I DOMINGO DE ADVIENTO
29 de noviembre 2009, Ciclo C

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Proyecto de homilía     Dios Hoy


ORACIÓN PARA ENCENDER EL PRIMER CIRIO DE LA CORONA DE ADVIENTO

Encendemos, Señor, esta luz,
como aquel que enciende su lámpara
para salir, en la noche,
al encuentro del amigo que ya viene.
En esta primera semana del Adviento
queremos levantarnos para esperarte preparados,
para recibirte con alegría.
Muchas sombras nos envuelven.
Muchos halagos nos adormecen.
Queremos estar despiertos y vigilantes,
porque tú nos traes la luz más clara,
la paz más profunda,
y la alegría más verdadera.
¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!

                   Autor: Pbro. Cesáreo Gabaráin



Casulla_Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 24,1-3

A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mí mis enemigos: pues los que esperan en ti, no quedan defraudados.


No dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Señor, despierta en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia para que, puestos a su derecha el día del juicio, podamos entrar al Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Yo haré nacer del tronco de David un vástago santo.

Del libro del profeta Jeremías: 33,14-16

"Se acercan los días, dice el Señor, en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.

En aquellos días y en aquella hora, yo haré nacer del tronco de David un vástago santo, que ejercerá la justicia y el derecho en la tierra. Entonces Judá estará a salvo, Jerusalén estará segura y la llamarán 'el Señor es nuestra justicia' ".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 24

R/. Descúbrenos, Señor, tus caminos.

Descúbrenos, Señor, tus caminos,
guíanos con la verdad de tu doctrina.
Tú eres nuestro Dios y salvador
y tenemos en ti nuestra esperanza. R/.

Porque el Señor es recto y bondadoso,
indica a los pecadores el sendero,
guía por la senda recta a los humildes
y descubre a los pobres sus caminos. R/.

Con quien guarda su alianza y sus mandatos,
el Señor es leal y bondadoso.
El Señor se descubre a quien lo teme
y le enseña el sentido de su alianza. R/.

SEGUNDA LECTURA

Que el Señor los fortalezca hasta que Jesús vuelva.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses: 3,12-4,2

Hermanos: Que el Señor los llene y los haga rebosar de un amor mutuo y hacia todos los demás, como el que yo les tengo a ustedes, para que él conserve sus corazones irreprochables en la santidad ante Dios, nuestro Padre, hasta el día en que venga nuestro Señor Jesús, en compañía de todos sus santos.

Por lo demás, hermanos, les rogamos y los exhortamos en el nombre del Señor Jesús a que vivan como conviene, para agradar a Dios, según aprendieron de nosotros, a fin de que sigan ustedes progresando. Ya conocen, en efecto, las instrucciones que les hemos dado de parte del Señor Jesús.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Sal 84,8

R/. Aleluya, aleluya.

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. R/.

EVANGELIO

Se acerca su liberación.

+ Del santo Evangelio según san Lucas: 21,25-28.34-36

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación. Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre.
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos alcance la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I/A o I/B de Adviento

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 84,13

El Señor nos mostrará su misericordia y nuestra tierra producirá su fruto.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Por nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos, Señor, a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Siervo Fiel

LA ESPERANZA CRISTIANA

No es lo mismo espera (lo que llega es debido al esfuerzo humano) que esperanza (lo que adviene nos sobrepasa humanamente). Pero tampoco hay que contraponerlas: la esperanza cristiana pasa a través de genuinas esperas humanas. A veces nuestro pueblo tiene una gran esperanza y pocas esperas humanas. Los acomodados viven únicamente pendientes de las esperas cifradas en el dinero, el poder, la comodidad, etc. Los pobres y marginados esperan siempre una sociedad nueva, un reparto de bienes y oportunidades, un Reino de Dios con libertad y justicia. Esto entraña que se derrumben muchos "mundos" viejos, muchas esperas falsas.

Podemos distinguir tres niveles de espera, según necesidades y deseos: la espera pasiva de los no comprometidos; la espera interesada del burgués a su favor; y la espera creadora de los activos a favor del pueblo. La esperanza es el entramado de la vida. Según como esperamos, así somos: impacientes o tranquilos, afirmativos o escépticos, comprometidos o desganados. Algunos profetas de calamidades sólo ven la "mala noticia", no la "buena nueva". La persona que espera de verdad tiene confianza en el cumplimiento de las promesas de Dios.

Jesús esperó activamente la venida del Reino. Y, porque esperaba, encontró lo esperado: una nueva vida de resucitado. El cristiano debe esperar, al modo de Jesús, la plenitud del Reino, a pesar de los fracasos, de los "signos" catastróficos, de "lo que se nos viene encima". Espera con firmeza quien espera la "liberación", para lo cual es necesario tener una actitud básica de vigilancia: "Velen, pues, y hagan oración continuamente".

¿En qué ponemos nuestras esperas y esperanzas? ¿Cómo captamos los signos de esperanza en nuestro mundo?

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Notas exegéticas

* 1ª Iectura: Jeremías 33,14-16

Este texto proviene de la época postexílica, cuando el pueblo, en medio de sufrimientos y desencantos, se preparaba a reconstruir la nación. Su autor es probablemente un discípulo del profeta Jeremías, que con fidelidad y originalidad se toma la responsabilidad de actualizar y encarnar en su tiempo las antiguas palabras de su maestro (Cfr. Jer 23,5-6). Está convencido que las promesas hechas por el Señor y anunciadas por Jeremías se cumplirán, no solamente para Israel sino también para Judá.

Anuncia la llegada de un tiempo en que el Señor hará surgir un descendiente de David, que practicará y promoverá la justicia en el país. La manifestación divina comenzará por Jerusalén. Antiguamente Jeremías había dado nombre al nuevo germen davídico: "El Señor es nuestra justicia" (Jer 23,6); ahora, en cambio, este mismo nombre no es exclusivo de un monarca humano, sino de toda la ciudad santa de Jerusalén (Jer 33,16).

* 2ª Iectura: 1 Tesalonicenses 3,12--4,2

Hacia el final de su escrito, Pablo recuerda a los tesalonicenses la primacía y la gratuidad de la acción de Dios. Es Dios, en cuanto es amor, el que los hará crecer en el amor mutuo y hacia todos; es Dios, en cuanto es dinamismo de vida, quien los fortalecerá en sus corazones y los santificará, hasta hacerlos irreprochables el Día de la venida del Señor Jesucristo (1 Tes 3,12-13). Por su parte, los tesalonicenses tienen que responder a la acción de Dios, viviendo con fidelidad y perseverancia, en conformidad con la palabra de Jesús, en forma tal de agradar en todo a Dios (1 Tes 4,1-2).

* 3ª Iectura: Lucas 21,25-28.34-36

El texto tiene dos partes. En la primera se anuncia, con típico lenguaje apocalíptico, la venida del Hijo del hombre, lleno de poder y de gloria (vv. 25-28); en la segunda, se exhorta a los cristianos a vigilar con perseverancia ante su inesperada venida.

En la primera parte (vv. 25-28) se describe el final de la historia con el estilo propio de la apocalíptica de la época: señales en los astros y angustia sobre la tierra. Para este género literario y para este pensamiento teológico, estas imágenes expresaban la relatividad e inestabilidad del mundo creado, el cual un día llegará a su final. Para el evangelio, sin embargo, lo decisivo no es tanto el fin de la historia, sino el hecho de que ese fin coincide con la venida gloriosa del Señor.

Se habla de él con la expresión bíblica "Hijo del hombre", que desde el libro de Daniel había ido tomando cada vez más una connotación mesiánica que despertaba grandes expectativas de salvación. Él aparecerá "en una nube", es decir, manifestando su condición trascendente y gloriosa. Para Lucas este final no es sinónimo de catastrofismo, ni equivale a la destrucción del mundo, sino que coincide con el inicio de la verdadera liberación de todas las limitaciones de la condición humana.

De ahí que Lucas deduzca una exhortación a mantener el ánimo y la esperanza firmes. El verdadero sentido de la historia no está en el mal provocado por los hombres, ni en las ruinas de este mundo, ni en un futuro enigmático o lejano. El verdadero sentido está en Cristo, el Hijo del hombre, que vendrá al final de la historia, pero que desde su muerte y resurrección ha sembrado ya en la tierra de los hombres un germen de vida y de plenitud.

La segunda parte es de tono más exhortativo (vv. 34-36). Jesús invita a vigilar, es decir, a vivir en continua actitud de receptividad amorosa y de respuesta activa al don de la salvación de Dios en Cristo. La plenitud de este don se realizará solamente al final, cuando regrese Cristo con poder y gloria. Por eso el evangelio invita a vivir con profundidad y coherencia evangélica el propio presente, porque aquel "día" llegará de improviso. No se trata de vivir obsesionados y aterrorizados ante el final del mundo, sino de vivir la vida cotidiana en fidelidad a Dios, previniendo aquel momento decisivo. Jesús menciona explícitamente la práctica de la oración incesante (v. 36), hecha en la historia y desde la historia, haciendo que se vuelva actitud de vida, abiertos al futuro absoluto del Dios amor que se ha revelado en la pascua de Cristo.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

DE NUEVO EL ADVIENTO

Volvemos a empezar un año litúrgico, como siempre, antes de empezar el año civil. Es probable que el ambiente social ya sea un preludio, con más o menos fuerza, de las fiestas de Navidad, con lo que Conlleva de comercio, propaganda, banalización... Vale la pena ser conscientes de ello e intentar aprovechar este ambiente en lo que pueda ayudarnos.

Para nosotros, el tiempo tiene otro sentido. El centro, la plenitud de los tiempos, y, por lo tanto, el núcleo del año, es la Pascua del Señor, los tres días santos que nos traen el misterio salvador de la muerte y resurrección del Señor Jesús que nos convoca, cada domingo, en cada eucaristía. En este horizonte tenemos que preparar el Adviento y las fiestas de Navidad. Nos preparamos para recibir de nuevo, en nuestro tiempo, el nacimiento de Aquel que da sentido al tiempo, a toda la historia, a nuestra vida.

Tendremos que hacer un esfuerzo para que se note que empezamos un tiempo fuerte, importante. Estará bien que miremos todo el conjunto y que, al estilo de lo que le pasa a la Cuaresma, que sólo tiene sentido desde la Pascua, ahora, al empezar el Adviento, miremos ya el momento celebrativo de Navidad-Epifanía.

En nuestra celebración y, por lo tanto, en la pastoral de cada comunidad, todo tiene que reflejar que empezamos de nuevo: el signo de la corona de Adviento, los carteles de acogida y explicativos, el repertorio de los cantos de estos días, la programación de la celebración penitencial específica, las vigilias de oración, la Liturgia de las Horas, las actividades formativas y catequéticas...

"PONGAN ATENCIÓN Y LEVANTEN LA CABEZA"

El Adviento nos sitúa entre las dos venidas del Hijo del hombre, como sabemos. El prefacio lo canta muy bien: "Quien, al venir por vez primera... para que cuando venga de nuevo...". El primer domingo, cada año, nos pone ante los ojos esta segunda-venida del Hijo del hombre. Para esta segunda venida, todo en la celebración nos invita a estar preparados. Incluso, el recuerdo de la primera venida, con todo lo que se produjo allí, está "para encontrarnos así cuando llegue, velando en oración" y comparecer seguros para la venida definitiva que se producirá en la vida de cada uno y en la historia.

Pero ahora, en el momento actual, el Señor también está, porque viene continuamente a la vida de cada uno y a la historia. Y es preciso saberlo descubrir, es necesario estar alerta, para que no nos pase desapercibido. El momento presente no es sólo preparación para la venida definitiva, ya son "aquellos días" futuros que cantaba el profeta Isaías. Y la venida del Señor siempre es salvadora. Lo cual es especialmente aplicable a la gran plegaria que es la Eucaristía que nos reune.

SE ACERCA LA HORA DE SU LIBERACIÓN

"Levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación" dice Jesús en el evangelio. Liberación, ¿de qué? Tenemos que preguntárnoslo, puesto que al fin y al cabo, el mismo Jesús da la respuesta: de todas las cosas que agobian nuestro corazón. Qué programa más bonito de Adviento sale de esta reflexión; qué contraste establecemos con el ambiente "agobiante" con el que se llena la vida de estos días; cuántos negocios nos ocupan y preocupan demasiado. Todo junto puede hacer que no descubramos que Dios viene para librarnos precisamente de todas las esclavitudes con que la vida nos quiere atar. La libre pobreza de la Navidad nos lo recordará.

Nuestra predicación deberá ayudar a todos a "comparecer seguros ante el Hijo del hombre" que viene amorosamente a la vida humana. Dicho con palabras de san Pablo, tenemos que saber valorar positivamente el esfuerzo que nosotros y nuestros fieles hacemos en este camino. No vale tener un tono sólo negativo o recriminador. "Sigan ustedes progresando" dice el texto. Por esto tiene sentido el Adviento. La oración colecta nos hace pedir a Dios "el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia".

DESCÚBRENOS, SEÑOR TUS CAMINOS

Lo cantaremos en la respuesta al salmo. Cuando nos preparamos a vivir de nuevo el hecho que Dios se rebaja para llegar a nuestra humanidad, debemos saber corresponder con nuestra "elevación". "Levantemos el corazón" volveremos a proclamar al empezar la Plegaria eucarística. "Enséñanos, Señor... sino en las cosas eternas", diremos en la poscomunión. Este movimiento de ascenso y descenso que vivimos en la Eucaristía es el que tiene que reafirmar nuestros corazones para presentarnos santos e "irreprochables en la santidad ante Dios". Ésta es nuestra esperanza, la esperanza del Adviento.

JUAN TORRA

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Proyecto de homilía

El hilo conductor de la liturgia de la Palabra para hoy se puede sintetizar con una pequeña parábola que San Lucas propone en su evangelio: «Tengan ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sean como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle al instante en cuanto llega y toca» (Lc 12,35-36). Los protagonistas de este cuadrito de Lucas son dos: el señor que llega y los servidores que esperan. También los tres textos de la liturgia de hoy están dominados por esta venida-espera, que se desea se transforme en encuentro.

La primera lectura es un clásico de la teología mesiánica del AntiguoTestamento. El profeta Jeremías anuncia, por una parte, la irrupción imprevista de un nuevo soberano sobre la casa de Judá; por otra parte, evoca la expectativa de un pueblo que ansía aquel "derecho" y aquella "justicia" que cada día le niegan.

El que debe venir es descrito por el profeta con dos símbolos muy significativos: el retoño y el nombre. El primer símbolo es tradicional en el ámbito de la teología mesiánica, y sugiere un inicio absoluto y gratuito de parte de Dios. El segundo símbolo es el nombre con que el nuevo soberano y su ciudad serán llamados: "El Señor nuestra-justicia". El rey de Jerusalén en la época de Jeremías se llamaba Sedecías ("el Señor es justo"), pero era en realidad un fantoche de los babilonios. A ese nombre trágicamente irónico, el profeta opone el nombre que el rey salvador deberá llevar, porque ofrecerá en verdad a aquel pueblo cansado y dolorido el "derecho y la justicia" que tanto ansía.

En la Carta de San Pablo a losTesalonicenses (segunda lectura) aparece con insistencia el tema de la venida del Señor Jesús. A los creyentes que esperan impacientes esos "nuevos cielos y nueva tierra" Pablo les propone una actitud de fondo con la que deben esperar y captar el sentido de la nueva historia que está comenzando: «crecer en el amor de unos con otros y en el amor para con todos» (1 Tes 3,12).

El binomio cercaníá-espera aparece también en el pasaje del evangelio de San Lucas que leemos hoy. Para San Lucas, la atención del creyente, más que sobre la escatología futura y definitiva, debe centrarse en la escatoIogia ya comenzada con la presencia encarnada de Cristo. Es ahora cuando los creyentes deben "cobrar ánimo y levantar la cabeza", para ponerse en una espera activa del Reino. Más adelante menciona también el comportamiento concreto que se debe tener: «Cuiden que no se emboten sus corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida» (Lc 21,34); eso permitirá caminar con Cristo en un nuevo camino de justicia y de verdad.

Todo esto se refiere a la actitud de espera activa con que debemos vivir este tiempo del Adviento. Que nuestra participación en la Eucaristía nos ayude a prepararnos de ese modo para las fiestas de Navidad, que aparecen ya en el horizonte.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

PREPARARSE PARA NAVIDAD
ES ESTAR PREVENIDOS