
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 32,5-6 |
Alabemos al Señor llenos de gozo, porque la tierra está llena de su amor y su palabra hizo los cielos. Aleluya.
ORACIÓN COLECTA
Dios omnipotente y misericordioso, guíanos a la felicidad eterna de tu Reino, a fin de que el pequeño rebaño de tu Hijo pueda llegar seguro a donde ya está su Pastor, resucitado, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
Sólo Jesús puede salvarnos.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 4,8-12
En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y ancianos: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, para saber cómo fue curado, sépanlo ustedes y sépalo todo el pueblo de Israel: Este hombre ha quedado sano en el nombre de Jesús de Nazaret, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos. Este mismo Jesús es la piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular. Ningún otro puede salvarnos, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 117 |
R/. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Más vale refugiarse en el Señor,
que poner en los hombres la confianza;
más vale refugiarse en el Señor,
que buscar con los fuertes una alianza. R/.
Te doy gracias, Señor, pues me escuchaste
y fuiste para mí la salvación.
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente. R/.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga.
Tú eres mi Dios, y te doy gracias.
Tú eres mi Dios, y yo te alabo.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna. R/.
SEGUNDA LECTURA
Veremos a Dios tal cual es.
De la primera carta del apóstol san Juan: 3,1-2
Queridos hijos: Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él.
Hermanos míos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado cómo seremos al fin. Y ya sabemos que, cuando él se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Jn 10,14 |
R/. Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor; yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. R/.
EVANGELIO
El buen pastor da la vida por sus ovejas.
+ Del santo Evangelio según san Juan: 10,11-18
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.
El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Este es el mandato que he recibido de mi Padre".
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual que vamos a ofrecerte, nos llene siempre de alegría, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio de Pascua I-V
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN |
Ha resucitado Jesús, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas, y que se digno morir para salvarnos. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Vela, Señor, con solicitud, por las ovejas que rescataste con la Sangre preciosa de tu Hijo, para que puedan alcanzar, un día, la felicidad eterna de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
EL BUEN PASTOR
En el capítulo 10 del evangelio de Juan se nos habla de Jesús como buen pastor. Veamos cuáles son las características que hacen a un pastor ser bueno. Pensemos también cuál sería, según las palabras del mismo evangelio, la respuesta o comportamiento que se esperaría de las ovejas.
El buen pastor:
- entra por la puerta del corral de las ovejas y no por otra parte, como lo hace el ladrón o un bandido (v. 1);
- llama por su nombre a cada una de sus ovejas (v. 3);
- camina frente a ellas, y éstas lo siguen, porque conocen su voz (v. 4);
- está dispuesto a dar la vida por sus ovejas (v. 11);
- se preocupa y busca a las ovejas perdidas o de otro corral para formar un solo rebaño bajo la guía de un solo pastor (v. 16);
- no permite que sus ovejas sean arrancadas de su mano y les da vida (v. 28).
Las ovejas:
- escuchan con atención la voz de su pastor (v. 3);
- son fieles a su pastor y no hacen caso a los ladrones, bandidos o voces desconocidas (w. 5 y 8);
- conocen a su pastor y, por lo tanto, están unidas íntimamente a él (v. 14);
- siguen a su pastor con fe y confianza (v. 27).
La imagen del buen pastor y las ovejas puede quedarse en una imagen sentimental o algo melosa. Por eso, es importante reconocer los retos y compromisos que tienen tanto el pastor como las ovejas para mantener el rebaño unido y a salvo. Los ladrones y bandidos están a la espera del mejor momento para alargar la mano y robar a las ovejas; los peligros no dejan de amenazar al rebaño. No hay que tener miedo. En Jesús tenemos un buen pastor y sus ovejas ya sabemos qué hacer.
* 1ª lectura: Hechos 4,8-1
Pedro, lleno del Espíritu Santo, después de haber curado al paralítico del templo se dirige a las autoridades judías. Su discurso está todo orientado hacia el anuncio del "Nombre" de Jesús. Se concluye, en efecto, con esta frase: "no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (v. 12).
En el pensamiento bíblico, el nombre es la misma persona, su ser y su destino, entre el nombre y la persona existía una relación esencial. El nombre de Jesús, efectivamente, quiere decir: "Yahvé salva". Pedro afirma con claridad que la exclusividad y la universalidad de la salvación de Dios está ligada a la persona de Jesús de Nazaret. El profeta Joel había anunciado para los últimos días que "cuando invoquen el nombre del Señor se salvarán" (Joel 3,5). La salvación obtenida a través de la invocación del "Nombre" divino, se realiza por medio de la fe y la proclamación del "Nombre" de Jesús, que ha recibido de Dios "el nombre que está sobre todo nombre" (Flp 2,9).
* 2ª lectura: 1 Juan 3,1-2
La filiación divina es un don del amor de Dios, que no sólo nos ha dado un título honorífico, sino que nos ha hecho realmente sus hijos en Cristo Jesús, pues "les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre" (Jn 1,12). Sin embargo, la condición filial del creyente queda oculta a los ojos del mundo que, por no reconocer a Dios, tampoco puede reconocer la filiación divina de los hijos de Dios.
Ser hijos de Dios es una realidad actual y operante ya en la historia ("ahora somos hijos de Dios"), pero que todavía no ha alcanzado su plenitud, la cual coincide con la participación de la vida divina en plenitud, "vamos a ser semejantes a él", cuando hayamos podido alcanzar el sueño de los creyentes de todos los tiempos, "porque lo veremos tal cual es" (v. 2).
* 3ª lectura: Juan 10,11-18
La frase "Yo soy el Buen Pastor" (ego eimi ho poimên ho kalós) (v. l l a), traduce la expresión griega: "Yo soy el pastor, el bueno". El calificativo "bueno" traduce el adjetivo griego kalós (bueno o bello), que no expresa tanto la idea de mansedumbre o de afabilidad, sino la calidad de una cosa o de una persona, que es plenamente lo que debe ser o que realiza a la perfección su función. De allí que kalós se pueda traducir también como bello. Este adjetivo se encuentra utilizado en el Nuevo Testamento en muchas expresiones con este sentido: Mc 4,20; Mt 7,17s; Jn 2,10; 10,32; 1 Pe 4,10; 2 Tim 2,3. El adjetivo kalós subraya en Jn 10 la plenitud de la obra salvadora realizada por el Pastor que conduce a la vida y a la salvación.
Jesús es el Buen Pastor porque "da" vida en favor de sus ovejas e instaura con ellas relaciones nuevas de conocimiento mutuo en el amor. Xavier-Léon Dufour ha hecho notar que la expresión "el Buen Pastor da la vida por las ovejas", traduce literalmente la frase griega: "el Buen Pastor dispone de su vida en favor de sus ovejas" (IIb). En efecto, el verbo griego utilizado, no es dídomi, "dar", sino títhêmi "poner", "colocar", "poner algo a disposición" (Cfr. Jn vv. 11.15.17.18). Juan quiere subrayar que Jesús "disponía" de su vida con absoluta libertad, integrando en su existencia el enfrentamiento con la muerte. Una vez llegado el momento, deja su vida para tomarla de nuevo, según el poder y el mandato recibido del Padre (Jn 10,17-18). La muerte no es únicamente el término de su existencia, sino una realidad que está en el corazón de la vida misma. Jesús no se aferra a su existencia, sino que se desprende de ella sin cesar. "Dispone" de ella con libertad, para donarla.
El Buen Pastor "da la vida por sus ovejas" (v. IIb), es decir, "en favor de las ovejas" (griego: hypér ton probátôn). La preposición griega hypér seguida de genitivo, significa "para provecho de", "en favor de". No tiene nunca el sentido de "en lugar de", es decir, no implica la idea de sustitución. No se quiere afirmar que Jesús pastor muere en lugar de las ovejas. La perspectiva del evangelio de Juan no es el perdón de los pecados, sino el "conocimiento" entre las ovejas y el pastor. El pastor salva a las ovejas de una situación global de oscuridad y de distanciamiento, más que de una culpa moral.
La figura del jornalero o mercenario resalta, por contraste, la figura del pastor. Juan desarrolla luego el tema del conocimiento recíproco entre el Pastor y sus ovejas. El verbo "conocer" conserva el sentido bíblico, que expresa un conocer existencial, práctico y afectivo, es decir, a través de la vida, de la comunión y la relación afectiva con el otro. El conocimiento que une a Jesús con las ovejas es un conocimiento de amor recíproco, que se basa en el conocimiento de amor recíproco y eterno entre el Padre y el Hijo (v. 15a). Las relaciones entre el Pastor y las ovejas asumen, por lo tanto, una dimensión teologal infinita. La comunión entre los discípulos y Jesús es una participación en la comunión existente entre Jesús y el Padre.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
EL DOMINGO "DEL BUEN PASTOR"
La tradición litúrgica romana ha situado siempre el evangelio en que Jesús se autodefine como pastor en el interior de los domingos de Pascua, lo que ha llevado a configurar este domingo como el "domingo del Buen Pastor", sin que esto haya cambiado el título en el mismo Misal. La organización del leccionario dominical, después de la reforma litúrgica, ha llevado el evangelio del buen Pastor del tercero al cuarto domingo de Pascua, dejándolo así como el centro de la Cincuentena. De hecho, el jueves de la cuarta semana es exactamente el día vigesimoquinto de la Pascua, y en las lecturas evangélicas feriales empieza la lectura continuada de la conversación de despedida entre Jesús y los discípulos, del evangelio de Juan.
La idea general del "domingo del Buen Pastor" no debe hacernos olvidar que el texto concreto que leemos cada año es sólo un fragmento del capítulo 10 de Juan, y que el contenido no es único. Debemos, pues, ser fieles al contenido del texto del Ciclo correspondiente. Así, en el texto del Ciclo B, en el interior de su relación filial con el Padre. Es un texto de sentido "sacrificial".
El Papa Pablo VI añadió a este domingo la plegaria por las vocaciones al ministerio y a la vida consagrada, y, aunque esto no tiene ninguna referencia litúrgica, es importante tenerlo presente, sobre todo en el contexto de la crisis manifiesta de vocaciones en este sentido. Deberemos, sin embargo, no confundir la referencia a la misión pastoral, entre las vocaciones al ministerio y a la vida consagrada, y acentuar en los dos casos la importancia del "dar la vida".
"JESÚS, SEÑOR NUESTRO, EL GRAN PASTOR DE LAS OVEJAS..."
La Carta a los hebreos acaba con esta afirmación: "El Dios de la paz, el que, mediante la sangre de una alianza eterna, resucitó de entre los muertos al pastor eterno de las ovejas, Jesucristo, nuestro Señor" (Heb 13,20). En esta síntesis se acentúa lo que es esencial en la figura del Buen Pastor: es en la totalidad del Misterio Pascual donde se verifica plenamente la palabra de Jesús. El Apocalipsis lo expresa así: "El Cordero, que está en el trono, será su pastor y los conducirá a las fuentes del agua de la vida" (7,17). Las primeras generaciones cristianas tenían claro que representar a Jesús como pastor era referirse a Cristo resucitado; por esto situaban la figura entre los árboles del paraíso (por ejemplo, en las catacumbas de Priscila).
El fragmento del capítulo 10 de Juan que leemos en el Ciclo B (10,11-18) está centrado en la "donación" de la vida por las ovejas. Es una donación en plena libertad, y amor a las ovejas. Es una verdadera oblación, el sacrificio vivo y santo, al amor del Padre, sellada por el amor mismo del Padre: "El Padre me ama porque...", "Él -Cristo- al ofrecerse a ti por nuestra salvación, quiso ser a un tiempo, víctima, sacerdote y altar" (prefacio V de Pascua). La acción de Jesús es verdaderamente humano-divina: "Tengo poder para darla (la vida) y lo tengo también para volverla a tomar". En estas breves frases se dibuja el misterio de la salvación como "opus Trinitatis" obra de la Trinidad; el amor entre el Padre y el Hijo es el Espíritu.
La homilía, fiel a la orientación mistagógica, llevará a la asamblea al reconocimiento amoroso y agradecido de la realización permanente, en la Iglesia, de la obra pascual de Cristo. Todos los sacramentos y los sacramentales reciben su fuerza del Misterio Pascual de Cristo (Sacrosanctum Concilium, n. 61), glorificación del Padre y santificación de los hombres. Esto es cierto, en primer lugar, de la Eucaristía, pero también de los demás sacramentos, centrados todos en la Eucaristía. El Bautismo y la Confirmación introducen a la participación en la Eucaristía, la Ordenación configura a sus ministros, la Penitencia reintegra a ella a los pecadores; la fuerza de la resurrección se extiende a la debilidad corporal en el sacramento de los enfermos, y la alianza matrimonial cristiana, sellada por el amor de Dios, tiene en el sacrificio de la nueva y eterna alianza su referencia, de la que es también un signo visible. El sacrificio eucarístico es la obra del Buen Pastor que continúa ofreciendo su vida "por sus ovejas".
Esta vida ofrecida pasa a ser vida de los creyentes. No olvidemos las palabras de Jesús, anteriores a la perícopa de hoy: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Juan 10,10).
Esta invitación mistagógica a entrar en la participación de los misterios para vivir en la vida nueva, queda completada con las afirmaciones que se resaltan en las lecturas precedentes al evangelio. La vida cristiana es realmente una vida de hijo de Dios -en el Hijo, en su Espíritu-, que, en "el pequeño rebaño de tu Hijo" (colecta), no se manifiesta plenamente, ni es reconocida por el mundo, pero que es la prueba del amor del Padre (2ª lectura). No hay nadie más que nos pueda dar esta vida (la salvación), sino quien ha dado su vida por nosotros (1ª lectura).
La homilía no puede dejar de referirse a la dimensión escatológica de esta temática. Los textos eucológicos nos llevan directos a ella. La oración sobre las ofrendas es intensamente sacramental y escatológica: "que este sacrificio pascual que vamos a ofrecerte nos llene siempre de alegría". La oración después de la comunión hace resonar el salmo 22: "por las ovejas que rescataste con la sangre preciosa de tu Hijo, para que puedan alcanzar, un día, la felicidad eterna de tu Reino".
PERE TENA
Como todos los años, este domingo de Pascua está dedicado a celebrar a Cristo Buen Pastor; guía y compañero de viaje de la comunidad creyente. El pasaje evangélico clásico es, obviamente, el capítulo 10 de San Juan, ambientado en el contexto de la fiesta de la dedicación del Templo de Jerusalén. Al cuarto evangelio le gusta colocar las revelaciones de Jesús y sus "señales" en el contexto del calendario litúrgico judío, como para resaltar la tensión que éste posee hacia Cristo. También aquí, Jesús, al declararse "puerta del rebaño" parece hacer alusión al templo, y se presenta como el templo perfecto (Cfr. Jn 2,21), en el que se adora al Padre "en espíritu y en verdad" (4,23).
En el pasaje evangélico escogido para hoy (Jn 10,11-18), las palabras de Jesús están centradas en la figura del Buen Pastor, subrayada dos veces con la fórmula clásica joanea de auto revelación "Yo soy". A las dos proclamaciones de Cristo siguen dos breves discursos. El primero (vv. 11-13) está estructurado, según la técnica dualista joanea, sobre una antítesis: "pastor-mercenario". El fondo obscuro del mercenario que falta a la hora del peligro, sirve para iluminar por contraste la imagen del verdadero pastor, al que se dedica un segundo discurso en los vv. 14-16. Aquí Jesús, bajo la tradicional simbología pastoral (Cfr. Ez 34), presenta positivamente la relación de íntima comunión que lo vincula con quienes creen en El. "Conocer" es precisamente, en el lenguaje bíblico, la expresión viva y casi corpórea de ese contacto personal, de ese diálogo de amor.
Los versículos 17-18 anuncian "la Hora" de Jesús -es decir, su Pasión, muerte y glorificación- como gesto de amor del verdadero pastor para con su rebaño. Cristo entrega voluntariamente su vida; y la entrega para volverla a tomar. En Cristo la muerte es el camino a la gloria pascual, es la liberación plena que Dios ofrece a la humanidad.
Ese primado absoluto de Cristo para la salvación es declarado de otra manera por Pedro, en las palabras que pronunció ante el Sanedrín (primera lectura): «No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que debamos salvarnos» (Hech 4,12). Cristo es el punto de cohesión, la "piedra angular" (v. 11), sobre la que se compacta el edificio de la historia y de la humanidad redimida. Como había ya precisado Pedro en su discurso del día de Pentecostés, citando al profeta Joel, «todo el que invoque el nombre del Señor se salvará» (Hech 2,21). "Invocar el nombre", significa adherirse plenamente a una persona; sería un buen paralelo del "conocer" que se da entre el pastor y el rebaño.
El ser humano, rodeado por este amor de Dios, se convierte, como Cristo, en "hijo de Dios". Este es el tema de la segunda lectura (1 Jn 3,1-2). También aquí aparece el verbo "conocer", pero en negativo; porque se aplica a la ruptura insalvable que existe entre el mundo, como símbolo de la opción por la incredulidad, y el Padre. En cambio, para el creyente, el conocimiento de amor con Dios crea la filiación.
Esta filiación se actuará en dos etapas: hay una filiación divina realizada ya desde ahora (1 Jn 3,2), en la existencia cristiana presente, y hay una filiación plena y definitiva, por la que «seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es». Como dice San Pablo en una de sus cartas: «La vida de ustedes está oculta con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida de ustedes, también ustedes aparecerán gloriosos con Él» (Col 3,3-4).
En nuestra celebración de la Eucaristía se hace de nuevo presente entre nosotros Jesús, el "Pastor de nuestras vidas", para conducirnos cada vez más hacia la vida verdadera. ¡Que sepamos escuchar su voz y dejarnos guiar siempre por Él.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
EXAMEN PARA PASTORES Y PASTORAS
Es decir para nosotros, papás y mamás, a quienes Dios nos ha encomendado de una manera especial "pastorear" a sus ovejas.
Todo depende del resultado que obtengamos después de examinar nuestra vida atendiendo a las tres características del "buen pastor" que nos presenta hoy el evangelio:
a) El buen pastor da la vida por sus ovejas
- ¿Nos matamos (que es otra forma de decir "dar la vida") para que no les falte lo necesario a nuestras ovejitas? Y lo necesario, caigamos en la cuenta, no es solamente el alimento, sino el cariño, el buen ejemplo, la preocupación por su instrucción religiosa.
b) El buen pastor conoce a sus ovejas
- ¿Conocemos nosotros a las nuestras? ¿Sus problemas, sus defectos y sus cualidades? ¿Convivimos con nuestros hijos para conocerlos?
c) El buen pastor se preocupa por las ovejas que no son de su rebaño
- ¿Qué tanto nos interesamos por los compañeros de nuestros hijos? ¿Por los problemas y necesidades de nuestros trabajadores? ¿Por los de nuestros compañeros de trabajo?..