
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 69,2.6 |
Dios mío, ven en mi ayuda; Señor, date prisa en socorrerme. Tú eres mi auxilio y mi salvación; Señor, no tardes.
ORACIÓN COLECTA
Señor, tú que eres nuestro creador y quien amorosamente dispone toda nuestra vida, renuévanos conforme a la imagen de tu Hijo y ayúdanos a conservar siempre tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Vengan a comer.
Del libro del profeta Isaías: 55,1-3
Esto dice el Señor: "Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar.
¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta?
Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán.
Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 144 |
R/. Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus creaturas. R/.
A ti, Señor, sus ojos vuelven a todos
y tú los alimentas a su tiempo.
Abres, Señor, tus manos generosas
y cuantos viven quedan satisfechos. R/.
Siempre es justo el Señor en sus designios
y están llenas de amor todas sus obras.
No está lejos de aquellos que lo buscan;
muy cerca está el Señor, de quien lo invoca. R/.
SEGUNDA LECTURA
Nada Podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús.
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 8,35.37-39
Hermanos: ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?
Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Cfr Mt 11,25 |
R/. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios. R/.
EVANGELIO
Comieron todos hasta saciarse.
Del santo Evangelio según san Mateo: 14, 13-21
+ En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbrez se compadeció de ella y curó a los enfermos.
Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: "Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer". Pero Jesús les replicó: "No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer". Ellos le contestaron: "No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados". El les dijo: "Tráiganmelos".
Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Santifica, Señor, estos dones y por medio del sacrificio de tu Hijo, transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio dominical
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Jn 6,35 |
Yo soy el pan de vida, dice el Señor; el que venga a mí, no tendrá hambre; y el que crea en mí, no tendrá sed.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Protege, Señor, continuamente a quienes renuevas y fortaleces con esta Eucaristía y hazlos dignos de alcanzar la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
EL PAN Y EL PUEBLO
Jesús, después de lo sucedido con Juan el Bautista, busca un lugar apartado y tranquilo para estar a solas. La gente no lo deja. Hombres, mujeres y niños lo siguen por tierra. Pobres y enfermos lo buscan, se acercan a él. Jesús se compadece de esta muchedumbre tan necesitada. Escucha sus penas, cura sus enfermedades. Las horas pasan, empieza a oscurecer. Los discípulos se acercan a Jesús y le dicen: "Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer". A Jesús no le parece la mejor solución. Por eso dice a sus discípulos: "Denles ustedes de comer", que es otra forma de decir: alimenten, atiendan, sean padres de este pueblo. "No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados", dicen con pena los discípulos. "Tráiganmelos", les insta Jesús. Al ver esos panes y pescados, Jesús no hace ningún comentario sobre la poca cantidad o la calidad de éstos. Los toma en sus manos, pronuncia la bendición, parte el pan y se lo da a sus discípulos para que lo distribuyan. Es aquí donde se da el milagro de la multiplicación, un milagro que consiste en poner en las manos de Jesús lo poco que se tiene para que él lo multiplique a favor del pueblo. El milagro no está tanto en la multiplicación del pan, sino en el compartir, en formar un pueblo de una muchedumbre dispersa. Jesús no quiere partir de la nada para construir el Reino, quiere partir de nosotros, de lo poco o mucho que tenemos. Aunque le digamos: Es que es muy poco lo que tengo... es que yo no sé... es que me da pena. Jesús nos dice una y otra vez: Dame lo que eres y lo que tienes, por poco que sea, porque eso me sirve para la salvación de todo un pueblo.
Para reflexionar: ¿Cómo reacciono ante el mandato de Jesús: "Denles de comer"? ¿Cuáles son los cinco panes y dos pescados que el Señor me pide poner en sus manos?
* 1ª lectura: Isaías 55,1-3
Isaías 55 es una especie de epilogo a todo el libro del llamado Segundo Isaías (Is 40-55), el profeta anónimo que durante el tiempo del exilio animó la esperanza del pueblo y anunció el feliz retorno a la tierra.
El profeta se presenta como un vendedor ambulante que ofrece productos alimenticios de primera necesidad y de gran calidad: agua, trigo para preparar el pan, vino y leche. Pero lo más llamativo es que todo lo ofrece absolutamente gratis: "vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar" (v. 1). No es una simple mercancía. Los productos que se ofrecen, evocan los dones divinos y son expresión de la gratuidad y del amor de Dios. El agua es símbolo de la vida divina y del Espíritu, que los exiliados podrán experimentar otra vez brotando de un nuevo templo (Cfr. Ez 47). El vano y la leche evocan el gozo, la bendición divina y la riqueza de la tierra prometida, hacia la que el pueblo se encamina otra vez después del exilio (Cfr. Deut 8,7-10; Sal 104, 15). El trigo que se utilizará para fabricar el pan, recuerda el antiguo maná que alimentó a Israel en el desierto, signo de la providencia y del amor de Yahvé (Ex 16).
Las últimas palabras del profeta quieren suscitar la fe y la confianza en el Señor. Dios sigue ofreciendo al pueblo su amor y su vida, la renovación eterna de la antigua alianza davídica. Por eso, la verdadera invitación es a escuchar y a acoger la palabra del Señor, para vivir en comunión de alianza con él: "¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan (...)? Escúchenme atentos y comerán bien (...). Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David" (vv. 2-3).
* 2ª lectura: Romanos 8,35.37-39
Todos los dones de Dios se concentran en su Hijo Jesucristo, en quien Dios nos ha donado todo su amor y de quien nada ni nadie podrá jamás separarnos: "¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo?" (v. 35). El verbo "apartar" o "separar" traduce el mismo verbo griego que utiliza el evangelio (Cfr. Mt 19,6; Mc 10,9) y el mismo Pablo (Cfr. 1 Cor 7,10,11.15), para hablar del carácter indisoluble de la relación matrimonial entre marido y mujer. Nuestra relación con Cristo es así de profunda y de estable. Se afirma de este modo la inquebrantable relación de amor y de comunión que existe entre Cristo Jesús, "Aquel que nos ha amado", y el creyente.
Haciéndose eco de expresiones astrológicas empleadas en su tiempo y evocando una serie de fuerzas que los antiguos juzgaban más o menos enemigas del hombre, Pablo confiesa su fe en la fidelidad del amor de Dios manifestado en Cristo.
* 3ª lectura: Mateo 14,13-21
El relato de la multiplicación de los panes aparece seis veces en los evangelios: dos en Mateo, dos en Marcos, una en Lucas y otra en Juan. Dado este testimonio tan rico de los evangelios, es razonable pensar que a la raíz de esta tradición haya existido un hecho histórico. El Señor partió y compartió el pan con la gente en algún sitio lejano de los centros urbanos de Galilea. Este evento, que se grabó fuertemente en la memoria de sus discípulos, fue luego utilizado en la catequesis de la Iglesia primitiva y fue enriquecido con alusiones de la tradición bíblica y con la propia experiencia eucarística de las primeras comunidades que partían el pan en el nombre de Jesús.
El martirio del Bautista es un signo peligroso para el propio destino de Jesús, por lo cual decide tomar alguna medida de precaución, resguardándose en un lugar apartado. Pero la gente se dio cuenta y "lo siguió por tierra desde los pueblos" (v. 13). Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, "se compadeció de ella y curó a los enfermos" (v. 14). El verbo "sentir lástima" o "compadecerse" traduce el griego splangnízomai, que indica una verdadera conmoción de las entrañas. Jesús experimenta una profunda misericordia por aquella gente, le presta atención y sana a sus enfermos.
Cuando comienza a anochecer, los discípulos piensan en despedir a la gente para que vaya a los pueblos y se compre comida (v. 15). Al razonamiento de los discípulos, se contrapone el de Jesús, que les dice: "No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer" (v. 16). Los discípulos asisten al hecho, reconociendo su indigencia de medios, desprendiéndose de lo que poseen para darlo a los otros y colaborando modestamente en la repartición del alimento. Jesús, como nuevo Moisés, alimenta a una inmensa muchedumbre en el desierto (Cfr. Ex 16; Núm 11). La misericordia y la compasión de Jesús multiplica los bienes, hace que desaparezca la escasez y crezca la comunión y la fraternidad.
Mateo presenta la multiplicación del pan realizada por Jesús con claros acentos eucarísticos en el v. 19: tomar el pan, alzar los ojos al cielo, pronunciar la bendición, dar el pan. Aquella mesa del desierto es la anticipación de la cena eucarística cristiana. La función de los discípulos en la distribución del pan (v. 19), la saciedad de la comida y la abundancia del pan (v. 20), acentúan aún más la dimensión eucarística del relato. Los "doce canastos" sobrantes podrían evocar el ministerio de los Doce, núcleo y raíz del pueblo mesiánico congregado en torno a Jesús.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
UN DOMINGO CON GENTE NUEVA
Estamos, en el hemisferio norte, a punto de cambiar de mes en período de vacaciones. Habrá que tener en cuenta que en muchas comunidades faltan bastantes personas habituales, porque han salido de viaje. Y en otras, llegarán personas nuevas a las que habrá que saludar y acoger amablemente.
Esta movilidad social nos recuerda que también para los turistas y veraneantes el domingo es domingo, y si son bautizados siguen perteneciendo a la comunidad cristiana, y la Palabra de Dios y la Eucaristía son valores para ellos también en estos domingos en que se han alejado de su comunidad normal. Hay que atenderlos con amor y con una cierta "naturalidad" que hace bien a los que vienen y a los que ya están.
A pesar de que la segunda lectura nos ofrece un hermoso himno al amor que Dios nos tiene, del que no podrá apartarnos nada, tal vez es mejor centrar la homilía en la línea del evangelio, apoyada por la lectura del Antiguo Testamento: Cristo que da de comer a los hambrientos.
GESTO SIMBÓLICO: COMER Y BEBER
El lenguaje del comer y beber, además de su sentido más obvio, tiene fácilmente un alcance simbólico. En la lectura de Isaías se nos anuncia que Dios nos prepara sus dones gratuitos: nos va a dar de comer y de beber, nos va a conceder su Palabra y su Alianza. ¿Con qué otra metáfora podemos entender mejor los dones que Dios nos quiere conceder?
También Cristo Jesús, cuando nos quería mostrar el amor y el perdón de Dios, lo hacía muchas veces con la comparación del banquete que Dios nos tiene preparado. Y él mismo repetía significativamente el gesto de comer y beber con las personas a las que quería mostrar su cercanía y su salvación.
Hoy aparece dando de comer a las miles de personas que lo seguían. Como un nuevo y más perfecto Moisés, que también dio de comer y beber a su pueblo en la travesía del desierto.
JESÚS TENIA BUEN CORAZÓN
Los apóstoles ya estaban dispuestos -seguramente con poderosas razones- a despedir a la gente, para que cada uno se buscara su comida. Pero Jesús, no.
Jesús tenía un corazón lleno de misericordia. Un corazón bueno. Jesús encontraba siempre tiempo para los demás. Sabía intuir lo que buscaban y deseaban.
Las personas suelen tener diversas clases de hambre: y todas ellas las quiere satisfacer Jesús. Cura enfermos, resucita muertos, responde a los que preguntan, consuela a los afligidos.
Él veía el lado bueno de las personas. Aquí apreció el que lo fueran siguiendo tantas horas, aunque las motivaciones no fueran demasiado profundas. Como atendió a la mujer samaritana, al ciego y a los leprosos. Aunque ellos buscaran otra agua, otra luz y otra salud, él les daba lo que pedían y además lo que él quería darles: el agua, la luz y la salvación más profundas. Además de la Palabra que les había explicado a las multitudes de hoy, quería darles también de comer.
¿DAMOS TAMBIÉN NOSOTROS DE COMER?
Es la actitud que él quiere que tengamos sus seguidores, su Iglesia: "Denles ustedes de comer".
¿No es lo que lleva haciendo durante durante dos mil años la comunidad cristiana? ¿a cuántos pobres ha anunciado la Palabra, a cuántos enfermos ha cuidado y sanado, a cuantos hambrientos ha dado de comer, y a cuántos ha educado, enseñado y atendido? Los apóstoles aprendieron la lección del Maestro y luego la transmitieron a sus sucesores. Aprendieron a tener buen corazón.
También nosotros estamos invitados a dar de comer a los que pasan hambre. A nuestro lado, cuántas personas necesitan nuestra palabra de ánimo, nuestra mano tendida, nuestra cara de acogida, nuestra ayuda oportuna. Y tenemos la seguridad de que no sólo estamos imitando a Cristo, sino que él nos lo premiará como hecho a él mismo: "Tuve hambre y me diste de comer".
Aunque es Cristo el que multiplica los panes y los peces, lo quiere hacer a través de sus discípulos, los cristianos. Ante tanta gente que también ahora se formula sus preguntas y sigue en búsqueda de justicia, de paz y de felicidad, los cristianos, si somos buenos discípulos del Maestro, deberíamos salir al encuentro de toda persona que muestra alguna clase de hambre, y ayudarla a descubrir en Cristo Jesús el sentido pleno de su vida. Y lo descubrirán si ven en nosotros buen corazón y solidaridad con los que sufren, desde la participación en campañas y actividades organizadas, hasta los niveles más domésticos y cercanos de nuestras relaciones humanas. ¿Ayudamos a nuestros parientes cuando lo necesitan?, ¿tenemos buen corazón?, ¿encontramos tiempo para los demás en nuestro día? En eso consiste, sobre todo, ser seguidores de Cristo Jesús. Así actuó él.
J. ALDAZÁBAL
Las encendidas palabras con que Pablo (segunda lectura) expresa la plena confianza de poder superar todas las dificultades que podría encontrar para su salvación con la fuerza del amor insuperable de Dios en Cristo (Rm 8,35.37), resumen la idea de fondo que recorre toda la liturgia de hoy.
Si en la primera lectura y en el pasaje del evangelio los temas que aparecen son los del "alimento", el "banquete", los "panes" y los "pescados" que son multiplicados y ofrecidos a la multitud, en realidad esas imágenes y esos hechos expresan el amor de Dios para con el ser humano, al que ofrece constantemente sus dones. En verdad la alianza que Dios ha hecho con nosotros es eterna, y ningún acontecimiento ni alegre ni triste, ningún poder obscuro o maléfico, puede romperla, a menos que sea el hombre mismo el que se separe del amor de Dios.
Al tema de la alianza nos lleva el pasaje de Isaías (primera lectura), que describe con imágenes llenas de poesía el estado de felicidad futura y de bienestar que Dios promete a los judíos que, al regreso del destierro de Babilonia, se conviertan a Él de todo corazón. En contraposición con las dificultades y sufrimientos del destierro, se deja entrever la felicidad y la abundancia del "banquete" que Dios ofrece gratuitamente a quien lo quiere aceptar (Is 55,1-2). Ésa es la alianza ''eternas que Dios ha hecho en el pasado y que ahora confirma solemnemente para siempre (Is 55,3).
El poder que tiene la "palabra", también para multiplicar el alimento material que sirve para la mesa cotidiana, es puesto en evidencia en el relato de la primera multiplicación de los panes según la redacción de San Mateo (evangelio), quien ha simplificado el relato más lleno de vida de San Marcos (Mc 6,30-44).
En primer lugar, parece que el evangelista tiene especial interés en decirnos que el milagro sucedió "en un lugar desierto". ¿Por qué este interés? El evangelista, que tiene un gusto especial en releer los hechos cristianos a la luz del Antiguo Testamento, ve en Jesús al nuevo Moisés, que guía a su pueblo por el desierto y sacia su hambre con un milagro aún más grande que el del "maná".
En segundo lugar, hay que advertir el sentido de participación de Jesús en los problemas concretos de la gente. La multitud lo sigue con entusiasmo, viniendo de las ciudades vecinas, porque tiene deseos de escucharlo, y lleva consigo a sus enfermos, para que sean curados. El milagro no es tanto un premio a la fe o, mejor dicho, al entusiasmo de la gente; sino un gesto de benevolencia y de comprensión de sus necesidades por parte de Jesús.
El milagro de la multiplicación de los panes aparece también como un gesto de participación por parte de los discípulos. Jesús no crea allí algo de la nada; manda a distribuir lo poco que los discípulos tenían ya consigo. Era muy poco; pero bastaba una actitud de caridad para que el milagro pudiera realizarse.
En diversos detalles del relato aparece con claridad que el evangelista vio en esa multiplicación de los panes una "prefiguración" y un anticipo de la Eucaristía. Si el milagro material lo realizó Jesús una sola vez, el milagro sacramental lo sigue realizando continuamente; porque los hombres, más que de alimento material, tienen necesidad de Cristo como único Alimento de salvación.
Ese Alimento es el que nos ofrece ahora Jesús, cuando participamos en nuestra celebración. Agradezcamos ese amor tan lleno de generosidad y aprendamos a compartir lo que tenemos con los más necesitados.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
El milagro de la multiplicación de los panes que hoy nos presenta el evangelio, aparece también como un gesto de participación por parte de los discípulos. Jesús no crea allí algo de la nada; manda a distribuir lo poco que los discípulos tenían ya consigo. Era muy poco; pero bastaba una actitud de caridad para que el milagro pudiera realizarse.
Si el milagro material lo realizó Jesús una sola vez, el milagro sacramental lo sigue realizando continuamente; porque los hombres, más que de alimento material, tienen necesidad de Cristo como único Alimento de salvación.
Ese Alimento es el que nos ofrece ahora Jesús, cuando participamos en nuestra celebración. Agradezcamos ese amor tan lleno de generosidad y aprendamos a compartir lo que tenemos con los más necesitados.
"¡DENLES USTEDES DE COMER!"