
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 94,6-7 |
Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro, porque él es nuestro Dios.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Señor, que tu amor incansable cuide y proteja siempre a estos hijos tuyos, que han puesto en tu gracia toda su esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Se me han asignado noches de dolor.
Del libro de Job: 7,1-4.6-7
En aquel día, Job tomó la palabra y dijo: "La vida del hombre en la tierra es como un servicio militar y sus días, como días de un jornalero. Como el esclavo suspira en vano por la sombra y el jornalero se queda aguardando su salario, así me han tocado en suerte meses de infortunio y se me han asignado noches de dolor. Al acostarme, pienso: '¿Cuándo será de día?' La noche se alarga y me canso de dar vueltas hasta que amanece.
Mis días corren más aprisa que una lanzadera y se consumen sin esperanza. Recuerda, Señor, que mi vida es un soplo. Mis ojos no volverán a ver la dicha".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 146 |
R/. Alabemos al Señor, nuestro Dios.
Alabemos al Señor, nuestro Dios,
porque es hermoso y justo el alabarlo.
El Señor ha reconstruido a Jerusalén
y a los dispersos de Israel los ha reunido. R/.
El Señor sana los corazones quebrantados
y venda las heridas,
tiende su mano a los humildes
y humilla hasta el polvo a los malvados. R/.
El puede contar el número de estrellas
y llama a cada una por su nombre.
Grande es nuestro Dios, todo lo puede;
su sabiduría no tiene límites. R/.
SEGUNDA LECTURA
¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 9,16-19.22-23
Hermanos: No tengo por qué presumir de predicar el Evangelio, puesto que ésa es mi obligación. ¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por propia iniciativa, merecería recompensa; pero si no, es que se me ha confiado una misión. Entonces, ¿en qué consiste mi recompensa? Consiste en predicar el Evangelio gratis, renunciando al derecho que tengo a vivir de la predicación.
Aunque no estoy sujeto a nadie, me he convertido en esclavo de todos, para ganarlos a todos. Con los débiles me hice débil, para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos, a fin de ganarlos a todos. Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Mt 8,17 |
R/. Aleluya, aleluya.
Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores. R/.
EVANGELIO
Curó a muchos enfermos de diversos males.
+ Del santo Evangelio según san Marcos: 1,29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. El se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.
Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: "Todos te andan buscando". El les dijo: "Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido". Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.
Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor, Dios nuestro, tú que nos has dado este pan y este vino para reparar nuestras fuerzas, conviértelos para nosotros en sacramento de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario
Santo, Santo, Santo...
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Mt 5,5-6 |
Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor, tú que has querido hacernos participar de un mismo pan y de un mismo cáliz, concédenos vivir de tal manera unidos en Cristo, que nuestro trabajo sea eficaz para la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
UNA JORNADA DE ORACIÓN Y SERVICIO
Sábado por la mañana. Jesús enseña a la gente en la sinagoga. Todos quedan sorprendidos por esta nueva enseñanza llena de autoridad. Su fama se extiende por toda la región de Galilea (Cfr. Mc 1,21-28).
Quizás al mediodía. Al salir de la sinagoga, Jesús va con Santiago y Juan, a quienes había llamado junto al lago (Mc 1,19-20), a casa de Simón y Andrés. Encuentran con fiebre a la suegra de Simón, en cama. Jesús se compadece de ella, la toma de la mano y la levanta. Una vez curada, se pone a servirles. Este primer milagro tiene una fuerte carga simbólica: Jesús quiere levantar al hombre caído, postrado, enfermo, deprimido... y encaminarlo por el sendero del servicio. Jesús levanta, ayuda, sirve a los demás; pero también se deja servir.
Al atardecer. Cuando el sol se ponía, le llevan a Jesús todos los enfermos y poseídos... Jesús no se queja, escucha, atiende, cura, expulsa a los demonios. A eso ha venido: a proclamar el Evangelio, a liberar, a dar vida.
De madrugada. Cuando todavía estaba muy oscuro, se fue a orar a un lugar solitario. Soledad y oración forman parte también del ministerio de Jesús. El discernimiento y el diálogo íntimo con Dios están siempre en la agenda de Jesús. La oración es para Jesús -y así debe ser para el cristiano- culmen y fuente de la acción, a la vez que es motivo de búsqueda: "Todos te andan buscando". La gente sabe que una persona que se ocupa de las cosas de Dios, también podrá ocuparse y ayudar en las cosas de los hombres.
Y el trabajo sigue. Jesús les dijo a sus discípulos: "Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido". Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.
Preguntémonos a la luz del Evangelio: ¿Cómo está mi agenda? ¿Me doy tiempo para la oracion y el discernimiento? ¿Para escuchar y ayudar a otros en sus problemas? ¿Para prestar un servicio desinteresado a alguien que lo necesite?
* 1ª lectura: Job 7,1-4.6-7
A partir de la experiencia desconcertante del sufrimiento de un hombre justo, el Libro de Job presenta el misterio de Dios, y la auténtica fe, fundamentada en la gratuidad y la comunión. Job no acepta que Dios pueda ser explicado con base en un esquema de premios y castigos, como suponía la doctrina tradicional de la retribución; permanece fiel a Dios aun cuando vive el escándalo de su sufrimiento inocente y lucha incansablemente por obtener una palabra divina para iluminar su situación.
El texto que se proclama este domingo es una reflexión de Job, que revela la intensidad de su dolor. Como el esclavo, que espera la sombra de la noche para descansar del trabajo del día, o como el jornalero, que se fatiga por conseguir un salario con el que poder satisfacer sus necesidades, Job tiene también un salario. Un "salario" de sufrimiento y de sin sentido: "Me han tocado en suerte meses de infortunio (a diferencia del jornalero), me han asignado noches de dolor (a diferencia del esclavo)" (vv. 1-3). Al final se dirige a Dios: "Recuerda, Señor, que mi vida es un soplo. Mis ojos no volverán a ver la dicha" (v. 7).
Al final del libro, Job recibe una respuesta misteriosa de parte de Dios (Job 38-41). Es entonces cuando Job admite que no puede conocerlo todo y reconoce que Dios puede ser plenamente aceptado, aun cuando no pueda ser completamente comprendido.
* 2ª lectura: 1 Corintios 9,16-19.22-23
Pablo insiste en el tema de la gratuidad de la elección del apóstol, en la que Cristo Jesús ha tomado la iniciativa: "Si yo lo hiciera por propia iniciativa merecería recompensa; pero si no, es que se me ha confiado una misión" (v. 17). Gratuitamente llamado a la predicación del evangelio, Pablo realiza su misión "gratis", "renunciando al derecho que tengo a vivir de la predicación", sin más interés que el de ser "esclavo de todos" (v. 19) "lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes" (v. 23).
* 3ª lectura: Marcos 1,29-39
La escena de la curación de la suegra de Pedro (dentro de la casa) (vv. 29-31) está construida en torno a la acción de dos personajes y sus acciones (Jesús y la enferma). Jesús cura a la enferma a través de un gesto: "tomándola de la mano, la levantó". El efecto es inmediato: "se le quitó la fiebre y se puso a servirles" (v. 31). El verbo "levantarse" traduce el verbo egéiro, que utiliza Marcos para hablar de la resurrección de Jesús (Mc 16,6). Con el uso del verbo "servir" (diakonéo) se insinúa que la curación no es sólo física. Éste es el verbo que utiliza Marcos para describir el servicio de los "Doce", llamados a ser diáconos unos de los otros (Mc 9,35), a ejemplo de Jesús, que ha venido a servir y no a ser servido (10,45). El hecho que la enferma curada se ponga a servir no solamente a Jesús, sino a todos los que estaban en la casa (v. 31), es probablemente una alusión al servicio que se vive en la comunidad cristiana. El milagro se realiza en la casa de Simón Pedro (v. 29), y en Marcos, "la casa" es generalmente el ámbito catequético en el que Jesús instruye a sus discípulos.
La curación de la muchedumbre enferma (afuera, en la puerta de la ciudad), constituye el segundo sumario del evangelio de Marcos y resume la actividad terapéutica de Jesús. Se quiere poner en evidencia que la salvación de Cristo no conoce confines y no se encierra en los muros de una casa o de un grupo, como lo demuestra el vocabulario utilizado, que expresa totalidad: "le llevaron todos los enfermos y endemoniados... La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos (...) y expulsó a muchos demonios (...). Simón y sus compañeros le decían: todos te buscan (...). Así recorrió toda Galilea". Jesús impone silencio a los demonios, para impedir la manipulación y tergiversación de su misterio y su misión.
El v. 35, que describe a Jesús orando en un lugar solitario de madrugada, al día siguiente, contrasta con su inagotable actividad terapéutica del día anterior. Jesús se retira antes de iniciar la jornada para hacer oración, y descubrir en ella y a través de ella, el sentido y la orientación de su misión. La gente pretende acapararlo en Cafarnaúm (v. 37) pero él, después de haber orado, afirma que debe ir a otros muchos sitios para anunciar el reino, pues ésa es su misión (v. 38). En la soledad de la oración, a solas delante de Dios decide. El texto concluye describiendo sumariamente la continuación de la misión de anuncio y de sanación de Jesús por toda Galilea (v. 39).
SILVIO JOSÉ BÁEZ
UNA ACTIVIDAD INTENSA
La narración de los inicios del ministerio de Jesús en Galilea, por parte del evangelista Marcos, presenta un cuadro que podríamos titular "un día en la vida de Jesús" (Mc 1,16-39). Una jornada llena de actividad: hace dos domingos escuchábamos cómo llamaba a los primeros discípulos (vv. 16-20); el domingo pasado veíamos cómo predicaba en la sinagoga y curaba a un hombre poseído de un espíritu inmundo (vv. 21-28); y hoy escuchamos cómo continúa la jornada con múltiples actividades: cura a la suegra de Pedro, cura a muchos enfermos y endemoniados, ora, se va a predicar a otros lugares... (vv. 29-39). Prácticamente no descansa, porque lo vemos con actividad incluso "al atardecer, cuando el sol se ponía", y otra vez "de madrugada". Ciertamente, la actividad de Jesús era intensa, tenía ansiedad por llevar a cabo su misión, se sentía responsable de una tarea de parte de Dios que no podía aplazar y que no le permitía distracción.
En la primera lectura, Job vive una inquietud parecida, dice, que pasa las noches en blanco: "Al acostarme, pienso '¿Cuándo será de día?' La noche se alarga y me canso de dar vueltas hasta que amanece". También san Pablo vivía esa desazón por hablar y actuar en nombre de Dios, tal como vemos hoy en la segunda lectura de la primera Carta a los corintios: "Hermanos: No tengo por qué presumir de predicar el Evangelio, puesto que ésa es mi obligación. ¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!..., es que se me ha confiado una misión". Ojalá que todos los cristianos tuviésemos esa actitud de urgencia, de inquietud, de interés por las cosas de Dios y por vivir de forma coherente y comprometida. Sin caer en el activismo ni en el estrés, debemos estar atentos a no distraernos, a no perder el tiempo y las ocasiones para llevar a cabo nuestra misión evangelizadora.
ACTUAR CONTRA EL SUFRIMIENTO
El domingo pasado ya veíamos cómo la predicación de Jesús iba acompañada de obras, de signos de curación. Hoy vuelve a aparecer: Jesús cura primero a la suegra de Pedro, y después cura a muchos enfermos y endemoniados. Vemos, pues, cómo una de las principales actitudes de Jesús es estar atento a las necesidades de los demás, sobre todo de los que tienen problemas, de los que la pasan mal. Ante las realidades de sufrimiento que hay a su alrededor (tanto sufrimiento físico como psíquico), Jesús actúa llevando la salud, la alegría, la esperanza, el consuelo. Y esa acción curativa de Jesús es la mejor expresión del mensaje que él predicaba. Es la buena noticia de Dios que canta el salmo: "El Señor sana los corazones quebrantados y venda las heridas. Tiende su mano a los humildes, y humilla hasta el polvo a los malvados". También nosotros debemos llevar a cabo esas acciones curativas hacia los necesitados como una de las prioridades de nuestra vida cristiana personal y comunitaria. Una buena noticia salvadora, por cierto, que hay que hacer llegar tanto a la gente próxima (familia, amigos) como a todos.
IMPORTANCIA DE LA ORACIÓN
Continúa el relato de la jornada de Jesús, y dice que al día siguiente, "de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar". La oración personal y profunda era la fuerza interior que sostenía, animaba y daba sentido a toda la acción de Jesús. Todo lo que hacía, lo hacía como un signo del amor de Dios que él habita experimentado primero, y se sentía empujado a actuar en su nombre. Sin oración toda la acción hacia fuera, para un cristiano, pierde el sentido, y tiene el riesgo de quedar vacía o de perder la orientación correcta. Nos conviene recordarlo en este mundo nuestro tan activo, tan activista, en el que todos vamos siempre atareados, a menudo incluso agobiados... Y también a veces en nuestra misma tarea pastoral: tantas reuniones, y actividades, y encuentros... No perdamos de vista esa dimensión contemplativa, de oración, sin la que todo lo demás no tiene sentido, porque es como si le faltase el alma.
PREDICAR POR TODAS PARTES
Finalmente, dice que a Jesús vienen a buscarlo sus discípulos, cuando todavía estaba orando, y le dicen que todo el mundo lo busca. Y se va con ellos, a predicar por toda Galilea, porque ésa es su misión, como reconoce él mismo. Predicar, dar testimonio, vivir y transmitir esa buena noticia el Evangelio que a nosotros nos llena y que queremos compartir con los demás. Es lo mismo que ya hemos comentado de san Pablo en la segunda lectura, que predicaba como una necesidad de su fe: "Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes". Nosotros también deberíamos vivir ese entusiasmo de Pablo: sentirnos felices por la fe que vivimos, y por eso casi espontáneamente nos saldría ese deseo de transmitir, de contagiar esa alegría y esa felicidad. Una predicación hecha de palabras y obras: Así "recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios". Todos debemos vivir esas actitudes de Jesús: el amor a los demás, la oración, y el testimonio.
JAVIER AYMERICH
El problema del sufrimiento atormenta a los seres humanos de cualquier época y cultura. La Biblia, que es un espejo por excelencia de la condición humana, se hace cargo del grito de dolor que sube incesantemente de la tierra. Basta pensar en el hecho de que la tercera parte de los Salmos está bajo el signo del dolor y de la súplica.
También la liturgia de hoy nos presenta diversos casos de gente que sufre: la suegra de Pedro y los otros enfermos a quienes cura Jesús (evangelio), y en primer lugar nos presenta a Job (primera lectura), que es como un símbolo muy particular en este tema, sobre todo por el libro que recoge sus clamores y que es una de las obras maestras de la literatura universal. En realidad, el libro de Job, apoyándose en el tema del dolor humano, se orienta en otra dirección: la gratuidad de la fe, por una parte, y, por otra, el verdadero rostro de Dios, que no puede ser comprendido con esquemas puramente humanos. Job, por el camino obscuro del dolor, se convierte en modelo del creyente, que ama al Dios verdadero en sí y por sí, sin motivaciones ulteriores.
Job permanece fiel a Dios; sin que eso signifique que no capte el aspecto escandaloso del sufrimiento. Sus palabras rechazan las fórmulas fáciles que ofrecía la teología tradicional, encarnada en los amigos que dialogan con él. Él no se reconoce pecador y, por tanto, no ve la validez de la teoría de la retribución terrena: "sufres porque has pecado".
Job no acepta catalogar a Dios con un modo de pensar humano; Dios mismo debe manifestársele. Y Dios acepta comparecer ante el tribunal de Job, revelándose como Él es. En esta lógica superior, también el dolor encuentra un lugar; pero es un lugar que la simple lógica humana rechaza y considera imposible.
También la fe que propone el evangelio de Marcos es de este tipo: no es una actitud entusiasta fundada en un prodigio milagroso, sino la respuesta gozosa a un llamado que exige desinterés. Por eso Jesús rechaza la publicidad y se retira al desierto para orar (Mc 1,35), y por eso los milagros que realiza no quieren ser una 'prueba' que justifique que alguien crea. Por eso, creer no será solamente dar con una definición exacta de Jesús, como saben hacer aun los demonios (1,24), sino adherirse a su persona, poniéndose en su lógica, la del camino de la cruz.
Según eso, la verdadera actitud de la fe está encarnada en la suegra de Pedro, la cual, curada de su enfermedad, se dispone a servir a Jesús y a los hermanos (1,31). El seguimiento en la vida y en el amor es lo que verifica la autenticidad de la fe.
También San Pablo, en el pasaje de la primera carta a los corintios que hoy leemos (segunda lectura), insiste en el tema de la gratuidad de la fe (1 Cor 9,17). Llamado gratuitamente a predicar el mensaje de alegría y salvación, Pablo ejerce su misión con la misma generosidad: "predicar el evangelio gratuitamente", dice, es su única recompensa (9,18).
Así como el pasaje evangélico nos refiere que le llevaron a Jesús a "todos los enfermos" para que los curara, y que Él salió a recorrer "toda Galilea" para predicar la buena nueva, así Pablo se hace "esclavo de todos" y se hace "todo a todos", para ganar a los más que pueda (1 Cor 9,19.22). La totalidad está en la raíz de la fe y es también el objetivo de la fe.
Que por nuestra participación en esta Eucaristía el Señor haga cada vez más robusta y profunda nuestra fe, para que podamos dar testimonio de ella a nuestro alrededor.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
¡AY DE MÍ SI NO ANUNCIO EL EVANGELIO!
Y todo esto, porque -como les dijo Cristo a sus discípulos- "ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida... ya no sirve para nada, sino para echarla fuera para que la pisen los hombres" (Mt 5, 11).