DOMINGO DE PENTECOSTES
31 de mayo 2009, Ciclo B

Propio 1ª Vísperas       Propio Misa del Día       Comentario       Nota exegética

Orientaciones para la celebración       Proyecto de homilía       Dios Hoy




Misa vespertina de la vigilia

Esta misa se dice en la tarde del sábado, ya sea antes o después de las primeras Vísperas del domingo de Pentecostés.


ANTÍFONA DE ENTRADA Rom 5,5; 8,11

El amor a Dios ha sido infundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que habita en nosotros. Aleluya.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios eterno y todopoderoso, que quisiste consumar el misterio de la muerte, resurrección y ascensión de tu Hijo, con la venida del Espíritu Santo, renueva el prodigio de Pentecostés y haz que todos los pueblos de la tierra superen con tu amor sus diferencias y te reconozcan como Padre. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

El Señor infundirá su espíritu a los huesos secos y revivirán.

Del libro del Éxodo: 37,1-14

En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mí, y su espíritu me trasladó y me colocó en medio de un campo lleno de huesos. Me hizo dar vuelta en torno a ellos. Había una cantidad innumerable de huesos sobre la superficie del campo y estaban completamente secos.

Entonces el Señor me preguntó: "Hijo de hombre, ¿podrán acaso revivir estos huesos?" Yo respondí: "Señor, tú lo sabes". El me dijo: "Habla en mi nombre a estos huesos y diles: 'Huesos secos, escuchen la palabra del Señor. Esto dice el Señor Dios a estos huesos: He aquí que yo les infundiré el espíritu y revivirán. Les pondré nervios, haré que les brote carne, la cubriré de piel, les infundiré el espíritu y revivirán. Entonces reconocerán ustedes que yo soy el Señor' ".

Yo pronuncié en nombre del Señor las palabras que él me había ordenado, y mientras hablaba, se oyó un gran estrépito, se produjo un terremoto y los huesos se juntaron unos con otros. Y vi cómo les iban saliendo nervios y carne y cómo se cubrian de piel; pero no tenían espíritu. Entonces me dijo el Señor: "Hijo de hombre, habla en mi nombre al espíritu y dile: 'Esto dice el Señor: Ven, espíritu, desde los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos, para que vuelvan a la vida' "

Yo hablé en nombre del Señor, como él me había ordenado. Vino sobre ellos el espíritu, revivieron y se pusieron de pie. Era una multitud innumerable. El Señor me dijo: "Hijo de hombre: Estos huesos son toda la casa de Israel, que ha dicho: 'Nuestros huesos están secos; pereció nuestra esperanza y estamos destrozados'. Por eso, habla en mi nombre y diles: 'Esto dice el Señor: Pueblo mío, yo mismo abriré sus sepulcros, los haré salir de ellos y los conduciré de nuevo a la tierra de Israel. Cuando abra sus sepulcros y los saque de ellos, pueblo mío, ustedes dirán que yo soy el Señor. Entonces les infundiré mi espíritu, los estableceré en su tierra y sabrán que yo, el Señor, lo dije y lo cumplí' ".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 103

R/. Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.

Bendice al Señor, alma mía;
Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R/.

¡Qué numerosas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con maestría!
La tierra está llena de tus creaturas.
Bendice al Señor, alma mía. R/.

Todos los vivientes aguardan
que les des de comer a su tiempo;
les das el alimento y lo recogen,
abres tu mano y se sacian de bienes. R/.

Si retiras tu aliento,
toda creatura muere y vuelve al polvo.
Pero envías tu espíritu, que da vida,
y renuevas el aspecto de la tierra. R/.

SEGUNDA LECTURA

El Espíritu intercede por nosotros con gemidos que no pueden erpresarse.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 8,22-27

Hermanos: Sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Porque ya es nuestra la salvación, pero su plenitud es todavía objeto de esperanza. Esperar lo que ya se posee no es tener esperanza, porque, ¿cómo se puede esperar lo que ya se posee? En cambio, si esperamos algo que todavía no poseemos, tenemos que esperarlo con paciencia.

El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen.
Palabra de Dios.

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO    

R/. Aleluya, aleluya.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles

y enciende en ellos el fuego de tu amor. R/.

EVANGELIO

Brotarán ríos de agua que da la vida.

+ Del santo Evangelio según san Juan: 7,37-39

El último día de la fiesta, que era el más solemne, exclamó Jesús en voz alta: "El que tenga sed, que venga a mí; y beba, aquel que cree en mí. Como dice la Escritura: Del corazón del que cree en mí brotarán ríos de agua viva ".

Al decir esto, se refería al Espíritu Santo que habían de recibir los que creyeran en él, pues aún no había venido el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que tu Espíritu santificador descienda, Señor, sobre estos dones e inunde de amor a tu Iglesia para que ésta pueda ser, en medio del mundo, tu signo y tu instrumento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio propio, (MR págs. 316 o 317)

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio. Si se usa la plegaria eucarística II o III, se dice Acuérdate o Atiende propio.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 7,37

El último día de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó: El que tenga sed, que venga a mí y beba. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que el sacramento que hemos recibido, nos comunique, Señor, el fuego del Espíritu Santo que infundiste a tus Apóstoles el día de Pentecostés. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Misa del día


ANTÍFONA DE ENTRADA Sab 1,7

El Espíritu del Señor ha llenado toda la tierra; él da unidad a todas las cosas y se hace comprender en todas las lenguas. Aleluya.

Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia extendida por todas las naciones, concede al mundo entero los dones del Espíritu Santo y continúa realizando entre los fieles la unidad y el amor de la primitiva Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 2,1-11

El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducía a expresarse.

En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.

Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: '¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay medos, partos y elamitas; otros vivimos en Mesopotamia, Judea Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene. Algunos somos visitantes, venidos de Roma, judíos y prosélitos; también hay cretenses y árabes. Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 103

R/. Envía, Señor, tu Espíritu a renovar la tierra. Aleluya.

Bendice al Señor, alma mía;
Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
¡Qué numerosas son tus obras, Señor!
La tierra llena está de tus creaturas. R/.

Si retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al polvo;
pero envías tu espíritu, que da vida,
y renuevas el aspecto de la tierra. R/.

Que Dios sea glorificado para siempre
y se goce en sus creaturas.
Ojalá que le agraden mis palabras
y yo me alegraré en el Señor. R/.

SEGUNDA LECTURA

Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 12,3-7.12-13

Hermanos: Nadie puede llamar a Jesús "Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo.

Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo.

En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.
Palabra de Dios.

SECUENCIA

  1. Ven, Dios Espíritu Santo,
    y envíanos desde el cielo
    tu luz, para iluminarnos.

  2. Ven ya, padre de los pobres,
    luz que penetra en las almas,
    dador de todos los dones.

  3. Fuente de todo consuelo,
    amable huésped del alma,
    paz en las horas de duelo.

  4. Eres pausa en el trabajo;
    brisa, en un clima de fuego;
    consuelo, en medio del llanto.

  5. Ven, luz santificadora,
    y entra hasta el fondo del alma
    de todos los que te adoran.
  1. Sin tu inspiración divina
    los hombres nada podemos
    y el pecado nos domina.

  2. Lava nuestras inmundicias,
    fecunda nuestros desiertos
    y cura nuestras heridas.

  3. Doblega nuestra soberbia,
    calienta nuestra frialdad,
    endereza nuestras sendas.

  4. Concede a aquellos que ponen
    en ti su fe y su confianza
    tus siete sagrados dones.

  5. Danos virtudes y méritos,
    danos una buena muerte
    y contigo el gozo eterno.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO    

R/. Aleluya, aleluya.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles

y enciende en ellos el fuego de tu amor. R/.

EVANGELIO

Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo: Reciban el Espíritu Santo.

+ Del santo Evangelio según san Juan: 20,19-23

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, que el Espíritu Santo nos haga comprender mejor, según la promesa de tu Hijo, el misterio de este sacrificio y toda la profundidad del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque tú, para llevar a su plenitud el misterio pascual, has enviado hoy al Espíritu Santo sobre aquellos a quienes adoptaste como hijos al injertarlos en Cristo, tu Unigénito.

Este mismo Espíritu fue quien, al nacer la Iglesia, reveló a todos los pueblos el misterio de Dios y unió la diversidad de las lenguas en la confesión de una misma fe.

Por eso, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo. . .

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio. Si se usa la plegaria eucarística II o III, se dice Acuérdate o Atiende propio.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Hech 2,4.11

Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban las maravillas de Dios. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, tú que nos concedes participar de la vida divina por medio de tus sacramentos, conserva en nosotros el don de tu amor y la presencia viva del Espíritu Santo, para que esta comunión nos ayude a obtener nuestra salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Para despedir al pueblo, el diácono o el mismo sacerdote dice:

Pueden ir en paz. Aleluya, aleluya.

R/. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya.

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Vientos

¡VEN, ESPÍRITU SANTO!

"Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos...", nos dice el evangelio de este domingo. Estos hombres que conocieron de cerca a Jesús, que fueron llamados por él; que vivieron a su lado (Cfr. Jn 1,39) y a quienes confió los secretos del Reino (Cfr. Jn 15,15), están ahora encerrados y llenos de miedo. ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo? Nos decimos cristianos pero no lo manifestamos, a veces por miedo, a veces por mil razones. ¿Cuántas veces nos hemos encerrado en nosotros mismos o, en el mejor de los casos, compartimos la buena noticia de Jesús sólo con los nuestros? Nos decimos cristianos pero no somos capaces de abrirnos a los otros, a Ios que son diferentes, a los que no piensan como nosotros, para compartir la fe en Jesús.

A pesar del encierro, Jesús irrumpe en la habitación y se presenta en medio de sus discípulos. No hay regaño, no hay reproche; puras palabras de aliento: "La paz esté con ustedes". Este hombre que entra sin anunciarse, que atraviesa paredes... ¿es el mismo Jesús que conocieron sus discípulos? Sí. Y para que no quede duda, Jesús les muestra las manos y el costado. La alegría de los discípulos no se puede contener: ¡Jesús está vivo! Del miedo a los judíos ni quien se acuerde. Jesús les vuelve a decir: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Los discípulos pasan de ser discípulos a ser apóstoles (enviados). 'Pero, ¿cómo?, ¿nosotros que nos llenamos de miedo y nos acobardamos tanto?', se pudieron haber preguntado los discípulos. Jesús sabe de los miedos y cobardías de sus discípulos, pero no le importa porque les ha traído un don maravilloso, un viento que levanta y renueva, el Espíritu Santo: 'sopló sobre ellos y les dijo: 'Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar' ".

En esta fiesta de Pentecostés digamos juntos: "¡Ven, Espíritu Santo! Levántanos, porque a veces estamos caídos y llenos de miedo. Renuévanos, porque a veces estamos muy encerrados en nosotros mismos".

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Hechos 2,1-11

Pentecostés es una fiesta judía conocida como "fiesta de las semanas" (Ex 34,22; Núm 28,26) o "fiesta de la cosecha" (Ex 23,16; Núm 28,26), que se celebraba siete semanas después de la Pascua y en la que en algunos ambientes judíos en época tardía se celebraban las grandes alianzas de Dios con su pueblo, particularmente la del Sinaí relacionada con el don de la Ley.

Aquel día, aunque los discípulos estaban ciertamente a la espera del cumplimiento de la promesa de Jesús, el evento ocurre "de repente", en forma imprevisible. Es una forma de subrayar que se trata de una manifestación divina. El ruido llega "del cielo", es decir, del lugar de la trascendencia, desde Dios, y es como el rumor de un ráfaga de viento impetuoso. Tanto en hebreo como en griego, espíritu y viento se expresan con la misma palabra (hebreo: ruah ; griego: pneuma ). Utilizando este símbolo, se describe el descenso del Espíritu Santo como poder y dinamismo (Cfr. Ez 37; Jn 20,22). Lucas se sirve también de otro elemento cósmico que era utilizado para describir las manifestaciones divinas en el Antiguo Testamento: el fuego, que es símbolo de Dios como fuerza irresistible y transformadora (Cfr. Deut 4,24; Is 30,27; 33,14).

El evento, expresado simbólicamente en los vv. 2-3, se explicita en el v. 4: "se llenaron todos del Espíritu Santo". Dios mismo llena con su poder a todos los presentes, que adquieren una tal capacidad de comunicación, que en cierto modo se elimina la antigua confusión de lenguas en Babel (Gén 11). El Espíritu de Pentecostés inaugura la misión universal de la Iglesia, llamada a anunciar el Evangelio de Cristo de forma inteligible y con la fuerza del Espíritu a todos los pueblos de la tierra.

* 2a lectura: 1 Corintios 12,3-7.12-13

La proclamación del señorío de Jesús es fruto de la acción del Espíritu, que es también el criterio decisivo para discernir la autenticidad de los carismas que suscita en la comunidad el mismo Espíritu. Los carismas, aunque son variados en su manifestación, tienen un único origen divino y son otorgados para el enriquecimiento de la comunidad (vv. 3b-7). En los vv. 12-13 Pablo desarrolla otro argumento, utilizando la imagen del cuerpo: la Iglesia, unida a Cristo, es come un organismo vivo, en el que hay diversidad de miembros que actúan armónicamente al interior de la unidad de "un solo cuerpo": la comunidad de los bautizados, a la que se "ha dado a beber del mismo Espíritu"

* 3a lectura: Juan 20,19-23

Jesús vuelve a estar en medio de los suyos, como lo había prometido. Atraviesa las barreras externas (las puertas) e internas (el miedo). Comunica a los discípulos cuatro dones fundamentales: la paz, el gozo, la misión, y el Espíritu Santo.

La paz (el shalom ) y el gozo (la járis ) son dones que acompañarán la fe y sostendrán la misión, que tiene como origen y modelo la misión de Jesús. Para la realización de la misión Jesús les concede el don del Espíritu. En el texto sobresale el tema de la nueva creación. Jesús "sopló sobre ellos", como Dios en el momento de la creación del ser humano (Cfr Gén 2,7; Sab 15,11). El gesto y la palabra de Jesús se colocan en relación directa con el anuncio que de él había hecho Juan Bautista, indicando que bautizaría en el Espíritu Santo (Cfr Jn 1,32-33).

Jesús resucitado comunica el Espíritu que hace renacer al hombre (Cfr Jn 3,3-8), concediéndole compartir su misma vida divina. Su soplo sobre los discípulos infunde en ellos la vida eterna: "Así como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a quien él quiere dársela" (Jn 5,21). Aunque Juan aquí no llama al Espíritu con el término joánico "Paráclito", hay que tener en cuenta que su acción abarca, además de los diversos aspectos anunciados en los discursos de despedida (Cfr Jn 14,16-26; 15,26; 16,7), el nuevo nacimiento que da acceso al Reino (Cfr Jn 3,5-6); la verdadera adoración al Padre (Cfr Jn 4,23); el poder de vivificar (Cfr Jn 6,63) y el don de la vida (Cfr Jn 7,37-38).

Con el don del Espíritu, el Señor resucitado inicia una nueva creación, de la que Jesús describió su primer efecto en el nacer de nuevo o de lo alto, es decir del perdón, justamente a través del soplo del Espíritu (Cfr Jn 3,3). El Resucitado confía ahora la mediación del perdón a la comunidad de sus discípulos. Con el don del Espíritu, los discípulos quedan investidos para la misión, que extenderá a la humanidad de todo tiempo y lugar la alianza realizada por Jesús. Esta escena joánica, como la del capítulo 2 de los Hechos, inaugura el tiempo de la Iglesia que Juan, a diferencia de Lucas, hace coincidir cronológicamente con el mismo día de Pascua.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

LOS CINCUENTA DIAS

"Dios eterno y todopoderoso, que quisiste consumar el misterio de la muerte, resurrección y ascensión de tu Hijo, con la venida del Espíritu Santo" (colecta de la Misa de la vigilia). Pentecostés es la conclusión del gran día en el que ha actuado el Señor. La narración de Lucas (la lectura de la Misa del día), está en la base de esta fecha. El Espíritu Santo, como un viento impetuoso y en forma de lenguas como de fuego, llenó el corazón de los discípulos y los impulsó a hablar y a proclamar las grandezas de Dios. Fue el cumplimiento de las promesas proféticas del Antiguo Testamento, y la realización de lo que los discípulos esperaban según el anuncio de Jesús.

La celebración de esta solemnidad debe tener claramente el sentido de "fin de fiesta" que le corresponde en el año litúrgico. Quizás aún cuesta asumir esta dimensión por parte de cristianos más o menos habituados al esquema de Pentecostés = fiesta del Espíritu Santo. Sin embargo, esto no debe hacernos olvidar que la efusión del Espíritu es ciertamente el misterio que celebramos.

LAS CELEBRACIONES DE LA SOLEMNIDAD

El Misal Romano propone dos formularios para la celebración de Pentecostés: la Misa de la vigilia y la Misa del día. Además, la Misa de la vigilia puede optar por una celebración más larga, unida o no a las primeras vísperas. En cualquier caso, no se puede decir que sea lo mismo que la Vigilia Pascual; en ningún momento se prevé una celebración nocturna. Por un lado, los formularios no son intercambiables, sino fijados para el momento indicado. Por lo que respecta a los evangelios propuestos para la Misa del día, parece que conviene mantener, en principio, el evangelio del Ciclo A: Juan 20,19-23. La razón es que, en este evangelio, destaca el enlace con la resurrección de Jesús; es él mismo quien "sopló sobre ellos" para significar el don del Espíritu Santo, para que actualicen a través de los tiempos la misión que Jesús había recibido del Padre. Otra razón es la correspondencia que hay entre esta perícopa y la de la Misa de la vigilia: Juan 7,37-39. En este texto Jesús se anuncia como comunicador del Espíritu cuando será glorificado.

Los elementos externos de celebración conviene que sean como en el domingo de Pascua, sin ahorrar los signos festivos. El carácter de esta solemnidad tiene que entrar por los ojos, sin necesidad de hacer cosas ajenas a la celebración misma.

LA(S) HOMILiA(S) DE LA FIESTA

En estas solemnidades tan destacadas es fácil caer en generalizaciones, y desaprovechar la riqueza de los textos bíblicos y litúrgicos en su concreción temática. Evidentemente, no es posible explicarlo todo. Por esto conviene que el sacerdote que prepara la homilía se plantee, en primer lugar, si tiene que celebrar tanto la Misa de la vigilia como la del día. En este caso, deberá pensar en dos homilías, según los textos de cada celebración.

La de la Misa de la vigilia puede centrarse directamente en el evangelio, y profundizar en el aspecto sacramental del don del Espíritu Santo: la imagen del agua es propicia para esta referencia, tanto si se interpreta que el agua mana de Cristo (imagen del costado traspasado), como si se interpreta que se refiere a una fuente interior en el creyente (imagen del diálogo con la samaritana). La Misa de la vigilia, por otra parte, ofrece una gama de lecturas del Antiguo Testamento que pueden ayudar mucho a hablar de la acción del Espíritu Santo: el Espíritu reune en la caridad a los hijos de Dios dispersados (Babel), el Espíritu manifiesta la nueva alianza en el amor al nuevo Israel (Sinaí), el Espíritu vivifica al pueblo de Dios y es prenda de resurrección (Ezequiel), el Espíritu es el Don vertido sobre todos en el día del Señor, haciéndolos un pueblo de profetas (Joel). Las colectas previstas para cada lectura en el formulario de libre elección ayudan a destacar el sentido tipológico de los textos. El texto de la Carta a los romanos es igualmente rico para motivar la homilía.

La homilía de la Misa del día debería privilegiar los textos bíblicos del Ciclo A, por su carácter pascual (evangelio) y carismático-sacramental (2ª lectura). Una ayuda explícita para la interpretación de estas lecturas son los textos eucológicos. La colecta es un texto sintético que puede ser perfectamente el esquema de la homilía: presentación del misterio que celebramos, en su dimensión universal; petición de la efusión actual del Espíritu; actualización en los corazones de los fieles del Don de los orígenes de la Iglesia. Lo mismo podríamos decir del prefacio. La poscomunión nos recuerda las afirmaciones de san Efrén refiriéndose a la comunión eucarística: "¡Has recibido fuego!".

En las homilías de Pentecostés -como en cualquier homilía, por otro lado- cabe pensar en las peculiaridades de la asamblea y de su situación. Como orientación general, se puede decir que conviene, este día, hacer una referencia al conjunto del itinerario de vida cristiana que se ha hecho, desde la Cuaresma hasta Pentecostés; una referencia, si se puede, a los sacramentos de Pascua celebrados -Bautismo, Confirmación, Eucaristía- y una exhortación a todos -en primer lugar a los neófitos- a hacer realidad lo que pedimos en la colecta del sábado antes de Pentecostés: "Qui paschalia testa peregimus, haec, te largiente, moribus et vita teneamus" (Que los que hemos celebrado las fiestas pascuales, las mantengamos, con tu gracia, en las costumbres y en la vida).

PERE TENA

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Proyecto de homilía

Para el evangelio de San Juan, la plena revelación del misterio de la resurrección del Señor Jesús parece haberse desarrollado en un solo día, "aquel mismo día, el primero de la semana" (Jn 20,19), mediante la efusión del Espíritu Santo (v. 22). Eso lo vive la Iglesia en la perspectiva litúrgica de "cincuenta días", del domingo de Pascua al de Pentecostés, siguiendo la presentación que hace San Lucas en el libro de los Hechos (primera lectura) .

Se diría que el pasaje del evangelio quiere subrayar la profunda unidad, aun temporal, de los dos aspectos del único y grandioso Misterio Pascual. Mientras que las otras dos lecturas subrayan algunas líneas que nos ayudan a profundizar especialmente en puntos más específicos del alegre anuncio de esta solemne liturgia de Pentecostés.

A la apertura universal de la primera lectura (Hech 2) se contrapone el sentido de ocultamiento que viven los discípulos en el evangelio de Juan: «Estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús» (Jn 20,19). Ellos no habían recibido aún el don del Espíritu, y parecen vivir la desorientación e inseguridad que experimenta muchas veces el creyente en su camino de fe. Pero, al mismo tiempo, el creyente es capaz de una profunda alegría a la vista del Señor resucitado, que lo sorprende en la fragilidad de su vida insegura y vacilante.

Es importante percibir la riqueza del don que Cristo resucitado hace a su Iglesia. Se pueden distinguir en él dos aspectos: el don de la paz y el del Espíritu Santo. "La paz esté con ustedes" es un saludo típicamente hebreo; pero en el contexto de la aparición de Jesús resucitado adquiere un nuevo sentido, puesto que expresa el cumplimiento del proyecto salvífico de Dios. No es solamente un deseo, sino la repetida afirmación de un hecho que es ya actual y plenamente realizado.

El don del Espíritu Santo quiere significar la plenitud de la presencia de Dios en la comunidad creyente, que se realiza precisamente por medio de la tercera persona de la Trinidad. Significa, en primer lugar, la capacidad inmediata de anunciar con decisión y con disponibilidad la muerte y resurrección de Jesús, don del Padre. En esta perspectiva de cumplimiento del don que Dios hace de sí mismo al ser humano, el discípulo llega a ser lugar de juicio y de misericordia: «A quienes perdonen los pecados les quedan perdonados...» .

La primera lectura ayuda a comprender mejor la riqueza de ese don divino, subrayando una característica importante del don del Espíritu: la universalidad; la cual se expresa primeramente en la multiplicidad de los lenguajes en que era comprendido el anuncio dado por los discípulos. Eso provocaba el estupor de quienes escuchaban, sobre todo al comprender que por medio de los discípulos de Jesús Dios se les comunicaba de un modo nuevo: «los oímos anunciar en nuestras lenguas las grandezas de Dios» (Hech 2,11).

La segunda lectura se refiere a un punto central del debate que vivía la comunidad de Corinto a propósito de los carismas. Lo primero que Pablo subraya es que «nadie puede decir 'Jesús es Señor' sino bajo la acción del Espíritu» (1 Co 12,3). La unidad en el Espíritu es, pues, el criterio fundamental para verificar la autenticidad de los múltiples dones en que es rica la Iglesia, y esa multiplicidad de dones se da a la Iglesia para utilidad común (v. 11).

¡Que el Señor resucitado nos llene hoy de especial manera con el don de su Espíritu, para que podamos compartir la riqueza de nuestra fe con quienes nos rodean!

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

SI ALGUIEN TUVIERA UN AMIGO...

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