DOMINGO DE PASCUA
DE LA RESURRECCION DEL SEÑOR
23 de marzo 2008, Ciclo A

Misa del día

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Proyecto de homilía     Dios Hoy





ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 138,18.5-6

He resucitado y viviré siempre contigo; has puesto tu mano sobre mí, tu sabiduría ha sido maravillosa. Aleluya.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que por medio de tu Hijo venciste a la muerte y nos has abierto las puertas de la vida eterna, concede a quienes celebramos hoy la Pascua de Resurrección, resucitar también a una nueva vida, renovados por la gracia del Espíritu Santo. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Hemos comido y bebido con Cristo resucitado.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 10,34.37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: "Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos. El nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 117

R/. Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel:
"Su misericordia es eterna". R/.

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho. R/.

La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente. R/.

SEGUNDA LECTURA **

Busquen los bienes del cielo donde está Cristo.

De la carta del apóstol san Pablo a los colosenses: 3,1-4

Hermanos: Puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.
Palabra de Dios.

O bien

Tiren la antigua levadura, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 5,6-8

Hermanos: ¿No saben ustedes que un poco de levadura hace fermentar toda la masa? Tiren la antigua levadura, para que sean ustedes una masa nueva, ya que son pan sin levadura, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado.

Celebremos, pues, la fiesta de la Pascua, no con la antigua levadura, que es de vicio y maldad, sino con el pan sin levadura, que es de sinceridad y verdad.
Palabra de Dios.

SECUENCIA

(Sólo el día de hoy es obligatoria; durante la octava es opcional).

  1. Ofrezcan los cristianos
    ofrendas de alabanza
    a gloria de la víctima
    propicia de la Pascua.

  2. Cordero sin pecado,
    que a las ovejas salva,
    a Dios y a los culpables
    unió con nueva alianza.

  3. Lucharon vida y muerte
    en singular batalla,
    y, muerto el que es la vida,
    triunfante se levanta.

  4. "¿Qué has visto de camino,
    María, en la mañana?"
    "A mi Señor glorioso,
    la tumba abandonada,
  1. los ángeles testigos,
    sudarios y mortaja.
    ¡Resucitó de veras
    mi amor y mi esperanza!

  2. Venid a Galilea,
    allí el Señor aguarda;
    allí veréis los suyos
    la gloria de la Pascua".

  3. Primicia de los muertos,
    sabemos por tu gracia
    que estás resucitado;
    la muerte en ti no manda.

  4. Rey vencedor, apiádate
    de la miseria humana
    y da a tus fieles parte
    en tu victoria santa.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Crf 1 Cor 5,7-8

R/. Aleluya, aleluya.

Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado;

celebremos, pues, la Pascua. R/.

EVANGELIO ***

Él debía resucitar de entre los muertos.

+ Del santo Evangelio según san Juan: 20,1-9

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto".

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entro también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.

O bien

Ha resucitado e irá delante de ustedes a Galilea.

+ Del santo Evangelio según san Mateo: 28,1-10

Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran temblor, porque el ángel del Señor bajó del cielo y acercándose al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima de ella. Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: "No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: 'Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán'. Eso es todo".

Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: "No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán".
Palabra del Señor.

O bien, en las misas vespertinas del domingo:

Quédate con nosotros, porque ya es tarde.

+ Del santo Evangelio según san Lucas: 24,13-35

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?"

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?" Él les preguntó: "¿Qué cosa?" Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?" Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él. Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Regocijados con la alegría de la Pascua, te ofrecemos, Señor, esta Eucaristía, mediante la cual tu Iglesia se renueva y alimenta de un modo admirable. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO DE PASCUA I

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este día, en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado.

Porque él es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida.

Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo. . .

Si se usa el Canon romano. se dice Reunidos en comunión y Acepta, Señor. Si se usa la plegaria eucarística II, se dice Acuérdate, Señor, y la intercesión particular. Si se usa la plegaria eucarística III, se dice la intercesión particular y Atiende los deseos.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN 1 Cor 5,7-8

Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado; celebremos, pues, la Pascua con una vida de rectitud y santidad. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, protege siempre a tu Iglesia con amor paterno, para que, renovada ya por los sacramentos de Pascua, pueda llegar a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Para despedir al pueblo, durante toda la octava se dice:

Pueden ir en paz, aleluya, aleluya.

R/. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.




Cristo

EN BUSCA DE JESÚS

Cuando uno pierde lo que más ama, aquello que da sentido a la vida, experimenta una terrible oscuridad; uno deja caer los brazos y no espera sino la muerte. Con María Magdalena no pasó esto. Ella, en medio de la oscuridad, sacó fuerzas para ir al sepulcro y buscar a Jesús.

Cuando llegó al sepulcro-nos dice el evangelio-, María Magdalena "vio removida la piedra que lo cerraba". Por supuesto que esto la desconcertó; por eso corrió a ver a Simón Pedro y a Juan y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto". Aquí tenemos dos discípulos más que buscan a Jesús. Los dos corrieron juntos al sepulcro, pero uno corrió más aprisa que el otro. El primero en llegar fue Juan, el discípulo amado, que miró los lienzos en el suelo, pero no entró. Poco más tarde, llegó Simón Pedro, que entró al sepulcro y contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, doblado en un sitio aparte. Una vez que entró Pedro, el otro discípulo que había llegado primero, entró, vio y creyó.

Lo que sorprende es que el evangelista no narra un encuentro explícito con Jesús resucitado. Lo que encuentran estos discípulos son sólo signos que los llevan a entender las Escrituras, "según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos".

En este domingo de Pascua de la Resurrección del Señor, podemos preguntarnos: ¿Qué tanto me esmero en buscar a Jesús? ¿Qué signos voy descubriendo en mi vida, que me hacen pensar y creer que Jesús ha resucitado? ¿Cómo podemos animar a otros a emprender esta búsqueda de Jesús resucitado? Jesús murió y resucitó: Jesús está vivo. Esta es nuestra fe y nuestro anuncio.




Notas exegéticas

* 1ª lectura: Hechos 10,34.37-43

En casa del centurión Cornelio, Pedro pronuncia un auténtico discurso karigmático. Inicia a partir de datos históricos conocidos por todos (v. 34), recordando especialmente el Bautismo de Jesús y su ministerio en Galilea (v. 38). A los datos históricos, añade la fuerza del testimonio personal: "Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén" (v. 39). Como conclusión de la historia terrena de Jesús, recuerda el hecho sangriento e injusto de la cruz: "lo mataron colgándolo de la cruz" (v. 39).

A continuación proclama que, en abierto contraste con la injusticia cometida por los hombres, Dios ha intervenido resucitando a Jesús: "Dios lo resucitó al tercer día" (v. 40). Éste es el gran anuncio de la novedad pascual. Dios ha hecho justicia a su Mesías, a sus opciones y a sus actos de liberación, glorificándolo a través de la resurrección. Después de refrendar nuevamente el anuncio con el testimonio personal: "nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos" (v. 41), el discurso kerigmático concluye con la proclamación del don de la salvación de Cristo: cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados" (v. 43).

* 2ª lectura: Colosenses 3,1-4

El autor de la Carta a los colosenses presenta el misterio pascual y la existencia cristiana en clave de exaltación, utilizando la simbología espacial que coloca el mundo de la trascendencia en lo alto y la existencia humana abajo. Ya que Cristo Resucitado está arriba", "sentado a la derecha de Dios", se exhorta a los bautizados, que "han resucitado con Cristo", a "poner todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierras".

El mundo de arriba es la condición gloriosa de Cristo, el hombre nuevo; la tierra indica el mundo de abajo, el hombre viejo. El bautizado ha muerto en Cristo al pecado y ha nacido a una vida nueva (Cfr Rom 6,2-7). su nueva existencia, sin embargo, está "escondida con Cristo en Dios", vivida y percibida sólo en la fe; pero un día se manifestará en toda su gloria junto al Cristo glorioso.

* 3ª lectura: Juan 20,1-9

El cuarto evangelio presenta la Resurrección a través de los signos de la presencia del Resucitado y por medio de los diversos encuentros de Cristo con sus discípulos. En la perspectiva joánica, los relatos pascuales representan la toma de conciencia progresiva en la comunidad de que la Cruz no ha sido un evento de derrota y de humillación, y de que la Resurrección es el inicio de la vuelta de Cristo al Padre y de su nueva presencia en medio de los suyos.

El primer día de la semana, María Magdalena va al sepulcro. A diferencia de los relatos de la tradición sinóptica, María va sola, no entra en la tumba, ni encuentra ángeles, ni recibe ningún anuncio. Solamente "vio removida la piedra que lo cerraba" (v. 1). Luego corre a llevar la noticia a Pedro y al discípulo amado (v. 2). Sus palabras: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto" (v. 2), no es todavía un verdadero anuncio pascual, pero es ya el primer dato que conmueve al grupo de Jesús aquella mañana y que empuja a los discípulos a confrontarse con algunos signos.

Pedro y el otro discípulo van corriendo al sepulcro. El cuarto evangelio subraya la importancia de los dos personajes en el momento inicial de la fe pascual. El testimonio de ambos adquiere una autoridad decisiva (Cfr Deut 19,15). "Iban corriendo juntos", pero cada uno vive en modo personal su experiencia de búsqueda de los signos visibles de la Resurrección .

El discípulo amado llega al sepulcro, ve pero no entra; después llega Pedro y constata que todo está en perfecto orden. El sepulcro, las vendas y el sudario son signos de que Jesús ha sido liberado de la muerte, aunque no constituyen una prueba en el pleno sentido de la palabra. Después entra el otro discípulo, "vio y creyó", o mejor, según un matiz posible de la forma verbal griega utilizada: "comenzó a creer". Se abre a la fe, a través de unos signos visibles. Es el primer paso hacia la fe plena en la resurrección del Señor.

El evangelista añade: "Hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos" (v. 9). Para llegar a la nueva comprensión de la Escritura, será necesario el encuentro con el Señor Resucitado y la recepción vital del don del Espíritu.

SILVIO JOSÉ BÁEZ




Orientaciones para la celebración

CINCUENTA DIAS DE FIESTA PARA LOS CRISTIANOS

Para muchos fieles la Misa de este domingo es la primera de la Pascua Por lo tanto, habrá que cuidar de modo especial la solemnidad de los cantos -¡del Gloria y del Aleluya!-, y la expresividad de las lecturas y la homilía. Este domingo es el más importante del año: los demás reciben su sentido de éste de la Pascua. Es bueno que su celebración adquiera un claro color de pregón festivo.

Esta noche pasada -es conveniente que en las Misas del domingo se aluda a la celebración principal del año- hemos encendido este Cirio pascual, símbolo de que creemos firmemente en la presencia del Resucitado en medio de nosotros. Esta noche pasada, en la Vigilia, hemos escuchado la mejor noticia que podemos oír: que el Espíritu de Dios ha resucitado a Cristo de la muerte y lo ha constituido para siempre en Salvador y Señor de nuestra historia.

Como segunda lectura recomendamos la de colosenses. Como evangelio se puede elegir el de Juan, con la visita de Magdalena, Pedro y Juan al sepulcro. O bien -sobre todo si la mayoría de los presentes no han celebrado la Vigilia- repetir el de la noche, de Mateo, en que el ángel asegura a las mujeres que Jesús ha resucitado. Para la Misa vespertina se ofrece mejor el de Lucas, con la hermosa escena de Emaús.

UNA COMUNIDAD "PASCUAL"

Durante estos ocho domingos de Pascua leemos como primera lectura el libro de los Hechos de los Apóstoles. Un libro que nos presenta delante, como para mirarnos al espejo, a la primera comunidad cristiana, que, en medio de dificultades y persecuciones, supo dar testimonio de la resurrección de Cristo Jesús en medio de una sociedad hostil. Fue, en verdad, una "comunidad pascual", guiada interiormente por el Espíritu y visiblemente por los ministros que Cristo puso en ella para animarla.

Hoy escuchamos el valiente testimonio de Pedro en casa del pagano Cornelio: la resurrección de Cristo Jesús.

Nosotros, los cristianos del siglo XXI, somos invitados en estas fiestas a ser testigos de Cristo Jesús en nuestra familia, en nuestra sociedad, en la vida profesional. Se nos invita a ser testigos como la Magdalena y las otras mujeres creyentes -que se convirtieron en "apóstoles de los apóstoles"- y como Pedro y los demás apóstoles. En alguna liturgia oriental, cuando se proclaman los Hechos de los Apóstoles en Misa, la conclusión es siempre la misma: "y la Palabra de Dios sigue creciendo, en esta Iglesia y en todas las Iglesias". Lo que hicieron valientemente aquellos primeros cristianos, lo debemos continuar ahora nosotros, en medio de una sociedad que no quiere probablemente escuchar este mensaje ni está muy dispuesta a hacerle caso.

NO ESTÁ AQUI; HA RESUCITADO

Lo que motiva esta nuestra fe y nuestro propósito de testimonio es la certeza que tenían los apóstoles, y que tenemos también nosotros, de la gran noticia de que "Dios resucitó a Jesús al tercer día", como dice Pedro en casa de Cornelio, o de que "buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado", como dice el ángel a las mujeres en el evangelio que se ha proclamado en la Vigilia de la pasada noche (que acabamos de proclamar).

También podemos adelantar solemnemente en la homilía lo que luego diremos en el prefacio con una expresiva pausa: "Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado... muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida".

BUSQUEN LOS BIENES DE ARRIBA

Los cincuenta días que van de hoy al día de Pentecostés los viviremos "como un solo y único día festivo, como un gran domingo". Ésta es la suerte que tenemos los cristianos. La Pascua de Cristo es también nuestra Pascua.

Esta fiesta de Pascua, prolongada durante siete semanas, debe tener consecuencias en nuestro estilo de vida. Pero Pablo nos dice que busquemos "los bienes de arriba" y no sólo los de acá abajo, como solemos hacer.

La vida "pascual" está hecha de novedad, de libertad interior, de alegría, de energía, de lucha contra el mal, de entrega por los demás, de clima de esperanza y fe. Es a eso a lo que nos mueve el Espíritu de Jesús Resucitado. Es ésa la gracia y la fuerza que nos quiere comunicar. Si celebrar Pascua fuera sólo pones flores o cantar aleluyas, sería fácil, y superficial. Celebrar Pascua es algo más.

En cuanto a las estaciones del año, es primavera (en nuestro hemisferio), con lo que significa de renovación de la vida. Pero para los cristianos debe ser primavera sobre todo en el sentido espiritual de la Pascua.

J. ALDAZÁBAL




Proyecto de homilía

Todo en las obras de Dios lleva el sello de lo maravilloso, pero eso vale en manera especial del misterio de la Pascua. Es lo que subraya, por ejemplo, el salmo responsorial (versículos tomados del Salmo 117), aplicado por la liturgia a la fiesta de hoy.

La alegría que inunda a la Iglesia en estos días santos es proporcionada a la "maravilla de las maravillas" que Dios ha realizado al resucitar a Cristo de entre los muertos. Porque Cristo es la piedra que desecharon los constructores"; pero Dios, que es un arquitecto más sabio que los hombres, lo ha puesto como piedra angular, para soportar el nuevo templo, formado por todos los redimidos, vencedores también ellos de la muerte junto con su Señor.

Mientras los hombres le habían decretado la muerte, Dios lo ha constituido "juez de vivos y muertos" (Hch 10,42), como el único en quien se puede obtener la salvación (Hch 4,12).

Este sentido de "estupor" lo percibimos también en el anuncio que hace Pedro en la casa del centurión Cornelio (primera lectura), después de aquella aparición celestial (Hch 10,10-16) que le había hecho comprender que el nuevo camino de la salvación estaba abierto también para los paganos. Pedro cuenta con admiración cómo Dios resucitó a Jesús y quiso que se apareciera a testigos preescogidos, los cuales "comieron y bebieron" con Él, cosa que confirma que Jesús ha resucitado verdaderamente. Pedro termina diciendo que «todo el que cree en Él alcanza, por su nombre, el perdón de los pecados». El poder de la resurrección de Jesús fermenta la historia y es como el juicio de Dios sobre los hombres. Se está "vivo" o "muerto" en la medida en que uno se deja transformar por la fuerza de esa vida nueva que hizo explosión en Cristo, cuando fue derribada la piedra que cerraba el sepulcro, como dirá también San Pablo en la segunda lectura.

Allí Pablo invita a los cristianos de Colosas a vivir a la luz de la resurrección. Si Cristo, resucitando de entre los muertos, abrió para Él mismo y para nosotros, que somos su cuerpo, las puertas del cielo y nos ha unido de nuevo con Dios, eso quiere decir que también nosotros nos debemos dejar transportar hacia lo alto. Existe ya una fuerza de levitación que nos impulsa hacia horizontes que están por encima de los horizontes puramente terrenos. Es importante vivir ya desde ahora como "hijos de la resurrección", arrastrando también a nuestros hermanos y a toda la realidad creada en este impulso de renovación.

La traducción más fiel de las primeras palabras de nuestro evangelio debería ser "el primer día de la semana" (y no "el primer día después del sábado"). Y la cosa tiene su importancia, porque "el primer día de la semana" es el primer día de la nueva creación, inaugurada con la resurrección de Cristo. Los cristianos dedicarán ese día al Señor glorificado, y por eso lo llamarán "dies dominica" (= domingo), "día del Señor".

María Magdalena, que había estado al pie de la cruz, después de haber esperado todo el sábado y la noche del día siguiente, va de madrugada al sepulcro. Es la primera mensajera del sepulcro vacío y da su mensaje a dos de los discípulos: a Pedro y al discípulo predilecto de Jesús.

Los dos actúan inmediatamente, San Juan dice que fueron de carrera, en una especie de competencia. Pedro es el jefe indiscutido del grupo de los doce; pero Juan es el discípulo amado de Jesús, e, impulsado por el amor (¿y por la fuerza de la juventud?), llega primero al sepulcro y es también el primero en creer.

El Señor resucitado se nos hace presente en nuestra celebración de la Eucaristía. Acojámoslo con fe y con la alegría que nos produce su triunfo, en el que también nosotros participamos.

CARLOS SOLTERO, S.J.






LA PALABRA DE DIOS HOY

EL SEPULCRO VACÍO