Solemnidad de
SAN PEDRO Y SAN PABLO
29 de junio 2008, Ciclo A

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Orientaciones para la celebración     Proyecto de homilía     Dios Hoy




Pedro y Pablo poseen temperamentos diferentes y líneas también muy distintas. La forma como ambos encontraron al Señor ha marcado su apostolado, y el genio de Pablo es incomparable en el cristianismo. Pero ambos coinciden en la profundiblad de su fe y en su amor fervoroso a Cristo. Pedro dice al Señor: "Señor, tú bien sabes que le amo" . Pablo, por su parte. "Para mí, el vivir es Cristo". Ambos derramaron su sangre en Roma en estas fechas. Pedro, el año 64; Pablo, el 67.

Misa vespertina de la vigilia

Esta misa se utiliza la tarde del 28 de junio, antes o después de las primeras vísperas de la solemnidad.

Casulla_Blanca

ANTÍFONA DE ENTRADA      

Celebremos con alegría la fiesta de san Pedro, el príncipe de los Apóstoles, y de san Pablo, el Apóstol de los gentiles, porque ellos nos trasmitieron el Evangelio de Cristo.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que quisiste confiar a tus santos Apóstoles, Pedro y Pablo, la misión de guiar y proteger los primeros pasos de tu Iglesia, concédenos, por su poderosa intercesión, la ayuda necesaria para alcanzar la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesús, camina.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 3,1-10

En aquel tiempo, Pedro y Juan subieron al templo para la oración vespertina, a eso de las tres de la tarde. Había allí en hombre lisiado de nacimiento, a quien diariamente llevaban y ponían ante la puerta llamada la "Herrnosa", para que pidiera limosna a los que entraban en el templo.

Aquel hombre, al ver a Pedro y a Juan cuando iban a entrar, les pidió limosna. Pedro y Juan fijaron en él los ojos y Pedro le dijo: "Míranos". El hombre se quedó mirándolos en espera de que le dieran algo. Entonces Pedro le dijo: "No tengo ni oro ni plata, pero te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesucristo nazareno, levántate y camina". Y, tomándolo de la mano, lo incorporó.

Al instante sus pies y sus tobillos adquirieron firmeza. De un salto se puso de pie, empezó a andar y entró con ellos al templo caminando, saltando y alabando a Dios.

Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, y al darse cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado junto a la puerta "Hermosa" del templo, quedaron llenos de miedo y no salían de su asombro por lo que había sucedido.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 18

R/. El mensaje del Señor resuena en toda la tierra.

Los cielos proclaman la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un día comunica su mensaje al otro día
y una noche se lo trasmite a la otra noche. R/.

Sin que pronuncien una palabra,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra llega su sonido
y su mensaje hasta el fin del mundo. R/.

SEGUNDA LECTURA

Dios me eligió desde el seno de mi madre.

De la carta del apóstol san Pablo a los gálatas: 1,11-20

Hermanos: Les hago saber que el Evangelio que he predicado, no proviene de los hombres, pues no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

Ciertamente ustedes han oído hablar de mi conducta anterior en el judaísmo, cuando yo perseguía encarnizadamente a la Iglesia de Dios, tratando de destruirla; deben saber que me distinguía en el judaísmo, entre los jóvenes de mi pueblo y de mi edad, porque los superaba en el celo por las tradiciones paternas.

Pero Dios me había elegido desde el seno de mi madre, y por su gracia me llamó. Un día quiso revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos. Inmediatamente, sin solicitar ningún consejo humano y sin ir siquiera a Jerusalén para ver a los apóstoles anteriores a mí, me trasladé a Arabia y después regresé a Damasco. Al cabo de tres años fui a Jerusalén, para ver a Pedro y estuve con él quince días. No vi a ningún otro de los apóstoles, excepto a Santiago, el pariente del Señor.

Y Dios es testigo de que no miento en lo que les escribo.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 21,17

R/. Aleluya, aleluya.

Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero. R/.

EVANGELIO

Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.

Del santo Evangelio según san Juan: 21,15-19

En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" El le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".

Por segunda vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" El le respondió: "Sí, Señor; tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Pastorea mis ovejas".

Por tercera vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: "Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis overas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras". Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: "Sígueme".
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que este santo sacrificio que vamos a ofrecerte en la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo, nos llene, Señor, de alegría, al comprender la infinita misericordia con que has querido perdonar nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio propio, pág. 74

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 21,15. 17

Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Señor, tú lo conoces todo; tú sabes que te amo.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Fortalece, Señor, a tus fieles, por medio de este sacramento y confírmanos en la verdad que nos ha trasmitido la predicación de los Apóstoles. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Casulla_Blanca
ANTÍFONA DE ENTRADA      

Demos gracias a Dios en esta festividad de san Pedro y san Pablo, que con su sangre fecundaron a la Iglesia, participaron de la pasión del Señor y se convirtieron en amigos suyos.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que nos llenas de santa alegría con la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de estos apóstoles, de quienes recibió el primer anuncio de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Ahora a sí estoy seguro de que el Señor envió a su ángel, para librarme de las manos de Herodes.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 12,1-11

En aquellos días, el rey Herodes mandó apresar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan, y viendo que eso agradaba a los judíos, también hizo apresar a Pedro. Esto sucedió durante los días de la fiesta de los panes Ázimos. Después de apresarlo, lo hizo encarcelar y lo puso bajo la vigilancia de cuatro turnos de guardia, de cuatro soldados cada turno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel, la comunidad no cesaba de orar a Dios por él.

La noche anterior al día en que Herodes iba a hacerlo comparecer ante el pueblo, Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas y los centinelas cuidaban la puerta de la prisión. De pronto apareció el ángel del Señor y el calabozo se llenó de luz. El ángel tocó a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: "Levántate pronto". Entonces las cadenas que le sujetaban las manos se le cayeron. El ángel le dijo: "Cíñete la túnica y ponte las sandalias", y Pedro obedeció. Después le dijo: "Ponte el manto y sígueme". Pedro salió detrás de él, sin saber si era verdad o no lo que el ángel hacía, y le parecía más bien que estaba soñando. Pasaron el primero y el segundo puesto de guardia y llegaron a la puerta de hierro que daba a la calle. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y caminaron hasta la esquina de la calle y de pronto el ángel desapareció.

Entonces, Pedro se dio cuenta de lo que pasaba y dijo: "Ahora sí estoy seguro de que el Señor envió a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de todo cuanto el pueblo judío esperaba que me hicieran".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 33

R/. El Señor me libró de todos mis temores.

Bendeciré al Señor a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor,
que se alegre su pueblo al escucharlo. R/.

Proclamemos la grandeza del Señor
y alabemos todos juntos su poder.
Cuando acudí al Señor, me hizo caso
y me libró de todos mis temores. R/.

Confía en el Señor y saltarás de gusto,
jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres
y los libra de todas sus angustias. R/.

Junto a aquellos que temen al Señor
el ángel del Señor acampa y los protege.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Dichoso el hombre que se refugia en él. R/.

SEGUNDA LECTURA

Ahora solo espero la corona merecida.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo: 4,6-8.17-18

Querido hermano: Ha llegado para mí la hora del sacrificio y se acerca el momento de mi partida. He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día, y no solamente a mí, sino a todos aquellos que esperan con amor su glorioso advenimiento.

Cuando todos me abandonaron, el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, por mí medio, se proclamara claramente el mensaje de salvación y lo oyeran todos los paganos. Y fui librado de las fauces del león. El Señor me seguirá librando de todos los peligros y me llevará sano y salvo a su Reino celestial.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO 16,18

R/. Aleluya, aleluya.

Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella, dice el Señor. R/.

EVANGELIO

Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos.

Del santo Evangelio según san Mateo: 16,13-19

+ En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas".

Luego les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".

Jesús le dijo entonces: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, los dones que te presentamos y, por intercesión de san Pedro y san Pablo, concédenos celebrar este sacrificio íntimamente unidos a ti en la fe y en el amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque la fiesta de tus santos Apóstoles nos llena de júbilo. Pedro es nuestro guía en la fe que profesamos; Pablo, expositor preclaro de tus misterios. Pedro consolidó la Iglesia primitiva con los israelitas que creyeron; Pablo fue preceptor y maestro de los paganos, que Dios quería llamar a su Iglesia.

Así, después de haber congregado por caminos diversos a la familia de Cristo, esa misma familia los asocia ahora en su veneración con una sola corona.

Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos, proclamando sin cesar:

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN 16,16.18

Dijo Pedro a Jesús: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Tú que nos has alimentado con esta Eucaristía, haz, Señor, que la participación perseverante en el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, y la fidelidad a la doctrina de los apóstoles nos conserven unidos en tu amor. por Jesucristo, nuestro Señor.

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Pedro y Pablo

Y SOBRE ESTA PIEDRA...

Son dos las preguntas que hace Jesús a sus discípulos en el evangelio de hoy:

1) "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?"

2) "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?"

Podemos pensar que Jesús oye distraídamente el informe sobre lo que dicen los demás: "que eres Juan el Bautista... Elías... Jeremías...". Luego se detiene y le interesa más la respuesta de la propia fe: '¿Quién soy yo para ti? ¿Qué represento a tus ojos? ¿Cuánto cuento en tu vida?' Pedro toma la palabra y le dice: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".

Es muy difícil describir lo que debió haber sentido Pedro en aquel momento: quien lo ha llamado, quien le ha confiado una empresa, quien le ha ofrecido una amistad, es el Hijo del verdadero Dios. Cuanto había escuchado en las predicaciones, en la sinagoga; toda la realidad de Dios que había conocido, las teofanías del pasado, las intervenciones extraordinarias de Yahvé en medio del pueblo elegido... toda la historia sagrada está delante de él. Dios, el Señor de los ejércitos, el Santo, el Bendito, el que creó los cielos y la tierra, está delante de Pedro en Jesús. Se trata de una experiencia única, estupenda, fundante; en la que Jesús le revela a Pedro su verdadera identidad: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". Simón, ciertamente, no fue elegido por ser la mejor piedra, la más sólida. La pasión demostrará que no es así. No es Pedro el que edifica la Iglesia, sino el Señor, que quiere servirse de esas piedras tan frágiles que somos los hombres. De todas formas también nosotros sumamos a la de Pedro nuestras pequeñas piedras.

En esta solemnidad de san Pedro y san Pablo, sería bueno preguntarnos: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Qué es la Iglesia? ¿Cómo vivo mi fe en Jesús?

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Hechos 12,1-11

La escena se sitúa durante los días de los Ázimos. Es, pues, la semana de Pascua. El ambiente pascual, tanto de la antigua como de la nueva Alianza, se nota casi en cada frase. La intención que tiene Herodes de hacer daño afecta a la Iglesia como colectivo. Recuerda al pueblo de Dios esclavo de Egipto.

La comunidad (que es toda la Iglesia y no sólo un grupo) no cesaba de oral a Dios por él. Es el grito del pueblo lo que llega a Dios, y Dios lo escucha y baja a liberar a Pedro.

La noche anterior recuerda la noche de Pascua, antes de salir de Egipto. La forma de ataviarse y "las prisas" también hacen pensar en aquella noche que los judíos comieron el cordero pascual: Ciñete la túnica y ponte las sandalias.

El argel del Señor, indicando la presencia misma del Señor, actualiza el acompañamiento que Dios hacía a su pueblo al salir de Egipto. En efecto, no se trata "de una aparición más", sino de "el ángel" (así, con artículo determinado).

A todo esto. hay que añadir que en el texto resuena como trasfondo el episodio de Emaús. Así como los dos discípulos no reconocen a Jesús hasta que parte el pan, y entonces él desaparece, con Pedro pasa lo mismo: al principio, Pedro salió detrás de él, sin saber si era verdad o no lo que el ángel hacía. Una vez que Pedro está fuera, liberado, el ángel desaparece y Pedro se dio cuenta de lo que pasaba reconociendo y confesando lo que el Señor había hecho por él.

* 2ª lectura: 2 Timoteo 4,6-8.17-18

Pablo resume su vida al servicio del anuncio del mensaje a todos los paganos, de manera rápida con tres imágenes insinuadas: la ofrenda sobre el altar, la partida por un viaje, el buen combate en el estadio. Las tres imágenes remiten, por otros textos de cartas, al "testimonio de la fe realizado con la propia vida". Donde el texto litúrgico traduce: "se acerca el momento de mi partida", el texto griego dice: "ha llegado el momento propicio para desatarme". Es una palabra con la misma raíz que la que después aparece en el evangelio.

Pablo ha entendido que la proclamación del Evangelio no se hace sólo con palabras. La "ofrenda" se refiere a la "sangre derramada" y, en primera instancia, hace pensar en la sangre de Jesús en la cruz, la sangre que hace morir (invalida) el documento que nos condenaba: la ley. "El combate de la fe'', probablemente se refiere a la misma dinámica: es la fe en Jesucristo y no la ley, la que nos salva. Por eso los paganos también pueden escuchar y acoger el Evangelio. ¿La liberación/desatadura, no se sitúa en el mismo plano? ¡Seguramente sí!

Fui librado de las fauces del león. Simboliza, ya desde el Antiguo Testamento, el mal que se quiere infligir a los fieles del Señor y representa, en última instancia, al diablo, no tanto como "opuesto" a Dios, sino más bien, como aquel que intenta impedir que los creyentes puedan profundizar y hacer crecer su fe.

No es necesario forzar el texto y buscarle una relación directa con el encarcelamiento de Pablo en Jerusalén (Hech 20-21 ) o en Roma (Hech 28).

* 3ª lectura: Mateo 16,13-19

Este texto ha sido considerado como el centro del evangelio de Mateo, tanto por su situación (la mitad del libro) como por su contenido (la confesión de Pedro). Ahora bien, hoy sólo leemos la pregunta de Jesús a los discípulos, la contestación de los discípulos, la respuesta de Pedro y las palabras de Jesús a Pedro. Con todo, esta escena forma una unidad indisociable con los versículos que vienen a continuación (vv. 20-23) en los que Jesús anuncia su pasión, muerte y resurrección. Seguramente, el evangelista quería puntualizar "qué tipo de Mesías" es Jesús para sus discípulos actuales. No es extraño, pues, que a continuación del episodio en Cesarea venga la transfiguración, un segundo anuncio de la pasión y toda la temática del c. 18, sobre el valor de los pequeños y del perdón.

Estructuralmente hablando, el texto constituye un relato de "revelación" (esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos), con todo lo que implica en la persona que recibe la revelación: cambio de personalidad (Y yo te digo a ti que tú eres Pedro) en vistas a una misión (sobre esta piedra edificaré mi Iglesia), y a la realización de una promesa por parte de Dios (los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella). Un signo dará "credibilidad" a esta misión/promesa (todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo). El binomio "cielo-tierra", identificado en su realidad liberadora, inicia la irrupción definitiva de la vida divina entre los hombres. Por esto, Jesús es su manifestación perfecta. Así, situar a Jesús todavía en una antesala mesiánica (Juan Bautista, Elías, Jeremías) aleja la fe de la Bienaventuranza de la salvación (Dichoso tú, Simón, hijo de Juan). Según Mt 23,13, los fariseos no entran ni dejan entrar en el Reino del cielo. Ahora Pedro recibirá las llaves del Reino, para facilitar, como Iglesia viva, el acceso a todos los que quieran creer en Jesús.

J. RAMÓN MARIN

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Orientaciones para la celebración

Aprovechamos que este año celebramos en domingo la fiesta de san Pedro y san Pablo, para dar a este recuerdo todo su valor.

Desde hace muchos años, esta fiesta no es de precepto, entre nosotros. Pero no ha perdido, por ello, el entrañable significado que tiene para la comunidad eclesial: es una fiesta que apunta a nuestras raíces familiares, porque, por voluntad de Cristo, somos Iglesia "apostólica".

UN RETRATO RICO Y SUGERENTE

Entre la vigilia y la fiesta, el Leccionario nos ofrece seis lecturas, que nos dan un retrato muy rico de los dos apóstoles.

En la vigilia leemos cómo Pedro es nombrado pastor universal de la Iglesia (tercera lectura) y cómo después cura a un inválido, en nombre de Jesús (primera). El poder mesiánico de Jesús continúa en su Iglesia, con paralelos claros: Pedro usa las mismas palabras que Jesús había utilizado varias veces, "levántate y camina". Pablo es elegido para su misión entre las naciones, en conexión con los de Jerusalén, sobre todo con Pedro (segunda).

En el evangelio de la fiesta, Pedro confiesa su fe en Cristo ("tú eres el Mesías") y recibe el ministerio de las llaves en la comunidad ("tú eres Pedro"). Es también el protagonista de la segunda lectura, cuando es liberado de la prisión, en la proximidad de la Pascua, en otro paralelismo con el Señor. Al igual que también Pablo triunfa sobre la soledad y el dolor (como Jesús en el huerto de Getsemaní) con la confianza puesta en Dios y con una actitud de "libación sacrificial" de su propia vida a Dios.

SOMOS IGLESIA APOSTÓLICA

Hoy celebramos el testimonio hasta la muerte de los apóstoles. No porque murieran juntos, sino porque desde siempre la comunidad unió su recuerdo, viéndolos como las dos columnas de la Iglesia.

Al recordarlos hoy, celebramos, a la vez, nuestra propia identidad de comunidad fundada visiblemente en el ministerio de Pedro ("sobre esta piedra edificaré mi Iglesia") y de Pablo, el misionero de las naciones paganas.

Se podría decir que hoy es la fiesta del origen de la comunidad cristiana: "quisiste confiar a tus santos apóstoles, Pedro y Pablo, la misión de guiar y proteger los primeros pasos de tu Iglesia" (oración de la vigilia), "de quienes recibió el primer anuncio de la fe" (oración de la fiesta). Hoy, al proclamar el Credo, podemos subrayar más lo de "creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica".

DIFERENTES Y COMPLEMENTARIOS

Pedro y Pablo se prestan a comparaciones. El prefacio ofrece estas pinceladas: "Pedro es nuestro guía en la fe que profesamos; Pablo, expositor preclaro de tus misterios. Pedro consolidó la Iglesia primitiva con los israelitas que creyeron; Pablo fue preceptor y maestro de los paganos, que Dios quería llamar a su Iglesia".

No convendría exagerar el contraste. Pedro y Pablo no se pueden entender, por ejemplo, como símbolos de "autoridad" y "carisma": entre otras cosas, porque también Pedro fue un auténtico carismático, y Pablo, un defensor de la autoridad. Ni se puede decir que uno es particularista y el otro universal: fue Pedro el que antes que Pablo, admitió a la primera familia pagana, la de Cornelio, a la fe de Cristo.

Hay que presentarlos como diferentes, pero complementarios. Uno trabajó más entre los judíos. Otro, entre los paganos. Ambos tuvieron virtudes admirables y defectos muy humanos. Los dos, con temperamento distinto, tuvieron un mismo amor a Cristo y dieron testimonio de él hasta el final. Como sigue diciendo el prefacio: "Así, después de haber congregado por caminos diversos a la familia de Cristo, esa misma familia los asocia ahora en su veneración con una sola corona".

SENTIDO DE IGLESIA

Hoy debería crecer nuestro sentido de Iglesia, de una Iglesia como la ha querido Cristo: en este caso, fundada sobre los apóstoles y sucesores, el Papa y los Obispos.

Esto no se nos recuerda tanto en sentido apologético, sino teológico. Aceptamos al Papa y a los Obispos, no porque valen mucho y son muy sabios y aciertan en todo (ojalá sea verdad todo esto), sino por motivos teológicos. Cristo ha querido una Iglesia "apostólica": ha pensado salvar a la humanidad a través de una comunidad que se basa visiblemente en el ministerio de estos apóstoles y en unas estructuras que no son superfluas.

Nuestra Eucaristía, por ejemplo, se celebra en comunión eclesial: por eso nombramos en su Plegaria central al Papa y a nuestro Obispo. No somos un grupo aislado: cada comunidad local es la realización concreta de la Iglesia universal, edificada sobre los apóstoles y sus sucesores.

Y también debemos aprender la lección del pluralismo: Pedro y Pablo tenían rasgos diferentes y una historia muy desigual, con sus defectos y fallas; pero ambos amaron a Cristo Jesús y se dejaron conducir por su Espíritu y edificaron una única Iglesia. ¿No debemos imitarlos los que ahora formamos esta comunidad y queremos seguir su misión en el mundo de hoy?

J. ALDAZÁBAL

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Proyecto de homilía

La solemnidad de San Pedro y San Pablo es muy antigua; es más antigua en el santoral romano que la fiesta misma de Navidad. Eso nos da una idea de la veneración que se ha tenido siempre por estas dos grandes "columnas" de la Iglesia universal. El prefacio especial de la Misa de hoy resume hermosamente el papel y el significado de cada uno de estos dos apóstoles en el origen y en la vida de la Iglesia.

Simón era un pescador de Betsaida, en Galilea, que se había establecido más tarde en Cafarnaúm. Su hermano Andrés lo introduce en el número de quienes siguen a Jesús (Jn 1,42), y éste le cambia el nombre y lo llama "Roca", pues sobre su fe recuperada y fortalecida quiere que se cimente la comunidad de sus discípulos (Mt 16,18).

Después de que Pedro ha negado a Jesús la noche de la pasión (Mt 26,69-74), Jesús se vuelve y mira a Pedro. Éste recuerda lo que le había dicho el Señor unas horas antes y, arrepentido de su traición, se sale de la casa del sumo sacerdote y rompe a llorar amargamente. A orillas del Mar de Galilea, Jesús Resucitado le confirma a Pedro la misión de apacentar sus corderos y sus ovejas (Jn 21,15-17).

Después de la Ascensión, Pedro toma la dirección de la comunidad cristiana. El día de Pentecostes, impulsado por el Espíritu Santo, proclama las líneas programáticas de la Buena Nueva (Hch 2,14-40), y un poco más tarde es el primero en aceptar la necesidad de abrir la Iglesia a los paganos (Hch 10). Más tarde va a Roma, y allí con su sangre lleva a plenitud su misión, según se lo había anunciado el Señor (Jn 21,18-19).

A Pablo, quien había perseguido ferozmente a los discípulos de Jesús, le sale este al encuentro en el camino hacia Damasco. Pablo se convierte, de perseguidor, en instrumento elegido para llevar la Buena Nueva al mundo pagano. Recorre el Mediterráneo en cuatro o cinco viajes y establece en todo el derredor numerosas comunidades cristianas.

En su cuarto viaje llega a Roma, pero no en libertad, sino como prisionero que debe ser presentado ante el tribunal del emperador, y aprovecha las relativas facilidades que allí encuentra para estar en contacto con los cristianos de la ciudad y para escribir algunas de sus cartas. Años más tarde, de nuevo en Roma, es arrestado y encarcelado. Sufre el martirio alrededor del año 67.

La primera lectura nos refiere el encarcelamiento de San Pedro, en Jerusalén, no mucho tiempo después de la resurrección de Jesús. Pero la misión de Pedro no estaba terminada, y Lucas cuenta cómo Pedro fue milagrosamente liberado por la intervención de un ángel del Señor, mientras la comunidad cristiana oraba incesantemente por él. En el salmo responsorial bendecimos al Señor, que libera a sus amigos.

En la segunda lectura, San Pablo escribe a su discípuloTimoteo y le comunica los sentimientos que experimenta frente a la muerte que sabe cercana. No se siente una "víctima"; se compara más bien a la "libación" de aceite y vino que se derramaba sobre las víctimas. La "hostia" que él ofrece a Dios son las personas que ha conquistado para Cristo. Su propio ofrecimiento como libación viene a ser el signo de su entrega total al ministerio que Jesús le había confiado. - Pero también expresa Pablo su absoluta confianza en el Señor, quien lo seguirá librando y lo llevará al Reino celestial (2 Tm 4,18).

En el pasaje del evangelio recordamos la conocida escena de la ocasión en que Pedro, a nombre de los demás discípulos, reconoce por primera vez a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios. En respuesta, Jesús confiere a Pedro el "primado" en la comunidad de sus discípulos: él será la piedra sobre la que estará edificada la Iglesia, y para eso recibe Pedro las llaves del Reino de los cielos.

¡Que nuestra Eucaristía nos haga sentirnos, como Pedro y Pablo, preparados a imitar a Cristo crucificado y resucitado, y disponibles para el servicio a nuestros hermanos!

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

AL QUE ME RECONOZCA
DELANTE DE LOS HOMBRES...