JUEVES SANTO
Misa vespertina de la Cena del Señor
09 de abril 2009, Ciclo B

Ultima_Cena

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Proyecto de homilía     Dios Hoy


Casulla Rojo


Según una antiquísima tradición de la Iglesia, en este día se prohiben todas las misas sin asistencia del pueblo.

En la tarde, a la hora más oportuna, se celebra la misa de la Cena del Señor, con la participación de toda la comunidad local y con la intervención, según su propio oficio, de todos los sacerdotes y ministros.

Los sacerdotes que hayan celebrado ya en la misa del Santo Crisma o por alguna razón pastoral, pueden concelebrar en la misa vespertina. Donde lo pida el bien de la comunidad, el Ordinario del lugar puede permitir que se celebre otra misa en la tarde en templos u oratorios públicos o semipúblicos; y en caso de verdadera necesidad, aun en la mañana, pero solamente en favor de los fieles que de ninguna manera puedan asistir a la misa de la tarde. Téngase cuidado, sin embargo, de que estas celebraciones no se hagan en provecho de personas particulares y de que no sean en perjuicio de la asistencia a la misa vespertina principal. La sagrada comunión se puede distribuir a los fieles sólo dentro de la misa; pero a los enfermos se les puede llevar a cualquier hora del día.

Los fieles que hayan comulgado en la mañana en la misa del Santo Crisma, pueden comulgar de nuevo en la misa de la tarde.

RITOS INICIALES Y LITURGIA DE LA PALABRA

1. El sagrario debe estar completamente vacío. Conságrense en esta misa suficientes hostias, de modo que alcancen para la comunión del clero y del pueblo, hoy y mañana.

2. ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Gál 6,14

Que nuestro único orgullo sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en él tenemos la salvación, la vida y la resurrección, y por él hemos sido salvados y redimidos.

3. Se dice Gloria. Mientras se canta este himno, se tocan las campanas. Terminado el canto, las campanas no vuelven a tocarse hasta la Vigilia Pascual, a no ser que la Conferencia Episcopal o el Ordinario dispongan otra cosa.

4. ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que nos has reunido para celebrar aquella Cena en la cual tu Hijo único, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno, sacramento de su amor, concédenos alcanzar por la participación en este sacramento, la plenitud del amor y de la vida. por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Prescripciones sobre la cena pascual.

Del libro del Éxodo: 12,1-8.11-14

En aquellos días, el Señor les dijo a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: "Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el principio del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: 'El día diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con los vecinos y elija un cordero adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.

Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán panes sin levadura y hierbas amargas. Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor.

Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados. Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les servirá de señal en las casas donde habitan ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto.

Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua' ".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 115

R/. Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

¿Cómo le pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Levantaré el cáliz de salvación
e invocaré el nombre del Señor. R/.

A los ojos del Señor es muy penoso
que mueran sus amigos.
De la muerte, Señor, me has librado,
a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava. R/.

Te ofreceré con gratitud un sacrificio
e invocaré tu nombre.
Cumpliré mis promesas al Señor
ante todo su pueblo. R/.

SEGUNDA LECTURA

Cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 11,23-26

Hermanos: yo recibí del Señor lo mismo que les he trasmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".

Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él".

Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 13,34

R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. R/.

EVANGELIO

Los amó hasta el extremo.

+ Del santo Evangelio según san Juan: 13,1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: "Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?" Jesús le replicó: "Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde". Pedro le dijo: 'Tú no me lavarás los pies jamás". Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tendrás parte conmigo". Entonces le dijo Simón Pedro: "En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza". Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos". Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: 'No todos están limpios'.

Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan".
Palabra del Señor.

5. En la homilía se exponen los grandes hechos que se recuerdan en esta misa, es decir la institución de la Sagrada Eucaristía y del Orden Sacerdotal y el mandato del Señor sobre la caridad fraterna. Después de la homilía, donde lo aconseje el bien pastoral, se lleva a cabo el lavatorio de los pies.

LAVATORIO DE LOS PIES

6. Los varones designados para el rito van, acompañados por los ministros, a ocupar los asientos preparados para ellos en un lugar visible. El celebrante, quitada la casulla si es necesario, se acerca a cada una de las personas designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca.

7. Mientras tanto, se canta alguna de las siguientes antífonas o algún canto apropiado.

ANTÍFONA PRIMERA Cfr. Jn 13,4.5.15

El Señor se levantó de la mesa, echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de sus discípulos para darles ejemplo.

Credo.

ANTÍFONA SEGUNDA Jn 13,6.7.8

Señor, ¿pretendes tú, lavarme a mí los pies?
Jesús le respondió:
Si no te lavo los pies, no tendrás nada que ver conmigo.
V. Fue Jesús hacia Simón Pedro y éste le dijo:
- Señor...
V. Lo que yo estoy haciendo, tú no lo entiendes ahora;
lo entenderás más tarde.
- Señor...

ANTÍFONA TERCERA Cfr. Jn 13,14

Si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, ¡con cuánta mayor razón ustedes deben lavarse los pies unos a otros!

ANTÍFONA CUARTA Jn 13, 35

En esto reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: en que se amen los unos a los otros.

V. Jesús dice a sus discípulos:
- En esto reconocerán todos...

ANTÍFONA QUINTA Jn 13,34

Este nuevo mandamiento les doy: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado, dice el Señor.

ANTÍFONA SEXTA 1 Cor 13,13

Que permanezcan en ustedes la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres virtudes es el amor.

V. Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres virtudes es el amor.
- Que permanezcan...

8. Inmediatamente después del lavatorio de los pies o, si éste no tuvo lugar, después de la homilía, se hace la Oración universal.

No se dice Credo

LITURGIA EUCARÍSTICA

9. Al comienzo de la Liturgia Eucarística, puede organizarse una procesión de los fieles, en la que se lleven dones para los pobres. Mientras tanto, se canta el siguiente himno Ubi caritas est vera (A Dios siempre lo encontramos donde hay amor) u otro cántico apropiado.

Ant. A Dios siempre lo encontramos donde hay amor.

El amor de Jesucristo nos ha unido, ha llenado nuestras almas de alegría. Abstengámonos, por lo tanto, de ofenderlo y aprendamos a encontrarlo en nuestro hermano.

Ant. A Dios siempre lo encontramos donde hay amor.

Ya que estamos en Cristo congregados, que ya nada pueda nunca separarnos. Cesen ya los rencores y las guerras, y que en Cristo nos miremos como hermanos.

Ant. A Dios siempre lo encontramos donde hay amor.

Haz que todos merezcamos en el cielo, con los ángeles y santos, ver tu rostro. Cumpliremos así todo nuestro anhelo, y darás a nuestras almas gozo eterno. Amén.

10. ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos el memorial de la muerte de tu Hijo, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

11. PREFACIO DE LA EUCARISTíA

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y fuente de salvación darte gracias y alabarte siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

El cual, verdadero y eterno sacerdote, al instituir el sacramento del sacrificio perdurable, se of recio a ti como víctima salvadora, y nos mandó que lo ofreciéramos como memorial suyo.

Cuando comemos su carne, inmolada por nosotros, quedamos fortalecidos; y cuando bebemos su sangre, derramada por nosotros, quedamos limpios de nuestros pecados.

Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...

Cuando se utiliza el Canon Romano, se dicen Reunidos en comunión, Acepta, Señor, en tu bondad y El cual, la víspera de su pasión propios.

Si se usan las Plegarias eucarísticas II o III, nótese la referencia que se hace de esta Misa.

12. ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN 1 Cor 11,24.25

Este es mi Cuerpo, que se da por ustedes. Este cáliz es la nueva alianza establecida por mi Sangre; cuantas veces lo beban, háganlo en memoria mía, dice el Señor.

13. Después de distribuir la comunión, se deja sobre el altar un copón con hostias para la comunión del día siguiente, y se termina la misa con esta oración.

14. ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, tú que nos permites disfrutar en esta vida de la Cena instituida por tu Hijo, concédenos participar también del banquete celestial en tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

TRASLACIÓN DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

15. Dicha la oración después de la comunión, el sacerdote, de pie ante el altar, pone incienso en el incensario y, arrodillado, inciensa tres veces al Santísimo Sacramento. Enseguida recibe el paño de hombros, toma en sus manos el copón y lo cubre con las extremidades del paño.

16. Se forma entonces la procesión para llevar al Santísimo Sacramento a través del templo, hasta el sitio donde se le va a guardar. Va adelante un acólito con la cruz alta; otros acólitos acompañan al Santísimo Sacramento con ciriales e incienso. El lugar de depósito debe estar preparado en alguna capilla convenientemente adornada. Durante la procesión, se canta el himno "Pange Lingua" (excepto las dos últimas estrofas) o algún otro canto eucarístico.

17. Al llegar la procesión al lugar donde va a depositarse el Santísimo Sacramento, el sacerdote deposita el copón y, poniendo de nuevo incienso en el incensario, lo inciensa arrodillado, mientras se canta la parte final del himno "Tantum ergo". Enseguida se cierra el tabernáculo o la urna del depósito.

18. Después de unos momentos de adoración en silencio, el sacerdote y los ministros hacen genuflexión y vuelven a la sacristía.

19. Enseguida se desnuda el altar y, si es posible, se quitan del templo las cruces. Si algunas no se pueden quitar, es conveniente que queden cubiertas con un velo.

20. Quienes asistieron a la misa vespertina no están obligados a rezar Vísperas.

21. Exhórtese a los fieles, según las circunstancias y costumbres del lugar, a dedicar alguna parte de su tiempo, en la noche, a la adoración delante del Santísimo Sacramento. Esta adoración, después de la media noche, hágase sin solemnidad.

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De Ramos

LAVATORIO-PIES SERVICIO/SEÑORIO

El lavado de los pies era un servicio que se hacía para mostrar acogida y hospitalidad o deferencia. De ordinario, lo hacía un esclavo no judío o una mujer, la esposa a su marido, los hijos al padre. Al ponerse Jesús, Dios entre los hombres, a los pies de sus discípulos, destruye la idea de Dios creada por la religión.

Dios no actúa como soberano celeste, sino como servidor del hombre. El trabajo de Dios en favor del hombre no se hace desde arriba, como limosna, sino desde abajo, levantando al hombre al propio nivel, al nivel de libre y señor. El servicio de Jesús crea la igualdad, eliminando todo rango. En la sociedad que Jesús funda son todos señores por ser todos servidores. Por la práctica del servicio mutuo los discípulos deben crear condiciones de igualdad y libertad entre los hombres.

Pedro ha comprendido que la acción de Jesús invierte el orden de valores admitido. Reconoce la diferencia entre Jesús y él y la subraya para mostrar su desaprobación. Interpreta el gesto en clave de humildad. Tiene a Jesús por un Mesías que debe ocupar el trono de Israel, por eso no acepta su servicio. Él es súbdito, no admite la igualdad. No acepta en absoluto que Jesús se abaje; cada uno ha de ocupar su puesto. Pedro cree que la desigualdad es legítima y necesaria. Pero si no admite la igualdad no puede estar con Jesús. Hay que aceptar que no haya jefes sino servidores. La reacción de Pedro en el v. 9 muestra su adhesión personal a Jesús, pero por ser voluntad del jefe, no por convicción. Al ofrecerse a que le lave las manos y la cabeza, Pedro piensa que el lavado es purificatorio y condición para ser admitido por Jesús. Juzgaba inadmisible la acción como servicio; como rito religioso se presta a ella. Jesús corrige también esta interpretación. El término "limpios" pone esta escena en relación con la de Caná, donde se mencionaban las purificaciones de los judíos. La necesidad de purificación, característica de la religión judía, significaba la precariedad de la relación con Dios, interrumpida por cualquier contaminación legal. Jesús había anunciado allí el fin de las purificaciones y de la Ley misma.

Ahora excluye todo sentido purificatorio de su gesto. Un discípulo sólo necesita que le laven los pies, es decir, que le muestren el amor, dándole dignidad y libertad. Jesús quiere evitar que se interprete erróneamente su gesto, como un simple acto de humildad. Con su acción Jesús ha mostrado su actitud interior, la de un amor que no excluye a nadie. El señorío de Jesús es una fuerza que desde el interior del hombre lo lleva a la expansión. No acapara, sino que se desarrolla. Esta es la norma válida para todo tiempo.

DABAR 1983, 22

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Éxodo 12,1-8.11-14

El rito de la Pascua fue originariamente una fiesta de pastores seminómadas durante la primavera, cuando las tribus partían en busca de nuevos pastos. Era una forma de congraciarse con la divinidad para obtener su protección a través del sacrificio propiciatorio de un cordero, que se inmolaba por la noche y con cuya sangre se rociaban los postes de las tiendas, para proteger a hombres y animales del ataque de los espíritus malignos (Cfr. Ex 12,7).

Algunos de los rasgos pastoriles todavía se pueden percibir en el relato de Exodo 12: se inmola el cordero "al atardecer" (v. 6), cuando regresan los pastores al campamento en la noche más brillante del mes; la comida se acompaña de pan sin fermentar, alimento propio de los pastores, y de verduras amargas provenientes del desierto, que se utilizaban como especias (v. 8). También los detalles de la vestimenta y el atuendo se ajustan a esa época antigua de la fiesta (v. 11). Se come "a toda prisa" (v. 11), porque aquella comida marcaba el inicio de un viaje necesario.

Este rito fue puesto en relación con un evento histórico desde el día en que un grupo de hebreos, al mando de Moisés, escapó de Egipto, en una noche de luna llena allá por el año 1250 a. C. Israel asumió la antigua fiesta de pastores nómadas y le dio un nuevo sentido. Se convirtió en el memorial del gran acto liberador de Dios a favor de Israel: "es la Pascua, es decir, el paso del Señor" (v. 11). Aquel día los Israelitas "lo celebrarán como fiesta en honor del Señor" (Ex 12,14).

* 2ª lectura: 1 Corintios 11,23-26

Pablo afronta la escandalosa situación de la Iglesia de Corinto, en donde los más pudientes y ricos, en el contexto de la Cena del Señor, consumían con espíritu individualista suculentas comidas, mientras había otros que no tenían nada que comer. El problema no era simplemente ético. Para Pablo significaba desprecio "a la asamblea de Dios" (1 Cor 11,22). Donde no hay solidaridad ni fraternidad, no hay Iglesia y, por lo tanto, aquello ya no era la Cena del Señor (Cfr. 1 Cor 11,20).

A propósito de esta problemática, Pablo trae a la memoria la Ultima Cena de Jesús: "Yo recibí del Señor lo mismo que les he transmitido a ustedes" (v. 23). Aquel evento está en el origen del sacramento eucarístico y presenta un significado totalmente opuesto a la situación comunitaria que se vivía en Corinto. El pan y el vino son un signo real y eficaz de Jesús, que se entrega a la muerte por la salvación de todos en un acto extremo de amor y solidaridad hacia la humanidad.

La comunidad cristiana, obediente al mandamiento del Señor, repite el mismo gesto de la Última Cena: "Hagan esto en memoria mía" (vv. 24-25). De este modo, inserta misteriosamente en su misma dinámica de amor, participa eficazmente del evento salvador de la muerte de Jesús.

* 3ª lectura: Juan 13,1-15

Con Juan 13 se inicia la segunda parte del Cuarto Evangelio, centrada en el regreso de Jesús al Padre (Cfr. Jn 13,1.3; 14,2.28). Para el evangelista se trata de la narración del amor de Jesús por los suyos manifestado "hasta el extremo" (en griego: eis teléios, "hasta el final'') (v. 1), frase que puede indicar tanto intensidad como duración: hasta el extremo del amor (Jn 15,13: "Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos") o hasta el final de su existencia, es decir, hasta el último instante en que entregará el espíritu en la cruz (Cfr. Jn 19,30).

El lavatorio de los pies a los discípulos no es un rito de purificación. Hay que interpretarlo a la luz de la entera existencia de Jesús. Se trata de una "acción simbólica", al estilo de los antiguos profetas de Israel (Cfr. Jer 27). Tal gesto sólo se podrá entender después (Jn 13,7), es decir, a la luz del Misterio Pascual de muerte y resurrección.

En Juan, el lavatorio de los pies sustituye, en cierto modo, a la institución de la Eucaristía. Ambos gestos simbolizan el don de sí mismo que Jesús está a punto de realizar. Los dos muestran el sentido último de la entrega y del sacrificio de Jesús por amor a los hombres. El lavar los pies a los discípulos, al igual que el de la Eucaristía, al ser gestos anticipatorios del sacrificio de amor de Jesús, son auténticos "dones" que engendran y posibilitan el comportamiento futuro de los discípulos.

Xavier Léon-Dufour habla, en efecto, de las "dos memorias" del cristiano: la memoria existencial (el lavatorio de los pies) y la memoria cultual (la Eucaristía) . La frase eucarística "Hagan esto en memoria mía", se transforma aquí en "Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan" (v. 15). Dos consignas de Jesús que lo harán presente en medio de los suyos después de la Pascua. En el ámbito cultual, a través del pan y del vino; en la vida cotidiana, a través de la disponibilidad efectiva para vivir al servicio de los otros, sin reservas y exentos de toda voluntad de dominio y de poder.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

LOS ACENTOS DEL DÍA

La celebración de este anochecer nos sitúa junto al Señor para compartir con él, estos días y a lo largo de la vida, su pasión, muerte y resurrección. Con san Pablo, podemos decir que queremos tener "los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús" (Flp 2,5).

La conmemoración de la cena del Señor con los apóstoles condensa diversos elementos básicos de la vida cristiana: la Eucaristía, el ministerio-servicio a la comunidad y la caridad (amar a los que Dios ama y como Dios los ama).

En la Eucaristía, siempre, no sólo hoy, se realiza sacramentalmente esta vinculación indisoluble que hay entre los diversos elementos que constituyen la vida cristiana. La Eucaristía es la confesión de fe en la Redención que Jesucristo nos ha obtenido, y quiere expresar cómo se funda y mantiene la comunidad de los discípulos, la comunidad que vive al servicio de la comunión entre los hombres y mujeres que constituyen su propia sociedad. Así hace viva y actuante, en la cotidianidad, la redención de Cristo para todos.

Dicho esto, es preciso añadir que la celebración de este día, que es importante, no debe tomar un relieve excesivo. Estamos justo en el prólogo de la Pascua. Conviene, pues, que dosifiquemos las "fuerzas" celebrativas y que los elementos más festivos los guardemos para la Vigilia Pascual.

RITOS ESPECIALES DEL DÍA

Algunos de los acentos de esta celebración pueden ser subrayados mediante ritos que, o bien son propios sólo de hoy, o bien hoy pueden tomar relieve.

En los lugares donde es tradición hacer el rito del lavatorio de pies, bueno será conservarlo. Es expresivo, no sólo como representación escénica de lo que habremos escuchado en el evangelio, que nos ayudará a contemplar al Señor Jesús, que nos ha amado hasta el extremo. Sino también como expresión del papel de cada uno en la comunidad: quien preside la comunidad en la persona de Jesucristo es el primero que tiene que ponerse, humildemente, al servicio discreto de la comunidad. Y todos los que, por el Bautismo, somos otro Cristo, debemos ponernos, humildemente, al servicio discreto de la comunidad humana, de los hombres y mujeres que constituyen la sociedad concreta en la que vivimos: "Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan".

Otro rito que también hoy puede tomar relieve, tanto si es habitual como si no, es la colecta en el ofertorio. Pero si lo hacemos, no debemos dejarnos llevar por el pragmatismo de hacer la colecta mientras vamos haciendo otras cosas, como la preparación de la mesa y la presentación de las ofrendas de pan y vino (o, incluso, mientras empezamos la Plegaria eucarística), como si la comunión de bienes de los cristianos fuese una cuestión puramente administrativa. Si queremos dar sentido a la colecta, es decir, al acto de compartir realmente los bienes, no lo podemos hacer de cualquier manera. Conviene dedicarle el tiempo necesario. Y este rito puede estar acompañado por un canto en el que se exprese el valor del amor fraterno, por ejemplo. Y que los bienes recogidos sean presentados al altar junto al pan y al vino.

Finalmente, hoy toma relieve lo que es habitual muchos domingos al acabar la Misa: la reserva del pan eucarístico en el sagrario. Hoy hacemos la reserva para poder comulgar en la celebración de mañana. Por otra parte, si hoy la acentuamos es para continuar dando relieve a la Eucaristía, cuya institución hemos conmemorado. Así también invitamos a permanecer en oración ante el Santísimo, en actitud de vigilia, acompañando a Jesús, y de contemplación de lo que estamos celebrando.

NOTAS PARA LA HOMILIA

* Jesús tiene la iniciativa en el amor a los "suyos": "sabiendo Jesús...", "habiendo amado a los suyos... Ios amó hasta el extremo". No pone condiciones previas.

* La acción de lavar los pies evoca algunas palabras de Jesús: "Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve" (Lc 22,27); "su Señor... se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá" (Lc 12,37). Y evoca, sobre todo, lo que ha sido su vida, en la que ha ocupado, siempre, el lugar del sirviente.

* Pedro nos representa en la dificultad que tenemos para aceptar que Dios asuma la condición humana, débil y limitada. De entrada preferimos a un Dios lejano, que no entre en nuestra casa. Porque aceptar como "Señor" a quien ocupa el lugar del sirviente supone "tener parte con él", con todas las consecuencias: compartir su vida, su muerte y su resurrección.

* La expresión "lo que acabo de hacer con ustedes" indica lo que tiene que ser la vida del discípulo: dejarse modelar según Jesús, amar como él y dar la vida como él. Debemos tener presente que el contexto de una cena tiene significado: se comparten unas ideas, se entra en comunión de sentimientos... Jesús nos propone vivir en plena comunión con él. No quiere que lo tengamos sólo como modelo de conducta.

Será bueno, en cualquier caso, que la homilía invite a la oración, a la intimidad con el Señor, que nos ama hasta el extremo.

JOSÉ M. ROMAGUERA

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Proyecto de homilía

La institución de la Eucaristía como rito memorial de la "alianza nueva y eterna" es sin duda el aspecto sobresaliente en la celebración litúrgica de hoy. Aunque el mismo Misal Romano nos invita a meditar también sobre otros aspectos del misterio de este día: el servicio fraterno de la caridad y la institución del sacerdocio ministerial. Sacerdocio y caridad fraterna están estrechamente vinculados con el sacramento de la Eucaristía, pues son factores de comunión e indican que el camino de la Iglesia es un camino de entrega de sí mismo y de servicio.

Es extraño que el evangelio de San Juan no mencione, como hacen los otros evangelios, la acción ritual de Jesús sobre el pan y sobre el vino; pero la institución de la Eucaristía es un dato muy antiguo de la tradición, como lo encontramos perfectamente claro en el primer documento cristiano que se refiere a ella, la carta de San Pablo a los Corintios (¡que los expertos sitúan ya alrededor de la Pascua del año 54!).

En cambio, Juan es el único evangelista que recuerda el momento de la Última Cena en que Jesús lava los pies a sus discípulos y les deja como testamento el mandato de que también ellos actúen así unos con otros. No les manda que repitan un rito, sino que hagan como Él acciones de servicio recíproco, en las que se haga presente el amor de Cristo hacia los suyos.

La liturgia de hoy recuerda también que Jesús es el verdadero Cordero pascual, que lleva a plenitud el proyecto de liberación iniciado en el primer éxodo (primera lectura). Su entrega a través de la muerte es el comienzo de una presencia nueva y permanente entre nosotros: "cuando comemos su carne, inmolada por nosotros, quedamos fortalecidos, y cuando bebemos su sangre, derramada por nosotros, quedamos limpios de nuestros pecados" (primer prefacio de la Eucaristíá). La presencia real del Señor, muerto y resucitado, en el Pan y en el Vino consagrados se extiende, aunque de un modo diferente, a la persona de los hermanos, sobre todo los más pobres: "Con este sacramento, alimentas y santificas a tus fieles para que, a los hombres que habitan un mismo mundo, una misma fe los ilumine y un mismo amor los una" (segundoprefacio de la Eucaristíá). El que discrimina al otro, el que desprecia a los demás, el que divide a la comunidad, "no reconoce el cuerpo del Señor". Su cena no es ya la Cena del Señor, sino un rito vacío, en el que "se come y bebe su propio castigo", como dice San Pablo (1 Co 11,29).

Especialmente en este día, pedimos al Señor que nos haga participar en su sacrificio liberador y que nos inspire ese espíritu de donación y de servicio que ejerció Él tan admirablemente en la Ultima Cena. Que la Iglesia continúe haciendo presente en el mundo el misterio de salvación, mediante la Palabra y los Sacramentos. Que todos los llamados a anunciar el Evangelio, a presidir las acciones de culto, a desempeñar un papel de guías del pueblo de Dios, sean cada vez más conscientes de que son consagrados a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

EL TESTAMENTO DE JESÚS

Lavando los pies