IX DOMINGO ORDINARIO
1 de junio 2008, Ciclo A

Propio     Comentario     Nota exegética     Orientaciones para la celebración

Proyecto de homilía     Dios Hoy




Casulla_Blanca

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 24,16.18

Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.


ORACIÓN COLECTA

Nos acogemos, Señor, a tu providencia, que nunca se equivoca, y te pedimos humildemente que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquello que pueda contribuir a nuestro bien. por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Hoy pongo ante ustedes la bendición y la maldición.

Del libro del Deuteronomio: 11,18.26-28.32

En aquellos días, Moisés habló al pueblo y le dijo: "Pongan en su corazón y en sus almas estas palabras mías; átenlas a su mano como una señal, llévenlas como un signo sobre la frente.

Miren: He aquí que yo pongo hoy delante de ustedes la bendición y la maldición. La bendición, si obedecen los mandamientos del Señor, su Dios, que yo les promulgo hoy; la maldición, si no obedecen los mandamientos del Señor, su Dios, y se apartan del camino que les señalo hoy, para ir en pos de otros dioses que ustedes no conocen.

Así pues, esfuércense en cumplir todos los mandamientos y decretos que hoy promulgo ante ustedes".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 30

R/. Sé tú, Señor, mi fortaleza y mi refugio.

A ti, Señor, me acojo,
que no quede yo nunca defraudado.
Tú que eres justo, ponme a salvo;
escúchame y ven pronto a librarme. R/.

Sé tú, Señor, mi fortaleza y mi refugio,
la muralla que me salve.
Tú, que eres mi fortaleza y mi defensa,
por tu nombre, dirígeme y guíame. R/.

Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo
y sálvame, por tu misericordia.
Sean fuertes y valientes de corazón,
ustedes, los que en el Señor esperan. R/.

SEGUNDA LECTURA

El hombre es justificado por la fe y no por cumplir la ley de Moisés.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 3,21-25.28

Hermanos: La actividad salvadora de Dios, atestiguada por la ley y los profetas, se ha manifestado ahora independientemente de la ley. Por medio de la fe en Jesucristo, la actividad salvadora de Dios llega, sin distinción alguna, a todos los que creen en él.

En efecto, como todos pecaron, todos están privados de la presencia salvadora de Dios; pero todos son justificados gratuitamente por su gracia, en virtud de la redención llevada a cabo por medio de Cristo Jesús, al cual Dios expuso públicamente como la víctima que nos consigue el perdón por la ofrenda de su sangre, por medio de la fe.

Sostenemos pues, que el hombre es justificado por la fe y no por hacer lo que prescribe la ley de Moisés.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 15,5

R/. Aleluya, aleluya.

Yo soy la vid y ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante.R/.

EVANGELIO

La casa edificada sobre roca y la casa edificada sobre arena.

+ Del santo Evangelio según san Mateo: 7,21-27

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No todo el que me diga: '¡Señor, Señor!', entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: 'iSeñor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?' Entonces yo les diré en su cara: 'Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal'.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente".
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Confiados en tu misericordia, Señor, venimos a tu altar con nuestros dones a fin de que te dignes purificarnos por este memorial que estamos celebrando. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mc 11,23-24

Yo les aseguro, dice el Señor, que todo cuanto pidan en la oración, si tienen fe en obtenerlo, les será concedido.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Padre santo, tú que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, guíanos por medio de tu Espíritu a fin de que, no sólo con palabras, sino con toda nuestra vida podamos demostrarte nuestro amor y así merezcamos entrar al Reino de los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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No Todo

LA FE Y LAS OBRAS

Jesús continúa su predicación en el monte ya pronunció las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12), ya habló sobre el amor a los enemigos (Mt 5,43-48), sobre la oración y el ayuno (Mt 6,5-18)... Ahora insiste en las obras: "No todo el que me diga: '¡Señor, Señor!', entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos". La gente está sorprendida por las palabras de Jesús, por su vida, por su enseñanza... Jesús teme que la gente se quede en el puro sentimiento, en expresiones como: '¡Qué bonito!' '¡Qué emoción!', y no pasen a la puesta en práctica de estas palabras. Claro que no se trata de realizar cualquier obra, sino aquella que va de acuerdo a la voluntad de Dios. Por eso cuando algunos se acerquen a Jesús y le digan: '¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?', él les contestará: 'Nunca los he conocido...'. Jesús critica esa fe en Dios que se reduce al ámbito de lo puramente religioso, separado de las tareas y responsabilidades de la vida cotidiana... Rechaza con energía esas acciones que se quedan en lo superficial o en lo milagroso que, sin más, no corresponde a la voluntad de Dios. La voluntad de Dios tiene que ver con la práctica del amor y la justicia. Mateo, en el conocido texto del juicio final (Cfr. Mt 25,31-46), pone en las obras concretas de amor al necesitado el criterio fundamental para definir la entrada en el Reino. Una fe que no va de la mano de la justicia, que no se traduce en obras, es como esa casa edificada sobre arena, expuesta a la lluvia, a los torrentes... que de un momento a otro se puede venir abajo.

Reflexionemos a la luz de este Evangelio: ¿Cómo me dirijo a Dios en la oración? ¿Cómo vivo mi fe en Jesús? ¿Qué significa para mí construir sobre roca? ¿De qué manera pongo yo en práctica la Palabra de Dios?

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Deuteronomio 11,18.26-28.32

El pueblo de Dios en su historia, al igual que todo hombre en su destino personal, constantemente se ve en la disyuntiva de escoger uno u otro de los caminos que ante él se abren: obediencia o infidelidad, amor o rechazo. Este tema de la opción tendrá un lugar importante en la espiritualidad cristiana (Cfr Mt 7,13-14 y 21-27: las "dos ciudades" de san Agustín, las "dos banderas" de san Ignacio, etc.). Aquí no está sino esbozado; será más ampliamente expuesto en 30,15-20.

Este tema está expresado aquí en la antítesis bendición-maldición. Las alianzas políticas del mundo oriental dan el modelo de las alianzas bíblicas. Cuando un rey hacía un tratado de alianza con un vasallo, le prometía solemnemente apoyo y recompensa si le era fiel y cumplía los compromisos tomados. y lo amenazaba con castigos si faltaba a su palabra.

Así aparecen los códigos de alianza en el Antiguo Testamento, con bendiciones para los que los cumplan, con maldiciones para quienes los infrinjan. Un ejemplo típico es el cap. 26 del Levítico. La versión del Sermón de la montaña de Lucas tiene bienaventuranzas y maldiciones.

El texto que hoy se lee precede inmediatamente al código de leyes que inicia el cap. 12. Al terminar este código en los caps. 27 y 28 hay textos todavía más desarrollados que vuelven a tomar el tema de la bendición y maldición.

* 2ª lectura: Romanos 3,21-25.28

Este pasaje tiene un profundo contenido teológico en el que Pablo reanuda, amplía y profundiza el tema de la fuerza salvadora de Dios anunciado en Rom 1,17. Dios salva y lo hace, no mediante la ley, sino mediante la fe. La única posibilidad que tiene el hombre de verse libre de su destino de pecado y de muerte, es aceptar con fe la oferta de salvación que Dios le hace, una oferta que Dios hace ahora y aquí, sin tener que esperar pacientemente un acontecimiento futuro, pues la fuerza salvadora de Dios, su iniciativa de gracia, ha tomado fuerza histórica en Jesucristo muerto y resucitado.

A partir de su propia experiencia de judío legalista, perseguidor de cristianos y luego convertido por la misericordia de Dios (Cfr Gál 1,13-24), Pablo analiza la insuficiencia de la Ley dada por Moisés. Esta Ley hace ver lo que está bien. La Ley como norma de vida exterior no tiene en el plan divino la función de borrar el pecado, sino de manifestar o a la conciencia del hombre pecador (Cfr Rom 7,7).

Además por ella misma no quita al hombre de sus malos deseos. Crea, pues, una tensión y una angustia. Hace que Dios sea visto como en un duelo de autoridades. La verdadera actitud, la correcta (lo que Pablo llama la justicia), consiste en abrirse al amor gratuito de Dios, manifestado en Jesús. Este amor engendra en nosotros el amor, la gracia engendra la gracia. Sólo entonces se hace efectiva la transformación de la vida.

* 3ª lectura: Mateo 7,21-27

Las enseñanzas de Jesús agrupadas por Mateo en el conjunto conocido por Sermón del monte, terminan con este texto que pone de relieve el contraste existente entre los que viven en la ilusión religiosa y los que son auténticos miembros del Reino. Los primeros se sienten seguros de sus declaraciones, de sus actos. Los segundos se fían realmente de la Palabra del Señor y la ponen en práctica en todos los actos de su vida. Se han sometido realmente a la voluntad del Padre. Esto, claro está, exige una decisión que acarrea recompensa o castigo.

Las comparaciones plantean una alternativa: hay dos caminos, dos formas de ser discípulo y dos maneras de edificar la propia casa. Los que escuchan las enseñanzas de Jesús tienen que elegir. Este procedimiento literario, que se encuentra ya en el Antiguo Testamento (Deut 30,15-20; Jer 21,8 etc.), fue también utilizado por los primeros cristianos para definir su estilo de vida frente a otras formas de vivir.

Los versos 22-23 nos llevan al día del juicio: Jesús es el juez que rechaza a los que lo han rechazado.

La parábola final (vv. 24-27), son los dos destinos diversos de las dos casas diversamente fundamentadas, muy acorde con las situaciones geográficas y climatológicas de Palestina, subraya nuevamente las opciones y sus consecuencias.

EQUIPO LITÚRGICO

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Orientaciones para la celebración

MENSAJE DE LAS LECTURAS

En este domingo hay una gran coincidencia temática entre las tres lecturas, cosa que no es frecuente puesto que no es pretendida en los domingos ordinarios (en este tiempo, como es sabido, el "Apóstol" [segunda lectura] y el Evangelio siguen su curso semicontinuo y sólo la primera lectura es escogida en consonancia con la lectura evangélica). El tema es la libre opción pedida por Dios.

Dios, desde el principio de la revelación, manifiesta que quiere servidores libres. Toda la Ley está sintetizada y encabezada por el mandamiento del amor, y sin libertad es imposible el amor.

La fe es la elección amorosa que el hombre hace de Dios siguiendo los llamados de la gracia. Pero esta fe, si es verdadera, tiene que ser activa y comprometida. Vaticano II dice: "La Iglesia enseña que la esperanza escatológica no merma la importancia de las tareas temporales, sino que más bien proporciona nuevos motivos de apoyo para su ejercicio (GS 21).

Ésta es una respuesta a una acusación (a veces fundada en experiencias negativas) de la fe como alienación. Nos balanceamos peligrosamente entre dos extremos. El primero es el desprecio -o al menos la poca atención- de los valores terrenos y temporales. Al ver los valores espirituales como los auténticos y definitivos, hay la tendencia a evadir los compromisos temporales, o, al menos, a no ver claro cómo la fe cristiana lleva a comprometerse con los asuntos temporales: familia, trabajo, dinero, política, sociedad, sindicato, profesión, etc.

El extremo contrario no es común entre cristianos, al menos como teoría, y sería el preocuparse casi exclusivamente de lo material, especialmente de la realidad socioeconómica, como de lo único real. Lo más común es vivir el problema de lo natural y lo sobrenatural, de la fe y el mundo, como dos campos irreductibles. Muchos cristianos privadamente se muestran creyentes practicantes, pero no saben proyectar y encarnar su fe en el aspecto laboral, social, científico, etc. Alternativamente y por tiempos, se dedican a una y otra esfera espiritual o mundana, pensando que se trata de "obligaciones" que hay que cumplir honradamente y cada una a su tiempo. Esta falla, que es humana, entre nosotros, por circunstancias históricas, se ha acentuado.

La verdadera solución es una síntesis armónica, una síntesis de encarnación: "siguiendo el ejemplo de Cristo, que ejerció el artesanado, alégrense los cristianos de poder ejercer todas sus actividades temporales haciendo una síntesis vital del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico o técnico con los valores religiosos bajo cuya altísima jerarquía todo coopera a la gloria de Dios" (GS 43).

Dios nos invita continuamente a aceptar su llamado de amor. Esta invitación viene del Creador a su creatura libre. El amor es una relación mutua, exige respuesta. La reacción natural sería el entusiasmo agradecido del hombre; pero su libertad, don de Dios, es tan grande que el hombre puede decir no a la voluntad manifiesta de Dios, y Dios, que es el primer respetuoso guardián de esta libertad, no la fuerza.

La historia de Israel es ejemplar. Sintetiza y hace objetivo lo que el individuo puede responder a Dios. Dios interesa, pero se puede pecar al convertirlo en un ídolo hecho por nosotros a nuestra imagen y semejanza, y a la medida de y según nuestras conveniencias.

Dios también reprocha con indignación la sordera de Israel. Taparse los oídos es una grave responsabilidad. No se puede impunemente endurecer el corazón, porque Dios no habla en vano. Cualquier gesto suyo es una gran dignación de amor y pide de nuestra parte una respuesta.

LA HOMILÍA

En la homilía habría que usar, adaptándolo según las características de una homilía, el material que se presentó en las notas exegéticas.

No hay que olvidar los tres componentes de una homilía:
a) ante todo, la Palabra de Dios (tal como lo enseñan las directivas eclesiales, por ejemplo la exhortación apostólica postsinodal "El Sacramento del Amor", del Papa Benedicto XVI, n. 46);
b) el marco litúrgico (tiempo litúrgico, sacramento concreto, etc.); y los elementos circunstanciales de la vida de la comunidad (realizaciones o fracasos, tristezas o alegrías, esperanzas o decepciones, siempre vistas desde las perspectivas evangélicas).

ALBERTO ARANDA C., M.Sp.S.

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Proyecto de homilía

Las lecturas bíblicas de hoy se centran en la necesidad de verificar nuestra fe con las obras. No bastan las palabras, ni siquiera las más grandes con que proclamamos a Jesús como "Señor", si no ponemos en práctica lo que significan. La misma celebración litúrgica puede volverse una declaración de buena voluntad, desmentida luego por los hechos. La Eucaristía, que debería fomentar y ensanchar el amor, de hecho nos sigue dejando cerrados en nuestro egoísmo; el signo de "paz" que nos damos durante la Misa, no suele producir ninguna pacificación, ni siquiera entre los mismos cristianos...

Es el drama de la separación entre el creer y el vivir, que bastaría para demostrar que el ser humano es un ser "desequilibrado", que necesita ser reajustado continuamente.

Ya la primera lectura, que es la parte final de la gran introducción al llamado "código deuteronómico", contiene una vibrante invitación a Israel a demostrar con los hechos su fidelidad al Señor.

Según las palabras de Moisés, es determinante el "obedecer" o el "no obedecer" los mandamientos del Señor; el "caminar" o "no caminar" por las sendas que Él señala. Eso acarrearía la "bendición" o la "maldición"; no el mero hecho de atarse al brazo o ponerse en un estuchito entre los ojos un escrito con algunas de las palabras más significativas de la ley. La palabra de Dios, si se queda como un simple adorno de la inteligencia o como un pretexto para sentirse superiores a los demás, es más bien instrumento de maldición y de condena que esperanza de salvación. Eso lo reprochaba Jesús a los fariseos de su tiempo.

El pasaje del evangelio se mueve también en la misma dirección, con imágenes más frescas y perspectivas más impresionantes. "Escuchar" la palabra de Dios y no ponerla en práctica, significa condenar a la ruina todo lo que uno hace, como alguien que construye sobre la arena en vez de hacerlo sobre sólido fundamento.

Las palabras de Jesús que nos presenta San Mateo son la conclusión del "sermón de la montaña", en el que Jesús ha promulgado el estatuto del Reino y ha abierto ante los ojos de sus discípulos el horizonte infinito del espíritu de las bienaventuranzas. Nada más apto que todas esas palabras de Jesús, para crear una fuerte tensión espiritual y un gran entusiasmo. Pero ahí está precisamente el peligro: pensar que basta el entusiasmo por una gran causa, sin un comprometerse día a día en su lenta y fatigosa realización.

Es fácil proclamar en una reunión litúrgica nuestra fe en Cristo como "Señor"; pero no es igual de fácil reconocerlo como "Señor" en lo concreto de nuestra vida de cada día, en todo lo que hacemos, pensamos o deseamos.

Profesar la fe y no vivirla coherentemente en todas sus exigencias significa, al fin y al cabo, ni siquiera comprender esa fe. Sería una falsedad total. No sólo la falsedad de la vida, sino también la falsedad de la fe que queremos proclamar frente al mundo. Si la proclamamos sólo de palabra; porque las puras palabras no cuentan.

La segunda lectura parece contradecir en cierto modo el mensaje de Jesús que estamos considerando, pero obviamente no es así. Aceptar ser salvados gratuitamente por la sangre de Cristo, como dice San Pablo, significa vivir constantemente bajo el signo del amor expresado con aquella sangre derramada por nosotros en la cruz. Por eso, para San Pablo la fe verdadera es la que "actúa por medio de la caridad", como escribirá en su carta a los Gálatas (5,6).

En nuestra celebración de la Eucaristía pidamos al Señor la gracia de ser coherentes en nuestra vida toda con la fe en Él que aquí profesamos.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

VINO LA LLUVIA SOBRE AQUELLA CASA...
PERO NO SE CAYÓ