
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | 4 Esdr 2,36-37 |
Abran su corazón con alegría, y den gracias a Dios, que los ha llamado al Reino de los cielos. Aleluya.
ORACIÓN COLECTA
Dios de eterna misericordia, que reavivas la fe de tu pueblo con la celebración anual de las fiestas pascuales, aumenta en nosotros tu gracia, para que comprendamos a fondo la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del Espíritu que nos ha dado una vida nueva y de la Sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Tenían un solo corazón y una sola alma.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 4,32-35
La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.
Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 117 |
R/. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
Diga la casa de Israel:
"Su misericordia es eterna".
Diga la casa de Aarón:
"Su misericordia es eterna".
Digan los que temen al Señor:
"Su misericordia es eterna". R/.
La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho.
Me castigó, me castigó el Señor;
pero no me abandonó a la muerte. R/.
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.
Éste es el día del triunfo del Señor,
día de júbilo y de gozo. R/.
SEGUNDA LECTURA
Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo.
De la primera carta del apóstol san Juan: 5,1-6
Queridos hijos: Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios; todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo. Porque, ¿quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios.
Jesucristo es el que vino por medio del agua y de la sangre; él vino, no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.
Palabra de Dios.
SECUENCIA opcional (Leccionario I pág. 855)
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Jn 20,29 |
R/. Aleluya, aleluya.
Tomás, tú crees porque me has visto. Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.R/.
EVANGELIO
Ocho días después se les apareció Jesús.
+ Del santo Evangelio según san Juan: 20,19-31
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré".
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Luego le dijo a Tomás: "Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree". Tomás le respondió: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús añadió: "Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto".
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, las ofrendas que (junto con los recién bautizados) te presentamos; tú que nos llamaste a la fe y nos has hecho renacer por el bautismo, guíanos a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio I (IGMR pág. 311)
Si se usa el Canon Romano, se dicen Reunidos en comunión y Acepta, Señor, en tu bondad propios. En la Plegaria eucarística II, se dicen Acuérdate, Señor y la intercesión particular propios. En la Plegaria eucarística III, se dicen Atiende los deseos y la intercesión particular correspondientes.
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Cfr. Jn 20,27 |
Jesús dijo a Tomás: acerca tu mano, toca las cicatrices dejadas por los clavos y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia recibida en este sacramento nos impulse siempre a servirte mejor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
DE LA DUDA A LA FE
Después de la muerte de Jesús en la cruz, los discípulos estaban desconsolados y permanecían encerrados bajo el mismo techo. Quizás en el mismo cenáculo de la Última Cena. Eran sólo diez. Como sabemos, Judas, al traicionar a Jesús, se apartó del grupo. Tomás, a quien llamaban el Gemelo, no estaba ahí en ese momento. Así, estando los diez reunidos, compartiendo las mismas penas y atemorizados por los judíos, Jesús se presenta en medio de ellos y les dice: "La paz esté con ustedes". El mismo Jesús, que había estado con ellos, que los había llamado amigos que fue colgado de un madero... está ahí, en medio de ellos, mostrando sus manos y el costado. Jesús les vuelve a decir: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Posteriormente, los discípulos le comparten a Tomás la noticia: "Hemos visto al Señor". Para el que ha visto y oído es fácil creer; para Tomás, que no ha tenido esa experiencia, no le es fácil creer. Por eso dice: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré".
"Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos". Jesús se presenta de nuevo en medio de ellos e invita a Tomás a dar un salto de fe, a abrirse a esta nueva experiencia: "Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree". Y Tomás responde con esa frase que decimos con voz baja cuando el sacerdote alza la hostia consagrada, el Cuerpo de Cristo: "¡Señor mío y Dios mío!".
A veces somos muy duros con santo Tomás, lo acusamos de desconfianza, de realismo grosero, de ser un incrédulo obstinado... y olvidamos su profesión de fe: "¡Señor mío y Dios mío!". No sabemos cómo hubieran reaccionado Pedro, Santiago o Juan si ellos no hubieran estado en el cenáculo cuando Jesús se presentó por primera vez. No importa. Lo importante es que demos ese salto de la duda a la fe.
* 1ª lectura: Hechos 4,32-35
Este texto constituye un cuadro ideal de la vida de la comunidad cristiana de Jerusalén. Lucas insiste en la comunión de bienes, que él expresa con un lenguaje que sugiere al lector helenista un ideal de vida social popularizado por algunos filósofos griegos.
La frase "la multitud de los que habían creído tenían un solo corazón y una sola alma", recuerda el vocabulario que en el Deuteronomio designa la, existencia entera de la persona abierta a Dios (Deut 6,5; 10,12; 11,13; 13,4; etc.). La expresión sugiere que la comunión vivida entre los creyentes de Jerusalén era una realidad basada en la fe. El fundamento del vínculo no es una simple simpatía natural que florece en la amistad, sino a partir de la fe en Cristo Resucitado, que presupone la conversión que crea la fraternidad y la comunión.
Para Lucas la comunidad ideal debe modelarse según las exigencias de Jesús y debe reflejar, a través del testimonio comunitario, la fuerza de vida que brota de su Pascua (v. 33). Esta sintonía de corazones, obra del Espíritu, se concreta en el poner los propios bienes a disposición de toda la comunidad: "todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía" (v. 32b). La frase: "Ninguno pasaba necesidad" recuerda el texto hebreo de Deut 15,4 ("que no haya necesitado entre ustedes") y que, en la versión griega de los LXX, se tradujo como una promesa: "no habrá necesitado entre ustedes". Lucas ve en la comunidad de Jerusalén el cumplimiento de esta promesa.
* 2ª lectura: 1 Juan 5,1-6
El tema dominante de este texto es la fe: "Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios" (v. 1 ); "y nuestra fe es la que nos has dado la victoria sobre el mundo" (v. 4); "¿quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios" (v. 5).
Hay que entender la fe en el sentido bíblico de adhesión vital. El objeto de la fe es Jesús, Cristo e Hijo de Dios. Creer en él supone ser engendrado por Dios y amarlo cumpliendo sus mandamientos. Esta fe se apoya en el triple testimonio que Dios ha dado de su Hijo: el agua del Bautismo y del costado del Crucificado; la sangre de su sacrificio, y el Espíritu, que ha bajado sobre Jesús y que éste ha comunicado a su Iglesia. A la fe se opone el "mundo", que en lenguaje joánico representa la realidad opuesta y hostil a Dios, pero que no tiene poder sobre el que cree (v. 4; Cfr. Jn 16,33).
* 3a lectura: Lucas 20,19-31
El texto está compuesto por dos escenas (vv. 19-23 y vv. 26-29), unidas por la explicación sobre la ausencia de Tomás, y una conclusión (vv. 30-31).
En la primera escena (vv. 19-23) se nos da una indicación temporal (es el primer día de la semana) y una indicación espacial (las puertas del lugar están cerradas). La referencia al primer día de la semana, el día siguiente al sábado (el domingo), indica el día de la Resurrección del Señor. La indicación de las puertas cerradas tiene por objeto recordar el miedo de los discípulos.
Jesús vuelve en medio de los suyos, como lo había prometido: "Me voy, pero volveré a su lado" (Jn 14,28). Atraviesa las barreras externas (las puertas) e internas (el miedo). Comunica a los discípulos cuatro dones fundamentales: la paz, el gozo, la misión, y el Espíritu Santo. La paz (el shalom) y el gozo (la járis) son dones que acompañarán la fe y sostendrán la misión, que tiene como origen y modelo la misión de Jesús. Jesús les dona el Espíritu. Como Dios en el momento de la creación, "sopló sobre ellos" (Cfr Gén 2,7). El Resucitado inicia un mundo nuevo. Los discípulos, llenos del Espíritu, continuarán la misión de Jesús, "el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo".
La segunda escena (vv. 26-29) narra una experiencia como la primera, acaecida ocho días después. Esta vez está presente Tomás, que exige pruebas tangibles para creer (Cfr v. 25). Jesús "se presentó" (v. 26), exactamente como una semana antes, y se dirige particularmente a Tomás, ofreciéndole como prueba los signos de la pasión, pero también reprochándole el hecho de no haber creído en el testimonio de los otros discípulos e invitándolo a dejar de ser apistós (no-creyente) y llegar a ser pistós (creyente) (v. 27). Tomás cree y profesa su fe: "¡Señor mío y Dios mío!" (Cfr v. 28; Sal 35,23). La escena concluye con una bienaventuranza de Jesús, dirigida a los que en el futuro creerán en el testimonio de los discípulos y que originalmente era la conclusión del evangelio de Juan (Jn 20,29).
La conclusión (vv. 30-31) expresa el sentido y el alcance del evangelio. En él no se narra todo lo que Jesús hizo. No es biografía, sino testimonio de fe con finalidad kerigmática y catequética.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
CARACTERISTICAS DE ESTE DOMINGO
El rasgo más destacado en la liturgia de este segundo domingo de (no: "después de") Pascua, es la absoluta fijeza de la perícopa evangélica propuesta: la narración de Juan sobre la aparición del Resucitado a los discípulos "al anochecer del día de la resurrección" y "ocho días después". Es un caso único en domingo (incluso el domingo de Pentecostés admite alternativas, actualmente), y esto lo hace notablemente significativo. Está claro, por lo tanto, que la característica de este domingo es la celebración del domingo como tal, en su realidad de encuentro de la Iglesia con el Señor resucitado, en la asamblea eucarística del primer día de la semana, cada ocho días.
Por otro lado, empiezan este domingo dos series de lecturas semicontinuas: la primera, con textos de los Hechos de los Apóstoles; la segunda, con textos escogidos de la primera Carta de san Juan. Estas dos series nos acompañan durante toda la Cincuentena, y cabe preguntarnos sobre la valoración pastoral que de ella hacemos. Lo haremos después.
EL MISTERIO DE LA ASAMBLEA DOMINICAL
Lo mejor que podríamos hacer para preparar la homilía de este domingo sería tomar la Carta Apostólica Díes Domini, del Papa Juan Pablo II (31 de mayo del 1998), y volverla a leer. Es un texto extremadamente fácil de seguir, y de una gran belleza y densidad espiritual y pastoral. Cito una de las últimas frases: "Pero este año -el jubilar 2000- y este tiempo especial pasarán, a la espera de otros jubileos y de otras conmemoraciones solemnes. El domingo, con su 'solemnidad' ordinaria, seguirá marcando el tiempo de la peregrinación de la Iglesia hasta el domingo sin ocaso. Os exhorto, pues, queridos Hermanos en el episcopado y en el sacerdocio a actuar incansablemente, junto con los fieles, para que el valor de este día sacro sea reconocido y vivido cada vez mejor" (n. 87).
Si no es posible leerla toda, se debería releer, sobre todo, el capítulo lIl, Dies Ecclesiae (nn. 38-54). Es el mejor comentario del evangelio de este domingo, y la síntesis catequética del sentido del domingo para los cristianos.
Para la homilía de hoy hay muchas perspectivas posibles a escoger. Sabemos que son muchos -¡la mayoría de los bautizados!- los que no valoran la asamblea dominical; esto podría hacer que la homilía tomase un tono reivindicativo, cuando en realidad nos estamos dirigiendo a los fieles que precisamente están participando. También sabemos que perdura una cierta conciencia de "cumplir sólo con la obligación"; pero esto no puede llevar a debilitar el hecho de que la participación en la Misa dominical sea una obligación para el cristiano, al mismo tiempo que una fuente de vida y de crecimiento en la fe y el amor. También sabemos que nuestra sociedad está perdiendo el sentido profundo del domingo, incluso como hecho cultural; pero esto no debe llevar a convertir la homilía en una diatriba amarga contra las costumbres y las leyes actuales...
No es fácil, pues, plantear la homilía de manera que sea sobre todo "mistagógica", ayudar con entusiasmo a los fieles presentes a entrar en el misterio de la asamblea eucarística, dominical sobre todo; a descubrir la imagen viviente de lo que es la Iglesia de Jesucristo, en su unidad y su variedad; a disponerse de corazón a escuchar que "en la liturgia, Dios habla a su pueblo: Cristo sigue anunciando el Evangelio" (Sacrosanctum Concilium, n. 33); a entrar, sobre todo, con estupor y agradecimiento, en la participación íntima y consciente del sacrificio pascual de Cristo -"sacrificio vivo y santo"-, sellada con la comunión eucarística. No se excluye que se hagan referencias concretas a los aspectos más rituales de la celebración, pero no sería bueno "aprovechar el momento" para repasar las rúbricas o dar avisos.
La homilía de este domingo adquiere un relieve especial cuando hay neófitos en la asamblea, que celebran el tiempo de la mistagogía. Dirigiéndonos a ellos en primer lugar, todos los presentes pueden darse cuenta de que nunca se agota el misterio.
LAS PRIMERAS Y LAS SEGUNDAS LECTURAS
Es clásica la lectura de los Hechos de los Apóstoles. No se excluye una predicación homilética que tome como base estos textos; sin embargo, quizás es mejor tenerlos como referencia de la predicación evangélica. Así, por ejemplo, en el segundo domingo, el segundo sumario de los Hechos de los Apóstoles completa, con referencias a la vida cotidiana de la comunidad, la imagen de la asamblea dominical. La fuerza de la lectura de los Hechos de los Apóstoles se encuentra en su carácter de descripción fontal de la experiencia de vida de la Iglesia. Difícilmente podemos dejar de encontrar en ella elementos que iluminen del todo las situaciones de nuestra vida comunitaria.
La segunda lectura de los domingos pascuales del ciclo B sigue la primera Carta de san Juan. También en este caso es perfectamente legítima una homilía que siga habitualmente este texto. El ciclo B aporta, en las perícopas evangélicas, un "refuerzo" del evangelio de Juan al evangelio de Marcos, muy breve. Esto da más actualidad a la primera Carta. También se puede tener en cuenta que la encíclica del Papa Benedicto XVI parte precisamente de un texto y de una inspiración juánicas. En el segundo domingo, el texto de la primera Carta de Juan resuena en la colecta, y enaltece la fe "de los que no han visto".
PERE TENA
La Pascua de Cristo no es sólo un acontecimiento de la historia pasada. Al resucitado se le encuentra todavía en "el día del Señor", que es como en el lenguaje del Nuevo Testamento se alude a la reunión dominical de la comunidad cristiana. El evangelio de hoy nos presenta dos apariciones que suceden precisamente en domingo, y en todos los domingos del tiempo pascual la Iglesia nos propone meditar sobre esa irrupción de Cristo victorioso en la vida de los discípulos y de la comunidad cristiana.
La primera lectura nos presenta, precisamente, en uno de los 'sumarios' que se encuentran en los primeros capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles, un cuadro de la vida de la comunidad de Jerusalén. Ya Platón y Aristóteles hablaban de una amistad que se manifiesta en la comunión de bienes, y los esenios vivían en Qumrán este tipo de vida... Lo que sucedía en Jerusalén no era, pues, una experiencia nueva para aquellos tiempos. Pero el v. 33 de nuestro pasaje del libro de los Hechos nos da una indicación preciosa: el nuevo horizonte de la victoria de Jesús sobre la muerte es el que libera a los seres humanos de la obsesión posesiva y acumulativa que se deriva del miedo a la muerte. En este sentido, la comunión de bienes era un signo del poder y de la fuerza del testimonio que daban los apóstoles sobre la resurrección de Jesús. La resurrección de Jesús hace surgir la esperanza que vence la obsesión de la muerte y que hace al ser humano capaz de vivir con una nueva mentalidad que, en la comunidad de Jerusalén, se concretizaba en la comunión de bienes.
No se trata ahí de un modelo que tengamos que repetir al pie de la letra; pero sí de una invitación a abandonar un estilo de vida, determinado psicológicamente por el primado de la muerte y de las cosas muertas, y a cambiarlo por otro que dé testimonio de la esperanza que provoca en nosotros la resurrección de Cristo.
El evangelio dibuja el camino de la nueva fe de los primeros discípulos, que superan el miedo que les había provocado la detención y la condena del Maestro y llegan a creer en Jesús resucitado. También para ellos ese encuentro provocará un cambio radical de vida: de ser hombres ligados a una familia, a una tierra, a un pueblo, se convertirán en peregrinos que anuncian una salvación universal.
El don de la paz y del Espíritu los ayudan a encontrar al Resucitado. Cristo con las manos y el costado heridos se hace presente en medio de sus discípulos; les da fuerza para superar los límites del miedo y los hace capaces de la misión que les confía.
Tomás, el Gemelo, no se fía sino de sus propios sentidos. Es el tipo de las personas difíciles para creer... Jesús se aparece de nuevo, cuando Tomás está presente, y le ofrece las pruebas que pedía; pero sobre todo lo invita a no ser incrédulo sino creyente. Y ese encuentro con Jesús resucitado lleva a Tomás a la profesión de fe más plena que encontramos en el evangelio: "¡Señor mío y Dios mío!".
Si creemos en Cristo, somos hijos de Dios, sugiere la Primera Carta de San Juan (segunda lectura), y esto debe mostrarse en la atención que damos a los hermanos. La esperanza del Resucitado nos hace ver con otros ojos a los demás.
¡Que la presencia de Jesús resucitado en nuestra celebración de la Eucaristía produzca en nosotros esos frutos maravillosos que regaló Él a los apóstoles y a toda la primera comunidad cristiana!
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
TODOS LOS DOMINGOS SON DOMINGOS DE PASCUA
Nota: Si no nos llenamos de alegría durante nuestra Eucaristía dominical, es quizá porque no hemos entendido alguno de estos puntos. Pensemos seriamente en ellos.