
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 47,10-11 |
Recordaremos, Señor, los dones de tu amor en medio de tu templo. Que todos los hombres de la tierra te conozcan y alaben, porque es infinita tu justicia.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que por medio de la muerte de tu Hijo has redimido al mundo de la esclavitud del pecado, concédenos participar ahora de una santa alegría y, después en el cielo, de la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Esta raza rebelde sabrá que hay un profeta en medio de ellos.
Del libro del profeta Ezequiel: 2,2-5
En aquellos días, el espíritu entró en mí, hizo que me pusiera en pie y oí una voz que me decía:
"Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde, que se ha sublevado contra mí. Ellos y sus padres me han traicionado hasta el día de hoy. También sus hijos son testarudos y obstinados. A ellos te envío para que les comuniques mis palabras. Y ellos, te escuchen o no, porque son una raza rebelde, sabrán que hay un profeta en medio de ellos".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 122 |
R/. Ten piedad de nosotros, ten piedad.
En ti, Señor, que habitas en lo alto,
fijos los ojos tengo,
como fijan sus ojos en las manos
de su señor, los siervos. R/.
Así como la esclava en su señora
tiene fijos los ojos,
fijos en el Señor están los nuestros,
hasta que Dios se apiade de nosotros. R/.
Ten piedad de nosotros, ten piedad,
porque estamos, Señor, hartos de injurias;
saturados estamos de desprecios,
de insolencias y burlas. R/.
SEGUNDA LECTURA
Me glorío de mis debilidades, para que se manifieste en mí el poder de Cristo.
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios: 12,7-10
Hermanos: Para que yo no me llene de soberbia por la sublimidad de las revelaciones que he tenido, llevo una espina clavada en mi carne, un enviado de Satanás, que me abofetea para humillarme. Tres veces le he pedido al Señor que me libre de esto, pero él me ha respondido: "Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad".
Así pues, de buena gana prefiero gloriarme de mis debilidades, para que se manifieste en mí el poder de Cristo. Por eso me alegro de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuando soy más débil, soy más fuerte.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Cfr. Lc 4,18 |
R/. Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí; él me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva. R/.
EVANGELIO
Todos honran a un profeta, menos los de su tierra.
+ Del santo Evangelio según san Marcos: 6,1-6
En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: "¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?" Y estaban desconcertados.
Pero Jesús les dijo: "Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.
Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que el sacrificio que vamos a ofrecerte nos purifique, Señor, y nos ayude a conformar cada día más nuestra vida con los ejemplos de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario
Santo, Santo, Santo...
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Mt 11,28 |
Vengan a mí todos los que están agobiados y oprimidos y yo les daré alivio, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Dios omnipotente y eterno, que nos has alimentado con el sacramento de tu amor, concédenos vivir siempre en tu amistad y agradecer continuamente tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA
Después de visitar varios poblados en torno al lago de Galilea, de anunciar el Evangelio con signos y prodigios, Jesús regresa a Nazaret. Como era sábado, va directo a la sinagoga a encontrarse con sus paisanos y parientes, y participar en los oficios religiosos. Haciendo uso del derecho que todo israelita adulto tenía, lee en voz alta la Escritura y la comenta. El texto no nos dice en que consistió la predicación de Jesús, pero sí la reacción de la gente: "la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: '¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros?' ". Es la interrogante que Jesús quería suscitar y en torno a la cual gira todo el evangelio de Marcos. El mensaje de Jesús es novedoso, atractivo, liberador; ven en Jesús a alguien que habla con autoridad, que es coherente, digno de admiración y respeto, pero solo hasta un momento determinado, pues pronto pasan del asombro al desprecio: "¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?". Jesús percibe su rechazo y desconcierto, y les dice con sinceridad y no sin dolor: "Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa".
"Y no pudo hacer allí ningún milagro", no dice el evangelista. Jesús no puede trabajar, realizar su obra liberadora y salvadora, ahí donde no hay fe, donde el hombre reconoce la sabiduría de un mensaje, pero no da crédito a quien lo trasmite por su condición social o profesión. ¿Cuántas veces nos comportamos como esos nazarenos que desprecian a Jesús? ¿Cuántas veces salen de nuestra boca comentarios como: "¿qué me va venir a enseñar a mí ese campesino que apenas sabe leer?", "¿qué puedo aprender de ese hijo de vecino?". ¿Cuántas veces nos cerramos a escuchar la voz de Dios ahí donde Él nos la quiere comunicar?
* 1ª lectura: Ezequiel 2,2-5
Ezequiel recibió su vocación y desarrolló su ministerio profético durante los primeros años del exilio en Babilonia en el siglo VI a.C. A través de su palabra profética de juicio y de consolación, se revelará la fidelidad del Señor al pueblo: los exiliados no han sido olvidados ni abandonados por Dios. También para ellos hay una palabra de Dios.
En el relato aparecen tres protagonistas: Dios, que toma la iniciativa, comunica su palabra al profeta para que la anuncie, y a través del Espíritu lo fortalece y envía; el profeta, llamado a proclamar la palabra del Señor; y el pueblo, que es descrito como rebelde y duro de corazón. Ezequiel, postrado ante la gloria de Dios (1,28), es puesto en pie por la fuerza del Espíritu. Es llamado "Hijo de hombre", pues siendo profeta, sigue siendo un hombre como todos los israelitas, solidario con la historia de sus compatriotas. A ellos deberá anunciarles la palabra del Señor, "te escuchen o no". Al menos "sabrán que hay un profeta en medio de ellos" (v. 5).
* 2ª lectura: 2 Corintios 12,7-10
Además de las persecuciones y los sufrimientos que le llegaban de un ambiente hostil al evangelio, Pablo tiene que sufrir "una espina clavada" en la carne (v. 7). Es difícil saber en qué consistió concretamente esta experiencia. Lo decisivo es que Pablo la vive como experiencia de Dios, pues descubre en medio de su debilidad el poder y la misericordia de Cristo, que él celebra como una fuerza presente en su persona y en el aspecto a veces humillante y doloroso del ministerio apostólico.
* 3ª Iectura: Marcos 6,1-6
Jesús va a "su tierra", muy probablemente Nazaret, aunque Marcos no lo diga (Cfr. Lc 4,16). Enseña en la sinagoga de la ciudad y la muchedumbre que lo escucha se admira y se pregunta: "¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría (sofía) y ese poder para hacer milagros (dynamis)?" (v. 2). El problema que se plantean es el origen, el de dónde viene todo esto. No lo saben y, precisamente, este "no saber" que queda encerrado en la lógica y el conocer simplemente humanos, se convierte en ellos en incredulidad.
Sabiduría (sofía) y milagros (dynamis) son dos términos que expresan la irrupción del Reino de Dios proclamado por Jesús. La sabiduría en la Biblia es la capacidad de actuar en modo correcto. En este caso se trata de la nueva ética que deriva de la enseñanza de Jesús, propuesta con autoridad, y del misterio del reino que expresan las parábolas, que exige una respuesta que compromete la vida entera (Mc 4). Los milagros son los portentos que él realiza, liberando y devolviendo la dignidad a hombres y mujeres, como anticipación de la salvación definitiva. Los habitantes de Nazaret se encuentran delante de una enseñanza y unas obras que contrastan con la mentalidad y la tradición social y religiosa de Israel. Por eso resultan difíciles de aceptar.
Para aquella gente Jesús no es más que "el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, José, Judas y Simón" (v. 3). La frase "hijo de María", probablemente ofensiva en el mundo hebreo pues indicaría un hijo sin padre, en la comunidad post-pascual es el título más apropiado para indicar la identidad de Jesús como Hijo de Dios. En cuanto al problema de "los hermanos carnales" de Jesús, no se puede concluir nada decisivo a partir de un punto de vista filológico. Dos cosas son claras: nunca se habla de "hijos de María", por otra parte no es claro que la palabra "hermanos" se refiera a los primos.
Los habitantes de Nazaret no se abren a la novedad del Reino que Jesús ha comenzado a proclamar y no captan el misterio que en él se esconde. No tienen fe. La fe es precisamente la superación de la ambigüedad del signo profético, que lleva a captar la voz de Dios más allá de los elementos contingentes de carácter histórico o espacial del enviado profético. Parece ser que Jesús entendió su misión a la luz de la misión y el destino de los antiguos profetas. En su propia ciudad, que se convierte en espacio de incredulidad y escándalo, ya que, según un dicho de la época, "todos honran a un profeta, menos los de su tierra" (v. 4), Jesús no pudo realizar ningún milagro (v. 5). El no es un mago que cura exteriormente a los enfermos, sin contar con su apertura de corazón y su fe. El texto se cierra con una triste constatación de Jesús: "Estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente" (v. 6).
SILVIO JOSÉ BAEZ
LA MULTITUD SE PREGUNTABA CON ASOMBRO
El fragmento del evangelio de hoy nos pone ante una cuestión decisiva. Los del pueblo de Nazaret no aceptan a Jesús. El evangelio de Marcos ha hablado ya de la actitud contraria a Jesús por parte de los poderosos, políticos y religiosos, que ante su actitud de libertad deciden matarlo (3,6). El pueblo, en cambio, admira a Jesús y lo alaba (3,7-8). Hoy, sin embargo, toca un punto doloroso; no lo acepta la gente del pueblo, los suyos. El mismo evangelio, que subraya el enfrentamiento de Jesús con el poder (2,1 ss.), dice que se extrañó de su falta de fe (evangelio).
Si leemos detenidamente el evangelio, encontramos alusiones a una cuestión que se debía preguntar la primera comunidad, especialmente ante la experiencia terrible de la cruz: ¿por qué el pueblo de Israel ha rechazado a Jesús, el Mesías? Una línea de respuesta subraya su procedencia. Los maestros de la ley increpan a Nicodemo: "¿También tú eres Galileo? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta" (Jn 7,52). El texto de Marcos que hoy leemos lleva al extremo esta evidencia: "¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas?... ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?" Fue tan decisivo este rechazo de los de Nazaret que Lucas lo pone como inicio de la misión pública de Jesús con la reacción negativa de sus oyentes (Lc 4,16-30).
Esto toca acentos muy entrañables de nuestra experiencia cristiana. La Iglesia ha subrayado siempre que Jesús "es verdaderamente hombre", "es uno de los nuestros", ante la tentación constante de hacerlo un personaje tan elevado a la categoría de Dios que no era verdadero hombre. Y hoy leemos que, precisamente porque era "de los suyos", Jesús es rechazado. Juan el evangelista eleva esto ya a categoría: "Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron" (Jn 1,11).
No es preciso decir que este hecho fue importante en la vida de Jesús, y lo es también para nosotros. Todos vemos y padecemos cómo el ambiente se aleja de la fe cristiana y muchas de las personas que amamos se desentienden del mensaje evangélico y prescinden de él. Es un tiempo de increencia, y nos preguntamos el porqué. No podemos responder sólo con datos del evangelio porque la diferencia de ambientes es abismal. De todas maneras vale la pena entender el sentido de aquel rechazo. En el fondo seguimos siendo personas, como lo eran en su tiempo, y el evangelio se pregunta "¿por qué?" como nos lo preguntamos hoy. Su respuesta toca, sin duda, el núcleo de la experiencia cristiana.
LOS PROFETAS SÓLO SON DESPRECIADOS EN SU TIERRA
¿Qué hay detrás del rechazo de los de Nazaret? A primera vista parece una reacción psicológica espontánea, propia del pueblo: "si es de los nuestros...". Pero esta reacción no es ingenua, manifiesta una realidad más profunda, que está detrás de todas las alusiones a Nazaret y a Galilea. "¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María?", quiere decir: "Sabemos cómo es y cómo es su familia; no pasan de gente normal. Son de los nuestros, es como nosotros". Es la constatación de su debilidad, de su humildad, de la ausencia de éxito y de nombre. Es uno de los nuestros, débil, sencillo, pobre; es de Nazaret. Esto ya toca el núcleo de la experiencia cristiana. Jesús significa sencillez, humildad, debilidad; ningún ejército, ninguna escuela reconocida, ningún éxito.
Y aún otra cosa más importante. Jesús no es mensajero débil de un mensaje poderoso y triunfador. Su debilidad personal es signo de la debilidad del mensaje. Esta es la cuestión decisiva. Jesús habla y es amor, perdón, servicio, búsqueda de la paz y la justicia, limpieza de corazón, confianza sólo en Dios. Nosotros creemos que es la verdad, pero también la verdad es débil. No se puede imponer. Y una vez anunciada no exige nada. Jesús encarna su mensaje. No es un mensaje de victoria, de éxito, de dominio, de orgullo. Todo él es débil; es el amor, el perdón, el servicio, la libertad.
Sólo tiene una victoria: en los que creen en él. En ellos triunfa, por su única fuerza, la de la misma verdad cuando encuentra un corazón abierto y acogedor. Jesús se extraña de que no le crean, pero no puede hacer nada ante ello. Creer es la única manera de acoger un mensaje como el suyo.
Está claro que cuando Marcos escribe esto tiene ante sí la cruz de Jesús. Todo el Evangelio la tiene. Es la suprema debilidad de Jesús y de su mensaje. Pero precisamente en su muerte, aquella debilidad triunfó sobre el odio, la envidia, el orgullo, incluso la soledad y el miedo. Es el triunfo en el corazón de Jesús mismo, ante la aparente victoria de todos los demás, derrotados, sin embargo, por su pecado precisamente en su engañosa victoria. San Pablo lo expresa según su experiencia: "Por eso me alegro de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuando soy más débil, soy más fuerte" (2ª lectura).
Esto nos enseña a comprender hoy dónde está realmente la increencia y dónde está realmente la fe. Teniendo ante nosotros el Evangelio y la muerte-resurrección de Jesús, "no creer" quiere decir rechazar el amor, la paz, el perdón, la limpieza de corazón, la sencillez, la confianza en Dios; son demasiado débiles, no se imponen y no pueden arreglar nada. Probablemente ésta es la verdadera incredulidad. Los de Nazaret son el símbolo de toda la increencia del mundo, de todos los tiempos y de todos los hombres. También la Iglesia y todos nosotros somos siempre iluminados y denunciados por el Evangelio.
GASPAR MORA
El tema de las lecturas bíblicas de hoy se podría describir como "el profeta, motivo de escándalo". El mensaje profético puede ser perturbador, excéntrico en relación con la 'normalidad' de la 'gente de bien'; puede ser "piedra de tropiezo", como puede serlo el mismo Señor (cfr. Is 8, 11-15).
Comencemos con la primera experiencia 'escandalosa', la de Ezequiel (primera lectura). El breve texto que aquí encontramos está tomado del segundo relato de la vocación de este profeta "fuerte", como lo dice la misma etimología de su nombre ("el Señor hace fuerte").
El primer relato de su vocación (c. 1) es mucho más solemne, y podríamos decir "barroco", en sus imágenes y su escenografía. Éste, en cambio, es como una reflexión sobre el dramatismo de la misión profética, destinada a un mundo incomprensivo y hostil. El profeta es un "mártir" en un doble sentido de la palabra: en el de "testigo" y en el de "hombre inmolado". El anuncio de la misión profética manifiesta ya el destino del que es llamado. Israel ha sido siempre un pueblo obstinado y pecador, "nación rebelde"; pero "escuchen o no escuchen" no podrán hacer callar al profeta ni ignorar su voz. La palabra que él debe proclamar no es suya, sino de Dios mismo: «Les dirás:así dice el Señor" (Ez 2,4). La firmeza será la característica de este 'párroco de los desterrados' en Babilonia, aunque se vea "sentado sobre escorpiones" (v. 6).
La misma reacción de 'escándalo' se repite con Jesús, en esa experiencia que él vive en su poblado de Nazaret (evangelio). El escándalo es precisamente el de la falsa religiosidad, que se resiste a reconocer la intervención de Dios en un evento o ante una persona que parecen comunes y corrientes.
En cambio, la revelación de Dios pasa por la encarnación; y esa presencia de Dios es invisible a los falsamente 'religiosos', precisamente por su visibilidad y por su 'normalidad' cotidiana: «¿No es éste el carpintero, el hiyo de Maríá y hermano de Santiago, José, Judas y Simón?» (Mc 6,3). La fe está en superar la ambiguedad del signo profético, para captar su estructura teológica profunda, más allá de la envoltura contingente, espacio-temporal.
Para captar el misterio de la persona de Jesús, hay que abrirse al Jesús real, y no reducirlo a la imagen (o ¿caricatura?) que nos habíamos hecho de Él. Su poder y su palabra se vuelven ineficaces cuando no encuentra Él una escucha atenta, una disponibilidad para creer.
También la Segunda Carta a los Corintios (segunda lectura) es, una carta que proyecta la imagen de un apóstol impugnado e incomprendido. Con una buena dosis de ironía, Pablo, en un pasaje anterior (11,21-29), enumera los títulos y las motivaciones de su dignidad de apóstol, mostrando también la carga de sacrificio, de pasión y de entrega que ella lleva consigo. Desenmascarando los juegos de poder que parecen estar presentes en la comunidad de Corinto, Pablo asegura la limpidez de su actividad apostólica, ahora discutida y aun injuriada.
Pero el apóstol termina diciendo que acepta con gusto las debilidades, las injurias y las persecuciones que le toca sufrir; pues, por la gracia del Señor, «cuando soy débil -dice- es cuando soy fuerte" (2 Cor 12,10).
Que el Señor Jesús, que se nos hace presente en nuestra celebración de la Eucaristia, disponga cada vez mejor nuestros corazones para recibir su palabra y para actuar conforme a lo que Él nos enseña.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
COLABORACIÓN
DE TODOS
EN LA VIDA PÚBLICA
Concilio Vaticano II.
Constitución sobre la Iglesia
en el Mundo Actual, n. 75.