IV DOMINGO DE CUARESMA
22 de marzo 2009, Ciclo B

La Transfiguración

Propio     Comentario     Nota exegética     Orientaciones para la celebración

Proyecto de homilía     Dios Hoy




Casulla Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Is 66,10-11

Alégrate, Jerusalén, y todos ustedes los que la aman, reúnanse. Regocíjense con ella todos los que participaban de su duelo y quedarán saciados con la abundancia de sus consuelos.


No se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que has reconciliado contigo a la humanidad entera por medio de tu Hijo, concede al pueblo cristiano prepararse con fe viva y entrega generosa a celebrar las fiestas de la Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

La ira del Señor desterró a su pueblo; su misericordia lo liberó.

Del segundo libro de las Crónicas: 36,14-16.19-23

En aquellos días, todos los sumos sacerdotes y el pueblo multiplicaren sus infidelidades, practicando todas las abominables costumbres de los paganos, y mancharon la casa del Señor, que él se había consagrado en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, los exhortó continuamente por medio de sus mensajeros, porque sentía compasión de su pueblo y quería preservar su santuario. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus advertencias y se mofaron de sus profetas, hasta que la ira del Señor contra su pueblo llegó a tal grado, que ya no hubo remedio.

Envió entonces contra ellos al rey de los caldeos. Incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén, pegaron fuego a todos los palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. A los que escaparon de la espada, los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos, hasta que el reino pasó al dominio de los persas, para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías: Hasta que el país haya pagado sus sábados perdidos, descansará de la desolación, hasta que se cumplan setenta años.

En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de las palabras que habló el Señor por boca de Jeremías, el Señor inspiró a Ciro, rey de los persas, el cual mandó proclamar de palabra y por escrito en todo su reino, lo siguiente: "Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha mandado que le edifique una casa en Jerusalén de Judá. En consecuencia, todo aquel que pertenezca a este pueblo, que parta hacia allá, y que su Dios lo acompañe".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 136

R/. Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Junto a los ríos de Babilonia
nos sentábamos a llorar de nostalgia;
de los sauces que estaban en la orilla
colgamos nuestras arpas. R/.

Aquellos que cautivos nos tenían
pidieron que cantáramos.
Decían los opresores:
"Algún cantar de Sión, alegres, cántemos". R/.

Pero,
¿cómo podríamos cantar un himno al Señor en tierra extraña?
¡Que la mano derecha se me seque,
si de ti, Jerusalén, yo me olvidara! R/.

¡Que se me pegue al paladar la lengua,
Jerusalén, si no te recordara,
o si, fuera de ti, alguna otra alegría yo buscara! R/.

SEGUNDA LECTURA

Muertos por los pecados, ustedes han sido salvados por la gracia.

De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 2,4-10

Hermanos: La misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y él nos dio la vida con Cristo y en Cristo. Por pura generosidad suya, hemos sido salvados. Con Cristo y en Cristo nos ha resucitado y con él nos ha reservado un sitio en el cielo. Así, en todos los tiempos, Dios muestra, por medio de Jesús, la incomparable riqueza de su gracia y de su bondad para con nosotros.

En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe; y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios. Tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir, porque somos hechura de Dios, creados por medio de Cristo Jesús, para hacer el bien que Dios ha dispuesto que hagamos.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 3,16

R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. R/.

EVANGELIO

Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él.

+ Del santo Evangelio según san Juan: 3,14-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: "Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él, no será condenado; pero el que no cree, ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios".
Palabra del Señor.

Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te presentamos, Señor, llenos de alegría, estas ofrendas para el sacrificio y pedimos tu ayuda para celebrarlo con fe sincera y ofrecerlo dignamente por la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I o II de Cuaresma

Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 121,3-4

Jerusalén es una ciudad armónicamente construida. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dios nuestro, luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo, ilumina nuestros corazones con el resplandor de tu gracia, para que nuestros pensamientos te sean agradables y te amemos con toda sinceridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Si tú quieres

OBRAR LA VERDAD

El amor de Dios se expresa fundamentalmente en el envío de su Hijo en medio de nosotros. Esa presencia es la medida de su amor por el "mundo". Cada gesto, cada palabra de Jesús manifiesta la amistad de Dios. La fe significa acoger ese amor que nos salva, que nos da -desde hoy- la vida eterna. La voluntad salvífica de Dios no excluye a nadie, ella alcanza a toda la humanidad. Pero ese designio debe ser aceptado libremente; rechazarlo es, en cierto modo, juzgarse uno mismo, es preferir las tinieblas a la luz. Esta es una de las imágenes más frecuentes de Juan para hablar de Cristo. Él es la luz; la oscuridad es el mundo del rechazo al amor de Dios.

Juan precisa: rechazan la luz "porque sus obras son malas". El terreno de las obras es definitivo en materia de fe. Allí se juega, en última instancia, la aceptación o el rechazo de Cristo. Aborrecer la luz y obrar mal son sinónimos. Es más, hay quienes se niegan a ir a la luz para que sus obras no muestren lo que son. El texto termina con una afirmación decisiva: "El que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios" (v. 21). La verdad no sólo se piensa y se acepta: se obra. Ella debe traducirse en acciones concretas, en compromiso, en solidaridad.

La fe cristiana significa creer en aquel que hizo una acción: envió a su propio Hijo. Expresar nuestra fe en un Dios que manifiesta su amor a través de obras, sólo es posible por medio de obras también. El evangelio de este domingo nos invita recibir la luz y obrar la verdad en todos los ámbitos de nuestra vida.

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Notas exegéticas

* 1ª Iectura: 2 Crónicas 36,14-16.19-23

1-2 Crónicas constituye, junto a los libros de Esdras y Nehemías, la llamada historia cronística, redactada a finales del siglo IV a. C., en la que se refleja el movimiento de restauración al regreso del destierro (siglos VI-V a. C.).

El epílogo de 2 Crónicas es un intento de interpretación de la historia de Israel desde una perspectiva teológica. Para el autor la causa más profunda de la tragedia del exilio no fue de carácter militar o político, sino religioso. El pueblo de Dios fue acumulando un peso terrible de pecado y de infidelidad, cerrándose continuamente a la palabra de Dios, "llegó a tal grado, que ya no hubo remedio" (v. 16).

2 Crónicas originalmente terminaba en el v. 21. Un autor posterior añadió los vv. 22-23, que son una copia del comienzo del libro de Esdras (Esd 1,1-3). De esta forma se agregó algo fundamental a la interpretación de la historia de Israel: Dios no deja que su pueblo perezca a causa del pecado, sino que lo invita a comenzar de nuevo. Su última palabra sobre el pueblo no es la muerte, ni el castigo, sino el perdón, la misericordia y la vida. A través de la política de Ciro, rey de Persia, Dios permitió a Israel regresar a su tierra y volver a empezar con esperanza la historia de la alianza.

* 2ª lectura: Efesios 2,4-10

El autor subraya ante todo la gratuidad de la salvación (v. 9). La salvación no es obra humana, ni recompensa a los méritos del hombre, sino un don gratuito del amor de Dios en Cristo. El hombre la recibe cuando se abre a Dios con la confianza de la fe, transformándose en Cristo, a tal punto de que nos ha "resucitado" y "con él nos ha reservado un sitio en el cielo". La salvación es descrita como creación: "creados por medio de Cristo Jesús, para hacer el bien" (v. 10). "Hacer el bien" no es la condición, sino la consecuencia de la salvación.

* 3ª Iectura: Juan 3,14-21

El itinerario del Hijo del hombre se completará en la cruz, cuando Jesús será "levantado" sobre la tierra (v. 14). El verbo griego utilizado por Juan es ypsóo, "levantar", "exaltar". El verbo indica metafóricamente la elevación de Jesús a la gloria, al mismo tiempo que la elevación física sobre la tierra a través de la crucifixión. La glorificación del Hijo del hombre supone el paso por la humillación y la muerte de cruz. Para Juan, el evento de la crucifixión pertenece ya a la exaltación gloriosa de Jesús junto a Dios (v. 15).

Juan afirma que Dios, en su infinito amor por la humanidad, "entregó" a su Hijo (v. 16). El texto griego utiliza el verbo dídomi, "dar", en lugar de paradídomi, "entregar", que es el que se utiliza generalmente en forma pasiva en el evangelio de Juan para hacer referencia a la pasión y a la muerte de Jesús (Cfr. Jn 13,21; 18,2; 19,11; etc.). El don del Hijo incluye, por lo tanto, todo el camino histórico de Jesús, sus palabras y obras, su muerte y su resurrección y su nueva presencia a través del Paráclito. No se limita al momento de la cruz.

La última parte del v. 16 afirma la finalidad del don que Dios ha hecho de su Hijo: "para que todo el que crea en él no perezca". Dios ha enviado a su Hijo para donar gratuitamente la vida eterna a los creyentes. El v. 17, sin embargo, presenta una perspectiva todavía más amplia: "para que el mundo se salvara por él". Este versículo, que se refiere al envío del Hijo con una frase negativa ("Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo"), afirma claramente el proyecto de Dios a favor de los hombres y su voluntad amorosa de comunicarles su propia vida.

Las formulaciones negativas del v. 18, sirven para subrayar, por contraste, el aspecto positivo del proyecto salvador de Dios, que no quiere el juicio y la muerte del mundo. En el evangelio de Juan, la vida eterna y el juicio de condenación no están reservados para el final de los tiempos, sino que se realizan en el presente, a partir de la opción que se toma frente a Jesús.

El juicio se hace patente en que los hombres prefieren las tinieblas a la luz, "porque sus obras eran malas" y, por lo tanto, al llegar la luz, no se acerca a ella, para que sus obras no queden manifiestas. En cambio, "el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz para que se vea que sus obras están hechas según Dios" (vv. 19-21). Estas obras, las negativas y las positivas, son descritas como no inmediatamente manifiestas y precedentes a la fe en Cristo. En el contexto del evangelio de Juan, Jesús está hablando con Nicodemo, por lo que probablemente aquí se hace referencia a la actitud que el hombre toma frente a la revelación de Dios a Israel, antes de Cristo. Quien acoge esta palabra de Dios, que ha precedido a Cristo, realiza la "verdad" y "se acerca a la luz".

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

Nos encontramos en el domingo Laetare ("Alégrense"). Hoy todo debe contribuir a apresurarnos con fe viva y entrega generosa a celebrar las próximas fiestas pascuales, como decimos en la oración colecta. Las flores y la música, discretas pero presentes a diferencia del resto de Cuaresma, pueden ayudar externamente a remarcar este momento de alegría a medio camino de la Pascua.

EL EXILIO Y LA RECONSTRUCCIÓN

La primera lectura, siguiendo las etapas más importantes de la Historia de la Salvación, llega a la crónica del exilio.

Para el cronista esta historia del pueblo sigue siendo un canto a la fidelidad de Dios y a su paciencia activa que ha hecho todos los esfuerzos posibles para suscitar la fidelidad de los hombres. En el centro de todo el relato encontramos nuevamente el templo, primero destruido, después convocando a su reconstrucción porque debe ser puesto por encima de todos los reinos de la tierra.

El salmo 136 canta con cruel radicalidad la añoranza de la situación pasada, perdida por el propio pecado -¡si de ti, Jerusalén, yo me olvidara!- pero invita con la misma radicalidad a la añoranza del futuro deseado que tan sólo puede venir de la gracia del perdón.

DIOS, RICO EN EL AMOR

San Pablo también invita a estar exultantes por el gozo pascual, porque la resurrección de Jesucristo es nuestra resurrección por obra y gracia del amor de Dios. No lo merecíamos; no ha sido tan sólo fruto de unas obras, nadie puede gloriarse de ello. Dios nos ha dado la vida, estando nosotros muertos por los pecados. Nos ha salvado por gracia, concluye.

Pero esto debe tener consecuencias en nuestra vida. A partir de ahora tenemos que dedicarnos a unas buenas obras que respondan al inmenso amor de Dios manifestado en Jesucristo. Es el mejor programa cuaresmal que mantiene los ojos fijos en la muerte y la resurrección gloriosa del Señor, que mueven a la conversión sincera.

TIENE QUE SER LEVANTADO

El diálogo evangélico de Jesús con Nicodemo, que ha venido a su encuentro en la oscuridad de su noche personal, nos sigue indicando el Misterio Pascual a que se encamina el proceso de fe del creyente. Hoy a partir de la imagen de la serpiente elevada en el desierto para ser salvación, este misterio se presenta con el lenguaje de la exaltación. El Hijo del hombre será levantado por los hombres en la cruz; Dios mismo lo exaltará en su glorificación. La cruz y la gloria se encuentran. La cruz, tan humana, se vuelve luminosa y deja al descubierto las obras de los hombres porque ilumina a todos y lo ilumina todo.

Desde la cruz, el Hijo del hombre se hace visible a todos los hombres que lo quieran "ver", que quieran mirarlo cara a cara para descubrir en él toda la radicalidad de la propia humanidad, la misma que Dios ha asumido al enviar a su Hijo único al mundo para salvarlo. Por eso la cruz se convierte en el camino imprescindible de la fe y, con ella, de la verdadera salvación: para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. No nos deberíamos cansar de repetírnoslo, porque hoy Dios envía a su Iglesia, nos envía a nosotros al mundo para continuar también siendo instrumentos de salvación. Porque Dios sigue amando profundamente a este mundo, el nuestro. Nosotros también debemos hacerlo.

ELEVEMOS LA EUCARISTÍA

En la celebración eucarística Dios sigue manifestando este amor al mundo, a nosotros. De nuevo es "elevado" y presentado a nosotros, los creyentes, para que nuestra fe crezca y anhelemos la salvación que nos viene de la Pascua del Señor. Somos obra suya, decía san Pablo. ¡Que él siga trabajando en nosotros!

JUAN TORRA



EL TIEMPO PASCUAL

La celebración de la Pascua se continúa durante el tiempo pascual. Los cincuenta días que van del domingo de Resurrección al domingo de Pentecostés se celebran con alegría, como un solo día festivo, más aún, como el "gran domingo".

Los domingos de este tiempo han de ser considerados y llamados como "domingos de Pascua" y tienen precedencia sobre cualquier fiesta del Señor y cualquier solemnidad. Las solemnidades que coincidan con estos domingos, han de transladarse al lunes siguiente. Las celebraciones en honor de la Santísima Virgen o de los santos, que caen entre semana, no pueden ser transladadas a estos domingos.

El domingo de Pentecostés concluye este sagrado período de cincuenta días con la conmemoración de la donación del Espíritu Santo derramado sobre los Apóstoles, el comienzo de la Iglesia y el inicio de su misión a todos los pueblos, razas y naciones.

Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, nn. 100,101 y 107 (1988)

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Proyecto de homilía

Un esquema de lectura de los textos que nos presenta hoy el leccionario puede ser la frase del escritor francés F. Mauriac: "Sobre el pecado y sobre el mal del mundo resplandece siempre la luz del amor de Dios".

La primera lectura es la página final del Libro de las Crónicas. Se trata de un epílogo interpretativo de la historia toda de Israel, y nos da un punto de vista teológico para leer esa historia. La medida que allí se emplea, la de la retribución aquí en la tierra (pecado/castigo, ya aquí, en el tiempo), puede parecer superada; pero la idea de fondo sigue siendo actual, también para nosotros.

El ser humano lleva ante Dios un pesado fardo de infidelidades, como el Israel antiguo (2 Cr 36,14). Pero a esta miseria, que es raíz de desolación y de injusticias, y que genera un mundo desequilibrado y absurdo, Dios no responde sólo con el castigo, sino que hace brillar la esperanza del perdón; porque la última palabra de Dios no es la muerte sino la vida. En ese sentido vienen los dos últimos versículos del libro (vv. 22-23): Ciro, el liberador persa, permitirá a Israel retornar del destierro de Babilonia y reconstruir el Templo de Jerusalén, lugar de encuentro con su Dios. Dios no ha abandonado y no abandonará a su pueblo.

Esa misma antítesis domina el pasaje de la Carta a los Efesios, que escuchamos en la segunda lectura. La muerte es desplazada por la vida: "Estando muertos a causa de nuestros pecados, Dios nos vivificó juntamente con Cristo" (Ef 2,5). La maravillosa salvación hacia la que Dios nos encamina no es construcción de nuestras manos. Pablo subraya con insistencia (cinco o seis veces en este pasaje) la gratuidad de esa vida que recibimos.

El nuevo ser que Dios crea en nosotros no es sólo una restauración parcial, mediante la fe, de lo que antes éramos; sino una completa transformación en Cristo, de manera que resucitamos con Él y nos sentamos en el Cielo con Él (2,6).

También en el diálogo nocturno de Jesús con Nicodemo (evangelio) aparece ese fuerte contraste. Por una parte, el mundo que no cree y es condenado; las tinieblas, los que hacen el mal y odian la luz. por otra parte, el mundo que cree y es salvado; la luz, las obras hechas en Dios, los que realizan la verdad y vienen a la luz. Cristo marca la diferencia; pero Él es también una señal viva del amor del Padre, quien "ha enviado a su Hijo... para que el mundo se salve por Él" (Jn 3,17).

De hecho, en la historia se da un proceso entre el bien y el mal; en el que la luz -es decir, Cristo- es el principal imputado, contra el que el mal se lanza. Cristo es levantado en la cruz como un condenado; pero precisamente esa "elevación" en la cruz marca el vuelco del proceso. De la cruz de Cristo nace la nueva humanidad (Cfr. vv. 14-15) que ama la luz y practica la verdad; es decir-según la manera de hablar de Juan-, que pone el evangelio de Cristo como norma de toda su existencia.

El Señor Jesús se hace presente en nuestra celebración de la Eucaristía para continuar en nosotros y con nosotros su lucha contra el mal y las tinieblas, que obscurecen nuestro mundo. ¡Que Él nos conceda hacer crecer en nosotros esa vida que nos obtiene con el misterio de su Pascua!

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

DIOS NO ENVIÓ A SU HIJO (ni a nosotros los cristianos)
A CONDENAR AL MUNDO...