V DOMINGO DE PASCUA
10 de mayo 2009, Ciclo B

Propio     Comentario     Nota exegética     Orientaciones para la celebración

Proyecto de homilía     Dios Hoy




Casulla_Blanca

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 97,1-2

Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas y todos los pueblos han presenciado su victoria. Aleluya.


ORACIÓN COLECTA

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Les contó cómo había visto al Señor en el camino.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 9,26-31

Cuando Pablo regresó a Jerusalén, trató de unirse a los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no creían que se hubiera convertido en discípulo.

Entonces, Bernabé lo presentó a los apóstoles y les refirió cómo Saulo había visto al Señor en el camino, cómo el Señor le había hablado y cómo él había predicado, en Damasco, con valentía, en el nombre de Jesús. Desde entonces, vivió con ellos en Jerusalén, iba y venía, predicando abiertamente en el nombre del Señor, hablaba y discutía con los judíos de habla griega y éstos intentaban matarlo. Al enterarse de esto, los hermanos condujeron a Pablo a Cesarea y lo despacharon a Tarso.

En aquellos días, las comunidades cristianas gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria, con lo cual se iban consolidando, progresaban en la fidelidad a Dios y se multiplicaban, animadas por el Espíritu Santo.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 21

R/. Bendito sea el Señor. Aleluya.

Le cumpliré mis promesas al Señor
delante de sus fieles.
Los pobres comerán hasta saciarse
y alabarán al Señor los que lo buscan:
su corazón ha de vivir para siempre. R/.

Recordarán al Señor y volverán a él
desde los últimos lugares del mundo;
en su presencia se postrarán
todas las familias de los pueblos.
Sólo ante él se postrarán todos los que mueren. R/.

Mi descendencia lo servirá
y le contará a la siguiente generación,
al pueblo que ha de nacer,
la justicia del Señor
y todo lo que él ha hecho. R/.

SEGUNDA LECTURA

Éste es su mandamiento: que creamos y que nos amemos.

De la primera carta del apóstol san Juan: 3,18-24

Hijos míos: No amemos solamente de palabra, amemos de verdad y con las obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y delante de Dios tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total.

Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que le pidamos. Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio.

Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en nosotros.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 15,4.5

R/. Aleluya, aleluya.

Permanezcan en mí y yo en ustedes, dice el Señor; el que permanece en mí da fruto abundante. R/.

EVANGELIO

El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante.

+ Del santo Evangelio según san Juan: 15,1-8

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.

Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos".

Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, que por medio de estos dones que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos haces participar de tu misma vida divina, concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que nos has revelado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 15,1.5

Yo soy la vid verdadera y ustedes los sarmientos, dice el Señor; si permanecen en mí y yo en ustedes darán fruto abundante. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía, míranos con bondad y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Cenaculo

UNIDOS A JESÚS

Ya Jesús ha hablado a sus discípulos de su partida (Jn 14,1ss.), del envío del Espíritu Paráclito (14,15.26), de poner en práctica el mandamiento del amor (14,21)... Ahora, para expresar esta relación vital que debe existir entre Jesús y sus discípulos, recurre a la metáfora o alegoría de la vid y los sarmientos. Para un pueblo agrícola que conoce bien las tareas que deben realizarse para que las vides den buen fruto, esta comparación es clarísima. Más aún, estas frases sobre la vid debieron suscitar en los discípulos el recuerdo de aquel famoso texto de Isaías que habla de la viña amada del Señor (5,1-7). En el fondo de estas formulaciones del Antiguo Testamento se decía que Israel era la viña o el ámbito de salvación que había sido escogido por Dios; de ahí su queja por la mala respuesta de aquel pueblo elegido que sólo produce uvas amargas. Jesús modifica la vieja alegoría del Antiguo Testamento: él mismo es la vid, él mismo es quien da salvación. La salvación se realiza por estar unidos a él, de la misma forma que los sarmientos tienen vida si están estrechamente unidos a la cepa de la vid.

"Permanezcan en mí", dice una y otra vez Jesús a sus discípulos. Este verbo, que otros traducen como "seguir conmigo", no es un mero estar... se trata de una actitud dinámica, de un seguir y producir en la vida los sentimientos y las actitudes de Jesús. "Permanecer en Jesús", "estar unidos a Jesús", "seguir con Jesús": ése es el camino para "dar fruto" o "para tener vida eterna"; que no sólo significa la promesa de una vida futura, sino tener vida en la existencia actual, gozar hoy los frutos del amor, la justicia y la bondad.

¿Qué tan unido estoy a Jesús? ¿Qué frutos he visto últimamente en mi vida? ¿Qué ramas es necesario quitar o podar para crecer y dar más fruto? Digamos una vez más: "Señor, no permitas que me separe de ti".

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Hechos 9,26-31

Lucas nos ofrece dos noticias de la Iglesia primitiva. En primer lugar, el camino que Pablo tuvo que recorrer para ser aceptado en la comunidad: los miedos iniciales frente al antiguo perseguidor, su presentación ante los apóstoles y su aceptación de parte de la comunidad, hasta el punto que "en Jerusalén, iba y venía, predicando abiertamente en el nombre del Señor" (v. 28).

En segundo lugar nos ofrece un sumario de la vida de la comunidad: "Las comunidades cristianas gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria, con lo cual se iban consolidando (oikodomein), progresaban (poréuomai), literalmente: "caminaban" en la fidelidad a Dios y se multiplicaban (plethynein), animadas porel Espíritu Santo" (v. 31). Se usa un término para englobar la situación positiva de la comunidad: la paz, que no implica la ausencia de persecuciones; sino que, en sentido bíblico, define una situación de salvación y de plenitud de vida. Los tres verbos utilizados por Lucas son significativos: la Iglesia se edifica (oikodomein) como una casa, lo cual supone fatiga y el pasar por diversas etapas de construcción; camina (poréuomai), con todos los riesgos que implica el afrontar las novedades y peligros del camino; y se multiplica (plethynein) por acción del Espíritu, que envía en misión y que, al mismo tiempo, consuela y protege.

* 2ª lectura: 1 Juan 3,18-24

El amor cristiano tiene que ser un amor concreto (griego: en ergo, lit. "en obras"), que no se queda en palabras y promesas. Pero al mismo tiempo debe ser teologal (griego: kai aletheia, "y [en] Verdad"), es decir, en y desde Cristo, "camino, verdad y vida" (v. 18; Cfr. Jn 14,6), como fuente y modelo del amor. Quien ama así puede acercarse a Dios con confianza, pues éste es su único mandamiento: "que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio" (v. 23). Sólo quien ama "permanece en Dios y Dios en él" (v. 24). Fe y amor constituyen la raíz y el resumen del camino espiritual y de la moral que brota de la Pascua y del don del Espíritu: "En esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en nosotros" (v. 24).

* 3ª lectura: Juan 15,1-8

Juan presenta la relación entre Jesús y sus discípulos a través de la imagen de la vid. En el Antiguo Testamento la viña era símbolo de Israel (Sal 80,9; Cfr. Is 5,1-7; Jer 2,21; Ez 19,10-12; etc.). Las relaciones entre la viña y el viñador ponían de manifiesto las relaciones de profunda intimidad y de amor existentes entre Yahvé e Israel. Ahora la vid es Jesús. La vid-Israel alcanza su plenitud de fidelidad en Jesús-vid. El es la vid verdadera y, los sarmientos, unidos a él, representan a los discípulos que han creído en él. La vid y los sarmientos son un símbolo de la Iglesia: el pueblo de Dios que nace y vive de la Palabra y del Espíritu recibidos de Jesús.

Los sarmientos que no dan fruto y que el Padre corta, son aquellos que, perteneciendo a la comunidad cristiana, no responden con sus obras a la vida divina que se les comunica a través de Cristo. Éstos están destinados a desaparecer irremediablemente. En cambio, los otros, los que dan fruto, son objeto de una "poda" de parte del Padre, para que den más fruto (v. 2). se trata de la purificación constante que Dios mismo realiza en la Iglesia y en el corazón de cada discípulo, pues no basta el esfuerzo humano para liberarse del egoísmo y poder seguir el dinamismo amoroso del Espíritu. La primera "limpieza", original y radical, es la fe en la palabra de Jesús: "Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho" (v. 3).

La Iglesia y cada creyente existen para dar fruto. El fruto no es algo que se añade al ser cristiano, sino que pertenece a su misma esencia: el fruto, es decir, el compromiso concreto en el amor, es la manifestación exterior de una experiencia interior que busca espontáneamente comunicarse. Jesús exhorta a los discípulos a renovar continuamente su adhesión a él en función del fruto que han de producir. El sarmiento no tiene vida propia y, por lo tanto, no puede dar fruto por sí mismo (v. 5). Juan utiliza para describir esta realidad el verbo "permanecer" (en griego: meno), que expresa estabilidad y comunión.

La comunión con Jesús y la obediencia a su Palabra aseguran, además, el favor y la presencia de Jesús continuamente (vv. 7-8). Al final se vuelve a hacer referencia al Padre y se habla de su gloria. En el Antiguo Testamento Dios se cubre de gloria cuando actúa poderosamente en favor de su pueblo; en Juan, Jesús con sus obras ha mostrado la gloria del Padre. Ahora, la gloria del Padre tiene otra expresión. Dios mostrará su gloria a través de las obras de los discípulos de Jesús, que en comunión con él, la vid verdadera, y dóciles al Espíritu, aman sin límite y sin condiciones, generando vida y amor en el mundo.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

EL CONTEXTO PASTORAL

Toda la Cincuentena pascual está marcada por los sacramentos de la Iniciación, empezando por la misma Noche Santa. En la práctica popular, es el mes de mayo el que agrupa un mayor número de celebraciones de la Confirmación y de la Primera Comunión. Este año hay una total coincidencia entre el mes de mayo y el Tiempo pascual. Es un elemento que debemos valorar en las celebraciones dominicales y más si en la asamblea hay neófitos que están en tiempo de mistagogía.

Con este domingo hemos superado ya más de la mitad de los 50 días; de hecho, sólo éste y el próximo entran dentro del programa "variable" de la liturgia pascual. Las solemnidades de la Ascensión y de Pentecostés son celebraciones que podemos llamar ~fijas", en el sentido de que el misterio celebrado tiene una característica muy determinada en el conjunto de Pascua. Sin embargo, esto no tiene que llevar a hacer una vivisección del Misterio Pascual que es, en sí mismo, una realidad unitaria que incluye al mismo tiempo la Pasión, la Resurrección y la Ascensión del Señor, y la donación del Espíritu Santo. Esta unidad del Misterio debemos tenerla siempre presente.

EL PASTOR Y LA VID

El evangelio del Ciclo B nos permite destacar, en la homilía, la sucesión de dos imágenes "vivificantes" de Jesús resucitado: el Pastor que da la vida libremente por sus ovejas, y la Vid verdadera que es principio de vida para todos los sarmientos que le están unidos. En el fondo de estas dos imágenes de comunicación de vida está la referencia al don del Espíritu Santo, sobre todo en la imagen de la Vid y los sarmientos: una misma vida circula entre la vid y los sarmientos, mientras que el Padre, que es el viñador, cuida de los sarmientos, para que den más fruto.

El paralelismo del texto evangélico con la segunda lectura, ambos joánicos, hace que se ayuden mutuamente en la interpretación: "Permanezcan en mí y yo en ustedes" = "Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos, por el Espíritu que nos él nos ha dado, que él permanece en nosotros". Otro texto que ayuda a la interpretación es el comienzo de la primera Carta de Juan 1,1-4: "Les anunciamos lo que ya existía desde el principio...".

La homilía de este domingo ofrece muchas oportunidades "mistagógicas":

1. La vida cristiana es comunión en la vida trinitaria; somos bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; el Bautismo nos inserta en la Vid verdadera, Jesucristo, para que demos fruto; la Confirmación sella con el don del Espíritu Santo la comunión con Jesucristo; la Eucaristía es bendición del Padre, memorial del Misterio Pascual del Hijo, epíclesis del Espíritu Santo.

2. La vida cristiana se vive en la gratuidad de Dios; sin la gracia de Cristo no podríamos hacer nada, y cuando su palabra permanece en nosotros, y nosotros en él, nuestra oración obtiene lo que pide, porque estamos identificados con su voluntad. El gran don de Dios es su Espíritu: "Recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo". La celebración de la Confirmación se ilumina así en su verdadera perspectiva.

3. La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios (Lumen gentium, 1). La homilía de hoy es una buena oportunidad para invitar a los presentes a reconocer y a dar gracias por el misterio de la Iglesia, en la cual y por la cual Dios ofrece a los hombres la salvación de Jesucristo, y a vivir con gozo su identidad cristiana. Esto es oportuno para los neófitos que acaban de entrar en la Iglesia, pero también lo es para todos los fieles.

SAULO, LOS APÓSTOLES Y LA IGLESIA

La perícopa de los Hechos de los Apóstoles que forma la primera lectura es un testimonio de cómo los neófitos comienzan a vivir en comunidad. Saulo, en efecto, era un neófito y precisamente ex perseguidor; esto producía humanamente un cierto recelo comprensible. La intervención del garante Bernabé, su comunión con los apóstoles, identificaron a Pablo como hermano, de tal manera que fueron los hermanos quienes le ayudaron en el peligro. Las palabras de los Hechos son una traducción visible de las imágenes del evangelio de hoy, un poner a personas concretas -Saulo, Bernabé, los Apóstoles, los hermanos- en la trama del misterio de la Iglesia. Casi como una rúbrica conclusiva de toda la narración de la conversión de Pablo, Lucas hace notar la situación interna de la Iglesia: "Las comunidades cristianas gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria, con lo cual se iban consolidando, progresaban en la fidelidad a Dios y se multiplicaban, animadas por el Espíritu Santo". Vale la pena tener en cuenta esta imagen de la Iglesia, que está vinculada al Señor, y que la fuerza del Espíritu anima y hace crecer.

PERE TENA

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Proyecto de homilía

La lectura evangélica de hoy está tomada del discurso de adiós de Jesús en la Última Cena. Se trata de una parábola (la vid y los sarmientos), con rasgos alegóricos, en la que San Juan ilumina la relación de intimidad que hay entre la Iglesia y Cristo. Ya el Antiguo Testamento había usado repetidamente el simbolismo de la viña, para ilustrar el nexo existente entre Israel y su Dios; un nexo de cuidado y solicitud por parte del Señor, y de indiferencia y rechazo -muchas veces- por parte de Israel.

El sarmiento unido a la vid, la adhesión vital del creyente a Cristo, son esenciales para la fecundidad de los frutos. "Permanecer" en Cristo es fundamental para el retoño de la fe que existe en nosotros; para que pueda tener sentido y producir fruto. En cambio, si el creyente se separa de Jesús, está condenado a la perdición (Jn 15,6). Y esta declaración del v. 6 no tiene solamente valor 'escatólogico', para el futuro. Ya desde ahora el ser humano decide su destino. Detrás del símbolo del sarmiento seco y arrojado a un lado del campo está el misterio del rechazo que el hombre puede oponer a la vida y al amor; está la oposición entre la luz y las tinieblas.

Pero también las ramitas vigorosas y verdes que adornan el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, conocen el momento de la poda (v. 2). Es la purificación necesaria que Dios lleva a cabo para tener una Iglesia "sin mancha ni arruga" (Ef 5,27). La fe es una realidad viva, como el amor, y requiere de un crecimiento continuo y de una liberación de escorias e impurezas.

La purificación puede también darse por medio de la experiencia dolorosa de la persecución y de la prueba. Es significativa la frase inicial de la primera lectura, tomada del libro Hechos de los Apóstoles: Pablo aparece aislado y marginado en la misma comunidad cristiana de Jerusalén, porque todos le tenían miedo, no creyendo que fuera discípulo de verdad (Hech 9,26). Al poco tiempo, Pablo aun tuvo que huir, porque los judíos de procedencia helenista trataban de matarlo (v. 29). Como el grano de trigo no produce fruto si no muere (Jn 12,24), así el sarmiento no puede tener fuerza y energía si no está unido con el Cristo sufriente y crucificado.

La segunda lectura, tomada de la primera Carta de san Juan, precisa concretamente los frutos que nacen de nuestra unión mística con Cristo. La conexión con el simbolismo del evangelio aparece claramente en la frase final del pasaje, donde se usa el verbo "permanecer", que el evangelio emplea también para indicar la relación del sarmiento con la vid.

La fe y el amor, dice San Juan, constituyen nuestra identidad como cristianos; son "el mandamiento" por excelencia, el fruto esencial que el creyente, injertado en Cristo, vid verdadera, debe producir «Este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros» (1 Jn 3,23).

El Señor Jesús, que se hace presente al celebrar en la Eucaristía el misterio de su Pascua, hace crecer en nosotros los frutos de la comunión con Él. ¡Que por la gracia que Él nos comunica, podamos seguir creciendo en la fe y en el amor!

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

YO SOY LA TOMA DE CORRIENTE
Y USTEDES LA CLAVIJA

Claro que nuestro Señor no dijo esto.

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