
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 105,47 |
Sálvanos, Señor y Dios nuestro; reúnenos de entre las naciones, para que podamos agradecer tu poder santo y sea nuestra gloria el alabarte.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Concédenos, Señor Dios nuestro, amarte con todo el corazón y, con el mismo amor, amar a nuestros prójimos. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Les daré un profeta y pondré mis palabras en su boca.
Del libro del Deuteronomio: 18,15-20
En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: "El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharán. Eso es lo que pidieron al Señor, su Dios, cuando estaban reunidos en el monte Horeb: 'No queremos volver a oír la voz del Señor nuestro Dios, ni volver a ver otra vez ese gran fuego; pues no queremos morir'.
El Señor me respondió: 'Está bien lo que han dicho. Yo haré surgir en medio de sus hermanos un profeta como tú. Pondré mis palabras en su boca y él dirá lo que le mande yo. A quien no escuche las palabras que él pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Pero el profeta que se atreva a decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de otros dioses, será reo de muerte' ".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 94 |
R/. Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, lancemos vivas al Señor,
aclamemos al Dios que nos salva.
Acerquémonos a él, llenos de júbilo,
y démosle gracias. R/.
Vengan, y puestos de rodillas,
adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo,
pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo;
él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. R/.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
"No endurezcan su corazón,
como el día de la rebelión en el desierto,
cuando sus padres dudaron de mí,
aunque habían visto mis obras". R/.
SEGUNDA LECTURA
La mujer soltera se preocupa de las cosas del Señor.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 7,32-35
Hermanos: yo quisiera que ustedes vivieran sin preocupaciones. El hombre soltero se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradarle; en cambio, el hombre casado se preocupa de las cosas de esta vida y de cómo agradarle a su esposa, y por eso tiene dividido el corazón. En la misma forma, la mujer que ya no tiene marido y la soltera se preocupan de las cosas del Señor y se pueden dedicar a él en cuerpo y alma. Por el contrario, la mujer casada se preocupa de las cosas de esta vida y de cómo agradarle a su esposo.
Les digo todo esto para bien de ustedes. Se lo digo, no para ponerles una trampa, sino para que puedan vivir constantemente y sin distracciones en presencia del Señor, tal como conviene.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Mt 4,16 |
R/. Aleluya, aleluya.
El pueblo que yacía en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció. R/.
EVANGELIO
No enseñaba como los escribas, sino como quien tiene autoridad.
+ Del santo Evangelio según san Marcos: 1,21-28
En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: "¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". Jesús le ordenó: "¡Cállate y sal de él!" El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: "¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen". Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.
Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, estos dones que te presentamos en señal de sumisión a ti, y conviértelos en el sacramento de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario
Santo, Santo, Santo...
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Mt 5,3-4 |
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los cielos. Bienaventurados los apacibles, porque poseerán la tierra, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que el sacramento del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo que acabamos de recibir, nos ayude, Señor, a vivir más profundamente nuestra fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
LA PALABRA QUE LIBERA
La enseñanza de Jesús se ve confirmada por su acción. Ambos aspectos de su ministerio, indisolublemente unidos, llevan una marca inconfundible: autoridad. Jesús posee la autoridad y el poder de quien, anunciando la llegada del Reino de Dios, la hace realidad. La poderosa palabra doctrinal y la poderosa acción exorcista constituyen por igual un signo del poder divino de Jesús y, simultáneamente, un signo de que en él y con él se abre camino la soberanía de Dios en el mundo. Nada mejor que la curación de un hombre poseído por un espíritu inmundo para confirmarlo. Detrás de los espíritus inmundos se esconde, para el evangelista, el poder alienante y opresivo del maligno, que, ante la presencia de Jesús, "el Santo de Dios", no puede hacer otra cosa que retroceder y escapar.
Jesús no sólo dice las palabras de Dios sino que es la Palabra; en Jesús de Nazaret nos encontramos con la Palabra de Dios para nosotros, con la Palabra que nos salva y libera. Jesús viene a destruir el mal que domina el corazón del hombre. Aceptar su autoridad es dejar que nos libere del mal y, en el mismo Jesús, ser instrumentos de liberación del mal en el mundo.
¿Cuáles son los mayores enemigos del Reino, que actualmente se presentan a nivel personal, familiar y social? ¿Quiénes nos están impidiendo que tengamos fe y luchemos por la justicia? ¿Quiénes nos dividen e impiden que vivamos como hermanos? Analicemos la realidad que vivimos, acojamos la Palabra que libera.
* 1ª lectura: Deuteronomio 18,15-20
Este texto, colocado en el centro del llamado Código Deuteronomista (Deut 12,1-26, 15), ofrece una definición del profeta: "Pondré mis palabras en su boca y él dirá lo que le mande yo" (v. 18). La palabra profética surge de la obediencia al mandato de hablar que se recibe de parte de Dios. Recordando el temor que manifestaron los israelitas frente al riesgo mortal de escuchar directamente a Dios en el Sinaí (Deut 5,4), Moisés fundamenta el don de "un profeta" semejante a él. En realidad todos los profetas encarnarán en cierto modo el ministerio de Moisés.
El profeta es uno "en medio de sus hermanos" (v. 18). No es un ángel, ni un semidiós, sino uno que vive en la historia la condición de semejanza con los demás. Al mismo tiempo es uno que recibe la palabra de parte de Dios para anunciarla a los otros. Habla de Dios, permaneciendo "hermano", inmerso en la historia y partícipe del destino de sus hermanos, los hombres. El profeta no inicia su ministerio a través de una ceremonia religiosa como en el caso del rey o del sacerdote. Dios mismo suscita al profeta mediante la comunicación de su Palabra. Escuchar al profeta es tan normativo y exigente como escuchar a Dios: "A quien no escuche las palabras que él pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas" (v. 19).
El profeta "semejante a Moisés" (Cfr. Deut 18,15), no sólo representa la fisonomía ideal de los profetas y de su ministerio, sino que llegó a utilizarse para interpretar la persona del Mesías (Cfr. Jn 1,21; 6,14; Hech 3,22-24; 7,37).
* 2ª lectura: 1 Corintios 7,32-35
Pablo desarrolla una catequesis sobre los diferentes estados de vida en los que el cristiano puede vivir plenamente su fe en el Señor. En el v. 24 de 1 Cor 7, ofrece la clave interpretativa de todo su discurso: "Cada cual, hermanos, continúe ante Dios en el estado que tenía al ser llamado a la fe". La fe cristiana no entra en contradicción ni con el matrimonio ni con la virginidad. Si antes ha valorado el matrimonio (vv. 1-16), Pablo ahora exalta el valor de la virginidad, que se fundamenta no en una consideración negativa del cuerpo o del sexo, sino en cuanto supone una donación plena y total de la persona al Reino de Dios y a los hermanos (vv. 32. 35).
* 3ª lectura: Marcos 1,21-28
El episodio describe el inicio del ministerio de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, inmediatamente después de la llamada de los primeros discípulos. Jesús enseña en la sinagoga, en el lugar ordinario de la proclamación de la palabra de la Ley en Israel. Allí su palabra resuena novedosa y llena de autoridad. Su actividad es doble: instruye y realiza un exorcismo. Marcos insiste sobre todo en la "calidad" de la palabra de Jesús.
Al inicio del texto, después que la gente ha escuchado la enseñanza de Jesús, se dice que "quedaron asombrados de sus palabras (didajé), pues enseñaba (didáskon) como quien tiene autoridad (exousía) y no como los escribas" (v. 22); al final del texto, después que ha realizado el exorcismo, "todos quedaron estupefactos: "¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina (didajé) es ésta?..., tiene autoridad (griego: exousía)". (v. 27).
El episodio de la curación del endemoniado, que ocupa la parte central del relato (vv. 23. 27), es construido según el modelo clásico de las narraciones del exorcismo: se explica su condición enferma con la expresión "espíritu inmundo" (v. 23); se produce un encuentro verbal entre el poseso y Jesús, que pone en evidencia el infinito contraste entre la fuerza del mal y la de Jesús (vv. 24-25); Jesús, con serenidad soberana, a diferencia de los exorcistas de la época, pronuncia una orden absoluta: "¡Cállate y sal de él !"; al final, se describe la huida del demonio con una reacción violenta (v. 26).
En el evangelio de Marcos, Jesús impone silencio a quienes pretenden revelar su identidad, manipulándola o distorsionándola. Podría ser identificado como un Mesías glorioso o un taumaturgo de profesión. El auténtico conocimiento de Jesús no brota de la fama de sus milagros, ni se fundamenta en hechos extraordinarios, sino que es el fruto de la aceptación humilde del escándalo de la cruz y de su Resurrección gloriosa (Cfr. Mc 15,39; 16,6-7).
Según la mentalidad de la época, los enfermos que padecían algún tipo de anormalidad psíquicas eran vistos como poseídos por el demonio o perturbados por espíritus impuros. La liberación de una persona que sufría esta condición, implicaba eliminar una fuerza maligna que la dominaba desde dentro, permitiéndole recobrar su identidad y sus normales relaciones familiares y sociales.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
UN PROFETA QUE HABLA CON AUTORIDAD
Después de haber llamado a los primeros discípulos, el evangelista Marcos, presenta a Jesús enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm. Este detalle puede ofrecernos ya un primer motivo de comentario. Y es que Jesús es un judío practicante, que asiste al encuentro del pueblo creyente el sábado en la sinagoga. Y no sólo asiste como simple oyente, sino que participa activamente. En una sociedad donde la práctica dominical está en crisis, no podemos dejar escapar ninguna oportunidad para recordar la importancia de participar en el encuentro de la comunidad, de celebrar la Eucaristía el domingo; y es más, de participar en ella de forma activa, corresponsable. La Iglesia somos todos, y todos tenemos un papel importante a ejercer, tanto en la celebración litúrgica como en los diversos ámbitos de la vida de la comunidad.
El detalle específico de Jesús, sin embargo, es que los que lo escucharon se "quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas". De entrada, el evangelista hace una crítica solapada hacia los que tenían el oficio de enseñar en la religión judía, una crítica que refleja ya desde ahora la oposición que después se irá desarrollando en todo el Evangelio entre Jesús y los dirigentes judíos. Sin embargo, lo importante es que la gente que escuchaba a Jesús captaba que había algo nuevo, diferente, y sobre todo auténtico, en aquel personaje: "¿Qué nueva doctrina es ésta?.
Hablar en nombre de Dios era una constante en toda la historia del pueblo de Israel. A lo largo de los siglos Dios envió profetas que hablaban en su nombre. Pero también es cierto que había que comprobar la autenticidad de la palabra del profeta, porque sabemos por el Antiguo Testamento que aparecieron muchos falsos profetas. En la primera lectura, del libro del Deuteronomio, Dios anuncia a Moisés que suscitará entre sus hermanos un profeta como él mismo, como Moisés: "Pondré mis palabras en su boca y él dirá lo que le mande yo". Pero también les advertía: "El profeta que se atreva a decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de otros dioses, será reo de muerte". El pueblo de Israel esperaba un Mesías, un profeta auténtico que hablase y que trajese la salvación en nombre de Dios. Con este comentario del evangelista, empieza a ver que Jesús es ese Mesías esperado.
¿DE DÓNDE VIENE LA AUTORIDAD DE LA NUEVA DOCTRINA?
A continuación, y en la misma sinagoga, Marcos relata la curación de un hombre que tenía un espíritu inmundo. La escena es narrada con todo detalle, como una lucha entre Jesús, "el Santo de Dios", y el espíritu inmundo. Esta curación es la prueba de la autoridad de la enseñanza de Jesús. Significativamente, después de haber dicho que enseñaba con autoridad, no se especifica el contenido de esa enseñanza, ni los motivos que justificaban esa admiración, sino que se explica esa curación. Lo que quiere decir que estas obras de Jesús son el motivo de aquella admiración a la prueba de aquella autoridad. Que Jesús no habla como los escribas quiere decir que él no sólo se quedaba en las palabras, sino que las corroboraba con las obras; sus obras son signos que muestran la salvación de Dios que él anunciaba. El comentario de la gente al ver la curación repite la misma reacción que se había producido después de haberlo oído hablar: "¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta?... tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen". Es la misma reacción ante las palabras que ante las obras, porque son las dos caras de la misma moneda: la predicación de Jesús está hecha de palabras y de obras; y los signos son la mejor manera de autentificar la doctrina nueva que Jesús enseñaba de parte de Dios.
Evidentemente, también hoy día la predicación del Evangelio de Jesús debe hacerse con palabras y obras. En una época en la que las palabras tienen poco crédito, están gastadas, la gente es mucho más sensible al lenguaje del testimonio, que es la mejor manera de hacer creíble el mensaje de Jesús en el mundo de hoy. También nosotros debemos sacar "los espíritus inmundos" que hay en tanta gente y en nuestra sociedad. Revisemos nuestra coherencia en la vida de cada día, y pidamos con la oración colecta: "Concédenos, Señor, Dios nuestro, amarte con todo el corazón y con el mismo amor, amar a nuestros prójimos".
EL CELIBATO AYUDA A VIVIR DEDICADOS AL SEÑOR
San Pablo continúa en la segunda lectura dándonos consejos para la vida cristiana. Y hoy, en la inmediatez de la venida del Señor ("Les quiero decir una cosa: el tiempo apremia..., porque este mundo que vemos es pasajero", Versículos 29 y 31, lerdos el domingo pasado, previos al fragmento que leemos hoy), san Pablo hace una alabanza del celibato como un estado que permite preocuparse "de las cosas del Señor" más y mejor. Ciertamente, todos estamos llamados a seguir a Jesús, cada uno desde su estado de vida y desde su vocación, pero también es cierto que la vida consagrada a Dios es necesaria en la Iglesia. Puede ser una buena ocasión para orar por las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa.
JAVIER AYMERICH
El pasaje del Deuteronomio que hoy leemos como primera lectura pertenece al llamado "código deuteronómico", el cual no es simplemente una serie de normas, sino una verdadera predicación exhortatoria sobre esa Ley que Dios da a su pueblo por mediación de Moisés. En el párrafo de hoy, se dibuja la fisonomía ideal del profeta: una de las figuras político-religiosas más importantes de Israel, junto con la del rey, el sacerdote, el levita y el juez.
El profeta es el portavoz de Dios; su palabra es eficaz y creadora, como la palabra del Señor. Tanto que precisamente esa característica (la realización de lo que el profeta anuncia) es uno de los criterios con que se puede verificar la autenticidad de la profecía. La iniciativa para la aparición de un tal profeta es de Dios, y las palabras que dirá el profeta son las palabras de Dios (Dt 18,18). El juicio que Dios reserva a quien rechace o persiga a ese profeta será el mismo juicio reservado a quien rechaza al mismo Dios (v.19)...
Se explica así que bajo esta presentación tan elevada del "profeta", la teología judía haya creído entrever los rasgos de un profeta por excelencia, y no simplemente la continuidad del fenómeno profético después de Moisés. El anuncio de ese profeta "como Moisés" fue más tarde interpretado como un anuncio del Mesías y de la esperanza que Él debía traer a Israel.
En la época de Jesús este tipo de expectativa mesiánica estaba difundido a nivel popular. Se esperaba la llegada de un nuevo Elías (Cfr. Mt 11,14) o de otro Jeremías (Mt 16,14), y el pasaje de San Marcos que hoy leemos (evangelio) muestra con insistencia cómo se verificaba en la realidad la función profética de Cristo: "se puso a enseñar"... "Quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba con autoridad"... (Mc 1,21 -22). Y, después de la curación del endemoniado, de nuevo el asombro de la gente: "¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!" (v. 27). Jesús es el profeta perfecto, en cuanto que es la Palabra definitiva de Dios. Su enseñanza es la luz para nuestros pasos en el camino de la vida.
También San Pablo ejerce la función profética en favor de su comunidad de Corinto (segunda lectura). La ejerce con esa serie de indicaciones pastorales que propone a las cuestiones y problemas que surgen en aquella compleja comunidad. El pasaje de hoy, leído fuera de su contexto concreto y pastoral, pudiera ser un pretexto para puntos de vista sexofóbicos o puritanos. En realidad, San Pablo, que en el mismo capítulo de la carta a los corintios declara la legitimidad del matrimonio (7,2-5.10-11), se distancia de esas posiciones radicales. La celebración de la virginidad cristiana, que en nuestro pasaje hace San Pablo, no es una opción por el estado de celibato en cuanto tal, sino en cuanto que es una entrega total en favor del Reino de Dios y en favor de los hermanos.
La Iglesia nos enseña que todo cristiano participa en la función profética de Cristo. Que en nuestra participación en esta Eucaristía Jesús nos comunique su amor y su gracia, para que podamos cumplir plenamente esa función, siendo fieles testigos y servidores de la Palabra de Dios en nuestro ambiente familiar y social.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
¿ES MALO QUE LOS ESPOSOS BUSQUEN AGRADARSE?
Por supuesto que no.