XIV DOMINGO ORDINARIO
6 de julio 2008, Ciclo A

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Proyecto de homilía     Dios Hoy




Casulla_Blanca

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 47,10-11

Recordaremos, Señor, los dones de tu amor, en medio de tu templo. Que todos los hombres de la tierra te conozcan y alaben, porque es infinita tu justicia.


ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que por medio de la muerte de tu Hijo has redimido al mundo de la esclavitud del pecado, concédenos participar ahora de una santa alegría y, después en el cielo, de la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Mira a tu rey que viene humilde hacia ti.

Del libro del profeta Zacarías: 9,9-10

Esto dice el Señor: "Alégrate sobremanera, hija de Sión; da gritos de júbilo, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti, justo y victorioso, humilde y montado en un burrito.

El hará desaparecer de la tierra de Efraín los carros de guerra, y de Jerusalén, los caballos de combate. Romperá el arco del guerrero y anunciará la paz a las naciones. Su poder se extenderá de mar a mar y desde el gran río hasta los últimos rincones de la tierra".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 144

R/. Acuérdate, Señor, de tu misericordia.

Dios y rey mío, yo te alabaré,
bendeciré tu nombre siempre y para siempre.
Un día tras otro bendeciré tu nombre
y no cesará mi boca de alabarte. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus creaturas. R/.

El Señor es siempre fiel a sus palabras,
y lleno de bondad en sus acciones.
Da su apoyo el Señor al que tropieza
y al agobiado alivia. R/.

Que te alaben, Señor, todas tus obras,
y que todos tus fieles te bendigan.
Que proclamen la gloria de tu reino
y den a conocer tus maravillas. R/.

SEGUNDA LECTURA

Si con la ayuda del Espíritu dan muerte a los bajos deseos del Cuerpo, vivirán.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 8,9.11-13

Hermanos: Ustedes no viven conforme al desorden egoísta del hombre, sino confonne al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes. Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu, que habita en ustedes.

Por lo tanto, hermanos, no estamos sujetos al desorden egoísta del hombre, para hacer de ese desorden nuestra regla de conducta. Pues si ustedes viven de ese modo, ciertamente serán destruidos. Por el contrario, si con la ayuda del Espíritu destruyen sus malas acciones, entonces vivirán.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr Mt 11,25

R/. Aleluya, aleluya.

Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.. R/.

EVANGELIO

Soy manso y humilde de corazón.

Del santo Evangelio según san Mateo: 11,25-30

+ En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera".
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que el sacrificio que vamos a ofrecerte nos purifique, Señor, y nos ayude a conformar cada día más nuestra vida con los ejemplos de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio dominical

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mt 11,28

Vengan a mí todos los que están agobiados y oprimidos y yo les daré alivio, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dios omnipotente y eterno, que nos has alimentado con el sacramento de tu amor, concédenos vivir siempre en tu amistad y agradecer continuamente tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Servicio

UNA ORACIÓN LLENA DE ESPERANZA

En su anuncio de la buena nueva del Reino, Jesús no sólo ha sufrido incomprensiones: "¿Por qué su maestro come con los recaudadores de impuestos y los pecadores?" (Mt 9,11), "¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?" (Mt 9,14), "¿Eres tú quien tenía que venir, o debemos esperar a otro?" (Mt 11,3); sino calumnias, persecución, rechazo: "Expulsa los demonios con el poder del príncipe de los demonios" (Mt 9,34), "Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores" (Mt 11,19). Jesús ha recorrido ya varios pueblos, pero no ha encontrado la respuesta que esperaba. Se ha esforzado por anunciar la buena nueva de manera creativa y sencilla (por medio de parábolas), ha hecho milagros que curan, mueven, liberan... que hablan de la posibilidad de un Reino de amor, justicia y fraternidad. Y aún así la gente no escucha, no ve, no se convierte: "Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados en ustedes, hace tiempo que, vestidas de penitencia y sentadas en cenizas, se habrían convertido" (Mt 11,21). Jesús no se desespera ni se angustia. Hace oración. Comunica a su Padre todo lo que ve y siente hasta que, en un momento de luz y sentido, dice: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla!". Jesús manifiesta el modo en que Dios trabaja y quiere comunicársenos. Lleno de alegría y entusiasmo, Jesús reemprende su misión e invita a todos, hombres y mujeres, a acercarse a él para encontrar descanso, salud, esperanza: "Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio".

El evangelio de este domingo nos invita a encontrar, aun en medio de la persecución y del rechazo, a Dios, que es Padre y trabaja siempre. A dirigirnos a él en todo momento, con una oración llena de esperanza.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Zacarías 9,9-10

La segunda parte del libro del profeta Zacarías o Segundo Zacarías (Zac 9-14) fue escrito a finales del siglo IV o comienzos del siglo III a.C. En el libro se reflejan las divisiones y los conflictos que marcaron la vida de la comunidad judía muchos años después del regreso del exilio. Había desaparecido ya la generación que volvió de Babilonia y habían quedado atras los primeros años de entusiasmo.

El profeta invita al pueblo a alegrarse (Zac 9, 9). Las expresiones "hi ja de Sión" e "hija de Jerusalén" designan a todos los habitantes de la ciudad santa y especialmente a aquellos que constituyen el pequeño "resto" fiel que vive según la Ley del Señor. A ellos se les anuncia con una noticia alegre y esperanzadora: la llegada de un rey justo y victorioso. En aquella época ya había desaparecido la monarquía en Israel y, por lo tantos aquel anuncio era una fuerte crítica para los que poseían el control del Templo y el limitado poder del que gozó lsrael en la época helenística.

La llegada del nuevo rey se caracteriza por la sencillez y la simplicidad. Viene "humilde y montado en un burrito", no en un grandioso corcel como los poderosos y los hombres de guerra. La Biblia a menudo condena el uso de los caballos como símbolo del militarismo y de la violencia (Cfr. Deut 17,16; Is 2,7; Miq 5,9). La obra del nuevo rey es una obra de paz: "anunciará la paz a las naciones". Destruyendo las armas de guerra simbolizadas en "los carros de guerra" de Efraín y "los caballos de combate" de Jerusalén, el nuevo rey humilde y pacífico es garantía de un futuro ilimitado de paz y de justicia.

* 2ª lectura: Romanos 8,9.11-13

Para Pablo hay dos formas de existencia: "conforme al desorden egoista del hombre" o "conforme al Espíritu", vivificados y, aliados por Dios. El Espíritu de Cristo, que es el Espíritu de Dios, es donado a los que creen en él, como señal eficas de pertenencia (v. 9).

El Espíritu, que habita en el creyente, no sólo inspira acciones conforme a la verdad de Cristo, sino que prolonga su acciona hasta vivificar totalmente a la persona ("sus cuerpos mortales"), haciéndolo superar el límite de la muerte y abriéndole el destino de la hinmortalidad, del mismo modo que obró rn la resurrección de Cristo (v. 11).

* 3a lectura: Mateo 11,25-30

Jesús manifiesta espontáneamente sus sentimientos de alabanza y estupor delante de su Padre. Se trata de una típica oración de bendición, que surge espontánea en forma de agradecimiento y alabanza cuando se ha reconocido en medio de lo cotidiano de la existencia una manifestación concreta de la bondad divina (vv. 25-26). Jesús bendice al Padre cuando reconoce los caminos misteriosos de Dios, que "revela" y "esconde" según parámetros totalmente libres y gratuitos. El texto no dice cuáles son "estas cosas" que Dios oculta y revela, pero del contexto inmediatamente precedente se deduce que se trata de la comprensión de las obras del Mesías, del proyecto de Dios manifestado en las palabras y acciones de Jesús (Cfr. Mt 11,1-24).

Este modo misterioso y sorprendente con el que Dios actúa, pone de manifiesto la voluntad amorosa del Padre. En su revelación privilegia a los simples, a los pequeños, a los que el mundo desprecia, a los que no saben. Los "sabios" y "entendidos" son los que se sientan "en la cátedra de Moisés" y se han hecho dueños de "la llave del saber" (Mt 23,2). La "gente sencilla" (los népioi), en cambio, representan a aquella parte del pueblo que es despreciada porque se la considera ignorante: los pobres, los hambrientos, los pecadores, los enfermos. Los "sencillos" se identifican, a fin de cuentas, con el discípulo de Jesús, que acoge y acepta su palabra como gracia y que es sencillo y pobre de corazón ante el misterio del Reino que lo desborda y lo fascina.

La elección gratuita de los "sencillos" como destinatarios de la revelación del Padre se justifica por el hecho de que Jesús es el mediador histórico de esta revelación. Jesús es el Hijo que revela plenamente el misterio del Padre, gracias al recíproco conocimiento de amor entre ambos (v. 27) La relación filial de Jesús con el Padre es única. El Padre le ha entregado todo y le ha confiado la misión de revelar su misterio y su verdad salvadora.

Ya que Jesús es el mediador único de la revelación y de la salvación, el texto concluye con un llamado a seguirlo (vv. 28-30). Tomar sobre sí el yugo era una frase que indicaba el compromiso por observar los mandamientos de la Ley. Los "fatigados y agobiados" representan al pueblo sometido al régimen opresor y asfixiante de la interpretación farisaica de la Ley (Cfr. Mt 23,4).

Jesús, en cambio, que revela en forma definitiva la voluntad divina, la propone como camino de liberación. Él es el primero que la vive personalmente en forma plena, pues es "sencillo y humilde de corazón": totalmente fiel a Dios y misericordioso con los hombres. Por eso invita a aprender de él. Su "yugo", el anuncio del Reino y sus consecuencias, es fuente de "descanso". Con Jesús se hace realidad la felicidad mesiánica prometida y donada ahora por Dios como garantía de la salvación definitiva.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

LA ORACIÓN DE JESÚS

Acabado el discurso de la misión (capítulo 10), y antes de comenzar la predicación en parábolas (capítulo 13, que nosotros seguiremos a partir del próximo domingo), el evangelista Mateo presenta a Jesús en plena actividad por Galilea, predicando y curando (capítulos 11 y 12). Y, en medio de esa actividad, la oración de Jesús que hoy escuchamos en el evangelio. Sin duda, la oración es una dimensión importante de la vida cristiana. Lo fue para Jesús: una oración filial intensa, cimentada en la unidad del Padre con el Hijo, tal como queda reflejado en el evangelio de hoy (v. 27). Y tiene que serlo para nosotros. La paz y la fuerza interior que tenía Jesús nacían de su rica vida interior y de su íntima y profunda relación con el Padre. También nosotros debemos tener esos espacios. El tiempo de verano que estamos comenzando puede ser una buena ocasión para buscar momentos de oración y meditación.

EL VALOR DE LA SENCILLEZ

Jesús comienza su oración dando gracias a Dios: "porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla". En muchos otros fragmentos del Evangelio se constata que Dios se complace en los sencillos, los débiles, los pobres, y no en los poderosos. Para poder contemplar la mano de Dios en nuestra vida, para poder captar la bondad de Dios, para poder rezar, para poder vivir con el optimismo y la esperanza que vienen de la fe, hay que tener un corazón sencillo, humilde, austero. Los "sabios y entendidos" seguramente ya tienen el corazón y la cabeza llenos de muchas otras preocupaciones, no hay espacio para Dios.

Jesús también vivió así. La lógica de la cruz, que tantas veces hemos repetido, subraya el valor de "la muerte de tu Hijo", por medio de la cual Dios "redimió al mundo de la esclavitud del pecado. Como dice la oración colecta de hoy. También Dios es así, "compasivo y misericordioso... Bueno para con todos", como nos recuerda el salmo. La primera lectura de hoy nos presenta la alegría y el entusiasmo de Israel porque Dios envía un rey victorioso, pero que entra en su ciudad "humilde y montado en un burro". Evidentemente, una imagen del mismo Jesús que el domingo de Ramos entrará también así en la ciudad de Jerusalén.

PAZ, ALEGRÍA Y REPOSO

La oración, la actitud de sencillez y humildad... El evangelio de hoy es de aquellos que nos transmiten paz, la paz de espíritu que a menudo tanto necesitamos. En un mundo en el que vamos tan atareados, y agobiados por el ritmo de vida tan lleno, y también por las dificultades de la vida cotidiana, consuela ver cómo Jesús es capaz de darnos esa paz, ese reposo, esa alegría interior. Toda la liturgia de hoy nos llena de esos sentimientos. Ya hemos visto cómo en la primera lectura el profeta Zacarías invita al pueblo a alegrarse, por ese rey que traerá la salvación y que "anunciará la paz a las naciones". El salmo nos presenta al Señor: "Bueno para con todos y su amor se extiende a todas sus creaturas y lleno de bondad en sus acciones". un Dios al que debemos alabar siempre (oración poscomunión), y darle gracias por la alegría que nos transmite. La alegría que pedimos en la oración colecta: "Concédenos participar ahora de una santa alegría y, después en el cielo, de la felicidad eterna".

Y sobre todo las palabras de Jesús en el evangelio: "Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados, y yo les daré alivio". El discípulo de Jesús ya no tiene que soportar el peso abrumador de la Ley, sino "un yugo suave y una carga ligera". Jesús es "manso y humilde de corazón", la mejor imagen de aquel Dios "lento para enojarse y generoso para perdonar" que antes comentábamos. Ciertamente, ponerse en sus manos es la mejor forma de "encontrar descanso".

DEJÉMONOS LLEVAR POR EL ESPÍRITU

La vida cristiana, la vida del discípulo de Jesús, es por lo tanto una vida diferente, una vida según el Espíritu. San Pablo lo explica muy bien en el capítulo 8 de su Carta a los romanos, que leemos hoy y durante cinco domingos: "Ustedes no viven conforme al desorden egoísta del hombre, sino conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes". En efecto, nosotros ya no debemos vivir según "el desorden egoísta del hombre", o sea los valores inmediatos, materiales, superficiales, sino según unos valores más espirituales, profundos, esos valores que hoy el evangelio nos ha invitado a experimentar y que nos pueden llevar a la felicidad de verdad, a una vida más auténtica, la vida de los hijos de Dios: "Si con la ayuda del Espíritu destruyen sus malas acciones, entonces vivirán". Es una forma diferente de enfocar la vida las ocupaciones; incluso los problemas quedan iluminados por la alegría, la esperanza y la paz que vienen de nuestra fe. Debemos orientar nuestra vida en esa dirección, pidiéndole a Dios con la oración sobre las ofrendas de hoy, que "nos purifique... y nos ayude a conformar cada día más nuestra vida con los ejemplos de su Hijo Jesucristo".

XAVIER AYMERICH

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Proyecto de homilía

El "himno de júbilo" con que Jesús da gracias al Padre por haber escondido los misterios del Reino a los "sabios" y "entendidos" y haberlos revelado a los "pequeños" (Mt 11,25) da el tono a toda la liturgia de hoy.

Jesús nos dibuja un mundo en el que se transforman radicalmente las relaciones entre los seres humanos y los criterios que sirven para valorar los comportamientos y las acciones. Delante de Dios no cuenta la sabiduría humana, que tiene siempre una buena dosis de presunción; sino la simplicidad del corazón. Aunque el mensaje de Jesús es un "yugo", no oprime, sino que da gozo y "descanso" a las almas desorientadas. Jesús, a quien el Padre le "ha entregado todo" (11,27), se presenta a sus discípulos sin ninguna jactancia, como Maestro "manso y humilde de corazón". Esa misma humildad que el profeta Zacarías había anunciado ya para el futuro Rey mesiánico, que entraría a Jerusalén no con el esplendor ruidoso de los carros de guerra y los caballos, sino montando un humilde borriquillo (Za 9,9).

Es el mundo nuevo y diverso que deberían construir los cristianos, siguiendo y actuando el mensaje evangélico, que trastorna las categorías corrientes, pero que no acaba de nacer. Ante nuestra fe y ante la historia tenemos el deber de hacer que no siga siendo sueño o "utopía" lo que Jesús quiso que fuera una consoladora realidad.

El pasaje ya recordado del profeta Zacarías (primera lectura) nos presenta un conocido oráculo mesiánico, que Mateo verá realizado en la solemne entrada de Jesús a Jerusalén. La invitación a la alegría que se hace aquí a la ciudad santa es motivada no sólo por el hecho de que ella tendrá de nuevo un Rey, después de la humillación y desastre del destierro; sino también porque ese Rey será cercano a las necesidades de la gente. Aun siendo potente y victorioso, será "humilde" en medio de los suyos, compartirá sus problemas y sufrimientos. Él abolirá todos los instrumentos de guerra y propondrá un mensaje de paz para los habitantes de toda la tierra.

El pasaje del evangelio se relaciona con ese pasaje profético tanto por el fondo común de pensamiento como por la referencia explícita que encontramos en la presentación que Jesús hace de sí mismo como "apacible y humilde de corazón". De hecho, solamente aquí y en Mt 21,5, donde se cita la profecía de Zacarías en el contexto de la entrada de Jesús a Jerusalén, se aplica a Jesús el adjetivo griego "prays" (manso, apacible); señal de que el mismo Jesús se aplicaba, con plena conciencia mesiánica, ese texto profético.

La afirmación teológica central (11,27), sobre la relación única y exclusiva entre el Padre y el Hijo, hace pensar que lo escondido a los sabios y revelado a los pequeños no son tanto "los misterios del Reino de los cielos", en general, cuanto la verdad de esa relación recíproca entre el Padre y el Hijo; es decir, el verdadero "ser" de Cristo. En esa frase Jesús emplea el verbo "conocer"; pero hay que recordar que el "conocer" en la Biblia incluye también el "amar". Entre el Padre y el Hijo hay, pues, una compenetración total y una total donación recíproca cognoscitiva y amorosa, la cual, por lo demás, no se queda encerrada sólo en ellos, sino que sale fuera y se comparte con todo aquél a quien "el Hijo lo quiera revelar".

La segunda lectura profundiza la invitación final que Cristo hace en el pasaje del evangelio, cuando San Pablo dice que el cristiano se debe dejar guiar por "el Espíritu de Cristo" y no por las seducciones de la carne.

En nuestra celebración de la Eucaristía el Señor Jesús nos revela y nos comparte su comunión con el Padre. ¡Que nos abramos a El de tal manera que eso se manifieste en cada momento de nuestra vida!

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

VENGAN A MÍ... Y YO LES DARÉ ALIVIO

En el evangelio de hoy Cristo se refiere a los que estamos fatigados y agobiados por la carga: