para hacer ver a sus oyentes la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es, sobre todo, el versículo que afirma: "les dio pan del cielo" (el famoso panem de coelo praestitisti eis" que cantábamos antes en la bendición eucarística) el que sirve de lazo de unión entre el episodio del desierto y el milagro de Jesús. El verdadero "pan del cielo" es el de Jesús.
"ES MI PADRE QUIEN LES DA EL VERDADERO PAN DEL CIELO"
Ante la gente maravillada por el milagro de los panes y también por el misterioso episodio del lago, Jesús aprovecha la ocasión para iniciar su catequesis sobre el pan de la vida, que irá progresando cada vez a niveles más profundos, como leeremos los dos domingos siguientes.
Toma pie precisamente del versículo citado del salmo 77, que sus mismos interlocutores le recuerdan: "Les dio a comer pan del cielo". Y de ahí sigue con su catequesis: Dios ha preparado para Israel, y para la humanidad, un pan más importante que el maná en el desierto. Ese Pan es él mismo, Jesús. Ya hoy resuena la gran frase que oiremos repetida en sucesivas lecturas: "Yo soy el pan de la vida".
El alimento de Moisés era figura y preparación, aunque fuera providencial. De ese pan material quiere Jesús que sus oyentes pasen a comprender el sentido del Pan espiritual que les va a dar: como cuando el ciego pide la luz para sus ojos, Jesús le da además la luz espiritual; y cuando la mujer de Samaria va por agua al pozo, Jesús le habla de otra agua que apaga de veras la sed.
TAMBIÉN NOSOTROS TENEMOS HAMBRE Y SED
Todos andamos caminando por el desierto, sujetos a los efectos del cansancio y del hambre y la sed. Hay muchas clases de hambre: de amor, de felicidad, de verdad, de seguridad, de sentido de la vida. Aunque también hay quien no parece tener hambre de nada o no sabe de qué la tiene. Sería una pena que nos conformáramos con un alimento "que se acaba", con un poco de "maná" que nos parece atrayente o con unas codornices que no aseguran nada para mañana. También a nosotros Jesús nos invita a buscar los valores últimos, no sólo los penúltimos. Los que "duran para la vida eterna", y no los que sacian el apetito un momento y luego vuelven a dar hambre y sed.
A los niños y a los jóvenes se les puede inculcar el aprecio de valores humanos que son buenos: salud, preparación técnica, prosperidad económica, éxito en el deporte o en los estudios. Pero hay otras clases de "pan" que también debieran apreciar, unos valores que pueden parecerles poco rentables a corto plazo, pero que son los que dan pleno sentido a la vida: la honradez, la fe en Cristo, la vida según su Evangelio, la actitud participativa en la vida de la comunidad, la disponibilidad para hacer el bien a los demás.
Sería triste que nuestros esfuerzos se dirigieran a unos bienes perecederos y descuidáramos los duraderos. Del pan con minúscula tendríamos que saber pasar -y enseñar a pasar- al Pan con mayúscula, como verdadero alimento para nuestro camino.
J. ALDAZÁBAL
El capítulo sexto del evangelio de San Juan tiene toda la apariencia de ser una relectura eucarística y cristológica del famoso relato del Éxodo sobre el maná; relato que encontramos en la primera lectura. Ya el libro de la Sabiduría había llevado a cabo un proceso semejante de reinterpretación, en la sección dedicada a la meditación sapiencial sobre el éxodo (cc. 11-19):
«Alimentaste a tu pueblo con manjar de ángeles, y les mandaste desde el cielo un pan que producía gran placer y satisfacía todos los gustos» (Sab 16,20).
Juan evoca trece veces en este capítulo la figura de Moisés, y el maná es presentado cinco veces como símbolo de referencia del "Pan de Vida". En el relato del Éxodo, el Señor usa la expresión "pan del cielo" (Ex 16,4) para referirse al maná, subrayando así su característica de don divino e invitando al lector a superar la simple curiosidad científica sobre la naturaleza de tal alimento.
El maná es en el AntiguoTestamento un símbolo complejo. Sirve como una prueba para verificar las actitudes que Israel está asumiendo en su caminar por el desierto (Ex 16,4). Es un símbolo de la Palabra de Dios, como se dirá en el Deuteronomio (8,2-3). Es señal milagrosa del amor divino, como sugieren ya el libro de la Sabiduría y varios salmos (Sal 17, 25; 105, 40). En la tradición judía, el maná será también el alimento de la época mesiánica y escatológica.
El 'discurso' de Jesús comienza con una contraposición vigorosa entre "el alimento perecedero" y el que "permanece para la vida eterna" (Jn 6, 27). La misma contraposición aparece con respecto al agua, en el diálogo de Jesús con la mujer samaritana (Jn 4,10-14).
A la antítesis de los alimentos sigue la de las obras. Moisés se había legitimado ante los israelitas por la 'obra' del maná. ¿Qué 'obra' presenta Jesús como prueba de su misión divina? - Jesús acepta el reto y proclama su superioridad sobre Moisés precisamente porque su 'obra' es autenticada por un "Pan de Dios, que baja del cielo" (Jn 6,32-33).
Llegamos así al centro teológico del pasaje, la auto proclamación del v. 35. Ese "Pan de Vida" es el mismo Cristo; puesto que Él es el que sacia el hambre y la sed de vida que todo ser humano lleva dentro de si. Y Jesús utiliza una fórmula que de alguna manera hace referencia a la definición que Dios da de sí mismo en el Éxodo: «Yo soy el que soy» (Ex 3,14). El ser humano, prisionero de su debilidad, no debe buscar ya una salvación limitada y relativa; debe acudir a Cristo, para no volver a tener hambre ni sed.
También la segunda lectura tiene como base un marcado contraste. El hombre viejo, símbolo del pasado de pecado, de soledad y de miseria, cede el paso, mediante la experiencia del bautismo, al hombre nuevo, transformado "en la justicia y en la verdadera santidad" (Ef 4,24). Es lo que escribía también San Pablo a los cristianos de Colosas: «Dejen lejos de su boca toda ira, maldad, maledicencia y obscenidades... Se han despojado del hombre viejo y se han revestido del hombre nuevo, que se renueva según la imagen de su Creador» (Col 3,7-10).
En nuestra celebración acudimos a Cristo, Pan de Vida, que nos nutre con el pan de su Palabra y de su Eucaristia. Así sacia Él nuestra hambre y nuestra sed más profundas. Así podremos realizar cada vez mejor el proyecto que Dios tiene para nosotros: "reproducir la imagen de su Hijo, para que sea Él el primogénito entre muchos hermanos" (Rom 8,29).
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
¿QUÉ SEÑAL VAMOS A REALIZAR
NOSOTROS PARA QUE NOS CREAN?