LA SANTÍSIMA TRINIDAD
07 de junio 2009, Ciclo B

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Casulla Blanca

ANTÍFONA DE ENTRADA    

Bendito sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque nos ha mostrado un amor inmenso.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios Padre, que al enviar al mundo al Verbo de verdad y al Espíritu de santidad, revelaste a los hombres tu misterio admirable, concédenos que al profesar la fe verdadera, reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad y adoremos la unidad de su majestad omnipotente. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

El Señor es el Dios del cielo y de la tierra, y no hay otro.

Del libro del Deuteronomio: 4,32-34.39-40

En aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo: "Pregunta a los tiempos pasados, investiga desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra. ¿Hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, una cosa tan grande como ésta? ¿Se oyó algo semejante? ¿Qué pueblo ha oído sin perecer, que Dios le hable desde el fuego, como tú lo has oído? ¿Hubo algún dios que haya ido a buscarse un pueblo en media de otro pueblo, a fuerza de pruebas, de milagros y de guerras, con mano fuerte y brazo poderoso? ¿Hubo acaso hechos tan grandes como los que, ante sus propios ojos, hizo por ustedes en Egipto el Señor su Dios?

Reconoce, pues, y graba hoy en tu corazón que el Señor es el Dios del cielo y de la tierra y que no hay otro. Cumple sus leyes y mandamientos, que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tu descendencia, y para que vivas muchos años en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 32

R/. Dichoso el pueblo escogido por Dios.

Sincera es la palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades. R/.

La palabra del Señor hizo los cielos
y su aliento, los astros;
pues el Señor habló y fue hecho todo;
lo mandó con su voz y surgió el orbe. R/.

Cuida el Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambre les da vida. R/.

En el Señor está nuestra esperanza,
pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo.
Muéstrate bondadoso con nosotros,
puesto que en ti, Señor, hemos confiado. R/.

SEGUNDA LECTURA

Ustedes han recibido un espíritu de hijos en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 8,14-17

Hermanos: Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. No han recibido ustedes un espíritu de esclavos, que los haga temer de nuevo, sino un espíritu de hijos, en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios.

El mismo Espíritu Santo, a una con nuestro propio espíritu, da testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos de Dios y coherederos con Cristo, puesto que sufrimos con él para ser glorificados junto con él.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Apoc 1,8

R/. Aleluya, aleluya.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Al Dios que es, que era y que vendrá. R/.

EVANGELIO

Bauticen a las naciones en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

+ Del santo Evangelio según san Marcos: 28,16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.

Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado, y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".
Palabra del Señor.

Se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Por la invocación de tu nombre, santifica, Señor, estos dones que te presentamos y transfórmanos por ellos en una continua oblación a ti. por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Que con tu único Hijo y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, un solo Señor, no en la singularidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola substancia.

Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, eso mismo lo afirmamos de tu Hijo y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción.

De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos a tres personas distintas, en la unidad de un solo ser e iguales en su majestad.

A quien alaban los ángeles y los arcángeles, y todos los coros celestiales, que no cesan de aclamarte con una sola voz:

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Gal 4,6

Porque ustedes son hijos de Dios, Dios infundió en sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Padre.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que la recepción de este sacramento y nuestra profesión de fe en la Trinidad santa y eterna, y en su unidad indivisible, nos aprovechen, Señor, Dios nuestro, para la salvación del cuerpo y el alma. por Jesucristo, nuestro Señor.

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Vayan...

VAYAN POR TODO EL MUNDO

Jesús cita a sus discípulos en Galilea. Un lugar que trae buenos recuerdos, y que es significativo; ahí, en esa región marginada, cercana al mundo pagano, Jesús comenzó su misión anunciando el Reino de Dios con signos y palabras (Mt 4,12-17). Los discípulos acuden entre gustosos y temerosos. ¿Para qué los querrá Jesús? ¿Por qué los quiere ver precisamente en Galilea? ¿Por qué los convoca en un monte?

Jesús espera en la cima de la montaña a sus discípulos, a esos compañeros y amigos que llamó unos años atrás -también en la cima de un monte- "para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar" (Mc 3,14) también en la cima de un monte. Los ha convocado porque sabe que está por terminar su ciclo aquí en la tierra y tiene que volver al Padre; pero no se quiere ir así nada más; su misión, el trabajo por el Reino, tiene que continuar. Por eso los llama y les da la misión o responsabilidad de:

- hacer discípulos, es decir, proclamar la Buena Nueva (cfr. Mc 16, 5);

- enseñar todo lo que han aprendido de él: su amor, entrega y compromiso por la vida y salvación del hombre;

- bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, para vivir como hijos y hacer Iglesia, Pueblo de Dios;

- traspasar fronteras y llevar la Buena Nueva a todas las naciones, ya no sólo al pueblo de Israel (cfr. Mt 10, 6);

- de dar testimonio de Jesús, que está vivo y permanecerá con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Jesús muerto, resucitado y ascendido a los cielos llama a sus discípulos a continuar su obra. Los cristianos, que somos la Iglesia, también hemos recibido está misión. ¿Cómo podemos responder a ella? ¿Por dónde podemos empezar?

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Deuteronomio 4,32-34.39-40

La Biblia, y especialmente la teología deuteronomista, define los atributos de Dios a partir de sus grandes acciones en la historia. Se llega a la profesión de fe en el único Dios y a la formulación teológica del vínculo singular entre Yahvé e Israel, no por medio de reflexiones teóricas, sino a partir del recuerdo y la meditación de las grandes manifestaciones salvadoras de Dios en la historia.

El recuerdo de la liberación de la esclavitud en Egipto (vv. 34.37), de la alianza en el Sinaí (vv. 33.35), y del don gratuito de la tierra prometida (v. 38), hace concluir al autor deuteronomista: "Reconoce, pues, y graba hoy en tu corazón que el Señor es el Dios del cielo y de la tierra y que no hay otro" (v. 39). De esta afirmación teológica fundamental para la fe de Israel, se deriva la exigencia ética esencial de la alianza: "Cumple sus leyes y mandamientos, que yo te prescribo hoy" (v. 40). La fe en el único Dios verdadero, que lo ha liberado y elegido como propiedad suya, exige a Israel la obediencia radical a su voluntad, condición para vivir felizmente a través de todas las generaciones en la tierra que el Señor le ha dado.

* 2ª lectura: Romanos 8,14-17

El Espíritu guía al cristiano en el camino de la historia, como Yahvé guiaba a Israel en el desierto (Deut. 1,33): "Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios" (v. 14) . Mientras caminamos, el Espíritu nos hace partícipes de la vida del Hijo, a tal punto que podemos dirigirnos al Padre con la familiaridad con que lo hacía Jesús, no como esclavos llenos de temor, sino como verdaderos hijos: "Padre" (Abbá) (v. 15). El Espíritu, en lo profundo de nuestro espíritu, continuamente da testimonio de que somos hijos de Dios (v. 16). El gran testigo de la filiación divina es el Espíritu. Al final del camino, después de los sufrimientos y pruebas de la historia, el mismo Espíritu nos introducirá en la gloria de Cristo, como "coherederos", "puesto que sufrimos con él para ser glorificados junto con él" (v. 17).

* 3ª lectura: Mt 28,16-20

El texto narra la aparición pascual de Jesús en Galilea con la que concluye el evangelio de Mateo, estructurada en tres partes: la presentación de Cristo, la misión y la promesa de la presencia del Señor hasta el final de los tiempos. El escenario es un "monte", símbolo bíblico que representa un espacio privilegiado de revelación divina (Cfr. Ex 19; 1 Re 19).

Jesús declara solemnemente su señorío absoluto sobre el cielo y la tierra: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra" (v. 18). La palabra "poder" traduce el término griego exousía, que indica el "poder", el "derecho" y la "capacidad" que caracterizan la palabra y la obra de Jesús para llevar a cabo el proyecto del reino (Mt 7,29: "enseñaba con exousía"; 9,6: "el Hijo del Hombre tiene en la tierra exousía para perdonar pecados"; 21,27: "tampoco yo les digo con qué exousía hago lo que hago"). Jesús Resucitado es Señor de cielo y tierra, con el poder mesiánico para transformar la historia humana y llevarla a la plenitud de Dios.

Jesús ordena a los discípulos: "Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado" (vv. 19-20). La misión de la Iglesia aparece sin ningún tipo de límites ni restricciones, destinada a alcanzar a todos los hombres de la tierra. La fórmula bautismal, de origen post-pascual, representa la cristalización doctrinal de una larga reflexión de la comunidad de Mateo sobre el rito más importante de la Iglesia primitiva. El "nombre", en sentido bíblico, representa la persona. Bautizar "en el nombre" del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, es introducir al bautizado a una comunión vital con la Trinidad.

La última palabra de Jesús en el evangelio de Mateo es una promesa: "Yo estaré con ustedes". En el Antiguo Testamento, la frase: "yo estaré contigo", o "yo estaré con ustedes", expresa la garantía de una presencia salvadora y activa de Dios (Cfr. Ex 3,12; Jer 1,8; Is 41,10; 43,5). Jesús, constituido como Señor universal mediante la resurrección, lleva a plenitud esta presencia salvadora de Dios. El es "Dios-con-nosotros". La eficacia de la misión y la autoridad de la enseñanza de los apóstoles se fundamenta en esta presencia de Jesús.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

LA FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD

Hemos acabado el Ciclo pascual. Ha ocupado el centro de la celebración cristiana el misterio de Jesucristo, muerto y resucitado, que ha llegado a la plenitud de la Vida y la da a toda la humanidad. Hoy, el primer domingo después del Ciclo pascual, celebramos la razón última y la fuente del misterio de nuestra salvación que hemos ido resiguiendo durante largas semanas: la santa Trinidad de Dios.

LAS DIFICULTADES DE HOY SOBRE DIOS

Hablar de Dios evoca hoy más bien dudas, interrogantes, incluso indiferencia. Y no sólo entre los alejados sino también entre las personas que amamos y conviven con nosotros, incluso entre los miembros de la comunidad cristiana o los que participan en la Eucaristía. No es extraño encontrar cristianos conscientes que se interesan por el mensaje de Jesús y el Evangelio, pero que se encuentran perdidos ante Dios y su silencio. Sólo faltaban los últimos episodios sobre la utilización del nombre de Dios por parte de terroristas o de los que dirigen el mundo con su política y sus armas. Ante este ambiente no podemos dejar de evocar una expresión que sale por lo menos dos veces en el Nuevo Testamento: "A Dios nadie lo ha visto jamás" (Jn 1,18; Jn 4,12).

"EL HIJO UNIGÉNITO (...), ES QUIEN LO HA REVELADO" (Jn 1,18)

La fe cristiana se arraiga en una convicción: Jesús conoce y ama al Padre como Hijo y nos lo revela (Mt 11,27); o lo que es lo mismo: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra" (evangelio). Tenemos que saber poner en duda las ideas demasiado comunes sobre Dios, aunque parezcan evidentes, para volver constantemente a la palabra y experiencia del mismo Jesús; y esto quiere decir toda su vida y especialmente su muerte y resurrección. Dios Padre es la única explicación de la sorpresa que es Jesús. Esto ya aparece en el Bautismo; Jesús es el Hijo, lleno del Espíritu de Dios, que se entrega al Padre y a los hombres, que se pone en la hilera de los pecadores, hecho el último y el servidor de todos. Este misterio estalla en la Pascua; Jesús se dio del todo al Padre y a los hombres, obra sublime y salvadora del Espíritu. Muriendo en la cruz, Jesús, el Hijo, nos revela el amor inmenso del Padre que le da el Espíritu de amor y así lo lleva a la donación de la muerte y a la plenitud de la resurrección.

"VAYAN, PUES, Y ENSEÑEN A TODAS LAS NACIONES..." (evangelio)

Toda la humanidad está llamada a vivir el Espíritu de Dios. Éste es el mensaje de Jesús. Dios no olvida a los hombres, ni los amenaza, ni se limita a darles su ley: Dios no es un interrogante insoluble o un silencio angustiante ante el sufrimiento humano. Dios ama esta nuestra humanidad y manifiesta su amor llamándonos a todos a participar de la vida del Señor Jesús, a amar en el Espíritu hasta dar la vida y encontrarla eternamente. Es el sentido de nuestro bautismo "en el nombre del Padre", que nos atrae a la vida en él; "del Hijo", el primero de los nuestros que nos ha abierto el camino; "del Espíritu Santo", que nos impulsa al amor, a la entrega, a la libertad, a la esperanza. "Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios" (2a lectura), esparcidos por el mundo, obra de Dios, signos de su presencia salvadora.

EL MISTERIO DE LA SANTA TRINIDAD

La Santa Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas en una sola Naturaleza Divina, supera, sin duda, nuestra capacidad de comprensión. Es un misterio. Lo que supera, sin embargo, nuestra limitada inteligencia no es sólo el misterio de Dios Uno y Trino; el Nuevo Testamento subraya más bien que el misterio incomprensible e inefable es el Amor de Dios que nos llama a todos a participar en su misma naturaleza divina por la presencia impalpable de su Espíritu de amor, de paz, de libertad. Es lo que evoca la antífona de entrada: "Bendito sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque nos ha mostrado un amor inmenso".

"Reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad y adoremos la unidad de su majestad omnipotente" (colecta; Cfr. prefacio) con los labios y con la vida entera, en el signo de la celebración y en la realidad de nuestra vida fiel. El misterio de Dios lleva al silencio, mas no al silencio del interrogante y la duda, sino al de la contemplación, la admiración, la alegría, el reconocimiento, la experiencia de nuestra pequeñez humilde y agradecida.

GASPAR MORA

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Proyecto de homilía

Para la mayoría de nosotros la Trinidad se presenta como una realidad obscura, como un misterio ante el cual tenemos que suspender nuestros razonamientos y no tratar de penetrarlo o comprenderlo. Pero la palabra "misterio" no significa propiamente una realidad obscura e incomprensible, sino algo que no puede ser comprendido de manera inmediata y definitiva, pero que está siempre abierto a una mayor comprensión y penetración. Jamás podremos 'poseer' a Dios, encerrándolo en la racionalidad de nuestro pensamiento; pues Él es "El que Es", y está siempre por encima de nuestra capacidad de comprensión.

No podemos, pues, reducir el misterio de la Trinidad a un concepto, a una idea; pero debemos tratar de descubrir su infinita riqueza, fijándonos en las dimensiones con que se nos manifiesta en la historia humana. De hecho, la Biblia, para revelarnos la realidad de Dios no nos presenta una serie de conceptos abstractos; nos presenta la historia de su actuar con nosotros y en favor nuestro.

Eso sucede en el AntiguoTestamento (primera lectura). Recordando lo que ha sucedido a Israel, desde la liberación de Egipto, la manifestación de Dios en el Sinaí y otras grandes acciones salvadoras suyas, la tradición del Deuteronomio llega a subrayar el tema fundamental: «El Señor es nuestro Dios». La fe tiene su fundamento en una historia precedente, de la que no podemos prescindir, sino que se nos hace presente y nos interpela directamente; que pide de nosotros no una respuesta abstracta y teórica, sino una adhesión que pone en juego toda nuestra existencia.

Por esa adhesión de fe, se desarrolla en nosotros la vida misma de Dios; don que la benevolencia del Padre promete a todos los seres humanos por medio de Cristo. Esa vida -como nos dice hoy San Pablo en la segunda lectura- es actuada en nosotros por el Espíritu, el cual nos hace participar de tal manera en la vida del Hijo, que podemos dirigirnos al Padre con la misma familiaridad de Jesús. No nos dirigimos ya a Dios como esclavos a su señor, sino como hijos, dándole el nombre de "Abbá Padre".

El Espíritu que recibimos no es un espíritu que lleva a la esclavitud y al temor, como sucedía con la ley antigua. Este Espíritu nos hace participar de la herencia misma de Cristo, de la naturaleza misma de Dios (Cfr. 2 Pe 1,4), y hace que estemos destinados a la gloria.

En el pasaje del evangelio de hoy, aparecen las tres personas de la Santísima Trinidad, en la 'fórmula' con que los discípulos han de bautizar "a todas las gentes" (Mt 28,19). La tarea de esta Iglesia, formada por creyentes que participan del Espíritu de Cristo, es la misma misión con la que el Hijo vino a este mundo: llevar a todos hacia el Padre. El creyente, injertado en la vida de Dios por medio del bautismo, debe disponerse a cumplir, como Cristo, la voluntad del Padre.

¡Que nuestra celebración de la Eucaristía nos ayude a descubrir, a gozar y a vivir cada vez más esta presencia del Dios-Trinidad en la Iglesia y en nuestras vidas!

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

ENSEÑANDOLES A CUMPLIR
TODO CUANTO YO LES
HE MANDADO

Abuelita