
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 65,4 |
Que se postre ante ti, Señor, la tierra entera; que todos canten himnos en tu honor y alabanzas a tu nombre.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que con amor gobiernas los cielos y la tierra, escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Habla, Señor, tu siervo te escucha.
Del primer libro de Samuel: 3,3-10.19
En aquellos días, el joven Samuel servía en el templo a las órdenes del sacerdote Elí. Una noche, estando Elí acostado en su habitación y Samuel en la suya, dentro del santuario donde se encontraba el arca de Dios, el Señor llamó a Samuel y éste respondió: «'Aquí estoy". Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?" Respondió Elí: "Yo no te he llamado. Vuelve a acostarte". Samuel se fue a acostar. Volvió el Señor a llamarlo y él se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?" Respondió Elí: "No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte".
Aún no conocía Samuel al Señor, pues la palabra del Señor no le había sido revelada. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel; éste se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?"
Entonces comprendió Elí que era el Señor quien llamaba al joven y dijo a Samuel: "Ve a acostarte y si te llama alguien responde: 'Habla, Señor; tu siervo te escucha' ". Y Samuel se fue a acostar.
De nuevo el Señor se presentó y lo llamó como antes: "Samuel, Samuel". Éste respondió: "Habla, Señor; tu siervo te escucha".
Samuel creció y el Señor estaba con él. Y todo lo que el Señor le decía, se cumplía.
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 39 |
R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé en el Señor con gran confianza,
él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias.
El me puso en la boca un canto nuevo,
un himno a nuestro Dios. R/.
Sacrificios y ofrendas no quisiste,
abriste, en cambio, mis oídos a tu voz.
No exigiste holocaustos por la culpa,
así que dije: "Aquí estoy". R/.
En tus libros se me ordena
hacer tu voluntad;
esto es, Señor, lo que deseo:
tu ley en medio de mi corazón. R/.
He anunciado tu justicia
en la gran asamblea;
no he cerrado mis labios,
tú lo sabes, Señor. R/.
SEGUNDA LECTURA
Los cuerpos de ustedes son miembros de Cristo.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 6,13-15.17-20
Hermanos: El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor; y el Señor, para santificar el cuerpo. Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder.
¿No saben ustedes que sus cuerpos son miembros de Cristo? Y el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él. Huyan, por lo tanto, de la fornicación. Cualquier otro pecado que cometa una persona, queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo.
¿O es que no saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en ustedes? No son ustedes sus propios dueños, porque Dios los ha comprado a un precio muy caro. Glorifiquen, pues, a Dios con el cuerpo.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Jn 1,41.17 |
R/. Aleluya, aleluya.
Hemos encontrado a Cristo, el Mesías. La gracia y la verdad nos han llegado por él. R/.
EVANGELIO
Vieron dónde vivía y se quedaron con él.
+ Del santo Evangelio según san Juan: 1,35-42
En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: "Éste es el Cordero de Dios". Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué buscan?" Ellos le contestaron: "¿Dónde vives, Rabí?" (Rabí significa "maestro"). El les dijo: "Vengan a ver".
Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías" (que quiere decir "el Ungido"). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: "Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás" (que significa Pedro, es decir, "roca").
Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos el memorial del sacrificio de tu Hijo, se lleva a cabo la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO por la unidad de los cristianos (MR 747).
Santo, Santo, Santo...
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | 1 Jn 4,16 |
Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Infúndenos, Señor, el espíritu de tu caridad para que, alimentados del mismo pan del cielo, permanezcamos siempre unidos por el mismo amor. por Jesucristo, nuestro Señor.
EL ENCUENTRO CON JESÚS
Para buscar y encontrar a Jesús no basta que alguien nos diga: "Éste es el Cordero de Dios". Hay que escuchar, moverse, experimentar, gustar. La experiencia de estos dos discípulos, que dejan al Bautista para seguir a Jesús, es única. Tan es así, que recuerdan casi la hora exacta: "Eran cómo las cuatro de la tarde". Sabemos como sucedió: Juan el Bautista estaba con dos de sus discípulos, ve pasar a Jesús, fija los ojos en él y les dice: "Este es el Cordero de Dios". Ellos escuchan la palabra, se entusiasman y siguen a Jesús. Jesús se vuelve hacia ellos y les pregunta: "¿Qué buscan?". Jesús quiere que todo aquel que lo siga esté consciente de qué es lo que desea. Ellos responden: "¿Dónde vives, Rabí/Maestro?". Todavía no saben quién es Jesús, pero ya reconocen en él a alguien con autoridad, a un maestro del que pueden aprender muchas cosas. Jesús no les da muchas explicaciones, los invita a vivir la experiencia: "Vengan a ver". No sabemos cuál fue el proceso interno que vivieron estos dos discípulos; pero debió de ser impactante, porque se "quedaron con él" todo el día y jamás olvidaron ni la fecha ni la hora de ese encuentro.
¿Qué pasa cuando alguien tiene un encuentro con Jesús como lo tuvieron estos dos discípulos? No te puedes quedar callado. Corres y comunicas a los otros lo que te ha sucedido, todo lo que significa creer y seguir a Jesús: "Hemos encontrado al Mesías". Pero no basta -como dijimos al principio- con señalar, con dar explicaciones; hay que llevar a los demás a donde está Jesús y dejar que ellos mismos vayan a su casa, coman con él, se queden con él. Cada uno tiene que vivir la propia experiencia del encuentro con Jesús y dejar que él lo reciba, lo mire y lo llame por su nombre: "Tú eres Simón, hijo de Juan".
Reflexionemos: ¿Quiénes han sido esas personas que, de alguna manera, me han llevado a Jesús? ¿Cómo fue ese encuentro? ¿Cómo puedo yo llevar a otros a Jesús?
* 1ª lectura: 1 Samuel 3,3-10.19
Los relatos sobre Samuel pertenecen a la llamada "historia deuteronomista", que proviene de los años inmediatamente anteriores al exilio. Su historia intenta enseñar cómo la monarquía en Israel era llamada a escuchar y someterse a los profetas.
El relato de su vocación presenta la llamada de Dios en forma progresiva. El joven Samuel, a quien la "palabra del Señor no le había sido revelada" (v. 7), aprende a escuchar y a responder al Señor con la ayuda y la experiencia del viejo sacerdote Elí, quien acostumbrado al trato personal con Dios, se da cuenta de que Dios está llamando al muchacho y lo prepara para responder adecuadamente.
Cuando el Señor lo llama por tercera vez, Samuel le responde, como le indicó Elí: "Habla, Señor; tu siervo te escucha" (v. 10). Da inicio así la historia de su ministerio profético: "Samuel creció y el Señor estaba con él. Y todo lo que el Señor le decía, se cumplía" (v. 19). su condición de profeta es presentada a través de la presencia del Señor, que está con él (Cfr. Jer 1,8), y evocando el cumplimiento de todas sus palabras, en las que resuena la Palabra de Dios.
* 2ª lectura: 1 Corintios 6,13-15.17-20
Pablo no concibe que se rebaje o desprecie el cuerpo que es, en la mentalidad bíblica, el principio de sostén y coordinación de las relaciones de la persona humana con Dios y con los demás. Todo el hombre, incluido su cuerpo, pertenece a Cristo: "El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor; y el Señor, para santificar el cuerpo" (v. 13). Nuestros cuerpos participarán un día de la gloria de Cristo resucitado (v. 14), mientras ya desde ahora son "miembros de Cristo" (v.15) y "templo del Espííitu Santo" (V. 19).
Un aspecto fundamental del cuerpo es la sexualidad. A causa de la prostitución sagrada, que se practicaba en Corinto, la fornicación es presentada no sólo como desorden sexual, sino como idolatría (vv. 17-18). El cristiano está llamado a dar gloria a Dios con su propio cuerpo, es decir, a vivir plenamente y con todo su ser su relación con Dios. Por eso, Pablo concluye: "Glorifiquen, pues, a Dios con el cuerpo" (v. 20).
* 3ª lectura: Juan 1,35-42
La llamada de los primeros discípulos no es una mera crónica o relato biográfico. La escena se desarrolla el tercer día de la revelación del Mesías a Israel. Se ha trasladado a este primer encuentro con Jesús lo que posteriormente, a la luz de la Pascua y bajo la acción del Espíritu, sus discípulos fueron experimentando y descubriendo de él y de sí mismos. El texto quiere mostrar el origen y el itinerario de la fe y su transmisión mediante el testimonio.
El relato inicia presentando a Juan con dos de sus discípulos, mientras Jesús "pasaba" (v. 35). Juan es presentado como una figura inmóvil; Jesús, en cambio, aparece en movimiento. El verbo griego peripatéo, pasar, es un participio presente, que indica una acción que se realiza siempre. Al oír a Juan, aquellos dos "siguieron" a Jesús (v. 37). El verbo "seguir" traduce el griego akolouthé, que indica ordinariamente en el evangelio de Juan el "llegar a ser discípulo", el "ir detrás de un maestro" (Jn 10,4.27; 13,36-38; 21,19.22). El seguimiento nace de la escucha de un testimonio (Rom 10, 17).
Jesús se volvió, vio que lo seguían y les preguntó: "¿Qué buscan?" (v. 38). Son las primeras palabras de Jesús en el evangelio de Juan; una pregunta parecida hará el Resucitado a María Magdalena al final del evangelio (20,14). Una pregunta que es al mismo tiempo estímulo a responder e invitación a confrontarse personalmente. Ellos responden: "¿Dónde vives, Rabí?" (v. 38). No están interesados por un lugar, sino por su persona. Jesús invita: "Vengan a ver" (v. 39). Les toca a ellos emprender un camino de fe hacia la comunión con Jesús. "Fueron, pues, vieron dónde vivía, y se quedaron con él ese día" (v. 39). "Ir" (Jn 6,35) y "ver" (Jn 16,16) indican en Juan la experiencia de la fe; "quedarse" o "permanecer" (griego: méno) indica la comunión de vida con Jesús (Jn 15,14-16).
Los discípulos que han encontrado a Jesús comienzan a llamar a otros al seguimiento del Maestro. En su invitación hay una certeza: "Hemos encontrado al Mesías" (v. 41) de la que brota el testimonio. Andrés, uno de los dos que encontraron a Jesús, en efecto, llama a su hermano Simón y lo lleva a Jesús, que le cambia el nombre de Simón por el arameo Kefás (griego: Petros, "Piedra"), para indicar su misión futura en la Iglesia (v. 42).
SILVIO JOSÉ BÁEZ
EL CAMINO DEL DISCIPULO
Una vez terminado el ciclo navideño el domingo pasado con la fiesta del Bautismo del Señor, hemos entrado en el Tiempo ordinario, en el que iremos escuchando en el evangelio el relato del ministerio público de Jesús. Significativamente, la semana pasada recordábamos cómo Jesús, el día de su Bautismo en el Jordán, quedó certificado como Hijo de Dios, lleno del Espíritu Santo. Y es a partir de aquí que comienza su predicación, hecha de palabras y obras, y que nosotros iremos siguiendo semana tras semana hasta el próximo Tiempo de Cuaresma.
Hoy, en este segundo domingo del Tiempo ordinario, las lecturas nos recuerdan que ser discípulo de Jesús quiere decir seguirlo a él, seguir su camino. En efecto, Jesús fue un hombre itinerante, su misión la realizó yendo de un lugar a otro, para él, el concepto de camino es muy importante; de hecho se dirige a Jerusalén, donde llevará a término la plenitud de su misión: su muerte y resurrección. Por eso iremos siguiendo ese camino de Jesús en los evangelios de cada domingo. Y también para nosotros el concepto de camino es importante: la vida es un camino, la vida cristiana es un camino, un camino hacia la plenitud, hacia el Reino, un camino de seguimiento de Jesús. La primera lectura y el evangelio de hoy son buenos ejemplos de la llamada del Señor y de la respuesta a seguirlo. Son dos lecturas, además, de aquellas tan sugerentes que, reflexionadas en un estudio de evangelio personal o en grupo, permiten a cada uno situarse dentro de la escena y revivirla como propia.
LLAMADA Y RESPUESTA
La primera lectura, del primer libro de Samuel, nos explica la experiencia de aquel muchacho, que después sería un profeta importante, Samuel. Aquel joven siente que alguien lo llama, siente una llamada en el interior de su corazón, y está dispuesto a responder: "Aquí estoy", dice por tres veces. Pero no sabe descifrar la voz, no sabre quién lo llama: "Aún no conocía Samuel al Señor". No obstante, él persevera en esa llamada interior, y busca. Hasta que al final, con la ayuda de su maestro Elí, descubre que es Dios quien lo está llamando. Entonces responde decidido: "Habla, Señor; tu siervo te escucha". El salmo es como un eco de las palabras de Samuel: "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad".
Y después, en el evangelio, hemos escuchado otra escena también intensa: Juan Bautista estaba con dos de sus discípulos (Andrés y otro de quien no se dice su nombre), y cuando ve pasar a Jesús les dice: "Éste es el Cordero de Dios", una frase por cierto que nos resulta familiar a todos los que participamos habitualmente en la Misa. Y aquellos dos discípulos, ansiosos por conocer a aquel que esperaban, se van detrás de él. Y cuando él les pregunta qué buscan, le dicen: "Dónde vives, Rabí?". Jesús les contesta: "Vengan a ver". Ellos van, ven dónde vive y se quedan con él ese día. Seguro que debía ser una experiencia intensa, porque el evangelista, que seguramente debe ser el discípulo de quien no se dice el nombre, recuerda el detalle de que "serían las cuatro de la tarde". Y tan fuerte fue la experiencia, que se sienten irresistiblemente empujados a explicarlo a los demás. Así, cuando Andrés se encuentra con su hermano Simón, le falta tiempo para comunicárselo: "Hemos encontrado al Mesías", y lo acompaña a conocer también él a Jesús. Ese Simón, que conoció a Jesús a través de su hermano Andrés, será Pedro, el primero de los apóstoles.
EN LA VIDA COTIDIANA
En la segunda lectura iremos escuchando durante cinco domingos la lectura semicontinuada de los capítulos 6 al 11 de la primera Carta de san Pablo a los corintios, unos textos que nos recuerdan las implicaciones éticas de la fe en diversos campos. Hoy, por ejemplo, Pablo nos recuerda el valor del propio cuerpo desde una antropología cristiana: "El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor; y el Señor, para santificar el cuerpo". Tal como traducen algunas versiones, "el cuerpo no es para la inmoralidad", o sea que el seguimiento de Jesús pide una vida de cada día que sea coherente con la fe, en nuestras actuaciones cotidianas.
También nosotros debemos ir descubriendo, coma Samuel, y con la ayuda de la comunidad cristiana, las llamadas que Dios nos está haciendo ahora y aquí. Debemos ir reconociendo la voz de Dios en la vida de cada día. Y, sobre todo, debemos ser capaces de decir, decididos y confiados: "Habla, Señor; tu siervo te escucha". También nosotros hemos de tener aquella misma experiencia de los discípulos: querer conocer a Jesús, interesarnos por él, buscarlo, sentirnos llamados, seguirlo, quedarnos con él, dar testirnonio... La vida cristiana, como decíamos antes, es un camino de seguimiento de Jesús, un camino que debe recorrerse en la vida de cada día.
JAVIER AYMERICH
En el centro de la liturgia de la palabra encontramos este domingo dos relatos de vocación. El primero (primera lectura) se refiere a Samuel, quien fue un personaje clave en la transición de Israel de una estructura política tribal a la monárquica.
Este relato está construido con un esquema que podemos llamar pedagógico. Samuel es un muchacho que, por medio de una serie de lecciones, llega a comprender la misión a que Dios lo destina. Todo comienza con una llamada inesperada, en medio de la noche: la iniciativa es siempre de Dios, y la respuesta de Samuel es inmediata, pero ciega y por tanto decepcionante (1 Sa 3,3-5). La lección se repite, pero igualmente sin fruto (vv. 6-7). A la tercera lección, el sacerdote Elí intuye la naturaleza de la experiencia del joven, y se comporta como un verdadero educador espiritual, que ayuda pero no se substituye a la actuación de la persona (v. 9). Viene entonces la llamada decisiva, y la adhesión de Samuel será ya clara y madura (v. 14). Samuel, como portavoz ("profeta") del Señor, inicia el camino de su vida; un camino en el que todo es valioso y decisivo, porque "el Señor estaba con él" (v. 19).
Un proceso semejante sigue igualmente el llamado de los primeros discípulos de Jesús, según el relato de San Juan (evangelio). Ese llamado está también integrado en la trama de los acontecimientos cotidianos y en los lugares en que ordinariamente se actúa.
La iniciativa del llamado es de Cristo, y responde a una búsqueda que el ser humano lleva en el corazón: "¿Qué buscan?"; se trata de un descubrimiento progresivo: "Vengan y lo verán". También la sucesión de los títulos cristológicos que usa el evangelista indica ese proceso, que va desde las nebulosas creencias judías hasta la intuición del misterio divino: Cordero de Dios, Rabbí Maestro, Mesíás-Cristo. Y las dos parejas de verbos fundamentales en el relato trazan ese itinerario en búsqueda de la propia vocación: buscar-encontrar, seguir permanecer. También aquí hay una presencia humana que ayuda y encamina: la de Juan Bautista, la de Andrés, hermano de Simón Pedro...
La vocación aparece, pues, como un diálogo entre dos voluntades que se unen para realizar juntas un proyecto común. No es la invitación a seguir una idea, sino el llamado a entrar en relación con una persona. Se trata de un compromiso vital, que transforma la mente, la voluntad, el corazón.
En esa línea se mueve también el párrafo de la carta de San Pablo a los corintios en la segunda lectura: "El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor, y el Señor es para santificar el cuerpo". La estructura sociológica y cultural de Corinto era semejante a la de nuestras ciudades, e introducía también en la comunidad cristiana ideologías, comportamientos, estilos de vida que no son compatibles con el compromiso bautismal. No se puede traicionar la vocación cristiana, alejando del Señor nuestra vida y vendiéndola a la impureza...
Que al celebrar nuestra Eucaristía el Señor nos ayude a entrar totalmente en el camino de nuestra vocación de cristianos, adheridos plenamente a Él, en el seguimiento de sus enseñanzas y de sus ejemplos.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
VENGAN A VER