XIII DOMINGO ORDINARIO
28 de junio 2009, Ciclo B

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Casulla Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 46,2

Pueblos todos, aplaudan; aclamen al Señor con gritos de júbilo.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Padre de bondad, que por medio de tu gracia nos has hecho hijos de la luz, concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo.

Del libro de la Sabiduría: 1,13-15; 2,23-24

Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera. Las creaturas del mundo son saludables; no hay en ellas veneno mortal.

Dios creó al hombre para que nunca muriera, porque lo hizo a imagen y semejanza de sí mismo; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan quienes le pertenecen.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 29

R/. Te alabaré, Señor, eternamente.

Te alabaré, Señor, pues no dejaste
que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
y a punto de morir, me reviviste. R/.

Alaben al Señor quienes lo aman,
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;
por la mañana, el júbilo. R/.

Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente. R/.

SEGUNDA LECTURA

Que la abundancia de ustedes remedie la necesidad de sus hermanos pobres.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios: 5,14-17

Hermanos: ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros, distínganse también ahora por su generosidad.

Bien saben lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para que ustedes se hicieran ricos con su pobreza.

No se trata de que los demás vivan tranquilos, mientras ustedes están sufriendo. Se trata, más bien, de aplicar durante nuestra vida una medida justa; porque entonces la abundancia de ustedes remediará las carencias de ellos, y ellos, por su parte, los socorrerán a ustedes en sus necesidades. En esa forma habrá un justo medio, como dice la Escritura: Al que recogía mucho, nada le sobraba; al que recogía poco, nada le faltaba.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. 2 Tim 1,10

R/. Aleluya, aleluya.

Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio. R/.

EVANGELIO

¡Oyeme, niña, levántate!

+ Del santo Evangelio según san Marcos: 5,21-43

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?" Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: '¿Quién me ha tocado?' " Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe". No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: " ¡Talitá, kum! ", que significa: "Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.
Palabra del Señor.

Se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía por medio de la cual tú te dignas hacernos partícipes de los frutos de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 17,20-21

Padre, te ruego por ellos, para que sean uno en nosotros, a fin de que el mundo crea que tú me has enviado, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que hemos ofrecido en sacrificio y recibido en comunión, sean para nosotros principio de vida nueva, a fin de que, unidos a ti por el amor, demos frutos que permanezcan para siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Levantate

NO TEMAS, TEN FE

En el evangelio de este domingo se nos narran dos milagros: la resurrección de la hija de Jairo y la curación de una mujer que tiene flujos de sangre desde hace doce años. En el primer caso vemos a un hombre conocido, respetado, uno de los jefes de la sinagoga, que con humildad suplica a Jesús: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". En el segundo caso vemos a una mujer que padece una enfermedad que en las categorías de aquella época significaba impureza. Marginada por enferma y pobre, esta mujer se acerca a Jesús y toca su manto como intentando robarle un milagro. Son dos modos de acercarse a Jesús en la que está de por medio la fe. Jairo, que era del grupo social que rechazaba a Jesús, deja todo y busca al Señor. Por encima de los juicios de los vecinos o de los fariseos, confía en Jesús, cree en Jesús. Cuando todo indica que la niña ha muerto, Jesús le insiste: "No temas. Basta que tengas fe". Del mismo modo, cuando Jesús se da cuenta de que una fuerza curativa ha salido de él, pregunta a la multitud: "¿Quién ha tocado mi manto?". Y es aquí cuando la mujer sale de su anonimato y confiesa la verdad. Jesús confirma y celebra su fe, le dice con ternura: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".

¿No te ha pasado que a veces, por alguna enfermedad, algún problema familiar o por la falta de oportunidades, sientes que la vida se te va gota a gota? ¿O que ante la enfermedad de un familiar o el asomo de la muerte, tu fe se tambalea? Sin importar tu condición social, seas hombre o mujer, de una raza o de otra, Jesús te ve con amor y te busca entre la gente para decirte: "No temas, ten fe".

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Sabiduría 1,13-15; 2,23-24

El libro de la Sabiduría fue escrito en ambientes judíos de la diáspora de Alejandría en Egipto entre los años 150-30 a.C. Sin abandonar la herencia bíblica y las grandes intuiciones del pensamiento hebreo, su perspectiva antropológica refleja un cierto influjo del pensamiento griego, especialmente en su corriente estoica.

Para el autor del libro, Dios es "amigo de la vida" (Cfr. Sab 11,26): "Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes" (Sab 1,13). La muerte física forma parte de la condición del ser humano, pero puede convertirse en alejamiento eterno de Dios para el pecador, o en comunión de vida eterna con Dios para el justo. En todo caso, Dios no ha creado la muerte definitiva del hombre. En las creaturas del mundo "no hay en ellas veneno mortal" (Sab 1,14b). El texto de la Sabiduría afirma claramente que "Dios creó al hombre para que nunca muriera, porque lo hizo a imagen y semejanza de sí mismo" (2,23).

El hombre, por su parte, como dice el texto completo, debe corresponder a este don de Dios, teniendo en cuenta que "la justicia es inmortal" (1,15), es decir, que la raíz y el fundamento de la vida eterna es la justicia, entendida como obediencia a los mandatos del Señor, que en la vida terrena va preparando para el justo un destino de gloria y de inmortalidad. El pecador, en cambio, se encamina hacia un final trágico de muerte física y espiritual, pues "por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan quienes le pertenecen" (2,24).

* 2ª lectura: 2 Corintios 8,7.9.13-15

En 2 Corintios 8-9 Pablo exhorta a la colecta en favor de los pobres de Jerusalén. La solidaridad en favor de los más necesitados es una forma concreta de manifestar la fe. Compartir lo que se posee con aquellos que están en una situación económica precaria es una dimensión fundamental de la fraternidad cristiana. Para Pablo el fundamento de la solidaridad y la igualdad económica es el ejemplo de Cristo, el cual "siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para que ustedes se hicieran ricos con su pobreza" (2 Cor 8,9).

* 3ª lectura: Marcos 5s 21-43

Marcos narra el doble milagro de la curación de la mujer que padecía flujo de sangre y de la resurrección de la hija de Jairo. Se trata de dos mujeres disminuidas en su vitalidad y en su dignidad. La primera padece flujos de sangre desde hace "doce años" (v. 25); es pobre, pues ha gastado todos sus bienes buscando inútilmente la salud y además vive excluida de la vida social y religiosa de Israel a causa de su impureza (Lev 12,7). La hija de Jairo es una niña de "doce años" (v.42), vencida por la enfermedad y la muerte cuando apenas es una adolescente. La primera es un cadáver viviente, expulsada de la sociedad; la segunda es víctima de una muerte prematura.

La mujer con los flujos de sangre oye hablar de Jesús, va a su encuentro y, transgrediendo las normas de pureza levíticas, le toca el manto (vv. 27-29). Cuando lo toca, Jesús percibe inmediatamente que "una fuerza curativa había salido de él" (v. 30). De él irradia un poder que libera y que sana. Temerosa de ser descubierta, la mujer sale del anonimato y se presenta ante Jesús, que le dice: "Hija, tu fe te ha curado (griego: verbo sózo, "salvar"); vete en paz y queda sana de tu enfermedad" (v. 34). Las palabras del Señor interpretan el gesto de la mujer. Ha sido su fe la que le ha devuelto la salud y la dignidad, como anticipación de la salvación eterna. Jesús la invita a irse en "paz", que en el lenguaje bíblico es expresión de todos los bienes que el hombre puede alcanzar. Jesús ha introducido a esta mujer en la paz, otorgándole la salud física y espiritual.

Antes del episodio de la hemorroísa, Jairo, uno de los jefes de la sinagoga, le había rogado a Jesús que viniera a sanar a su niña moribunda (v. 23): Mientras sucede el encuentro de la hemorroísa, llegan de la casa de Jairo a avisar que su niña ha muerto (v. 35). Jesús le pide a Jairo que tenga fe y se encamina con Pedro, Santiago y Juan a su casa. Al llegar, encuentra el llanto fúnebre. Para Jesús la niña duerme. En el Antiguo Testamento es común la relación sueño-muerte (Sal 13, 4; Job 14,12). Entra en la habitación donde está la niña, la toma de la mano y le ordena levantarse. La frase aramea de Jesús, Marcos la traduce utilizando el mismo verbo griego de la resurrección: egéiro. En la resurrección de aquella niña se anticipa y se hace presente el misterio de su propia resurrección en favor de toda la humanidad.

Ambas mujeres vuelven a la vida normal y a la convivencia social. La primera, curada y liberada de la impureza que le imponía la ley; la segunda, caminando y volviendo a comer.

SILVIO JOSÉ BAEZ

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Orientaciones para la celebración

NUESTRA DEBILIDAD HUMANA

La narración evangélica que leemos hoy tiene acentos muy especiales. Se interfieren dos milagros, de manera sorprendente, y es así en los tres sinópticos. Las beneficiarias son dos mujeres en situación muy distinta, pero símbolo las dos de la debilidad y la necesidad extremas. Una es ya madura, con una enfermedad que, según la ley, la hacía impura y hacía impuros a todos los que la tocaban; avergonzada por un mal del cual no tenía ninguna culpa, se acerca en silencio, a escondidas, por detrás, quizá la única vez en el Evangelio en la que el enfermo rehuye el cara a cara con Jesús. La otra es una niña que acaba de morir, muestra de la situación humana más dolorosamente débil, la que hace sufrir a todos y no tiene consuelo, la que provoca las preguntas más angustiosas, entonces y ahora, sobre el porqué y el sentido.

Como todos los milagros, y estos muy especialmente, estas dos mujeres son muestra de lo más abandonado, marginado y débil; son símbolo de nuestra humanidad débil y mortal, que siempre reaparece, quizás hoy más que nunca, después de nuestro progreso técnico y después de nuestros discursos pedantes sobre la pretendida madurez de la humanidad. En ambos casos aparece la actitud de acercarse a Jesús, casi desesperadamente, y la palabra de Jesús que habla de la fe, la paz, la libertad, la vida; a la mujer: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad"; al padre de la niña: "No temas; basta que tengas fe".

"LA NIÑA NO ESTÁ MUERTA, ESTÁ DORMIDA" (Evangelio)

¿Qué hay detrás de estos milagros? Fijémonos en la frase, desconcertante, de Jesús: "La niña no está muerta, está dormida"; lo dijo también de Lázaro, muerto (Jn 11,11). Jesús tiene una mirada que va más allá de nuestras evidencias. La muerte visible no es la muerte auténtica; la verdadera muerte es la que ya no se puede recuperar, la "muerte segunda", según el Apocalipsis. La niña simplemente duerme; es decir, se puede despertar. Es la mirada de Jesús sobre nuestra humanidad. Esta es muy débil, está sujeta a toda clase de dificultades, incluso es capaz de todas las indignidades, pero se puede recuperar, sólo está dormida. Es la mirada más noble y más ilusionada que se puede tener sobre nuestro mundo humano, débil y terrible. "Vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban" (evangelio) es la voz de los que sólo tienen palabras negativas, de los que dicen que el hombre no tiene solución, que ríen si alguien dice otra cosa; símbolo de nuestra posmodernidad, tan decepcionada de antiguos sublimes lenguajes y tan temerosa de un futuro incierto y amenazador, los "profetas de calamidades", como dijo Juan XXIII.

La mirada de Jesús está llena de paz y de esperanza; esta humanidad no está muerta, sólo duerme. Él viene a ponerla en pie. Marcos lo subraya al máximo con una de las pocas expresiones arameas del Evangelio: "¡Talitá, kum!"; "¡Oyeme, niña, levántate!". El viene a dar la mano y levantar a la mujer marginada y oprimida, a los débiles e impotentes, a la humanidad entregada a la desesperación y al callejón sin salida.

"NO TEMAS; BASTA QUE TENGAS FE" (Evangelio)

La narración de la niña muerta y resucitada evoca la muerte y resurrección de Jesús mismo. La frase "no temas; basta que tengas fe" recuerda la propia. plegaria en Getsemaní; se acompaña de los mismos tres discípulos que en el huerto, en la casa todos "se reían de él" como en la cruz; y el resultado final es la vida. Aquí está la verdadera sorpresa del evangelio. Jesús viene a recuperar personalmente la vida y a darla a los demás, y lo hace sin ahorrarse nada; lo hace en la cruz, dándose totalmente a Dios y a los hombres, y haciendo así el paso hacia la resurrección. "Bien saben lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para que ustedes se hicieran ricos con su pobreza" (2ª lectura).

La humanidad débil y entregada a la desesperación se levanta por la fe. El mismo Jesús, débil y víctima hasta la muerte, ha encontrado la vida por su perdón y su entrega amorosa al Padre. La imagen de Jesús dando la mano y levantando a la niña muerta es el signo de Jesús dando a nuestra humanidad débil la única cosa que puede levantarla: la fe. Creer en Dios, Absoluto de la vida y el Amor, es el único camino para levantarse, perder el miedo y encontrar la libertad, la paz, la vida. Jesús mismo, dormido en la cruz, ha despertado a la vida y nos despierta a todos al amor, la paz y la esperanza.

GASPAR MORA

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Proyecto de homilía

Los párrafos tomados del libro de la Sabiduría (primera lectura) nos dan una pista para escuchar también los dos textos del Nuevo Testamento que el leccionario nos presenta hoy. Se afirma que la justicia es la raíz de la inmortalidad (Sab 1,15), y la contraposición entre vida y muerte es uno de los temas fundamentales de todo el libro. La justicia en la vida terrena es para el creyente el secreto de un destino de gloria y de inmortalidad feliz.

En 2,24 el libro de la Sabiduría identifica, por primera vez en la Biblia, a la serpiente del capítulo tercero del Génesis con el diablo. El bien y el mal se enfrentan en la historia: Dios está de la parte del bien, del amor, de la vida y de la felicidad.

Esto último aparece ejemplificado, también en cuanto a lo físico, en el pasaje del evangelio que refiere el doble milagro en favor de la mujer que padecía hemorragias y de la hija de Jairo. La resurrección de la niña es llevada del nivel meramente fisiológico al nivel de la experiencia pascual. Hay que leer la historia del dolor y de la muerte humana a la luz de la certeza de la resurrección de Jesús, quien haciendo suya nuestra humanidad hasta el último nivel del dolor y de la muerte, ha conquistado estas realidades tan trágicamente humanas y las ha abierto a la esperanza y a la vida.

El milagro de la mujer que padecía hemorragias une también los dos aspectos, físico y espiritual, en una única explicación liberadora. Efectivamente, el milagro se realiza claramente en dos fases: en la primera se realiza en forma primitiva y parcial la curación física; Cristo se preocupa también de esta realidad concreta que es el sufrimiento físico... Pero enseguida se desarrolla un segundo aspecto, marcadamente espiritual: Jesús, además de curar a aquella mujer, la absuelve también de sus pecados: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz" (Mc 5, 34). La obra de Cristo se realiza precisamente en esta totalidad: la vida que Él reconstruye en el ser humano no tiene una única vertiente, sino que recorre todas las direcciones de la realidad humana, haciéndola cada vez más espejo e imagen de Dios.

En esta línea podemos situar también fácilmente el pasaje de la Segunda Carta a los Corintios (segunda lectura), tomado de esa reflexión sobre la limosna cristiana que son los capítulos 8 y 9 de la Carta, dedicados al tema de la colecta en favor de la iglesia de Jerusalén.

También aquí la preocupación por la iglesia-madre debe seguir el ejemplo de Cristo, «el cual, siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para enriquecerlos con su pobreza" (2 Co 8,9). Esta síntesis cristológica tiene su aplicación más pertinente en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. De ahí se sigue que la donación en favor de los pobres es como la substancia del compromiso cristiano; como lo había sido para el mismo Cristo, quien «pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo», (Hech 10,38).

Esta exhortación de San Pablo, que es también interesante porque abre una rendija sobre la situación socioeconómica de las comunidades cristianas de aquel primer siglo, se cierra con una cita del libro del Éxodo sobre la igualdad en la repartición y distribución del maná Ex 16,18). La lógica del abajamiento de Cristo está en la base de todo compromiso de fraternidad, de caridad y de igualdad cristiana.

¡Que el ejemplo y la gracia de Jesús, que se hace presente en nuestra celebración de la Eucaristía, nos ayuden a ser más generosos en nuestro compromiso cristiano con los demás!

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

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