
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Ez 36,23-26 |
Cuando manifieste en ustedes mi santidad, los reuniré de todos los países; derramaré sobre ustedes agua pura y quedarán purificados de todas sus inmundicias, y les infundiré un espíritu nuevo, dice el Señor.
No se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Dios misericordioso, fuente de toda bondad, que nos has propuesto como remedio del pecado el ayuno, la oración y las obras de misericordia, mira con piedad a quienes reconocemos nuestras miserias y estamos agobiados por nuestras culpas, y reconfórtanos con tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
La ley fue dada por Dios a Moisés.
Del libro del Éxodo: 20,1-17
En aquellos días, el Señor promulgó estos preceptos para su pueblo en el monte Sinaí, diciendo: "Yo soy el Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto y de la esclavitud. No tendrás otros dioses fuera de mí; no te fabricarás ídolos ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o en el agua, y debajo de la tierra. No adorarás nada de eso ni le rendirás culto, porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castiga la maldad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que me odian; pero soy misericordioso hasta la milésima generación de aquellos que me aman y cumplen mis mandamientos.
No harás mal uso del nombre del Señor, tu Dios, porque no dejará el Señor sin castigo a quien haga mal uso de su nombre.
Acuérdate de santificar el sábado. Seis días trabajarás y en ellos harás todos tus quehaceres; pero el día séptimo es día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios. No harás en él trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el forastero que viva contigo. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra, el mar y cuanto hay en ellos, pero el séptimo, descansó. Por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.
Honra a tu padre y a tu madre para que vivas largos años en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo, ni a su mujer, ni a su esclavo, ni a su esclava, ni su buey, ni su burro, ni cosa alguna que le pertenezca".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 18 |
R/. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta del todo
y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor
y hacen sabio al sencillo. R/.
En los mandamientos de Dios
hay rectitud y alegría para el corazón;
son luz los preceptos del Señor
para alumbrar el camino. R/.
La voluntad de Dios es santa
y para siempre estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.
Que te sean gratas las palabras de mi boca
y los anhelos de mi corazón.
Haz, Señor, que siempre te busque,
pues eres mi refugio y salvación. R/.
SEGUNDA LECTURA
Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los hombres, pero sabiduría de Dios para los llamados.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 1,22-25
Hermanos: Los judíos exigen señales milagrosas y los paganos piden sabiduría. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos; en cambio, para los llamados, sean judíos o paganos, Cristo es la fuerza y la sabiduría de Dios. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza de los hombres.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Jn 3,16 |
R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. R/.
EVANGELIO
Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré.
+ Del santo Evangelio según san Juan: 2,13-25
Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: "Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre".
En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.
Después intervinieron los judíos para preguntarle: "¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?" Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré". Replicaron los judíos: "Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?"
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.
Mientras estuvo en Jerusalén para las fiestas de Pascua, muchos creyeron en él, al ver los prodigios que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que nadie le descubriera lo que es el hombre, porque él sabía lo que hay en el hombre.
Palabra del Señor.
Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que esta Eucaristía, Señor, nos obtenga a quienes imploramos tu perdón, la gracia de saber perdonar a nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio I o II de Cuaresma
Santo, Santo, Santo...
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Sal 83,4-5 |
El ave ha encontrado un refugio y la tórtola un nido donde poner a sus polluelos. Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Tú que nos has alimentado, ya desde esta vida, con el pan del cielo, prenda de nuestra salvación, concédenos, Señor, manifestar en todos nuestros actos el misterio de tu Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor.
EL NUEVO TEMPLO
Después de la llamada a los primeros discípulos, e inmediatamente después de las bodas de Caná, donde Jesús realizó su primer signo (Cfr. Jn 2,1-12), encontramos el episodio de la expulsión de los mercaderes del templo. ¿Qué significa este gesto duro e inesperado de Jesús? ¿Qué ha sucedido, para que la mano que acariciaba a los niños y tocaba los leprosos, tome ahora ese látigo para expulsar a los mercaderes del templo? Juan alude al salmo 69, que dice: "El celo de tu casa me devora". El gesto de Jesús se sitúa en la línea de los grandes profetas de Israel, que se oponen a que el santo nombre de Dios se convierta en un ídolo, en torno al cual se montan negocios e intereses.
Juan da a este episodio un carácter singular. Al situarlo al comienzo del evangelio, el relato puede tener un significado programático, de presentación de la figura de Jesús. Y, al mismo tiempo, introduce un elemento nuevo que no estaba presente en la narración de los otros tres evangelistas. Inmediatamente después de la expulsión hay un debate con los judíos sobre la destrucción del templo de Jerusalén y su reedificación, en el que Juan acaba diciendo que Jesús hablaba del templo de su cuerpo. Un tema que vuelve a ser tomado poco después en el diálogo con la samaritana: "Créeme mujer, está llegando la hora, mejor dicho, ha llegado ya, en que para dar culto al Padre, no tendrán que subir a esta montaña ni ir a Jerusalén... adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Jn 4,21.23). En las bodas de Caná Jesús mostró que Él tenía un vino mejor, que ya no podía ser contenido en odres viejos sin hacerlos reventar. En este pasaje de la expulsión de los mercaderes, Jesús hace "reventar" el viejo y suntuoso templo de Jerusalén. Los que adoren al Padre en espíritu y verdad, ya no necesitan templos suntuosos para hacerlo. El templo ha pasado a un segundo plano; tiene un significado funcional. El lugar privilegiado del encuentro con Dios no es ya un lugar, por muy majestuoso y cuidado que sea. A Dios se le encuentra entre piedras vivas, entre hombres y mujeres que se reunen alrededor de Jesús, muerto y resucitado.
* 1ª lectura: Éxodo 20,1-17
Lo más característico del Decálogo, o de "Las Diez palabras", como lo llama el texto hebreo, no es su contenido, presente también en cierto modo en otras religiones, sino el hecho de que el legislador es el liberador: "Yo soy el Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto y de la esclavitud" (Ex 20,2). En el Decálogo, Dios no pide nada para sí mismo. Sólo desea que Israel haga de la libertad y de la vida el principio fundamental de su conducta y de sus deseos más profundos.
El texto, en el que se enumeran los mandamientos, se divide en tres partes. En la primera parte (vv. 3-7) y en la última (vv. 13-17), se presentan mandamientos que prohiben determinadas acciones y que comienzan con el imperativo "No". En la primera parte se enumeran los mandamientos que se refieren a las relaciones del pueblo con Dios; en la última, los que se refieren al prójimo. En la segunda parte, al centro (vv. 8-12), se encuentran los únicos mandamientos que no aparecen formulados en modo negativo.
En la primera parte, Dios invita a Israel a no divinizar lo que no es Dios y a no inventarse un dios distinto del único Dios verdadero, pues sólo él es fuente de libertad y de vida. En la parte final se invita a respetar, a través de las obras, las palabras y el deseo, la existencia y los derechos de los demás. En el centro del texto, los dos mandamientos positivos expresan en un gesto simple la totalidad de la alianza, colocando juntas la relación con Dios ("Acuérdate de santificar el sábado") y con el prójimo ("Honra a tu padre y a tu madre").
* 2ª lectura: 1 Corintios 1,22-25
En Cristo crucificado, se revela una imagen de Dios radicalmente distinta de la que buscan judíos y griegos. Los primeros ponen su confianza en una divinidad poderosa los griegos conciben la divinidad como un principio lógico, ordenador del mundo. En Cristo, Dios se revela como un derrotado frente a los poderes del mundo y como un necio a los ojos de los sabios. Pero es precisamente en la fidelidad de Jesús que muere en la cruz, amando a los suyos hasta el extremo, en donde Dios manifiesta su modo de ser y de actuar, mostrando toda su sabiduría y el poder del amor.
* 3ª lectura: Juan 2,13-25
La escena que en los sinópticos puede ser llamada "purificación del templo" o "expulsión de los vendedores del templo", en Juan adquiere un significado distinto y una densidad teológica excepcional. A diferencia de los otros evangelistas, Juan lo coloca al inicio del ministerio de Jesús y lo introduce con la anotación temporal y espacial: "Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén" (v. 13). En el v. 23 se vuelve a mencionar la fiesta de Pascua, y en los vv. 19 y 22 se hace alusión a la resurrección de Jesús. Es evidente la relación del relato joánico con el misterio de la Pascua de Cristo.
Para el evangelio de Juan, el gesto de Jesús que expulsa del Templo (griego: ierón, edificio del templo) a los vendedores de animales y a los cambistas, anuncia que la relación con Dios no pasa ya por los ritos cultuales prescritos por la Ley, sino por el don que hará Jesús de sí mismo. Jesús justifica su acción hablando del Templo como "la casa de mi Padre", cuya santidad no puede ser en ningún modo profanada.
Las autoridades del Templo le exigen un signo que legitime la acción que ha realizado y que ellos han interpretado indudablemente como profética. Jesús responde con una frase en la que se oponen "destrucción" y "reconstrucción" del Templo (griego: naós, santuario). En línea con los antiguos profetas, Jesús relaciona el endurecimiento del pueblo con la destrucción del Templo (Jer 7), aunque en su respuesta, se atribuye como acción suya solamente la "reconstrucción": "en tres días lo reconstruiré". Con tal gesto escatológico, Jesús proclamó ante los judíos la necesidad de purificación total del judaísmo, presentándose como el arquitecto del santuario definitivo. Sus oyentes históricos, tendrían que haber comprendido que anunciaba su poder de construir el nuevo santuario futuro anunciado por los profetas (Ez 43-47). Sin embargo, no comprendieron el signo de Jesús y pensaron en un templo material de piedra.
El evangelista aclara el verdadero sentido, que sus discípulos entendieron solamente después de la Pascua: "Él hablaba del templo (naós, santuario) de su cuerpo" (v. 21). Jesús hablaba de un nuevo "santuario" de la presencia divina. Solamente después de la Pascua, los discípulos, a la luz de la Escritura, comprenderán que Jesús Resucitado, "reconstruido en tres días", no sólo es el arquitecto del nuevo templo, sino que él mismo es el Templo escatológico, en el que Dios se hace definitivamente presente a los hombres y los hombres entran definitivamente en comunión con Dios.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
Después de haber leído los dos primeros domingos de Cuaresma -como cada año- los evangelios de las tentaciones y de la transfiguración, ahora empieza una especie de segunda parte que incluye los domingos tercero, cuarto y quinto. Cada ciclo de lecturas dominicales tiene en las lecturas evangélicas una caracteristica especial. El año A está pensado para la Iniciación Cristiana; las lecturas del año B se centran en la radicalidad del Misterio Pascual, Ias del C, en la reconciliación de los penitentes.
LA RADICALIDAD DEL MISTERIO PASCUAL
La radicalidad del Misterio Pascual es la característica del ciclo B, el de este año. Hoy presentada a partir de la radical purificación del templo. Es el primer signo que Jesús hace en Jerusalén cuando se acercaba la Pascua de los judíos. Son los judíos quienes, según san Pablo en la segunda lectura, piden signos. Son ellos los que increpan a Jesús sin haber comprendido que se debe destruir, muchas veces con violencia ascética, todo lo que obstaculiza la presencia de Dios entre los hombres. Ésta era la única finalidad del templo. Si se convertía en mercado, se transformaba en anti-signo y hacia falta devolverlo a la situación original.
Si el lenguaje simbólico de Jesús había sido de destrucción, el lenguaje explicativo es el de resurrección: "Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré". La presencia de Dios se desplaza del templo de piedras a la auténtica y real presencia en el mismo Jesús -él hablaba del templo de su cuerpo-, y, desde él, a través de los sacramentos, al interior de cada hombre y de cada mujer que lo acoge con fe.
Pero para que esta presencia sea posible, debemos morir al pecado, porque el pecado es lo que convierte la vida del hombre en un mercado. Y frecuentemente con violencia: es la propuesta de la práctica penitencial que nos hace la Cuaresma, siempre en el horizonte pascual de resurrección. También nos debe devorar el celo de su casa, el deseo de que la presencia de Dios sea plena en nosotros. Y abrirle confiadamente nuestro corazón a este Jesús que los conocía a todos, a Él que bien sabia qué hay en el interior de cada hombre, y por eso es el único que puede aportar el verdadero perdón, la vida totalmente nueva, su misma presencia, la nueva humanidad redimida.
SE ACORDARON Y CREYERON
Pero el mismo texto evangélico nos indica la actitud de los discípulos. Cuando Jesús resucitó de entre los muertos, "se acordaron... y creyeron en la Escritura". Este proceso debe ser también el de los discípulos de hoy, y ésta es la dinámica que continúa existiendo en nuestras celebraciones -vale la pena destacarlo-. "El Espíritu hace que recordemos" la Palabra de Jesús, que proclamamos y nos conduce hasta la profesión de fe que juntos hacemos en el Mesías crucificado, para que veamos en Él el poder y la sabiduría de Dios, muy superior a la de los hombres, usando el lenguaje paulino.
ALIANZA BILATERAL
La alianza de Dios, que en domingos anteriores habiamos visto primero como unilateral y universal, y después como suscitadora de fe y de futuro, hoy llega a ser alianza con todo el pueblo, como pacto aceptado que reclama la fidelidad de todos y cada uno. Pero el hombre tan sólo podrá ser fiel si se deja cautivar por la maravilla de la fidelidad de Dios y se fila de él. Es la santidad divina que ha establecido este pacto para despertar la fidelidad en el hombre. Debemos "ser como Dios", nos dirá más adelante Jesús en el Sermón de la Montaña. Y no es necesario anteponer nada a la divinidad de Dios. Porque la Ley, ella sola, lo que hace es dejar en evidencia la infidelidad del hombre al pacto al que se ha comprometido. Por eso esta infidelidad se vuelve pecado. Y tan sólo Dios puede rehacer la alianza con el perdón que está más allá de toda ley.
El salmo nos invita a interiorizar que sólo el Señor tiene palabras de vida eterna, que nos pueden traer la salvación por el camino del cumplimiento de la ley divina y de la recepción del perdón divino.
AL FINAL, LA PASCUA
El Dios eternamente fiel, que nos invita a reconocer el pecado y a recibir el perdón, nos invita ya cada domingo a la mesa del Reino. Y no lo hace individualmente sino en comunidad, formando Iglesia. Porque no nos podemos aislar de la comunidad con quien formamos, también, el templo de Dios que se va edificando aquí en la tierra y que nos necesita como "piedras vivas".
JUAN TORRA
EL DÍA DE PASCUA
La Misa del día de Pascua se debe celebrar con la máxima solemnidad. En lugar del acto penitencial, es muy conveniente hacer la aspersión con el agua bendecida durante la celebración de la Vigilia; durante la aspersión se puede cantar la antífona vidi aquam, u otro canto de índole bautismal. Con la misma agua bendecida conviene llenar los recipientes (pilas de agua bendita) que se hallan a la entrada de la iglesia.
Carta circular sobre la preparación y celebración
de las fiestas pascuales, n. 97 (1988)
El leccionario nos presenta hoy tres pasajes que podemos llamar "clásicos" de la liturgia cuaresmal y pascual.
Se pone como base la "carta magna" de la alianza sinaítica (primera lectura), es decir, el decálogo, que presenta la verdadera fisonomía del creyente. Estas diez palabras expresan la propuesta de Dios y lo que debe ser la respuesta del ser humano, y están articuladas a lo largo de dos líneas, una vertical (hombre-Dios) y otra horizontal (hombre-hombre). Dos líneas que se cruzan precisamente en el corazón, es decir en la conciencia del ser humano.
La primera palabra (Ex 20,1-6) es la base de las otras nueve. Dios se vincula con un compromiso: el don de la libertad que Él sigue of reviendo al hombre, como lo ofreció un día a Israel, haciéndolo salir del país de Egipto, de una condición de esclavitud (v. 2). - Israel debe responder con la adhesión de una fe pura (v. 3); no 'mágica' (prohibición de las imágenes, en el v.4), sino litúrgica. Y, aunque Dios es "el justo" por excelencia, nunca aplicará para con su pueblo la norma rígida de la justicia: el castigo se extiende a cuatro generaciones; pero ¡la misericordia a mil! (v. 6).
El derecho a la vida social está codificado en el cuarto mandamiento (v. 12): el padre y la madre son el símbolo de todas las relaciones sociales, que deben ser vividas comprometida y apasionadamente. El derecho a la vida y al matrimonio son los contenidos de los dos mandamientos siguientes (vv. 13-14). EI derecho al honor es afirmado en la prohibición del falso testimonio en los procesos judiciales (v. 16); mientras que el derecho a la autonomía, a un espacio creativo y propio, está confirmado en los dos mandamientos finales (v. 17).
Si esta primera lectura nos presenta el retrato del creyente, las otras dos definen el objeto de la fe, ofrecen el retrato de la persona en la que se cree: Cristo.
Pablo lo dibuja en forma polémica (segunda lectura), oponiéndose a una concepción intelectualista que se tenía en Corinto, según la cual, el cristianismo no es sino un sistema ideológico muy cualificado. En realidad, dice el apóstol, el centro del kerygma cristiano es un Dios que quiere ser escandalosamente cercano al hombre, hasta abajarse al nivel más bajo: la muerte de un esclavo.
También Jesús, en el gesto simbólico y profético de la purificación del templo, opone a una religiosidad superficial humana e interesada la pureza de la fe en su propia persona (evangelio). Dios no puede estar presente en un templo material que ha dejado de ser el "lugar del encuentro" y se ha convertido en un centro de superstición y de obscuros intereses. Dios está presente, de manera nueva y perfecta en la "tienda de carne" de la humanidad del Hijo (Cfr. Jn 1,14); este es el nuevo templo. A Dios hay que buscarlo en el Cristo glorioso, que lleva a su plenitud el misterio del templo, una plenitud ya anunciada en el Antiguo Testamento (Cfr. Ex 29,45-46).
Nuestra Eucaristía cuaresmal nos introduce y nos hace avanzar cada vez más por este camino de la auténtica fe cristiana.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
TENEMOS QUE HACER PRODIGIOS