
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
Esta misa se dice en la tarde del sábado, ya sea antes o después de las primeras vísperas del domingo de Pentecostés.
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Rom 5,5; 8,11 |
El amor a Dios ha sido infundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que habita en nosotros. Aleluya.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Dios eterno y todopoderoso, haz brillar sobre nosotros tu salvación y concédenos que Cristo, luz de luz, encienda los corazones de quienes hemos renacido a una nueva vida, con el fuego del Espíritu Santo. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
El Señor bajó al monte Sinaí a la vista del pueblo.
Del libro del Éxodo: 19,3-8.16-20
En aquellos días, Moisés subió al monte Sinaí para hablar con Dios. El Señor lo llamó desde el monte y le dijo: "Esto dirás a la casa de Jacob, esto anunciarás a los hijos de Israel:
'Ustedes han visto cómo castigué a los egipcios y de qué manera los he levantado a ustedes sobre alas de águila y los he traído a mí. Ahora bien, si escuchan mi voz y guardan mi alianza, serán mi especial tesoro entre todos los pueblos, aunque toda la tierra es mía. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada'. Éstas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel".
Moisés convocó entonces a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había mandado. Todo el pueblo, a una, respondió: "Haremos cuanto ha dicho el Señor".
Al rayar el alba del tercer día, hubo truenos y relámpagos; una densa nube cubrió el monte y se escuchó un fragoroso resonar de trompetas. Esto hizo temblar al pueblo, que estaba en el campamento. Moisés hizo salir al pueblo para ir al encuentro de Dios; pero la gente se detuvo al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en medio del fuego. Salía humo como de un horno y todo el monte retemblaba con violencia. El sonido de las trompetas se hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba y Dios le respondía con truenos. El Señor bajó a la cumbre del monte y le dijo a Moisés que subiera.
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 103 |
R/. Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.
Bendice al Señor, alma mía;
Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R/.
¡Qué numerosas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con maestría!
La tierra está llena de tus creaturas.
Bendice al Señor, alma mía. R/.
Todos los vivientes aguardan
que les des de comer a su tiempo;
les das el alimento y lo recogen,
abres tu mano y se sacian de bienes. R/.
Si retiras tu aliento,
toda creatura muere y vuelve al polvo.
Pero envías tu espíritu, que da vida,
y renuevas el aspecto de la tierra. R/.
SEGUNDA LECTURA
El Espíritu intercede por nosotros con gemidos que no pueden erpresarse.
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 8,22-27
Hermanos: Sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.
Porque ya es nuestra la salvación, pero su plenitud es todavía objeto de esperanza. Esperar lo que ya se posee no es tener esperanza, porque, ¿cómo se puede esperar lo que ya se posee? En cambio, si esperamos algo que todavía no poseemos, tenemos que esperarlo con paciencia.
El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen.
Palabra de Dios.
| ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO |
R/. Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor. R/.
EVANGELIO
Brotarán ríos de agua que da la vida.
+ Del santo Evangelio según san Juan: 28,16-20
El último día de la fiesta, que era el más solemne, exclamó Jesús en voz alta: "El que tenga sed, que venga a mí; y beba, aquel que cree en mí. Como dice la Escritura: Del corazón del que cree en mí brotarán ríos de agua viva".
Al decir esto, se refería al Espíritu Santo que habían de recibir los que creyeran en él, pues aún no había venido el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que tu Espíritu santificador descienda, Señor, sobre estos dones e inunde de amor a tu Iglesia para que ésta pueda ser, en medio del mundo, tu signo y tu instrumento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio propio, pág. 30
Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio. Si se usa la plegaria eucarística II o III, se dice Acuérdate o Atiende propio.
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Jn 7,37 |
El último día de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó: El que tenga sed, que venga a mí y beba. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que el sacramento que hemos recibido, nos comunique, Señor, el fuego del Espíritu Santo que infundiste a tus Apóstoles el día de Pentecostés. Por Jesucristo, nuestro Señor.
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sab 1,7 |
El Espíritu del Señor ha llenado toda la tierra; él da unidad a todas las cosas y se hace comprender en todas las lenguas. Aleluya.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia extendida por todas las naciones, concede al mundo entero los dones del Espíritu Santo y continúa realizando entre los fieles la unidad y el amor de la primitiva Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 2,1-11
El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducía a expresarse.
En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.
Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: '¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay medos, partos y elamitas; otros vivimos en Mesopotamia, Judea Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene. Algunos somos visitantes, venidos de Roma, judíos y prosélitos; también hay cretenses y árabes. Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 103 |
R/. Envía, Señor, tu Espíritu a renovar la tierra. Aleluya.
Bendice al Señor, alma mía;
Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
¡Qué numerosas son tus obras, Señor!
La tierra llena está de tus creaturas. R/.
Si retiras tu aliento,
toda creatura muere y vuelve al polvo;
pero envías tu espíritu, que da vida,
y renuevas el aspecto de la tierra. R/.
Que Dios sea glorificado para siempre
y se goce en sus creaturas.
Ojalá que le agraden mis palabras
y yo me alegraré en el Señor. R/.
SEGUNDA LECTURA
Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 12,3-7.12-13
Hermanos: Nadie puede llamar a Jesús "Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo.
En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.
Palabra de Dios.
SECUENCIA
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| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO |
R/. Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor. R/.
EVANGELIO
Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo: Reciban el Espíritu Santo.
+ Del santo Evangelio según san Juan: 20,19-23
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor, que el Espíritu Santo nos haga comprender mejor, según la promesa de tu Hijo, el misterio de este sacrificio y toda la profundidad del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tú, para llevar a su plenitud el misterio pascual, has enviado hoy al Espíritu Santo sobre aquellos a quienes adoptaste como hijos al injertarlos en Cristo, tu Unigénito.
Este mismo Espíritu fue quien, al nacer la Iglesia, reveló a todos los pueblos el misterio de Dios y unió la diversidad de las lenguas en la confesión de una misma fe.
Por eso, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo. . .
Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio. Si se usa la plegaria eucarística II o III, se dice Acuérdate o Atiende propio.
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Hech 2,4.11 |
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban las maravillas de Dios. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor, tú que nos concedes participar de la vida divina por medio de tus sacramentos, conserva en nosotros el don de tu amor y la presencia viva del Espíritu Santo, para que esta comunión nos ayude a obtener nuestra salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Para despedir al pueblo, el diácono o el mismo sacerdote dice:
Pueden ir en paz. Aleluya, aleluya.
R/. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya.
Un viento que levanta
y renueva
"Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos...", leemos en el evangelio de este domingo. Estos hombres, que conocieron de cerca a Jesús, que vivieron con él (Cfr. Jn 1,39), que fueron llamados por el mismo Jesús y se les confiaron los secretos del Reino (Cfr. Jn 15,15), están ahora encerrados y llenos de miedo. A pesar del encierro, Jesús irrumpe en la habitación y se presenta en medio de sus discípulos. No hay regaño, no hay reproche; puras palabras de aliento: "La paz esté con ustedes". Este hombre que entra sin anunciarse, que atraviesa paredes... ¿es el mismo Jesús que conocieron sus discípulos? Sí. Y para que no quede duda, Jesús les muestra las manos y el costado. La alegría de los discípulos no se puede contener: ¡Jesús está vivo! Del miedo a los judíos ni quién se acuerde. Jesús les vuelve a decir: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Ellos pasan de ser discípulos a ser apóstoles (enviados). 'Pero, ¿cómo?, ¿nosotros que nos llenamos de miedo y nos acobardamos tanto?', se pudieron haber preguntado los discípulos. Jesús sabe de los miedos y cobardías de sus discípulos, pero no le importa, porque les ha traído un don maravilloso, un viento que levanta y renueva, el Espíritu Santo: "sopló sobre ellos y les dijo: 'Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar"'.
En esta fiesta de Pentecostés, digamos juntos: ¡Ven, Espíritu Santo!. Levántanos porque a veces estamos caídos y llenos de miedo. Renuévanos, porque a veces estamos encerrados en nosotros mismos... "Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y proclamaban las maravillas de Dios. Aleluya" rezamos en la Antífona de la Comunión. Ojalá que estas palabras se queden en nuestro corazón y las hagamos vida.
* 1ª lectura: Hechos 2,1-11
La fiesta de Pentecostés era una fiesta judía conocida como "fiesta de las semanas" (Ex 34,22; Núm 28,26) o "fiesta de la cosecha" (Ex 23,16; Núm 28,26), que se celebraba siete semanas después de la pascua y que en algunos ambientes judíos en época tardía se celebraban las grandes alianzas de Dios con su pueblo, particularmente la del Sinaí relacionada con el don de la Ley.
Aunque Lucas no habla de una reunión cultual, no sería extraño que imaginara a los creyentes aquel día en oración, esperando la venida del Espírítu, de la misma forma que Jesús estaba orando cuando el Espíritu bajó sobre él en el Bautismo (Lc 3,21). No obstante que los discípulos estaban a la espera del cumplimiento de la promesa de Jesús, el evento ocurre "de repente", en forma imprevisible y repentina. Es una forma de subrayar que se trata de una manifestación divina.
El ruido llega "del cielo", es decir, del lugar de la trascendencia, desde Dios, y es como el rumor de una ráfaga de viento impetuoso. Tanto en hebreo como en griego, espíritu y viento se expresan con la misma palabra (hebreo: ruah; griego: pneuma). Utilizando el símbolo del viento, Lucas quiere describir el descenso del Espíritu Santo como poder y dinamismo (Cfr Ez 37; Jn 20,22). Lucas se sirve también de otro elemento cósmico: el fuego, que es símbolo de Dios como fuerza irresistible y trascendente (Cfr Deut 4,24; Is 30,27; 33,14).
El evento extraordinario, expresado simbólicamente en los vv. 2-3, se explicita en el v. 4: "se llenaron todos del Espíritu Santo". Dios mismo llena con su poder a todos los presentes, que adquieren una tal capacidad de comunicación, que en cierto modo elimina la antigua confusión de lenguas en Babel (Gén 11). Se inaugura una nueva experiencia religiosa en la historia de la humanidad: la misión universal de la Iglesia, llamada a anunciar el Evangelio de Cristo de forma inteligible y con la fuerza del Espíritu a todos los pueblos de la tierra.
* 2a lectura: 1 Corintios 12,3-7.12-13
Pablo asegura que la proclamación del señorío de Jesús es fruto de la acción del Espíritu, que parece ser el criterio decisivo para discernir la autenticidad de los carismas que suscita en la comunidad el Espíritu. A continuación Pablo afirma que los carismas, aunque son variados en su manitestación, tienen un único origen divino y son otorgados para el enriquecimiento de la comunidad (vv.3-7).
En los vv. 12-13 Pablo desarrolla otro argumento, utilizando la imagen del cuerpo: la Iglesia, unida a Cristo, es como un organismo vivo, en el que hay diversidad de miembros que actúan interrelacionadamente, pero al interior de la unidad de "un solo cuerpo", la comunidad de los bautizados a los que se les "ha dado a beber del mismo Espíritu".
* 3a lectura: Juan 20,19-23
Jesús vuelve a estar en medio de los suyos, como lo había prometido. Atraviesa las barreras externas (las puertas) e internas (el miedo). Comunica a los discípulos cuatro dones fundamentales: la paz, el gozo, la misión, y el Espíritu Santo.
La paz (el shalom) y el gozo (la járis) son dones que acompañarán la fe y sostendrán la misión, que tiene como origen y modelo la misión de Jesús. Para la realización de la misión Jesús les concede el don del Espíritu. En el texto sobresale el tema de la nueva creación. Jesús "sopló sobre ellos", como Dios en el momento de la creación del ser humano (Cfr Gén 2,7; Sab 15,11). El gesto y la palabra de Jesús se colocan en relación directa con el anuncio que de él había hecho Juan Bautista, indicando que bautizaría en el Espíritu Santo (Cfr Jn 1,32-33).
Jesús resucitado comunica el Espíritu que hace renacer al hombre (Cfr Jn 3,3-8), concediéndole compartir su misma vida divina. Su soplo sobre los discípulos infunde en ellos la vida eterna: "Así como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a quien él quiere dársela" (Jn 5,21). Aunque Juan aquí no llama al Espíritu con el término joánico "Paráclito", hay que tener en cuenta que su acción abarca, además de los diversos aspectos anunciados en los discursos de despedida (Cfr Jn 14,16-26; 15,26; 16,7), el nuevo nacimiento que da acceso al Reino (Cfr Jn 3,5-6); la verdadera adoración al Padre (Cfr Jn 4,23); el poder de vivificar (Cfr Jn 6,63) y el don de la vida (Cfr Jn 7,37-38).
Con el don del Espíritu, el Señor resucitado inicia una nueva creación, de la que Jesús describió su primer efecto en el nacer de nuevo o de lo alto, es decir del perdón, justamente a través del soplo del Espíritu (Cfr Jn 3,3). El Resucitado confía ahora la mediación del perdón a la comunidad de sus discípulos. Con el don del Espíritu, los discípulos quedan investidos para la misión, que extenderá a la humanidad de todo tiempo y lugar la alianza realizada por Jesús. Esta escena joánica, como la del capítulo 2 de los Hechos, inaugura el tiempo de la Iglesia que Juan, a diferencia de Lucas, hace coincidir cronológicamente con el mismo día de Pascua.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
FINAL GLORIOSO DE LA PASCUA
"Pentecostés" significa "quincuagésimo": el día que hace el número de la plenitud, el 50, siete semanas de siete días, más uno. Los judíos, a los 50 días de su salida de Egipto, sellaron la Alianza con Dios en el Sinaí. La comunidad cristiana, a los 50 días de la Pascua de Cristo (su paso o éxodo a la Nueva Vida) recibió el don del Espiritu que la transformó totalmente. Para nosotros termina hoy la Pascua, esa "primavera" espiritual que hemos vivido gozándonos del triunfo de Cristo y ahora de su mejor don, el Espíritu.
En las Misas "vigiliares" las lecturas son variadas, sobre todo del Antiguo Testamento, preparando la comprensión del misterio de Pentecostés. Aquí comentamos sólo las lecturas de las Misas del día.
En estas Misas cuidamos diversos detalles especiales: los cantos específicos que hablan del Espíritu, la hermosa secuencia antes del evangelio (de ser posible cantada), la bendición solemne y expresiva, el "pueden ir en paz" con doble aleluya; si parece bien, el canto del "Regina Coeli" a la Virgen (como se puede hacer en la Vigilia Pascual) y, en la última Misa del domingo (o al final de Vísperas, en las comunidades religiosas), el gesto simbólico de apagar el Cirio, y en las parroquias trasladarlo al Baptisterio.
EL ESPIRITU, ALMA DE LA COMUNIDAD ECLESIAL
El Espíritu fue el mejor Don que el Resucitado hizo a su comunidad, entonces y ahora.
El evangelista Juan lo cuenta del mismo día de Pascua: apareciéndoles aquella tarde, los llenó de gozo y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo". Mientras que Lucas, en los Hechos, sitúa este acontecimiento de la donación del Espíritu a los 50 días de la Pascua: "se llenaron todos del Espíritu Santo".
¡Qué transformación más admirable la que el Espíritu produjo en aquellos primeros discípulos! De un grupo callado los convirtió en evangelizadores. A una comunidad llena de miedo, la llenó de valentía y de ilusión. Los hizo conocer la verdad. Los llenó de alegría. Pablo les dice a los corintios que es ese mismo Espíritu quien enriquece a la comunidad con sus carismas y sus ministerios: una riqueza variada, dentro de la unidad que él mismo produce.
El mismo Espíritu que, aleteando sobre las aguas primordiales (Génesis) las llenó de vida, el que obró en el seno de María de Nazaret y la hizo Madre del Hijo de Dios, el que resucitó a Jesús de la tumba, es el que ahora llena de vida a la primera comunidad.
El prefacio de hoy -que también proclamaremos con énfasis y pausa- da gracias a Dios por este don del Espíritu que sigue siendo también ahora, en el siglo XXI alma de la Iglesia: "Este mismo Espíritu fue quien, al nacer la Iglesia, reveló a todos los pueblos el misterio de Dios y unió la diversidad de las lenguas en la confesión de una misma fe".
TAMBIÉN HOY SIGUE ACTUANDO EL ESPÍRITU
El Espíritu sigue actuando en la comunidad, en la Iglesia: él es quien nos enseña y nos mueve a orar con una renovada liturgia y una espiritualidad más biblica, quien nos ayuda a profundizar en el conocimiento teológico de la Historia de la Salvación, quien promueve nuevos movimientos y carismas que se van adaptando a la historia y la quieren transformar, quien suscita admirables ejemplos de amor y sacrificio -hasta el martirio- en muchísimos cristianos de todo el mundo, quien estimula las iniciativas a favor de la unidad y de la creatividad en la vida de la Iglesia y en su relación con las demás confesiones cristianas...
Si Cristo nos transmitió una misión ("Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo"), nos dio también su ayuda mejor: su Espíritu. Es el Espíritu que nos conduce a la verdad plena, a la unidad, al amor concreto, y también -en el evangelio de hoy se manifiesta especialmente- el perdón y la reconciliación de parte de Dios.
Cada uno de nosotros deberíamos sentirnos "habitados" por ese mismo Espíritu, que también va suscitando en nosotros, muchas veces en contra de las tendencias de este mundo, la voluntad de vivir conforme a Cristo, y nos da fuerzas para colaborar en la construcción de un mundo mejor. Sobre todo porque hemos recibido la Confirmación, el sacramento "del don del Espíritu", nos debemos sentir movidos por él, que es fuego, luz, aire fresco, agua cristalina...
Haríamos bien en leer por nuestra cuenta -por ejemplo después de comulgar- la secuencia de hoy, pidiéndole con fe al Espíritu que nos conceda todo lo que esa hermosa oración pide.
J. ALDAZÁBAL
Cuando describe el misterioso acontecimiento de la venida del Espíritu, San Lucas menciona repetidamente el sentimiento de "estupor" y maravilla que sobrecogía a quienes lo presenciaron: (Hch 2,6-7). Pues el mismo sentimiento lo tenemos también nosotros al considerar de nuevo y al hacer presente aquel acontecimiento, con todo su significado y toda su fuerza, en nuestra celebración litúrgica. No se dan ahora los signos exteriores: el viento impetuoso y las lenguas de fuego; pero el Espíritu se comunica de nuevo a todos los que creen en Cristo resucitado. Ése es el fruto más maduro de la resurrección del Señor.
Dos cosas parecen especialmente significativas en el relato del acontecimiento de Pentecostés que hace San Lucas. La primera es el paralelo que quiere marcar este evangelista con el pacto de la alianza ocurrido en el Sinaí. La segunda es la novedad de este inmenso pueblo de Dios («partos, medos, elamitas...»), que nace del poder creador del Espíritu y que está compuesto por habitantes de toda la tierra, más allá de cualquier barrera de lengua y de raza.
Parece evidente la referencia a la escena del Sinaí, donde hubo también una escena de sacudidas, de estruendo, de llamas ardientes y fuego (Cf. Ex 19,18-19). Este lenguaje imaginativo puede tener un valor más teológico que histórico. Significa la trascendencia e inaccesibilidad de Dios; el cual, a pesar de todo, se acerca al ser humano para renovarlo y transfigurarlo. Todo contacto con Dios deja las huellas de su paso; como el fuego que quema y purifica, o como el trueno, que arrastra tras de sí los ecos de su explosión.
De ese modo, con esas alusiones a la teofanía del Sinaí, Lucas parece haber querido indicar la inauguración del nuevo pacto de Dios con su pueblo. De hecho, ya en Israel la fiesta de las siete semanas (siete semanas=50 días=pentecostés) había adquirido el significado de celebración de la alianza y del don de la ley que Dios había dado a su pueblo.
Pero, si hay una analogía de situaciones, el significado y el contenido de la nueva alianza de Dios con su pueblo son completamente diversos. Aquí no se proclama ninguna nueva ley, sino que se da el Espíritu. De ese modo, el Espíritu Santo es la nueva ley del cristiano: desde dentro, en la dulzura y en el amor, Él le dice a cada uno lo que está bien y lo que está mal, y le da fuerza para cumplirlo. Dios está presente a su pueblo ya no mediante el don de una ley, sino mediante el don del "Espíritu de su Hijo" (Cf. Ga 4,6).
Por otra parte, el nuevo pueblo que Dios reune a su alrededor ya no es solamente Israel; estará formado por todas las naciones de la tierra. Por eso a Lucas le interesa presentar a los numerosos peregrinos que habían acudido a Jerusalén, como representantes de la universalidad de las naciones que Dios llama a la salvación mediante el anuncio hecho por los apóstoles, a quienes ha "colmado de su Espíritu".
La fuerza unificadora del Espíritu para hacer de la Iglesia el "cuerpo de Cristo" es puesta de relieve en la segunda lectura. Hablando de los "carismas", de aquellos dones prodigiosos que Dios había suscitado en la comunidad de Corinto, San Pablo se preocupa por regular su uso, de manera que sirvieran realmente para "construir" la Iglesia y no para provocar la desunión. Junto a la multiplicidad, el apóstol subraya el esfuerzo por la unidad: «a cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común» (1 Co 12,7).
Que el Señor nos llene abundantemente de su Espíritu, mientras hacemos presente el misterio de Pentecostés en nuestra celebración de la Eucaristía.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
¡VEN, ESPÍRITU SANTO!
Y LLÉNANOS DE TUS DONES.