XI DOMINGO ORDINARIO
11 de junio 2009, Ciclo B

Propio     Comentario     Nota exegética     Orientaciones para la celebración

Proyecto de homilía     Dios Hoy




Casulla Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 26,7.9

Escucha, Señor, mi voz y mis clamores y ven en mi ayuda; no me rechaces, ni me abandones, Dios, salvador mío.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, fuerza de todos los que en ti confían, ayúdanos con tu gracia, sin la cual nada puede nuestra humana debilidad, para que podamos serte fieles en la observancia de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

Elevaré los árboles pequeños.

Del libro del profeta Ezequiel: 17,22-24

Esto dice el Señor Dios: "Yo tomaré un renuevo de la copa de un gran cedro, de su más alta rama cortaré un retoño. Lo plantaré en la cima de un monte excelso y sublime. Lo plantaré en la montaña más alta de Israel. Echará ramas, dará fruto y se convertirá en un cedro magnífico. En él anidarán toda clase de pájaros y descansarán al abrigo de sus ramas.

Así, todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo los árboles altos y elevo los árboles pequeños; que seco los árboles lozanos y hago florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 91

R/. ¡Qué bueno es darte gracias, Señor!

¡Qué bueno es darte gracias, Dios altísimo,
y celebrar tu nombre,
pregonando tu amor cada mañana
y tu fidelidad, todas las noches! R/.

Los justos crecerán como las palmas,
como los cedros en los altos montes;
plantados en la casa del Señor,
en medio de sus atrios darán flores. R/.

Seguirán dando fruto en su vejez,
frondosos y lozanos como jóvenes,
para anunciar que en Dios, mi protector,
ni maldad ni injusticia se conocen. R/.

SEGUNDA LECTURA

En el destierro o en la patria, nos esforzamos por agradar al Señor.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios: 5,6-10

Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor.

Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO    

R/. Aleluya, aleluya.

La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre. R/.

EVANGELIO

El hombre siembra su campo, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece.

+ Del santo Evangelio según san Marcos: 4,26-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha".

Les dijo también: "¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra".

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.
Palabra del Señor.

Se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, que en estos dones que te presentamos has otorgado al hombre el pan que lo alimenta y el sacramento que le da nueva vida, haz que nunca llegue a faltarnos este sustento del cuerpo y del espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 17,11

Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado, para que, como nosotros, sean uno, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que nuestra participación en este sacramento, signo de la unión de los fieles en ti, contribuya, Señor, a la unidad de tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Arbusto

LAS SEMILLAS DEL REINO

Jesús anuncia, proclama, explica lo que es el Reino a través de parábolas. Toma ejemplos de la vida cotidiana, de la naturaleza, de lo conocido por la gente, para traducir esa realidad que el llama "Reino de Dios". La parábola de la semilla que crece por sí sola y la del grano de mostaza, vienen a completar la parábola del Sembrador.

La primera insiste en el punto de la fuerza vital de la semilla y su proceso de crecimiento: la semilla germina, se desarrollan los tallos, luego las espigas, después los granos. Todo por sí solo, sin que el sembrador sepa cómo. La semilla -el Reino- nos la da Dios, el hombre la siembra, y la gracia, de manera sorprendente y misteriosa, la hace germinar y crecer a su tiempo. Una vez que están maduros los granos, interviene nuevamente el hombre para cosechar. Esta parábola invita a la confianza, a la paciencia.

La parábola del grano de mostaza insiste en cómo algo tan pequeño, como esa semilla de mostaza, puede devenir en algo grande y fuerte. El grano de mostaza es apenas perceptible, y para algunos, algo que nada vale. Pero una vez sembrado, al entrar en contacto con la tierra y con el agua, va creciendo hasta formarse el mayor de los arbustos: un arbusto grande y fuerte en el que pueden anidar los pájaros. Esta parábola alienta la esperanza en un futuro esplendoroso, confiando en lo pequeño y fragmentario del presente.

Tomando ejemplos sencillos de la vida cotidiana, podemos decir que el Reino de Dios se parece a esos niños que en el catecismo conocen a Jesús y descubren el valor de la comunidad, o a esa mesa compartida en la que no falta comida, o a esa mano que levanta a aquel que se siente explotado y deprimido, o a esos brazos que acogen aquel que se siente solo o marginado.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Isaías 43,18-19.21-22.24-25

Después de haber hecho una crítica a la situación del pueblo de Judá (cc. 13-15) y de recordar la historia como una historia de infidelidad (c. 16), el profeta propone una parábola, un enigma (17,1-2). Hace referencia velada a los últimos reyes de Judá. Al verse asediados por los babilonios, corren a pactar con los egipcios.

En ello ve el profeta un signo de la infidelidad al Señor. En efecto, no parece que se quiera afrontar el fondo del problema. El pueblo y sus dirigentes no ven en el ataque de los babilonios un signo del tiempo que Dios pone ante sus ojos y que les permita convertirse de corazón. Precipitan así su ruina, religiosa y política.

Aun con todo, Dios se dispone a actuar. Lo mismo que pretendía hacer el rey babilonio (17,3.4.12) lo hará el Señor. Es la promesa de salvación. Es el don de Dios. Es Dios quien posibilita que el pueblo se convierta (elevo los árboles pequeños... hago florecer los árboles secos). Esta nueva creación que Dios se dispone a realizar, será el camino del conocimiento auténtico de Dios (todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor). Igualmente, sin un auténtico conocimiento de Dios, no es posible la conversión, la nueva creación. Ambas realidades se complementan. El conocimiento de Dios posibilita que el pueblo dé fruto.

* 2ª lectura: 2 Corintios 5,6-10

La confianza de que habla el Apóstol ya ha sido mencionada en pasajes anteriores para hablar del servicio del anuncio del Evangelio (4,1) y de la fe (4,16). Antes era en negativo (no desfallecemos), ahora es en positivo (tenemos confianza). En el primer caso se trataba de la lucha por cumplir bien el servicio encomendado. Ahora es el gozo de esperar la plenitud de la promesa: vivir con el Señor.

El texto tiene por centro la fe (caminamos guiados por la fe, sin ver todavía). Algunos de la comunidad pretenden "ver" de inmediato al Señor (5,4.5). Pero así quitan valor a la vida en este mundo, fiándose un poco arrogantemente de una pretendida fe en Jesús que ya nos ha dado la vida inmortal. Pero la fe no es garantía infalible de tener nada asegurado. Guiados por la fe, sin verlo... La fe se sitúa en el corazón mismo de la vida humana (mientras vivimos en el cuerpo) . A partir de aquí procuramos agradarle, con la confianza que da el anunciar el Evangelio de Jesucristo.

Procurando agradarle intentamos también convencer a los hombres, dice el texto bíblico en el versículo que viene a continuación de la lectura. Ya había dicho algo parecido al inicio de esta sección (4,2). El anuncio del Evangelio es lo que da un verdadero conocimiento de Jesucristo y de Dios Padre (5,11). El conoce el fruto que damos.

* 3ª lectura: Marcos 4,26-34

La enseñanza de Jesús en parábolas se ha iniciado en 4,1. A ustedes se les ha confiado el secreto del Reino de Dios, dice Marcos 4,11.

El secreto está en el fruto que da el Reino. Este aspecto aparece en todas las parábolas de este capítulo.

Marcos ha reformulado la parábola del profeta Ezequiel. Los pájaros de toda clase indica que en el Reino de Dios todos tienen cabida, especialmente los pequeños y los pobres. A su sombra recuerda la protección amorosa de Dios que acoge al pueblo bajo sus alas. En el AntiguoTestamento se utiliza también esta misma imagen para evocar la magnitud de la vida en la casa de Dios, en el Templo.

El secreto del Reino de Dios hace entrar en el conocimiento afectivo del Señor. Sin que él (el hombre) sepa cómo, la semilla germina y crece. Pero el hombre recoge con gozo el fruto a su debido tiempo. La confianza de que la tierra, por sí sola va produciendo el fruto hace que el Reino de Dios sea algo acogido como un don. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré, decía la lectura del profeta Ezequiel.

Con las parábolas da Jesús a conocer el modo de hacer del Padre, a quien conoce íntimamente. Es el Dios generoso, Dios abundante. Como dice la explicación de la parábola del sembrador (4,13-20), Jesucristo es la semilla sembrada. La semilla es la Palabra (4,33). Yo, el Señor, lo he dicho.

Por eso, a pesar de que las dos parábolas de hoy parecen triunfalistas, en el conjunto del Evangelio no lo son, y menos la primera que es propia de Marcos. Jesucristo es la Palabra del Padre sembrada en el mundo, pero no todos lo saben, ni lo ven, ni hacen caso (4,12). Jesucristo, pasa para muchos como la más pequeña de las semillas. ¡Quizás, un profeta como los demás! (8,28). No obstante, quien a Él se acerca, recibe de Él el fruto.

J. RAMÓN MARÍN

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Orientaciones para la celebración

EL EVANGELISTA DEL AÑO

Dentro del marco del Tiempo ordinario, hoy podría ser oportuno llamar la atención sobre el "evangelista del año" que es Marcos.

Cada año leemos el evangelio de Juan prácticamente entero. De los tres sinópticos, se lee uno cada año. En este 2009-Ciclo B- la Pasión del Domingo de Ramos, la hemos escuchado del evangelio de Marcos. Como también el anuncio de la resurrección en la Vigilia Pascual, el jueves pasado, en la fiesta del Corpus, el relato de la Eucaristía. Durante estos domingos seguiremos leyendo la Buena Noticia de Jesús según este evangelista, el más antiguo, según muchos estudiosos. Con el paréntesis de los domingos 17 al 21 en que intercalaremos el capítulo sexto de san Juan.

Una de las cosas más importantes que hacemos en nuestra Eucaristía dominical es escuchar la Palabra de Dios. Y lo hacemos con un sistema de lectura bíblica más variado y abundante desde que hace ya más de treinta años empezamos a utilizar el nuevo Leccionario.

En este domingo, la homilía podría centrarse en las dos parábolas del evangelio, las dos referentes a la semilla y su crecimiento, según los planes de Dios.

LA SEMILLA CRECE SIN QUE SE SEPA CÓMO

El protagonista de la primera parábola es la semilla. No tanto el sembrador o la calidad del terreno. La semilla tiene dentro una fuerza que es la que la hace germinar, brotar, crecer, madurar.

Cuando en nuestra vida hay una fuerza interior (el amor, la ilusión, el interés), el trabajo es mucho más eficaz. Pero cuando esa fuerza interior es el amor que Dios nos tiene, su Espíritu, entonces el Reino germina y crece admirablemente. Nosotros podremos colaborar, pero la fuerza es de Dios. El factor decisivo es la energía del Espíritu y la presencia salvadora del Señor Resucitado.

La parábola es un aviso para que no nos sintamos demasiado orgullosos de nuestras técnicas. Es bueno que trabajemos y que lo hagamos con la mejor pedagogía, colaborando gozosamente en la salvación del mundo. Pero el Reino va adelante por su fuerza interior. Crece desde dentro, porque Cristo y su Espíritu están activos. Y ellos no caben en nuestras computadoras. Como la semilla no brota porque lo digan los sabios botánicos, ni la primavera espera a que los calendarios señalen su inicio. La fuerza dinámica del Evangelio, de la Palabra de Dios, es algo que viene del mismo Dios, no de nuestras técnicas.

Esto no es una invitación a la pereza. Pero sí a la humildad. Y a la paciencia, porque la semilla tiene su ritmo, y no debemos precipitamos en exigir frutos a corto plazo. Nos tendremos que conformar muchas veces a no entender cómo será eficaz nuestro trabajo: "sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece".

UNA SEMILLA PEQUEÑA Y UN ARBUSTO GRANDE

La segunda parábola, que es la que ha sido preparada por la lectura de Ezequiel, nos presenta otro aspecto de estilo con que Dios conduce la Historia de la Salvación. Él suele preferir los medios más humildes y las personas más sencillas para realizar su obra salvadora.

El Reino no viene como un ejército invasor o una revolución espectacular: viene como una semilla insignificante, eso sí, llena de vigor interior, como ha dicho la primera parábola, y por eso crece y da fruto. La comparación de Ezequiel nos recuerda el fracaso del árbol grande y orgulloso que había sido Israel, y que es partido. Aunque hay un rayo de esperanza. Una ramita de ese tronco roto, el "resto" de Israel, se convertirá en un árbol importante, el pueblo mesiánico. No por los propios méritos, sino por obra de Dios.

Otra lección, por lo tanto, para nosotros, que a veces preferimos los métodos espectaculares y triunfalistas, mientras que Dios busca lo humilde y lo cotidiano. Como dijo la Virgen en su Magníficat, precisamente a los humildes y a los pobres y a los hambrientos es a los que Dios enaltece, hace fecundos y colma de bienes.

Deberemos examinarnos respecto a lo que nos enseñan estas parábolas del Reino: si nos creemos protagonistas en nuestro trabajo, o si sabemos descubrir y agradecemos la fuerza interior del Espíritu en la misión de la Iglesia (que germina y crece a pesar de todos los obstáculos); si perdemos fácilmente los ánimos cuando no vemos frutos evidentes de nuestro esfuerzo; si nos gustan demasiado los métodos solemnes y espectaculares, mientras que Jesús compara la actuación de Dios a la de una humilde semilla sepultada en tierra.

Cada vez que celebramos la Eucaristía, tenemos que reconocer que lo que sucede es algo muy sencillo: la reunión de unos cristianos, la proclamación de unas lecturas bíblicas, la comunión de esos dos elementos tan sencillos que son el pan y el vino. Pero todo ello, con una fuerza transformadora admirable: la reunión como expresión y renovación de nuestra pertenencia a la Iglesia, la Palabra como semilla llena de vigor, la comunión como alimento para el camino, nada menos que el Cuerpo y la Sangre del Resucitado.

Luego, en la vida, con nuestro testimonio, también seguiremos colaborando con Dios con un estilo poco aparente, como fermento en la masa, como luz que ayuda a caminar, como sal que da sabor, como semilla que va produciendo frutos de salvación.

J. ALDAZÁBAL

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Proyecto de homilía

Del sermón de las parábolas de Jesús, presentado en los tres evangelios sinópticos, la liturgia de hoy toma un párrafo formado por dos parábolas paralelas. Jesús sabe sacar del mundo de la naturaleza, a primera vista neutro y mudo, un mensaje de gran limpidez. Ambos cuadritos se refieren a la historia de un vegetal y de su crecimiento; pues las narraciones presentan no sólo un contraste sino también un crecimiento.

El 'contraste' tiene como primer elemento los inicios diminutos del árbol o del arbusto: una semilla muy pequeña, depositada en la tierra, un granito de mostaza. El Reino de Dios es semejante a unos cuantos gramos de levadura -según otra comparación empleada por Jesús-; es una realidad casi invisible, rodeada muchas veces de incomprensión, ironía o rechazo... Pero el otro polo de la antítesis es, en cambio, el esplendor del resultado final: el tallo y la espiga cargada de granos; la planta de mostaza que en la región del lago deTiberíades puede alcanzar hasta tres metros de altura y sobre la cual llegan los pájaros a hacer su nido. El Reino de Dios se transforma de humildisimos comienzos en árbol gigantesco, en una realidad que hace fermentar la entera masa del mundo y de la historia, que puede of rever protección y paz. La meta del gran árbol del señorio universal de Cristo es la paradoja de la esperanza cristiana.

Este tipo de contraste lo encontramos también en la parábola del cedro cantada por Ezequiel, profeta de colores vivaces y encendidos (primera lectura). Una ramita pequeña es plantada por Dios sobre el monte santo de la alianza, el monte Sión, y allí se transforma en glorioso emblema del árbol mesiánico, signo de vida, de esperanza y de protección. - Y el contraste se amplia también en otra dirección (Ez 17,24): el derrotado no será ya, como siempre se registra en los anales de la historia, el pobre o el humilde; porque de su lado está el Omnipotente.

Junto con el contraste, encontramos también en las parábolas de hoy el aspecto del crecimiento. Lo que más se pone de relieve es el dinamismo misterioso que existe entre la pequeña semilla y el arbusto exuberante, entre el grano de trigo y la espiga... También el Reino de Dios posee un dinamismo interno, que procede de la gracia divina y que lo hace crecer y tender a su plenitud. Por eso, el Reino es en primer lugar un don de Dios, y la reacción del ser humano debe ser, antes que de colaboración, de adoración, de alabanza y de acción de gracias.

También la segunda lectura presenta un contraste, de tipo más existencial y personal. Por un lado está el "habitar en el cuerpo", que es nuestra residencia histórica y terrena; está el "destierro lejos del Señor", durante el cual creer es dificil, amar es fatigoso y esperar es a veces dramático. Pero por otra parte Pablo señala el destino del creyente que es "habitar con el Señor"; un futuro glorioso al que debemos tender con la práctica de la fe, la esperanza y el amor; porque, como escribía San Juan de la Cruz, en la tarde de la vida seremos juzgados sobre el amor.

La Palabra del Señor ilumina nuestra existencia en esta Eucaristía. Que Él nos ayude a caminar en la fe, en la esperanza y en el amor, mientras se cumple la promesa de la plenitud de su Reino.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

EVANGELIO PARA
"SEMBRADORES" DESANIMADOS