I DOMINGO DE ADVIENTO
28 de noviembre 2010, Ciclo A

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ORACIÓN PARA ENCENDER EL PRIMER CIRIO DE LA CORONA DE ADVIENTO

Encendemos, Señor, esta luz,
como aquel que enciende su lámpara
para salir, en la noche,
al encuentro del amigo que ya viene.
En esta primera semana del Adviento
queremos levantarnos para esperarte preparados,
para recibirte con alegría.
Muchas sombras nos envuelven.
Muchos halagos nos adormecen.
Queremos estar despiertos y vigilantes,
porque tú nos traes la luz más clara,
la paz más profunda,
y la alegría más verdadera.
¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!




Casulla_Morada

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 24,1-3

A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mí mis enemigos: pues los que esperan en ti, no quedan defraudados.


No dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Señor, despierta en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia para que, puestos a su derecha el día del juicio, podamos entrar al Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

El Señor reúne a todos los pueblos en la paz eterna de su reino.

Del libro del profeta Isaías: 2,1-5

Visión de Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y Jerusalén: En días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas, y hacia él confluirán todas las naciones.

Acudirán pueblos numerosos, que dirán: "Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor".

El será el árbitro de las naciones y el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra.

¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 121

R/. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.

¡Qué alegría sentí, cuando me dijeron:
"Vayamos a la casa del Señor"!
Y hoy estamos aquí, Jerusalén,
jubilosos, delante de tus puertas. R/.

A ti, Jerusalén, suben las tribus,
las tribus del Señor,
según lo que a Israel se le ha ordenado,
para alabar el nombre del Señor.
En ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.

Digan de todo corazón: "Jerusalén,
que haya paz entre aquellos que te aman,
que haya paz dentro de tus murallas
y que reine la paz en cada casa". R/.

Por el amor que tengo a mis hermanos,
voy a decir: "La paz esté contigo".
Y por la casa del Señor, mi Dios,
pediré para ti todos los bienes. R/.

SEGUNDA LECTURA

Ya está cerca nuestra salvación.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 13,11-14

Hermanos: Tomen en cuenta el momento en que vivimos. Ya es hora de que se despierten del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz.

Comportémonos honestamente, como se hace en pleno día. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujurias ni desenfrenos, nada de pleitos ni envidias. Revístanse más bien, de nuestro Señor Jesucristo y que el cuidado de su cuerpo no dé ocasión a los malos deseos.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Sal 84,8

R/. Aleluya, aleluya.

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. R/.

EVANGELIO

Velen y estén preparados.

+ Del santo Evangelio según san Mateo: 24,37-44

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada.

Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre".
Palabra del Señor.

Credo

PLEGARIA UNIVERSAL

Mientras esperamos la venida definitiva del Señor, oremos para que su amor, su paz, su luz, transformen ya ahora nuestras vidas. A cada petición diremos (cantando): Ven, Señor Jesús.

1. Para que llegue el día en que todos los hombres y mujeres del mundo entero puedan vivir en paz, con esperanza, confiados ante el futuro. Oremos al Señor.

2. Para que los gobernantes, los políticos, los que tienen el poder económico o militar, trabajen sinceramente por el bienestar de todos, y especialmente de los que menos tienen. Oremos al Señor.

3. Para que el pueblo de Israel, que recibió desde muy antiguo la llamada del Señor, se esfuerce al servicio de la paz y muestre ante el mundo el rostro amoroso de Dios. Oremos al Señor.

4. Para que la Iglesia entera, todos los cristianos, vivamos con alegría nuestra fe y la vida nueva que hemos recibido. Oremos al Señor.

5. Para que todos nosotros, reunidos al empezar este tiempo de Adviento para celebrar la Eucaristía, convirtamos nuestro corazón para preparar la venida del Señor. Oremos al Señor.

Ven, Señor Jesús. Ven, y renueva el camino de la humanidad. Tú, que vives y reinas por...

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos alcance la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I/A o I/B de Adviento.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 84,13

El Señor nos mostrará su misericordia y nuestra tierra producirá su fruto.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Por nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos, Señor, a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino en los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Siervo Fiel

PREPARARSE Y VIGILAR

Los discípulos viven momentos de incertidumbre y tensión. Jesús no ha dejado de hablarles del Reino, de "unos cielos y una tierra nueva"; pero los discípulos no acaban de entender: "Dinos cuándo ocurrirá esto, y cuál será la señal de tu venida y del fin de este mundo" (Mt 24,3). Jesús percibe la inquietud de sus discípulos y les dice, sin más: "Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos...". Jesús invita a sus discípulos a pensar más allá del comer, beber o casarse. Hay que ver el mundo y el curso de la historia... y estar preparados para todo.

El acontecimiento de la venida del Hijo del hombre se presenta en medio de las ocupaciones diarias: "De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada". No se trata de olvidarse de las cosas de este mundo, es necesario seguir trabajando; pero eso sí, con la actitud del padre de familia que siempre está vigilando y alerta para que el ladrón no se meta a su casa. ¿Por qué de dos personas que estén haciendo lo mismo una será tomada y la otra dejada?, quizá se preguntaban los discípulos. Jesús quiere dejar en claro que no todo tiene el mismo valor, a pesar de las apariencias. Estemos donde estemos, es importante preguntarnos por qué y para qué hacemos las cosas. Es también muy importante saber discernir y distinguir qué cosas son las que nos salvan y cuáles las que nos pierden; las primeras para tomarlas y profundizar en ellas; las segundas para hacerlas a un lado o dejarlas.

"También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre", les dice, finalmente, Jesús a sus discípulos. Que en este tiempo de Adviento, el Señor nos encuentre despiertos y vigilantes y, sobre todo, haciendo lo que a él le gusta: practicando la justicia, el amor y la misericordia.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Isaías 2,1-5

Isaías anuncia una era mesiánica (Cfr. también Miq 4,1 y Os 3,5), en la que Dios intervendrá para poner paz entre las naciones y convertir a Jerusalén y a Sión, la montaña del Templo, en un lugar de peregrinación al que afluirán todos los pueblos de la tierra.

El profeta ilustra el estado de ánimo de los peregrinos con el versículo del salmo ¡Qué alegría sentí, cuando me dijeron: "Vayamos a la casa del Señor! (Sal 121,1). Sorprende que la peregrinación no sea para llevar ofrendas, para cumplir una promesa, o para alabar a Dios, sino para recibir "la luz" (v. 5): Él nos instruirá "en sus caminos" y marcharemos "por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley..." (v. 3).

La enseñanza que sale del Templo es la de la shalom, la de la paz y la reconciliación entre todos los pueblos, expresada poéticamente con las frases tan conocidas de las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas que posibilita el destino de los recursos al progreso y al bienestar de los pueblos y no a la guerra. El profeta Miqueas 4,1-4 usará otra expresión muy sugerente: Cada uno descansará bajo su vid y su higuera, sin ningún sobresalto.

El tono de la fiesta es parecido a la de los tabernáculos que describe el Deuteronomio, en la que pueden participar también los paganos (Deut 31,10), y en la que el tema de la luz es tan importante (Cfr. Jn 8,12, donde en la fiesta de los tabernáculos Jesús se proclama la luz del mundo).

* 2ª lectura: Romanos 13,11-14

"El que ama al prójimo, ha cumplido ya toda la ley" (Rom 13,8). El amor es la exigencia profunda de la Ley (Ex 20,13-17; Deut 5,17-21; Lev 19,18): ésta es la nueva perspectiva que ha traído Jesucristo y que inaugura la era mesiánica.

El tiempo de salvación es comparable al nacimiento del día. En las tinieblas se va haciendo la luz y la aurora... por eso hay que despertarse y vestirse de Jesucristo: la metáfora de "revistámonos con las armas de la luz" es muy querida por Pablo, como también uno se puede revestir de amor (Col 3,14), de justicia y verdad (Ef 6,14), o de los sentimientos adecuados a los hijos de Dios (Col 3,12). Así pues, debemos revestirnos para poder acoger la venida del Señor, expresada con la imagen del mediodía.

* 3ª lectura: Mateo 24,37-44

Al final de los tiempos, la venida del Hijo del hombre viene de un modo inesperado (Mt 24,36) como lo fue el diluvio en tiempos de Noé (Gén 6,11-17), por eso hay que estar en vela como el sirviente fiel (Mt 24,45-51), las cinco vírgenes prudentes (Mt 25,1-13), o los sirvientes a los que el Señor confió los talentos (Mt 25,14-30).

La actitud inconsciente es la de los que sólo se preocupan por asegurar la continuidad de la superviviencia (Mt 24,38; Is 22,13: "Comamos y bebamos, que mañana moriremos"). Personas con unas actitudes externas parecidas o idénticas (trabajando en el campo o moliendo al mismo ritmo) tendrán suertes diferentes según lo que habrá sido su vida. Después, todo el mundo aparecerá ante el Señor tal como es realmente, no como aparenta. Y el juicio será sobre el amor (Mt 25,31-46).

ANTONI POU

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Orientaciones para la celebración

LA ALEGRÍA DEL DESEO DE DIOS

El salmo responsorial nos sumerge en una atmósfera espiritual, que no sólo nos "explica" cómo podemos entender desde la oración, como es habitual, la primera lectura, sino que nos da pistas para vivir todo este primer domingo de Adviento. Siguiendo este salmo 121 vamos encontrando los temas más importantes de la celebración. Lo que importa es ponerse en camino con este doble encuentro del que nos habla Dios este domingo: el encuentro escatológico, que señala el evangelio, y el inmediato que nos prepara la celebración de la encarnación de Dios. La respuesta al salmo "Vayamos con alegría al encuentro del Señor", nos habla de que el deseo de este encuentro ya es motivo de alegría y éste tendría que ser el sentimiento del que quiere vivir espiritualmente las celebraciones de estos días.

Por otro lado, este ponerse en camino exige tomar conciencia de dónde estamos, de dónde venimos y de qué necesitamos, tal como nos invita la Carta a los romanos, y, por lo tanto, estar atentos: velar, como reclama el evangelio. La paz en Jerusalén que el salmo espera encontrar también tiene que ser un encuentro con la paz interior cuando dice: "Haya paz dentro de tus muros" formulado como un deseo: es la paz de la que también nos habla Isaías. Todo respira la convicción de encontrar lo que se espera: la esperanza se encuentra en el trasfondo del mismo salmo. Ahora bien, en el mundo de hoy en el que vivimos tan bien, habrá que preguntarse si realmente está presente el deseo de Dios.

LA ALEGRÍA DE SABER QUE DIOS NOS VIENE AL ENCUENTRO

El evangelio de hoy debemos leerlo en el marco de la confianza de las palabras de Jesús a sus discípulos: "Cuando venga el Hijo del hombre...", porque éste es el núcleo de la esperanza que hay que renovar. No se trata de un optimismo insensato, sino de la convicción de que Dios está y se hace próximo; se trata de prepararnos por vivir el Dios-con-nosotros. Su presencia hará posible transformar la realidad para que esté de acuerdo con su Reino. No se trata de una espera inquietante, con el miedo en el cuerpo; al contrario. Es importante poder transmitir que el encuentro con Dios es poder vivir la plenitud de la vida. Por lo tanto, la llamada a velar, a estar atento, no debe tener un sentido de desconfianza, paranoico, porque Dios no es un ladrón, ni es el diluvio, sino que todo lo que pide Jesús es que sepamos estar alerta: en los ejemplos del diluvio y de la visita inesperada del ladrón, el acento hay que ponerlo no en la desgracia sino en la imprevisión; esto se ve mejor si nos damos cuenta de que el evangelista coloca el ejemplo de las diez vírgenes en el capítulo siguiente.

SEAMOS CONSCIENTES DEL MOMENTO EN QUE VIVIMOS

Pablo carga el acento en el momento presente porque ya está actuando el futuro de la salvación. Si no se vive con el deseo de Dios, lo más probable es que la vida cotidiana, con los valores de inmediatez que tiene, haga perder esta perspectiva escatológica, pero también se comprendería mejor diciendo: perder conciencia de que el Amor verdadero nos viene al encuentro; no se trata del miedo, sino del deseo de estar preparado para recibir adecuadamente a aquel que es todo Amor. Hay que revestirse para vivir a plena luz.

A TI, JERUSALÉN, SUBEN LAS TRIBUS

Como en el salmo 121, la invitación de Isaías es para empezar una peregrinación; él, que era un hombre culto, conocía muy bien cómo prosperaban los poderosos y cómo los imperios procuraban extender el área de su influencia; el resultado era que la paz era un bien precario. Podríamos establecer un cierto paralelismo con el mundo de hoy profundamente dividido por ideologías, estrategias, religiones, luchas nacionalistas, intereses económicos, etc. El profeta no propone una lucha en la que uno imponga su voluntad sobre otro, sino un cambio de actitud interior: el horizonte que nos tiene que orientar para llegar al lugar de esta peregrinación es "subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas".

Cada domingo el profeta nos presentará diferentes aspectos del significado de la paz. Hoy, por ejemplo, cuando dice que "De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas" es la capacidad de pasar de un mundo improductivo y agresivo -el simbolismo de la guerra con las espadas y las lanzas parece evidente- a un mundo que se construya desde una sociedad con el acento puesto en lo que sea más productivo para todos, lo que es un bien para todo el mundo, como el alimento que se obtiene con el cultivo: arados y podaderas son los símbolos.

Pero más allá de esto, este trabajo por la paz, "shalom", significa armonía e integridad para las personas: incluye todas las dimensiones de la vida, sea personal, familiar o social. Como dice un documento de la Asamblea Ecuménica Europea, de Basilea, 1989: "El 'shalom' es esta realidad divina que abarca la justicia, la paz, la integridad de la creación y su interdependencia, que son dones de Dios". La paz, que será uno de los acentos más insistentes de este Adviento, empieza desde la interioridad personal y, como un perfume, se tiene que trabajar para que se extienda en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

LLUÍS PLANAS,
monje de Montserrat

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Proyecto de homilía

El primer domingo de Adviento es el comienzo de un nuevo año litúrgico, y por eso comenzamos un nuevo ciclo de lecturas y reflexiones, que se refieren "a todo el misterio de Cristo; no solamente desde su encarnación y nacimiento hasta la ascensión, sino también en cuanto es reflejado en lo sucedido el día de Pentecostés y en la expectación del retorno glorioso del Señor, que todos esperamos".

Un nuevo comienzo significa también una nueva cualidad, y las tres lecturas de hoy nos hablan de la cualidad particular que hace falta para este nuevo comienzo: la capacidad de estar vigilantes. Si no estamos atentos, podemos perder fácilmente el camino... Estar "vigilantes" significa caer en la cuenta de las realidades a nuestro alrededor, y ser sensibles ante ellas. La 'vigilancia' no se compagina con estar absortos en nosotros mismos. Estar vigilantes y alerta significa, en primer lugar, saber en qué tiempo estamos, lo que no deja de ser problemático. El tiempo nos es tan familiar y, simultáneamente, tan misterioso.

En la Carta a los Romanos (segunda lectura) leemos: Tengan en cuenta el momento en que viven... La salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe (Rom 13,11), y Jesús, hablando con sus discípulos dice que la venida del Hijo del hombre será como en los días de Noé (Mt 24,37), cuando la gente no se daba cuenta de lo que estaba sucediendo.

Jesús y san Pablo nos recuerdan una dimensión del tiempo que no se mide con el reloj o con el calendario. El tiempo de que hablan es el tiempo de la acción de Dios. Y ese tiempo tiene un aspecto sagrado y muy importante para nosotros. Podemos perder y volver a programar muchas cosas: un examen, una cita con el dentista... Pero el tiempo en que Dios entra en nuestras vidas y en nuestra historia es especialmente único y urgente. Si lo perdemos por estar preocupados con nosotros mismos, absorbidos por asuntos de este mundo o simplemente desinteresados, podemos poner en peligro nuestra felicidad y salvación.

La persona vigilante y atenta es también una persona de acción. El tiempo de la visita de Dios nos pide romper con nuestro pasado pecaminoso; debemos vivir de un modo nuevo. Es lo que pide san Pablo: Despojémonos de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz (Rom 13,12). No podemos seguir viviendo "como en los días de Noé", preocupados únicamente por nuestros placeres y deseos. Debemos vivir cada día llenos de esperanza y con el corazón preparado para recibir al Señor que viene.

Este llamado a vivir de un modo nuevo no es un llamado a algo obscuro y difícil; Dios nos llama más bien a la alegría y la paz verdaderas. Isaías habla del "monte de la casa del Señor" como un lugar de paz y de reconciliación (primera lectura). Las divisiones y hostilidades entre los pueblos serán sanadas. Sabemos que eso es una esperanza y no una realidad presente; pero cada día somos llamados a hacer que este "monte del Señor" esté un poco más visible en nuestro horizonte.

Al participar en esta primera Eucaristía del Adviento esforcémonos por estar vigilantes y despiertos. El Señor prepara una fiesta en su monte, a la que somos invitados. Caminemos, pues, con valentía en la luz del Señor.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

ANTES DEL DILUVIO