
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
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ORACION PARA ENCENDER
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| ANTÍFONA DE ENTRADA | Cfr. Is 30,19.30 |
Pueblo de Sión, mira que el Señor va a venir para salvar a todos los hombres y dejará oír la majestad de su voz para alegría del corazón de ustedes.
No dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Que nuestras responsabilidades terrenas no nos impidan, Señor, prepararnos a la venida de tu Hijo, y que la sabiduría que viene del cielo, nos disponga a recibirlo y a participar de su propia vida. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Preparen el camino del Señor.
Del libro del profeta Isaías: 40,1-5.9-11
"Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice nuestro Dios. Hablen al corazón de Jerusalén y díganle a gritos que ya terminó el tiempo de su servidumbre y que ya ha satisfecho por sus iniquidades, porque ya ha recibido de manos del Señor castigo doble por todos sus pecados".
Una voz clama: "Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios. Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane. Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán". Así ha hablado la boca del Señor.
Sube a lo alto del monte, mensajero de buenas nuevas para Sión; alza con fuerza la voz, tú que anuncias noticias alegres a Jerusalén. Alza la voz y no temas; anuncia a los ciudadanos de Judá: "Aquí está su Dios. Aquí llega el Señor, lleno de poder, el que con su brazo lo domina todo. El premio de su victoria lo acompaña y sus trofeos lo anteceden. Como pastor apacentará su rebaño; llevará en sus brazos a los corderitos recién nacidos y atenderá solícito a sus madres".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 84 |
R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos al Salvador.
Escucharé las palabras del Señor,
palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación
y la gloria del Señor habitará en la tierra. R/.
La misericordia y la verdad se encontraron,
la justicia y la paz se besaron,
la fidelidad brotó en la tierra
y la justicia vino del cielo. R/.
Cuando el Señor nos muestre su bondad,
nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino al Señor
e irá siguiendo sus pisadas. R/.
SEGUNDA LECTURA
Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva.
De la segunda carta del apóstol san Pedro: 3,8-14
Queridos hermanos: No olviden que para el Señor, un día es como mil años y mil años, como un día. No es que el Señor se tarde, como algunos suponen, en cumplir su promesa, sino que les tiene a ustedes mucha paciencia, pues no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.
El día del Señor llegará como los ladrones. Entonces los cielos desaparecerán con gran estrépito, los elementos serán destruidos por el fuego y perecerá la tierra con todo lo que hay en ella.
Puesto que todo va a ser destruido, piensen con cuánta santidad y entrega deben vivir ustedes esperando y apresurando el advenimiento del día del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos.
Pero nosotros confiamos en la promesa del Señor y esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia. Por lo tanto, queridos hermanos, apoyados en esta esperanza, pongan todo su empeño en que el Señor los halle en paz con él, sin mancha ni reproche.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Cfr. Lc 3,4.6 |
R/. Aleluya, aleluya.
Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos, y todos los hombres verán la salvación de Dios. R/.
EVANGELIO
Velen, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa.
+ Del santo Evangelio según san Marcos: 1,1-8
Éste es el principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. En el libro del profeta Isaías está escrito:
He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti, a preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: "Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos".
En cumplimiento de esto, apareció en el desierto Juan el Bautista predicando un bautismo de arrepentimiento, para el perdón de los pecados. A él acudían de toda la comarca de Judea y muchos habitantes de Jerusalén; reconocían sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
Juan usaba un vestido de pelo de camello, ceñido con un cinturón de cuero y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Proclamaba: "Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que te sean agradables, Señor, nuestras humildes ofrendas y oraciones, y que tu misericordia supla la extrema pobreza de nuestros méritos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Prefacio de Adviento I/A o I/B
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Bar 5,5; 4,36 |
Levántate, Jerusalén, sube a lo alto, para que contemples la alegría que te viene de Dios.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna, enséñanos, Señor, a no sobre valorar las cosas terrenales y a estimar las del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREPARAR EL CAMINO
San Marcos comienza su Evangelio diciendo que Jesucristo es Buena Noticia, que Jesús es el Hijo de Dios. Después cita el libro del profeta Isaías: "He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti, a preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: 'Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos' ". Se identifica a este mensajero con Juan el Bautista.
Juan el Bautista, a diferencia de su padre enmudecido, habla, predica, es voz que anuncia y denuncia. Invita al pueblo a volverse a Dios, a recibir el bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados. Su misión es preparar y enderezar los caminos para el Señor. La gente de toda la comarca de Judea y de muchos habitantes de Jerusalén, se acerca a él, se bautiza, pero Juan les proclama: "Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".
Nosotros, siguiendo el ejemplo de Juan el Bautista, también podemos preparar el camino para que Jesús entre en nuestra vida, para que llegue a los corazones de tantos hombres y mujeres abatidos por la soledad y el hastío, a los jóvenes que buscan un sentido para vivir, a tantos y tantos pobres que no ven una salida a su situación...
Así como Jesús fue buena noticia para Juan, quien lo anunció en el desierto; así como también lo fue para Marcos, que escribió un evangelio; así como lo fue para tanta gente... así puede ser para nosotros. Ahí está Jesús con todo su amor, con su proyecto de salvación, con su espíritu... nada más falta que le abramos nuestro corazón, que le preparemos el camino.
* 1ª lectura: Isaías 40,1-5. 9-11
Ésta es la introducción a la segunda parte del libro de Isaías, atribuida al "Segundo Isaías" (Is 40-55), el profeta anónimo que en el exilio animó la esperanza del pueblo y anunció el retorno a la tierra prometida.
El oráculo hace resonar, en medio de las ruinas de la ciudad desconsolada y sin esperanza, el fundamento de la alianza entre Dios y su pueblo (v. 1: "mi pueblo" - "nuestro Dios"). Se apresura a anunciar el final de la esclavitud, de la pena y del castigo (v. 1). Jerusalén, símbolo del pueblo de Dios, ha pagado caro sus errores y su infidelidad. El exilio y la destrucción han sido el fruto de sus iniquidades. Pero ahora resuena un anuncio que permite seguir viviendo: Dios llama otra vez al pueblo: "mi pueblo", y quiere consolarlo, apacentarlo, tomarlo en brazos y conducirlo como un pastor a su rebaño (Cfr. Is 40,11 ).
El profeta habla de un "camino", que el pueblo tendrá que preparar y recorrer como en un nuevo Éxodo (v. 3). No se trata tanto del camino geográfico que conduce de Babilonia a Jerusalén, sino del camino del espíritu que el pueblo tiene que recorrer para volver a Dios. Como un heraldo, colocado en un monte, se anticipa al regreso de los exiliados y a la llegada del Señor a Israel. El mismo Señor en persona precede todo el cortejo triunfal, como general victorioso (v. 10) y como pastor amoroso (v. 11).
* 2ª lectura: 2 Pedro 3,8-14
La expresión profética "día del Señor", indica el evento decisivo de la historia cuando Dios instaurará su reino en un mundo renovado. Las imágenes apocalípticas subrayan la novedad del momento. Todo lo que parece estable y firme, cederá el paso a lo verdaderamente nuevo, a "unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia" (2 Pe 3,13). El día del Señor no es un día de ira, ni de destrucción ni de ruina, sino el inicio de la nueva creación que los creyentes esperan con confianza y fidelidad.
* 3ª lectura: Marcos 1,1-8
Marcos quiere presentar el origen y el fundamento del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios" (v. 1). El término "evangelio'' (euaggelíon) indicaba en el mundo antiguo una noticia alegre y consoladora, que llenaba de gozo y hacía partícipe de un conocimiento que podía cambiar la vida.
Para Marcos solamente hay un evangelio: el Evangelio de Jesucristo, o mejor aún, el Evangelio que es Jesucristo. Ambas traducciones son posibles del texto griego del v. 1.
Marcos no piensa en un inicio absoluto. La "buena noticia" del Evangelio fue ya anunciada por los profetas, pero ahora encuentra su cumplimiento definitivo. Su llegada está precedida por el Bautista, que Marcos identifica con el heraldo de Is 40,3 y con Elías (Cfr. Mal 3,1).
El Bautista predica en "el desierto", lugar de decisión y de prueba. Practica un rito penitencial, un "bautismo de conversión" (metanoia) (v. 4), que se expresa en la confesión pública de los pecados y que sella la reconciliación con Dios (v. 5). Juan está a la orilla del río Jordán. Quienes acuden a él reviven el camino de Israel, que atraviesa el Jordán antes de entrar en la tierra prometida.
La voz y el gesto de Juan hablan de otra persona, de uno que "es más poderoso que yo" (v. 7). Ante él, el Bautista confiesa: "no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias" (v. 7). Más que una declaración de humildad, es confesión de la propia incapacidad. Juan habla de un derecho que no posee. Quitarle la sandalia a otro era, en efecto, hacer uso de un derecho jurídico (Cfr. Deut 25,5-10: Rut 4,7). Él es sólo el amigo del esposo, que se alegra de oír su voz y está llamado a disminuir para que él crezca (Cfr. Jn 3,27-28). El Mesías, que está por llegar, es el único que puede bautizar en el Espíritu Santo (Cfr. v. 8).
La frase de Isaías: "Preparen el camino del Señor en el desierto" (Is 40,3), citada según la traducción de los LXX, en los evangelios adquiere un sentido nuevo: "Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor" (Mc 1,3; Mt 3,3; Lc 3,4s.). La voz proviene del desierto e invita a un camino de conversión delante de la inminente llegada del Mesías. Resuena desde el desierto pero para alcanzar a toda la sociedad. Con la predicación de Juan desde el desierto, se inicia un nuevo éxodo, que será llevado a término por el Mesías y que no se circunscribe a un camino geográfico en medio de un territorio geográfico, sino que se realiza a través de un cambio ético, con el que se expresa la preparación a la realización de las promesas de Dios mediante "la conversión" y el perdón de los pecados.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
PREPARAR LA VENIDA DEL SEÑOR
Preparar la venida del Señor. Éste es el mensaje central del segundo domingo de Adviento. El domingo pasado sirvió de despertador al invitarnos a velar y a estar preparados, para que el Señor nos encuentre despiertos y esperándolo cuando él llegue. Este segundo domingo la palabra de Dios nos invita a la acción: Preparen el camino del Señor, escucharemos en la primera lectura y en el evangelio.
Para nuestra preparación la liturgia nos ofrece como referencia lo que el pueblo de Israel hizo para acoger la llegada del Mesías. Del mismo modo que en el primer milenio antes de Cristo el pueblo judío se dispuso para recibir al Mesías, así nosotros debemos prepararnos para acoger su segunda venida, su retorno glorioso cuando vuelva para llevar a plenitud su reino.
Tres personajes bíblicos nos estimularán en nuestra preparación: Isaías, Juan el Bautista y María. Ellos jugaron un papel esencial en la primera venida del Mesías. Isaías fue el profeta que con más fuerza anunció a Israel la llegada del Ungido de Dios, apremiando al pueblo a prepararse para ese acontecimiento. Juan el Bautista fue el precursor, el último de los profetas, que predicó la conversión del corazón para la llegada inmediata de Cristo. Y María fue quien acogió en sus entrañas al Hijo de Dios encarnado, dando a luz al Salvador del mundo.
¿CÓMO DEBEMOS PREPARAR ESTA VENIDA?
El profeta Isaías, en la primera lectura, nos da algunas pistas para que podamos preparar el camino del Señor: Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane. Isaías hace saber al pueblo que el camino por donde llega el Mesías ha de ser llano y recto, sin alturas inexpugnables y vacíos insalvables. Isaías nos invita a comprender que el camino del Señor es el corazón del ser humano y que, éste, ha de ser examinado para descubrir sus carencias, para darnos cuenta de aquellos sentimientos que sobran y de toda intención torcida. El primer paso de esta preparación es, pues, examinar nuestra vida para que podamos realizar nuestra conversión, esa conversión que predicaba Juan el Bautista ante la llegada inminente de Cristo (evangelio).
Por lo tanto, en estos primeros días del Adviento, sería conveniente ofrecer una celebración penitencial (nos puede servir la que propone el Ritual de la Penitencia, p. 130) que ayude a la comunidad a mirar su vida y a elaborar un programa de conversión personal para desarrollar a lo largo de este tiempo litúrgico. Este proceso habría de culminar con la celebración del sacramento de la Reconciliación a las puertas de la Navidad. Así habremos hecho realidad la exhortación que el apóstol san Pedro nos dirige en la segunda lectura: mientras esperan el retorno del Señor pongan todo su empeño en que el Señor los halle en paz con él, sin mancha ni reproche.
LOS BIENESTERRENALES
Uno de los lastres que nos impiden salir al encuentro del Señor y que dificultan nuestro caminar hacia él son los bienes materiales y las preocupaciones mundanas. La eucología de este domingo insiste en ello: Que nuestras responsabilidades terrenas no nos impidan, Señor, prepararnos a la venida de tu Hijo (oración colecta); enséñanos, Señor, a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del cielo (oración después de la comunión).
La liturgia no nos ha de llevar a pensar que las cosas materiales de este mundo son malas en sí, ni tampoco nos invita a huir del mundo. Tal y como nos hace ver el relato del Génesis, la creación es buena (y vio Dios que era bueno, leemos repetidas veces en ese pasaje bíblico). Y tampoco debemos olvidar que el Dios al cual seguimos se caracteriza porque se encarnó, porque bajó del cielo a la tierra. El cristiano, por lo tanto, debe ser una persona que valora todo lo creado por Dios y una persona encarnada en el mundo, en la sociedad. Pero cuya forma de ser, de actuar, su jerarquía de valores, debe ser diferente ya que en su corazón late la vida divina pues en el Bautismo ha recibido el Espíritu Santo (evangelio). Para que esta vida se renueve necesitamos la acción continua del Espíritu. Su oxígeno penetra en nuestros pulmones por medio de la oración. Por lo tanto este Tiempo de Adviento es un momento propicio para intensificar nuestros momentos de oración y poder experimentar cómo la vida nueva del Resucitado invade nuestro ser y nos hace comprender que este mundo y sus realidades materiales no son lo definitivo, sino que esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva (2ª lectura).
JOSÉ ANTONIO GOÑI
La imagen del Bautista, que está en el centro de la primera página del evangelio de Marcos (evangelio que se lee en este año litúrgico), supone necesariamente recurrir a su matriz original: los párrafos con que se abre el llamado "Segundo Isaías" (primera lectura).
Allí la presentación del profeta sucede de manera algo extraña, de improviso, sin datos autobiográficos, sin cronología... El tema de su anuncio profético es éste: la expiación ha terminado; comienza el don de la liberación, que restaura la debilidad del hombre esclavo. El anunciado retorno a Jerusalén conoce todavía las etapas del desierto; pero éstas son ahora fases de un camino triunfal, que no tiene senderos tortuosos ni recorridos extenuantes. El retorno a la patria es acompañado por una docilidad cósmica universal; porque el Señor es el pastor que guía a lo largo de ese camino.
La prueba ha terminado; ha habido un "castigo doble", con el que los delitos están totalmente pagados; el capítulo "culpa" se cierra, y ahora Dios está "reconciliando el mundo consigo" de manera plena y definitiva. Para ese nuevo futuro hace falta que Dios mismo vuelva a ser para con su pueblo el "Emanuel"; pero para ese paso suyo hace falta preparar un camino sagrado, un camino recto, no escabroso.
En la presentación que el evangelio de Marcos hace del Bautista, éste es el heraldo de la salvación inminente, de la consolación definitiva que vendrá después de él (Mc 1,7). El fondo es el mismo de aquella marcha de los desterrados, de que habla la primera lectura: el desierto, el lugar de la esencialidad, de la tentación y de la decisión. En ese silencio resuena la voz del Bautista y se ofrece el bautismo de conversión. El Bautista es como la síntesis de la espera y de la preparación de todo Israel y de toda la humanidad.
Pero la voz y la acción del Bautista se orientan hacia una persona decisiva, el "fuerte" por excelencia, definido ya espléndidamente en el mismo título del evangelio de Marcos: «Comienzo del evangelio de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1). El simple nombre "Jesús" indica la humanidad del Mesías y su función salvadora ("Jesús" significa precisamente "Yahveh salva"), "Cristo" subraya el aspecto mesiánico y condensa la expectativa, la esperanza y la teología del AntiguoTestamento; "Hijo de Dios" tiene ya el sentido pleno que corresponde a ese título en el pensamiento cristiano; es expresión de fe en la dignidad trascendente de Jesús, que el evangelio quiere precisamente revelar.
Si el heraldo del Antiguo Testamento y el Bautista son como un índice que señala hacia la gran intervención salvadora que el Señor está llevando a cabo, la página apocalíptica tomada de la segunda carta de San Pedro (segunda lectura) proyecta nuestra atención hacia la intervención última y definitiva de Dios. Pero la piedra fundamental de esa ciudad perfecta que esperamos ha sido puesta ya por Cristo, con su encarnación. Él es "el Alfa y la Omega, el principio y el fin" (Apc 21,6) de ese nuevo plano del futuro del universo, y nos invita cada año, en el tiempo de Adviento, a reconocer ese proyecto y a participar en su construcción, haciéndonos recobrar la confianza en Él, nuestro pastor y nuestro guía, y la esperanza en nosotros mismos y en el mundo.
Nuestra participación en la Eucaristía nos ayuda a reconocer con mayor fe a este enviado de Dios y a colaborar con mayor entusiasmo en su proyecto de salvación.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
ADVIENTO, CUESTIÓN DE "ENDEREZAR"...
... los senderos del Señor, como nos dice Juan Bautista.
Pero también:
Porque por estos caminos tortuosos ni el Señor va a venir a nosotros ni nosotros podemos ir a él.
Adviento, es cuestión de "enderezar" todo aquello en que no le estamos jugando derecho a los demás y a Dios.
SI ALGO NO CAMBIA EN NUESTRA VIDA EN ESTE ADVIENTO DEL 2008, NO ESTAMOS PREPARANDO LOS CAMINOS DEL SEÑOR.