NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
12 de diciembre

Era el mes de diciembre de 1531 diez años solamente después de conquistada Tenochtitlan por los españoles cuando la santísima Virgen se apareció al indito Juan Diego en el cerro del Tepeyac. Lo nombró su embajador ante el obispo fray Juan de Zumárraga para que le construyeran un templo. La prueba de que las palabras de Juan Diego eran ciertas fueron las rosas que llevó en su tilma y la preciosa imagen que apareció dibujada en ella. La Santísima Virgen es nuestra Madre. Toda la historia de Juan Diego y de las apariciones de la Virgen están fundadas en una constante y sólida tradición.

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Casulla_Blanca

ANTÍFONA DE ENTRADA Apoc 12,1

Una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Padre de misericordia, que has puesto a este pueblo tuyo bajo la especial protección de la siempre Virgen María de Guadalupe, Madre de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, profundizar en nuestra fe y buscar el progreso de nuestra patria por caminos de justicia y de paz. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo.

Del libro del profeta Isaías: 7,10-14

En aquellos tiempos, el Señor le habló a Ajaz diciendo: "Pide al Señor, tu Dios, una señal de abajo, en lo profundo o de arriba, en lo alto". Contestó Ajaz: "No la pediré. No tentaré al Señor".

Entonces dijo Isaías: "Oye, pues, casa de David: ¿No satisfechos con cansar a los hombres, quieren cansar también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros".

O bien:

Yo soy la madre del amor. Vengan a mí, los que me aman.

Del libro del Eclesiástico (Sirácide): 24,23-31

Yo soy como una vid de fragantes hojas y mis flores son producto de gloria y de riqueza. Yo soy la madre del amor, del temor del conocimiento y de la santa esperanza. En mí está toda la gracia del camino y de la verdad, toda esperanza de vida y de virtud.

Vengan a mí, ustedes, los que me aman y aliméntense de mis frutos. Porque mis palabras son más dulces que la miel y mi heredad, mejor que los panales.

Los que me coman seguirán teniendo hambre de mí, los que me beban seguirán teniendo sed de mí; los que me escuchan no tendrán de qué avergonzarse y los que se dejan guiar por mí no pecarán. Los que me honran tendrán una vida eterna.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 66

R/. Que te alaben, Señor, todos los pueblos.

Ten piedad de nosotros y bendícenos;
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros.
Que conozca la tierra tu bondad
y los pueblos tu obra salvadora. R/.

Las naciones con júbilo te canten,
porque juzgas al mundo con justicia;
con equidad tú juzgas a los pueblos
y riges en la tierra a las naciones. R/.

Que te alaben, Señor, todos los pueblos,
que los pueblos te aclamen todos juntos.
Que nos bendiga Dios
y que le rinda honor el mundo entero. R/.

SEGUNDA LECTURA

Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer.

De la carta del apóstol san Pablo a los gálatas: 4,4-7

Hermanos: Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacernos hijos suyos.

Puesto que ya son ustedes hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: "¡Abbá!", es decir, ¡Padre! Así que ya no eres siervo, sino hijo; y siendo hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Lc 1,47

R/. Aleluya, aleluya.

Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador. R/.

EVANGELIO

Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.

+ Del santo Evangelio según san Lucas: 1,39-48

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor".

Entonces dijo María: "Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava".
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, los dones que te presentamos en esta solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, y haz que este sacrificio nos dé fuerza para cumplir tus mandamientos como verdaderos hijos de la Virgen María. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de santa María Virgen

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Sal 147,20

No ha hecho nada semejante con ningún otro pueblo; a ninguno le ha manifestado tan claramente su amor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que hemos recibido en este sacramento nos ayuden, Señor, por intercesión de nuestra santísima Madre de Guadalupe, a reconocernos y amarnos todos como verdaderos hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Isaías 7,10-14

Cuando Jerusalén está a punto de caer en manos de la coalición siro-eflaimita, el rey de Judá es Ajaz (Cfr. 2 Re 16,5). Ante el peligro inminente, Ajaz (que por ser pro-asirio. quieren sacarlo del trono de Judá) quiere pactar con el rey de Asiria para poner en retirada a los invasores. Pero Isaías condena esta actitud cobarde de Ajaz y le exige una actitud de firmeza y resistencia fundamentada en las promesas del Señor a la casa de David y a la ciudad de Jerusalén. En este contexto hay que situar la Señal de hoy (7,10-14).

El texto de hoy ofrece tres elementos dignos de comentar: la señal, el niño y la joven (la versión griega de los LXX traduce joven en la edad de casarse por virgen). Todo el mundo está de acuerdo en que la señal dirigida al incrédulo rey Ajaz se refiere a un hecho que aconteció en el mismo año o poco después. El niño por nacer no es el Mesías, pues la esperanza en el ungido que liberaría a Israel no surge sino hasta después del regreso del exilio. Así, el hijo sería el rey Ezequías (Cfr. 2 Re 18-20), uno de los pocos reyes de la casa de David que fueron fieles al Señor. La joven era conocida del rey, seguramente era su esposa de hacía poco; lo que no se puede saber es si ya estaba encinta o lo estaría poco después.

En definitiva, la señal ofrecida es el nacimiento inminente de un rey que manifestará la fidelidad del Señor hacia su pueblo (está con él).

O bien

* Eclesiástico (Sirácide) 24,23-31

El capítulo en que está nuestro texto es considerado uno de los más bellos del libro. La Sabiduría, personificada, habla de ella misma; se presenta como la primera obra de Dios y ejerce una función intermedia en la creación de todas las cosas. La Sabiduría se encuentra de una forma especial en Israel.

La Sabiduría es la Torá (la Ley), donde se encuentran las normas precisas que regulan el comportamiento de los homhres. Aquí está la base de la Sabiduría, aquí se encuentra encarnada. La presencia de la Sabiduría en Israel es presentada con una serie de imágenes tomadas de la flora local. El pasaje proclamado hoy se inicia con la última de las comparaciones: la vid.

Continúa con una invitación: "Vengan a mí", y se subraya de nuevo la bondad de los efectos de la Sabiduría. Es muy probable que se trate de una invitación a los hebreos a adherirse al fiel seguimiento de la Ley del Señor, ellos que se veían muy atraídos en esta época por la cultura helénica.

El Nuevo Testamento ha mirado a Cristo en la Sabiduría: "Ven a establecerte entre los hijos de Jacob" (v. 8) = "habitó entre nosotros'' (Jn 1,14). La perfecta revelación del Padre es Cristo, "a quien Dios hizo nuestra sabiduría" (1 Cor 1,30).

La tradición cristiana también ha visto a María en esta Sabiduría de Dios: María, escogida desde toda la eternidad para ser Templo vivo del Verbo encarnado, prefigura a la Iglesia, morada de Jesucristo. Por esto recibe el título de "Trono de la Sabiduría".

* 2ª lectura: Gálatas 4,4-7

En su Carta a los cristianos de Galacia (escrita muy probablemente en Éfeso después de una segunda visita a esa comunidad, Hech 18,23), después de una introducción (1,1-9), Pablo presenta una primera defensa del Evangelio, de índole personal e histórica (1,10--2,21). En la tercera parte continúa la defensa (3,1--4,31), pero ahora bajo el punto de vista escriturístico y doctrinal. Primero presenta el nuevo Reino de la fe, que sustituye a la Ley (3,1-28). "La segunda parte (3,29--4,20) comienza con el tercer desarrollo midráshico del relato de Abraham (Cfr. 3,6.15). Para llegar a ser heredero de las promesas hechas a Abraham no se requiere el cumplimiento de las 'obras de la Ley' sino la fe, que hace que el hombre sea verdadero descendiente de Abraham. Todo eso se ilustra con ejemplos tomados de las costumbres griegas y palestinenses sobre la herencia'' (J. A. Fitzmayer, Comentario bíblico S. Jerónimo, t. 11, p. 615).

La salvación es presentada como un rescate de la esclavitud para pasar a la filiación.

El centro de la Historia de la Salvación es Cristo. Él viene "en la plenitud de los tiempos" (v. 4). dando cumplimiento a una larga espera; es "el tiempo fijado por el Padre" al que se alude en el v. 2: "Dios envió a su Hijo".

Aquí está condensado el tema de la Encarnación. Se expresa la condición fraterna del Salvador "nacido de una mujer, nacido bajo la Ley". Incluido muy discretamente está el papel maternal de María, que leído a la luz de los evangelios, sobre todo el de Lucas, se magnifica y entiende. Al mismo tiempo aparecen las consecuencias: para rescatarnos "para hacernos hijos" (v. 6).

Esta realidad enorme está atestiguada por el Espíritu Santo, el gran testigo de Dios (Ctr. Jn 1,32-34).

* 3ª lectura: Lucas 1,39-48

Esta lectura evangélica se sitúa como un complemento del llamado "díptico de la anunciación": Lucas va presentando en forma muy similar la anunciación del nacimiento de Juan el Bautista (1,5-25), y luego la anunciación del nacimiento de Jesús (1,26-38), como más tarde presentará el nacimiento de Juan (1,57ss.) y el de Jesús (2,1-20); de allí el nombre de díptico.

María había recibido como signo-prueba del portento que se operaría en ellan el signo-prueba del nacimiento milagroso de Juan (v. 37).

Ahora, pues, parte ''presurosa" (meta spoudes; también podría significar "con gran solicitud").

Los saltos del niño, explicables naturalmente, son presentados por el evangelista como proféticos: "saltó de gozo" (v. 44). Se comienza a cumplir lo que se había predicho sobre los saltos de alegría mesiánica (Is 35,6; Sal 114, 6; Mal 3,20).

Después de la etapa de las promesas se inicia la de los cumplimientos; después de la imagen comienza la realización. María es saludada con una serie de alabanzas que reflejan otras del Antiguo Testamento dirigidas a mujeres por las que había llegado la salvación a Israel, v.gr.: "bendita tú, Yael, entre las mujeres" (Jue 5,24), las dirigidas a Judit (Jdt 13,18), las bendiciones prometidas del Deuteronomio (Deut 7,12-14).

El canto de María, lleno de emoción, está hecho de un entretejido de expresiones y alusiones escriturísticas.

El trozo que hoy se proclama alude a 1 Sam 2,1; Hab 3,18; 1 Sam 1,11.

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Orientaciones para la celebración

SITUACIÓN

La fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe es una de las más estimadas y celebradas por el pueblo de México y por todo el Continente americano.

Nuestra Señora de Guadalupe representa y acompaña las diversas etapas de nuestra historia: aparece por primera vez en la misma cuna y origen de nuestra nacionalidad. Más tarde su imagen fue enarbolada como la primera bandera en las luchas de independencia; y desde entonces, en su Basílica, el templo que ella pidió (y en muchos otros templos que la piedad le ha construido) ha permanecido con nosotros para, como ella misma dijo: "mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy su piadosa Madre". Ella ha estado con nosotros en las horas luminosas y en las oscuras, en las tristes y en las alegres.

Esta celebración está situada a muy pocos días de otra celebración mariana: la de la Inmaculada Concepción, y en una época "fuerte" del año litúrgico: el Adviento, tiempo de alegre espera de la venida del Señor. Pero el Adviento es también el tiempo mariano por excelencia, ya que María es el principal modelo de la espera de Cristo.

SENTIDO DE LA CELEBRACIÓN

Celebramos, ante todo, a Cristo Salvador, don por excelencia del Padre, que es fuente para nosotros de la vida nueva. Celebramos la unión indisoluble, querida por Dios, de Cristo y María. Esta relación única es la causa de la grandeza excepcional de María en la Historia de la Salvación, en la vida de la Iglesia y en la liturgia. No hay que perder de vista que la celebración de hoy, aunque tiene todo un contenido cultural y de tradición, no deja de ser una celebración eclesial, que se encuentra en el calendario litúrgico de la Iglesia; especialmente ahora, después de que Juan Pablo II, con ocasión de la entrega de la exhortación apostólica Ecclesia in America, en enero de 1999, determinó que la celebración de esta aparición de la Virgen tuviera el grado de fiesta, para toda América. Santa María de Guadalupe es, espiritual y geográficamente, el punto de unión entre las tierras del sur y las del norte del Continente americano.

En esta fiesta celebramos la cooperación fidelísima de María a los dones de Dios. Ella es la primera redimida, la más fiel seguidora de Cristo, es nuestro modelo por excelencia de la forma en que hemos de seguir a Cristo.

Celebramos también la Maternidad de María, que es Madre del Hijo de Dios y Madre nuestra.

Celebramos el papel especial de María en el origen y desarrollo histórico de nuestra vida nacional; celebramos sus promesas y el cumplimiento de éstas. Celebramos las dulcísimas palabras de María, que nos llenan de esperanza y confianza. Celebramos la respuesta y obediencia de san Juan Diego, nuestro representante, a las indicaciones de María.

ADVERTENCIAS PASTORALES

- Cuidar que la celebración sea viva, alegre, sincera, con una auténtica participación. Esto especialmente en la parte didascálica: homilía, cantos especiales, oración universal, etc.

- Para la eucología mayor se recomienda el prefacio II de Santa María Virgen, con un pequeño texto añadido, como apareció en la celebración del Papa en la Basilica de Guadalupe, en 1999:

"Por eso, al celebrarla hoy (se añade: en su advocación de Nuestra Señora de Guadalupe), queremos exaltar tu generosidad..."

Es un pequeño toque que nos hace sentir que en la gran plegaria aparece el título y nombre de María, que tiene tanto significado para nosotros.

- El rito de la bendición de las rosas o flores en general (el Nican Mopohua habla de "variadas flores") puede ser integrado a la celebración, debido a lo importante de esta solemnidad. Es también ocasión de participación, pues los fieles llevan las flores, que son un símbolo tan importante en nuestra cultura.

- Hay que cuidar que resalte claramente la figura de María en la Historia de la Salvación, en la vida de la Iglesia, en la liturgia, por su relación con Cristo, Señor, Mediador, Sacerdote sumo y eterno.

- Relacionar de algún modo la celebración de hoy con la fiesta mariana inmediata anterior, la Inmaculada Concepción, y con las próximas fiestas navideñas.

- Que todo lleve a un conocimiento, a una experiencia y a un compromiso mayores de vida cristiana.

- Por último, suelen hacerse celebraciones de esta fiesta en fábricas, talleres, etc. Trátese de evitar todo lo que opaque el sentido fundamentalmente cristiano y eclesial de la celebración.

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Proyecto de homilía

Celebramos con gozo esta fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Reina de México y patrona de toda América, recordando algunas de las hermosas palabras que Ella nos dirige en la persona de San Juan Diego: «¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mí sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegria?».

El texto del libro del Eclesiástico que leemos como primera lectura es parte de un himno en elogio de la Sabiduría. El himno tiene expresiones sorprendentes, que preanuncian ya una teología trinitaria: la Sabiduría está a la vez íntimamente unida a Dios y es distinta de Él, lo que nos hace pensar en la persona del Verbo o en el Espíritu Santo. La liturgia aplica este himno a la Virgen María, "Madre del amor, del conocimiento y de la santa esperanza", en cuanto que Ella es Madre de Jesús, el Hijo de Dios.

De su dignidad como Madre de Dios, aspecto que también subraya la segunda lectura (Ga 4,4-7), le viene a María no sólo su preeminencia sobre cualquier otra criatura, sino también su capacidad de intercesión a favor nuestro: Ella continúa alcanzándonos, por su múltiple intercesión -como dice el Concilio Vaticano II, en la constitución Lumen Gentium-, los dones de la salvación eterna.

La elección de la escena de la visitación de la Virgen a Santa Isabel como lectura evangélica en nuestra fiesta parece especialmente afortunada. Después de haber recibido el anuncio del ángel Gabriel y después de haber concebido en su seno al Hijo de Dios, María siente la necesidad de ir en ayuda de su parienta, quien en edad ya avanzada está también encinta. Quería obviamente apoyarla en su situación; pero quería también compartir con ella la gracia de su propia maternidad; llevarles a Isabel y a su hijo, aún no nacido, las primeras bendiciones del Salvador... Algo semejante sucedió en el caso de los pueblos indígenas de México y del continente americano. Compadecida de su situación oprimida María sintió la necesidad de acudir en su ayuda, de traerles la gracia salvadora de su Hijo. Baja "presurosa" a la colina del Tepeyac, muestra a Juan Diego (y en él a todos nosotros) toda la ternura de su amor. Su aparición milagrosa es instrumento para que la bendición de la fe en Cristo llegue con asombrosa rapidez a grandes contingentes de las poblaciones aborígenes de nuestra patria y de nuestro continente.

Celebramos esta Eucaristía con especial gozo y, por intercesión de nuestra Madre santísima de Guadalupe, pedimos al Señor la gracia de crecer cada día en la firmeza de nuestra fe cristiana y en el reconocimiento amoroso de todos nuestros hermanos, con los que compartimos el amor maternal de María.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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