
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Cfr. Is 48,20 |
Con voz de júbilo, anúncienlo; que se oiga, que llegue a todos los rincones de la tierra: el Señor ha redimido a su pueblo. Aleluya.
ORACIÓN COLECTA
Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con amor y alegría la victoria de Cristo resucitado, y que el misterio de su Pascua transforme nuestra vida y se manifieste en nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
El don del Espíritu Santo se ha derramado también sobre los paganos.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 10,25-26.34-35.44-48
En aquel tiempo, entró Pedro en la casa del oficial Cornelio, y éste le salió al encuentro y se postró ante él en señal de adoración. Pedro lo levantó y le dijo: "Ponte de pie, pues soy un hombre como tú". Luego añadió: "Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere".
Todavía estaba hablando Pedro, cuando el Espíritu Santo descendió sobre todos los que estaban escuchando el mensaje. Al oírlos hablar en lenguas desconocidas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes judíos que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los paganos.
Entonces Pedro sacó esta conclusión: "¿Quién puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros?" Y los mandó bautizar en el nombre de Jesucristo. Luego le rogaron que se quedara con ellos algunos días.
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 97 |
R/. El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad. Aleluya.
Cantemos al Señor un canto nuevo,
pues ha hecho maravillas.
Su diestra y su santo brazo
le han dado la victoria. R/.
El Señor ha dado a conocer su victoria
y ha revelado a las naciones su justicia.
Una vez más ha demostrado Dios
su amor y su lealtad hacia Israel. R/.
La tierra entera ha contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Que todos los pueblos y naciones
aclamen con júbilo al Señor. R/.
SEGUNDA LECTURA
Dios es amor.
De la primera carta del apóstol san Juan: 4,7-10
Queridos hijos: Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor. El amor que Dios nos tiene se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por él.
El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Jn 14,23 |
R/. Aleluya, aleluya.
El que me ama, cumplirá mi palabra, dice el Señor; y mi Padre lo amará y vendremos a él. R/.
EVANGELIO
Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos
+ Del santo Evangelio según san Juan: 15,9-17
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.
Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros".
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos, y purifica nuestros corazones para que podamos participar dignamente en este sacramento de tu amor. por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio de Pascua I-V
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Jn 14,15-16 |
Si me aman, cumplan mis mandamientos, dice el Señor, y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Abogado, que permanecerá con ustedes para siempre. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Dios todopoderoso y eterno, que, en Cristo resucitado, nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que este misterio pascual en el que acabamos de participar por medio de la Eucaristía, dé en nosotros abundantes frutos de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PERMANEZEAN EN MI AMOR
La constante, lo que nunca faltó, lo que siempre distinguió a Jesús, fue el amor. En los evangelios podemos encontrar que Jesús mira con amor a unos muchachos, a quienes les dice: "Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres" (Mc 1,17); también que Jesús participa en las fiestas del pueblo, y que se preocupa y ocupa de las necesidades de la gente, de que nunca falte el vino de la alegría (Jn 2,1-10); Jesús se acerca con amor a aquellos que otros rechazan, como la samaritana (Jn 4,1-26); escucha y atiende las súplicas de un funcionario pagano (Jn 4,43-53); se compadece de los enfermos, libera y dice con autoridad: "Levántate, toma tu camilla Camina" (Jn 5,8); Jesús no sólo se preocupa de las necesidades espirituales: "¿Dónde podríamos comprar pan para dar de comer a todos éstos?" (Jn 6,5); Jesús desafía la tormenta para encontrarse con sus amigos y decirles con amor: "Soy yo. No tengan miedo" (Jn 6,20); Jesús se pone de lado de los pecadores, como de aquella mujer adúltera a punto de ser apedreada (Jn 8,1-11): perdona, levanta, salva; Jesús es luz (Jn 8,12), habla con la verdad (Jn 8,31-32), abre los ojos (Jn 9,1-6); Jesús ama como un pastor a su rebaño, a tal grado que está dispuesto a dar la vida por sus ovejas (Jn 10,15); Jesús llora por la muerte de su amigo Lázaro (Jn 11,35); Jesús nunca se echa para atrás: "Me encuentro profundamente angustiado; pero, ¿qué es lo que puedo decir? ¿Padre, líbrame de esta hora? De ningún modo; porque he venido precisamente para aceptar esta hora" (Jn 12,27); Jesús se ciñe una toalla y lava los pies a sus discípulos (Jn 13,1-5); Jesús ama hasta el extremo, hasta la muerte en cruz (Jn 19,16-30).
Esto que Jesús hizo vida, quiere que nosotros también lo vivamos. Por eso nos dice: Permanezcan en mi amor... ámense los unos a los otros, como yo los he amado... Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos... Soy yo quien los ha elegido y los he destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca.
* 1ª lectura: Hechos 10,25-26.34,35.44-48
Se narra un acontecimiento singular: la efusión del Espíritu Santo sobre un grupo de no judíos. Se trata de un nuevo Pentecostés, concedido a los paganos. También este grupo, cuando recibe el Espíritu, "proclama la grandeza de Dios" (v. 46; Cfr. Hech 2,11: "proclamaban las maravillas de Dios"). El Espíritu Santo irrumpe sobre ellos mientras Pedro todavía está hablando y, en forma excepcional, antes de que reciban el bautismo en el nombre de Jesús.
Con esta descripción Lucas quiere subrayar la libre iniciativa del Espíritu, que rompe los esquemas humanos rígidos que dividen y separan a los hombres. El nacimiento de la Iglesia pagano-cristiana es fruto, no de la decisión humana, sino del amor universal de Dios y de la acción sorprendente y libre del Espíritu. A partir de tal evento, Lucas enuncia un principio cristiano fundamental, en fuerte contraste con la mentalidad judía y que está a la raíz de la misión universal de la Iglesia: "Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere" (v. 34).
* 2ª lectura: 1 Juan 4,7-10
El texto se resume en la afirmación central del pasaje: "Dios es amor" (v. 8). La primera Carta de Juan no pretende dar una definición metafísica de Dios, sino que habla de Él en clave histórica-relacional, de dinamismo y de donación: "El amor que Dios nos tiene se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por él" (v. 9). Para 1 Juan "el amor consiste en esto", en que Dios ha tomado la iniciativa de acercarse a la humanidad y ofrecerle gratuitamente el perdón y la vida. En Cristo nos ha engendrado en el amor y para el amor.
Con razón 1 Juan exhorta: "Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios (he agápe ek theou estin), y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios" (v. 7). El amor que Dios infunde en el discípulo de Cristo es creativo y fecundo. Solamente quien haya vivido por experiencia este amor, podrá generar nuevas concretizaciones del amor.
* 3ª lectura: Juan 15,9-17
La Solemne afirmación de Jesús: "Como el Padre me ama, así los amo yo" (v. 9), indica que el modelo y la fuente del amor de Jesús por sus discípulos es el amor entre el Padre y el Hijo, un amor que exige una respuesta libre y concreta que consiste en observar los mandamientos de Jesús como él ha guardado los del Padre (v. 10). La existencia del discípulo cristiano prolonga la comunión de amor que une al Padre y al Hijo y que históricamente se ha manifestado en el amor de Cristo hacia sus discípulos. Tal experiencia constituye una fuente constante de serenidad y de gozo en la vida del creyente (v. 11).
En el v. 12 Jesús proclama "su" mandamiento: "Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado". Los mandamientos (en plural), de los que había hablado antes, se convierten ahora en "mi mandamiento" (en singular). Jesús le llama "mi mandamiento", porque lo ha entregado a los suyos con su palabra, pero sobre todo con su ejemplo, cuya expresión más alta se ha manifestado en el sacrificio de la cruz: "Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos" (v. 13).
El mandamiento de Jesús, más que una imposición, es una revelación. Antes de ser un mandamiento, es la revelación de la comunión originaria y eterna de amor que une al Padre y al Hijo, y que el Hijo ha comunicado a sus discípulos, ordenándoles amarse "como yo los he amado". Jesús es, por lo tanto, la fuente y el modelo para vivir el mandamiento del amor, y el discípulo se esforzará en acercarse cuanto más pueda al ideal propuesto por el Maestro.
El discípulo ama porque es amado y se sabe amado por Jesús, con un amor, caracterizado por la comunión y la gratuidad. Jesús, en efecto, llama a sus discípulos "amigos" (griego: filoi), ya que les ha revelado todo el designio del Padre (v. 15). su amor es absolutamente gratuito pues precede a la decisión del discípulo (v. 16). Esta conciencia de la gratuidad amorosa de la elección de parte de Jesús, asumida con profundidad, libera al discípulo de la autosuficiencia y del desaliento, pues su amor le da la seguridad de la presencia y del auxilio del Maestro en la misión de dar fruto, y un fruto que "permanezca".
SILVIO JOSÉ BÁEZ
LAS LECTURAS DE ESTE DOMINGO
Las perícopas evangélicas de los domingos quinto y sexto de Pascua son, en el Ciclo B, textos continuados (Juan 15,1-8; Juan 15,9-17). Esto hace que la temática sea muy parecida, aunque no exactamente igual; la insistencia se hace hoy, sobre todo, en el amor trinitario en sí mismo y hacia los hombres, y el mandamiento del amor. La segunda lectura (1 Juan 4,7-10) enlaza, en cambio, con la segunda lectura del domingo séptimo (1 Juan 4,11-16), impedida por la solemnidad de la Ascensión. Creo recomendable unir esta lectura del domingo séptimo a la de domingo sexto, evidentemente sin interrupción, ni aclamación hasta el final de todo. El motivo es dar a la asamblea la oportunidad de escuchar, en todo su contexto, las palabras que dan pie a la primera encíclica de Benedicto XVI: "Dios es amor".
LA PASCUA DE CRISTOY EL AMOR DE DIOS
Los dos domingos anteriores han estado centrados en la comunicación de vida entre Cristo y nosotros, realizada en la figura del Buen Pastor que da la vida libremente (domingo IV), y que difunde esta vida, como una vid a sus sarmientos, la Iglesia (domingo V). Los textos joánicos de este domingo entran en el corazón del mismo tema: la vida es dada por Dios a los hombres porque los ama, y este amor nos urge: "Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos...". "El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó...". Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor". Lo "que ha hecho el Señor" lo ha hecho por amor.
Llegamos, pues, al corazón mismo del Misterio Pascual, a la plenitud de la mistagogía: la revelación del amor de Dios. Todo aquel que haya leído la encíclica del Papa Benedicto XVI "Dios es amor", encontrará que esta carta es el comentario más autorizado de los textos de hoy, y la pauta para la homilía. Hacerlo así se puede convertir en una forma fácil de presentar a todos los fieles este texto, y a la vez, en una manera de dar gracias a Dios por el ministerio petrino de Benedicto XVI, cuando se cumplen cuatro años de su elección. Aunque, naturalmente, habrá que poner en primer término los textos biblicos, y que los textos pontificios ayuden a su interpretación; no se trata de hacer la homilia sobre los textos de la enciclica, sino de hacer ver cómo la enciclica nos ayuda autorizadamente a entender la Escritura.
TEMAS PARA LA HOMILIA CON TEXTOS DE BENEDICTO XVI
1 . El costado traspasado de Crísto revela la procedencia del amor de Dios: "ÉI nos amó primero y nos envió a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados" (2a lectura). "Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del cual habla Juan, ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta enciclica: 'Dios es amor'. Es allá en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esta mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar..." (n. 12).
2. El amor a Dios es un proceso que va madurando en comunión total e integral. "Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor" (Evangelio). "Él nos ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este 'antes' de Dios puede nacer también en nosotros el amor como respuesta. En el desarrollo de este encuentro se muestra también claramente que el amor no es solamente un sentimiento. Los sentimientos van y vienen. Pueden ser una maravillosa chispa inicial, pero no son la totalidad del amor... Pero dicho encuentro implica también nuestra voluntad y nuestro entendimiento. El reconocimiento del Dios viviente es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya, abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. No obstante, éste es un proceso que siempre está en camino. La historia de amor entre Dios y el hombre consiste precisamente en que esta comunión de voluntad crece en la comunión del pensamiento y del sentimiento, de modo que nuestro querer y la voluntad de Dios coinciden cada vez más..." (n. 17).
3. La Eucaristía es el sacramento del amor, del ágape. "Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios" (2a lectura). "Jesús ha perpetuado este acto de entrega mediante la institución de la Eucaristía durante la Ultima Cena... La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús. No recibimos solamente de modo pasivo el Logos encarnado, sino que nos implicamos en la dinámica de su entrega... (n. 13). La 'mística' del Sacramento tiene un carácter social, porque en la comunión sacramental yo quedo unido al Señor como todos los demás que comulgan... Así, la contraposición usual entre culto y ética simplemente desaparece... En la comunión eucarística, está incluido a la vez el ser amados y el amar a los otros... El 'mandamiento' del amor es posible sólo porque no es una mera exigencia: el amor puede ser 'mandado' porque antes es dado" (n. 14).
PERE TENA
Las lecturas de la Misa de hoy nos invitan a penetrar en el significado de la palabra "ágape" (amor), que aparece en ellas con particular insistencia. No es tanto una reflexión conceptual, teológica, lo que la Palabra de Dios nos invita a hacer, sino a tratar de captar de nuevo «el amor de Cristo, que sobrepasa todo conocimiento, para llenarnos con la plenitud de Dios» (Ef 3,19)
Comencemos con la última frase de la segunda lectura, lectura tomada una vez más de la Primera Carta de San Juan. Allí parece que se nos da ya una respuesta: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios; sino en que Él nos amó primero y nos envió a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados» (1 Jn 4,10). Después de las palabras que introducen este párrafo, hubiéramos quizá esperado una definición más precisa del "amor"; pero en vez de eso se nos envía a constatar, en primer lugar, la existencia de una relación de amor entre Dios y nosotros; relación que se actúa a través de un intermediario: el Hijo. Decir, pues, que "Dios es amor" no es tanto describir una realidad estática, sino caer en la cuenta de un movimiento real de parte de Dios, que se mueve en una dirección y con una finalidad concreta: «Dios envió al mundo a su Hijo único para que tengamos vida por medio de Él» (v. 9).
En Cristo, Dios nos ha dado la vida, nos ha engendrado para el amor, y así, en Cristo, también nosotros sus discípulos engendramos para la vida, 'bautizamos' en el amor al mundo entero. Entramos así en la vasta perspectiva que expresa nuestra primera lectura (Hech 10).
La dinámica Padre-Hijo-discípulos que se nos describe en el pasaje evangélico de Juan, tomado del 'discurso' de adiós de Jesús en la Última Cena, tiene así un sentido más preciso: «Como el Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes. Permanezcan en mi amor" (Jn 15,9). Ese ser amados por el Hijo y permanecer en su amor, lleva consigo el participar en su impulso misionero de entrega de sí mismo por nosotros (Cfr. Jn 17,18). Sólo así se realizará en nosotros la plenitud del gozo que aquí se nos promete (Jn 15,11).
Otros dos aspectos tomados de las lecturas joaneas nos permiten entrar en la perspectiva que se describe en la primera lectura. En la segunda lectura se puntualiza el hecho de que el amor no es una prerrogativa exclusiva del discípulo, porque se dice que "todo el que ama ha nacido de Dios"; mientras que en el pasaje del evangelio se afirma que los discípulos son elegidos y destinados para que vayan (se supone, al mundo) y den fruto, un fruto que permanezca (Jn 15,16). Se trata, pues, no sólo de un amor que debe ser manifestado a los hermanos que comparten la misma fe, sino también de una actitud de disponibilidad y de apertura, para saber reconocer lo que "ha nacido de Dios" en cualquiera que vive ya en el amor.
Así es como en la primera lectura se presenta el bautismo del pagano Cornelio y de los de su casa; porque Dios, según las palabras de Pedro, "no hace distinción de personas, sino que acepta a quien lo honra y actúa rectamente, sea de la nación que sea" (Hech 10,34-35). El amor que viene de Dios rompe, por su propia naturaleza, cualquier 'sistema' que tienda a encerrarse en sí mismo: «¿Se puede negar el agua del bautismo a estos que han recibido el Espíritu Santo como nosotros?" (v. 47).
Que al escuchar estas palabras de Jesús, quien se hace presente en nuestra celebración, crezca nuestra gratitud al Señor por el amor que nos muestra y nuestra disponibilidad para compartir ese amor con todos en el mundo.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
¿SIERVOS O AMIGOS?
En el evangelio de hoy Cristo nos dice: "Ya no los llamo siervos, sino amigos", lo que equivale a decir: "Ya no los trato como a siervos, sino como a amigos", puesto que no sólo se trata de usar una palabra por otra.
Y no tratamos como a siervos sino como a amigos, es una muestra del amor que Cristo nos tiene y del amor que debemos tenernos los unos a los otros: "Ámense... como yo los he amado".
Es cosa, pues, de hacer un serio examen de conciencia:
¿Siervos o amigos?