SABADO SANTO
11 de abril 2009, Ciclo B

Ha Resucitado

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Proyecto de homilía     Dios Hoy


Casulla Rojo


Durante el Sábado Santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando en su pasión y muerte, y se abstiene de celebrar el sacrificio de la misa (por lo que conserva el altar enteramente desnudo) hasta que, después de la Vigilia solemne o espera nocturna de la resurrección, se desborda la alegría pascual, cuya exuberancia inunda los cincuenta días subsiguientes.

Hoy no puede darse la sagrada comunión más que a modo de viático.

DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA

1. Según una tradición muy antigua, ésta es una noche de vigilia en honor del Señor (Ex 12,42). Los fieles, llevando en la mano -según la exhortación evangélica (Lc 12,35ss)- lámparas encendidas, se asemejan a quienes esperan el regreso de su Señor para que, cuando él vuelva, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa.

2. La celebración de la Vigilia se desarrolla de la siguiente manera: después de la breve liturgia de la luz o "lucernario" (primera parte de la Vigilia), la santa Iglesia, llena de fe en las palabras y promesas del Señor, medita los portentos que él obró desde el principio en favor de su pueblo (segunda parte o liturgia de la palabra) y cuando el día de la resurrección está por llegar, encontrándose ya acompañada de sus nuevos hijos, renacidos en el bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa que el Señor ha preparado para su pueblo, por medio de su muerte y resurrección (cuarta parte).

3. Toda la celebración de la Vigilia pascual se hace en la noche, de modo que no debe comenzar antes del principio de la noche del sábado, ni terminar después del alba del domingo.

4. La misa de la Vigilia, aunque se celebre antes de la medianoche, es ya la misa pascual del Domingo de Resurrección. Los fieles que participan en la misa de la Vigilia pueden comulgar también en la misa diurna de la Pascua.

5. El sacerdote que celebra o concelebra la misa de la Vigilia, puede también celebrar o concelebrar la misa diurna de la Pascua.

6. El sacerdote y los ministros se revisten desde el principio con los ornamentos blancos de la misa.

Prepárense suficientes velas para todos los fieles que participen en la Vigilia.

Primera parte

LUCERNARIO O SOLEMNE COMIENZO DE LA VIGILIA

BENDICIÓN DEL FUEGO

7. Se apagan todas las luces de la iglesia.

En un lugar adecuado, fuera de la iglesia, se enciende el fuego. Congregado allí el pueblo, llega el sacerdote con los ministros. Uno de los ministros lleva el cirio pascual.

Si las circunstancias no permiten encender el fuego fuera de la iglesia, todo este rito se desarrolla como se indica en el número 13.

8. El sacerdote saluda, como de costumbre, al pueblo congregado y le hace una breve exhortación, con estas palabras u otras semejantes:

Hermanos: En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reunan para velar en oración. Conmemoremos, pues, juntos, la Pascua del Señor, escuchando su palabra y participando en sus sacramentos, con la esperanza cierta de participar también en su triunfo sobre la muerte y de vivir con él para siempre en Dios.

9. Enseguida bendice el fuego.

Oremos. Dios nuestro, que por medio de tu Hijo nos has comunicado el fuego de tu vida divina, bendice + este fuego nuevo y haz que estas fiestas pascuales enciendan en nosotros el deseo del cielo, para que podamos llegar con un espíritu renovado a la fiesta gloriosa de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

Con el fuego nuevo se enciende el cirio pascual.

10. Si, por razones pastorales, parece oportuno hacer resaltar con algunos símbolos la dignidad y la significación del cirio pascual, puede hacerse de este modo: una vez bendecido el fuego nuevo, un acólito o uno de los ministros lleva el cirio pascual ante el celebrante. Éste, con un punzón, graba una cruz en el cirio. Después, traza sobre él la letra griega Alfa y, debajo, la letra Omega; entre los brazos de la cruz traza los cuatro números del año en curso, mientras dice:

1. Cristo ayer y hoy,

traza la línea vertical;

2. Principio y fin,

traza la línea horizontal;

3. Alfa

traza la letra Alfa, arriba de la línea vertical;

4. y Omega.

traza la letra Omega, abajo de la línea vertical;

5. Suyo es el tiempo

traza el primer número del año en curso, en el ángulo superior izquierdo de la cruz;

6. y la eternidad.

traza el segundo número del año, en el ángulo superior derecho;

7. A él la gloria y el poder,

traza el tercer número del año en el ángulo inferior izquierdo;

8. por los siglos de los siglos. Amén.

traza el cuarto número del año en el ángulo inferior derecho.

11. Después de haber trazado la cruz y los demás signos, el sacerdote puede incrustar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, diciendo al mismo tiempo:

1. Por sus santas llagas

2. gloriosas

3. nos proteja 4 2 5

4. y nos guarde

5. Jesucristo nuestro Señor.

R/. Amén.

12. El celebrante enciende el cirio pascual con el fuego nuevo, diciendo:

Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu.

Lo indicado en los nn. 10-12 puede realizarse total o parcialmente, según las circunstancias pastorales del ambiente y del lugar. Las Conferencias Episcopales pueden establecer también otros ritos más acomodados a la idiosincracia de cada pueblo en concreto.

13. Cuando por alguna razón no se puede encender el fuego fuera de la iglesia, el rito se acomoda a las circunstancias. Reunido, como de costumbre el pueblo en la iglesia, el celebrante con los ministros, uno de los cuales lleva el cirio pascual, se dirige a la puerta de la iglesia. El pueblo, en cuanto sea posible, se vuelve hacia el celebrante. Se hace el saludo y la exhortación, como se indicó en el n. 8; después se bendice el fuego (n. 9) y, si se quiere, se prepara y enciende el cirio, como se indica en los nn. 10-12.

PROCESIÓN

14. A continuación el diácono, o en su defecto, el sacerdote, toma el cirio pascual y, manteniéndolo elevado canta él solo:

Cristo, luz del mundo.

Y todos responden:

Demos gracias a Dios.

Todos entran en la iglesia; precedidos por el diácono (o el sacerdote) que lleva el cirio pascual. Si se emplea el incienso, el turiferario precederá al diácono.

15. En la puerta de la iglesia, el diácono se detiene y elevando el cirio, canta por segunda vez:

Cristo, luz del mundo.

Y todos responden:

Demos gracias a Dios.

En este momento todos encienden sus velas en la llama del cirio y avanzan de nuevo.

16. Al llegar ante el altar, el diácono, vuelto hacia el pueblo, canta por tercera vez:

Cristo, luz del mundo.

Y todos responden:

Demos gracias a Dios.

Entonces se encienden las luces del templo.

PREGÓN PASCUAL

17. El sacerdote se dirige a la sede. El diácono pone el cirio pascual en el candelabro, que está preparado en medio del presbiterio o junto al ambón. Después de poner incienso en el incensano, si éste se ha utilizado, el diácono pide y recibe, como lo hace en la misa antes del Evangelio, la bendición del sacerdote, el cual dice en voz baja:

El Señor este en tu corazón y en tus labios, para que proclames dignamente su pregón pascual; en el nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo.

R/. Amén.

Esta bendición se omite si el pregón pascual es proclamado por otro que no sea el diácono.

Si se usa el incienso, el diácono o, en su defecto, el sacerdote, inciensa el libro y el cirio. Luego proclama el pregón pascual desde el ambón o desde el púlpito. Todos permanecen de pie, teniendo en sus manos las velas encendidas.

El pregón pascual puede ser proclamado, en caso de necesidad, por un cantor que no sea diácono. En este caso, el cantor omite desde las palabras "Por eso, queridos hermanos", hasta el final del invitatorio "El resplandor de su luz", así como el saludo "El Señor esté con ustedes".

Las Conferencias Episcopales pueden adaptar el pregón intercalando en él alguna aclamación del pueblo.

18. PREGÓN PASCUAL

Alégrense, por fin, los coros de los ángeles, alégrense las jerarquías del cielo y, por la victoria de rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación.

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Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor del rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero.

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Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

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(Por eso, queridos hermanos, que asisten a la admirable claridad de esta luz santa, invoquen conmigo la misericordia de Dios omnipotente, para que aquel que, sin mérito mío, me agregó al número de los diáconos, complete mi alabanza a este cirio, infundiendo el resplandor de su luz).

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(V. El Señor esté con ustedes.

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R/. Y con tu espíritu).

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V. Levantemos el corazón.

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R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

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V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

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R/. Es justo y necesario.

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En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón, a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

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Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán, y ha borrado con su sangre inmaculada la condena del antiguo pecado.

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Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

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Esta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el Mar Rojo.

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Ésta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado.

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Ésta es la noche que a todos los que creen en Cristo, por toda la tierra, los arranca de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, los restituye a la gracia y los agrega a los santos.

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Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo.

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¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?

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¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo!

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Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

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¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó del abismo.

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Ésta es la noche de la que estaba escrito: "Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo".

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Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos.

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En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, el sacrificio vespertino de esta llama, que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas.

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Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, que arde en llama viva para la gloria de Dios.

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Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de cera fundida que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa.

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¡Qué noche tan dichosa, en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino!

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Te rogamos, Señor, que este cirio consagrado a tu nombre para destruir la oscuridad de esta noche, arda sin apagarse y, aceptado como perfume, se asocie a las lumbreras del cielo.

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Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso, Jesucristo, tu Hijo, que volviendo del abismo, brilla sereno para el linaje humano y vive y reina por los siglos de los siglos.

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R/. Amén.

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Segunda parte

LITURGIA DE LA PALABRA

19. En esta Vigilia, "madre de todas las vigilias" (San Agustín, Serm. 219), se proponen nueve lecturas, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo (la Epístola y el Evangelio).

20. Si las circunstancias pastorales lo piden, puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento; pero téngase siempre en cuenta que la lectura de la Palabra de Dios es parte fundamental de esta Vigilia de Pascua.

Deben leerse, por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testamento y, en casos muy urgentes, por lo menos dos. Pero nunca se omita la tercera lectura, tomada del capítulo 14 del Éxodo.

21. Terminado el pregón, todos apagan sus velas y se sientan. Antes de comenzar las lecturas, el sacerdote exhorta a la asamblea con estas palabras u otras semejantes.

Hermanos, con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos con recogimiento la palabra de Dios. Meditemos cómo, en la Antigua Alianza, Dios salvó a su pueblo y, en la plenitud de los tiempos, envió al mundo a su Hijo para que nos redimiera.

Oremos para que Dios, nuestro Padre, conduzca a su plenitud esta obra de salvación, iniciada con la muerte y resurrección de Jesucristo.

22. Siguen luego las lecturas. Un lector va al ambón y lee la primera lectura. Después el salmista o cantor dice el salmo, alternando con las respuestas del pueblo. Enseguida todos se levantan, el sacerdote dice "Oremos", y después de que todos han orado en silencio durante unos momentos, dice la oración colecta. Lo mismo se hace en cada lectura.

En lugar de decir el salmo responsorial, se puede guardar un breve espacio de silencio para hacer oración. En este caso, se omite la pausa después del "Oremos".

PRIMERA LECTURA **

Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno.

Del libro del Génesis: 2,2

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos; y las tinieblas cubrían la faz del abismo. El espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.

Dijo Dios: "Que exista la luz", y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz "día" y a las tinieblas, "noche". Fue la tarde y la mañana del primer día.

Dijo Dios: "Que haya una bóveda entre las aguas, que separe unas aguas de otras". E hizo Dios una bóveda y separó con ella las aguas de arriba, de las aguas de abajo. Y así fue. Llamó Dios a la bóveda "cielo". Fue la tarde y la mañana del segundo día.

Dijo Dios: "Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo lugar y que aparezca el suelo seco". Y así fue. Llamó Dios "tierra" al suelo seco y "mar" a la masa de las aguas. Y vio Dios que era bueno.

Dijo Dios: "Verdee la tierra con plantas que den semilla y árboles que den fruto y semilla, según su especie, sobre la tierra". Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde, que producía semilla, según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día.

Dijo Dios: "Que haya lumbreras en la bóveda del cielo, que separen el día de la noche, señalen las estaciones, los días y los años, y luzcan en la bóveda del cielo para iluminar la tierra". Y así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día y la menor, para regir la noche; y también hizo las estrellas. Dios puso las lumbreras en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del cuarto día.

Dijo Dios: "Agítense las aguas con un hervidero de seres vivientes y revoloteen sobre la tierra las aves, bajo la bóveda del cielo". Creó Dios los grandes animales marinos y los vivientes que en el agua se deslizan y la pueblan, según su especie. Creó también el mundo de las aves, según sus especies. Vio Dios que era bueno y los bendijo, diciendo: "Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra". Fue la tarde y la mañana del quinto día.

Dijo Dios: "Produzca la tierra vivientes, según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras, según sus especies". Y así fue. Hizo Dios las fieras, los animales domésticos y los reptiles, cada uno según su especie. Y vio Dios que era bueno.

Dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra".

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó.

Y los bendijo Dios y les dijo: "Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra".

Y dijo Dios: "He aquí que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los árboles que producen fruto y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, también les doy por alimento las verdes plantas". Y así fue. vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno. Fue la tarde y la mañana del sexto día.

Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo día de todo cuanto había hecho.
Palabra de Dios.

O bien: Forma breve

La creación del hombre.

Del libro del Génesis: 1,1.26-31

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Y dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que sel arrastra sobre la tierra".

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó.

Y los bendijo Dios y les dijo: "Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra".

Y dijo Dios: "He aquí que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los árboles que producen fruto y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, también les doy por alimento las verdes plantas". Y así fue. vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL ** Del salmo 103

R/. Bendice al Señor, alma mía.

Bendice al Señor, alma mía;
Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R/.

Sobre bases inconmovibles
asentaste la tierra para siempre.
Con un vestido de mares la cubriste
y las aguas en los montes concentraste. R/.

En los valles haces brotar las fuentes,
que van corriendo entre montañas;
junto al arroyo vienen a vivir las aves,
que cantan entre las ramas. R/.

Desde tu cielo riegas los montes
y sacias la tierra del fruto de tus manos;
haces brotar hierba para los ganados
y pasto para los que sirven al hombre. R/.

¡Qué numerosas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con maestría!
La tierra está llena de tus creaturas.
Bendice al Señor, alma mía. R/.

O bien:

Del salmo 32

R/. La tierra llena está de tus bondades.

Sincera es la palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades. R/.

La palabra del Señor hizo los cielos
y su aliento, los astros.
Los mares encerró como en un odre
y como en una presa, los océanos. R/.

Feliz la nación cuyo Dios es el Señor;
dichoso el pueblo que escogió por suyo.
Desde el cielo el Señor, atentamente,
mira a todos los hombres. R/.

En el Señor está nuestra esperanza,
pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo.
Muéstrate bondadoso con nosotros,
puesto que en ti, Señor, hemos confiado. R/.

ORACIÓN

Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que en todas las obras de tu amor te muestras admirable, concédenos comprender que la redención realizada por Cristo, nuestra Pascua, es una obra más maravillosa todavía que la misma creación del universo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

Esta oración se puede substituir por la siguiente, si se hace la lectura breve: creación del hombre.

Oremos. Dios nuestro, que de un modo admirable nos creaste a tu imagen y semejanza y de un modo más admirable todavía nos redimiste, concédenos sabiduría de espíritu, para resistir los atractivos del pecado y poder llegar así a los gozos del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

SEGUNDA LECTURA **

El sacrificio de nuestro patriarca Abraham.

Del libro del Génesis: 22,1-18

En aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abraham y le dijo: "¡Abraham, Abraham!" Él respondió: "Aquí estoy". Y Dios le dijo: "Toma a tu hijo único, Isaac, a quien tanto amas; vete a la región de Moria y ofrécemelo en sacrificio, en el monte que yo te indicaré".

Abraham madrugó, aparejó su burro, tomó consigo a dos de sus criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que Dios le había indicado. Al tercer día divisó a lo lejos el lugar. Les dijo entonces a sus criados: "Quédense aquí con el burro; yo iré con el muchacho hasta allá, para adorar a Dios y después regresaremos".

Abraham tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a su padre Abraham: "¡Padre!" El respondió: "¿Qué quieres, hijo?" El muchacho contestó: "Ya tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?" Abraham le contestó: "Dios nos dará el cordero para el sacrificio, hijo mío". Y Siguieron caminando Juntos.

Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado, Abraham levantó un altar y acomodó la leña. Luego ató a su hijo Isaac, lo puso sobre el altar, encima de la leña, y tomó el cuchillo para degollarlo.

Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y le dijo: "¡Abraham, Abraham!" El contestó: "Aquí estoy". El ángel le dijo: "No descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas daño. Ya veo que temes a Dios, porque no le has negado a tu higo único.

Abraham levantó los ojos y vio un carnero, enredado por los cuernos en la maleza. Atrapó el carnero y lo ofreció en sacrificio, en lugar de su hijo. Abraham puso por nombre a aquel sitio "el Señor provee", por lo que aun el día de hoy se dice: "el monte donde el Señor provee".

El ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el cielo y le dijo: "Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu hijo único, yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades enemigas. En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra, porque obedeciste a mis palabras.
Palabra de Dios.

O bien: Forma breve

Del libro del Génesis: 22,1-2. 9-13.15-18

En aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abraham y le dijo: "¡Abraham Abraham!" El respondió: "Aquí estoy". Y Dios le dijo: "Toma a tu hijo único, Isaac, a quien tanto amas; vete a la región de Moria y ofrécemelo en sacrificio, en el monte que yo te indicaré".

Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado, Abraham levantó un altar y acomodó la leña. Luego ató a su hijo Isaac, lo puso sobre el altar, encima de la leña, y tomó el cuchillo para degollarlo.

Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y le dijo: "¡Abraham, Abraham!" El contestó: "Aquí estoy". El ángel le dijo: "No descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas daño. Ya veo que temes a Dios, porque no le has negado a tu hijo único". Abraham levantó los ojos y vio un carnero, enredado por los cuernos en la maleza. Atrapó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.

El ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el cielo y le dijo: "Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu hijo único, yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades enemigas. En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra, porque obedeciste a mis palabras".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 15

R/. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

El Señor es la parte
que me ha tocado en herencia:
mi vida está en sus manos.
Tengo siempre presente al Señor
y con él a mi lado, jamás tropezaré. R/.

Por eso se me alegran el corazón y el alma
y mi cuerpo vivirá tranquilo,
porque tú no me abandonarás a la muerte,
ni dejarás que sufra yo la corrupción. R/.

Enséñame el camino de la vida,
sáciame de gozo en tu presencia
y de alegría perpetua junto a ti. R/.

ORACIÓN

Oremos. Señor Dios, Padre de los creyentes, que por medio del sacramento pascual del bautismo sigues cumpliendo la promesa hecha a Abraham de multiplicar su descendencia por toda la tierra y de hacerlo el padre de todas las naciones, concede a tu pueblo responder dignamente a la gracia de tu llamado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

TERCERA LECTURA

Los israelitas entraron en el mar sin mojarse.

Del libro del Éxodo: 14,15-15,1

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: "¿Por qué sigues clamando a mí? Diles a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en el mar sin mojarse. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a expensas del faraón y de todo su ejército, de sus carros y jinetes. Cuando me haya cubierto de gloria a expensas del faraón, de sus carros y jinetes, los egipcios sabrán que yo soy el Señor".

El ángel del Señor, que iba al frente de las huestes de Israel, se colocó tras ellas. Y la columna de nubes que iba adelante, también se desplazó y se puso a sus espaldas, entre el campamento de los israelitas y el campamento de los egipcios. La nube era tinieblas para unos y claridad para otros, y así los ejércitos no trabaron contacto durante toda la noche.

Moisés extendió la mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y dividió las aguas. Los israelitas entraron en el mar y no se mojaban, mientras las aguas formaban una muralla a su derecha y a su izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución y toda la caballería del faraón, sus carros y jinetes, entraron tras ellos en el mar.

Hacia el amanecer, el Señor miró desde la columna de fuego y humo al ejército de los egipcios y sembró entre ellos el pánico. Trabó las ruedas de sus carros, de suerte que no avanzaban sino pesadamente. Dijeron entonces los egipcios: "Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto".

Entonces el Señor le dijo a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar, para que vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes". Y extendió Moisés su mano sobre el mar, y al amanecer, las aguas volvieron a su sitio, de suerte que al huir, los egipcios se encontraron con ellas, y el Señor los derribó en medio del mar. Volvieron las aguas y cubrieron los carros, a los jinetes y a todo el ejército del faraón, que se había metido en el mar para perseguir a Israel. Ni uno solo se salvó.

Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar. Las aguas les hacían muralla a derecha e izquierda. Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios, muertos en la orilla del mar. Israel vio la mano fuerte del Señor sobre los egipcios, y el pueblo temió al Señor y creyó en el Señor y en Molsés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al Señor:

SALMO RESPONSORIAL Éxodo 15

R/. Alabemos al Señor por su victoria.

Cantemos al Señor, sublime es su victoria:
caballos y jinetes arrojó en el mar.
Mi fortaleza y mi canto es el Señor,
él es mi salvación;
él es mi Dios, y yo lo alabaré,
es el Dios de mis padres, y yo le cantaré. R/.

El Señor es un guerrero,
su nombre es el Señor.
Precipitó en el mar los carros del faraón y a sus guerreros;
ahogó en el Mar Rojo a sus mejores capitanes. R/.

Las olas los cubrieron,
cayeron hasta el fondo, como piedras.
Señor, tu diestra brilla por su fuerza,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R/.

Tú llevas a tu pueblo para plantarlo
en el monte que le diste en herencia,
en el lugar que convertiste en tu morada,
en el santuario que construyeron tus manos.
Tú, Señor, reinarás para siempre. R/.

ORACIÓN **

Oremos. Tus antiguos prodigios se renuevan, Señor, también en nuestros tiempos, pues l lo que tu poder hizo con las aguas para librar a un solo pueblo de la esclavitud del faraón, lo repites ahora, por medio del agua del bautismo, para salvar a todas las naciones. Concede a todos los hombres del mundo entero contarse entre los hijos de Abraham y participar de la dignidad del pueblo elegido. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

O bien:

Oremos. Señor, que con el Evangelio nos has hecho comprender el sentido profundo del Antiguo Testamento, dejándonos ver en el paso del Mar Rojo una imagen del bautismo y en el pueblo liberado de la esclavitud, un símbolo del pueblo cristiano, haz que todos los hombres, mediante la fe, participen del privilegio del pueblo elegido y sean regenerados por la acción santificadora de tu Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

CUARTA LECTURA

Con amor eterno se ha apiadado de ti tu redentor.

Del libro del profeta Isaías: 54, 5-14

"El que te creó, te tomará por esposa; su nombre es 'Señor de los ejércitos'. Tu redentor es el Santo de Israel; será llamado 'Dios de toda la tierra'. Como a una mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor. ¿Acaso repudia uno a la esposa de la juventud?, dice tu Dios.

Por un instante te abandoné, pero con inmensa misericordia te volveré a tomar. En un arrebato de ira te oculté un instante mi rostro, pero con amor eterno me he apiadado de ti, dice el Señor, tu redentor.

Me pasa ahora como en los días de Noé: entonces juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; ahora juro no enojarme ya contra ti ni volver a amenazarte. Podrán desaparecer los montes y hundirse las colinas, pero mi amor por ti no desaparecerá y mi alianza de paz quedará firme para siempre. Lo dice el Señor, el que se apiada de ti.

Tú, la afligida, la zarandeada por la tempestad, la no consolada: He aquí que yo mismo coloco tus piedras sobre piedras finas, tus cimientos sobre zafiros; te pondré almenas de rubí y puertas de esmeralda y murallas de piedras preciosas.

Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande su prosperidad. Serás consolidada en la justicia. Destierra la angustia, pues ya nada tienes que temer; olvida tu miedo, porque ya no se acercará a ti".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 29

R/. Te alabaré, Señor, eternamente.

Te alabaré, Señor,
pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
y a punto de morir, me reviviste. R/.

Alaben al Señor quienes lo aman,
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;
por la mañana, el júbilo. R/.

Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente. R/.

ORACIÓN

Oremos. Señor Dios, siempre fiel a tus promesas, aumenta, por medio del bautismo, el número de tus hijos y multiplica la descendencia prometida a la fe de los patriarcas, para que tu Iglesia vea que se va cumpliendo tu voluntad de salvar a todos los hombres, como los patriarcas lo creyeron y esperaron. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

23. La oración anterior puede substituirse por alguna de las que siguen, cuando sus lecturas correspondientes vayan a omitirse.

QUINTA LECTURA

Vengan a mí y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua.

Del libro del profeta Isaías: 55, 1-11

Esto dice el Señor: "Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta?

Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán.

Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David. Como a él lo puse por testigo ante los pueblos, como príncipe y soberano de las naciones, así tú reunirás a un pueblo desconocido, y las naciones que no te conocían acudirán a ti, por amor del Señor, tu Dios, por el Santo de Israel, que te ha honrado.

Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal, sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos. Porque así como aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y mis pensamientos a sus pensamientos.

Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Isaías 12

R/. El Señor es mi Dios y salvador.

El Señor es mi Dios y salvador:
con él estoy seguro y nada temo.
El Señor es mi protección y mi fuerza,
y ha sido mi salvación.
Sacarán agua con gozo
de la fuente de salvación. R/.

Den gracias al Señor,
invoquen su nombre,
cuenten a los pueblos sus hazañas,
proclamen que su nombre es sublime. R/.

Alaben al Señor por sus proezas,
anúncienlas a toda la tierra.
Griten jubilosos, habitantes de Sión,
porque el Dios de Israel
ha sido grande con ustedes. R/.

ORACIÓN

Oremos. Dios todopoderoso y eterno, única esperanza del mundo, tú que anunciaste por la voz de tus profetas los misterios que estamos celebrando esta noche, infunde en nuestros corazones la gracia de tu Espíritu, para que podamos vivir una vida digna de tu redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

SEXTA LECTURA

Sigue el camino que te conduce a la luz del Señor.

Del libro del profeta Baruc: 3,9-15.32-4,4

Escucha, Israel, los mandatos de vida, presta oído para que adquieras prudencia. ¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo, que envejezcas en tierra extranjera, que te hayas contaminado por el trato con los muertos, que te veas contado entre los que descienden al abismo?

Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras seguido los senderos de Dios, habitarías en paz eternamente.

Aprende dónde están la prudencia, la inteligencia y la energía, así aprenderás dónde se encuentra el secreto de vivir larga vida, y dónde la luz de los ojos y la paz. ¿Quién es el que halló el lugar de la sabiduría y tuvo acceso a sus tesoros? El que todo lo sabe, la conoce; con su inteligencia la ha escudriñado. El que cimentó la tierra para todos los tiempos, y la pobló de animales cuadrúpedos; el que envía la luz, y ella va, la llama, y temblorosa le obedece; llama a los astros, que brillan jubilosos en sus puestos de guardia, y ellos le responden: "Aquí estamos", y refulgen gozosos para aquel que los hizo. Él es nuestro Dios y no hay otro como él; él ha escudriñado los caminos de la sabiduría y se la dio a su hijo Jacob, a Israel, su predilecto. Después de esto, ella apareció en el mundo y convivió con los hombres.

La sabiduría es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez eterna; los que la guardan, vivirán, los que la abandonan, morirán.

Vuélvete a ella, Jacob, y abrázala; camina hacia la claridad de su luz; no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un pueblo extranjero. Bienaventurados nosotros, Israel, porque lo que agrada al Señor nos ha sido revelado.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 18

R/. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta del todo
y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor
y hacen sabio al sencillo. R/.

En los mandamientos del Señor hay rectitud
y alegría para el corazón;
son luz los preceptos del Señor
para alumbrar el camino. R/.

La voluntad de Dios es santa
y para siempre estable;
los mandatos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

Más deseables que el oro y las piedras preciosas
las normas del Señor,
y más dulces que la miel
de un panal que gotea. R/.

ORACIÓN

Oremos. Dios nuestro, que haces crecer continuamente a tu Iglesia con hijos llamados de todos los pueblos, dígnate proteger siempre con tu gracia a quienes has hecho renacer en el bautismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

SÉPTIMA LECTURA

Los rociaré con agua pura y les daré un corazón nuevo.

Del libro del profeta Ezequiel: 36,16-28

En aquel tiempo, me fue dirigida la palabra del Señor en estos términos: "Hijo de hombre, cuando los de la casa de Israel habitaban en su tierra, la mancharon con su conducta y con sus obras; como inmundicia fue su proceder ante mis ojos. Entonces descargué mi furor contra ellos, por la sangre que habían derramado en el país y por haberlo profanado con sus idolatrías. Los dispersé entre las naciones y anduvieron errantes por todas las tierras. Los juzgué según su conducta, según sus acciones los sentencié. Y en las naciones a las gue se fueron, desacreditaron mi santo nombre, haciendo que de ellos se dijera: 'Este es el pueblo del Señor, y ha tenido que salir de su tierra'.

Pero, por mi santo nombre, que la casa de Israel profanó entre las naciones a donde llegó, me he compadecido. Por eso, dile a la casa de Israel: 'Esto dice el Señor: no lo hago por ustedes, casa de Israel. Yo mismo mostraré la santidad de mi nombre excelso, que ustedes profanaron entre las naciones. Entonces ellas reconocerán que yo soy el Señor, cuando, por medio de ustedes les haga ver mi santidad.

Los sacaré a ustedes de entre las naciones, los reuniré de todos los países y los llevaré a su tierra. Los rociaré con agua pura y quedarán purificados; los purificaré de todas sus inmundicias e idolatrías.

Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Les infundiré mi espíritu y los haré vivir según mis preceptos y guardar y cumplir mis mandamientos. Habitarán en la tierra que di a sus padres; ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios' ".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL *** De los salmos 41 y 42

R/. Estoy sediento del Dios que da la vida.

Como el venado busca el agua de los ríos,
así, cansada, mi alma te busca a ti, Dios mío. R/.

Del Dios que da la vida está mi ser sediento.
¿Cuándo será posible ver de nuevo su templo? R/.

Recuerdo cuando íbamos a casa del Señor,
cantando, jubilosos, alabanzas a Dios. R/.

Envíame, Señor, tu luz y tu verdad;
que ellas se conviertan en mi guía
y hasta tu monte santo me conduzcan,
allí donde tú habitas. R/.

Al altar del Señor me acercaré,
al Dios que es mi alegría,
y a mi Dios, el Señor,
le daré gracias al compás de la cítara. R/.

O bien, cuando hay bautizos:

Isaías 12

R/. El Señor es mi Dios y salvador.

El Señor es mi Dios y salvador,
con él estoy seguro y nada temo.
El Señor es mi protección y mi fuerza
y ha sido mi salvación.
Sacarán agua con gozo
de la fuente de salvación. R/.

Den gracias al Señor, invoquen su nombre,
cuenten a los pueblos sus hazañas,
proclamen que su nombre es sublime. R/.

Alaben al Señor por sus proezas,
anúncienlas a toda la tierra.
Griten jubilosos, habitantes de Sión,
porque el Dios de Israel
ha sido grande con ustedes. R/.

O bien:

Del salmo 50

R/. Crea en mí, Señor, un corazón puro.

Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo
para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu. R/.

Devuélveme tu salvación, que regocija,
y manten en mí un alma generosa.
Enseñaré a los descarriados tus caminos
y volverán a ti los pecadores. R/.

Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios
y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría.
Un corazón contrito te presento,
y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias. R/.

ORACIÓN **

Oremos. Señor Dios nuestro, poder inmutable y luz sin ocaso, prosigue bondadoso a través de tu Iglesia, sacramento de salvación, la obra que tu amor dispuso desde la eternidad; que todo el mundo vea y reconozca que los caídos se levantan, que se renueva lo que había envejecido y que todo se integra en aquel que es el principio de todo, Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

O bien esta oración:

Oremos. Señor Dios nuestro, que con las enseñanzas del Antiguo y del Nuevo Testamento nos has preparado a celebrar el misterio de la Pascua, haz que comprendamos tu amor, para que los dones que hoy recibimos confirmen en nosotros la esperanza de los bienes futuros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

24. Terminada la oración de la última lectura del Antiguo Testamento, con el responsorio y la oración correspondiente, se encienden las velas del altar. El sacerdote entona solemnemente el "Gloria", que todos prosiguen. Se tocan las campanas, de acuerdo con las costumbres de cada lugar.

25. Después del Gloria, el sacerdote dice la oración colecta, como de ordinario.

Oremos. Dios nuestro, que haces resplandecer esta noche santa con la gloria del Señor resucitado, aviva en tu Iglesia el espíritu filial, para que, renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo...

R/. Amén.

26. Enseguida un lector lee la epístola de san Pablo.

EPÍSTOLA

Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no morirá nunca.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 6,3-11

Hermanos: ¿No saben ustedes que todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a él en su muerte? En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.

Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos en su resurrección. Sabemos que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo, para que el cuerpo del pecado quedara destruido, a fin de que ya no sirvamos al pecado, pues el que ha muerto queda libre del pecado.

Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no morirá nunca. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.

27. Terminada la epístola, todos se ponen de pie y el sacerdote entona solemnemente el "Aleluya", que todos repiten. Luego un salmista o un cantor dice el salmo, al que el pueblo responde: Aleluya. Si hace falta, el mismo salmista canta el Aleluya.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 117

R/. Aleluya, aleluya.

Te damos gracias, Señor,
porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel:
"Su misericordia es eterna". R/.

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo,
para contar lo que el Señor ha hecho. R/.

La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente. R/.

28. Para el Evangelio no se llevan velas. Puede emplearse el incienso.

EVANGELIO

Jesús de Nazaret, que fue crucificado, resucitó.

+ Del santo Evangelio según san Marcos: 16,1-7

Transcurrido el sábado, María Magdalena, María (la madre de Santiago) y Salomé, compraron perfumes para ir a embalsamar a Jesús. Muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, se dirigieron al sepulcro. Por el camino se decían unas a otras: "¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?" Al llegar, vieron que la piedra ya estaba quitada, a pesar de ser muy grande.

Entraron en el sepulcro y vieron a un joven, vestido con una túnica blanca, sentado en el lado derecho, y se llenaron de miedo. Pero él les dijo: "No se espanten. Buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. No está aquí; ha resucitado. Miren el sitio donde lo habían puesto. Ahora vayan a decirles a sus discípulos y a Pedro: 'Él irá delante de ustedes a Galilea. Allá lo verán, como él les dijo' ".
Palabra del Señor.

29. Después del Evangelio se tiene la Homilía y luego se pasa a la Liturgia bautismal.

Tercera parte

LITURGIA BAUTISMAL

30. El sacerdote con los ministros se dirige a la fuente bautismal, si es que ésta se encuentra a la vista de los fieles. De lo contrario, se pone un recipiente con agua en el presbiterio. Si hay catecúmenos adultos, son llamados por su nombre y presentados por los padrinos o, si son niños, llevados por los padres y padrinos frente a toda la asamblea.

31. Después, el sacerdote exhorta a los presentes, con éstas u otras palabras semejantes.

Si están presentes los que se van a bautizar:

Hermanos, acompañemos con nuestra oración a estos catecúmenos que anhelan renacer a una nueva vida en la fuente del bautismo, para que Dios, nuestro Padre, les otorgue su protección y su amor.

Si se bendice la fuente, pero no va a haber bautizos:

Hermanos, pidamos a Dios todopoderoso que con su poder santifique esta fuente bautismal, para que cuantos en el bautismo van a ser regenerados en Cristo, sean acogidos en la familia de Dios.

32. Dos cantores entonan las letanías, a las que todos responden estando en pie (por razón del tiempo pascual).

Si la procesión hasta el bautisterio es larga, se cantan las letanías durante la procesión; en este caso se llama a los catecúmenos, antes de comenzar la procesión.

Abre la procesión el diácono, con el cirio pascual; siguen los catecúmenos, con los padrinos; después, el sacerdote con los ministros. En este caso, la exhortación precedente se hace antes de la bendición del agua.

33. Si no hay bautizos ni bendición de la fuente, omitidas las letanías, se procede inmediatamente a la bendición del agua (n. 38).

LETANÍAS DE LOS SANTOS

34. En las letanías se pueden añadir algunos nombres de santos, especialmente el del titular de la iglesia, el de los patronos del lugar y el de los que van a ser bautizados.

Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
Santa María, Madre de Dios
San Miguel
Santos Angeles de Dios
San Juan Bautista
San José
Santos Pedro y Pablo
San Andrés
San Juan
Santa María Magdalena
San Esteban
San Ignacio de Antioquía
San Lorenzo
Santas Perpetua y Felícitas
Santa Inés
San Gregorio
San Agustín
San Atanasio
San Basilio
San Martín
San Benito
Santos Francisco y Domingo
San Francisco Javier
San Juan María Vianney
Santa Catalina de Siena
Santa Teresa de Jesús
Santos y Santas de Dios
Muéstrate propicio
De todo mal
De todo pecado
De la muerte eterna
Por tu encarnación
Por tu muerte y resurrección
Por el don del Espíritu Santo
Nosotros, que somos pecadores
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
rueguen por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
rueguen por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
rueguen por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
rueguen por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
ruega por nosotros
rueguen por nosotros
líbranos, Señor
líbranos, Señor
líbranos, Señor
líbranos, Señor
líbranos, Señor
líbranos, Señor
líbranos, Señor
te rogamos, óyenos


Si hay bautizos:

Para que te dignes comunicar tu propia vida
a quienes has llamado al bautismo

te rogamos, óyenos

Si no hay bautizos:

Para que santifiques esta agua
por la que renacerán tus nuevos hijos
Jesús, Hijo de Dios vivo

te rogamos, óyenos
te rogamos, óyenos

Si hay bautizos, el sacerdote, con las manos juntas, dice la siguiente oración:

Derrama, Señor, tu infinita bondad en este sacramento del bautismo y envía a tu Santo Espíritu, para que haga renacer de la fuente bautismal a estos nuevos hijos tuyos, que van a ser santificados por tu gracia, mediante la colaboración de nuestro ministerio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

BENDICIÓN DEL AGUA BAUTISMAL

35. Enseguida el sacerdote bendice el agua bautismal, diciendo con las manos juntas, la siguiente oración:

Dios nuestro, que con tu poder invisible realizas obras admirables por medio de los signos de los sacramentos y has hecho que tu creatura, el agua, signifique de muchas maneras la gracia del bautismo.

Dios nuestro, cuyo Espíritu aleteaba sobre la superficie de las aguas en los mismos principios del mundo, para que ya desde entonces el agua recibiera el poder de dar la vida.

Dios nuestro, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nuevo nacimiento de los hombres, al hacer que de una manera misteriosa, un mismo elemento diera fin al pecado y origen a la virtud.

Dios nuestro, que hiciste pasar a pie enjuto por el Mar Rojo a los hijos de Abraham, a fin de que el pueblo liberado de la esclavitud del faraón, prefigurara al pueblo de los bautizados.

Dios nuestro, cuyo Hijo, al ser bautizado por el precursor en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo; suspendido en la cruz, quiso que brotaran de su costado sangre y agua; y después de su resurrección mandó a sus apóstoles: "Vayan y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del bautismo. Que por la obra del Espíritu Santo esta agua adquiera la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen, limpio de su antiguo pecado por el sacramento del bautismo, renazca a la vida nueva por el agua y el Espíritu Santo.

Si lo cree oportuno, introduce el cirio pascual en el agua una o tres veces, diciendo:

Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre el agua de esta fuente.

Manteniendo el cirio dentro del agua, prosigue:

para que todos los que en ella reciban el bautismo, sepultados con Cristo en su muerte, resuciten también con él a la vida. por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

36. Enseguida saca el cirio del agua y el pueblo dice la siguiente aclamación o alguna otra adecuada:

Fuentes del Señor, bendigan al Señor,
alábenlo y glorifíquenlo por los siglos.

37. Cada catecúmeno hace la renuncia a Satanás y la profesión de fe, y recibe el bautismo.

Si está presente el obispo los catecúmenos adultos reciben inmediatamente la confirmación; en caso contrario, el presbítero que ha administrado el bautismo puede también confirmar a los catecúmenos adultos (Cfr. Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, nn. 228 y 362).

BENDICIÓN DEL AGUA

38. Si no hay bautizos, ni bendición de la fuente bautismal, el sacerdote invita al pueblo a orar diciendo:

Pidamos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, que bendiga esta agua, con la cual seremos rociados en memoria de nuestro bautismo, y que nos renueve interiormente, para que permanezcamos fieles al Espíritu que hemos recibido.

Y después de una breve oración en silencio, prosigue con las manos juntas:

Señor, Dios nuestro, mira con bondad a este pueblo tuyo, que vela en oración en esta noche santísima, recordando la obra admirable de nuestra creación y la obra más admirable todavía, de nuestra redención. Dígnate bendecir + esta agua, que tú creaste para dar fertilidad a la tierra, frescura y limpieza a nuestros cuerpos.

Tú, además, has convertido el agua en un instrumento de tu misericordia: a través de las aguas del Mar Rojo liberaste a tu pueblo de la esclavitud; en el desierto hiciste brotar un manantial para saciar su sed; con la imagen del agua viva los profetas anunciaron la Nueva Alianza que deseabas establecer con los hombres; finalmente, en el agua del Jordán, santificada por Cristo, inauguraste el sacramento de una vida nueva, que nos libra de la corrupción del pecado.

Que esta agua nos recuerde ahora nuestro bautismo y nos haga participar en la alegría de nuestros hermanos, que han sido bautizados en esta Pascua del Señor, el cual vive y reina por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS DEL BAUTISMO

39. Terminada la ceremonia del bautismo (y de la confirmación) o, si no hubo bautizos, después de la bendición del agua, todos, de pie y teniendo en sus manos las velas encendidas hacen la renovación de las promesas del bautismo.

El sacerdote se dirige a la comunidad con estas palabras u otras parecidas:

Hermanos, por medio del bautismo, hemos sido hechos partícipes del misterio pascual de Cristo; es decir, por medio del bautismo, hemos sido sepultados con él en su muerte para resucitar con él a una vida nueva. Por eso, después de haber terminado el tiempo de Cuaresma, que nos preparó a la Pascua, es muy conveniente que renovemos las promesas de nuestro bautismo, con las cuales un día renunciamos a Satanás y a sus obras y nos comprometimos a servir a Dios, en la santa Iglesia católica.

Para hacer la renuncia, se puede tomar una de las dos fórmulas que se proponen a continuación:

Primera fórmula:

Sacerdote: ¿Renuncian ustedes a Satanás?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Renuncian a todas sus obras?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Renuncian a todas sus seducciones?

Todos: Sí, renuncio.

Segunda fórmula:

Sacerdote: ¿Renuncian ustedes al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Renuncian a todas las seducciones del mal para que el pecado no los esclavice?

Todos: Sí, renuncio.

Sacerdote: ¿Renuncian a Satanás, padre y autor de todo pecado?

Todos: Sí, renuncio.

Prosigue el sacerdote: ¿Creen ustedes en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

Todos: Sí, creo.

Sacerdote: ¿Creen en Jesucristo, su Hijo único y Señor nuestro, que nació de la Virgen María, padeció y murió por
                 nosotros, resucitó y está sentado a la derecha del Padre?

Todos: Sí, creo.

Sacerdote: ¿Creen en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los
                 pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?

Todos: Sí, creo.

Y el sacerdote concluye:

Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos liberó del pecado y nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, nos conserve con su gracia unidos a Jesucristo nuestro Señor, hasta la vida eterna.

R/. Amén.

40. El sacerdote rocía al pueblo con el agua bendita, mientras todos cantan la siguiente antífona o algún otro canto bautismal:

Vi brotar agua del lado derecho del templo, aleluya. Vi que en todos aquellos que recibían el agua, surgía una vida nueva y cantaban con gozo: Aleluya, aleluya.

41. Mientras tanto los neófitos son conducidos a su lugar entre los fieles.

Si la bendición del agua bautismal se hizo en el presbiterio, los ministros llevan a la fuente, con toda reverencia, el recipiente del agua. Si no hubo bendición de la fuente, el agua bendita se coloca en un lugar apropiado.

42. Hecha la aspersión, el sacerdote vuelve a la sede, en donde dirige la Oración universal, en la cual toman parte los neófitos por primera vez.

No se dice Credo

Cuarta parte

LITURGIA EUCARÍSTICA

43. El sacerdote va al altar y comienza la Liturgia Eucarística, en la forma acostumbrada.

44. Es conveniente que el pan y el vino sean presentados por los neófitos, si los hay.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, los dones que te presentamos y concédenos que el memorial de la muerte y resurrección de Jesucristo, que estamos celebrando, nos obtenga la fuerza para llegar a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO I DE PASCUA

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en esta noche, en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado.

Porque El es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida.

Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...

Si se usa el Canon Romano, se dicen Reunidos en comunión (para celebrar la noche santísima...) y Acepta, Señor, en tu bondad propios. En la Plegaria eucarística II, se dicen Acuérdate, Señor y la intercesión particular propios. En la Plegaria eucarística III, se dicen Atiende los deseos y la intercesión particular correspondientes.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN 1 Cor 5,7-8

Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado. Celebremos, pues, la Pascua, con una vida de rectitud y santidad. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Infúndenos, Señor, tu espíritu de caridad, para que vivamos siempre unidos en tu amor los que hemos participado en este sacramento de la muerte y resurrección de Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Para la despedida, el diácono o el mismo sacerdote dice:

Pueden ir en paz, aleluya, aleluya.

R/. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Génesis 1,1-2,2

Génesis 1 es una meditación sobre el sentido y origen de la vida y una contemplación sobre las distintas manifestaciones de la presencia en el mundo, desde la luz creada el primer día (Gén 1,3), hasta el tiempo sagrado del séptimo día (Gén 2,2-4a). El "principio" del que habla el texto no es simplemente temporal y cronológico, sino un principio que significa origen y fundamento. Dios no está solamente en el inicio temporal del crear, sino en la raíz de todo cuanto existe. Este relato de la teología "sacerdotal", proviene del tiempo del exilio (s. VI a. C.) y es escrito en un momento de crisis política y religiosa de Israel, con el fin de volver a encontrar en el pasado unos fundamentos teológicos sólidos sobre los cuales se pueda reconstruir otra vez el pueblo. El Dios de Israel, que en el pasado ha vencido el caos y ha creado al ser humano a semejanza suya, vence continuamente todas las fuerzas que amenazan la vida humana.

* 3ª lectura: Éxodo 14,15-15,1

El relato se puede dividir en tres partes: Israel delante del mar (vv. 11-14); en medio del mar (vv. 15-25); al otro lado del mar (vv. 26-31). Se trata de un relato fundacional de la historia de Israel. Con él se quiere dar una explicación de la existencia y de la fe del antiguo pueblo de la alianza. Es un relato de nacimiento. Narra el nacimiento de un pueblo. Un grupo de esclavos, llenos de temor, entran por fe en la muerte (en el mar) y llegan a ser un pueblo de hombres libres. Es un relato de fe, que presenta la superación de la esclavitud y de la muerte por medio de la fe. Es la proclamación de la acción liberadora de Dios a favor de su pueblo.

* 8ª lectura: Romanos 6,3-11

Pablo reflexiona sobre la incorporación del cristiano por el Bautismo a Cristo en su Misterio Pascual. Entrando en las aguas del Bautismo, el creyente se sumerge, simbólicamente es incorporado a la muerte de Cristo; saliendo de las aguas, revive, como "Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre".

El simbolismo del sacramento es radicalmente eficaz. La existencia del creyente queda absolutamente renovada (v. 5). Para expresar nuestra unión con Cristo en el Bautismo, Pablo utiliza una imagen vital, a través del adjetivo synphutos, que indica la acción de "injertar" vitalmente.

La antigua condición pecadora queda destruida para siempre, como murió Cristo en la cruz; la nueva condición del creyente es absoluta y definitiva novedad, a imagen del Resucitado, que "ya no morirá nunca" y "vive ahora para Dios" (v. 10).

* 9ª lectura: Marcos 16,1-7

María Magdalena, María la de Santiago y Salomé, las mismas que habían estado con Jesús en Jerusalén durante la crucifixión (Mc 15,40-41), pasado el sábado, "compraron perfumes para ir a embalsamar a Jesús" (16,1). Quieren realizar el último servicio al Maestro. "Muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol" (v. 2). se trata de dos indicaciones temporales importantes. Aquel día está por iniciar una nueva semana, como en el primer capítulo del Génesis. Aquellas mujeres que van al sepulcro caminan hacia la muerte, buscan un cadáver, pero encontrarán la vida y un anuncio de salvación para todos.

Cuando llegan al sepulcro se dan cuenta de que la gran piedra que sellaba la tumba ha sido retirada. Ha ocurrido algo que escapa a los sentidos humanos y al control del hombre. Por eso es necesario escuchar una palabra del cielo, porque sólo Dios puede revelar el evento. Las mujeres ven "a un joven, vestido con una túnica blanca" y "se llenaron de miedo" (v. 5). El misterioso personaje les dice: "No se espanten. Buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. No está aquí; ha resucitado" (v. 6). Es el gran anuncio pascual. El joven lo llama con dos nombres históricos, que en griego llevan artículo: "el Nazareno" (ton nazarenon), "el crucificado" (ton estauroménon). (El primer nombre indica el origen histórico de Jesús, su ciudad; el segundo, su destino y su muerte). Jesús resucitado, el Maestro que comenzó en Galilea y murió en Jerusalén, no pertenece ya al mundo de la muerte. Con su presencia de vida llena el universo y con su poder vivificante hace nuevas todas las cosas.

El joven invita a las mujeres a decir a los discípulos que vuelvan a Galilea porque "allá lo verán". Han recibido el encargo primordial del Evangelio: preparar el camino de la experiencia pascual para todos los discípulos, haciendo posible así el nacimiento de la Iglesia. Los discípulos de todos los tiempos "lo verán", efectivamente, cuando hagan con él otra vez el camino de Galilea a Jerusalén, escuchando su palabra y experimentando el poder del reino, siguiéndolo y comprometiéndose por lo que él se comprometió. A Jesús resucitado lo descubriremos cada día en la medida en que lo sigamos.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

UNA CELEBRACIÓN COMPLEJA, QUE VIVIREMOS CON SENCILLEZ

Es cautivadora la sencillez del relato de la tumba vacía, el evangelio que centra la celebración de la Vigilia Pascual. No hay ningún espectáculo. Está el silencio de una madrugada, justo al salir el sol, sólo roto por los pasos y unas pocas palabras de tres mujeres heridas por la muerte de su amigo. Ante el sepulcro, la sorpresa por la tumba abierta y la presencia de un joven en su interior que les anuncia la resurrección. Un anuncio que Marcos presenta sin luces ni música, como si aquellas mujeres hubieran encontrado a alguien a quien ya conocían y tuvieran con él una conversación de las más cotidianas. Un anuncio, eso sí, que tiene un contenido que pesa lo suyo.

Esta sencillez contrasta con la complejidad del ritual de la Vigilia Pascual. Es cierto que estamos celebrando la fiesta más importante de los cristianos. Y no es porque sí: el contenido del anuncio de aquel joven a las tres mujeres lo trastorna todo. sin embargo, la complejidad de la celebración a menudo nos distrae de la atención necesaria para acoger la buena noticia, una atención que el silencio y la sencillez sí que facilitan.

Un reto, pues, es el de encontrar el equilibrio entre sencillez y tono festivo, máximamente festivo. Un equilibrio que permita, sobre todo, acoger el anuncio de la resurrección como una novedad que marque la vida de todos los oyentes. Es cierto, y hay que tenerlo presente, que para acoger este anuncio con fruto, es del todo imprescindible la predisposición personal. Y esto ya no depende, sólo, de cómo se desarrolla la celebración. Uno de los factores que interviene es, sin duda, la manera como se hayan vivido los días anteriores de la Semana Santa: las celebraciones, la oración personal, el silencio del sábado, etc. He aquí la importancia, pues, de la preparación conjunta de todas las celebraciones y actos comunitarios de estos días.

LA IMPORTANCIA DE UN EQUIPO BIEN COORDINADO

Dada la complejidad del ritual, por la cantidad de elementos diferentes de las demás celebraciones, es especialmente importante que esta celebración no sea sólo preparada en equipo, sino que el equipo esté bien coordinado. Lo primero que necesitará el equipo, además de asumir una actitud de descubrimiento de la novedad de oración, es tomar conciencia que no tiene que realizar un espectáculo teatral en el que todo tiene que salir perfecto. Es decir, que esforzándose en hacer lo que toca en cada momento, tiene que desterrar cualquier nerviosismo o inquietud que podrían transmitir a la comunidad reunida a su alrededor. Estaremos en familia y por esto es importante hacerlo bien, pero, por esto mismo, no pasa nada si en algún momento nos despistamos: entre todos nos re-situaremos.

Y hecho esto, en el momento de repartir tareas, puede convenir que una de las personas que constituyen el equipo asuma la tarea de no hacer nada más que recordar a los demás lo que deben hacer y en qué momento. Una persona, por lo tanto, que siga el hilo de la celebración y ayude a los demás a seguirlo. Es una tarea muy importante, a la vez que discreta.

LA MAÑANA DE PASCUA

La celebración de esta noche debería producir en los cristianos poder experimentar lo que las tres mujeres aquella madrugada. Poder vivir una experiencia parecida. Más allá de la predisposición de cada uno, lo necesario será hacer el anuncio. Y subrayar los contenidos del mismo. Puede ser ésta la función de la homilía de esta noche, pero tampoco hay que pretender decirlo todo. Algunos destacados de este anuncio pueden ser éstos:

* Quien ha resucitado es el hombre Jesús de Nazaret, el crucificado. La identificación con el crucificado que se ha podido producir en la contemplación del Viernes Santo tiene que continuar en este momento: también cada uno de nosotros, algunos bien crucificados, tenemos abierta la puerta de la resurrección. Dios, que ha resucitado a su Hijo, nos of rece la misma vida.

* "Miren el sitio donde lo habían puesto". Es importante, según el evangelio, la mirada a la realidad. Por dura que sea. una realidad que a veces no comprendemos. Pero parece ser que sólo mirando y tocando la realidad, podremos hacer experiencia de la resurrección de Cristo.

* "Ahora vayan a decirles... Él irá delante de ustedes a Galilea". El envío. Quien recibe el anuncio recibe una misión. La vida cristiana, fruto de la acogida del anuncio gozoso de la resurrección de Cristo, es una vida comprometida. Comprometida por la fe en que Él vive en la "Galilea" que es la vida cotidiana. Comprometida a comunicar esta convicción.

* "No se espanten". Esta propuesta es la primera por parte del "joven". La situación vital de aquellas mujeres lo pedía. En nuestro caso, lo pide la posibilidad de comprometerse de veras yendo a la propia "Galilea". Hacerlo de veras, dando la cara por el Reino de Dios, puede asustar. Deberíamos salir de la celebración de la Pascua sin ningún miedo: la vida es de Dios; la podemos dar, que no la perderemos.

JOSÉ M. ROMAGUERA

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Proyecto de homilía

Esta es "la noche de vela en honor del Señor" (Cf. Ex 12,42), como aquella noche de la salida de los israelitas de Egipto. En aquella noche, el Señor "pasó" para salvar y liberar a su pueblo, oprimido en la esclavitud. En una noche semejante, Cristo pasó de la muerte a la vida, liberando así al ser humano de su gran enemigo, que es la muerte. Esta noche es celebración y memorial de aquel paso de Cristo y de nuestro pasar con Dios, a través de los sacramentos que Jesús nos ha dejado.

La liturgia no es una ceremonia vacía; es presencia viva, a través de los signos, del acontecimiento fundamental de la salvación: la muerte y resurrección del Señor. La sucesión de los signos de que está entretejida la Vigilia Pascual quiere expresar el significado de la resurrección de Cristo para la vida del ser humano y del mundo.

Liturgia de la luz. El mundo de las tinieblas es disipado por la luz, que es Cristo resucitado; en Él Dios ha realizado de manera definitiva su plan de salvación. En Él, que es el primogénito de los que resucitan de entre los muertos (Col 1,18), se ilumina el destino del ser humano y su identidad de "imagen y semejanza" divina. Los bautizados, por su adhesión vital a Cristo-Luz saben que su existencia ha cambiado radicalmente: han sido "iluminados"; Dios los ha llamado "de las tinieblas a su luz admirable", y de ahora en adelante deben vivir como hijos de la luz, en un nuevo horizonte de vida y libertad.

Liturgia de la palabra. Las siete lecturas del Antiguo Testamento son un compendio de la historia de la salvación. Por el bautismo nos insertamos en esta grande historia que Dios ha llevado adelante desde el momento de la creación. Consciente de que la Pascua de Cristo es cumplimiento y recapitulación de todo, la Iglesia medita lo que Dios ha llevado a cabo en la historia. Toda esa serie de acontecimientos y promesas es leída como una realidad que se hace presente en el "hoy" de la celebración.

Liturgia bautismal. El pueblo llamado por Dios a la libertad tiene que pasar a través del agua que destruye y regenera. Como Israel en el Mar Rojo, también Cristo pasó a través del mar de la muerte, y salió victorioso. En las aguas del bautismo es destruido el mundo del pecado y emerge de allí la creación nueva. El agua, fecundada por el Espíritu, genera al pueblo de los hijos de Dios: un pueblo de profetas, sacerdotes y reyes. Con los nuevos bautizados, toda la Iglesia recuerda su renacer pascual y renueva en las "promesas del bautismo" su propia fidelidad al don recibido y a los compromisos asumidos.

Liturgia eucarística. Es el culmen de todo el itinerario cuaresmal y de la misma Vigilia Pascual. El pueblo regenerado en el bautismo por el poder del Espíritu, es admitido al banquete pascual, que corona la nueva situación de reconciliación y libertad. Al participar en el Cuerpo y la Sangre del Señor, la Iglesia se of rece a sí misma en sacrificio espiritual, para estar cada vez más insertada en la pascua de Cristo. Él permanece para siempre con los suyos; para que ellos aprendan de Él a pasar cada día de la muerte a la vida por la práctica de la caridad.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

¡NO ESTÁ AQUÍ, HA RESUCITADO!