
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 26,1-2 |
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan mis enemigos, tropiezan y caen.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, de quien todo bien procede, inspíranos propósitos de justicia y santidad y concédenos tu ayuda para poder cumplirlos. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Yo quiero amor y no sacrificios.
Del libro del profeta Oseas: 6,3-6
Esforcémonos por conocer al Señor; tan cierta como la aurora es su aparición y su juicio surge como la luz; bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia de primavera que empapa la tierra.
"¿Qué voy a hacer contigo, Efraín? ¿Qué voy a hacer contigo, Judá? Tu amor es como nube mañanera, como rocío matinal que se evapora. Por eso los he azotado por medio de los profetas y les he dado muerte con mis palabras. Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 49 |
R/. Dios salva al que cumple su voluntad.
Habla el Dios de los dioses, el Señor,
y convoca a cuantos moran en la tierra
del oriente al poniente:
"No voy a reclamarte sacrificios,
pues ante mí están siempre tus ofrendas. R/.
Si yo estuviera hambriento,
nunca iría a decírtelo a ti, pues todo es mío.
¿O acaso yo como carne de toros
y bebo sangre de cabritos? R/.
Mejor ofrece a Dios tu gratitud
y cumple tus promesas al Altísimo,
pues yo te libraré cuando me invoques
y tú me darás gloria, agradecido". R/.
SEGUNDA LECTURA
Su fe se robusteció y dio con ello gloria a Dios.
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 4,18-25
Hermanos: Abraham, esperando contra toda esperanza, creyó que habría de ser padre de muchos pueblos, conforme a lo que Dios le había prometido: Así de numerosa será ru descendencia.
Y su fe no se debilitó a pesar de que a la edad de casi cien años, su cuerpo ya no tenía vigor, y además, Sara, su esposa, no podía tener hijos. Ante la firme promesa de Dios no dudó ni tuvo desconfianza, antes bien su fe se fortaleció y dio con ello gloria a Dios, convencido de que él es poderoso para cumplir lo que promete. Por eso, Dios le acreditó esta fe como justicia.
Ahora bien, no sólo por él está escrito que "se le acreditó", sino también por nosotros, a quienes se nos acreditará, si creemos en aquel que resucitó de entre los muertos, en nuestro Señor Jesucristo, que fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Lc 4,18 |
R/. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva y proclamar la liberación a los cautivos. R/.
EVANGELIO
No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
Del santo Evangelio según san Mateo: 9,9-13
+ En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo siguió.
Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: "¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?" Jesús los oyó y les dijo: "No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, con bondad, estos dones que te presentamos humildemente, para que sean gratos a tus ojos y nos hagan crecer en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio dominical
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | 1 Jn4,16 |
Dios es amor y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que la fuerza redentora de esta Eucaristía nos proteja, Señor, de nuestras malas inclinaciones y nos guíe siempre por el camino de tus mandamientos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
EN UNA MESA NUEVA
Ahí está Mateo, sentado en su mesa de cobrador de impuestos. Su cara muestra cierto hastío; la gente lo mira con desprecio, pues saben que es un traidor que se ha hecho rico a costa del pueblo... pero él continúa en lo suyo: cobrando, extorsionando, amontonando dinero... Jesús pasa junto a él, lo ve con ternura y compasión, y le dice: "Sígueme". La respuesta de Mateo es inmediata: "se levantó y lo siguió". Y así, de pronto, vemos a Mateo con nueva cara, transformado, sentado en una nueva mesa. Una mesa amplia en la que no hay excluidos, en la que se comparte y se celebra la vida. Una mesa que nos recuerda el banquete del Reino en que Jesús recibe y acoge a aquellos que no tienen casa ni dinero, que son despreciados, rechazados... así como aquellos que están solos, enfermos, sin vida. Mateo está feliz, sonríe; nunca lo habían mirado y acogido como lo hizo Jesús. Nunca había participado en una fiesta así. Pero no faltan los comentarios de los que se creen sin mancha y desprecian a los demás: "¿Por qué su maestro come con publicanos y pecadores?". Los fariseos toman la misma actitud que el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo (Cfr. Lc 15,11-32), que se queda afuera, juzga, se enoja, no participa de la fiesta por el regreso de su hermano. Jesús, como el padre de la parábola, invita a cambiar de actitud, de mentalidad, a mirar con nuevos ojos... a sentarse a la mesa y compartir el pan. Por eso dice: "No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: yo quiero misericordia y no sacrificios".
El evangelio de este domingo nos invita a dejar aquellos criterios, sentimientos o acciones que nos apartan de Dios y de los demás... a sentarnos y participar en esa mesa amplia del Reino, en donde nos miremos unos a otros con amor y respeto, y en la que nadie sea marginado.
* 1ª lectura: Oseas 6,3-6
Unos a otros se exhortan a conocer al Señor: "Esforcémonos por conocer al Señor; tan cierta como la aurora es su aparición y su justicia surge como la luz; bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia de primavera que empapa la tierra" (v. 3). Parecen palabras de conversión sincera. Sin embargo, el profeta desenmascara la falsedad del discurso: más que conversión, es cálculo, seguridad presuntuosa. Imaginan la acción de Dios en modo automático y puntual como los fenómenos de la naturaleza, tienen la ilusión de poder controlar el mecanismo de la reconciliación con él por medio de la práctica religiosa exterior.
Dios mismo revela la falsedad y la inconsistencia de la experiencia religiosa de Israel. Su religión es infecunda como una nube que no trae la lluvia, pasajera como el rocío de la mañana (v. 4). A los ritos religiosos vacíos del pueblo, se opone la vigorosa palabra de los profetas, que proclaman la voluntad de Dios, llaman a la conversión y condenan el pecado (v. 5).
El texto concluye con una frase lapidaria: "Porque yo quiero amor (hésed) y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos" (v. 6). El término hésed indica el amor fiel y gratuito que está a la base de la alianza y que se traduce en misericordia y justicia. El "conocimiento de Dios" expresa la totalidad de la fe bíblica, fundada en la experiencia del amor gratuito de Dios y expresada en una conducta coherente con su voluntad.
* 2ª lectura: Romanos 4,18-25
En la última parte de Rom 4, Pablo presenta la cualidad teológica y la profundidad personal de la fe de Abraham. La expresión "esperando contra toda esperanza, creyó" es aparentemente contradictoria, ya que no se puede esperar de modo sensato cuando faltan unos elementos mínimos razonables sobre los cuales apoyarse. La fe y la esperanza de Abraham se apoyan en la convicción de que Dios realiza sus promesas y, por lo tanto, puede dar vida incluso a su cuerpo ya anciano, y al de su mujer, de condición estéril.
Con su fe y su esperanza, Abraham dio "gloria a Dios", es decir, lo reconoció como creador y dador de la vida, lo reconoció como Dios. Para celebrar el esplendor de la fe del patriarca, Pablo afirma que su actitud "le acreditó esta fe como justicia" (Cfr Rom 4,22; Gén 15,6). El verbo "valer" o acreditar" pertenece al lenguaje ritual del Antiguo Testamento y designa la ofrenda válida, presentada según todas las prescripciones litúrgicas. La fe de Abraham es sacrificio perfecto y agradable a Dios, que lo coloca en la justa relación con Dios, que "da la vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que todavía no existen" (Rom 4,17). La experiencia de Abraham es ejemplar para los cristianos que creen en el mismo Dios de la vida "que resucitó de entre los muertos, en nuestro Señor Jesucristo" (Rom 4,24).
* 3ª lectura: Mateo 9,9-13
El texto narra la llamada de Mateo (nombre que significa "don de Dios"), quien era "recaudador de impuestos" y al cual Marcos y Lucas llaman Leví (Cfr Mc 2,14; Lc 5,27). Los recaudadores de impuestos del imperio romano, los publicanos, eran gente censurada por el pueblo y por sus dirigentes religiosos, pues se les consideraba colaboracionistas de la opresión imperialista de Roma sobre la tierra de Israel, que era don del Señor. Sin embargo, Jesús llama a uno de ellos para que forme parte del grupo de sus discípulos.
En casa de Mateo, "muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos" (v. 10). Se crea una sola mesa donde no hay divisiones, una mesa que es signo del Reino anunciado por Jesús, fundado en la misericordia y la fraternidad. Al ver esto los fariseos se escandalizan, pues ellos evitaban escrupulosamente todo tipo de contacto contaminante con este tipo de personas, consideradas indignas del perdón de Dios (v. 11). En abierta oposición con esta concepción religiosa, Jesús va más allá de todos los tabúes de separación que tienen su fundamento en las prescripciones legales relacionadas con la pureza exterior.
El proverbio mencionado por Jesús: "No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos" (v. 12), quiere mostrar que aquellos que eran despreciables a los ojos de todos, son para él objeto privilegiado del amor y de los cuidados de Dios. Por eso Jesús acoge a los pecadores, como hace el médico que se preocupa por los enfermos. La cita bíblica de Os 6,6: "Porque yo quiero amor y no sacrificios", era objeto de debates en las escuelas judías de la época. Jesús invita a los fariseos a profundizar en el sentido bíblico del versículo, para entender su modo de proceder. La palabra "misericordia" (griego: éleos), traduce el hebreo hésed, el amor gratuito, misericordioso y fiel que Dios tiene por su pueblo y que el pueblo debe vivir como respuesta a la alianza. Con su praxis Jesús ha enseñado que el punto culminante de la experiencia de fe no es la adhesión externa a una ley, sino la práctica de la misericordia.
En la declaración cristológica final, Jesús expone en una apretada síntesis el sentido de su misión: "Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores". Su misión no está orientada solamente a quienes viven ya la fe en Dios según la experiencia y las instituciones del Antiguo Testamento, sino también a quien ha sido excluido de este sistema religloso.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
JESÚS LLAMA A MATEO, UN PECADOR
Escuchamos hoy en el evangelio cómo Jesús llama a Mateo (Leví en los evangelios de Marcos y Lucas) a formar parte del grupo de los apóstoles. A primera vista parece una llamada más entre tantas: Jesús toma la iniciativa, ve a Mateo y lo llama, y él lo deja todo inmediatamente y se incorpora al seguimiento del Señor. Sin embargo, la llamada de Mateo tiene alguna particularidad. La primera, que Mateo es el autor del evangelio, o sea el mismo narrador que está explicando su propia vocación, y este elemento personal es interpelador.
En segundo lugar, que Mateo era un cobrador de impuestos, por lo tanto considerado un pecador en el mundo judío. No es un detalle insignificante, porque enseguida añade que: "Cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos". Por lo tanto, se destaca la actitud de Jesús, que llama sin importarle la condición del candidato, lo único que le interesa es que lo siga. Esta actitud es un reflejo del amor universal de Dios, que quiere que todos los hombres se salven, que hace salir el sol sobre justos y pecadores.
Evidentemente, esta actitud abierta y sin prejuicios de Jesús molesta a los fariseos, que creían tener "la exclusiva". Jesús les responde: "no son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos", y: "yo no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores". Una reflexión que nos puede llevar a reflexionar sobre a quién dirigimos nuestra acción evangelizadora. Y también a recordar que todos somos pecadores, que todos necesitamos la salvación que viene del Señor, pero que para recibirla es necesaria una actitud abierta y humilde, nunca autosuficiente.
QUE RESUENE EL ANUNCIO DE LA PASCUA
En toda la celebración es bueno que resuene (re-suene) el mensaje optimista que rezuman las lecturas: Cristo ha resucitado y está presente en medio de nosotros. Aunque no lo hayamos "visto", como les pasaba ya a los lectores de Pedro, pero creemos en él. Nosotros, al cabo de más de dos mil años, tenemos más mérito todavía que las generaciones primeras en creer en Cristo Jesús y ser sus seguidores en el mundo de hoy.
También los lectores de Pedro tenían dificultades en su camino. Como nosotros ahora. Pero Pedro les habla -nos habla- de la fe que tienen, de la esperanza que ilumina sus vidas, del Bautismo que es la raíz de toda su vida, de la fuerza de Dios en la que se apoyan, y los invita a ser fieles al camino emprendido, superando las pruebas que encuentran en la sociedad en la que viven. O las dudas que, como a Tomás, nos pueden asaltar también a nosotros.
EL ESFUERZO DE COHERENCIA ENTRE FE Y VIDA
La tentación de creerse justo y tener la salvación asegurada es antigua. El pueblo judío se consideraba el pueblo elegido, y a través de ritos y prácticas cultuales, de ofrendas y sacrificios, creía tener ganado el favor de Dios. Los profetas se encargaban de recordar que la verdadera fe se ha de concretar en las obras. Así, hoy Oseas nos dice en la primera lectura: "Esforcémonos por conocer al Señor". Hay que amar al Señor de todo corazón, sin confiarse ni relajarse. "Quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos". Jesús recoge en el evangelio esta frase para justificar su acercamiento a los pecadores. Porque todos sabemos que a menudo están más dispuestos los pecadores que saben que necesitan ser salvados que los que se creen justos. La misma idea la recalca el salmo: lo que Dios más valora no son los sacrificios ni los holocaustos sino la vida, "Dios salva al que cumple su voluntad".
Una reflexión parecida nos la ofrece san Pablo. La idea central de su Carta a los romanos es precisamente que lo que salva no es el cumplimiento escrupuloso de la Ley del Antiguo Testamento, sino la fe en Dios y la gracia obtenida por Jesucristo. En el fragmento que leemos hoy, san Pablo nos presenta el ejemplo de Abraham que, "esperando contra toda esperanza, creyó"; y Dios se lo tuvo en cuenta, "se le acreditó". Pues a nosotros también "se nos acreditará" nuestra fe en Jesús muerto y resucitado "para nuestra justificación".
Hoy en día no somos esclavos de ritos y formas legalistas como en otras épocas. Pero si que siempre tenemos que recordar que debe haber coherencia entre la fe y la vida. Que nuestra fe se debe demostrar no con palabras ni con ideas ni con las formas externas sino con el amor auténtico hacia Dios y hacia los hermanos: esforzándonos en vivir un seguimiento auténtico de Jesús en la vida de cada día, avanzando "por el camino de sus mandamientos" (oración poscomunión). Tal como pide la oración colecta de hoy: "Inspíranos propósitos de justicia y santidad y concédenos tu ayuda para poder cumplirlos".
XAVIER AYMERICH
La primera lectura y el evangelio de hoy tienen una relación obvia, ya que Jesús toma del texto de Oseas una frase que ilumina su actitud de benevolencia para con los pecadores. Aun dándole un ligero cambio de significado, Jesús le mantiene al oráculo profético toda su fuerza antiformalista: cuenta más el amor hacia el prójimo que la observancia de ciertas formas de culto ritual, que acercan a Dios sólo en apariencia.
Por eso, el cristiano no se segrega de los demás, creyéndose el único poseedor de la verdad o el único que obra la justicia. Eso lo hacían los fariseos, a quienes Jesús desenmascara sin piedad en el evangelio: «Ustedes se las dan de justos ante los hombres, pero Dios conoce sus corazones» (Lc 16,15).
El texto de la primera lectura, tomado del profeta Oseas, sigue inmediatamente a la descripción de los horrores religiosos, morales y sociales en que había caído Israel, comenzando por sus jefes. Por eso amenaza Dios con la ruina de la nación.
Deseando volver a encontrar la amistad y la protección del Señor, Israel organiza una liturgia penitencial, esperando que Dios se aplaque ante las bellas palabras y las promesas de conversión. Pero Dios rechaza esas manifestaciones de culto que no expresan una verdadera conversión del corazón ni la llevan a cabo. El castigo continuará y se agravará, si Israel no comprende que lo que cuenta es la fidelidad a la alianza; fidelidad que se expresa en la obediencia a la palabra de Dios transmitida por los profetas y en el amor a los hermanos.
El breve pasaje del evangelio que hoy leemos es una composición literaria y catequética muy bien organizada, que quiere hacer ver cómo Cristo "convierte" el corazón de los hombres inclinándose con amor sobre sus penas y sobre sus pecados. Y precisamente esta celebración de la misericordia y del perdón es lo que vale más que cualquier observancia ritual. Éste es el verdadero culto que Dios se ofrece a sí mismo en Cristo y que exige de los creyentes.
Mateo no sólo siguió inmediatamente el llamado de Cristo, sino que quiso expresar su alegría y su gratitud ofreciendo un banquete a Jesús y a sus discípulos; banquete al que invitó también a otros amigos suyos, publicanos y "pecadores" como él mismo. Según la tradición judía, con esa clase de gente no se podía uno juntar a comer; de aquí el escándalo de los fariseos ante la manera de actuar de Jesús.
La respuesta de Jesús escandaliza aún más a los fariseos, puesto que rompe todas las barreras de tradiciones, formalismos y privilegios que se podían tener delante de Dios. Con estas palabras que son quizá las más revolucionarias de todo el evangelio, Jesús derrumba la perspectiva de los fariseos: si hay una preferencia de parte de Dios, es sólo por aquellos que tienen más necesidad de Él; es decir, por los "enfermos" y por los "pecadores".
Al decir que «no son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos» (Mt 9,12), Jesús se refiere no sólo a todos los enfermos del cuerpo, a quienes ha curado en los relatos de los capítulos 8 y 9, sino también a los enfermos "espirituales"; es decir, a todos aquellos que necesitan el perdón de Dios. Por tanto, cada uno de nosotros está incluido en esta solicitud del Médico celestial que es Cristo.
Las últimas palabras de Jesús en este pasaje (v.13) son la exaltación del amor perdonador de Dios, que los fariseos parecían rechazar. Pero, en la intención del evangelista, parecen ser también una invitación a todos los creyentes a imitar la actitud de Cristo para con los que están lejos o para con los hermanos extraviados. El amor, el perdón, el esfuerzo por acercarse y comprender a quienes han faltado para con Dios, para con nosotros o para con la sociedad, son el sacrificio más auténtico que podemos ofrecer al Señor.
En nuestra celebración de la Eucaristía agradecemos al Señor su amor y su perdón, y le pedimos que nos ayude a imitar con los demás la manera como Él actúa con nosotros.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
NO SON LOS SANOS LOS QUE NECESITAN
DE MÉDICO...
"YO QUIERO MISERICORDIA Y NO SACRIFICIOS".