MIÉRCOLES DE CENIZA
25 de febrero 2009, Ciclo B

Propio     Comentario     Nota exegética     Orientaciones para la celebración

Proyecto de homilía     Dios Hoy




En la misa de este día se bendice y se impone la ceniza hecha de ramos de olivo o de otros árboles, bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior.

RITOS INICIALES Y LITURGIA DE LA PALABRA

Casulla Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Sab 11,24-25.27

Señor, tú tienes misericordia de todos y nunca odias a tus creaturas; borras los pecados de los hombres que se arrepienten y los perdonas, porque tú, Señor, eres nuestro Dios.

Se omite el acto penitencial, que es sustituido por el rito de la imposición de la ceniza.

ORACIÓN COLECTA

Que el día de ayuno con el que iniciamos, Señor, esta Cuaresma, sea el principio de una verdadera conversión a ti, y que nuestros actos de penitencia nos ayuden a vencer al espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Enluten su corazón y no sus vestidos.

Del libro del nrofeta Joel: 2,12-18

Esto dice el Señor: "Todavía es tiempo. Vuélvanse a mí de todo corazón, con ayunos, con lágrimas y llanto; enluten su corazón y no sus vestidos.

Vuélvanse al Señor su Dios, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en clemencia, y se conmueve ante la desgracia".

Quizá se arrepienta, se compadezca de nosotros y nos deje una bendición, que haga posibles las ofrendas y libaciones al Señor, nuestro Dios.

Toquen la trompeta en Sión, promulguen un ayuno, convoquen la asamblea, reunan al pueblo, santifiquen la reunión, junten a los ancianos, convoquen a los niños, aun a los niños de pecho. Que el recién casado deje su alcoba y su tálamo la recién casada.

Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: "Perdona, Señor, perdona a tu pueblo. No entregues tu heredad a la burla de las naciones". Que no digan los paganos: "¿Dónde está el Dios de Israel?".

Y el Señor se llenó de celo por su tierra y tuvo piedad de su pueblo.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 50

R/. Misericordia, Señor, hemos pecado.

Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor,
apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos
y purifícame de mis pecados. R/.

Puesto que reconozco mis culpas,
tengo siempre presentes mis pecados.
Contra ti solo pequé, Señor,
haciendo lo que a tus ojos era malo. R/.

Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu. R/.

Devuélveme tu salvación, que regocija,
y manten en mí un alma generosa.
Señor, abre mis labios
y cantará mi boca tu alabanza. R/.

SEGUNDA LECTURA

Aprovechen este tiempo favorable para reconciliarse con Dios.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios: 5,20--6,2

Hermanos: Somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es como si Dios mismo los exhortara a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se dejen reconciliar con Dios. Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo "pecado" por nosotros, para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos.

Como colaboradores que somos de Dios, los exhortamos a no echar su gracia en saco roto. Porque el Señor dice: En el tiempo favorable te escuché y en el día de la salvación te socorrí. Pues bien, ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de la salvación.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Sal 94,8

R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Hagámosle caso al Señor, que nos dice: "No endurezcan su corazón". R/.

EVANGELIO

Tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

+ Del santo Evangelio según san Mateo: 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará".
Palabra del Señor.

BENDICIÓN DE LA CENIZA

Después de la homilía, el sacerdote, de pie y con las manos juntas, dice:

Hermanos, pidamos humildemente a Dios Padre que bendiga con su gracia esta ceniza que, en señal de penitencia, vamos a imponer sobre nuestras cabezas.

Y después de un breve momento de oración en silencio, prosigue:

ORACIÓN

Tú que no quieres la muerte del pecador, sino su arrepentimiento, escucha, Señor, con bondad nuestras súplicas y bendice + esta ceniza que vamos a imponer sobre nuestra cabeza en reconocimiento de que somos polvo y al polvo hemos de volver, a fin de que el ejercicio de la penitencia cuaresmal nos obtenga el perdón de los pecados y una vida nueva a imagen de tu Hijo resucitado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

Y rocía la ceniza con agua bendita, sin decir nada.

IMPOSICIÓN DE LA CENIZA

Enseguida, el sacerdote impone la ceniza a todos los presentes que se acercan a él, y dice a cada uno:

Arrepiéntete y cree en el Evangelio. Mc 1,15

O bien:

Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver. Cfr. Gén 3,19

Mientras tanto, se entona un canto apropiado.

ANTÍFONA Cfr. Joel 2,13

Renovemos nuestra vida con un espíritu de humildad y penitencia; ayunemos y lloremos delante del Señor, porque la misericordia de nuestro Dios está siempre dispuesta a perdonar nuestros pecados.

OTRA ANTÍFONA Joel 2,17; Est 13,17

Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: Perdona, Señor, perdona a tu pueblo, y no cierres la boca de aquellos que te alaban.

OTRA ANTÍFONA Sal 50,3

Borra, Señor, mis pecados.

Esta antífona puede repetirse después de cada verso del Salmo 50, 'Por tu inmensa compasión y misericordia'.

RESPONSORIO Cfr. Bar 3,2

Renovémonos y reparemos los males que por ignorancia hemos cometido; no sea que, sorprendidos por el día de la muerte, busquemos, sin poder encontrarlo, el tiempo de hacer penitencia.

R/. Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti. Sal 78,9

Ven en nuestra ayuda, Dios y salvador nuestro; por el honor de tu nombre, líbranos, Señor. R/.

Terminada la imposición de la ceniza, el sacerdote se lava las manos.

La ceremonia termina con la oración universal o de los fieles.

No se dice Credo

LITURGIA EUCARÍSTICA

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, este sacrificio con el que iniciamos solemnemente la Cuaresma, y concédenos que por medio de las obras de caridad y penitencia, venzamos nuestros vicios y, libres de pecado, podamos unirnos mejor a la pasión de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio de Cuaresma III o IV

[...]

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 1,2-3

El que medita la ley del Señor día y noche, dará fruto a su tiempo.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que esta comunión abra, Señor, nuestro corazón a la justicia y a la caridad, para que observemos el único ayuno que tú quieres y que conduce a nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

La bendición e imposición de la ceniza pueden hacerse también sin misa. En este caso, conviene celebrar antes la liturgia de la Palabra, usando el canto de entrada, la oración colecta y las lecturas con sus cánticos, como en la misa. Enseguida se tienen la homilía y la bendición e imposición de la ceniza. La ceremonia se termina con la oración universal.

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Si tú quieres

CUARESMA

La Cuaresma es un verdadero sacramento -signo eficaz- de la salvación pascual: Cristo nos quiere comunicar, en este año concreto, su vida pascual. Cuarenta días de gracia en que somos invitados a una mayor oración y una escucha más atenta de su palabra, a recordar nuestro bautismo y a celebrar también nuestra reconciliación con Dios.

Es uno de los tiempos en que más urgentemente somos invitados a confrontar día tras día nuestra existencia con la palabra de Dios, para renovarnos de cara a la Pascua. Pidiendo y buscando la "metánoia", el cambio de mentalidad.

Cuaresma y Pascua forman un único movimiento: cuarenta días de camino hacia la cruz. Cincuenta días de camino hacia la plenitud del Espíritu. Por eso lo más importante de la Cuaresma es la Pascua. El paso a través de la cruz a la vida nueva.

A la Pascua que inauguró Cristo Jesús hace más de dos mil años, le falta que sea también Pascua nuestra, que nos configuremos a él en su camino pascual, con todas sus consecuencias. Como lo diría san Pablo: "Completo en mi cuerpo lo que le falta a la pasión de Cristo".

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Joel 2,12-18

No resulta fácil establecer con exactitud la época histórica en que vivió y desarrolló su ministerio el profeta Joel. Se proponen dos fechas probables: una, antes del exilio, en los últimos decenios del reino de Judá (finales del siglo VII); la otra, después de la vuelta del destierro, hacia el año 515 a.C. En el libro hay indicios a favor de las dos hipótesis.

Joel exhorta al pueblo a la conversión. La acción decisiva es volver al Señor con todo el corazón, el reto indica la modalidad: "con ayunos, con lágrimas y llanto"; se subraya que la auténtica conversión echa raíces en el cambio del corazón, no en los gestos exteriores de penitencia; la exhortación se apoya en los atributos del Dios de la alianza, que es "compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en clemencia". En el v. 14 resuena el "quizá" humilde del profeta (en hebreo: mi yodea', "quién sabe"), que deja todo en las manos de Dios, pues sabe que la conversión no es un proceso mecánico a través del cual el hombre puede disponer de Dios.

La duda profética desaparece con la invitación final a tocar la trompeta, proclamando un tiempo de penitencia general para todo el pueblo. La oración final probablemente refleja el temor que la comunidad judía postexílica tenía de perder la limitada autonomía religiosa y civil de que gozaba en el imperio persa.

* 2ª lectura: 2 Corintios 5,20--6,2

Pablo exhorta, como enviado de Cristo, a la reconciliación con Dios. Supone que la humanidad se encuentra en un estado de enemistad y de ruptura y, al mismo tiempo, proclama la iniciativa amorosa y gratuita de Dios que nos reconcilia consigo en Cristo. Dios ha hecho a Cristo solidario con la humanidad pecadora, para que por medio de él alcancemos la justificación. Al hombre corresponde acoger la gracia del perdón. Responder negativamente es hacer ineficaz la gracia que se ofrece a través del anuncio evangélico. Cuando Dios ofrece la reconciliación, acontece el "tiempo favorable" (en griego: el kairós), que no hay que dejar pasar, para no "echar su gracia en saco roto".

* 3ª lectura: Mateo 6,1-6.16-18

En la tradición bíblica, la "justicia" (griego: dikaiosyne) es un concepto amplio que desborda el ámbito de las relaciones sociales y llega a ser equivalente a religiosidad o vida de piedad. Se consideraba justo a quien vivía una relación "justa" con Dios en la totalidad de su existencia. La expresión "practicar la justicia", típica del evangelio de Mateo, designa la dimensión práctica de la religión, que es ejemplificada a través de tres obras de piedad del judaísmo de la época: la limosna (vv. 2-4), la oración (vv. 5-6) y el ayuno (vv. 16-18).

"Dar limosna" se había convertido, en algunos círculos fariseos, en una oportunidad para hacerse notar de los demás y ser tenidos por buenos. Servirse de la limosna para alcanzar prestigio personal, es anular su valor religioso y negar "la justicia" entendida como justa relación con Dios. Jesús propone, en cambio, una práctica religiosa centrada exclusivamente en el Padre, "que ve en lo secreto". La verdadera recompensa es la relación filial que se establece con el Padre a través de la práctica de la caridad.

La "oración", como momento privilegiado del encuentro con Dios, también era practicada en algunos ambientes judíos con el afán de ser admirados por los demás. Jesús opone al exhibicionismo de la oración hecha en "las esquinas de las plazas", una oración practicada en "tu cuarto" (en griego: tameion, un espacio interior de la propia casa) y con la puerta cerrada. Allí el discípulo "ora ante su Padre" . Lo decisivo en la oración es la relación de fe y amor con el Padre del cielo.

El "ayuno" público era previsto por la legislación judía en algunas fiestas religiosas importantes (Cfr. Lev 16,26-29; Zac 7,5); el ayuno privado era practicado por algunos grupos como medio para alcanzar el perdón de los pecados y usualmente en relación con la oración. Jesús no condena el ayuno en sí mismo, sino el hecho de practicarlo para ser vistos por los demás y obtener prestigio, deformando radicalmente su valor religioso . Como en los casos anteriores, también aquí lo esencial para Jesús es vivir una relación interior y genuina con el Padre que "ve lo secreto".

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

VOLVEMOS A EMPEZAR

Estamos muy acostumbrados a tener conciencia de empezar de nuevo, de empezar un nuevo "año litúrgico", cuando abrimos las puertas del Adviento. Este sentimiento de empezar algo de nuevo nos hace entrar en el Adviento con una particular sensación espiritual de disponibilidad ante del Señor y de deseo de tomar nuevo aliento para preparar y seguir los caminos del Señor. Y todo esto, no haría falta decirlo, está muy bien.

Ahora bien, cuando empezamos la Cuaresma, quizá nos falta, de alguna manera, este espíritu animador de novedad que nos dan los inicios de las cosas. De hecho, si algún momento de "volver a empezar" tenemos a lo largo del año litúrgico es el que nos ofrece el inicio de la Cuaresma, encabezada por la liturgia de hoy, del Miércoles de Ceniza.

Será bueno, por lo tanto, que todo ponga de manifiesto, dé la impresión y haga tomar conciencia de que nos hallamos en un inicio. Al igual que, cuando queremos renovar una casa, primero la dejamos con las paredes desnudas y luego la vamos embelleciendo y situando las cosas en su lugar, hoy también la misma iglesia tiene que mostrarse de esta manera: la dejamos con la desnudez de las cosas esenciales, con la austeridad y sobriedad de renunciar a toda ornamentación, porque también nosotros nos presentamos ante el Señor habiendo dejado fuera de nosotros todo lo superfluo, a fin de que Dios pueda volver a hacer "más fácilmente" con nosotros su obra.

SEMILLA Y COMPENDIO DE LA CUARESMA

Tenemos aquí otro aspecto que, hoy, debemos destacar. El Miércoles de Ceniza, con sus lecturas bíblicas, sus textos de oración, con sus ritos propios, se nos presenta como la síntesis de lo que será la Cuaresma y que después iremos desarrollando y viviendo a lo largo de los cuarenta días que nos separan de las fiestas pascuales.

El Miércoles de Ceniza nos llama a la conversión, a poner sólo en Dios nuestro corazón y nuestra mirada, nos hace tener presente qué prácticas concretas nos ayudarán, tanto por lo que respecta al alma como al cuerpo, a vivir con esta actitud, y nos recuerda quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. El Miércoles de Ceniza es como una semilla que, si la cuidamos bien, habrá dado todos sus frutos cuando lleguemos a la Pascua.

LA MISA DEL MIÉRCOLES DE CENIZA

Otro elemento que no podemos olvidar. Aunque el rito de la imposición de la Ceniza toma hoy mucho relieve -y es bueno que así sea-, debemos tener muy presente que empezamos la Cuaresma participando de la Eucaristía. Sólo en la Eucaristía encontramos la fuerza necesaria para hacer todo el esfuerzo espiritual que nos pedirá la Cuaresma. Esta Misa de hoy nos tiene que recordar que la Cuaresma nos tiene que hacer frecuentar, más allá de hacerlo sólo en domingo, la participación en la Eucaristía. La Eucaristía tiene que ser nuestro "viático", nuestro verdadero alimento para el camino cuaresmal. Es la Eucaristía la que, como decimos en la poscomunión, hace "que observemos el único ayuno que tú quieres, y que conduce a nuestra salvación".

LAS LECTURAS DE HOY

Quizás en los textos de las Sagradas Escrituras que escuchamos este Miércoles, después de haber pedido "que nuestros actos de penitencia nos ayuden a vencer al espíritu del mal" es donde hallamos la síntesis cuaresmal de este día:

1) Rasgarnos el corazón, abrirlo de par en par ante Dios para que él siembre la semilla de su palabra que todo lo renueva;

2) Reconocer nuestra débil condición de pecadores y rogar para que el Señor mismo nos saque de esta situación: "Misericordia, Señor... Por tu inmensa compasión... olvida mis ofensas... tengo siempre presentes mis pecados... Crea en mí, Señor, un corazón puro... y cantará mi boca tu alabanza";

3) un momento, o un tiempo sagrado, que Dios nos ofrece para reconciliarnos con él, para volver a vivir con plenitud los dones de la salvación, de la comunión con Dios;

4) Las prácticas "evangélicas" que nos ayudarán a vivir estas realidades de vida cristiana: la limosna, la oración y el ayuno.

LA CENIZA

La ceniza, su imposición sobre nuestras cabezas, toma hoy protagonismo. Y no sólo nos hace presente que empezamos la Cuaresma sino que nos lleva hasta aquellos momentos en los que todo empezó. La ceniza nos lleva hasta nuestra situación de creaturas salidas de las manos del Creador, quien nos modeló del barro de la tierra y nos dio la vida con el aliento de su Espíritu. La ceniza nos lleva a reconocer a Dios como creador, nos hace tener presente que Dios siempre recuerda que hemos sido hechos de barro, y hace que no olvidemos que volveremos al Creador, para devolverle, cuando nuestra ceniza retorne a la ceniza, el espíritu que de él habíamos recibido. La ceniza nos recuerda nuestros inicios, y el sentido de nuestros inicios, para que sepamos empezar los caminos de Cuaresma en manos de Dios, que nos ha creado, y en manos de Dios los proseguimos para ir comprendiendo mejor cada vez con qué amor nos ha redimido.

JOSÉ URDEIX

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Proyecto de homilía

"¡Déjense reconciliar con Dios!... Éste es el momento favorable, éste es el día de la salvación" (2 Co 5,20; 6,2). ";Conviértanse y crean en el evangelio!" (Mc 1,15). Con estas dos exhortaciones, la comunidad cristiana es invitada a acoger la acción misericordiosa de Dios y a reorientar la vida hacia Él. El rito de imposición de la ceniza puede considerarse como una especie de inscripción a un catecumenado Cuaresmal. Una acción de ingreso al estado de 'penitentes'. En los textos de la liturgia la penitencia se explicita en la práctica del ayuno.

Sobriedad, austeridad, privación del alimento... parecen anacrónicos en nuestra sociedad, que hace del bienestar y de la hartura un motivo de orgullo. Pero precisamente la saciedad es lo que suele hacernos insensibles a los llamados de Dios y a las necesidades de los demás.

Para el cristiano, el ayuno no es una proeza ascética ni una ostentación farisaica de justicia; es signo de disponibilidad frente a Dios y frente a su Palabra. Abstenerse del alimento es proclamar con hechos que una sola cosa es necesaria. Es realizar una acción profética frente a una civilización que de manera insidiosa y repetitiva nos presenta siempre nuevas necesidades y crea nuevas insatisfacciones. Tomar distancia de cosas de menor importancia o inútiles significa estar en búsqueda de lo esencial: confiar humildemente en el Señor, crear espacios de resonancia a la voz del Espíritu.

La calamidad que, en tiempos del profeta Joel (primera lectura), había caído sobre la tierra de Judá dio ocasión al profeta para invitar al pueblo a la conversión. Pero para esa conversión no bastan los ritos y expresiones exteriores; hace falta que se vuelva hacia Dios todo el ser humano, hasta lo más profundo del corazón. La oración que pronuncian los sacerdotes apela al vínculo de alianza con que el Señor ha querido unir consigo a su pueblo.

San Pablo presenta el ministerio eclesial como sacramento de la reconciliación (segunda lectura). la predicación es una exhortación y una súplica a acoger en la propia vida el don divino de la reconciliación; más aún, en la predicación resuena ya la palabra divina que nos reconcilia. Y al hablar de Dios como sujeto que realiza la reconciliación, Pablo menciona también a Cristo, como mediador en esa reconciliación del hombre pecador: en su muerte, sacrificio de expiación por los pecados, ejerce Él su función mediadora de salvación.

Las palabras de Jesús en el evangelio de Mateo nos recuerdan que el gusano de la vanidad, que empuja a la ostentación y a la hipocresía, le quitan a la virtud cristiana su desinterés y su pureza de intención, por la que se busca sólo a Dios. El que hace cosas buenas sólo para ser visto por otros se convierte en un comediante de la justicia, que solamente recita el papel de caritativo, de orante, de ayunador, en el escenario de su vanidad sin límites. No busca la justicia, se busca a sí mismo. Por eso, el consejo de Jesús a sus discípulos es que, si es posible, sólo Dios vea y sepa lo que hacen.

El rito de la ceniza forma parte de la celebración eucarística de hoy. Que nuestro encuentro sacramental con el Señor nos ayude a vivir en cada uno de estos días el espíritu de la Cuaresma.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

ÉSTE ES EL AYUNO QUE YO QUIERO

"Esto dice el Señor:
Me dicen todos los días:
'¿Para qué ayunamos, si tú no nos ves?
¿Para qué nos sacrificamos, si tú no te das por enterado?'
Es que el día en que ustedes ayunan,
encuentran la forma de hacer negocio
y oprimen a sus trabajadores.
Es que ayunan, sí,
para luego reñir y disputar,
para dar puñetazos sin piedad.
...

El ayuno que yo quiero de ti es éste,
que rompas las cadenas injustas
y levantes los yugos opresores;
que liberes a los oprimidos
y rompas todos los yugos;
que compartas el pan con el hambriento
y albergues a los pobres sin techo;
que vistas al que veas desnudo
y no des la espalda a tu propio hermano...
Entonces clamarás al Señor y te responderá;
lo llamarás y te dirá: 'Aquí estoy'. "
(Isaías, 58)

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