
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Del salmo 65,1-2 |
Aclamen al Señor, habitantes todos de la tierra canten un himno a su nombre, denle gracias y alábenlo. Aleluya.
ORACIÓN COLECTA
Señor, tú que nos has renovado en el espíritu al devolvernos la dignidad de hijos tuyos, concédenos aguardar, llenos de júbilo y esperanza, el día glorioso de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Ustedes dieron muerte al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 3,13-15. 17-19
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: "El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron a Pilato, y a quien rechazaron en su presencia, cuando él ya había decidido ponerlo en libertad. Rechazaron al santo, al justo, y pidieron el indulto de un asesino; han dado muerte al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos y de ello nosotros somos testigos.
Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes han obrado por ignorancia, de la misma manera que sus jefes; pero Dios cumplió así lo que había predicho por boca de los profetas: que su Mesías tenía que padecer. Por lo tanto, arrepiéntanse y conviértanse para que se les perdonen sus pecados".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 4 |
R/. En ti, Señor, confío. Aleluya.
Tú que conoces lo justo de mi causa,
Señor, responde a mi clamor.
Tú que me has sacado con bien de mis angustias,
apiádate y escucha mi oración. R/.
Admirable en bondad
ha sido el Señor para conmigo,
y siempre que lo invoco me ha escuchado;
por eso en él confío. R/.
En paz, Señor,
me acuesto y duermo en paz,
pues sólo tú, Señor,
eres mi tranquilidad. R/.
SEGUNDA LECTURA
Cristo es la víctima de propiciación por nuestros pecados y por los del mundo entero.
De la primera carta del apóstol san Juan: 2,1-5
Hijitos míos: Les escribo esto para que no pequen. Pero, si alguien peca, tenemos como intercesor ante el Padre, a Jesucristo, el justo. Porque él se ofreció como víctima de expiación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero.
En esto tenemos una prueba de que conocemos a Dios: en que cumplimos sus mandamientos. El que dice: "Yo lo conozco", pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él. Pero en aquel que cumple su palabra, el amor de Dios ha llegado a su plenitud, y precisamente en esto conocemos que estamos unidos a él.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Cfr Lc 24,32 |
R/. Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, haz que comprendamos las Escrituras. Enciende nuestro corazón mientras nos hablas. R/.
EVANGELIO
Está escrito que Cristo tenía que padecer y tenía que resucitar de entre los muertos al tercer día.
+ Del santo Evangelio según san Lucas: 24,35-48
Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: "No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo". Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: "¿Tienen aquí algo de comer?" Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.
Después les dijo: "Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos".
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: "Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto".
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, los dones que te presentamos llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y concédenos participar con él, un día, de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio de Pascua I-V
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Lc 24,46-47 |
Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y que, en su nombre, se exhortara a todos los pueblos al arrepentimiento para el perdón de los pecados. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Mira, Señor, con bondad a estos hijos tuyos que has renovado por medio de los sacramentos, y condúcelos al gozo eterno de la resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor.
NO TEMAN; SOY YO
Reconocer a Jesús caminando a nuestro lado, entrando a la propia casa o compartiendo la mesa, no es fácil. Descubrir o encontrarse con Jesús es un proceso que se da, muchas veces, lleno de "dudas" o de "miedos". Los discípulos de Emaús no reconocen a Jesús cuando éste se les acerca en persona, camina con ellos y les explica las Escrituras (Lc 24,13-27); María Magdalena lo confunde con un jardinero (Jn 20,15); los apóstoles, con un "fantasma"... Jesús es paciente, respeta el proceso de cada persona. A los discípulos de Emaús los escucha, deja que ellos recuperen y cuenten lo sucedido, acepta la lnvltaclon que le hacen de quedarse y compartir la mesa. A María le pregunta: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién estás buscando?", y la llama por su nombre: "¡María!" (Jn 20,15-16). A los apóstoles, que estaban precisamente comentando lo acontecido en Emaús, les dice: "La paz esté con ustedes". Era de esperarse que éstos dijeran, llenos de alegría: "Aquí está de quién estábamos hablando; es Jesús, el maestro, el amigo...". Pero no. "Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma". Jesús es paciente. No les echa en cara su poca fe. Los anima, y les dice: "No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior?". Y todavía más, se acerca a ellos con amor y ternura, y les dice: "Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo". ¿Qué más prueba? Y, sin embargo, "ellos no acaban de creer". Jesús les pregunta: "¿Tienen aquí algo de comer?". Los invita a ver a su alrededor, a buscar el alimento... Y le ofrecen un trozo de pescado asado. Jesús come delante de ellos y les dice: "Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos". Y les habla de lo que estaba escrito: de su muerte y resurrección, de la predicación del Evangelio, de la necesidad de volverse hacia a Dios... Los envía a dar testimonio de esto.
Ante la difícil situación del país: la pobreza, el desempleo, la migración, la inseguridad; ante los problemas familiares: la falta de comunicación con los hijos, el no entendimiento con la pareja; ante los propias angustias y preocupaciones... es difícil reconocer a Jesús caminando, trabajando, comiendo a nuestro lado. Jesús nos dice en el Evangelio: "No teman; soy yo".
* 1ª lectura: Hechos 3,13-15.17-19
El texto forma parte del discurso de Pedro dirigido a los judíos después de haber sanado al paralítico en la puerta del Templo. Se afirma en primer lugar el elemento central del kerigma cristiano: la muerte y la resurrección de Jesús. El Dios que ha resucitado a Jesús de entre los muertos es el mismo y único Dios que guía la historia desde sus orígenes.
Se hace mención de Jesús con el término "siervo", en sintonía con los grandes personajes de la historia bíblica. Jesús es también el profeta escatológico que realiza la salvación definitiva, glorificado por Dios en la resurrección. Por eso se le llama también "el Santo" y "el Justo". El es "el Santo", es decir, el consagrado por excelencia que con su resurrección y glorificación ha sido introducido totalmente en el mundo de Dios; y es "el Justo", el que realizó siempre la voluntad de Dios, obediente al plan divino hasta sus últimas consecuencias.
Al final Pedro saca las consecuencias prácticas de su discurso: "Por lo tanto, arrepiéntanse y conviéntanse, para que se les perdonen sus pecados" (v. 19). Se utilizan dos verbos griegos: metanoein (arrepentirse, es decir, tomar conciencia del pecado cometido) y epistrephein (volverse, es decir, orientar la vida hacia Dios y hacia Cristo, adhiriéndose a su voluntad en el plano moral). La liberación del pecado se produce cuando el hombre acepta la predicación evangélica y toma conciencia del mal cometido, superando la ignorancia con la cual ha actuado; y en segundo lugar, aceptando a Jesús como Mesías y Señor resucitado por Dios, para participar de su fuerza salvadora.
* 2ª lectura: 1 Juan 2,1-5
Se hace un fuerte llamado a la coherencia entre fe y vida: "En esto tenemos una prueba de que conocemos a Dios, en que cumplimos sus mandamientos" (v. 3). El auténtico "conocimiento" de Dios se muestra con un comportamiento conforme a la voluntad divina. El autor habla del "conocer" en sentido bíblico, es decir, un conocimiento afectivo, hecho de comunión y de amor. Es con la vida que demostramos que conocemos a Dios (v. 4).
El hombre, sin embargo, en el esfuerzo cotidiano por cumplir la voluntad de Dios, se ve dominado y esclavizado por el pecado. Por esto Juan afirma también: "Les escribo esto para que no pequen. Pero, si alguien peca, tenemos como intercesor ante el Padre, a Jesucristo, el justo" (v. 1 ) . El anuncio del perdón divino es una auténtica buena noticia. Junto al Padre está Cristo, que se ha ofrecido por nuestros pecados y que, al mismo tiempo, es un abogado (griego: paráclito), es decir, alguien que está de parte nuestra e intercede por nosotros (v. 2).
* 3ª lectura: Lucas 24,35-48
En el texto resalta en primer lugar el saludo del Resucitado: "Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: 'La paz esté con ustedes' " (v. 36). Después de la Resurrección, el Señor se hace presente en la comunidad y comunica a los suyos la paz, el saludo pascual por excelencia, que exorciza el temor y comunica el gozo de la nueva vida.
En segundo lugar, se subraya la reacción de los discípulos: "Llenos de temor, creían ver un fantasma" (v. 37). La resurrección de Jesús es un misterio de fe, que no es verificable con medios humanos, ni objeto de experiencia sensible. En este texto, sin embargo, se insiste en el "realismo" del evento. Se habla de mirar, tocar, comer con Jesús, etc . Ciertamente su condición existencial es distinta. Ahora vive glorificado, sin estar sujeto a las limitaciones del espacio y del tiempo, pero no es un fantasma y no vive separado de la comunidad. Es posible descubrir en la vida cotidiana y en la historia del mundo los signos vivificantes de su Pascua.
En tercer lugar se hace alusión a la misión de la comunidad: "Ustedes son testigos de esto" (v. 48). El fundamento último de la misión de la Iglesia es el encuentro con el Resucitado y la comprensión creyente de las Escrituras (v. 45). El encuentro con Cristo Resucitado ha sido misterioso, pero real. Ahora Jesús les explica con las Escrituras que su muerte y su resurrección, la predicación de la conversión y el perdón de los pecados en su nombre forman parte del plan de Dios. Con la Biblia les ilumina la historia, y con ella les ayuda a descubrir los caminos de Dios. Finalmente los nombra sus "testigos" (v. 48), que deberán predicar "a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados" (v. 48).
SILVIO JOSÉ BÁEZ
LAS LECTURAS DEL TERCER DOMINGO
El tercer domingo de Pascua es aún, cada año, domingo de apariciones. En el ciclo B se toma la narración de Lucas sobre la aparición a los Apóstoles, paralela a la narración de Juan, leída el domingo anterior. Es el único texto no joánico de toda la Cincuentena, exceptuado el día de la Ascensión. El paralelismo de las dos narraciones puede inducir, a primera vista, al peligro de la repetición. Por ello conviene destacar, en la predicación, algunos aspectos que no se destacaron en la homilía sobre el texto de Juan.
Una ayuda para hacerlo la encontramos en la relación con las demás lecturas. La primera es un fragmento del discurso de Pedro después de la curación del paralítico, y destacan en ella tres afirmaciones relacionadas con la muerte y la resurrección de Jesús:
a) los Apóstoles son testigos de lo que anuncian;
b) con lo que han hecho los perseguidores, se han cumplido las Escrituras;
c) todo el mundo está llamado a arrepentirse y a convertirse.
La segunda lectura insiste en presentar a Jesucristo resucitado como "defensor" de los pecadores cerca del Padre. Esto no lleva a pecar, sino precisamente a mostrar amor y fidelidad a la Palabra de Jesucristo.
De acuerdo con estas resonancias de las lecturas, el acento de la homilía puede recaer en la segunda parte de la narración:
a) el cumplimiento de las Escrituras en el Misterio Pascual de Cristo,
b) la misión de la Iglesia de predicar en todas partes la conversión y el perdón de los pecados,
c) la misión de los Apóstoles como testigos de la resurrección.
NOTAS PARA LA MISTAGOGIA
En la hipótesis de que se mantiene el propósito de dar un carácter mistagógico a las homilías del Tiempo de Pascua, y especialmente en el caso de la presencia de neófitos en la asamblea, este domingo es una buena oportunidad para destacar la fuerza de la asamblea dominical como experiencia e impulso para la misión de la Iglesia.
La liturgia de la Palabra, toda entera, nos habla siempre del misterio de Cristo; ¡no es ninguna "lección de cosas"! (Esto implica una forma de predicación que realmente haga ver cómo las Escrituras nos llevan, siempre, hacia Cristo). El misterio de Cristo es "para nosotros, los hombres, y para nuestra salvación". Por esto, el arrepentimiento y el perdón de los pecados son elementos intrínsecos al mensaje evangélico, y toda asamblea eucarística implica una actitud de conversión, confesión y arrepentimiento de los pecados en sus miembros (un retorno bautismal). Los Apóstoles son enviados por ser testigos de esta realidad, y esto es lo que hace la Iglesia, a través del tiempo y del espacio, con la predicación y la celebración de los sacramentos. El perdón de los pecados -en el Bautismo y en la Penitencia- es el fruto de la Pascua de Cristo.
LA ALEGRÍA DE LA IGLESIA EN LA EUCOLOGÍA DE PASCUA
Vale la pena destacar, en los textos eucológicos del Tiempo pascual, las referencias que se hacen explícitamente a la actitud de la Iglesia. El texto litúrgico es una pauta para modelar nuestras actitudes, y lograr una participación que sintonice plenamente con lo que decimos en la liturgia: "Mens concordet voci", "que nuestro espíritu concuerde con lo que decimos".
En las oraciones de este domingo, pedimos "tú que nos has renovado en el espíritu... concédenos aguardar, llenos de júbilo y esperanza, el día glorioso de la resurrección" (colecta); en la oración sobre las ofrendas Acepta, Señor, los dones que te presentamos llenos de júbilo?'; en la oración después de la comunión, se pide para el pueblo fiel, como fruto y consecuencia de la comunión eucarística, que alcance el "gozo eterno de la resurrección". Podemos añadir la repetición cotidiana, en el prefacio, de la frase: "con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría".
No se trata de "fabricar" una alegría postiza, sino de pedir al Señor aquella alegría de los Apóstoles, que "no acababan de creer de pura alegría", y que no excluye, muy al contrario, el estupor y el agradecimiento. Esta alegría la sentían también los primeros fieles de Jerusalén, cuando "partían el pan... con alegría y sencillez de corazón". Tratemos de hacerlo así también nosotros.
PERE TENA
EL CIRIO PASCUAL
El cirio pascual, que tiene su lugar propio junto al ambón o junto al altar, enciéndase al menos en todas las celebraciones litúrgicas de una cierta solemnidad de este tiempo de Pascua, tanto en la Misa como en Laudes y Vísperas, hasta el domingo de Pentecostés. Después, ha de transladarse al baptisterio y mantenerlo con todo honor para encender en él el cirio de los nuevos bautizados. En las exequias el cirio pascual se ha de colocar junto al féretro, para indicar que la muerte del cristiano es su propia Pascua.
El cirio pascual, fuera del tiempo pascual, no ha de encenderse ni permanecer en el presbiterio.
Foto tomada en el Templo de Santa María Reina
Tijuana, B.C. 18 de abril Pascua 2009
Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 99 (1988)
Existe claramente un 'hilo conductor' en los textos que nos ofrece hoy el leccionario: el "perdón de los pecados". Tres frases tomadas de las diversas lecturas nos dan una síntesis del tema. "Conviértanse, para que se les perdonen sus pecados", invita Pedro, después de haber proclamado el anuncio pascual (Hch 3,19). Jesucristo "es víctima de propiciación por nuestros pecados", escribe Juan en su primera carta (1 Jn 2,2). En el nombre de Cristo resucitado se debe predicar "a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados" (Lc 24,47).
La aparición que cuenta San Lucas (evangelio) está redactada según el esquema "jerosolimitano", y se mueve en las tres directrices típicas de ese modelo. La escena se abre con la iniciativa del mismo Cristo, que se presenta a los discípulos. El segundo dato, y quizá el más característico, es la reacción de los discípulos. La resurrección de Jesús es un misterio salvífico, que supera la pura verificabilidad experiencias hay que experimentarla en la proclamación de la fe. Por eso los discípulos son al principio incapaces de reconocer a Cristo; pero los rasgos tan fuertemente realistas con que se describe la escena (mirar, tocar, comer del pescado...) muestran que Jesús resucitado no es un "fantasma" separado de su humanidad, aunque el modo de su presencia sea ahora diferente y más difícil de captar. A través de la búsqueda experimental, la fe se desarrolla y se alimenta, y llega a comprender el valor de aquel "soy yo en persona".
Después de esos dos datos, viene el más importante: la misión confiada a la Iglesia. Esa misión tiene su fuente en Jesús resucitado; su contenido es la predicación de la conversión para el perdón de los pecados; su horizonte es la humanidad entera. - Hay, pues, un perfecto paralelismo entre la misión de la Iglesia y la misión de Cristo.
Ese paralelismo se pone en acción en la predicación de San Pedro (primera lectura), después del contacto que él ha tenido con el Resucitado, por medio del Espíritu Santo. El "nombre" de Cristo, es decir su presencia salvadora, ha aparecido nuevamente en la trama de la historia, curando de su mal y sufrimiento a aquel tullido. Pedro, según la misión que ha recibido, se esfuerza por hacer comprensible con sus palabras el sentido de aquella "señal".
El don de la liberación del mal y del pecado está también en el centro de la cariñosa carta pastoral de San Juan (segunda lectura). Ese don se actúa en un doble movimiento. El primero es el de Dios, que se pone en camino hacia el pecador, por medio de su Hijo: Jesucristo, el Justo, es nuestro abogado ante el Padre (1 Jn 2,2). A esta acción de Dios debe seguir la respuesta humana: el conocimiento de Dios, expresado en la observancia de sus mandamientos (vv. 3-4). Del encuentro de estos movimientos nace la nueva creatura, el hombre fiel salvado por la Pascua de Cristo.
Sigamos experimentando en nuestra Eucaristía la presencia salvadora de Cristo resucitado. ¡Que Él nos ayude a cumplir la misión que también a nosotros nos confía!
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
SEÑOR, ¡ÁBRENOS EL ENTENDIMIENTO!
Para que: