
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 12,6 |
Confío, Señor, en tu misericordia; alegra mi corazón con tu auxilio. Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Concédenos, Señor, ser dóciles a las inspiraciones de tu Espíritu para que realicemos siempre en nuestra vida tu santa voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Yo soy el que ha borrado tus crímenes.
Del libro del profeta Isaías: 43,18-19.21-22.24-25
Esto dice el Señor: "No recuerden lo pasado ni piensen en lo antiguo; yo voy a realizar algo nuevo. Ya está brotando. ¿No lo notan? Voy a abrir caminos en el desierto y haré que corran los ríos en la tierra árida. Entonces el pueblo que me he formado proclamará mis alabanzas. Pero tú, Jacob, no me has invocado; no te has esforzado por servirme, Israel, sino que pusiste sobre mí la carga de tus pecados y me cansaste con tus iniquidades. Si he borrado tus crímenes y no he querido acordarme de tus pecados, ha sido únicamente por amor de mí mismo".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 40 |
R/. Sáname, Señor, pues he pecado contra ti.
Dichoso el que cuida de los pobres;
en los momentos difíciles lo librará el Señor.
Él lo cuidará y defenderá su vida,
hará que viva feliz sobre la tierra
y no lo entregará al odio de sus enemigos.
El Señor lo confortará en el lecho del dolor
y calmará sus sufrimientos. R/.
Apiádate de mí, Señor, te lo suplico;
sáname, pues he pecado contra ti.
Hazme recobrar la salud
y vivir en tu amistad toda mi vida.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
ahora y siempre. R/.
SEGUNDA LECTURA
Jesucristo no fue primero "sí" y luego "no". Todo él es un "sí".
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios: 1,18-22
Hermanos: Dios es testigo de que la palabra que les dirigimos a ustedes no fue primero "sí" y luego "no". Cristo Jesús, el Hijo de Dios, a quien Silvano, Timoteo y yo les hemos anunciado, no fue primero "sí" y luego "no". Todo él es un "sí". En él, todas las promesas han pasado a ser realidad. Por él podemos responder "Amén" a Dios, quien a todos nosotros nos ha dado fortaleza en Cristo y nos ha consagrado. Nos ha marcado con su sello y ha puesto el Espíritu Santo en nuestro corazón, como garantía de lo que vamos a recibir.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Cfr. Lc 4,18 |
R/. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para llevar a los pobres la buena nueva y anunciar la liberación a los cautivos. R/.
EVANGELIO
El Hijo del hombre tiene poder para perdonar los pecados.
+ Del santo Evangelio según san Marcos: 2,1-12
Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.
Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te quedan perdonados". Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: "¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?"
Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: "¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados' o decirle: 'Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa'? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados -le dijo al paralítico-: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa".
El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: "¡Nunca habíamos visto cosa igual!"
Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que este sacrificio de acción de gracias y de alabanza que vamos a ofrecerte, nos ayude, Señor, a conseguir nuestra salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario
Santo, Santo, Santo...
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Jn 11,27 |
Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, que ha venido a este mundo.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que nos has dado, Señor, en este sacramento, sean para todos nosotros una prenda segura de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
LA TENACIDAD DEL CREYENTE
La fama de Jesús se sigue extendiendo. Ahora lo encontramos enseñando y predicando el Evangelio en una casa de Cafarnaúm, donde la gente se aglomeró. Mientras Jesús enseñaba, le quisieron presentar a un paralítico que iban cargando entre cuatro. No sabemos si venían de muy lejos o no; pero estos hombres, que se pusieron de acuerdo para hacer una camilla y llevar al paralítico con Jesús, sí que eran hombres de mucha fe. No se detuvieron a preguntarse si sería fácil o no llegar hasta Jesús; ellos, de cualquier modo, estaban resueltos a ir. Al llegar a la casa, se percataron de la cantidad de gente que escuchaba a Jesús. No se echaron para atrás ni se dijeron: Es imposible... Hicimos el intento... Ya será para la otra. Se detuvieron a pensar algún modo para llegar a Jesús... Hasta que uno de ellos dijo: ¡Por el techo! A lo que los demás pudieron responder: sí, es buena idea... Y otro más pudo decir: yo voy a conseguir una escalera y unas cuerdas. Y así lo hicieron. Mientras Jesús enseñaba, estos cuatro hombres subieron al paralítico y lo bajaron frente a Jesús. Jesús quedó sorprendido por la fe de estos hombres y dijo al paralítico: "Tus pecados te quedan perdonados". Esas palabras eran en verdad liberadoras para el paralítico; pero no para los fariseos que empezaron a murmurar: "¿Por qué habla ése así? Eso es una blasfemia...". Jesús, conociendo lo que pensaban los fariseos, los enfrentó: "¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: 'Tus pecados son perdonados' o decirle: 'Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa'?...". Los cuatro compañeros y el paralítico seguían firmes en su fe. Jesús, mirando con amor y ternura al paralítico, reconociendo la fe de éste y sus compañeros, le dijo al paralítico: "levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa". Y así lo hizo. Todos quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: "¡Nunca habíamos visto cosa igual!".
Preguntémonos a luz del Evangelio: ¿Cómo anda mi fe? ¿Qué tan tenaz soy para sacar adelante eso que Dios me pide? ¿De qué manera ayudo a otros a ir con Jesús?
* 1ª lectura: Isaías 43,18-19.21-22.24-25
Este oráculo pertenece al Deutero-Isaías, el profeta que animó la esperanza del regreso del exilio. Invita al pueblo a no vivir nostálgicamente del pasado, sin percibir las cosas nuevas que Dios continúa realizando (v. 18). Era ley fundamental de Israel el recordar los actos salvadores de Dios; sin embargo, en este texto el profeta parece contradecir esta ley de la memoria para sustituirla con la esperanza viva de lo que Dios está por realizar (v. 19).
El pasado es importante para Israel, pero es también importante el futuro. El pasado se recuerda porque es glorioso, al futuro hay que abrirse con confianza y esperanza aun cuando los signos de la novedad de Dios sean humildes y apenas perceptibles. La mayor novedad que el profeta anuncia es el amor y la misericordia inquebrantables de Dios, no obstante la terquedad y la infidelidad del pueblo.
Israel, en vez de invocar y ofrecer sacrificios al Señor como es debido, con sus continuos pecados y rebeldías, ha querido someter a Dios a esclavitud, "me pusiste sobre mí la carga de tus pecados y me cansaste", como si Dios fuera su esclavo. Sin embargo, el Señor parece aceptar esta condición, poniéndose al servicio de Israel para perdonar sus culpas: "Si he borrado tus crímenes y no he querido acordarme de tus pecados, ha sido únicamente por amor de mí mismo" (v. 25).
* 2ª lectura: 2 Corintios 1,18-22
Tanto Cristo Jesús, como el apóstol cristiano, son un continuo "sí". Pablo, acusado de calumnias de parte de la comunidad de Corinto, se defiende diciendo: "La palabra que les dirigimos a ustedes no fue primero sí y luego no" (v. 18) . El Apóstol es un hombre de sí, en su servicio evangelizador, y en su vida entera, con la cual glorifica a Dios, respondiéndole siempre existencialmente: "Amén". De este modo imita a Jesucristo, el Hijo de Dios, en quien "Todo él es un sí. Pues en él, todas las promesas han pasado a ser realidad".
* 3ª lectura: Marcos 2,1-12
Jesús enseña en una casa, a la que acude mucha gente, hasta tal punto que no quedaba sitio ni siquiera a la entrada. Este detalle prepara el gesto de los cuatro hombres que llevan al paralítico quienes, no pudiendo entrar por la puerta, deben levantar el techo para poder entrar y acercarse a Jesús.
En el texto se crea un claro contraste entre los cuatro hombres que llegan cargando al Paralítico (vv. 3-4), y los escribas que estaban allí sentados (v. 6). Los primeros son dinámicos, intentan superar cualquier obstáculo con tal de ayudar a aquel hombre enfermo a llegar "donde estaba Jesús" (v. 4); los segundos, estaban pasivos, sentados, ni siquiera hablan, de ellos sólo logramos saber lo que piensan en su interior. Los que llegan cargando al enfermo tienen confianza en Jesús, no se detienen ante ningún obstáculo con tal de acercarse al Maestro; los escribas, en cambio, conservan su postura de jueces y maestros, dispuestos a enjuiciar desde la ley y la tradición. Los primeros actúan solidaria y eficazmente; los segundos, permanecen esclavos de una ideología que los inmoviliza y los cierra en sí mismos.Cuando los que llevan al paralítico llegan donde estaba Jesús, éste ve "la fe de aquellos hombres" y ofrece al paralítico el perdón: "Hijo, tus pecados te quedan perdonados" (v. 5). La forma pasiva del verbo "perdonar" parece hacer referencia a Dios como dador de perdón. El hecho escandaliza a los escribas que murmuran en su interior, no porque pongan en duda que se pueda perdonar el pecado, sino porque Jesús se atribuye tal poder (v. 10: "poder en la tierra para perdonar los pecados") y por la forma gratuita con que lo ofrece. Según la tradición religiosa de Israel, el perdón del pecado presuponía el arrepentimiento y exigía que se cumplieran los sacrificios prescritos por la ley de Moisés. De allí la acusación de blasfemia contra Jesús (v. 7).
Para demostrar el poder del "Hijo del hombre" de perdonar el pecado "en la tierra", Jesús cura al paralítico (v. 11). La eficacia de su palabra muestra que Jesús no sólo es capaz de curar, sino también de perdonar los pecados (Mc 10,45). Jesús es el "Hijo del hombre" que inaugura la etapa escatológica de la historia (Dan 7,14), pero al mismo tiempo es el "Hijo del hombre", cuya misión histórica le va preparando un destino de pasión, muerte y resurrección.
Jesús invita al hombre perdonado y curado a volver a casa, al lugar de la vida cotidiana. El relato concluye con la admiración de los presentes que glorifican a Dios (v. 12). La gente ha reconocido en el poder terapéutico de Jesús la intervención de Dios, que le ha devuelto la salud; pero sobre todo que lo ha transformado interiormente mediante el perdón de los pecados.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
CURACIÓN... Y PERDÓN
Una semana más, en estos evangelios de los inicios de la predicación de Jesús por tierras de Galilea, nos encontramos ante una curación, concretamente hoy la de un paralítico. Jesús predicaba (incluso en las casas) y curaba, palabras y obras, mensaje acompañado de signos... para proclamar esta salvación que traía en nombre de Dios y que empezaba a ser una realidad en él mismo. La escena de hoy presenta paralelismos con la curación del leproso de la semana pasada, pero dando un paso más.
El domingo pasado veíamos que Jesús no sólo curaba el mal físico del leproso, sino que también le devolvía la dignidad como persona, e incluso lo libraba de la larga carga del pecado en el que se suponía que estaba el origen de la enfermedad. Hoy, este elemento de perdón de los pecados queda formulado de forma mucho más clara. Curiosamente, Jesús empieza diciéndole al paralítico: "Hijo, tus pecados te quedan perdonados". Aquel hombre buscaba la curación de su enfermedad, y se encuentra en primer lugar con una curación espiritual. Después vendrá también la curación física, que aparece aquí como una prueba, como una garantía de la curación espiritual que se ha producido antes. Pero Jesús quiere poner el acento en el perdón de los pecados, o sea, en la renovación interior de la persona. La fe en Jesús sobre todo debe servirnos para curarnos por dentro, para renovar nuestro corazón y nuestro espíritu, para hacernos cada día mujeres y hombres nuevos.
Es la misma llamada a la renovación interior que nos hace el profeta Isaías en la primera lectura: "No recuerden lo pasado ni piensen en lo antiguo; yo voy a realizar algo nuevo. Ya está brotando. ¿No lo notan?... Si he borrado tus crímenes y no he querido acordarme de tus pecados, ha sido únicamente por amor de mí mismo". Es evidente que el perdón de los pecados es una cosa propia de Dios. Por esto los escribas se escandalizan y lo consideran una blasfemia: "¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?" Evidentemente, si "el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar...", es que realmente Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir. Y esto se ve cada vez de forma más clara.
VIENDO LA FE QUE TENIAN...
Vale la pena destacar las actitudes del paralítico y de los acompañantes. Dice el texto que había tanta gente que no podían acercarse a Jesús. Entonces, los cuatro hombres que acompañaban al paralítico "quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla". Es, sin duda, un ejemplo de fe, de confianza, y también de convicción y de lucha contra las dificultades. Aquellos hombres creían que Jesús podía sanar al paralítico, tenían fe en ello, y por esto las dificultades no los amedrentan, sino que luchan para conseguir lo que pretenden. Un ejemplo que sirve para la vida: debemos luchar por las cosas, lo que vale cuesta, no es fácil conseguirlo; pero es preciso luchar, sin desfallecer. Y un ejemplo que vale también para nuestra fe: ¡cuántas veces tenemos dificultades para vivir la fe, para vivir como cristianos, y claudicamos ante las dificultades! Vivir la fe de verdad, en este mundo nuestro, no es fácil, es ir contra corriente. Exige esfuerzo, voluntad, convicción... Pero vale la pena, porque de ello salimos sanados, fortalecidos y renovados, como el paralítico.
San Pablo, en la segunda lectura (que hoy inicia la segunda Carta a los corintios), nos dice que nuestra fe no puede ser "primero 'sí' y luego 'no' ", llenos de dudas y vacilaciones, sino que tiene que ser un sí muy convencido, firme, un "amén", que quiere decir sí a Dios y a Jesucristo. Y esto se tiene que notar en la vida diaria. Que, como a tantos que Jesús curó, también nos puede decir: "Tu fe te ha salvado".
LEVÁNTATE, RECOGETU CAMILLA Y VETE A TU CASA
Vale la pena también comentar algunas actitudes cristianas subrayadas en las lecturas de hoy. Por ejemplo, la actitud del leproso, que se presenta ante Jesús humilde y confiado: "Se acerca a Jesús suplicándole de rodillas: si tú quieres, puedes curarme". El Señor escucha la oración presentada de esta forma. Por eso también dice hoy la oración colecta: "Señor nuestro, que prometiste venir y hacer tu morada en los corazones rectos y sinceros, concédenos la rectitud y sinceridad de vida que nos hagan dignos de esa presencia tuya".
Aún otro detalle. Cuando Jesús acaba de sanar al paralítico, le dice: "Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa". Todos debemos cargar la propia camilla, todos debemos llevar la propia cruz. Posiblemente nuestros problemas y dificultades de cada día no van a ser resueltos por Dios. Pero, a cambio, tenemos esta fuerza interior, este espíritu renovado, que nos da luz y fuerza para seguir adelante en la vida con optimismo e ilusión. Y que nos permite enfocarla con actitudes de alabanza y agradecimiento, como ya preveía Isaías cuando hablaba "el pueblo que me he formado proclamará mis alabanzas"; como hacía la gente que contemplaba las obras de Jesús: "se quedaron atónitos y daban gloria a Dios"; como hacemos nosotros cada vez que celebramos la Eucaristía.
XAVIER AYMERICH
La nota dominante en los escritos del profeta que llamamos el "segundo Isaías" (Is 40-55) es, sin duda, la celebración del señorío de Dios. De allí está tomada la primera lectura de hoy. La época es, se supone, el siglo VI a.C.; el rey Ciro conquista Babilonia y es el nuevo astro que brilla como dominador en el Antiguo Oriente. Él es instrumento del Señor y va a permitir (año 538 a.C.) el primer retorno de los judíos a su 'hogar nacional' de Palestina, del que habían sido desterrados.
Para el profeta, eso es el principio de una nueva era que separa definitivamente el pasado del futuro. Como con los patriarcas se había iniciado una historia de salvación, que había desembocado en el "éxodo" de Egipto, así ahora va a comenzar el nuevo éxodo, que con sus maravillas eclipsará al primero. El mismo Dios conducirá el cortejo de los repatriados, por eso ellos "no sutrirán hambre ni sed, ni les hará daño el viento ardiente o el sol" (Is 49,10).
Lo más notable que sucede en esta 'novedad', frente a la cual palidecen "las cosas de antiguo" es que el amor de Dios se manifiesta de manera tan poderosa. Mientras que todos los profetas anteriores al destierro acusaban al pueblo de sus maldades y predecían el castigo, el Segundo Isaías anuncia: "yo borro todas tus maldades" (Is 43,25). El Señor ha perdonado a su pueblo.
El mismo anuncio es proclamado y hecho realidad en el vivaz relato que nos ofrece el evangelio de san Marcos. El centro del relato, más que en la curación, que es vista más bien como una confirmación y una prueba, está en la declaración de perdón: "Hijo, tus pecados te son perdonados" (Mc 2,5). En la línea del mensaje profético y de la acción constante de un Dios que "no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva" (Ez 18,23), Jesús escoge el camino del perdón y deja entender el primado que eso tiene con respecto a otros dones que nos trae. El rostro de Dios que Jesús quiere revelar es el de un padre, "cuyo enojo dura un instante y su bondad toda la vida" (Sal 30,6). El poder de curar los cuerpos tiene efectos de poca duración y más bien limitados, si no llega a las fibras más íntimas del ser humano, las de su radicalidad de pecador.
El milagro es así un signo de la victoria global sobre el pecado, que hace esclavo al hombre. Por eso el pueblo comprende que ha sido testigo de algo totalmente nuevo: "¡Nunca habíamos visto cosa igual!" (Mc 2,12). Y nuestra reacción debe ser semejante: de admiración, de expectativa y de búsqueda de Dios, para poder luego glorificarlo.
Así procede el verdadero creyente, como lo sugiere también San Pablo en el comienzo de su segunda carta a los corintios (segunda lectura). Aquella comunidad difícil ha herido al apóstol con acusaciones, calumnias y hostilidad. Pablo responde presentando la figura de Cristo y de su verdadero discípulo. Ambos retratos se resumen en una brevísima palabra: el "sí". Sí, porque en Cristo se hizo realidad el anuncio de la liberación y del perdón que los profetas habían proclamado; sí, porque en Cristo la limpidez de su testimonio siguió intacta hasta la cruz; sí, porque en Cristo la adhesión al Padre fue siempre total.
También el creyente debe ser hombre del "sí", en el perdón, en el testimonio y en la fe. Que nuestra participación en la Eucaristía nos ayude a captar el mensaje que el Señor nos da al invitarnos a escuchar su Palabra, y a hacerlo realidad en nuestras vidas.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
¡DICHOSO EL QUE CUIDA A LOS POBRES!
PORQUE, COMO NOS DICE EL SALMO QUE LEEMOS HOY: