
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Lc 2,16 |
Fueron los pastores a toda prisa y encontraron a María y a José y, recostado en un pesebre, al niño.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Señor y Dios nuestro, tú que nos has dado en la Sagrada Familia de tu Hijo, el modelo perfecto para nuestras familias, concédenos practicar sus virtudes domésticas y estar unidos por los lazos de tu amor, para que podamos ir a gozar con ella eternamente de la alegría de tu casa. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Samuel quedará consagrado de por vida al Señor.
Del primer libro de Samuel: 1,20-22.24-28
En aquellos días, Ana concibió, dio a luz un hijo y le puso por nombre Samuel, diciendo: "Al Señor se lo pedí". Después de un año, Elcaná, su marido, subió con toda la familia para hacer el sacrificio anual para honrar al Señor y para cumplir la promesa que habían hecho, pero Ana se quedó en su casa.
Un tiempo después, Ana llevó a Samuel, que todavía era muy pequeño, a la casa del Señor, en Siló, y llevó también un novillo de tres años, un costal de harina y un odre de vino.
Una vez sacrificado el novillo, Ana presentó el niño a Elí y le dijo: "Escúchame, señor: te Juro por mi vida que yo soy aquella mujer que estuvo junto a ti, en este lugar, orando al Señor. Éste es el niño que yo le pedía al Señor y que él me ha concedido. Por eso, ahora yo se lo ofrezco al Señor, para que le quede consagrado de por vida". Y adoraron al Señor.
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 83 |
R/. Señor, dichosos los que viven en tu casa.
Anhelando los atrios del Señor
se consume mi alma.
Todo mi ser de gozo se estremece
y el Dios vivo es la causa. R/.
Dichosos los que viven en tu casa,
te alabarán para siempre;
dichosos los que encuentran en ti su fuerza
y la esperanza de su corazón. R/.
Escucha mi oración, Señor de los ejércitos;
Dios de Jacob, atiéndeme.
Míranos, Dios y protector nuestro,
y contempla el rostro de tu Mesías. R/.
SEGUNDA LECTURA
Nos llamamos hijos de Dios y lo somos.
De la primera carta del apóstol san Juan: 3,1-2.21-24
Queridos hijos: Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él.
Hermanos míos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado cómo seremos al fin. Y ya sabemos que, cuando él se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total. Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que le pidamos.
Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio. Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en nosotros.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Cfr. Hechos 16,14 |
R/. Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. R/.
EVANGELIO
Los padres de Jesús lo encontraron en medio de los doctores.
+ Del santo Evangelio según san Lucas: 2,41-52
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.
Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia". El les respondió: "¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?" Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.
Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres.
Palabra del Señor.
Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, este sacrificio de reconciliación y, por intercesión de la Virgen Madre de Dios y de san José, concede a nuestras familias vivir siempre en tu amistad y en tu paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio I-III de Navidad
Si se usa el Canon Romano, se dice "Reunidos en comunión" propio. (Se dice: "para celebrar el día santísimo en que..."). En la Plegaria eucarística II se dice "Acuérdate, Señor" propio. En la Plegaria eucarística III se dice "Atiende los deseos" correspondiente.
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Bar 3,38 |
Nuestro Dios apareció en el mundo y convivió con los hombres.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Padre lleno de amor, concede a los que acabamos de alimentarnos con este sacramento celestial, imitar siempre los ejemplos de la Sagrada Familia, para que, después de las pruebas de esta vida, podamos gozar eternamente con ellos en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ADECUARSE A LA VOLUNTAD DE DIOS
"Buscar" equivale a indagar, escudriñar, preguntar por algo o por alguien. Evidentemente, el que busca de verdad encuentra. Pero hay personas que no buscan nada, porque tienen de todo, porque son perezosas, porque no tienen esperanza o porque están de vuelta de todo. Naturalmente, hay que saber buscar y disponerse a conseguir lo que se desea. Dios nos sale al paso y debe ser buscado. A veces desaparece de nuestro entorno, y lo perdemos de vista. Pero, cuando lo buscamos con sincero corazón, lo encontramos.
No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María lo "entendió" todo. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios:
a) Buscarlo (José y María "se pusieron a buscarlo");
b) creer en El (María es "la que ha creído"); y
c) y meditar la palabra del Señor (María "conservaba en su corazón todas aquellas cosas").
En este domingo, en que celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, sería bueno preguntarnos,¿Dónde estamos buscando a Jesús? ¿Dónde lo hemos encontrado? ¿Qué tanto tiempo dedicamos a conversar con los hijos sobre estas búsquedas? ¿Qué tanto tiempo dedicamos como hijos a compartir con nuestros padres los encuentros y desencuentros de nuestra vida?
José y María, que han experimentado lo que es ser padres, que han sentido angustia, que se han quedado atónitos por el comportamiento de Jesús nos pueden ayudar en estas búsquedas. Jesús, como hijo, nos puede ayudar a descubrir que es aquello que Dios quiere de nosotros en relación con la familia, la vocación, la vida toda.
* 1ª Iectura: 1 Samuel 1,20-22.24-28
Los libros primero y segundo de Samuel pertenecen a la "historia deuteronomista". Sus narraciones se pueden situar históricamente hacia el s. XI y X a. C., aunque la última redacción de la obra proviene de la época cercana al exilio.
El relato narra el milagroso nacimiento del hijo de Ana, Samuel, que etimológicamente en hebreo podría interpretarse como "nombre de Dios". Ana concibió a su hijo como respuesta a su oración (1 Sam 1,11.20). Después del período de lactancia, que duraba más o menos dos años, la madre llevó al niño al templo de Siló, para entregarlo al Señor. Para subrayar la reciprocidad del don, el texto hebreo juega con el verbo sha'al, "pedir, conceder", en los vv. 27-28: "que yo le pedía al Señor y que el me ha concedido" (she'elatí), por eso... se lo ofrezco (hishe'iltihu) al Señor, para que le quede consagrado de por vida".
* 2ª lectura: 1 Juan 3,1-2.21-24
La filiación divina es un don del amor de Dios, que no sólo nos ha dado un título honorífico, sino que nos ha hecho realmente sus hijos en Cristo Jesús (Jn 1,12). Sin embargo, la condición filial del creyente está oculta al mundo, que no conoce a Dios. Ser hijos de Dios es una realidad presente y operante en la historia, pero que todavía no ha alcanzado su plenitud, la cual coincide con la participación de la vida divina en plenitud (v. 2). Mientras tanto, vivimos según "los mandamientos", en la doble vertiente de la fe y del amor: "que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros". Esto nos asegura la recíproca permanencia de nosotros en Dios y de Dios en nosotros, fruto del don de su Espíritu, que él mismo nos ha dado (vv. 22-24).
* 3ª lectura: Lucas 2,41-52
El relato es una joya de reflexión teológica sobre el misterio de Jesús. Hay que evitar una interpretación excesivamente psicologista, que ve en el drama narrado una anticipación de la crisis generacional de la familia moderna. No se trata de un relato biográfico, ni de un relato edificante, ni una simple leyenda, sino de una narración teológica centrada sobre la primera palabra que escuchamos de Jesús en el evangelio, una palabra que revela la relación única que él tiene con Dios y su obediencia filial al Padre.
Lucas no se detiene en los detalles narrativos (pérdida del Niño, los tres días de búsqueda, etc.), pues son sólo artificios literarios al servicio del mensaje religioso del texto. El centro de interés de la narración inicia en el v. 46, en donde Jesús aparece "en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas", según el estilo de "pregunta-respuesta" que era propio en la enseñanza religiosa del judaísmo. En el v. 47 la óptica narrativa cambia. Ahora Jesús no sólo escucha, sino que como maestro expone y responde. Lucas ve en la escena una anticipación del futuro ministerio de Jesús, cuando su enseñanza causará estupor en la muchedumbre (Lc 4,32).
El diálogo del joven Jesús con María, su madre, es de un gran espesor teológico. La "incomprensión" de María y de José representan la reacción natural de quien se encuentra frente a un hecho que supera las expectativas y la comprensión humana. Para María comienza el fatigoso camino una fe que irá haciendo descubrir progresivamente el misterio de su hijo.
En la reprensión de María (v. 48) se intuye ciertamente la angustia normal de unos padres frente al hijo perdido; pero la respuesta de Jesús (v. 49a: "¿Por qué me andaban buscando?") obliga a sus padres (y a los lectores del evangelio) a superar el problema de las relaciones naturales de sangre, para entrar en la lógica del misterio y los caminos de Dios.
La frase central de todo el relato es la pronunciada por Jesús en el v. 49b: "¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?" (o según otra posible traducción: "¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?"). Es preferible la primera opción. El Templo era el espacio de la presencia de Dios y el lugar en donde se enseñaba la Palabra de Dios. La escena concluye con la incomprensión de los padres de Jesús (v. 50). La experiencia de María y de José es la experiencia de todo creyente, que sabe encontrar a Jesús "en la Casa del Padre", es decir, como encarnación de la sabiduría y de la presencia de Dios entre nosotros.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
ES DOMINGO
El domingo después de la Navidad es la fiesta de la Sagrada Familia. Como en las fotos, el ciclo de Navidad nos invita a abrir el zoom y seguir contemplando y celebrando a Dios, que se ha hecho hombre en Jesús, con la mirada ampliada a su alrededor. Por eso hay que insistir en el hecho de que continuamos celebrando el misterio de la Navidad.
No debemos dejar que se nos desdibuje la fiesta de hoy. Quizá fuera bueno empezarla haciendo ver de nuevo el valor que tiene el domingo como "día de la familia", precisamente porque es el "día del Señor", el "día del hombre", el "día de la Iglesia", como tan bien se dice en la carta apostólica Dies Domini.
En este contexto navideño, la fiesta nos invita a mirar a la Familia de Jesús que se convierte en Sagrada. Y desde ella, nos invita a dar contenido al calor familiar que tienen estas fiestas navideñas y que tanto se reitera desde el ambiente social. Desde el ejemplo de la Sagrada Familia -nos dirá la colecta- concédenos practicar sus virtudes domésticas y estar unidos por los lazos de tu amor, para que podamos ir a gozar con ella eternamente de la alegría de tu casa.
¡QUÉ DESEABLES SON TUS MORADAS!
La propuesta para las lecturas de hoy es la de las propias del ciclo C. El salmo 83 nos puede situar muy bien el contexto en el que se sitúan las lecturas de hoy. En la primera la escena familiar ocurre en el santuario de Siló. Allí Ana había pedido al Señor que le concediera el don de tener un hijo; Dios lo ha "concedido" y por esto ella lo "ofrece" de nuevo a Dios en su templo. Samuel, el hijo, es don de Dios: "Yo se lo ofrezco al Señor, para que le quede consagrado de por vida". Así cumplen con él el deber familiar de transmitirle la fe y de llevarlo hacia Dios.
En el evangelio los padres de Jesús también cumplen con él todo lo que la familia tiene que hacer para tansmitirle la fe de los padres, y la cultura, y la lengua, las costumbres, la vida... Dios se ha encarnado del todo, también en la familia. Y llevan al niño -ya de doce años- al templo por Pascua en peregrinación. El templo es este lugar especial de encuentro con Dios, es el lugar en que se hace visible lo que en Jesús se realiza: el encuentro de Dios con los hombres.
Jesús -perdido para sus padres- sólo podía estar en el templo, en la casa del Padre. Cuántas reminiscencias de lo que más adelante en el evangelio Jesús dirá - muy cerca de la Pascua- explicando que él es el templo de Dios y haciendo ver que Dios quiere vivir en cada persona para tener también en ella un templo. Incluso el detalle del encuentro "al tercer día" tiene ecos pascuales.
San Juan, en la segunda lectura, lo dice abiertamente: "Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos... pero aún no se ha manifestado como seremos". Ya ahora somos templo de Dios; lo somos cada uno de nosotros, lo es cada familia que acoge a Dios en su interior, lo es la Iglesia porque somos la familia de los hijos de Dios.
Ojalá consigamos vivir, continúa diciendo, amándonos "los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio". Es la manera de hacer ver que también nosotros, como Jesús, estamos en casa del Padre.
Si así es, ¡qué deseables son tus moradas! El templo de la vida de cada uno, el de nuestras familias, el de la Iglesia.
LA TRANSMISIÓN DE LA FE
La familia es así el santuario en el cual se transmite esta presencia de Dios. Es el lugar privilegiado de la transmisión de la fe y de la oración. La familia llega a ser la verdadera "iglesia doméstica", sin la cual se nos hace muy difícil la vivencia de la fe. Invitemos a rezar mucho por las familias, exhortemos a que sean lugares sagrados de transmisión de la cadena de la fe.
Y ayudemos a que nuestras comunidades tengan este calor familiar en el que sea posible llevar a cabo lo que de María nos dice el evangelio, que "conservaba en su corazón todas aquellas cosas", y de Jesús, que "iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres".
Y si hoy la transmisión normalizada de la fe por muchas circunstancias no se produce en el seno de muchas familias, ayudemos a que nuestras comunidades puedan ser esas familias acogedoras que desde la vivencia de un amor sincero transmitan la alegría de vivir amándose como la Sagrada Familia lo hizo.
LA EUCARISTIA "FAMILIAR"
Alrededor de la mesa eucarística formamos una gran familia, la familia de los hijos de Dios. Es él mismo quien nos alimenta y nos da vida. Y cabemos todos porque en esa mesa Dios es nuestro Padre que nos ha hecho a todos hermanos.
JUAN TORRA
La celebración de la Sagrada Familia el domingo después de la Navidad es de creación reciente, pero tiene sin duda una notable importancia pastoral. Mientras que, por una parte, nuestro mundo moderno da relieve a grandes valores como la libertad y la responsabilidad en la paternidad y la educación, constatamos por otra parte la degradación de la sexualidad, la visión materialista y hedonista de la vida, el debilitamiento de los vínculos familiares y de la comunicación entre generaciones diferentes. Por eso es importante el preguntarnos sobre el proyecto de Dios a propósito de la familia; lo que sucede precisamente con esta celebración.
En este año del ciclo de lecturas dominicales, se toma como primera lectura un pasaje del primer libro de Samuel. En la primera parte del pasaje se habla del nacimiento de Samuel, del significado de su nombre y de la promesa que había hecho Ana, su madre, de consagrarlo al Señor.
En la segunda parte, se pone en evidencia la actitud de Ana, que evidentemente se quiere presentar como paradigma de la actitud de una madre cristiana. Ana, después de haber alimentado y ayudado a crecer a su hijo durante unos dos años, lo lleva al templo como había prometido al Señor (Cfr. 1 Sam 1,11). El Señor le ha dado un hijo, y ella siente la necesidad de devolvérselo. El pasaje termina con la frase: «Él está ofresido al Señor» (v 28), frase que se continúa con la conocida oración de Ana (1 Sam 2,1-10), en la que ella pondera la actuación de Dios en la historia de la salvación y que es como una anticipación del Magnificat de María.
En la segunda lectura, San Juan nos recuerda la filiación divina que el Padre nos ha otorgado. El cristiano vive en comunión con el Padre y el Hijo; porque es realmente Hijo de Dios y objeto del amor del Padre. Esta es una realidad aún escondida; pero será plenamente revelada cuando el Señor Jesús se manifieste. Más adelante, en ese mismo capítulo tercero de su Carta, Juan ofrece al cristiano un criterio para saber si de veras el amor de Dios está en él, y ese criterio consiste en que él, como Cristo, sepa dar la vida por los hermanos (3,16).
Se puede decir que la liturgia propone esta lectura como un ideal de la relación que debe existir entre padres e hijos en una familia cristiana; relación que sin duda se daba de manera excelente en la Sagrada Familia de Nazaret.
Los evangelios "de la infancia" nos presentan algunos momentos de la experiencia de Cristo al entrar en el tejido de una familia humana concreta. En la familia no todo es idilio, paz y serenidad; ella puede pasar también a través del sufrimiento y las dificultades del destierro y de la persecución (Cfr. Mt 2,13-18). El momento en que el camino de los hijos se separa del de los padres es uno de los más importantes y decisivos en la historia de una familia. San Lucas nos cuenta (2,41-52) cómo, cuando María y José encuentran al Niño en el templo, no ponen objeciones a la decisión tomada por Jesús. Caen en la cuenta de que parece tratarse de una opción que los excluiría de la vida de aquel hijo único y tan querido; pero la aceptan porque es la voluntad de Dios. Las palabras de María son la expresión espontánea del dolor de una madre en una situación tan especial.
Que Jesús, María y José nos ayuden a comprender y a poner en práctica el proyecto de Dios sobre la familia cristiana. Esa es una gracia que el Señor quiere hacernos mediante nuestra participación en esta Eucaristía.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
TREINTA AÑOS PARA SANTIFICAR LA FAMILIA
Y TRES PARA SALVAR AL MUNDO