
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 17,19-20 |
El Señor es mi protector; él me libró de las manos de mis enemigos y me salvó, porque me ama.
ORACIÓN COLECTA
Concédenos, Señor, que el curso de los acontecimientos del mundo se desenvuelva, según tu voluntad, en la justicia y en la paz, y que tu Iglesia pueda servirte con tranquilidad y alegría. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Yo nunca me olvidaré de ti.
Del libro del profeta Isaías: 49,14-15
"Sión había dicho: 'El Señor me ha abandonado, el Señor me tiene en el olvido'. ¿Puede acaso una madre olvidarse de su criatura hasta dejar de enternecerse por el hijo de sus entrañas? Aunque hubiera una madre que se olvidara, yo nunca me olvidaré de ti", dice el Señor todopoderoso.
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 61 |
R/. Sólo en Dios he puesto mi confianza.
Sólo en Dios he puesto mi confianza,
porque de él vendrá el bien que espero.
Él es mi refugio y mi defensa,
ya nada me inquietará. R/.
Sólo Dios es mi esperanza,
mi confianza es el Señor:
es mi baluarte y firrneza,
es mi Dios y salvador. R/.
De Dios viene mi salvación y mi gloria;
él es mi roca firme y mi refugio.
Confía siempre en él, pueblo mío,
y desahoga tu corazón en su presencia. R/.
SEGUNDA LECTURA
El Señor pondrá al descubierto las intenciones del corazón.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 4,1-5
Hermanos: Procuren que todos nos consideren como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.
Ahora bien, lo que se busca en un administrador es que sea fiel. por eso, lo que menos me preocupa es que me juzguen ustedes o un tribunal humano; pues ni siquiera yo me juzgo a mí mismo. Es cierto que mi conciencia no me reprocha nada, pero no por eso he sido declarado inocente. El Señor es quien habrá de juzgarme. Por lo tanto, no juzguen antes de tiempo; esperen a que venga el Señor. Entonces él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas, pondrá al descubierto las intenciones del corazón y dará a cada uno la alabanza que merezca.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Heb4,12 |
R/. Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz y descubre los pensamientos e intenciones del corazón.R/.
EVANGELIO
No se preocupen por el día de mañana.
Del santo Evangelio según san Mateo: 6,24-34
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no le hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.
Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando que; comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?
¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en todo el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?
No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas".
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que este pan y este vino que tú mismo nos das para ofrecértelos nos ayuden, Señor, convertidos en el Cuerpo y Sangre de tu Hijo, a conseguir el premio de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio dominical
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Mt 28,20 |
Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te pedimos, Padre misericordioso, que por este sacramento con que ahora nos fortaleces, nos hagas algún día participar de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PRIMERO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA
Jesús está en el monte. Instruye a sus discípulos. Ya les habló de la verdadera felicidad en las bienaventuranzas (Mt 5,1-12), del comportamiento fraterno (Mt 5,21-26), del amor a los enemigos (Mt 5,43-48), de reconocer y dirigirsre a Dios como Padre (Mt 6,5-13). Ahora va más a fondo: amor y confianza absoluta en Dios... buscar el Reino de Dios y su justicia.
El binomio odiar-amar implica una elección, tomar partido, una aceptación total: "Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro... no pueden ustedes servir a Dios y al dinero".
Confiar en Dios no es desentenderse de lo material: vivienda, vestido y sustento. Jesús no invita a dejar de trabajar por estas cosas, sino a no preocuparse o inquietarse. Invita a ver la realidad y analizarla, a tener fe: "Miren las aves del cielo... Miren cómo crecen los lirios del campo... ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?"
Jesús les hace ver a sus discípulos cómo viven los que no conocen a Dios, esto es, cómo se desviven por las cosas y se olvidan de lo fundamental. Jesús centra a sus discípulos: "busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura". No hay un desprecio o rechazo por las cosas materiales. Lo que Jesús rechaza y denuncia es la idolatría del dinero, poner los medios como fin, servir y amar al dinero.
A la luz de este evangelio, podríamos preguntarnos: ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida? ¿Qué cosas me inquietan o preocupan? ¿Dónde está el Reino de Dios y su justicia? ¿Qué es lo que Dios quiere y espera de nosotros?
* 1ª lectura: Isaías 49,14-15
El fragmento de hoy pertenece al segundo Isaías, el profeta del destierro de Babilonia. Su misión consistió en levantar el ánimo abatido y destrozado del pueblo judío, deportado de su patria. y oprimido por el duro complejo de culpabilidad de su conducta infiel. El estado psicológico de los judíos era deplorable, y por ello mismo necesitaban una voz que les infundiera ánimo. Y fue precisamente este autor anónimo conocido con el nombre del segundo Isaías quien los confortó, hablándoles especialmente del regreso a la patria y de la asistencia de Dios en la reconstrucción del país.
Hoy nos muestra una prueba de esta esperanza yendo a la causa de todo: el amor inquebrantable de Dios por su pueblo. El profeta les dice que no se crean abandonados ni olvidados, que Dios sigue amándolos y que lo hará siempre. Y para hacer comprender esta verdad se sirve de la conocida metáfora del amor materno, el más grande y desinteresado. Pues, mayor aún que este amor materno, es el que tiene Dlos para con su pueblo.
Así el profeta, en la línea de alentar y de acuerdo con la historia de la salvación, fortalece al pueblo en lo más valioso e importante de su fe, pero que empezaba a ser minado por aquella dura prueba del exilio. Creer en el amor de Dios va a ser su salvación.
* 2ª lectura: 1 Corintios 4,1-5
Hoy retornamos la lectura de la primera Carta de san Pablo a la comunidad cristiana de Corinto.
En el último fragmento que leemos de la primera Carta a los corintios, Pablo quiere indicar a los creyentes de qué modo deben considerar a los apóstoles: a todos ellos -Pablo, Apolo, Cefas- aplica el hecho de que sean servidores de Cristo y, por otro lado, administradores de los misterios de Dios, de su plan salvador.
Si los apóstoles son siervos de Cristo y administradores del plan salvador de Dios, es a él a quien deben mantenerse fieles y deberán rendir cuentas de su administración. Juzgar a un apóstol (aprobar o desaprobar su actuación) no es algo que corresponda a la comunidad cristiana, sino a Dios; además, un juicio así sería algo fuera de tiempo.
Esto debe llevar a Pablo y a los demás apóstoles a actuar con una gran libertad en el servicio de proclamar el Evangelio, preocupándose poco de los juicios humanos que puedan suscitar sus actuaciones ("Lo que menos me preocupa es que me juzguen ustedes o un tribunal humano"): pero procurando, en cambio, una fidelidad total al servicio que les fue encomendado, sabiendo que la aprobación o desaprobación por su fidelidad les vendrá de Dios, puesto que es él quien los constituyó apóstoles.
* 3a lectura: Mateo 6,24-34
Leemos hoy el penúltimo de los fragmentos del sermón de la montaña.
Nos encontramos hoy en primer lugar con unas palabras de Jesús -una especie de parábola- sobre el servicio exclucivo a Dios. En la vida ordinaria no era totalmente extraño que un esclavo perteneciese a dos amos; pero, a la larga, esto podía terminar como dice el evangelio: queriendo a uno y despreciando al otro, puesto que, "estar al servicio", supone una dedicación total, y la aplicación de la parábola ("No pueden servir a Dios y al dinero") nos indica que se trata de dos amos absorbentes y con intereses contrapuestos. Estamos en la perspectiva de la predicación del Reino, que exige una entrega total a Dios.
El punto central de los versículos 25-35 es la exhortación a buscar sobre e todo el Reino de Dios: ésta debe ser la prirmera preocupación del cristiano, la única preocupación verdaderamente importante. En Jesucristo, que vive totalmente orientado hacia el Padre, se nos manifiesta el Reinado de Dios. La gozosa preocupación del discípulo consistirá, por lo tanto, en orientar su existencia hacia Dios: en esto consiste la justicia del Reino.
Si el discípulo vive -como vivió Jesús- orientado hacia Dios, participa también de esta fe y de esta gozosa confianza en el Padre, que se refleja en estos versículos. Las Palabra de Jesús ponen el acento en el hecho de no preocuparse, repetido como un estribillo ("no se preocupen por su vida...; ¿quién de ustedes, a fuerza de preocuparse...?; ¿por qué se preocupan...?; no se inquieten pensando...; no se preocupen por el día de mañana").
No preocuparse por la comida, la bebida o el vestido no significa vivir en una ingenua despreocupación. Preocuparse por esto, significa comprometer toda la vida y las energías de la persona en la adquisición de los bienes materiales, y perseguir esto, como preocupación fundamental de la vida, es propio de paganos (para los oyentes de Jesús, la mención de los paganos debía ser una expresión muy fuerte).
El discípulo está llamado a vivir como hombre de fe en Dios, de quien provienen todos los bienes, especialmente la vida ("¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?"). Y vivir con esta actitud de fe en Dios, que se preocupa incluso de los pájaros del cielo y de la hierba de los prados -sinónimo de algo pasajero- supone orientar la vida de cara al Reino y trabajar con paz en el corazón y sin preocupaciones -fruto de la fe en Dios y de la orientación de la vida hacia él- por la vida de cada día.
EQUIPO LITÚRGICO
VOLVEMOS AL RITMO
DE LOS DOMINGOS ORDINARIOS
Hoy reanudamos la serie de domingos del Tiempo ordinario, interrumpida por la Cuaresma y el Tiempo pascual. El domingo siguiente a Pentecostés, la Santísima Trinidad, ocupó el lugar del domingo 7º del Tiempo ordinario.
El último domingo de este tiempo, antes del Miércoles de Ceniza, este año fue el 4º del Tiempo ordinario. Conviene, pues, hacer de alguna manera el "enlace", aclarando dos cosas: la primera, que el evangelista guía este año es Mateo, dando algún dato sobre la persona de Mateo, el publicano que, como colector de los impuestos para el pueblo romano, era considerado un "pecador", traidor a su religión y a su patria. También hay que llamar la atención sobre las características de su evangelio: mostrar que por escribir él a una comunidad cristiana proveniente del judaísmo, se distinguió por subrayar cómo en Jesús y en su obra se realizaban no sólo todas las profecías del Antiguo Testamento, sino que alcanzaban una perfección que las superaba.
También habrá que hacer recordar que el nombre de "ordinarios" que se da a estos domingos, no indica en lo absoluto que tengan una menor importancia. Los domingos de los llamados "tiempos fuertes": Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua son domingos dedicados a preparar o a prolongar la celebración de los grandes misterios de nuestra salvación. En cambio, los Domingos ordinarios, que han sido llamados también "per annum" ("durante el año"), o "domingos verdes" (por el color de las vestiduras litúrgicas), son los domingos "químicamente puros", es decir, en ellos se celebra complexivamente todo el Misterio Pascual.
En consecuencia, convendría subrayar la importancia central que tiene el domingo en la vida de la comunidad cristiana, recordando lo que dice la constitución de liturgia del Concilio ecuménico Vaticano ll: "...el domingo es la fiesta primordial que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo".
Sería igualmente bueno recordar a los fieles cómo en este Tiempo ordinario la lectura profética es escogida en relación con el evangelio, y cómo aparece como la promesa que llegará a su realización en el evangelio.
QUE RESUENE EL ANUNCIO DE LA PASCUA
En toda la celebración es bueno que resuene (re-suene) el mensaje optimista que rezuman las lecturas: Cristo ha resucitado y está presente en medio de nosotros. Aunque no lo hayamos "visto", como les pasaba ya a los lectores de Pedro, pero creemos en él. Nosotros, al cabo de más de dos mil años, tenemos más mérito todavía que las generaciones primeras en creer en Cristo Jesús y ser sus seguidores en el mundo de hoy.
También los lectores de Pedro tenían dificultades en su camino. Como nosotros ahora. Pero Pedro les habla -nos habla- de la fe que tienen, de la esperanza que ilumina sus vidas, del Bautismo que es la raíz de toda su vida, de la fuerza de Dios en la que se apoyan, y los invita a ser fieles al camino emprendido, superando las pruebas que encuentran en la sociedad en la que viven. O las dudas que, como a Tomás, nos pueden asaltar también a nosotros.
LOS TEXTOS LITÚRGICOS
La primera lectura, brevísima, expresa esplendidamente el amor que Dios nos tiene: "Aunque una madre se olvide del hijo de sus entrañas, yo nunca te olvidaré". Por lo tanto, el amor de Dios para con nosotros es una realidad sólida, sobre la que podemos asentarnos con plena seguridad: "Él es mi roca firme, y mi refugio", como dice el salmo responsorial. De esta seguridad arranca nuestra confianza; y no seríamos fieles al amor que Dios nos tiene si quisiéramos fiarnos del dinero, sino que acabaríamos sirviéndolo: tal es el sentido del texto del evangelio.
La segunda lectura, que pertenece a la conclusión de la primera parte de la primera Carta a los corintios, insiste en que los servidores del Evangelio tienen que ser fieles a la administración que se les confió. Y, en este punto, se abandonan al juicio del Señor: ni el juicio de los demás ni el propio juicio son decisivos; el Señor, en cambio, pondrá al descubierto los designios de cada corazón.
Hoy leemos un texto clásico y conocido: si el Padre alimenta a los pájaros del cielo y viste a los lirios del campo, "¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe? Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura". Es tan plástico y poético que tiende a dejar en la sombra las palabras iniciales: "Nadie puede servir a dos amos. No pueden ustedes servir a Dios y al dinero" cuando en realidad no es más que su explicación o conclusión: "Por eso les digo: no se preocupen por su vida".
La perentoria afirmación: "Nadie puede servir a dos señores" y su aplicación práctica: "No pueden servir a Dios y al dinero", es algo que nos desconcierta. Pero el dinero, ¿es malo en sí? Podría responderse a esto diciendo que no es malo a menos que haya sido mal obtenido o se use para algo malo. Pero de hecho el dinero en general tiende a atraparnos y a destruir todos los demás valores: los humanos (los parentescos, la amistad), los culturales y los evangélicos. Tendemos a transformar el dinero, que es un medio que nos puede servir para ascender a realidades más altas, en un fin, que se busca por sí mismo y por la satisfacción que nos da. El remedio ante este peligro es el abandono en la Providencia.
Es de notar que el verbo preocuparse indica una inquietud, un ser absorbido por algo, ocuparse de forma absorbente y desmesurada de alguna cosa. Lo contrario es ocuparse en trabajar bajo la mirada de Dios, confiados en Él y en su Providencia, en perfecta relación práctica con los demás valores humanos. En resumen, es lo que dice la frase: "Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura".
ALBERTO ARANDA C., M.Sp.S.
Contrariamente a lo que sucedía quizá hacia finales de los años 60, cuando muchos, especialmente jóvenes, creían en lo que prometía ser un nuevo proyecto de sociedad, actualmente los seres humanos parecen atenazados por el miedo de lo que puede ser el presente y sobre todo el futuro.
En una situación como ésta, parece muy significativa la invitación de la liturgia de hoy a la confianza; porque el hombre no está solo en su caminar. Dios lo precede, lo acompaña y lo sigue, para que no se extravíe en los caminos insidiosos de la historia. El ser humano será más humano si se apoya menos en sí mismo y más en Dios.
Este mensaje de confianza y de esperanza nos es transmitido no sólo por el hermoso pasaje del evangelio, sino también por la primera lectura, breve pero cargada de ternura. El pasaje de Isaías está tomado de un contexto en que el Señor promete al pueblo de Israel la liberación de la esclavitud de Babilonia. Ante la desconfianza de unos y la desesperación de otros, que consideraban imposible tal evento, el profeta recuerda la fuerza insuperable del amor de Dios, que es más grande que el amor mismo de una madre.
El amor de Dios para con su pueblo es comparado otras veces al amor de un padre hacia sus hijos (Os 11) o al amor de un esposo para con su esposa (Os 1-2; Is 1,21). La comparación con el amor materno es aún más conmovedora; porque nos pone frente a algo totalmente gratuito y que expresa lo máximo de la ternura.
En el evangelio de hoy, Jesús profundiza el sentido de confianza en Dios y lo sitúa en la realidad misma de cada día, con imágenes frescas y llenas de poesía. No hace falta que lleguen los grandes momentos de la historia, para confiar en el Señor y escapar así de la desesperación o del miedo que nos sofoca. Día a día debemos construir nuestra confianza en la Providencia, precisamente porque ella está presente en cada momento de nuestra vida.
¿No es quizá regalo de su amor el aire que respiramos, el sol que nos ilumina y nos calienta, el agua que brota de las entrañas de la tierra para saciar nuestra sed, los vegetales que crecen en los campos para alimentarnos, la ley de la gravitación universal, por la que permanecemos adheridos a la pequeña parte de superficie terrestre que nos sostiene, sin ser arrojados al inmenso espacio cósmico que nos desintegraría? - si nuestro corazón late con regularidad y nuestra sangre circula por el organismo, dilatando y conservando nuestra energía vital, ¿no es porque la Providencia vigila cada momento sobre nosotros?
Son cosas muy sencillas, en las que ni siquiera pensamos, precisamente porque las damos por supuestas. Y sin embargo la Providencia es todo eso, y vivimos en ese inmenso respiro de amor que tiene en pie al universo entero. En estas cosas sencillas nos invita a pensar el pasaje del evangelio de hoy. Jesús nos ayuda a mirar con ojos limpios toda la creación, para ver allí las señales y la expresión del amor del Padre y tener así confianza para el mañana.
Como conclusión de esa invitación a descubrir de nuevo el sentido de la Providencia, Jesús propone a sus discípulos una regla de conducta que sintetiza todo el evangelio y da equilibrio a todas las dimensiones y valores de la vida: «Busquen el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura» (Mt 6,33).
Agradeciendo el don de su Palabra que Él nos hace en esta Eucaristía, pidámosle que aumente en nuestros corazones la confianza en su Providencia amorosa.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
NO SE INQUIETEN PENSANDO
QUÉ COMERÁN O CON QUÉ SE VESTIRAN