IV DOMINGO DE ADVIENTO
21 de diciembre 2008, Ciclo B

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Proyecto de homilía     Dios Hoy


ORACION PARA ENCENDER EL CUARTO
CIRIO DE LA CORONA DE ADVIENTO

Al encender estas cuatro velas,
en el último domingo,
pensamos en Ella, la Virgen,
tu madre y nuestra madre.
Nadie te espero con más ansia,
con más ternura, con más amor.
Nadie te recibió con más alegría.
Te sembraste en Ella,
como el grano de trigo se siembra en el surco.
Y en sus brazos encontraste la cuna más hermosa.
También nosotros queremos prepararnos así:
en la fe, en el amor, y en el trabajo de cada día.
¡Ven pronto, Señor! ¡Ven a salvarnos!



Casulla_Morada

ANTÍFONA DE ENTRADA Is 45,8

Destilen, cielos, el rocío, y que las nubes huevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al salvador.


No dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

El reino de David permanecerá para siempre en presencia del Señor.

Del segundo libro de Samuel: 7,1-5.8-12.14.16

Tan pronto como el rey David se instaló en su palacio y el Señor le concedió descansar de todos los enemigos que lo rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: "¿Te has dado cuenta de que yo vivo en una mansión de cedro, mientras el arca de Dios sigue alojada en una tienda de campaña?" Natán le respondió: "Anda y haz todo lo que te dicte el corazón porque el Señor está contigo".

Aquella misma noche habló el Señor a Natán y le dijo: "Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto: '¿Piensas que vas a ser tú el que me construya una casa, para que yo habite en ella? Yo te saqué de los apriscos y de andar tras las ovejas, para que fueras el jefe de mi pueblo, Israel. Yo estaré contigo en todo lo que emprendas, acabaré con tus enemigos y te haré tan famoso como los hombres más famosos de la tierra.

Le asignaré un lugar a mi pueblo, Israel; lo plantaré allí para que habite en su propia tierra. Vivirá tranquilo y sus enemigos ya no lo oprimirán más, como lo han venido haciendo desde los tiempos en que establecí jueces para gobernar a mi pueblo, Israel. Y a ti, David, te haré descansar de todos tus enemigos.

Además, yo, el Señor, te hago saber que te daré una dinastía; y cuando tus días se hayan cumplido y descanses para siempre con tus padres, engrandeceré a tu hijo, sangre de tu sangre, y consolidaré su reino. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono será estable eternamente' ".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 88

R/. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor
y daré a conocer que su fidelidad es eterna,
pues el Señor ha dicho: "Mi amor es para siempre
y mi lealtad, más firme que los cielos. R/.

Un juramento hice a David, mi servidor,
una alianza pacté con mi elegido:
'Consolidaré tu dinastía para siempre
y afianzaré tu trono eternamente'. R/.

Él me podrá decir: 'Tú eres mi padre,
el Dios que me protege y que me salva'.
Yo jamás le retiraré mi amor,
ni violaré el juramento que le hice". R/.

SEGUNDA LECTURA

Se ha revelado el misterio oculto durante siglos.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 16,25-27

Hermanos: A aquel que puede darles fuerzas para cumplir el Evangelio que yo he proclamado, predicando a Cristo, conforme a la revelación del misterio, mantenido en secreto durante siglos, y que ahora, en cumplimiento del designio eterno de Dios, ha quedado manifestado por las Sagradas Escrituras, para atraer a todas las naciones a la obediencia de la fe, al Dios único, infinitamente sabio, démosle gloria, por Jesucristo, para siempre. Amén.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Lc 1,38

R/. Aleluya, aleluya.

Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho. R/.

EVANGELIO

Concebirás y darás a luz un hijo.

+ Del santo Evangelio según san Lucas: 1,26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin".

María le dijo entonces al ángel: "¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estériles porque no hay nada imposible para Dios". María contestó: "Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho". Y el ángel se retiró de su presencia.
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que el mismo Espíritu que cubrió con su sombra y fecundó con su poder el seno de la Virgen María, santifique, Señor, estas ofrendas que hemos depositado sobre tu altar. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II/A o II/B

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Is 7,14

He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Tú que nos has dado en este sacramento la prenda de nuestra salvación, concédenos, Padre todopoderoso, prepararnos cada día con mayor fervor para celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

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Siervo Fiel

SU NOMBRE ES JESÚS

El nombre de Jesús significa Dios salva. Un nombre bastante común en el tiempo en que nació Jesús, así como en nuestros días. sin embargo, nadie como el Hijo de María Santísima encarna esa realidad salvífica, nadie como Jesús de Nazaret transparenta de tal manera el amor de Dios.

Ya desde pequeño, Jesús irradia paz, gozo, esperanza, salvación. Ahí están los pastores que se llenan de gozo al ver al niño recostado en un pesebre (Lc 2,16); ahí está el anciano Simeón que, al cargar al niño Jesús en sus brazos, exclama lleno de esperanza: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar que tu siervo muera en paz. Mis ojos han visto a tu Salvador..." (Lc 2,29-30). Pensemos también en la sorpresa o admiración de aquellos que, reunidos en la sinagoga, escucharon decir a Jesús: "El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres..." (Lc 4,18). O en el entusiasmo de aquellos jóvenes pescadores que dejaron sus redes para seguirlo (Mc 1,18). Y, ¿por qué no?, en aquel ladrón que, crucificado junto a Jesús, reconoce en él al verdadero rey, al Salvador (Lc 23,42).

Celebrar cristianamente la Navidad, el nacimiento de Jesús, significa saber que Dios se ha encarnado y se ha hecho compañero nuestro; que Dios no es el inaccesible y distante Creador del universo que se desentiende de nuestros problemas y preocupaciones. Dios ha tomado nuestra condición humana y ha venido a formar parte de nuestra historia.

Celebrar cristianamente la Navidad es creer que Dios sigue teniendo esperanza en los hombres. R. Tagore decía: "Cada niño que viene al mundo nos trae el mensaje de que Dios todavía no ha perdido la esperanza en los hombres". Esto es lo que afirmamos en la Navidad: Dios ve que en el ser humano hay más cosas dignas de admiración que de desprecio, que para Dios el ser humano es tan importante y valioso que ha querido salvarnos al hacerse uno de nosotros.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: 2 Samuel 7,1-5.8-12.14.16

2 Sam 7 es un texto fundamental para comprender la teología mesiánica de la Biblia. Representa el vértice de toda la historial de David, cuya verdadera grandeza no radica en las proezas militares que realizó o en su sagacidad política para gobernar, sino en la promesa que recibió de parte de Dios acerca de la perennidad de su reino.

El texto juega con el doble sentido de la palabra "casa" (en hebreo: bayit), que puede significar, tanto el edificio material, como la dinastía monárquica. El rey quiere construir al Señor una "casa'' (vv. 1-2). Al deseo del rey se opone la decisión de Dios, manifestada a través del profeta Natán, de no quedar limitado a un espacio sagrado, sino de estar presente en la historia, simbolizada aquí por la descendencia davídica (vv. 5-6.11-12). Al deseo de David, de construir al Señor una casa material, se contrapone la palabra de Dios que promete fundar una casa en la historia, una dinastía que se consolidará gracias a su promesa: "Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono será estable eternamente" (v. 16).

* 2ª lectura: Romanos 16,25-27

Al final de la Carta a los romanos, Pablo habla del misterio "mantenido en secreto durante siglos". El texto griego se refiere literalmente al misterio "mantenido en silencio" (griego: mysterion sesigemenon) (v. 25). Hay un silencio eterno, intemporal, del que brota el mysterion para manifestarse en la historia. Un misterio ahora revelado y manitestado. Por "designio eterno de Dios" la historia ha llegado a su plenitud con la venida de Jesucristo. Las naciones pueden ahora llegar ''a la obediencia de la fe".

* 3ª lectura: Lucas 1,26-38

En el relato de la Anunciación, Lucas se inspira con libertad en dos esquemas narrativos o géneros literarios del Antiguo Testamento: el anuncio de un nacimiento (Cfr. Jue 13: Sansón) y el relato vocacional (Cfr. Jue 6,11-24: Gedeón). Por medio del primer esquema, centra su atención sobre el niño que será concebido, presentándolo desde el inicio como Mesías e Hijo de Dios: por medio del segundo, Lucas se interesa por la figura de María y por su vocación a la maternidad (v. 31), estrechamente ligada a su actitud de fe (v. 38)

El texto no es un relato biográfico, sino una reflexión teológica que tiene como objetivo presentar a Jesús, a la luz de la experiencia y de la fe pascual, desde el mismo inicio de su concepción. Como en muchos "relatos de inicio" en la Biblia (por ejemplo: el relato de la creación), el inicio se pone en relación absoluta y directa con Dios y pertenece al ámbito de la fe. Ésta es la función del ángel en el relato de la anunciación: el anuncio de la concepción virginal de Jesús no es el resultado de una reflexión humana, sino auténtica revelación divina.

María es "una virgen, desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David" (v. 27). No obstante su condición de prometida o desposada con José, María es una joven que no ha tenido relaciones sexuales con ningún hombre. Su virginidad es la condición para una obra inaudita de parte de Dios: una intervención creadora del Espíritu en ella (v. 35). José pertenece a la casa de David. Por lo tanto, el niño que nacerá de María, la "llena de gracia" (v. 28), será legalmente descendiente de David y, en este sentido, poseerá la condición legal para ser el Mesías.

Las expresiones de los vv. 32-33 explican la identidad del niño con expresiones típicas del mesianismo davídico de Israel: "Hijo del Altísimo", "el Señor Dios le dará el trono de David, su padre", "reinará sobre la casa de Jacob por los siglos". En el v. 35, en cambio, la identidad del niño es presentada en términos que superan las expectativas mesiánicas del pueblo hebreo y se identifican con las confesiones de fe de la iglesia primitiva: "Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios". El niño no será un simple descendiente davídico, que llegando al trono de Israel se vuelve hijo que Dios reconoce como su representante. En el seno de María, por medio de la acción creadora del Espíritu de Dios, será engendrado el Hijo de Dios, que por su absoluta y constitutiva relación única y eterna con Dios, será la misma presencia el Dios Santo en medio de los hombres.

Delante del anuncio de su próxima maternidad, María, "la sierva del Señor", proclama su disponibilidad obediente y gozosa a los planes de Dios.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

PREPARACIÓN PARA LA NAVIDAD

Hemos llegado al cuarto y último domingo de Adviento. Nos adentramos en la recta final de este tiempo litúrgico. Y el enfoque que hasta ahora tenía, varía en este domingo y a lo largo de toda la semana que hoy iniciamos. Si hasta ahora nuestra atención había estado puesta en prepararnos para la venida definitiva del Señor, la que acontecerá al final de los tiempos, en esta última etapa del Adviento nos disponemos para celebrar la Navidad. Durante esta semana, como si de una "semana santa" navideña se tratara, nos preparamos para la celebración del nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, nuestro salvador.

La Eucaristía de este domingo tiene, pues, como finalidad que los fieles se preparen a celebrar el misterio del nacimiento del Hijo de Dios (oración después de la comunión). Para llevar a cabo esta preparación la liturgial en sus oraciones y en sus lecturas bíblicas, nos evoca los momentos previos al nacimiento de Jesús. La oración colecta y la oración sobre las ofrendas hacen una referencia explícita a la Encarnación. El profeta Natán, tal y como escucharemos en la primera lectura, nos recordará la promesa mesiánica hecha a David: un descendiente suyo será el rey, cuyo reino durará por siempre. Éste es el oráculo al cual hace referencia el ángel Gabriel en el relato de la anunciación que se proclamará en el evangelio. La segunda lectura va a manifestar claramente la razón del misterio de Dios hecho hombre: atraer a todas las naciones a la obediencia de la fe.

Sería bueno tener en cuenta que para muchos fieles, la próxima vez que participen en la Eucaristía, será para celebrar la Navidad; por eso, la preparación para este acontecimiento quedará reducida a este domingo. Sería conveniente dar algunas indicaciones para que, en sus casas, puedan prepararse de modo personal y puedan celebrar con profundidad este acontecimiento central de la Historia de la Salvación. Podría ayudar la lectura y meditación del primer capítulo de los evangelios de Mateo y Lucas que se leen a lo largo de la semana.

También sería bueno ofrecer una celebración comunitaria de la Penitencia, que permita acoger con corazón limpio al Salvador del mundo.

UNIDAD ENCARNACIÓN-PASIÓN-RESURRECCIÓN

La liturgia nunca celebra los misterios de la vida del Señor como acontecimientos independientes los unos de los otros, sino como diferentes momentos de un mismo y único plan salvífico. Es por eso que la Encarnación no se ve como un hecho aislado con sentido por sí mismo, sino que la Encarnación es el inicio de la redención: Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios (S. Agustín). La oración colecta de hoy recoge de manera sintética la unidad de la encarnaciónpasión-resurrección manifestando cómo es el camino de nuestra deificación: Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección.

MARIA, MODELO Y EJEMPLO

María es en este domingo un punto de referencia de nuestra actitud expectante. María es el modelo de todo creyente que espera a su Señor. Somos invitados a contemplar y asumir su actitud y su obrar en la preparación que la Virgen María realizó ante la llegada del Mesías.

En los domingos anteriores fueron Isaías y Juan Bautista los personajes bíblicos que nos ayudaron a disponernos para esta venida. Al concluir el Adviento, Maria centra nuestra atención. Ella es el último eslabón en la larga cadena de personas de las cuales Dios se sirvió para preparar y hacer posible que el Verbo de Dios se hiciera hombre. De esta manera, el Adviento va avanzando siguiendo cronológicamente los acontecimientos vividos por el pueblo de Israel para preparar la llegada del Mesías.

La actitud de María, su absoluta disponibilidad al plan de Dios, es la actitud a la cual debe aspirar todo cristiano: Cúmplase en mí lo que me has dicho (evangelio). Estas palabras de la Virgen expresan su gran confianza en el Dios de Israel. Una confianza no exenta de penumbra: ¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen? (evangelio), pero plenamente abierta al Espíritu a quien permite actuar en ella sin obstáculo alguno. Dios es así, alguien que pide permiso para entrar en nuestra vida, alguien a quien si lo dejamos, como María, puede hacer obras grandes en nosotros por la acción de su Espíritu Santo.

JOSÉ ANTONIO GOÑI

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Proyecto de homilía

La promesa que el profeta Natán hace a David de parte de Dios (primera lectura) es un texto fundamental en la teología mesiánica de la Biblia. Al deseo de David de construir un templo grandioso en la capital apenas constituida de Israel, Jerusalén, el profeta contrapone la elección inesperada de Dios. El Señor, más que verse delimitado en el espacio sagrado de un templo, quiere estar presente en la realidad más cercana al ser humano, en la historia; lo que tendrá su expresión en la línea dinástica de David: «Afianzaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas» (2 Sa 7,12).

A la casa material que proyectaba David para su Dios, se sustituirá la casa hecha de piedras vivas, es decir, de personas humanas. En vez del 'templo', Dios prefiere el 'tiempo', en el que también el hombre habita con Él.

Este templo en la carne y en el tiempo está presente en Cristo. Tanto Juan, en el prólogo de su evangelio, como Lucas en el relato de la anunciación hecha a María (evangelio) se inspiran en la profecía de Natán, para precisar el sentido de la encarnación y de la Navidad (Cfr. Lc 1,32-33). María es la nueva Sión. Como en aquella colina de la Jerusalén histórica se levantaba el símbolo vivo de la presencia de Dios en la historia y en el espacio, así María es el centro de la Jerusalén escatológica, porque en su seno es presentado a la humanidad el Hijo de Dios y sobre Ella se extiende la sombra del Altísimo (v. 35). La línea viva de la dinastía davídica desemboca ahora, por medio de María, en la presencia viva de Dios mismo en el mundo, el Emanuel.

El relato de la anunciación, estructurado según un género literario frecuente en el Antiguo Testamento, no es tanto una respuesta a la objeción que presenta María al ángel (Lc 1,34). El centro de ese anuncio, para María y para nosotros, es la concepción por obra del Espíritu Santo, la presencia divina en la carne del Hijo Jesús. Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. La fe pascual de la comunidad cristiana es proyectada hasta antes del nacimiento de Jesús, para manifestar su verdadera naturaleza.

Por eso, la invitación que nos dirige la Navidad es a buscar a Dios no en los cielos lejanos, sino en la realidad de nuestra historia, atravesada por la presencia divina de Cristo. Cristo resucitado, naturalmente; porque solamente a la luz de la Pascua el nacimiento de Cristo pierde su aureola sentimental y se convierte en el germen que transforma el mundo y la historia. Por eso el compromiso del cristiano es con esta historia y con esta humanidad. El ser humano tiene un hermano perfecto que vive con él en la fragilidad y el sufrimiento de su carne.

Éste es el misterio que pone también San Pablo como base de su anuncio, como lo dice en nuestra segunda lectura, que es una majestuosa doxología en la que la Iglesia expresa con San Pablo su maravilla frente al misterio de la encarnación y de la salvación ofrecida a toda la humanidad.

Preparémonos, al participar hoy en la Eucaristía, a celebrar la Navidad con el corazón lleno de alegría y de gratitud por esta presencia salvadora del Señor en nuestra vida y en nuestra historia.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

PARA ACOSTAR AL NIÑO DIOS
Antes de la cena de Navidad se reúne la familia junto al nacimiento