IV DOMINGO DE ADVIENTO
20 de diciembre 2009, Ciclo C

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Proyecto de homilía     Dios Hoy


ORACION PARA ENCENDER EL CUARTO
CIRIO DE LA CORONA DE ADVIENTO

Al encender estas cuatro velas,
en el último domingo,
pensamos en Ella, la Virgen,
tu madre y nuestra madre.
Nadie te espero con más ansia,
con más ternura, con más amor.
Nadie te recibió con más alegría.
Te sembraste en Ella,
como el grano de trigo se siembra en el surco.
Y en sus brazos encontraste la cuna más hermosa.
También nosotros queremos prepararnos así:
en la fe, en el amor, y en el trabajo de cada día.
¡Ven pronto, Señor! ¡Ven a salvarnos!



Casulla_Morada

ANTÍFONA DE ENTRADA Is 45,8

Destilen, cielos, el rocío, y que las nubes huevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al salvador.


No dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

De ti saldrá el jefe de Israel.

Del libro del profeta Miqueas: 5,1-4

Esto dice el Señor: "De ti, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel, cuyos orígenes se remontan a tiempos pasados, a los días más antiguos.

Por eso, el Señor abandonará a Israel, mientras no dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos se unirá a los hijos de Israel. El se levantará para pastorear a su pueblo con la fuerza y la majestad del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque la grandeza del que ha de nacer llenará la tierra y él mismo será la paz".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 79

R/. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.

Escúchanos, pastor de Israel;
tú que estás rodeado de querubines,
manifiéstate;
despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.

Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos,
mira tu viña y visítala;
protege la cepa plantada por tu mano,
el renuevo que tú mismo cultivaste. R/.

Que tu diestra defienda al que elegiste,
al hombre que has fortalecido.
Ya no nos alejaremos de ti;
consérvanos la vida y alabaremos tu poder. R/.

SEGUNDA LECTURA

Aquí estoy, Dios mío, para hacer tu voluntad.

De la carta a los hebreos: 10,5-10

Hermanos: Al entrar al mundo, Cristo dijo, conforme al salmo: No quisiste vfctimas ni ofrendas; en cambio, me has dado un cuerpo. No te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado; entonces dije -porque a mí se refiere la Escritura-: "Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad".

Comienza por decir: "No quisiste víctimas ni ofrendas, no te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado" -siendo así que eso es lo que pedía la ley-; y luego añade: "Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad".

Con esto, Cristo suprime los antiguos sacrificios, para establecer el nuevo. Y en virtud de esta voluntad, todos quedamos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez por todas.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Lc 1,38

R/. Aleluya, aleluya.

Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho. R/.

EVANGELIO

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?

+ Del santo Evangelio según san Lucas: 1,39-45

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor".
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que el mismo Espíritu que cubrió con su sombra y fecundó con su poder el seno de la Virgen María, santifique, Señor, estas ofrendas que hemos depositado sobre tu altar. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II/A o II/B

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Is 7,14

He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Tú que nos has dado en este sacramento la prenda de nuestra salvación, concédenos, Padre todopoderoso, prepararnos cada día con mayor fervor para celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

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Siervo Fiel

MARÍA, MODELO DE LA IGLESIA

El evangelio de la Visitación es, en primer lugar, una reflexión sobre la Iglesia. La Iglesia, indudablemente, no estaba aún fundada... Pero aquí está representada, "simbolizada", en cierto modo, por María. La situación de María, que lleva en su seno al Señor, es similar a la de la comunidad cristiana que lleva también en sí misma a su Señor. Porque María es, como subraya tanto el Concilio Vaticano II (Cfr. Lumen gentium n. 63), modelo de los creyentes, modelo de la Iglesia. Ella fue la primera creyente: "Dichosa tú, que has creído", exclama su prima Isabel. Ella es también el inicio de la Iglesia, porque la Iglesia es mucho mas que su estructura, su organización, su jerarquía... La Iglesia es, ante todo, la Comunidad que lleva en sí misma a su Señor. Por eso en María, en la que el Verbo de Dios "se hizo carne", estaba ya naciendo la Iglesia, la comunidad que lleva dentro de sí a su Señor. Y no es casual que "saltara la criatura" en el vientre de Isabel. Porque María, como la Iglesia, es un evangelio, es una buena noticia, que hace que nazca en los hombres la ilusión, la esperanza; hace que los que van "arrastrándose" por la vida puedan comenzar a caminar y hasta saltar...

¿Qué nos puede decir todo esto para nuestra vida concreta, en esta proximidad a la celebración de la Navidad? ¿A qué nos invita este evangelio?

- A volver nuestra mirada a María como modelo de creyente, como modelo de la Iglesia.

- A no tener miedo a decir "sí" a Dios y confiar plenamente en Él.

- A ponernos en camino y visitar aquellos que necesitan el apoyo, la amistad y el servicio que podamos brindarles.

- A ser portadores, en todos los ambientes en que nos movemos, de la Buena Noticia que es Jesús.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Miqueas 5,1-4

El profeta Miqueas vivió en el siglo VIII a. C. Denunció la injusticia, la violencia, la corrupción y la opresión de la sociedad de su tiempo. Al interior de este desolador panorama, el profeta eleva un grito de esperanza. Como cumplimiento de la antigua profecía de Natán (2 Sam 7), anuncia una novedad que brotará de la insignificante ciudad de Belén, de la que era originario el rey David.

Miqueas anuncia una nueva intervención salvadora de Dios, desde la perspectiva de la dinastía davídica, es decir, una salvación que surge desde dentro de la historia humana con sus luces y sombras. Nacerá un nuevo "jefe de Israel". Después de una época de sufrimiento, seguirá el regreso de un resto del pueblo y el parto de una madre que dará a luz (v. 2). De este nacimiento surgirá un nuevo pastor, que "se levantará para pastorear a su pueblo" (v. 3). El niño que nacerá, destinado a ser un nuevo David, traerá la paz y la justicia. Él mismo, dice Miqueas, "será la paz" (v. 4).

* 2ª lectura: Hebreos 10,5-10

En esta espléndida meditación sobre el misterio de la Encarnación, el autor de la Carta a los hebreos presenta la novedad absoluta del evento histórico de Cristo, a la luz de algunos versículos del salmo 40.

Los sacrificios y los holocaustos de la antigua alianza, signos válidos y elocuentes de la alianza salvadora entre Dios e Israel, son sustituidos por el "cuerpo" de Jesús, el Hijo de Dios, que entra en la historia y se ofrece por la salvación de todos los seres humanos.

El misterio personal, la historia de la fidelidad y la obediencia amorosa de Jesús de Nazaret frente al designio del Padre y, sobre todo, su pascua de muerte y resurrección, hacen posible la definitiva oferta de alianza y salvación que Dios ofrece a toda la humanidad. Ya no es a través de los ritos externos, sino a través de la presencia viva de un "cuerpo" humano, en el sentido bíblico de totalidad de la persona, que "todos quedamos santificados una vez por todas" (v. 10).

* 3ª lectura: Lucas 1,39-45

María va desde Nazaret hasta un pueblo de Judea a casa de Zacarías e Isabel. Su saludo provoca un salto de gozo en el niño que Isabel lleva en su vientre. Es la reacción humana delante de la acción salvadora de Dios, que se manifestará en modo especial con el nacimiento de Jesús (Lc 2,10). Isabel recibe a María hablando "llena del Espíritu Santo". El hablar de Isabel tiene mucho de profético. La pregunta sobre el motivo de la visita de María no entra en contradicción con la certeza de encontrarse delante de la Madre de su Señor.

Isabel misteriosamente reconoce la bendición de Dios sobre María. La bendición de Dios es fuente de vida y fecundidad (Cfr. Gén 1,28; Deut 28,4). Por eso Jesús Mesías, a quien María lleva en su seno, es el Bendito (Cfr. Lc 13,35; 19,38), y su madre es la bendita entre "las mujeres", entre las que generan la vida en la historia, porque ha sido disponible al proyecto de Dios que envía al Mesías.

A la bendición, Isabel añade una bienaventuranza: "Dichosa tú, que has creído", o mejor: "Dichosa tú, la creyente (griego: he pistéusasa)" (Lc 1,45). María es dichosa gracias a la fe que ha prestado a la palabra de Dios comunicada por el ángel. Isabel reconoce en María la dicha de colaborar con los designios de Dios.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

LA CELEBRACIÓN Y LA HOMILIA

Debemos velar para que hoy no sea un día extraño. Es domingo. El cuarto del tiempo fuerte de Adviento, aquel que nos sitúa a las puertas del misterio de Navidad.

LA PEQUEÑEZ Y LA GRANDEZA DE MARÍA

¡Dichosa tú, que has creído! Es la primera bienaventuranza que encontramos en el evangelio. Va dirigida a María. La pronuncia Isabel, llena del Espíritu Santo. Nosotros lo repetimos: "¡Bendita tú entre las mujeres!".

La pequeñez de María, que ella misma proclamará como respuesta en el Magníficat que viene a continuación y que hoy no leemos, es su grandeza. Ella es como Belén que, aun siendo pequeña, de ella "saldrá el jefe de Israel... y él mismo será la paz".

Su pequeñez la ha conducido a la grandeza del servicio desinteresado a Isabel que está muy necesitada de ayuda y compañía. Ante esta grandeza, Isabel también proclama a su vez su propia pequeñez: "¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?". También a ella Dios la ha hecho grande y le ha concedido el gran favor de ser madre cuando esto ya no era posible.

A las puertas de la Nochebuena, puede ir bien centrarnos en este aspecto de pequeñez, de pobreza que María nos transmite por ver cómo ésta es la condición que hace posible la actuación salvadora de Dios. También él se hace pequeño, recluido en el seno de María. Y por Navidad, sólo los pequeños pudieron comprender esta grandeza de Dios.

La palabra de Dios en ella ha sido totalmente eficaz. El prefacio II/B de Adviento se centra precisamente en este papel de María en la historia de la salvación: "La gracia que Eva nos arrebató nos ha sido devuelta en María". Su gesto ha hecho posible la vida de Jesucristo, por esto dirá haciendo resonar el anuncio de la noche de Pascua: "Así, donde había crecido el pecado, se ha desbordado tu misericordia en Cristo, nuestro salvador".

NUESTRA PEQUEÑEZ

Ya se ve que todo esto nos lleva al paralelismo continuo entre la Madre de Dios y la Iglesia. También nosotros pedimos que el Espíritu Santo fecunde la pequeñez de nuestras ofrendas como fecundó las entrañas de María (oración sobre las ofrendas). También nosotros tenemos que ser conducidos al servicio desinteresado y generoso hacia los más pobres y pequeños, amados por Dios. También nosotros debemos descubrir en la pequeñez la grandeza de Dios sin dejarnos deslumbrar por tantas cosas, de nuestro mundo y de nosotros mismos, que quieren ser grandiosas.

En especial, como María, y como Cristo, "al entrar al mundo", tenemos que aprender a decir: "Aquí estoy, Dios mío; vengo, para hacer tu voluntad" (segunda lectura), porque sólo así la Palabra de Dios será eficaz en nuestra vida y en nuestro mundo.

EL "MEMORIAL" DE LA NAVIDAD

La oración colecta de hoy tiene un valor teológico extraordinario que no deberíamos dejar pasar desapercibido. Después de pedir que la gracia de Dios se derrame sobre nosotros, pide que los que "hemos conocido por el anuncio del ángel la encamación de tu Hijo... Leguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección". Se dan maravillosamente todos los elementos del Adviento y la teología de la Navidad que estamos a punto de empezar, empezando por la clara identificación de la Iglesia con María.

La centralidad está puesta, como no podía ser de otro modo, en el misterio pascual de Jesucristo del cual hacemos memorial en la Eucaristía, Pascua continuada en la vida de la Iglesia. La celebración de la encarnación nos debe encaminar hacia esta plenitud salvadora. Por esto de la Navidad también hacemos "memorial".

El Rorate caeli de la antífona de entrada nos lleva también al Espíritu que, como el rocio, pedimos en la plegaria eucaristica que se derrame sobre nuestros dones.

JUAN TORRA

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Proyecto de homilía

La liturgia de la Palabra de hoy se abre con un clásico de la teología mesiánica, el célebre oráculo de Miqueas 5 (primera lectura).

Miqueas es un profeta que cumple su misión profética contemporáneamente con el Primer Isaías. Sobre el horizonte obscuro de la corrupción y de la injusticia, que sofocaban al reino de Judá, aparece un rayo de luz y de esperanza. Esa luz viene de Belén, la ciudad de David, y se apoya en la promesa que a David había hecho el profeta Natán (2 Sam 7). Es aún posible que se rasgue la tiniebla de la injusticia y aparezca en la línea de la dinastía davídica una presencia de Dios nueva y salvadora. Es la misma presencia que Isaías, quizá algunos años antes, había anunciado en las misteriosas páginas de su "libro del Emmanuel" (Is 7-12).

También para Miqueas, «la que está embarazada dará a luz a un dominador en Israel, que lo pastoreará con la fuerza del Señor" y le traerá justicia y paz. Más aún, «Él será la paz" (Miq 5,4).

Si nos desplazamos siete siglos y nos situamos de nuevo en la misma región de Judea en que Miqueas había levantado su voz, en el centro de la nueva escena encontramos a otra mujer embarazada que, sin embargo, está viviendo la experiencia de una maternidad muy especial. A esta mujer, a María de Nazaret, su prima Isabel a quien visita la describe como "bendita entre las mujeres", y proclama también "bendito" al Niño que lleva en su seno (Lc 1,42). Esta palabra de Isabel formó el primer canto mariano de la comunidad cristiana primitiva, canto que se repetiría por siglos hasta nuestros días en el Ave María.

El sentido profundo de esta 'bendición' es la conciencia que tiene Isabel, y con ella toda la Iglesia, de que María es el lugar privilegiado de la presencia de Dios, que se puede experimentar precisamente como una "bendición". María es la nueva "arca de la alianza", en donde Dios se hace presente y bendice a la humanidad en una forma nueva y definitiva. La esperanza de Miqueas se vuelve certeza: en María se manifiesta a la humanidad el amor de Dios, que quiere venir al encuentro del ser humano, y para encontrarlo se abaja hasta él entrando en el seno de María, para nacer como todo ser humano a la luz del mundo.

También se refiere a la encarnación la meditación teológica que nos ofrece la Carta a los Hebreos (segunda lectura). En el aquí vengo de Cristo, respuesta gozosa al Padre, florece nuestra posibilidad de encontrar a Dios, no en la fría objetividad de un rito, sino en la presencia humana y viva de un cuerpo, por cuya ofrenda «hecha una vez para siempre, hemos sido santificados» (Heb 10,10).

¡Nos acercamos cada día más a la fiesta de Navidad! ¡Que nuestra participación en esta Eucaristía y las hermosas lecturas que en ella encontramos preparen nuestros corazones para recibir al Señor que viene!

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

PREPARARSE PARA NAVIDAD... ES SER SERVICIAL